AQUÍ LES DEJO ESTA NUEVA HISTORIA,

ESTA ADAPTACIÓN YA LA HABÍA PUBLICADO EN OTRA CUENTA YARELY POTTER ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia le pertenece a Alice Montalvo


Capítulo Once

Las próximas semanas pasan volando, y hago mi mejor esfuerzo para mantenerme alejada de Tanya en el trabajo y por suerte, ella es lo suficientemente profesional como para hacer lo mismo por mí. Me encanta trabajar con los niños y es perfecto tener a Melany cerca todo el día.

Esme se ha encontrado conmigo para el almuerzo un par de veces y no puedo dejar de sentirme agradecida por el vínculo que se está formando entre nosotras. Tenerla cerca me convierte en una mamá más segura. Es genial tener a alguien que de vez en cuando me puede dar algunos consejos para padres.

Edward y yo hemos caído en una rutina simple. Pasamos tanto tiempo juntos como podemos con nuestros diferentes horarios y, sin importar qué, cada noche duerme en mi cama. Aunque cada día nos estamos acercando más, todavía no hemos cruzado ninguna línea.

Nos besamos mucho, nos abrazamos y nos acurrucamos, pero no hemos ido más allá de eso. Creo que puede sentir mi duda en llevar nuestra relación al siguiente nivel.

Probablemente crea que es debido al hecho de que no quiero ser madre adolescente de nuevo.

Lo que no sabe, es que me aterroriza la idea de tener sexo con él.

No es que no lo desee, o que no quiera experimentar ese tipo de conexión con él. La verdad es que quiero, pero el miedo de ser herida y utilizada sigue en el fondo de mi mente.

Esta mañana me escabullí de casa mientras Edward seguía dormido y luego de haberlo planeado con Esme, dejé a Melany en su casa todo el día. A su sugerencia, estoy tomando las riendas y planificando un día de diversión solo para Edward y yo. Es la primera vez que me alejo de mi hija sin que se deba al trabajo e incluso entonces, se encuentra en el mismo edificio. No estoy muy segura de cómo me siento al respecto, pero sé que Esme la cuidará bien, y podremos pasar un poco de tiempo a solas con Edward.

El olor a café recién hecho impregna mis sentidos cuando atravieso la puerta principal; Edward, obviamente, está despierto. Me dirijo a la cocina y camino en línea recta a sus brazos. Descansa su barbilla en la cima de mi cabeza y pone sus manos alrededor de mi cintura.

—Buenos días. —Suspiro, disfrutando de la sensación de estar envuelta por él.

—Buenos días, jefa. Me desperté solo. ¿A dónde saliste corriendo?.

—Acabo de dejar a Melany en casa de tu madre.

Me echa hacia atrás y me da una mirada inquisitiva. —¿En serio?

¿Por qué?.

—Porque ella quería pasar tiempo con Melany. En realidad insistió y decidí aprovecharlo. Tú y yo vamos a pasar todo el día juntos… a solas. Lo tengo todo planeado.

—¿No debería ser yo el que lo planeara?

—Nop —respondo con un movimiento de cabeza—. Hoy me estás dando todo el control. Yo me hago cargo y simplemente tienes que aceptarlo.

—Simplemente aceptarlo, ¿eh?

—Sí —contesto con una sonrisa ladeada.

Baja su cabeza y toca su frente con la mía, dándome una mirada caliente que me hace cosquillas en todas partes. Mete sus pulgares a través de la correa en mis pantalones, manteniéndome efectivamente conectada a él.

—Iré a cualquier lugar contigo—dice, justo antes de bajar sus labios a los míos por lo que podría pasar a la historia como el beso más dulce.

Le ordeno que se ponga ropa cómoda y abrigada mientras me ocupo de mis asuntos corporales. Sé que amamantar es la mejor elección por el momento, pero tener que bombear la leche a tiempo no es mi parte favorita de la maternidad.

Trato de terminar lo más rápido posible y con la mayor discreción, la idea de que Edward sepa que tengo que hacer esto es vergonzosa.

