"No correspondido"

(Versión Katsuki)

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El amor no correspondido es algo que él ha leído en las páginas de las revistas de su madre. Las leía por curiosidad, no por el gusto de leer cosas sobre chismes, maquillaje y romances fallidos.

Katsuki los leía cuando estaba aburrido. Solo eso.

No tenía otros motivos para hacerlo, mas que sentarse en el sofá de la sala, colocar un cojín detrás de su nuca y hojear la revista.

Su madre en momentos le decía que parecía chica adolescente leyendo aquellos artículos, lo cual ocasionaba que se ruborizara y no volviera a poner sus manos sobre una revista en varias semanas.

Una vez que cierto tiempo pasaba, regresaba al librero, tomaba el ejemplar que dejó a medias, y regresaba a su lectura.

Si bien, Katsuki no se consideraba particularmente interesado en temas sobre los romances fallidos, rupturas amorosas, amores no correspondidos, y el sufrimiento que deviene la experiencia.

—Ya deja de leer mis ejemplares, Katsuki— Su madre acusó.

—No los leo— Negó ruborizándose de ser pillado en el acto. —Solo veo las imágenes, vieja. No es la gran cosa.

Su madre menea la cabeza, sin verse convencida de su labor.

—Sólo pide permiso cuando las tomes del librero— Aconsejó su madre. —No estoy enojada contigo por leerlas.

—¡Que no las leo!

—No tengo problemas con que leas mis revistas, sólo avisa cuando las tomes, porque no me gusta ver el hueco que una revista falta— Añadió, con el ceño fruncido. —Aunque, sigo sin saber porqué las lees.

—No te tengo qué dar explicaciones sobre lo que hago y no hago— Recriminó, arrugando el ceño. A pesar de aparentar ser intimidante, su madre le dio un golpe en la cabeza.

Él se llevó ambas manos a la cabeza quejándose del golpe, aunque de alguna manera sabía que con su madre nunca podría ganar. Pues ella siempre estaba delante de él por dos pasos y por mucho esfuerzo que hiciera por negarlo, su madre sí lograba intimidarlo.

Pero dentro de lo que cabía, él sí tenía un motivo por el que leía las revistas de su madre. Quizás de manera inconsciente lo hacía, pero desde que se volvió consciente del motivo, más ejercía la acción de leerlas.

Lo hacía porque necesitaba saber cómo romper con el patrón de saberse no correspondido.

Un motivo un tanto estúpido.

Patético, diría él.

Y es que, Katsuki tenía un amor no correspondido, cimentado en su interior por años. Lo ha albergado porque no puede romperlo; porque no tiene el valor de hacerlo. Su persistencia no tiene razones, o algo que lo impulse a albergar cierta esperanza por aquel amor.

Porque la persona por la que ha tenido sentimientos románticos y de atracción en todos los sentidos, es el inútil de Deku.

Lee los artículos que detallan las revistas, que el amor no correspondido duele, pero hay casos extraños donde se es correspondido. Sin embargo, no le es fácil hallar el modo de formar parte de los extraños casos de que sus sentimientos sean en su totalidad devueltos con la misma intensidad que los ha sembrado con mucho recelo, esperando que sea él quien lo intercepte y lo ame de regreso.

Mas, por soso que parezca, Katsuki no ha perdido la esperanza, porque Deku siempre busca una manera de aparecérsele en frente y aclararle la visión de un giro.

Si lo ve, sabe que sus sentimientos son esclarecidos por una gentileza en el ambiente que no puede describir con palabras, mas vale por mucho por lo que ha logrado por su cuenta.


Últimamente ha notado que Deku no está bien.

Se le ve triste, y por alguna razón parece que sufre cada vez que hace algo. Katsuki frunce el ceño y fijó su vista en él más de lo usual, sin importarle que sus amigos notaran su conducta, a pesar de ser los únicos que conocían sus sentimientos, porque él mismo se los contó.

A pesar de ser unos idiotas, eran idiotas fieles y no rompían con la promesa de guardar sus sentimientos. Al contrario, le decían de buena fe que lo apoyaban.

Por eso, si lo pillaban viendo a Deku de forma constante, no lo molestaban.

De cualquier manera, nota que Deku casi tropieza con Todoroki al combinar técnicas y alcanza a ver que en sus ojos verdes hay un sufrimiento arraigado a una fuente desconocida.

Abre sus orbes rojas, y ahí está el dolor cimentado en los contornos verdosos de su córnea. El cristalino de sus ojos se encuentra embalsamado por un brillo acuoso, que simula a que contiene con todas sus fuerzas de no llorar.

