¡Día trece! ¡Ya casi llegamos a la mitad de este reto! ¡Estoy que ardo!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov

Día 13: Dimensión alterna* [Todo pasa en el Japón de los 50s en donde existen una clase de demonios elitistas y los humanos que sean discriminados. Kagome lucha por la igualdad contra el tirano que incentiva el movimiento (Naraku) y cambia corazones, entre ellos al soldado más poderoso (Sesshōmaru)]

Palabras: 817

Baúl del Oeste

En el fragor de la batalla

—¡Quiero a esa humana muerta!

La oración llena de odio y desprecio se extendió por toda la estancia llena de guerreros yōkais gritaron en señal de apoyo, la guerra contra los humanos se había extendido y cada día se volvía más y más sangrienta, desde que una humana se puso a la cabeza de su raza buscando justicia e igualdad.

Naraku no lo iba a tolerar más, debía erradicar la llama de insurrección antes de que fuera demasiado tarde, los humanos no eran más que seres inferiores destinados a serviles de rodillas, no dejaría que eso cambiara.

—¡Quien me traiga la cabeza de esa mujer, será bien recompensado!

Sesshōmaru sale del lugar sin dudar, él era el principal guerrero y a veces no soportaba a Naraku, se movió hacia las afueras del recinto, con sutileza escaneó el área, todos los guardias estaban en sus puestos. Bien, por le menos, hacían bien su trabajo, lo que no quería era tener que entrenar a mas reclutas, porque lo inútiles dejaron que se colara otro humano.

Se encaminó hacia las puertas.

—¡Saldré a hacer mi ronda hacia el norte, no descuiden sus puestos!

—¡Sí, general!

El yōkai no esperó que acabaran con su saludo cuando ya estaba saliendo, los alrededores estaban tranquilos, se dio cuenta después de unos minutos, demasiado tranquilo; ni los sonidos nocturnos estaban presentes, agudizo sus sentidos antes de desenvainar su espalda mientras giraba sobre sus talones, el atacante logró esquivar la hoja filosa, pero no el golpe que llegó a su estómago que lo hizo encogerse sobre sí mismo, antes de ser derribado y tener la punta de la espada en la yugular.

Sesshōmaru lo reconoció de inmediato, pero no bajo la guardia.

—¿Qué pasa cuando la oscuridad quiere gobernar? —preguntó el yōkai de ojos áureos.

—La luz de la esperanza resurgirá —respondió—. ¿Por qué siempre me atacas?

Se quejó mientras se levantaba.

—Precaución —replicó envainando su arma—. ¿Qué traes para mí?

El cachorro yōkai pareció animarse ante eso, aunque técnicamente ya no entraba en la categoría de cachorro, pero seguía sin llegar a su mayoría.

—Información. El ejercito de Naraku está siendo repelido en el Oeste y Sur, la incorporación de hanyōs y yōkais desertores fue una buena movida para la facción humana, la victoria se está inclinado a ellos. Naraku debe estar hecho una furia.

—Ofrece recompensa por su cabeza.

El joven hizo una mueca.

—Entonces, es serio con eso, le diré que mantengan la guardia alta —suspiró revolviendo sus cabellos castaños rojizos, antes de alzar su vista—. Está preguntando por ti.

Sesshōmaru entrecerró los ojos.

—Le di me lealtad, no debería estar preocupada.

Shippō se cruzó de brazos.

—Sabes que no me refería a eso.

Él sabía.

La primera vez que se encontró con Kagome fue en una redada, las órdenes eran asesinar a todo humano, lo iba a cumplir hasta que ella se enfrentó a él, su poder espiritual lo dejo impresionado, entendió porque ella se había colocado a la cabeza del movimiento.

Ella era lo que Naraku temía en su totalidad.

Su contrario.

Que hubiera quedado una sacerdotisa viva después del genocidio del 40, era la brizna de esperanza que los humanos necesitaban y ella aceptó esa responsabilidad, una mujer que apenas llegaba a sus 17 primaveras era la cara del mayor movimiento pro-humano hasta la fecha.

Vio su determinación y el fuego en sus ojos, demasiado joven.

Pero con una voluntad demasiado grande.

La dejó vivir porque algo ardió en su pecho, algo le dijo que si la mataba no vería el caos que su presencia desataría y él, como yōkai guerrero la sangre hervía por las ansias de batalla. No se equivocó, la guerra se intensifico como nunca antes, pero en el fragor ocurrió algo que definitivamente no esperaba, conocerla frágil y cansada.

La poderosa sacerdotisa que escondía sus cicatrices y dolor en la soledad de una habitación vacía.

Sesshōmaru le juró lealtad en ese momento, a la Kagome con el rostro cansado, la sangre salpicando sus ropas y las vendas rodeando su hombro derecho.

Y ella le dio su devoción.

—Buscaré la información que me falta y regresaré a Kagome —afirmó.

—Estará feliz de saberlo, nos vemos Sesshōmaru, cuida tu espalda.

—Y tú la boca, cachorro.

Shippō corrió camuflándose en la oscuridad en forma de un pequeño e inofensivo zorro, Sesshōmaru esperó unos segundos antes de seguir con su ronda, los sonidos de la noche volvieron gradualmente, debía admitir que el cachorro había mejorado en sus ilusiones, suprimir el ruido no era algo fácil de hacer.

Se detuvo por uno momento para dirigir su mirada hacia el Oeste, donde Kagome dirigía el ataque desde hace 3 días, un poco más, sólo un poco más y podría regresar a su lado; y acabaría con la guerra, porque sus ansias de sangre ya habían cambiado.

Lo que deseaba con la fiereza de su especie era a Kagome.

FiraLili

13/11/2020