Disclaimer: Tengo tanto derecho a reclamar como propios los personajes y argumento de Orgullo y Prejuicio en la misma medida que el resto de la humanidad que no es Jane Austen.
Las situaciones y diálogos, así como los personajes no mencionados en la obra original que a continuación se muestran, son producto de mi imaginación.
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Los servicios religiosos del domingo permitieron a Elizabeth conocer por primera vez a la mujer de la que tanto había escuchado hablar. Lady Catherine era una mujer de unos cincuenta años, con facciones elegantes que reflejaban que en otro tiempo pudo haber sido considerada hermosa, sin embargo, no se podía decir lo mismo de la señorita De Bourgh, quien tenía un aspecto frágil y enfermizo contrario al de su madre.
El señor Collins se apresuró hacia Lady Catherine para presentarlas. Elizabeth sintió la intensa mirada de la gran dama por algunos segundos más de lo necesario, había algo en ella que parecía causar curiosidad. Eventualmente, Lady Catherine cuestionó acerca de si era la primera vez que visitaba la región, especialmente porque el rostro de Elizabeth resultaba familiar para ella. Por un momento, esto ocasionó un ligero rubor en las mejillas de Elizabeth y una sonrisa en Charlotte, pero supo mantener la calma y fueron desestimados más comentarios.
Ya hacia el final de la conversación, fue extendida una invitación para cenar el lunes en Rosings y una vez más, el señor Collins no dudo en hacerle saber a Elizabeth el honor del que sería parte.
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Al siguiente día, un par de visitantes llegaron a Rosings pasado el mediodía. Después de recibir a sus sobrinos y proceder con los interrogatorios correspondientes acerca de sus vidas, Lady Catherine les comentó que esa tarde tendrían visitas para la hora de la cena. Se trataba del señor y la señora Collins junto con la hermana de ella y la prima de él.
Cuando Darcy escuchó quien estaría presente en la reunión, de inmediato sintió inquietud por saber cuál de las primas de Collins estaba en la región.
—La señorita Elizabeth Bennet es la segunda de las hijas del primo del señor Collins y llegó hace un par de días a Hunsford. No he tenido mucho tiempo de conocerla, solo hablamos brevemente al final de los servicios el día de ayer—dijo Lady Catherine sin darle mucha importancia a la pregunta de su sobrino.
El corazón de Darcy se agitó, sus mejillas se sonrojaron con intensidad y sin pensarlo, dijo el nombre de ella casi como un murmullo que le robó el aliento. Se trataba de ella, de la misma mujer que lo dejó fascinado por semanas enteras y a quien trató de olvidar al dejar Hertfordshire. Él vería nuevamente a la mujer que le demostró que una mirada era capaz de quitar el sueño.
—Conocí a la familia Bennet cuando acompañé a Bingley a esa parte del país—, respondió Darcy con más calma, después de que su primo preguntó si era la misma familia de la que habían hablado anteriormente.
—El señor Collins me asegura que son cinco hijas, claro que ninguna tan agraciada como mi Anne—, comentó Lady Catherine en lo que tanto Darcy como Richard identificaron como el inicio de la campaña para formalizar un matrimonio entre Anne y Darcy. Ni siquiera llevaban una hora en Rosings y ya empezaban las insinuaciones.
Por un rato, la conversación giró en torno a la validación de la información respecto a los Bennet. Lady Catherine había sido enterada por el señor Collins acerca de los ingresos que generaba la finca así como las dotes, o más bien la falta de ellas, que las señoritas tendrían.
Aunque Lady Catherine no tenía motivos para sospechar que su sobrino tenía una guerra con sus propios sentimientos, ella deseaba que los dos caballeros tuvieran bien claras las diferencias entre posiciones sociales. De Darcy esperaba una unión con Anne, y de Richard esperaba que no sucumbiera ante una joven sin fortuna.
Después de la breve reunión de recibimiento, ambos se retiraron a sus habitaciones a descansar para estar listos al momento de la cena. Richard logró dormir un rato, pero para Darcy fue inútil hacer lo mismo. Iba de un lado a otro por la recámara, conciliando lo que sintió por la señorita Elizabeth en el pasado y como la noticia de su presencia lo afectaba en una forma que él jamás pudo predecir.
Dos horas más tarde, fueron anunciados los invitados.
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Lady Catherine presentó a sus sobrinos con el grupo y algunos comentarios del pasado se hicieron. Darcy inquirió sobre los Bennet por pura cortesía que fue respondida de la misma manera. Charlotte observó la calma con la que Elizabeth manejo la situación, sin delatar el más ligero nerviosismo por no hablar con la verdad.
Los ojos de ella reflejaban indiferencia hacia el señor Darcy y precaución hacia el coronel Fitzwilliam. Al segundo de ellos lo encontró bastante amable y con un buen humor que igualaba el propio, sin embargo, recordó las palabras de Robert y decidió que debía tener cuidado.
Durante la cena, Lady Catherine se enfocó en la conversación llena de halagos que ofrecía el señor Collins mientras que Darcy aprovechó la distracción de su tía para hablar a Elizabeth.
—Estuve en la capital por algunas semanas, durante gran parte del invierno—respondió ella cuando Darcy preguntó acerca de cómo había pasado los últimos meses—. Fue una ocasión agradable en la que pude pasar tiempo con mi familia—agregó con una sonrisa misteriosa que Darcy jamás había visto.