No quiero que me mire como una fábrica de bombeo-de-leche. Me gusta que me vea como algo más que una mamá. Treinta minutos más tarde, entramos en su camioneta, y yo en el asiento del conductor.

—¿Seguro que te parece bien que conduzca tu camioneta? Podemos tomar mi… quiero decir tu otro auto.

—Estoy seguro. Este es más cómodo que tu auto.

—Bueno —digo, teniendo esa familiar sensación cálida y difusa que consigo cada vez que me dice algo dulce. Algo reflexivo que me desequilibra y provoca que desaparezca mi resistencia contra su encanto.

—Así que… —Me codea, aplaudiendo y frotando sus manos—. ¿A dónde vamos?

Revoloteo mis pestañas hacia él de una manera burlona justo antes de girar hacia la carretera principal. —Ya lo verás.

—¿Por qué la repentina necesidad de mantener el secreto, ¿eh, jefa?

—Tu manipulación no funcionará conmigo, Edward —digo, dándole un puñetazo juguetón en el brazo—. No es un secreto. Es una sorpresa. Hay una gran diferencia, ya sabes.

—Cuidado con el golpe allí, golpeas como un hombre. Puedes lastimar a alguien con esa cosa —bromea.

—Ohhhh sí, cierto. Bella grande y mala.

Se acerca y desliza su mano en mi cuello, dándole un suave apretón.

—No hay nada grande y malo en ti, Bella. Todo es suave y dulce.

Pasamos la siguiente hora escuchando música y hablando de cualquier cosa. Sé, por las indicaciones que lanza su GPS, que nos acercamos.

—Así que, obviamente, vamos a algún lugar en Illinos.

¿Todavía no puedes decirme dónde?

—¿Adivina?.

—¿Al Museo de historia natural?

—No.

—¿Al Parque Lincon?

—No.

—Uy, ¿a el Muelle de la Armada?

—Algo que disfrutarías realmente —bromeo.

—Cariño, es domingo. Lo único que disfrutaría en un domingo de otoño es el fútbol.

Le sonrío alegremente.

—Nooo. ¿Vamos a un partido de los Chicago Bears?

—De acuerdo con esta cosa —digo, señalando el GPS—, sí.

—¿Qué? ¿Cómo? —pregunta, luciendo completamente adorable, con una mezcla de sorpresa y excitación.

—Conozco gente —digo. Cuando Carlisle descubrió que quería hacer algo agradable por Edward, fue capaz de conseguirme un par de asientos por parte de un amigo suyo que tiene boletos para la temporada. Sabía que iba a ser la sorpresa perfecta para él.

Momentos después, estacionamos y nos dirigimos hacia el estadio.

Nos acompañan a nuestros asientos y Edward me mira y sonríe.—¿Cómo conseguiste asientos justo en la línea de la yarda cuarenta?

—¿Es bueno?

—¿Es bueno? Bella, estos asientos no podrían ser mejores. —Nos acomodamos en nuestros asientos y por las próximas horas, Edward y yo somos una pareja. Una verdadera pareja. Me explica lo que está pasando en el campo. Nos agarramos de las manos y nos acurrucamos entre sí para mantener el calor. Es hermoso, simple y normal, y alimenta una parte de mi alma que ha estado vacía durante mucho tiempo, una oscuridad en mí que está hambrienta de luz solar. Me siento como si hubiera estado luchando contra la corriente durante tanto tiempo y con Edward por fin puedo dejarme llevar. Por fin tengo la libertad de ser yo, al fin puedo permitirme confiar un poco.

Edward se da cuenta de que estoy exhausta cuando termina el partido y opta por conducir a casa.

—¿Vamos a recoger a Melany? —pregunta mientras entramos a la carretera.

Dudo por un momento, de repente muy consciente de mi respuesta.

—No. Tu madre y tu padre van a cuidarla toda la noche.

Aparta la mirada y se aclara la garganta. —Oh, está bien. Eso fue amable de su parte.

