Naruto Y Hinata en:

EL LENGUAJE DE LAS FLORES


ROSA ROJA
Amor


─Y así fue como llegamos a Marruecos ─resumió ella. Estaba allí desnuda, tumbada a su lado contándole sus viajes como si fuera una guía turística. Ella suponía que aquello no era lo más romántico que podía hacerse después de hacer el amor, pero era bonito estar allí con él y ver la expresión de su cara escuchándola con tanto interés.

─Envidio tus viajes, Hinata ─dijo él, pasado un rato ─,pero no logro entender a tu padre. ¿En qué estaba pensando? Arrastrándote por África, trabajando hasta quedarte en los huesos... Eso no debería ser una vida para nadie, pero especialmente para una mujer. No puedo evitar recriminar a tu padre que no fuera más precavido.

─No, no, tú no lo entiendes. Él no fue tan descuidado como piensas, Naruto. Yo insistí en quedarme con él. ─Giró la cabeza y se apoyó en la almohada mirándole ─.Papá quería que yo tuviera una vida mejor. Quería que viniera a Inglaterra, que su familia me reconociera, pero sus cartas, igual que la mía, fueron ignoradas. El barón había desheredado a mi padre, lo había echado incluso de su corazón, y no iba a cambiar de opinión. Papá sugirió entonces que fuera a la escuela, pero yo me negué a abandonarle. Él estaba tan solo cuando mi madre murió, me necesitaba tanto... No iba a dejarle, no podía. Así que me quedé con él y me convertí en su ayudante. Le quería y le ayudaba. Su trabajo y yo éramos su razón de vivir y los dos fuimos felices juntos.

─Tu padre era más fuerte que el mío ─dijo él girando la cabeza para mirar al lecho ─.A lo mejor porque te tenía a ti.

Ella se incorporó, apoyó un codo en la cama, con la mejilla descansando en la mano, y lo miró.

─Tu padre te tenía a ti, Naruto, y a Ino.

─Yo había mandado a Ino a Cornualles, a casa de unos parientes. ─ Volvió la cabeza para mirarla ─.Y yo no fui suficiente para aliviar su dolor.

─Lo dudo. ─Hinata le acarició la mejilla y deseó que él confiara en ella y le contara la verdad─. ¿Qué le pasó a tu padre?.

Naruto se sentó, descolgó las piernas por un lado de la cama y se levantó. ─Amanecerá dentro de poco. Debería llevarte de vuelta.

Hinata le observaba y le dolió el corazón. ─¿Por qué no quieres contármelo? A mí no me importa si se volvió loco, si ésa es la razón por la que mantienes el silencio, yo...

─Deberías vestirte ─la interrumpió él, y se agachó para coger su camisa ─.Si los sirvientes de Russell Square se levantan y ven que no estás, todo el mundo sabrá dónde has pasado la noche. O creerán que nos hemos fugado.

Hinata no se movió.

─¿Por qué no quieres hablarme de él?

─Porque no quiero hablar de ese tema, Hinata ─le contestó mientras se vestía─. Nunca.

Ella se incorporó en la cama y se acercó a él rodeándole la cintura con los brazos. Estaba tan rígido como una estatua.

─Naruto ─susurró ella mirándole la espalda─, tú me presionas constantemente para que sea más abierta, para que comparta contigo lo que pienso y lo que siento, y tú te niegas a hacer lo mismo conmigo. Para mí también es difícil hablar de mis más profundos sentimientos, pero contigo lo he hecho. De algún modo, tú te has convertido en mi mejor amigo. A pesar de mis esfuerzos por evitar que vieras todas mis inseguridades tú has logrado que las supere. Creo que es porque, en lo más profundo de mi alma, quiero que sepas quién soy yo. Eres la persona en quien más confío en este mundo.

Él no se movió. No respondió. Ella le besó y notó cómo, bajo la camisa de lino, sus músculos se tensaban. Dejó de abrazarle y se apartó.

─Naruto ─le dijo a su espalda─, se que eres una persona muy reservada, pero quieres que sea tu esposa. Yo te he abierto mi corazón más de una vez, te he contado cosas que moriría antes que revelárselas a otra persona. Si tú no puedes abrirte un poco, si no puedes hacer lo mismo conmigo, aunque sólo sea un poquito cada vez, no tenemos ninguna posibilidad de ser felices. Yo te amo, pero hasta que no seas capaz de compartir tu vida conmigo, no me casaré contigo.

Él no le contestó, pero Hinata sabía que eso no significaba que no le importara, sino que tenía miedo. Igual que ella. Se vistió sin decir nada más y el camino hasta Russell Square lo hicieron asimismo en silencio. No había nada más que decir.

Hinata no asistió a la inauguración del museo al día siguiente. En vez de eso, se fue con Mirai y Moegi a hacer un par de visitas y sus risas y sus charlas fueron una agradable distracción.

