25 Naruto


[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]


"Mi corazón desea estar a tu lado, eres mi pieza perdida, es un deslizo hacia las estrellas"

-Hoshi No Utsuwa

Me gustaría decir que todo desde ese minuto fue un hermoso e increíble cuento de hadas. Me gustaría decir que no arrastré el cuerpo inhumano de Peste de vuelta a mi habitación y mancillé mis sábanas con la evidencia de nuestra entrega.

El beso apenas había comenzado cuando pasó de dulce a salvaje y desesperado. Él es mi oxígeno y yo no he sido capaz de respirar durante meses.

Mis dedos se mueven a los botones de su camisa de franela, pero mis manos tiemblan tanto con necesidad y deseo y toda esta completa- maldita-adrenalina que no puedo deshacer ni un botón.

Peste me empuja contra la pared, su pelvis apretándose contra la mía.

—Te extrañé mucho —dice entre besos—. El amor es insoportable cuando se despoja.

Pero, milagro de milagros, ese amor no se despojó. Podría habernos tallado dentro hacia afuera pero al final no nos convirtió en monstruos. Detuvo a Peste de matar el mundo, y me hizo lo suficientemente fuerte para alejarme de élcuando no valía la pena.

Y, al final, lo trajo de vuelta a mí.

Voy hacia los botones de Peste de nuevo, mientras el jinete me quita la camisa. El resto de nuestra ropa rápidamente sigue mientras llevo a Peste a mi habitación.

Solo una tenue lámpara de aceite parpadea en la oscuridad aquí— bueno, eso y las marcas extrañas de mi jinete, lo último que no se ha atenuado en lo más mínimo.

Las toco con reverencia mientras me recuestaen la cama.

—Todavía están aquí —digo.

Traza besos desde mi boca, por mi mejilla, hacia mi oreja.

—Por supuesto que sí, Hinata. Simplemente no pueden irse de mí.

Me giro y río en sus labios.

—La Tierra te ha dado una boca listilla.

—La Tierra me ha dado una mujer listilla y ella me ha dado una boca listilla.

Su mano va hacia mi seno y jadeo ante su toque mientras acaricia la suave carne. Peste tenía razón sobre llamar el amor insoportable. No puedo pensar en cómo hice para soportar todo este tiempo sin que me toque. Envuelvo mis piernas alrededor de él, deseando más—necesitando más.

—Ha pasado tanto tiempo —susurro, y mis ojos pican.

Oh Dios, voy a llorar. Estamos por hacer el amor, y voy a llorar. Pero entonces Peste está ahí, sus labios presionando primero contra la esquina de un ojo, luego contra la esquina del otro.

—Demasiado tiempo —está de acuerdo—. Pero todo eso ha terminado ahora. No hay necesidad de más tristeza, Hinata. Tu gente está a salvo, y estás en mis brazos.

Su boca se mueve más abajo, ahora demasiado ocupada probando mi carne para decirme toda clase de cosas bonitas. Lo que probablemente es lo mejor porque mi núcleo está palpitando con algo fiero.

Besa mis senos, tomando primero un pezón, luego el otro, en su boca. Me muevo contra él mientras sus servicios me encienden con fuego.

Mientras tanto, el pene de Peste quema contra mi muslo. Cómo tiene la paciencia para jugar ahora mismo está más allá de mí. Pero entonces, yo siempre fui la niña que asomaba la mirada a mis regalos de Navidad antes de que fueran envueltos, así que… tal vez cuando se trata de cosas divertidas, solo soy demasiado entusiasta.

Peste se aleja lo suficiente para alinearnos. Por un instante se ve retro iluminado, su cabello dorado iluminándose, su cuerpo brillando en la oscuridad. Y en ese instante, es una cosa angelical. Luego pasa el momento, y es un hombre una vez más.

Se empuja en mí, su pene grueso, la presión de este exquisita. Puedo sentirlo por todas partes.

Mi jinete deja salir un aliento, bajando la mirada con esos terribles y hermosos ojos.

—Dios Omnipotente —susurra.

Si no me estuviera sintiendo tan malditamente emocional ahora mismo, podría haber hecho alguna broma sobre no tomar el nombre del Señor en vano (él aprendió ese mal hábito de mí). Podría haberme reído mientras me revelaba en la intensa conexión entre los dos.

En su lugar, tomo su rostro, su glorioso rostro, en mis manos.

—Te amo —susurro. Necesita escucharlo. Yo necesito decirlo. Aquellas palabras han estado atrapadas debajo de mi esternón por tanto tiempo.

Se mueve contra mí, sus ojos clavados en los míos.

—Yo también te amo, Hinata Hyūga.

Y luego me muestra cuánto lo dice en serio.

Después, los dos yacemos en un enredadera de sábanas, y podría quedarme aquí mismo para siempre, mi oreja presionada contra su pecho, su corazón golpeando debajo de mí.

Acaricia mi espalda desnuda.

—Hay una cosa que mantuve —dice—. Una cosa que mi corona y armadura todavía fueron buenas para usar. ¿Te gustaría verlo?