—No hubiera imaginado la presencia de usted en la capital, señorita Bennet. Estoy seguro de que a los Bingley les hubiese gustado saber de la familia de usted—, comentó él, incluso si no era completamente cierto.
—Por la manera en la que ellos dejaron Netherfield, no estoy segura que continuar con tal amistad era algo deseado por ellos, señor Darcy— replicó ella sin mostrar decepción— unas palabras de despedida hubiesen sido suficientes.
—Tengo entendido que la señorita Bingley escribió a la señorita Bennet, señorita Elizabeth. Vi el sobre sellado la misma mañana que dejamos la región.
Las miradas de ambos se cruzaron, cada uno como si desafiara las palabras de su interlocutor. Elizabeth intentó recordar si en algún momento Jane había recibido una carta pero no fue capaz. Recordó entonces la determinación de su hermana en un momento tan crítico y fue cuando la sospecha de que Jane omitió esa información se hizo el único escenario posible. El señor Darcy seguía observándola, en espera de una respuesta.
—Supongo que se perdió entre el resto de la correspondencia, señor. Espero que la familia Bingley se encuentre bien y no haya pensado mal de nosotros ante la falta de contestación a su carta.
A Darcy le tomó por sorpresa la frialdad de sus palabras, incluso si al hacerlo, Elizabeth no perdió la sonrisa.
—Ellos están bien, por el momento me parece que siguen en la capital, tal vez después vayan a ver al resto de su familia en Yorkshire.
Tras una pausa en su plática con el señor Collins, Lady Catherine advirtió que su sobrino parecía interesado en lo que la señorita Bennet tenía que decir. Esto la molestó y de inmediato decidió incluirse en la conversación.
La anfitriona parecía bastante interesada en saber las habilidades de las cuales Elizabeth podía hacer alarde, así como las capacidades del resto de sus hermanas, por su parte, Elizabeth tuvo la impresión que nuevamente se encontraba en la misma absurda conversación de muchos meses atrás en Netherfield, cuando fue juzgada por la señorita Bingley.
—¿Cinco hijas y jamás tuvieron institutriz?— chilló Lady Catherine — su madre debió de haber dedicado toda su atención a la educación de ustedes.
—Mi madre hizo lo que pudo. Jamás se nos negó el acceso a libros si algún tema era de nuestro particular interés, Lady Catherine. No se nos impuso el estudio en asignaturas que no fuesen esenciales y por el contrario, mis padres intentaron que cada una de nosotras persiguiese los temas de nuestro agrado.
Lady Catherine observó a Elizabeth con verdadera expresión de horror, como si ella estuviese hablando blasfemias en medio de una iglesia.
—¿Y usted considera que tal modelo es adecuado, señorita Bennet?
—Por experiencia puedo declarar que ha funcionado. El imponer situaciones sobre alguien no puede ser favorable para una convivencia en armonía, ¿no cree usted?
—Es usted muy joven para dar su opinión de una forma tan decidida. Hablemos de sus hermanas, ¿están todas en sociedad?
—No, Lady Catherine. Las dos menores se encuentran en seminarios para señoritas.
Esta afirmación fue no sólo una novedad para Lady Catherine sino para el señor Darcy, quien pensó que tal acción demostraba que tal vez el señor Bennet se preocupaba un poco por sus hijas. Él aún recordaba el ridículo espectáculo que los Bennet hicieron de sí mismos en el baile de Netherfield, con las hijas menores coqueteando sin ningún decoro y corriendo de un lado a otro tras los militares que tuvieron ocasión de asistir. Después estaba la señora Bennet, quien declaró la conveniencia que un matrimonio con Bingley representaba. Darcy solo recordaba que la señorita Bennet y la señorita Elizabeth se comportaron sin falta alguna.
Posterior a la comida, el grupo se movió hacia una de las salas, donde se le insistió a Elizabeth a tocar. Ella pensó que esa actividad sería mejor a tener que soportar la conversación de su anfitriona y, después de revisar las partituras disponibles, con satisfacción vio que eran obras conocidas gracias a la tutoría de Cathy. El coronel se ofreció a girar las páginas para ella, una oferta que fue declinada con amabilidad. El resto de la velada, Elizabeth permaneció frente al piano mientras que Darcy pensó en lo mucho que la señorita Bennet había mejorado en el instrumento y dedicaba instantes a admirar el perfil de ella. Había gracia en el movimiento de sus manos sobre las teclas y una sonrisa que alcanzaba sus ojos, en cierto modo, era como si ella estuviese sola con el instrumento.
Ya hacia el final de la reunión, cuando los habitantes de Hunsford estaban por retirarse, Darcy se atrevió a preguntar a Elizabeth si aún persistía en su hábito por caminar en el campo, a lo que ella respondió de manera afirmativa y comentó un par de sitios a los que tenía particular interés en recorrer. Al principio, la pregunta desconcertó un poco Elizabeth, sin embargo, no le atribuyó mayor importancia más allá de una conversación cortés; lejos estaba ella de imaginar que el caballero tomó esto como una señal de que ella deseaba la compañía de él.
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Saludos a quienes se toman el tiempo de leer esta historia y un agradecimiento a todos aquellos que extienden un comentario, deciden seguirla o agregarla a favoritos.
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