Regresaron a casa justo antes de las seis, y Mary apenas acababa de abrirles la puerta, cuando lady Kurenai salió de la salita y gritó contenta: ─Queridas, ¡qué alegría que hayáis vuelto! ─Bajó corriendo la escalera sonriendo feliz. Moegi, Mirai y Hinata se quedaron en el vestíbulo, sorprendidas al ver a la tranquila lady Kurenai tan excitada.

─¡Mamá! ─exclamó Mirai ─. ¿Qué pasa?

─Debe de ser algo muy bueno ─dijo Moegi─. ¿Por qué estás sonriendo? Lady Kurenai señaló la mesa que había tras ellas y las tres chicas se volvieron.

En una bandeja de plata había una única rosa roja sin espinas. A su lado, una tarjeta de Naruto.

─Otra flor para Hinata ─dijo Moegi sonriendo─. ¿Por eso tienes una sonrisa tan ancha como el Támesis, Tía? ¿Por una rosa?

─Es una rosa sin espinas ─dijo Mirai extasiada─, y es roja. Oh, Hinata, al fin.

─¿Qué significa? ─preguntó Moegi.

─Amor a primera vista ─le dijo lady Kurenai, y se volvió hacia Hinata poniéndole una mano en el brazo─. Me avergüenzo de mí misma, querida, pero tenía que mirarlo en tu pequeño libro, no podía esperar más. Él se ha ido del museo, siendo como era hoy la inauguración, para traértela en persona. Cuando le he dicho que no estabas aquí se ha quedado totalmente destrozado.

─¿Hinata? ─Mirai la miró─. Estás muy callada. Ahora ya no dudarás de sus sentimientos, ¿no?

Ella no contestó. Temblando, cogió la rosa y la miró ensimismada. Había esperado que él hiciera algo pero ¿qué quería decir aquello? Ella recordaba perfectamente esa noche en la antika en que ella le confesó que se había enamorado de él la primera vez que le vio. ¿Estaba intentando decirle que también él se acordaba de esa dolorosa confesión? ¿O le estaba confesando sinceramente su amor? Eso no tenía sentido, porque era imposible que la amara desde el primer día que la vio. Ni siquiera estaba segura de que la amara ahora.

A Hinata no le importaba. Ella sí que lo amaba, y él había dado otro paso para acercarse. Era curioso cómo una cosa tan sencilla podía ponerlo todo en su sitio. Esta vez, ella iba a arriesgarse, iba a depositar todas sus esperanzas en él. No iba a tener miedo de que le rompieran el corazón. No iba a preocuparse de si se estaba equivocando. Cogió la flor y corrió hacia la puerta, dejándola abierta al salir.

─¿Querida, adónde vas? ─preguntó lady Kurenai.

─¡Al museo! ─respondió Hinata gritando. Se recogió las faldas con una mano, llevando en la otra la rosa, corrió hacia su destino sin importarle las miradas incrédulas de los que paseaban por el parque. Atravesó la calle buscando un carruaje y, finalmente, uno se paró. Sonaban las siete cuando le dio al cochero la dirección del museo de Naruto. Una vez dentro, se sentó e intentó recuperar la respiración.
Apretaba la rosa y deseaba con todo su corazón que el puesto de duquesa aún estuviera disponible.

Ella no había ido. A pesar de haber estado rodeado de gente a todas horas, Naruto la había esperado. Cada dos segundos miraba la puerta y escudriñaba constantemente la estancia en busca de su rostro. Pero las horas iban pasando y ella no llegaba.

La inauguración del museo había sido todo un éxito. Se exponían veintisiete colecciones de arte y arquitectura romano─británicas, incluida la suya propia, y ya no había entradas disponibles hasta mediados de julio.

Pero Hinata, que también formaba parte de aquel proyecto, no había acudido. Su controvertida decisión de abrir el museo a todo aquel que quisiera conocer las antigüedades sería discutida durante décadas. Las entradas de un penique para las visitas matutinas habían sido las primeras en agotarse, pero no podía compartir esa grata noticia con Hinata, porque ella no estaba allí.

Ordenó mantener las puertas abiertas durante una hora más, pero cuando ya se había ido todo el mundo y él se había quedado solo, ella todavía no había llegado. Aun así, siguió caminando por su museo, escuchando el ruido de sus pisadas. Y esperó.

Naruto sabía que había sido un idiota por no contarle la noche anterior lo que ella quería saber. Pero Dios, él nunca le había contado a nadie la verdad sobre su padre. Nunca se lo había dicho a nadie, ni siquiera a Ino. La gente hablaba sobre ello, los sirvientes tenían sus teorías, pero nadie sabía lo que había pasado en realidad.