Un estruendo de preocupación surgió de rebote.

Alguien le habrá hecho daño?

Algún extra estúpido lo habrá hecho llorar?

Imperdonable.

Nadie hace llorar a Deku y salir ileso en el proceso.

Enseguida lo vio disculparse con vergüenza y siguió entrenando en su usual presencia estelar que se le caracterizaba. Su luz, aunque frágil, luce singular y hermosa.

Empuñó las manos, determinado de encontrar al culpable de que Deku luzca tan triste, cuando debería de estar siempre sonriendo.


—Oye, no has notado que Midoriya ha estado triste?— Kirishima le dijo a modo de secreto.

—Crees que no me doy cuenta de lo que pasa con el nerd?— Repuso con un deje de malestar.

—Si yo sé que le prestas mucha atención— Dijo a modo de broma, pero sin perder la seriedad en el asunto. —Pero, no será que alguien lo habrá rechazado, o peor aún, dicho palabras horribles que lo hayan afectado?

Katsuki puso cara de impotencia.

—Lo mataré al maldito bastardo que lo haya hecho sufrir— Golpeó la puerta del casillero para cerrarla. Se dio vuelta y recostó su espalda en la fila de casilleros con desdén. —Si a alguien se le ha ocurrido la idea de que hacer sufrir a Deku es divertido, se equivoca— Crujió los nudillos. —Y yo me encargaré de hacerle ver con quién se mete.

—Bakugou, no tienes porqué golpear a nadie— Replicó Kirishima, luciendo preocupado. —Entiendo que Midoriya te gusta, pero no tienes que llevarlo a otro nivel.

—Cállate— Recriminó, agitando la cabeza en grave impotencia. —Quien sea que se atreva a hacer llorar a Deku, no se merece perdón por molestarlo. Deku nunca hace nada indebido.

—Quizás haya sido alguien que le tenga envidia— Supuso Kirishima.

—No me importa el motivo. Me importa aplastar al bastardo y terminar con el sufrimiento de Deku— Y dicho esto, se retiró del aula de casilleros con la mente nublada de preocupación por Deku.

La violencia era la única manera que conocía para defenderlo; en lugar de usar las palabras, como lo haría una persona sensata. Pero él no es sensato, es perspicaz y desdeñoso con quien se mete en los asuntos que le importan.

Es celoso de quien toque a Deku, aunque no sea su novio.

Reconoce que esas conductas no son propias de alguien que ha jurado que lo odia, mas es prácticamente imposible no conspirar a su lado. No situarse en la misma atmósfera que la suya.

Es impensable no quererlo en carne propia.

Porque lo ama.

Y por eso comete esas acciones que no van con él. Y si eso implicaba que Deku se enteraría de sus sentimientos, él tomaría el riesgo.


Por la tarde, él estaba en compañía de sus amigos en la sala de estar, cada uno en su labor. Él se frotaba las manos, ansioso de ver a Deku. Aunque sea un vistazo en la sala con la intención de verificar si sus ojos seguían en el mismo estado que en la mañana.

Pasaron varias miradas indiscretas hacia el pasillo, para que la puerta por fin se abriera y apareciera Deku cargando con una caja de metal del tamaño de una caja de zapatos y una pala.

Una pala?

Supuso que enterrará la caja de metal con la pala en algún sitio. Y por inercia, se levantó con la cara alumbrada por un matiz de curiosidad y una corazonada que fue el motor que lo guió a seguirlo.

Vio que la figura de Deku detuvo el paso cuando llegó a un punto inhabitable del campus de la U.A. uno del cual no solían visitar estudiantes, no porque fuera una zona de peligro, sino porque era un punto lejos para que los estudiantes regresaran a tiempo a sus clases, o a cualquier otra cosa.

Además, por ese sitio pasaba una corriente de aire frío que acalambraba el cuerpo.

Por qué Deku habrá escogido un lugar así para enterrar una caja?

Katsuki se posó detrás de un arbusto y se quedó a mirar a Deku, depositar la caja en el zacate, mientras que cavaba un hoyo con la pala. No pudo evitar notar que con cada cavada, los labios de Deku temblaban, significando que no faltaba mucho para que él se soltara llorando.

Se le durmieron las piernas, por lo que tuvo que hincarse. Mas no vaciló por un segundo en no mirarlo. Fijaba sus orbes rojizas en él, en cómo él parecía estar sufriendo con el hecho de enterrar la caja, como si con el solo hecho de enterrarla borraría todo su dolor.