—Sí, pero siempre podemos llamarlos y recogerla si crees que es demasiado.

—No, no. Creo que es genial que te estén dando la noche libre, además de que todavía no tienen nietos, así que te puedo garantizar que lo están disfrutando.

—A nosotros. Nos están dando la noche libre. Sé que su llanto también te despierta.

—No es ninguna molestia. Amo a esa niña.

Inhalo profundamente; escucharlo decir que ama a Melany es como un sueño. Causa una punzada en mi pecho y mis ojos empiezan a arder con las lágrimas no derramadas.

Pensar en que Melany tenga a Edward en su vida, un hombre bueno y honesto que pueda enseñarle y mostrarle la diferencia entre el bien y el mal, es casi demasiado para asimilar. Ya me había resignado a la idea de criarla por mi cuenta como madre soltera.

Nunca habría creído que alguien tan increíble como él querría estar conmigo, una madre adolescente a la fuga.

—Ella, um… también te ama —digo en voz baja.

Tira mi mano en su regazo y entrelaza nuestros dedos; una conexión que, de alguna manera, se siente diferente. Más fuerte, si eso es posible, y de repente, no puedo esperar para llegar a casa. No puedo esperar para estar a solas con él, y ver lo que nos depara la noche.

oooooooooooooooo

Me despierta el sonido del auto al detenerse; Edward aparta unos mechones de pelo de mi cara y besa mi nariz.

—Estamos en casa —anuncia en voz baja, mientras me acaricia la mejilla con el dorso de su mano—. ¿Puedes caminar?

Miro sus conmovedores ojos verdes y sonrío. Podría perderme en él, quiero perderme en él. —Sí, puedo caminar.

Apaga el motor y saca la llave. Sale del auto y da la vuelta al capó para llegar al lado del pasajero y abrir la puerta para mí. Le doy la mano y me ayuda.

Nos dirigimos a la casa, enciende el interruptor de las luces y cierra la puerta detrás de mí mientras me quito la chaqueta y la cuelgo. Me sigue y rodea mi cintura con sus brazos, haciendo que me incline instintivamente hacia él.

—¿Estás lista para subir? —pregunta, sus labios a centímetros de mi oído.

Mi ritmo cardíaco se acelera y trato de hablar, pero me encuentro

con que he perdido la voz. Asiento en respuesta y con un ligero empujón de su mano en la parte baja de mi espalda, me conduce hacia las escaleras. Me giro para mirarlo de frente y colocar mis manos sobre su pecho.

—Creo que necesito una ducha, ha sido un día muy largo.

—Sí, yo también. ¿Qué tal si te encuentras conmigo en mi habitación cuando estés lista?

—¿Tu habitación?

—Sí, pensé que a lo mejor esta noche nos podemos quedar en mi cuarto. Tengo una cama más grande y cómoda.

—Está bien.

Me tomo mi tiempo en el baño; lavándome el pelo, afeitándome y preparándome mentalmente para lo que puede o no pasar esta noche. Nunca hemos hablado de llevar más lejos nuestra relación, nunca hemos discutido el impacto de lanzar el sexo en la mezcla. Estaba feliz viviendo en una burbuja aquí con Edward todo el tiempo, negando el hecho de que en algún momento él esperaría más, necesitaría más. No es que no quiera dárselo, quiero.

Con todo lo que tengo, quiero ser eso para él, quiero ser todo lo que necesita y espera, y creo que quiero esas cosas también. Tengo miedo, miedo de entregarme voluntariamente porque, ¿y si eso no es lo que sigo esperando? ¿Y si es igual a lo que he experimentado en el pasado? La idea no es exactamente atractiva para mí y no es que me arrepienta de haber tenido a Melany, pero el proceso de su creación no fue de ninguna manera romántica o agradable. Me prometo no usar mi experiencia anterior como punto de referencia para todo lo que ocurra con Edward.

Es diferente. Se preocupa por mí y todo lo que hacemos es porque ambos lo queremos.