Le diría tantas cosas si acudía... Le contaría todos sus secretos, los gritaría en medio de la catedral de Saint Paul, pero ella tenía que ir. Para él era muy duro abrirse, pero Hinata lo comprendía. Como nadie antes, ella le comprendía.

Naruto oyó que la puerta principal se abría y que volvía a cerrarse de golpe. Oyó pasos acercándose por la galería principal. Y allí estaba ella, con la respiración agitada, la rosa en una mano y su sombrero en la otra, despeinada y absolutamente fascinante.

─¿Qué significa esto? ─le preguntó mientras se dirigía hacia donde él estaba, moviendo la rosa entre los dedos ─. ¿Qué quieres decirme?

─Mi padre se suicidó.

Ella se detuvo en seco. La rosa dejó de moverse en sus dedos y le miró con sus preciosos ojos llenos de asombro por la brusquedad de su revelación.

─Una noche, tres años después de la muerte de mi madre, se tomó cuatro ampollas de láudano. La echaba tanto de menos... Lo era todo para él, y no quiso vivir sin ella, por eso se mató. Yo le encontré. Era tan duro hablar de eso, más duro de lo que se había imaginado. Con cada palabra volvía a sentir el dolor que sintió entonces. Incesante.

─Y pensé que era una bendición. Que Dios me perdone, pero me alegré. Ella no dijo nada, simplemente permanecía allí de pie, escuchándole.

─¿Puedes imaginar lo que es ver a tu padre llorar durante horas? Él hablaba de mi madre conmigo y con Ino. La mandé lejos de allí. Ella sólo tenía seis años y no entendía lo que pasaba. Hinata, él hablaba a los sirvientes como si ella siguiera viva.
Les daba órdenes de cómo quería el té o les mandaba a hacer recados para ella. De noche, vagaba por los pasillos llamándola, pronunciando su nombre. Se sentaba a la mesa y hablaba con ella. Largas conversaciones cada noche frente a una silla vacía.

Hinata se tapó la boca con la mano. Él hablaba tan rápido que casi no lograba entender lo que decía. Ella ya sabía algo, pero era mucho más duro oírselo contar. Entonces él sólo era un niño. Hinata pensó que había creído saber lo que era tener el corazón roto, pero no, se equivocaba. Ahora sí se le estaba rompiendo poco a poco, al escuchar cómo el hombre al que amaba le contaba cómo había visto enloquecer a su padre.

─Tenía doce años cuando murió, pero me convertí en duque a los nueve ─continuó Naruto─. Tuve que hacerlo. Él era incapaz de tomar cualquier decisión, aunque su vida dependiera de ello. Miraba los papeles durante horas y nunca los firmaba. El secretario empezó a dirigirse a mí, y cuando mi tío vino a hacerse cargo, yo ya llevaba meses ocupándome de todo.

Con la ayuda y los consejos de mi tío aprendí mucho más. Sabía que tenía que asumir mis responsabilidades.

─Recuerdo que me lo dijiste el día de nuestro picnic ─murmuró Hinata.

─Mi pobre padre no podía sumar dos más dos. Se volvió incoherente. De lo único que podía hablar era de mi madre. Se negaba a que el mayordomo le afeitara porque esperaba que Kushina lo hiciera. Ella siempre lo había hecho, era algo muy íntimo que ambos compartían.

Hinata vio cómo su cara se retorcía de dolor, y esa visión era casi insoportable. Dio un paso hacia delante. Quería decirle que parara, que no tenía que explicarle nada más. Pero se contuvo y esperó a que terminara.

─Tuve que encerrarle, Hinata. Empezó a hacer cosas, como cargar las armas y disparar contra la pared. Podía haber matado a alguien. Podía hacerse daño, así que lo encerré en una habitación del piso de arriba. ─Se le rompió la voz ─.No sé de dónde sacó el láudano. Supongo que se lo dio el doctor, aunque él siempre lo ha negado.

Naruto se enderezó y la miró como si acabara de recordar que ella también estaba allí. Debió de ver el horror en sus ojos, porque dijo:─Ahora ya conoces mi más profundo miedo. No quiero convertirme en mi padre. ─Se dio la vuelta y dándole la espalda añadió─: Su locura pudo no haber sido causada por la muerte de mi madre, quizá eso sólo la hizo florecer. No sé si es hereditaria. Sé que tenías derecho a saberlo cuando me declaré, pero que Dios me ayude, Hinata, no podía decírtelo.

Ella no sabía qué decir. ¿Qué palabras servirían? Volvió a caminar hacia él pero él continuaba alejándose.

─Ya no te perseguiré más ─le dijo por encima del hombro─. Lo único que te pido es que, si después de anoche, has quedado embarazada, me permitas cumplir con mi deber con mi hijo.