Quién podría ser él o la persona que lo ha sometido a un calvario de todos los días?

Quién pudo en todos sus cabales lastimarlo al borde de hacerlo llorar así como lo estaba haciendo cuando tomó aquella caja de metal y la abrazó con un poder más allá que superaba los escrúpulos de lo posible?

Katsuki lo vio desmoronarse de tan sólo depositar la caja dentro del hoyo, sollozando. Sus hombros se agitaron temblorosos, desbaratados por la velocidad con que sus lágrimas caían violentamente por el suelo invadido de tierra.

Sus espesas lágrimas, sus lamentosos sollozos, hicieron crujir su corazón. Se apretujó echo un ovillo dentro del arbusto.

—No puedo con esto…—Lo oyó sollozar, y el sonido de la pala tomar tierra y tirarla dentro del hoyo. —No puedo…

No lo hagas, Deku.

Si no puedes hacerlo, no lo hagas, lamentó, temblando por el frío con que soplaba el viento.

Nadie te está obligando.

Sin embargo, pasó un momento hasta que Deku decidió irse con sus lágrimas habitando sus mejillas, conforme sus pasos lo guiaban de regreso a los dormitorios. Aprovechó que no había nadie ahí y corrió a ver el sitio donde Deku había enterado la caja. Vio la tierra esparcida, medio adherida al suelo, pero nada que una buena explosión no pueda resolver.

Apuntó mano hacia abajo, unos cuantos milímetros lejos donde suponía que se hallaba la caja, colocó su otra mano, ajustando la puntería y desató una explosión de baja intensidad, que fue suficiente para que saliera la caja directo a la superficie.

La tomó sin más y regresó a los dormitorios con el corazón latiéndole fuertemente en el pecho y unas ansias de ver lo que ocultaba dentro de la caja metálica.

En cuanto se metió a su dormitorio, se encargó de revisar que nadie lo había visto de ese modo. Una vez realizada su tarea, abrió la caja fácilmente por la tapa y se sorprendió al toparse con un puñado de cartas sin remitente, sin dirección. No eran más que un puñado de cartas sin código postal.

Agarró una carta y la abrió, rompiendo el sello de All Might.

Lo que leyó en el trozo de papel, constataron una revelación de la cual no se esperaba ni en sus más remotos sueños. Sus ojos se empañaron de la emoción que lo invadió por todo el cuerpo.

Deku.

Él lo amaba de regreso.

Sus sentimientos eran los mismos.

Incluso la intensidad congeniaban como la palma de su mano.

Las palabras de Deku relataban un amor que albergaba por él con tanto cariño y respeto, que hacían que rebosara de gozo. Advirtió que su pecho era un estallido fuerte de alegría, que en sus labios se formaba una sonrisa divertida. Aliviada.

Abrió el resto de las cartas, encontrando en todos lados el detallado amor que Deku describía por él con finura, delicadeza, con porte, y seriedad.

Tiró las cartas en un arrebato de alegría y por vez primera corrió en busca de Deku. Fue corriendo con el corazón latiendo a mil por hora. No pensaba con claridad, más que sólo sabía que necesitaba ir a verlo. Decirle que sentían lo mismo.

Así que corrió, golpeó la puerta del dormitorio de Deku varias veces, pero no hubo contestación alguna.

Por lo que recurrió a preguntarles a sus compañeros si habían visto a Deku en algún lado, a lo que Iida le contestó que Deku se había ido a entrenar en la pista de carreras.

Katsuki salió disparado hacia la pista.

Cuando llegó, vio a Deku corriendo solo, alrededor de la pista. Sus ojos verdes se reflejaban a pesar de la oscuridad que hacía para esas horas.

Con el miedo de intentar abordarlo, desechó cualquier sentimiento de temor que lo impidiera hacer lo que debió de hacer desde hace mucho y corrió hacia Deku.

Corrió hasta empujarlo con sus bruscas manos, espantarlo con su repentina presencia e inmutarse cuando él tomó el atrevimiento de sentarse sobre sus piernas.

El poco color que quedaba en el rostro a Deku, desapareció con aquel abordaje suyo.

—Kacchan, por qué haces esto?— Chilló Deku, tratando de alejarse.

Katsuki, en impulso de retenerlo, lo cogió de la tela de su chamarra y lo agitó cual costal de papas.

—Escucha, maldito inútil— Dijo brusco. —Deja de decidir todo por tu cuenta.

—De-de qué estás hablando, Kacchan?!— La cara de Deku era la encarnación del miedo.