Una vez que he terminado en la ducha y mi pelo está todo seco, me quedo en mi cuarto tratando de averiguar exactamente qué ponerme. No creo que mi atuendo normal de pijama sea apropiado para esta noche, pero no tengo nada que sea francamente sexy. La ropa interior nunca ha sido una prioridad en mi lista de cosas por hacer. Escojo el mejor par de bragas que puedo encontrar, un lindo par de pantalones cortos de color rosa con bordes de encaje negro, y una camiseta blanca que tomé prestada de Edward.

Abro la puerta y camino a través del pasillo, tomando respiraciones profundas y relajantes.

Hago una pausa en la puerta, poniendo mi frente en la madera fresca. Puedo hacer esto. Me lo digo tratando de calmar mis nervios.

Levanto la mano y toco suavemente la puerta. Se abre un momento después y Edward se encuentra allí, luciendo nada menos que hermoso, recién duchado y en un par de bóxers gris oscuro.

Toma mi mano y suavemente me jala para que entre en la habitación.

Nunca tienes que tocar, cariño —dice, cerrando la puerta tras de mí.

Simplemente asiento en respuesta y espero que no pueda percibir mis nervios.

—Oye —dice, levantando mi barbilla hasta que se encuentran nuestros ojos—. Nada tiene que pasar esta noche. Simplemente iremos tan lejos como quieras, ¿está bien?

—Bien.

—Me gusta que uses mi ropa, te ves hermosa.

—Gracias.

—Vamos, ven a acostarte conmigo. —Hace las mantas a un lado y sube a la mitad de la cama. Tomo su mano extendida y me uno a él.

Me acerca hasta que nos acurrucamos cara a cara. Acaricia mi mejilla de la forma que tanto me gusta y pasa su mano por mi cabello. Su otra mano empieza a moverse, recorre de arriba abajo mi brazo, nunca rompe el contacto visual mientras mueve su mano hacia mi espalda, para frotar perezosos círculos alrededor de mi columna. Su mano viaja lentamente hacia abajo hasta que llega al borde de mi camiseta y la desliza por debajo, salto un poco al contacto directo con mi piel, pero rápidamente me recupero y comienzo a disfrutar del masaje improvisado.

—Edward.

—¿Mmm?

—Bésame, por favor.

No hay necesidad de pedirlo dos veces. Nunca me haría rogar por lo que quiero, esa es su manera de ser, dándome, necesitando complacerme y cuidando de mí, y Dios me ayude, lo amo por eso.

Lo amo y creo que lo he amado desde que me rescató de mi apartamento, pero me encontraba demasiado asustada para pensarlo y mucho menos creerlo.

Sus labios son suaves, complacientes. Sigue las pistas que le doy, tomando más solo cuando está seguro de que me siento cómoda. Nos mueve para que yo esté de espaldas y se coloca encima de mí, deslizando su mano bajo la parte delantera de mi camiseta. Me sorprende lo mucho que me gustan sus manos sobre mí, lo bien que me hace sentir. El calor entre mis piernas se profundiza cuando por fin encuentra mi pecho y lo toma con firmeza, y luego se detiene suavemente en el pezón. Las sensaciones que me provoca son intensas y me dejan con ganas de más, necesitando más de lo que me puede dar porque es muy bueno en eso.

Antes de que pueda protestar, el beso se rompe y mi camiseta se ha ido. Mis mejillas se enrojecen por la vergüenza ante la idea de que Edward me vea en nada más que un par de bragas. Di a luz a un bebé hace apenas unos meses; mi cuerpo se encuentra muy lejos de regresar a lo que era, y eso me cohíbe. Trato de cubrirme con mis brazos, pero sacude la cabeza. —No. Eres jodidamente hermosa, nena.

—No lo soy.

Hace círculos en mis pechos con la yema de su dedo y mira cada centímetro de mí, con nada más que lujuria en sus ojos. —Eres lo más hermoso que he visto en mi vida.

—Tira del lóbulo de mi oreja con sus dientes, haciéndome inhalar bruscamente—. Quiero saborear cada centímetro de ti, Bella.

—¿Sí?

