Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 26
Aizen tomaba una copa de vino, paladeándolo con fruición, mientras consideraba el momento
más apropiado para dar muerte a Ichimaru. No necesitaba del uso de su poder para saber que
aquel licántropo le ocultaba algo. Y no cualquier cosa. Según la información que había
proporcionado Halibel sobre el asalto sufrido en el recinto militar, se habían movilizado varias
motos, un Jeep e incluso un helicóptero para perseguir al intruso. Transportes que no habían
vuelto a su lugar de origen. Perdidos. Destrozados. Por tanto, era más que evidente que el
insurrecto no había sido un rebelde cualquiera. Su identidad debía ser muchísimo más
importante, tanto como... Ichigo.
Lo que le corroía por dentro no era que Ichimaru le hubiera mentido, pues era lo suficientemente
inteligente para imaginar que contándole lo ocurrido, el fracaso estrepitoso en sus obligaciones,
hubiera terminado administrándole un mortal y doloroso castigo. En realidad, la pregunta que
no cesaba de hacerse era qué información podría haberse llevado su enemigo. Conocía
perfectamente cuál era el punto débil de Ichigo: su padre. Y sabía, que tarde o temprano
intentaría rescatarlo. Por eso, en la central no se guardaban datos que proporcionaran alguna
pista sobre su localización. Y eran Wanja y él mismo quienes se encargaban de los suministros
o cualquier otro aspecto relacionado con el centro de experimentación. Únicamente Ichimaru
conocía el lugar exacto de la nave, pero el licántropo guardaba contra el sueco casi el mismo
veneno que animaban sus propias entrañas. Sí, casi el mismo, pero no igual. Aunque ambos
deseaban verlo muerto, Aizen tenía unos planes muy especiales para el sueco, antes de que su
cuerpo pereciera. Planes importantes y por los que había estado luchando tenazmente día tras
días, durante todos aquellos años. Por eso no permitiría que el afán de revancha de un ridículo y
completamente prescindible militar interfiriera en ellos.
XXX
Después de esperar varias horas dentro del vehículo, soportando el tenso silencio del sueco,
por fin la noche cayó sobre el polígono dando el pistoletazo de salida, a la acción que estaban
por emprender. En el exterior no se habían apreciado movimientos que pudieran sugerir un
refuerzo en la seguridad del edificio. Sin embargo, como militar experimentado sabía que debía
estar preparada para cualquier eventualidad.
—Es el momento —murmuró Ichigo hacia el microauricular que Yumichika les había instalado
a los cuatro para poder comunicarse entre ellos—. Recordad, sólo Rukia y yo entraremos, vosotros
esperareis en la azotea a nuestra salida. Si tuviéramos que cambiar los planes os aviso sobre la
marcha.
Rukia repasó mentalmente el camino recorrido la primera vez que estuvo allí, para asegurarse
de que su memoria no le jugaría una mala pasada. No dejaba de plantearse cuestiones acerca
de posibles detalles que quizá había pasado por alto al volverle los recuerdos mediante el
sueño. Palmeó el bolsillo donde había guardado la tarjeta de acceso del doctor Larsson para
comprobar, un vez más, que la llevaba consigo. Si los planes de Ichigo no se cumplían, la
necesitarían para salir de allí.
—¿Preparada?
—Sí —respondió.
Ichigo notó cierto titubeo en la Pura que echó una ojeada por la ventanilla hacia el vehículo de
Chad y Yumichika, muchos metros atrás.
—Tranquila, yo también sé el camino, lo vi en tu cabeza.
—De acuerdo.
—Bien, adelante —dijo dirigiéndose a todos.
Abandonaron el coche y caminaron agazapados la distancia que los separaba del almacén,
dando un buen rodeo hasta llegar a la parte trasera. Lanzando un gancho para anclar la cuerda,
obtuvieron el medio por el que subir a la azotea y en pocos minutos aparecieron también
Chad y Yumichika, éste último resoplando.
—Ya no estoy para estos trotes —resolló.
—Si el plan no saliera según lo establecido, tenéis vía libre para escapar. Nos reuniríamos con
vosotros en la estación —explicó Ichigo recogiendo la cuerda y poniéndola a disposición de los
otros dos para que la usaran en la huida.
—De acuerdo.
El sueco no añadió más y levantó la trampilla despacio, con el tacto suficiente para que no
emitiera ruido alguno y entrando por el hueco abierto en primer lugar.
—Mi turno —dijo Rukia antes de seguir los pasos de Ichigo.