Así que a rastras y en contra de su voluntad, arrastró a Deku hacia su dormitorio y sin mucho preámbulo de por medio, lo lanzó en el piso de su habitación sin tomarse la molestia de haberlo echo de forma más liviana, que violenta.

—Mira bien, Deku— Dijo Katsuki, sin tacto. —A eso me refiero— Apuntó a las cartas que recién leyó y a la caja metálica con autoridad.

En cuanto Deku posó sus orbes sobre las cartas, se paralizó.

—Las leíste…?— Musitó Deku, helado.

—Hasta la última carta— Aclaró. —Haz estado jodidamente extraño desde hace un tiempo y mi curiosidad sacó lo mejor de mí y debía saber, Deku—. Deku lo miró aterrado. —En cuanto te vi salir con una pala y una caja, necesitaba saberlo. Te seguí y te vi.

—P-por qué…?— Las lágrimas emergieron de sus ojos.

—Porque se trata de ti. Solo por eso— Reiteró Katsuki, hincándose frente a él.

—Kacchan…?

Esas mejillas llenas de pecas, esas lágrimas sustanciosas, su intenso dolor. Katsuki necesitaba ponerle fin a su sufrimiento.

Katsuki colocó firmemente sus manos sobre sus hombros, los cuales se sacudían. Entreabrió los labios y lo besó.

Deku se alejó, pero se aferró a no despegarse de su contacto. Persistió en besarlo, rodeándolo por el cuello con sus brazos, encaramándose encima de su regazo.

Deku se separó del beso, poniendo sus manos sobre sus hombros en contestación de su gesto.

—Qué fue eso?— Susurró desajustado.

Katsuki tragó.

Su orgullo se puede ir al carajo.

—La contestación a tus cartas— Replicó Katsuki.

—Eh?

—En tus cartas dices que te rechazo, idiota— Reclamó molesto. —Pero no te rechazaría ni de broma, Deku. Desde la pelea de Ground Beta, me gustas— Declaró, juntando sus narices. —Me haz gustado desde aquella pelea. Mi orgullo me hizo percatarme de que eres una parte importante en mi vida y que estás tan adentro de mi, que no puedo imaginarme con alguien que no seas tú.

Deku lo observó como si fuera un producto de su imaginación. Sus ojos lo vieron en un brillo de reconocimiento muy detallado que aclaró el panorama de Katsuki, que lo observaba de regreso con una sonrisa divertida.

—Yo— Dijo Deku, pestañeando un poco. —Yo escribí esas cartas, porque pensé que a ti te gustaba alguien más— Katsuki enarcó una ceja, indignado. —Alguien como Kirishima, porque es un amigo muy cercano a ti. Y yo no me sentía capaz de ser el hombre de tu vida, es eso.

—Tonterías— Interrumpió ofendido. —Pelo pincho es mi mejor amigo, no me fijaría en él.

—Yo pensé— Reparó atropellado. —Que él era el indicado para ti.

—¡No lo es! Ése eres tú— Manifestó convicto de que su decisión es irrefutable. Deku se silenció, sonrojándose. —Yo te elijo a ti, Deku.

—Kacchan.

—Te quiero, tonto— Disparó de regreso. Su rubor creció. —Entiéndelo. No conozco otro modo de explicártelo. Solo entiéndelo.

—Lo escucho, pero no me lo creo— Respondió Deku, mediante un suspiro. —Es imposible.

—No lo es— Reiteró.

—Kacchan, en verdad?— Preguntó Deku, tratando de asegurarse de que todo fuera real. —En verdad me quieres?

—No hay ningún otro modo de explicarlo— Contestó sin haber ni un segundo en que dudó de su respuesta, lo cual implicó que Deku sonriera genuinamente(como solía hacerlo diariamente) y la habitación se encendiera con su luz.

De un parpadeo, Deku lo abrazaba apasionado, articulando palabras que describían su gozo.

—Ay, Kacchan, no pensé que sucedería esto— Dijo con alivio. —Yo me hice la idea de que no me amarías de regreso.

—Estabas muy equivocado al pensar semejantes idioteces de mi, Deku— Refunfuñó Katsuki, haciéndose el ofendido.

Deku se rió.

Katsuki sonrió de nuevo, diciéndose internamente que ellos eran el caso especial de que los amores no correspondidos podían revertirse y existir un amor recíproco.

Esas tontas revistas al final sí sirvieron de algo.

Ahora, Katsuki tenía el amor de Deku, y no lo cambiaría por nada.

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NOTA: Este es el final de los one-shots del mes de Octubre.

Espero que les haya gustado y seguiré con las historias que tengo pendiente.