—Sí. ¿Quieres que lo haga? ¿Te gustaría?

—Yo… no lo sé —tartamudeo.

—¿No lo sabes? ¿Nunca nadie te lo ha hecho?

—No.

—¿No? Oh, cariño —dice con una sonrisa—, estoy a punto de mostrarte lo que te has perdido. —Tira suavemente de mi ropa interior hasta que estoy completamente desnuda ante él. Lo miro a los ojos y de repente no me siento avergonzada.

Me siento hermosa, Edward me hace sentir hermosa. Sus manos comienzan a moverse de nuevo, masajeando gentilmente un camino hasta mis piernas, donde sube y baja sus manos por mis pantorrillas, haciendo que mis músculos se relajen con cada toque.

Sus manos suben por la parte interior de mis piernas y las separa suavemente, dándole una vista de acceso total a lo que soy—. Oh, nena, eres hermosa.

Sus palabras me avergüenzan. No estoy acostumbrada a recibir ningún tipo de cumplido. Cubro mis ojos con las manos.

—No, no —dice, jalando mis brazos hasta que liberan mi cara—.

No te escondas de mí, amo todo lo que veo y quiero que te sientas segura, ¿de acuerdo?

Abro la boca para responder justo cuando roza mi núcleo húmedo con sus dedos. Mis caderas se levantan de la cama mientras dejo salir un grito. —Sí.

—¿Sí? —pregunta con una sonrisa—. ¿te sientes confiada o te gusta que te toque así?

Frota de nuevo y suelto un gemido.

—¿Cuál, nena? ¿Mmm? ¿Debería detenerme?

—No. No te detengas.

—Esa es mi chica —dice, separando más mis piernas y bajando la cabeza, dándose un mejor acceso a mí. Estoy gratamente sorprendida cuando su lengua se reúne con mis pliegues húmedos y lame un camino hasta mi clítoris, donde comienza un suave asalto.

Con cada segundo que pasa, pierdo más de mi control, levantando mi cadera hasta que encuentro el ritmo circular que coincide con el movimiento de su lengua. Una persistente presión se empieza a construir en mí. Llega a la cima y entonces reside, una y otra vez, y cada vez que encuentra esa cima donde se hace más fuerte, causa que mis piernas se debiliten.

Las manos de Edward agarran mi cadera, manteniéndome firmemente clavada en el colchón. Agarro su cabeza y me aferro con fuerza mientras mueve su lengua en cada grieta hasta que me corro, perdida en una explosión que corre por todo mi cuerpo, y me enciende desde adentro. En una neblina, me escucho llamando a Edward mientras me extrae cada gota de placer. Cierro los ojos y tiro la cabeza hacia un lado, mientras bajo de lo más alto que he experimentado.

—Oh, Dios mío —digo sin aliento.

Se ríe y entierra la cara en mi cuello. —¿Fue bueno para ti, nena?

No puedo evitar reírme por su comentario. Nunca imaginé que luego de todo lo que pasé, podría sentirme así de feliz.

Que podría sentirme así de libre y que podría experimentar esta intimidad con alguien. Edward se cierne sobre mí de nuevo, sus ojos son líquidos de deseo y eso es todo lo que toma para que quiera más, necesite más de él. Agarra mis manos y las tira sobre mi cabeza, envolviendo sus manos alrededor de mis muñecas y fijándome en la cama mientras entierra su cabeza en mi cuello y comienza a besarme ahí.

Una sensación de pánico comienza a afectarme y resurge un recuerdo, estrellándose al frente de mi mente, transportándome en el tiempo, y de repente estoy atrapada bajo fuertes manos, incapaz de moverme. Un gran cuerpo apoyado sobre mí, susurrándome cosas horribles al oído.

Haciendo que tenga miedo de moverme, de luchar, convirtiéndome en una participante involuntaria en una serie de actos crueles, forzándome a crecer antes de tiempo, arrebatándome toda la inocencia y la ingenuidad de una chica joven. Lucho en contra del recuerdo, lucho para mantener el buen juicio, para recordar que estoy con Edward y no… no con alguien que me haría daño intencionalmente.

