Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 14 – El día de las lechuzas.
La primera lechuza llegó a una hora muy temprana.
–Es de mi madre.
Bellatrix se levantó de la mesa con resignación. Estaban en medio de uno de esos suculentos desayunos que cada mañana les preparaban los elfos. Aquello era una de las cosas que más le gustaban de la Mansión Lestrange, los elfos era unos expertos en la cocina. Kreacher debería aprender de ellos.
–¡La odio! –Gritó Bellatrix sorpresivamente. Tiró la carta sobre la mesa.
La tomó con cuidado, que la mujer fuera muy cariñosa con él no significaba que no le diese una patada en el culo si se burlaba. Abrió la carta y pronto reconoció la floripondiosa caligrafía de su tía Druella. Recordaba todos los pergaminos amenazantes que le envió desde su primer año en Hogwarts, al principio no le contestaba, los utilizaba para avivar el fuego. Pero en su sexto año y a punto de fugarse de casa, lo hizo. Utilizó la misma forma con que Walburga la menospreciaba "Yo soy más puro que tu, yo soy mas rico que tu, yo soy Black y tu no" Tras aquello, dejó de recibir más cartas amenazantes. Lo que tenía ahora entre sus manos podía ser algo similar, según quien lo leyese.
–No iré. –Bellatrix se cruzó de brazos.
El tampoco iría. ¿Quien en su sano juicio querría ir a una reunión de mujeres sangre pura? Seguro que se la pasaban haciendo comentarios mordaces mientras utilizaban la ironía para menospreciarse las unas a las otras. Le iba a decir a Bellatrix que tenía razón y que ignorase a su madre, pero en ese instante, una idea surgió en su mente. Sabía que Bellatrix odiaba todas aquellas cosas que no fueran patear culos impuros, pero ¿por qué no la animaba a que fuera y le plantase cara a su madre delante de todas aquellas mujeres encantadas de tener un cotilleo que esparcir por la sociedad mágica? Bellatrix se solía morder la lengua delante de la familia, la había visto en innumerables ocasiones irse de la sala cuando Druella ordenaba callase o cuando Walburga la hacia de menos por no tener hijos. Un comportamiento contrario a las directrices marcadas por los Black podrían hacer que estos rechazasen a Bellatrix y eso, sin duda, le allanaría el camino.
–Deberías de ir. –Observó como Bellatrix abría la boca para protestar, pero no dejó que hablase. –Y decirles todo lo que piensas de sus estúpidas reuniones.
Bellatrix que se había llevado un una taza de té la boca, se atragantó al escucharle. Tras recuperarse, emitió una pequeña sonrisa.
–Muy gracioso. Es fácil verlo desde le otro lado.
–Te lo digo enserio. Ve y diles todo lo que piensas, no deben tratarte de la manera que lo hacen. –A parte que ese plan pudiera ayudarle en su objetivo, también le indignaba la mentalidad machista de la familia Black.
–¿Crees que sería lo correcto? –Preguntó dudosa. –Rodolphus me obliga a ir para que haga el papel de toda sangre limpia… –Se mordía en labio con fuera.
–Rodolphus no esta aquí, así que sueltales todo lo que tengas dentro. –Entendía lo que ocurría. Los matrimonios de conveniencia eran así. El hombre decidía y la mujer callaba y asentía. Rodolphus parecía más un dueño que un marido. –Yo te apoyaré. –Estiró el brazo y le ofreció la mano.
Bellatrix dudo unos segundos, pero finalmente le dio la suy, la cual estrecho delicadamente. Era un gesto simple, pero intimo.
–Se van a enterar. –La mujer soltó una carcajada, una que la hacia ver una bruja malvada para el resto, pero que para él, era el sonido más bonito del mundo.
La segunda lechuza llegó unas horas más tarde y después de que Bellatrix se hubiera ido a la famosa reunión. No se había percatado del animal hasta que la escuchó repicar en el cristal de la ventana para que la dejase entrar. Agradeció estar solo en ese momento, porque esa lechuza le era muy familiar y si Bellatrix estuviera allí no podría justificar o ocultarle quien era su propietario. Abrió la ventana para que la lechuza blanca pudiera depositar la carta que mordía con fuerza, iba a acariciarla pero antes de que lo hiciera, soltó la carta y emprendió el vuelo. Le gustaba jugar con ella antes de que volviera con su dueño. Dudó si leer el contenido de aquella carta que venia perfectamente dirigida a su nombre y a esa dirección exacta. Podía haber sido un suicidio del remitente si hubiera caído en malas manos, eso quería decir que se había arriesgado, y si lo había hecho, es porque era importante.
