Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo Once
—¿Isabella?
Las cejas de Bella se fruncieron. Le dolía la cabeza, el dolor emanaba en oleadas desde un punto en el lado derecho de la parte posterior de su cráneo. Sus extremidades se sentían pesadas y podía sentir la sensación áspera y cálida de la lana contra sus brazos desnudos.
—¿Isabella? —El murmullo de su nombre no parecía venir de tan lejos esta vez. Abrió los ojos y parpadeó ante la tenue luz sobre ella. Un rostro apareció a la vista y ella automáticamente se tensó. Pero esta cara estaba coronada con cabello rubio claro, toques plateados en las sienes, debajo de los cuales tenía ojos azul claro que contemplaban los de ella. Bella parpadeó confundida.
—¿Qué? —susurró con voz ronca. El rostro sonrió cálidamente.
—¿Isabella Swan?
—Sí… yo no… —Parpadeó de nuevo y luego se sentó abruptamente, ignorando el martilleo en su cabeza. El hombre retrocedió despacio, sentándose en el borde de un pequeño sofá, pero Bella estaba demasiado frenética para prestarle atención.
—¡Oh Dios mío, Sam! ¿Lo viste?
—¿Sam? —El hombre frunció el ceño y puso una mano en el hombro de Bella mientras ella intentaba moverse—. Espera, Isabella, has recibido un buen golpe en la cabeza.
—Sam, mi perro, se escapó bajo la lluvia. Necesito encontrarlo —trató de explicar Bella, sus palabras confundiéndose mientras hablaba rápidamente, pero una cálida voz femenina la hizo girar la cabeza.
—Él está aquí.
Una mujer estaba de pie en la puerta, cabello castaño caía sobre sus hombros y enmarcaba un rostro pálido en forma de corazón, en el que brillaban un par de ojos verdes. Junto a ella, con el aspecto convenientemente avergonzado, y empapado, estaba Sam.
—¡Sam! —jadeó Bella y él lo tomó como una invitación, saltando por la habitación. Bella soltó un sollozo, envolviendo sus brazos en el inquieto saluki mientras él frotaba su rostro contra ella.
—¡Oh, no me vuelvas a hacer eso nunca más! —lo regañó y él le dio un golpe con la húmeda nariz en la mejilla, sin que pareciera importarle que lo estuvieran regañando. El hombre soltó una risa suave.
—Qué feliz reencuentro.
Bella lo volteó a ver, tratando de averiguar qué estaba pasando cuando se dio cuenta de dónde estaba. Esta era sin duda una de las habitaciones de Cullen Hall. Había terminado en el lugar exacto del que estaba tratando de escapar. Bajó las piernas del sofá y se frotó la cara con ambas manos antes de volver a mirar al rubio.
—¿Supongo que es el señor Cullen?
—Carlisle, por favor. Y ella es mi esposa, Esme. —Hizo un gesto señalando a la mujer y ella sonrió, entrando en la habitación.
—Nos diste un buen susto, casi te atropellamos —dijo y Bella miró hacia abajo, recordando.
—Estrellé mi camioneta. Sam salió y yo estaba corriendo detrás de él —susurró mientras Esme se inclinaba contra el respaldo del sofá, palmeando su hombro.
—Encontramos tu camioneta. Mi hijo la trajo de regreso, está estacionada afuera. Me atrevo a decir que recibió más daño el árbol que tu vehículo.
—Tienes una leve contusión cerebral, Isabella —explicó Carlisle—, así que Esme ha preparado una de las habitaciones para ti. Tendré que estar pendiente de ti durante toda la noche. Estudié medicina, ¿sabes?
—Es Bella —repuso ella, tratando de entender lo que estaba pasando y luego continuó—, espera… no, no puedo quedarme aquí. Quiero decir…
La sola idea de pasar una noche en este lugar, donde Edward acechaba por los pasillos, era más que horrible.
—No discutiré contigo —reprendió Carlisle con firmeza pero con diversión en los ojos—, y mi esposa ciertamente no lo hará. Casi te atropellamos, lo mínimo que podemos hacer es asegurarnos de que no hayas sufrido daño cerebral.
Bella tragó nerviosamente y negó con la cabeza dolorida.
—En realidad, no es necesario. Regresaré a la cabaña.
—¡La Bella durmiente se despierta! —Una alegre voz inglesa atravesó la habitación, Bella echó un vistazo por encima del hombro y vio entrar a un hombre grande. Su volumen estaba en sus músculos y estatura, todo lo cual desmentía la sonrisa infantil en su rostro, lleno de alegría.
—Este es nuestro hijo, Emmett, oh y aquí está nuestra nuera, Rosalie. —Esme presentó a la esbelta mujer rubia que había entrado detrás de Emmett. Bella no vio más que un destello de piel pálida y ojos azules brillantes antes de que Rosalie se girara y quedara de frente a Emmett. Sus brazos la rodearon, aunque sus ojos se quedaron en Bella.
