Draco miraba a Harry de rodillas en el suelo de su casa, acarició su nuca que estaba inclinada hacia abajo.

Había soportado con toda calma los manoseos de Draco, que comenzaba a conocer su cuerpo. Había dilatado su ano con sus propios dedos, metiéndolos y sacándolo sin que Harry se moviera un ápice de su postura.

Lubricado, extendido y excitado Draco había insertado un plug dentro de él. Para pasar a tocar otras partes.

Le había obligado a mantener sus piernas abiertas para que solo fueran sus músculos anales los que hicieran el esfuerzo de no dejarlo salir.

La mano de Draco acaricida su nuca, sus pezones habían sido estirados, pellizcados y lubricados para poder jugar con ellos, hasta que fueron pinzados convenientemente.

Y en todo ese tiempo Harry había permanecido en un silencio sepulcral, solo roto por algún jadeo.

Silencioso, pero Draco no lo confundiría nunca con docilidad, podía estar de rodillas, podía hacer lo que quisiera con él sin que Harry protestara, pero no era dócil.

Su pene desnudo goteaba, indicador que su indómito sumiso disfrutaba de sus atenciones. Pero Draco no lo tocó, solo sostuvo sus testículos en su mano, un suave apretón que fue escalando en presión.

La mirada gacha, la mandíbula apretada, y su abdomen tenso.

Draco los anudó con una goma elástica.

Se apartó para mirar complacido a su sumiso. Era la imagen que había estado deseando toda aquella semana. Harry decorado con toques de negro.

Draco se sentó para verlo bien, delicioso.

—Y bien, ¿cómo ha ido tu semana, Harry?

Aquello sí hizo que Harry elevara sus ojos mirándole sin entender la pregunta.

—Quiero que me cuentes que tal ha ido tu semana.

—No es necesario.

—Yo te digo lo que es necesario y lo que no lo es, ¿lo has olvidado?

Aunque su tono era severo no había recriminación, solo aclaración.

—Bien, ¿cómo ha ido tu semana?

Harry eludió su mirada, pero Draco no la apartó en ningún momento, cruzó sus piernas y esperó.

—Patrullas y alguna detención.

—¿Te gusta tu trabajo?

Era obvio que Harry no quería hablar de eso, que quería dejar su vida privada lejos de aquello. Pero Draco tenía claro que iba a ponerlo todo sobre la mesa, todo.

—Sí.

—Habla más alto—le pidió Draco, Harry le miró mal.

—Sí, me gusta mi trabajo.

—¿Nunca pensaste en dedicarte a otra cosa?

—¿De verdad es necesario hablar de esto así?

Su postura de rodillas y con los artilugios que Draco usaba en él le darían a Harry sensación de vulnerabilidad, algo en lo que Draco ya había pensado y tenía su propia explicación.

—Sí, justo así es como debes confiar en mí.

—¿Por qué no simplemente me follas y me voy? Seguro que tienes amigos con los que hablar de estas cosas.

—Tu obsesión porque te folle es realmente sorprendente—se burló Draco—. No quiero hablar "esto" con mis amigos, sino contigo. Quiero que me cuentes sobre tu vida, quiero que confíes en mí, y tú necesitas confiar en mí.

—Yo no confío en nadie.—La rabia en su voz de nuevo no iba sola, un chispazo en las luces avecinaba cristales rotos.

—Si no confías en mí, ¿cómo vas a ser mío? ¿Solo ofreciéndome tu cuerpo?

Harry le miró sin comprender, y ese era el punto al que iban siempre. Podría tener una relación meramente física con un sumiso, era lo más habitual, pero con Harry debía ser de otra forma, estaba tan acostumbrado a entregar su cuerpo que este había dejado de ser importante para él.

La guardia levantada sobre cualquier cosa que no fuera física lo demostraba.

—¿Nunca pensaste en dedicarte a otra cosa?—volvió a repetir Draco, sin ceder un milímetro.

—No, siempre quise ser auror.

—¿No estás harto de tener que salvarle el culo a la gente?

Harry le sostuvo la mirada a Draco largo rato antes de contestar.

—Alguien tiene que hacerlo.

—Le has dado mucho a la sociedad mágica, estaría bien que tuvieras algo para ti.

Notó como Harry estaba a punto de levantarse y Draco se adelantó colocándole la mano en el hombro negándole hacerlo.

—Ven aquí, entre mis piernas.

Harry sabía que debía ir de rodillas pero aquello haría que el plug que no era tan redondeado se moviera entre sus nalgas.

El esfuerzo por tenerlo dentro satisfizo a Draco. Harry estaba entre sus piernas abiertas, era lo más parecido a una granada de mano con la anilla quitada lista para estallar.

—¿No crees que te has sacrificado mucho por todos?