Una solitaria lágrima se escapa de mis ojos y sacudo la cabeza.

Tratando de desplazar el recuerdo de mi mente, y alertando a Edward de mi malestar. Me mira y sus ojos se amplían con la señal de mis lágrimas. Puedo sentirme temblando y odio haber tenido esta reacción hacia él.

—¿Cariño?

—Suéltame —ruego a través de un flujo constante de lágrimas. Me mira sorprendido, obviamente confundido.

—¿Qué? ¿Bella?

—Suelta mis muñecas, Edward —lloro—. Ahora.

—Está bien, está bien… cariño, solo soy yo, lo siento —dice, soltándome.

Me pongo en una posición sentada y envuelvo los brazos alrededor de mi cuerpo tembloroso. Trato de obligarlo a calmarse, pero no sigue mis órdenes.

—No me gusta ser sostenida —admito suavemente.

Se mueve de mi lado hasta que está frente a mí. Vacilante, levanta mi barbilla para que pueda mirarlo a los ojos.

Niega lentamente. —Nunca lo volveré a hacer… Shhh, está bien, cariño. Por favor, no llores.

Agarro sus hombros y lo jalo en un abrazo, hundiendo mis uñas en su espalda mientras trato de calmar mis sollozos.

—Lo siento, lo siento mucho, solo estoy siendo estúpida.

—Nunca podrías ser estúpida, Bella. Mírame —dice, alejándose un poco para que pueda ver su rostro—. Nunca podrías ser estúpida para mí, ¿de acuerdo?

—Está bien. —Asiento lentamente.

Acaricia mi pelo lentamente, llevándome a un lugar más tranquilo.

¿Quieres hablar de ello?

—No, yo… me molesta no ser capaz de usar mis manos.

Asiente y luego nos mueve hasta que nos encontramos acostados en su cama enorme, conmigo escondida de forma segura en el hueco de su brazo.

— ¿Con cuántos hombres has estado, Bella?

—¿Qué? —pregunto, deseando que lo deje pasar.

—Sexualmente, ¿cuántos ha habido?

—Uno, solo… solo uno. —Es la verdad, incluso si no le puedo decir todo, si no puedo darle los sórdidos detalles del pasado, le puedo dar una verdad.

—El padre de Melany… ¿Acaso él…? Bella, ¿te hizo algo? Te…

Cierro los ojos sin querer mirarlo. Tratando de sacar sus palabras de mi mente.

—No, pero por favor… por favor, Edward, no vayas allí, simplemente olvídalo, por favor.

—Puedo ayudarte… si algo te pasó.

—No pasó nada, ¿de acuerdo? —espeto. Trato de alejarme, pero me sostiene más fuerte. No es amenazante, sino enérgico. Tomo una respiración profunda y corrijo mi actitud—. Lo siento. Comencé a tener relaciones sexuales antes de estar lista y no fue de lo mejor, solo olvídalo.

La preocupación en sus ojos y su cálida mirada me dice que entiende que el sexo para mí nunca ha sido una opción, pero nunca se lo confirmaré. Nunca voy a hablar de ello con él ni con nadie.

—Bella…

—¿Podrías abrazarme? Por favor —digo, tirando sus hombros en un intento de acercarlo más a mí.

—Por supuesto —responde, envolviéndome en sus brazos.

—Lo haré mejor la próxima vez, te lo prometo —digo en voz baja.

—Cariño, lo hiciste bien. Lo hiciste genial —dice, acariciando mi mejilla. Dios, me encanta tanto eso—. Te dije que solo con lo que te sintieras cómoda, ¿bien?

—Está bien. —Nos acostamos en silencio y mi mente corre a mil por hora al igual que la de Edward, estoy segura, pero me acurruco profundamente en sus brazos, dejando que me envuelva su calor, esperando que su fuerza me ayude a mantenerme fuerte, que me ayude a dejarlo ir y borrar los oscuros recuerdos del pasado.