Hinata se detuvo a escasos metros de él. Se aclaró la garganta. ─Gracias por decírmelo, por compartirlo conmigo, pero en realidad he venido porque he oído que estás intentando que se ocupe cierto puesto en tu casa. ¿Qué calificaciones se necesitan para ser duquesa?.

Él se tensó y no habló durante un rato. Luego tomó aire y lo soltó lentamente. Entonces se dio la vuelta. ─¿Está interesada en el puesto, señorita Hyuga?.

─Quizá lo esté, pero me preocupan algunos aspectos. Sé que es un puesto muy difícil. Dígame, ¿qué hace en realidad una duquesa?

Él dio un paso hacia ella. ─Amar al duque. Amarlo con toda la pasión que esconde dentro de ella, amarlo por el resto de sus vidas.

─Eso ya lo hago ─afirmó Hinata sin cambiar de expresión─. ¿Qué más?

─Tiene que deshacerse de la estúpida idea de tener habitaciones separadas a no ser que no soporte los ronquidos.

Hinata ladeó la cabeza, el corazón le latía tan fuerte que parecía el eco de un tambor. ─Creo que eso puedo cumplirlo, incluso con ronquidos. Si una ha dormido en medio de una tormenta del desierto, eso no puede ser mucho peor. ¿Qué más?

─Deberá ocuparse de sus casas, de todas las que tienen. Debe ser discreta, porque el duque es un hombre discreto, y tendrá que comportarse siempre con decoro sean cuales sean sus sentimientos, porque, como duquesa, estará siempre bajo observación y será objeto de todo tipo de habladurías.

Hinata se golpeó los labios con las yemas de los dedos varias veces y finalmente asintió. ─Creo que eso también podré hacerlo.

─En ningún caso debe esconder sus sentimientos al duque, porque él sólo quiere hacerla feliz. Deberá celebrar un montón de fiestas, asistir a un incontable número de actos benéficos, entretener a las autoridades que nos visiten, y deberá intentar mirar a todo el mundo como si fuera superior. Creo que en este último punto tendrá dificultades.

─Puedo aprender.

─Tendrá que tratar a todos sus sirvientes con amabilidad y ayudar al duque a suavizar su carácter, porque es sabido que es un hombre impaciente, difícil de contentar y que no siempre tiene en cuenta los sentimientos de la gente que trabaja para él. Dar las gracias y pedir las cosas por favor le cuesta un poco. Él sonrió, y el corazón de ella empezó a volar. Dio otro paso hacia ella.

─Tiene que aprender a gastar el dinero del duque en cosas extravagantes, especialmente en caprichos para ella como ropa bonita, joyas, regalos para sus amigos. Pero nunca, nunca debe quedarse sin jabón con esencia de gardenia, ya que al duque le gusta especialmente. Y cuando ella y el duque tengan niños, deberá amarlos. Deberá agasajarlos con mimos y atenciones para compensar que los padres del duque y la duquesa no pudieron hacerlo con ellos.

─Eso podría hacerlo ─susurró ella.

Él dio otro paso y se detuvo frente a ella. Con su dedo atrapó una lágrima que le resbalaba por la mejilla. Hasta entonces, Hinata no se había dado cuenta de que estaba llorando.

─Debe dejar de tener miedo a que le hagan daño, porque seguro que el duque se lo hará en alguna ocasión durante su largo matrimonio, pero nunca será adrede, porqué él la ama más que a nada en el mundo.

Ella contuvo un sollozo y fue a hablar, pero él le señaló la flor que aún tenía en su mano y la detuvo. ─Te mandé esto porque es la más sincera demostración de todo lo que siento. ─Tomó aliento ─.Me enamoré de ti ese día en mi jardín, cuando te vi de pie bajo la lluvia. Desde entonces te amo. Me enamoré de ti a primera vista, Hinata, porque ese día bajo la lluvia fue el primer día que te vi.

─Oh, Naruto. ─Ella le rodeó el cuello con los brazos ─. Estaba asustada ─lloró contra su camisa─. Tenía miedo a creer que eras sincero. Me repetía constantemente que ya no te amaba, pero sabía que me estaba engañando, y lo he hecho durante mucho tiempo. Te amo. Yo no sé cuándo me enamoré de ti, me refiero al sentimiento real, que fue mucho más fuerte y más profundo que lo que sentía al principio. Pero sí sé que me enamoré de ti.

Hinata dejó de llorar y aceptó el pañuelo que él le ofrecía. ─Ahora, ¿cuáles son esas veinte preguntas que querías hacerme?

─Se han convertido en sólo una. ─ Él le acarició las mejillas. Le encantaba su cara y todas las expresiones que en ella se reflejaban ─. ¿Cuánto tiempo obtengo a cambio de la rosa?

─A cambio de la rosa, te ofrezco un noviazgo muy corto. A cambio de tus palabras, toda mi vida.

─Me conformo con eso ─dijo él, y la besó.

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Fin