Harry no respondió, solo mantuvo su ojos en el torso de Draco, sin mirarle a los ojos.

—Por lo visto eres el auror que más ha tenido que visitar San Mungo en los últimos años, he descubierto que te apodan "el suicida".

Harry apretó su mandíbula y Draco la acarició, obligándole a mirarle.

—No quiero que acabes matándote a ti mismo.

—¿Y a ti qué te importa lo que me pase?

—Me importa, y ahora eres mío, no pienso dejar que te pase nada, aunque seas tú tu principal peligro.

Negarle a Harry el único sector donde podía tomar sus propias decisiones era algo que Draco no había considerado en un primer momento, pero su historias de auror habían llegado a su despacho después varios acuerdos beneficiosos.

No le gustó lo que vio. No le gustó el patrón autodestructivo de Harry.

—Pásame a otra persona—le pidió Harry, sorprendiendo a Draco.

Las manos de Harry se apoyaron en sus muslos.

—Por favor, cédeme.

Harry no pedía, y entre sus piernas estaba pidiendo que por favor le dejara ir.

—No te estoy pidiendo que dejes de ser auror, solo que pienses un poco más en ti y menos en los demás.

Harry suspiró, y bajó la cabeza, dudaba que imponiéndole duros castigos físicos pudiera quebrarse su alma, pero el moreno estaba llegando a un límite, uno que probablemente ni él conociera.

—Ven, súbete a mí.

Harry obedeció, sentándose a horcajadas sobre Draco sin mirarle.

En el movimiento era imposible que el juguete no se le saliera, por lo que lo contuvo con su mano hasta estar bien colocado y apretar sus nalgas con fuerza.

Una cosa es que no pudiera tener sus labios, pero su mirada no se la iba a permitir retirar.

—Mírame.

Los ojos verdes atormentados le hicieron querer protegerlo.

Llevó sus manos hacia el trasero de Harry, sus músculos seguía apretando para no dejar caer lo que Draco le había metido.

Lo sacó sin problemas, para volver a meterlo, suavemente al principio, Harry no dejó de mirarle mientras iba aumentando la velocidad.

Los labios apretados de Harry le molestaron.

—Gime si es lo que sientes.

Harry lo hizo, mientras Draco le penetraba con el objeto.

Su pene estaba duro, con aquella goma que apretaba sus testículos, veía sus pezones rojos por la presión de las pinzas que le había colocado.

—No creo que esto sea suficiente para ti, demasiado pequeño para tu culo.

Harry jadeó, no, tenía claro que quería algo más y Draco también.

—Sácamela.

Harry llevó sus manos al cierre del pantalón sobre el que estaba sentado, abriéndolo con facilidad.

Su pene estaba menos duro que el de Harry, y este esperó a que Draco le dijera que se lo pusiera duro.

Draco sonrió.

—Hazlo, ponlo duro.

Notó sus manos grandes y callosas sobre la piel delicada de su pene. Como era mecido, bombeado mientras él seguía dilatando el ano de Harry con el plug.

Harry estaba concentrado, excitado, conectado con lo que estaba haciendo y con nada más. Draco le miraba complacido mientras hacia un excelente trabajo rápidamente teniéndolo erecto.

—Mátetelo—le ordenó, esta versión completamente obediente era buena, muy buena.

Harry se movió para colocarse encima, notó su calor aproximarse y engullirle centímetro a centímetro.

Draco registró todas sus expresiones, el dolor, la molestia y el placer, su rostro lleno de placer le hacía sentir bien. Eso era lo que él quería darle, una sensación buena y placentera en todas sus variantes.

Harry se mecía sobre él, un buen ritmo que se basaba en la fuerza de sus piernas y abdomen, le dejó hacer, que se moviera como él creyera oportuno, y en ningún momento dejó de mirarle como Draco le había pedido.

En un leve diálogo de gemidos, realmente ninguno necesitaba más palabras que las que sus cuerpos les pedían.

Draco sentía verdadero placer al verlo, la aceptación, en un momento en que Harry estaba entregado en cuerpo y en alma. Los poco puntos de unión que había conseguido tener con él. En esto había aceptación, no solo el evidente placer del sexo. Harry se entregaba a él, sin cuestiones, sin retos, solo aceptación.

Acarició su pene hinchado con una mano, y con la otra apretó un poco más la pinza en uno de sus pezones.

—No controles nada, gime si es lo que quieres, grita, pero no dejes de moverte.

Harry apoyó sus manos a los lados de la cabeza de Draco, tomando velocidad. Sin dejar de mirarlo, Draco también subió la presión sobre sus pezones, y Harry gimió, soltando con cada uno de ellos algo de él, algo que no era capaz de decir con palabras y fuera de aquella circunstancia.