Su sorpresa al leer el pergamino fue mayor, esperaba algo extenso pero no, se trataba de solamente una frase.
"Reúnete conmigo en Hyde Park o te delato"
Esas palabra de su amigo no tenían sentido. ¿Por que iba James a venderle a los mortifagos? Le había explicado perfectamente cual era su objetivo. Es cierto, que aún no le había pasado ninguna información acerca de Voldemort, ni si quiera él era conocedor de mucho. Los mortifagos que había conocido eran los mismos que la Orden tenía constancia. Podía haber estado más en contacto con él, pero simplemente estaba disfrutando de la felicidad que había descubierto… Quizás fuera lo indicado reunirse con James, y decirle que aunque no estaba del lado de los mortifago, tampoco lo estaba de la Orden. Le diría que iría por libre y que trabajaría solo. Sí, eso era lo más conveniente, sabía que a Voldemort tendrían que pararlo, pero por ahora, quería asegurarse lo que tenia con Bellatrix.
Antes de aparecerse le escribió una pequeña nota a Bellatrix diciéndole que había salido a darse una vuelta por el Callejón Diagón.
Llegó rápidamente al parque muggle, cuanto antes acabase con eso antes se podría ir. Se preguntaba donde podría estar James. El verano hacia que esos lugares se llenasen de gente y él iba vestido de una forma que llamaría la atención de todos esos muggles. Podría haber cambiado su traje delicadamente elaborado de tela procedente de París, pero le quedaba como un guante y además, por muy sangre limpia que se viese, ¿por qué iba a esconderse? Camino varios minutos entre los distintos senderos hasta que en uno de los bancos, el cual estaba más separado del resto, reconoció el revuelto pelo de James. Cuando le vio, la ira comenzó nacer en su estomago, aquello podría costarle muy caro. Tomó una gran bocanada de aire y se acercó al hombre con paso decidido.
James se levantó al verle. Pensó que le saludaría, pero no fue así, en cambio le estuvo mirando fijamente. Hizo lo mismo. Estaban manteniendo una batalla y a la vez un interrogatorio solo con la mirada. James parecía buscar algo, ignoraba el que. Harto con la esperaba, no era precisamente una persona paciente, habló primero.
–Esto es un riesgo. –Estaba indignado. Si alguien les viese…
–Un riesgo es lo que tú estas haciendo. –James continuaba mirándole fijamente.
–Es obvio. Nadie dijo fuera a ser un camino de rosas. –Se cruzó de brazos. Si había ido allí para escuchar eso, estaba perdiendo el tiempo.
Observó como James miraba al suelo y negaba con la cabeza.
–Tampoco nadie dijo que tendrías que ser un asesino. –Levantó la cabeza. La decepción se reflejaba en su cara.
Era imposible que fuera conocedor de eso. Era un secreto entre los mortifagos quien había acabado con los Prewett, Voldemort había ordenado que se mantuvieran en una posición alejada del escrutinio público.
–No sé de que me estas hablando. –Quiso parecer seguro pero inevitablemente la voz le tembló.
–No intentes engañarme. Remus escuchó a un par de mortifagos comentar que Sirius Black había asesinado a los Prewett.
Apretó el puño con ira. ¿Quiénes de toda es panda de estúpidos se habría ido de la lengua? Eso no iba a quedar ahí y se encargaría expresamente en ir a por ellos.
–¿Y te fías más de unos mortifagos que de tu mejor amigo? –No estaba orgulloso de lo que había hecho, pero tampoco se arrepentía.
–En estos momentos sí. Ninguna de las pistas que teníamos sobre la muerte de los Prewett nos indicaba que mortifago o mortifagos habían sido los causantes. –Suspiró. –Determinamos que los mortifagos investigados no eran… Pero claro había uno que habíamos ignorado por completo. Tú. –Se tomó unos segundos antes de continuar. –Y después de lo que Remus descubrió todo indica a tí.
Quiso reírse para demostrar que su amigo estaba equivocado pero no podía. Se había quedado sin palabras en como rebatir las palabras de James y darle una respuesta.