Asiento contra él, aunque realmente no tengo idea de lo que está hablando. Estoy demasiado insoportablemente feliz para pensar sobre algo más excepto por el hecho de que Peste está aquí en mis brazos.

Gentilmente, se mueve a un lado así puede deslizarse fuera de la cama y camina hacia la sala de estar. No puedo imaginar qué está viniendo.

Jalo las sábanas contra mi cuerpo y me siento mientras Peste vuelve a la habitación. Se arrodilla al lado de la cama y levanta su mano, su puño ligeramente cerrado. Uno por uno sus dedos se abren, y en su palma yace un pequeño anillo de oro.

Sus ojos brillan.

—Cásate conmigo Hinata. Por favor.

Mi aliento se ahoga mientras miro el anillo, que se ve imposiblemente perfecto. Hecho de lo último de sus adornos de oro.

Eso es lo que quiso decir cuando dijo que había mantenido una cosa de su corona y armadura.

Mi mirada se eleva hacia él. Y luego sonrío.

—Sí.

Voy a casarme con el jinete del apocalipsis. Extiendo mi mano y le dejo deslizar el anillo en mi dedo tembloroso. Voy a casarme con Peste.

—Espera —digo, con rudeza. Mi jinete eleva sus cejas.

—¿Espera? —repite, viéndose incrédulo—. ¿Estás teniendo… dudas?

Puedo decir que tiene un momento difícil diciendo esas últimas palabras de la oración.

—No, pero… quiero llamarte otra cosa más que Peste. No solo un cariño sino un nombre.

Para mejor o peor, es un hombre. Necesita un nombre apropiado.

—Quieres decir, ¿cómo Kyūbi? —pregunta, completamente serio. Dios no. No así.

—Um, un nombre humano.

Inmediatamente me arrepiento de haber mencionado la palabra humano—es uno de sus desencadenantes. Pero no se ve repulsivo por la idea.

De hecho, se ve… intrigado.

Lo piensa durante un segundo o dos antes de decir:

—De acuerdo.

—¿De acuerdo? —digo, en eco. En serio, ¿fue así de fácil?

Ríe un poco ante mí sorprendida expresión.

—Confieso, he pensado en esto desde que apartamos caminos.

Lo último que hablamos, no había creído en nombres personales.

Él era Peste y Peste era quién él era. Era su propósito, y eso era todo lo que todos necesitaban saber. En algún momento durante todos esos días y semanas que estuvimos separados, cambió de idea.

—¿Cómo te gustaría que te llamen? —pregunto.

Su pulgar retuerce el anillo de oro alrededor y alrededor de mi anillo.

—Naruto —dice, una sombra de una sonrisa insertándose a lo largo de su rostro.

Levanto las cejas. No sé lo que estaba esperando. No es como si Naruto fuera menos apropiado que Victor o Menma. Es solo que Naruto es realmente… normal.

Solo sé feliz que no decidió Ades o Wolfgang.

—Naruto —repito, trayendo una sonrisa mientras lo miro fijamente. Me gusta. Un montón—. Es perfecto.

Su sonrisa alcanza sus ojos.

—¿Qué te hizo escogerlo? —pregunto.

Sube a la cama y me toma en sus brazos una vez más. Me derrito en su delicioso calor. Esto todavía se siente como un sueño. ¿Algún día dejará de sentirse así? ¿Algún día despertaré y no estaré sorprendida ante la fuerza de la naturaleza con la que enamoré?

—Naruto, es el nombre de una historia que escuche, hace miles de años.—Confiesa.

Sin duda no me esperaba eso.

—¿y de que trata la historia?

—Contaba las aventuras de hombre llamado Naruto, un día su maestro le hablo sobre una profecía, y decía que él era el elegido para llevarla a cabo.

—¿que decía la profecía?

—"Serás el responsable de una gran revolución en el mundo, en la que finalmente traerás la paz o la destrucción del mundo, el resultado decidirá el destino de todos."—dice, analizándolo.

Me tenso ante eso.

La risa retumba profundamente en su pecho.

—No te preocupes, querida Hinata—dice—. No me estoy aferrando a mis formas antiguas. —Toma mi mano y la presiona contra su pecho. El latido equilibrado de este golpea contra mi palma—. En su lugar, yo soy tu Naruto. Verás, vine a conquistar esta tierra y su gente —explica—, pero en su lugar, una de su gente me conquistó a mí.

Sé que sus ojos se han vuelto suaves. Es una buena razón—no, una genial razón—una que hace que los dedos de mis pies se retuercen.

Jalando su cabeza contra la mía, lo beso, mis labios haciendo un trabajo largo y lánguido de la tarea.

Una vez que termina el beso, pregunto:

—¿Qué sucede ahora?

—Nos vamos… o nos quedamos y esperamos que el mundo aprenda como yo he aprendido. De cualquier manera, lo hacemos juntos… por todos los minutos que nos quedan.

La Historia tiene la Finalidad de Entretener.