Sus cejas apretadas se despegaron suavizando su entrecejo, su boca abierta, su respiración ahogada, tomando lo que necesitaba.

—¿Aún quieres que te ceda, Harry?—le preguntó, pero no pudo ponerse a la defensiva, en ese momento no había lugar.

—No.

—¿No qué?

—No quiero, no quiero que me cedas.—La frase le costó más de lo que la hubiera podido decir si el aire entrara en sus pulmones de un modo normal.

Draco acarició sus labios, Harry abrió la boca pensando que Draco quería meterle los dedos dentro, pero Draco no quería eso. Quería besarle, pero se contentó con acariciar sus labios mullidos.

Para evitar romper uno de los límites de Harry, llevó sus manos a las caderas del auror, y comenzó a guiar el movimiento. De tal modo que acabó siendo él el que marcó el ritmo, uno que estaba deshaciendo a Harry sobre él, pero aunque Draco podía ser alguien sumamente paciente. Quería profundizar más en él, tirándolo sobre el sofá y separando sus piernas para quedar con sus fuertes pantorrillas en sus brazos.

Las estocadas eran del pleno control de Draco, y la espalda arqueada de Harry la guía de cuanto le excitaba el cambio de ritmo.

—Olvídate de que te ceda, eso no va a ocurrir, ni ahora ni nunca.—Su tono completamente posesivo diría que le sorprendería incluso a él, pero era algo que sentía desde el primer momento que lo vio desnudo y de rodillas—Yo voy a ser tu último amo.

Harry se corrió inclinado casi sobre él mismo, manchando su rostro, y Draco lo hizo pocos movimientos después dentro de él.

Draco salió de él, y estiró las piernas de Harry que había estado flexionadas gran parte de aquella sesión.

Harry aún era de mantequilla, y se dejó, notando los dedos de Draco sobre las rótulas de sus rodillas.

La cinta de goma al rededor de sus testículos fue retirado dejando el surco en la piel sensible que más tarde se iría.

Lo siguiente fue retirar las pinzas ajustables de sus pezones, estos eran los que más habían acabado maltratados, su tono oscuro natural estaba ahora enrojecido y hipersensibilizado.

Con su varita apareció un tarro de pomada para heridas que guardaba para esos menesteres.

Cuando comenzó a extenderla sobre la piel de Harry este se contrajo, y no tenía que ver con el dolor, ya que esta lo eliminaba por completo.

—Eso puedo hacerlo yo.

—Por supuesto—dijo sin prestar más atención a sus palabras—. Pero esto es parte de mi cometido.

Harry bufó, había vuelto del lugar al que había sido pateada esa parte del moreno.

—Cuidarte es parte de mi trato.—Insistió, porque para Draco era importante.

Pasó de un pezón a otro, pero Harry ya se intentaba incorporar y Draco lo empujó contra el asiento del sofá. No, aún no.

Apareció una toalla húmeda con la que retiró su semen de la cara, haciendo que Harry no le mirara. Pero sabiendo que se estaba conteniendo para no salir corriendo de allí.

La enjuagó y pasó la toalla nuevamente limpia y por su pecho evitando los pezones embadurnado de pomada. La pasó por su cuello retirando el sudor, bajando de nuevo para limpiar su pene flácido y sus ingles sudorosas.

—Date la vuelta.

Harry sí le miró, algo le decía que comenzaban los problemas.

—No, no vas a limpiarme el puto culo.

Draco le miró serio, no había opciones, por su puesto que le iba a limpiar su prieto, húmedo y bien follado trasero. Y comprobar que todo iba bien por allá abajo de paso.

—Date la vuelta—dijo completamente autoritario, Harry le miró mal, pero al final obedeció.

Estaba rojo, con sus dedos marcados, y húmedo, muy húmedo. A Draco le excitó la visión, pero se centró en limpiar a Harry. Este más que estar siendo acariciado y cuidado parecía que estaba sufriendo una sesión de pura tortura.

—Relájate, o de verdad te torturaré.—Le azotó sonoramente Draco, no le hacía falta verlo para saber que Harry se estaba excitando de nuevo. Pero una nueva toalla limpia fue pasada por su espalda hasta su nuca, por sus muslos tensos.

Cuando dejó de sentir las atenciones de Draco, que en ningún momento se había desnudado, Harry giró su rostro.

—Ya puedes irte, a menos que quieras quedarte un poco más.

Harry se levantó rápidamente, ocultando su nueva erección de la vista. Completamente desnudo, tal como vino, se fue a grandes zancadas hasta la chimenea, más enfurruñado que al inicio.

—Buenas noches, Harry.

Las llamas no le devolvieron ni una sola palabras, solo un último vistazo de un estupendo trasero.