–¿Por qué Sirius? –James estaba a punto de las lágrimas. –¿Por qué mataste a dos personas inocentes?
Estaba a punto de darse por vencido, su amigo siempre había estado con él, desde que su familia le dio la espalda con once años tras su selección en gryffindor, pero al escucharle definir a los Prewett como dos personas inocentes, la ira que se había disipado de su cuerpo, volvió más fuerte que antes.
–¡¿Inocentes?! –Gritó sin importarle quien pudiera escucharle. –¡Dos personas inocentes no abusan de una mujer, dos personas inocentes no se aprovechan de su numerosidad sobre una mujer desarmada, dos personas inocentes no se burlan de encerrar en Azkaban a una mujer que solo se defendía!
James se sentó en el banco. Le temblaban las piernas.
–¿Te has enamorado de ella? La mujer. Asumo que es Bellatrix.
Estaba dolido con su amigo, sentía que algo había cambiado. James no se fiaba de él, pero él tampoco lo hacia.
–Eso no es de tu incumbencia. –Se mantuvo impasivo delante de su ya no tan amigo.
–¿Qué no es de mi incumbencia? –James se levantó con furia. –¡Lo es Sirius. Lo es cuando una profecía dice que Voldemort va detrás de mi hijo, y tu te enamoras de su más fiel seguidora!
No tenia ni idea de lo que estaba hablando. Nunca antes había escuchado de ninguna profecía y dudaba que Bellatrix tuviera algún conocimiento.
–Ella no es la más fiel seguidora de nadie. –Puede que si fuera un tanto fanática, pero tenía muy claro que su influencia estaba consiguiendo que cada vez lo fuera menos.
James rió con tristeza.
–Te tiene completamente absorbido. Por eso intente evitar que te metieras en este plan… Pero ¿sabes? no puedo luchar más por tí. Tengo que mirar por Harry, solo tiene unas semanas… No voy a impedir que te investiguen.
James negó con la cabeza y se giró para irse.
–Yo no estoy en ningún bando.
–Uno siempre esta en un bando. –James no le miró y continuó caminando hasta que se perdió entre la multitud.
Negó con la cabeza. Potter no era consciente de lo equivocado que estaba.
La tercera y última lechuza del día llegó antes de su vuelta a casa.
Después del poco entrañable encuentro con James, estaba enfadado. Decidió no volver a casa e irse a tomar un whisky a un pub de la zona, no quería que Bellatrix le viera así. Le sería muy difícil mentirle, cada vez le costaba más no compartir con ella sus preocupaciones o miedos. Bellatrix aún no estaba preparaba para contarle su plan. Una vez relajado, decidió que era el momento de volver. Se había olvidado por completo de la reunión de Bellatrix y tenia curiosidad por saber como había ido todo. Esperaba que les hubiese plantado cara.
Pero era Sirius Black y nada le salia bien, por lo que lo primero que hizo nada más llegar a la Mansión Lestrange, fue esquivar un rayo rojo.
–¡Traidor!
Bellatrix estaba hecha una furia, y eso se evidenciaba por los rayos que salían directamente de su varita, en su otra mano tenía una carta que apretaba con fuerza.
–¡Traidor! –Repetía sin cesar.
Otro rayo salió de la varita de Bellatrix en su dirección. Consiguió repelerlo y resguardarse detrás del sofá. No entendía que le pasaba. ¿Tan mal le fue en la reunión? ¿Le estaría culpando?
–¡Bella para! –Gritó mientras sacaba con cuidado la cabeza para mirarla, pero lo único que vio fue otro rayo rojo.
–¡Pararé cuando estés muerto!
Escuchaba sus tacones moverse por lo que rodeo el sofá para evitar encontrarse con ella de frente.
–Me gustaría saber por qué voy a morir. –Tenía que ganar tiempo y pensar como salir de aquella.
Aquel comentario no hizo más que enfurecer a Bellatrix ya que cuando fue consciente, le tenía con la cabeza contra el suelo y desarmado.
–Por traidor. –Se había sentado sobre su espalda haciendo que sus movimientos fueran limitados.
–¿Y en que te he traicionado? –Definitivamente iba a morir allí si no lograba defenderse.
Esperó a que Bellatrix hablase pero no dijo nada. Se mantuvo en silencio. Apenas podía verla por el rabillo del ojo. Seguro que estaba preparando el mayor de los cruciatus para que se retorciese bajo su culo. Cerró los ojos esperando a que lo peor llegase… Pero no fue así. Escuchó como la mujer se aclaró la garganta antes de comenzar hablar.