—Estacioné tu camioneta afuera y puse tus maletas en la habitación de invitados —indicó y Bella tragó, levantándose. Sam se enredó alrededor de sus piernas, todavía acariciando su mano para llamar su atención.
—Eso no será necesario, puedo quedarme en la cabaña —repitió pero Carlisle negó con la cabeza.
—Tengo que insistir, por tu salud, en que te quedes aquí —dijo con firmeza.
Bella no sabía cómo decirle que su salud dependía de que se alejara de Cullen Hall lo más rápido posible.
Esme se movió alrededor del sofá para rodear con un brazo los hombros de Bella. Olía dulce, como a un perfume clásico.
—Vamos, cariño. Consigamos que entres en calor, ha sido una velada muy larga. Luego, por la mañana, puedes regresar a la cabaña. Shelley Cope dijo que eres escritora, ¡no podrías haber elegido un lugar más inspirador! —parloteó Esme en tono de conversación.
Bella se dejó guiar hacia la puerta, pero se detuvo cuando otra figura apareció.
—Guardé la comida y las teteras —habló en voz baja, pero se detuvo cuando todos los ojos en la habitación se volvieron hacia Bella, quien se había tambaleado y jadeó, agarrándose a una silla cercana mientras la sangre se le escapaba de la cara.
Era Edward.
—Bella, ¿estás bien? —preguntó Esme, yendo a apoyarla, pero Bella simplemente lo observó fijamente. Y cuanto más miraba, más se daba cuenta... de que no era él. Eran notablemente similares, tan cercanos en apariencia que podría haber jurado por un momento... pero no. La mandíbula de este hombre era más ancha, cubierta por una ligera barba. Su cabello era más salvaje, apuntando en diferentes direcciones como si hubiese estado pasando su mano por él, y sus ojos no eran del intenso marrón de Edward, sino de un verde brillante, del mismo tono que los de Esme.
Cerró los ojos y desvió la mirada, volviéndose hacia Esme. Aún podía verlo por el rabillo del ojo, sintiendo su mirada sobre ella.
—Solo mareada. —Le temblaban las manos.
—Tal vez deberíamos llevarte a la cocina a tomar un té. ¿Ya comiste? Oh, este es nuestro hijo mayor, Edward.
Bella asintió sin mirarlo. Tenían que compartir el mismo nombre, ¿no? Vio sus pies desaparecer de la puerta y respiró hondo antes de seguir a Esme fuera de la habitación, pero no antes de ver los ojos de Rosalie destellar fríamente en su dirección.
Para el inmenso alivio de Bella, la habitación de invitados no era la que había explorado ese mismo día. En cambio, su habitación estaba en el otro extremo de la casa, un par de puertas más allá de la de Carlisle y Esme. Esme, con quien Bella se sentía inmensamente cómoda, la tranquilizó diciéndole que si necesitaba algo solo tenía que avisar.
—Carlisle te examinará cada dos horas. Puede que no duermas mucho, pero es mejor prevenir que lamentar.
Ella le explicó que se quedarían al menos un mes en la casa y que su hija menor, Alice, llegaría en unos días, pero se había desviado de Nueva York para visitar a su prometido, Jasper, en Londres. Bella se sorprendió un poco al escuchar que no contratarían servidumbre.
—Estamos acostumbrados a valernos por nosotros mismos. Si tuviéramos la casa llena, contrataríamos algunos ayudantes o un ama de llaves, pero no vale la pena solo para nosotros —explicó Esme mientras tomaban té y tostadas con mantequilla.
Bella cerró las cortinas de la habitación y observó alrededor. También tenía una cama con dosel, pero eso parecía ser un elemento básico en todas las habitaciones de Cullen Hall. Esta habitación estaba decorada con colores rosas y cremas oscuros, muy femeninos. Bella buscó en la maleta que empacó apresuradamente y encontró un par de pantalones cortos de dormir y una camisola. Antes de que comenzara a cambiarse, alguien llamó a la puerta y apareció la cabeza de Carlisle.
—¿Todo bien?
—Sí, gracias —respondió Bella con una leve sonrisa. Él asintió.
—Te examinaré en un par de horas. No creo que algo esté mal, pero prefiero no arriesgarme.
—Gracias —murmuró Bella con sinceridad, no queriendo parecer ingrata. Era muy consciente de lo considerados que eran Esme y Carlisle, y si no fuera por su miedo a quedarse en el epicentro de la pesadilla en la que estaba viviendo, habría disfrutado de la compañía.
—Cualquier cosa que necesites, solo grita —le dijo Carlisle antes de desearle buenas noches.