–Querida Bellatrix… –Entonaba como si estuviera leyendo algo. –Esta tarde, en una de mis búsquedas de alguien a quien hincarle el diente… –El sonido de un pergamino siendo arrugado le indicó que debía de tratarse de la carta que tenía en la mano. –No me encontré con un delicioso manjar si no con otra sorpresa un tanto curiosa. Curiosa por dos cosas, la primera por ver a tu primo en un parque repleto de muggles y la segunda… –Cerró los ojos con fuerza, ya sabía lo que venia después. -Porque este estaba con James Potter. Ten cuidado mi querida amiga. Ya traicionó una vez ¿por qué no volvería hacerlo? Atentamente; Fenrir Greyback. –Tiró el pergamino contra su cabeza. –¿Cómo responder a esto?
Intentó tomar aire pero Bellatrix le apretaba fuertemente contra el suelo.
–Te lo puedo explicar…
–Tienes dos minutos antes de que te mate. –Pensó que se levantaría de su espalda, pero no fue así. –O empiezas ya, o te mato. –Le clavó la varita en la mejilla.
–Esta bien, ya voy.
Piensa Sirius, piensa rápido y piensa bien. Venga tu puedes, eres Sirius Black, experto en salir de los peores problemas de la historia. Si te libraste de Walburga en cientos de ocasiones, ¿cómo no ibas a poder salir de esta? Si engañaste a McGonagall en otras tantas, ¿cómo no ibas a poder esta vez? La única diferencia, es que no tenía encima a una bruja con una mala leche tremenda que estaba dispuesta a matarle en menos de dos minutos.
–Tú tiempo se ha acabado. –Apretó más la varita. –Cruci…
No había marcha atrás, por lo que dijo lo primero que se le vino a la cabeza.
–¡Hay una profecía sobre el Señor Oscuro!
No había vuelto a pensar en la información que James le había brindado, dudaba que ni el propio James hubiera sido consciente de lo que le había dicho. Bellatrix dejó de clavarle la varita en la mejilla y pegó la cara a la suya.
–¿Una profecía? ¿Sobre el Señor Oscuro? –Consiguió asentir. –¿Y que tiene que ver Potter con esto?
Tragó saliva.
–Me lo encontré. Te dije que iba al Callejón Diagón, pero preferí hacerlo por la entrada del Caldero Chorreante y así tomarme un whisky. Por ese parque de muggles el camino se hace más corto. –Que Bellatrix escuchase atentamente era buena señal, aunque eso también indicaba que tenía que hilar muy bien lo que decía. –Potter estaba allí y me empezó a gritar algo sobre una profecía de nuestro señor. Solamente le dije que se calmase y dejase de hacer un espectáculo. Como vio que no le hacia caso se fue.
Mira Sirius si sobrevives a esto, le vas a rezar a Merlín todos los días de tu vida.
–Una profecía. –Sintió como Bellatrix se levantaba de su espalda. –Sobre el Señor Oscuro. –Aprovechó el momento y se incorporó. Iba a estar dolorido durante días.
–Sí, te lo iba a decir cuando llegué, pero comenzaste a atacarme sin sentido. –Se hizo el dolido. –Pero claro como le has hecho más caso a ese amigo tuyo que a mí…
Bellatrix se giró hacia él y le sonrió ampliamente.
–¡Oh! Lo siento Siriusin. –Se le hecho en los brazos. –Odio a Potter y a toda esa panda de traidores a la sangre, y temí que te hubieras ido con ellos otra vez. –Bellatrix ponía un puchero que le era difícil resistirse. –¿Me perdonas? –Era igual que una niña pequeña. –Te prometo que esta noche te dejaré que me hagas eso que tanto te gusta. –La mirada lujuriosa le indico que de niña tenía poco.
Sonreía como un tonto. Su mente se fue directamente a eso que tanto le gustaba y que Bellatrix pocas veces le dejaba hacer.
–¿Por qué no adelantamos la noche? –La rodeó entre sus brazos.
Mientras que ambos subían al dormitorio principal, ambos sonreían. Sirius como un tonto enamorado y Bellatrix contenta porque sería la primera en decirle a su señor sobre la profecía.