Bella se cambió y se subió a la gran cama, las sábanas frías contra su piel. Dejó la luz de la mesilla encendida y se quedó mirando las sombras que proyectaba en la pared.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Había intentado irse y Edward la detuvo. Si chocar su automóvil y sufrir una contusión cerebral no era una señal de que no podía irse, no sabía qué era.
Y ni siquiera sabía por dónde empezar con Edward. No Edward sino Edward. Suspiró ante la inevitable confusión. No le gustaba la idea de que hubiera otro Edward Cullen caminando en Cullen Hall. Uno era demasiado para su comodidad, pero dos… todo lo que podía hacer era evitar a Edward hasta que pudiera encontrar una manera de abordar la situación con Edward.
Deseaba que Sam estuviera aquí, pero él se había acurrucado en una alfombra en el piso de la cocina y no había hecho ningún intento por moverse, claramente exhausto por la excursión de esa noche. Además, Bella dudaba que Esme estuviera feliz con él esparciendo pelos de perro sobre su hermosa habitación antigua.
Pero la compañía hubiese sido muy apreciada.
Especialmente cuando Bella fue sacada de su sueño por manos frías acariciando sus muslos desnudos.
En algún momento, claramente había descartado el edredón, dejando sus piernas expuestas y cuando se despertó, Bella se congeló. Edward estaba acostado detrás de ella, de lado, de modo que su gran figura se curvaba hacia la de ella. Su mano se deslizó por la piel pálida de su muslo mientras su aliento frío bailaba por su cuello.
No otra vez. Por favor… Cerró los ojos con fuerza, apretando los puños mientras él presionaba los labios contra su nuca.
—Marie, no puedo alejarme de ti —habló en voz baja, y una lágrima rodó por la mejilla de Bella, cayendo en la almohada, mientras intentaba permanecer perfectamente quieta. Su corazón latía tan fuerte que pensó que seguramente él lo oiría, ya que un momento después él apartó su mano de su cadera y la enroscó alrededor de ella, colocando su palma contra su pecho. Lo sintió acomodarse para encajar contra ella, acariciando su nuca.
—Te quiero tanto. Te quiero. Me casaré contigo, Marie, lo haré. —Sus palabras eran una ferviente promesa y el corazón de Bella dolió ante su sinceridad cuando él inclinó la cabeza, presionándola contra su hombro.
¿Reaccionaría él si ella hablara? ¿Escucharía si ella intentaba explicarle? ¿Era siquiera capaz de escucharla o comprenderla?
Bella trató de alejarse, pero él apretó su agarre y gimió levemente cuando él la volvió a abrazar. Se sentía enferma, le palpitaba la cabeza y se preguntaba si no se trataba de algún efecto secundario de la contusión que había sufrido antes.
Pero su mano se movió de nuevo y Bella se mordió el labio cuando le rozó el pecho, la frialdad provocó que su pezón se irguiera. Inhaló bruscamente cuando la boca de él encontró su cuello de nuevo, sus labios mordieron su piel mientras su muslo se movía contra sus piernas, separándolas para que su propia pierna descansara entre las de ella, causándole un dolor en la parte baja. Sus dedos rozaron lentamente el algodón sobre su pecho, creando una fricción dolorosamente dulce hasta que ella no pudo evitar el suave suspiro que escapó de sus labios. Las caderas de él se movieron lentamente, frotándose contra su trasero mientras prodigaba atención en su cuello y pecho, su aliento contra su piel, mientras ella luchaba contra los impulsos básicos de su naturaleza. Estaba dividida, casi desesperada por su dulce atención y toque, y enferma ante el conocimiento de lo que él era.
Con inmenso esfuerzo, respiró profundamente e hizo un esfuerzo para darse la vuelta, para enfrentar a Edward, pero al hacerlo, el pomo de la puerta giró y crujió al abrirse. Bella dio un salto, sentándose con un fuerte grito ahogado y el rostro de Carlisle con un gesto de disculpa apareció en la puerta.
—Lo siento, no quise asustarte —murmuró y Bella negó con la cabeza, encendiendo la lámpara de la mesilla de noche. Carlisle observó su rostro pálido, las lágrimas claramente visibles en sus mejillas pálidas, y frunció el ceño.
—¿Estás bien? Parece que has visto un fantasma.
Oh, Carlisle, si supiera... No solo lo vio, sino que la besó y acarició... este Edward se está tomando muchas libertades con Bella, no creen?
Y bueno, ahora ya apareció Edward, que lo vamos a diferenciar de nuestro Edward con letra cursiva. Espero no sea confuso.
Gracias por los comentarios, alertas y favoritos, me encanta el apoyo que le están dando a la historia. No olviden contarme qué les pareció el capítulo, y de dejar su voto para la siguiente traducción en el grupo.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