El interior estaba despejado e iniciaron el descenso con cuidado, alertas ante cualquier
obstáculo que pudieran encontrar. Todo estaba extrañamente silencioso.
—«Esto está muy solitario» —pensó Rukia sabiendo que el sueco ya se había introducido en
su cerebro.
—«¿Por qué?»
—«Debería haber al menos dos guardias.»
—«Quizá les hayan dado el día libre o estén descansando» —respondió mientras le sonreía a
sabiendas de que la Pura entendería la broma.
—«¿Juntos?» —evidenció alzando una ceja—. En fin, de todos modos es lo que esperabas.
Llegaron hasta el sistema de aire en pocos minutos gracias a los planos que había memorizado
Ichigo. Con cuidado, desatornilló la rejilla y la depositó lentamente en el suelo apoyándola
contra la pared.
—«Las damas primero.»
Rukia se coló en la ancha tubería y reptó hasta la primera intersección. Ichigo se entretuvo un
instante en recolocar la rejilla de forma que pudiera extraerla fácilmente después. La hembra
esperó hasta que el sueco la alcanzara, rebasando el cruce de tuberías para seguir.
—«A la derecha» —le informó alumbrando desde atrás con la linterna—. «Ahí se inicia el
descenso.»
—«De acuerdo.» —Rukia continuó hacia delante.
—«¡Un momento!» —exclamó Ichigo antes de que tomara el desvío.
—«¿Qué ocurre?»
—«Nada. Sólo quería ver un momento más tu trasero en esta posición. Es realmente una
preciosidad»
Rukia hubiera deseado que aquel comentario hiriera su sensibilidad, sobre todo teniendo en
cuenta que Ichigo podía notarlo estando como estaba conectado a su mente. Sin embargo, la
traidora emoción fue un poco de risa traviesa, de aquella que significaba que le había gustado
su apreciación.
Para colmo de males, vio el reflejo de su rostro en el metal mostrando una ligera sonrisa.
Enfadada consigo misma, sacó la lengua rechazando aquella expresión y continuó para
acometer el descenso, ansiosa por acabar cuanto antes y salir de allí.
—«No puedes engañarme. Te ha gustado» —dijo Ichigo minutos después.
—«No sé de qué hablas» —respondió mientras descendían al último nivel.
—«De mi piropo.»
—«Tienes un concepto muy extraño de esa palabra.»
—«Te concedo eso pero, te ha gustado.»
—«No creo que éste sea el momento ni el lugar más apropiado para flirtear. Además, sigo
enfadada contigo.»
—«Pero menos que antes.»
—«No. Exactamente igual que antes.»
—«Eso no es cierto. No sé qué has estado hablando con Yumichika pero aprecio en tu mente un
ligero cambio en la percepción de eso que creías que era una mentira. No te mentí y ahora estás
considerando creerme.»
—«Ahora no estoy considerando nada. Sólo quiero terminar con esto y largarme. Hemos
llegado» —anunció.
Rukia se colocó de lado, pegándose a la pared metálica cuanto pudo para dejar vía libre a
Ichigo en pos de alcanzar la rejilla de salida. El sueco empleó varios minutos en echar una
buena ojeada al exterior para asegurarse de que no encontraría problemas.
Mientras golpeaba la reja para hacerla saltar, Rukia formuló la pregunta que rondaba por su
mente:
—«Si no tenías planeado buscar en mi mente, hacerme pasar por ese calvario, ¿cómo es que
solicitaste la ayuda del indio? Su viaje hasta aquí tuvo que ser planificado con anterioridad
debido a la distancia.»
Ichigo al fin entendió el origen del enfado de la Pura.
—«Te dije que Chad me debía algo. Y me lo cobré. Lo necesito para que pueda recuperar
físicamente a mi padre. No sé en qué estado lo encontraré después de todo lo que ha debido de
soportar. Llegó en el momento justo de ayudarte lo cual agradezco, pero fue una simple
coincidencia.» —La explicación pareció satisfacer a Rukia y no formuló más preguntas, algo
que Ichigo agradeció profundamente—. «Yo podría intentarlo solo a través de su cerebro pero
aún no he conseguido dominar correctamente esa técnica y no pienso jugarme la vida de
Isshin practicando. Esto ya está» —informó mientras, de un rápido movimiento, alcanzaba el
metal laminado antes de que éste tocara el suelo.
—«Pero lo hiciste conmigo.» —Ichigo la miró fijamente durante un segundo—. «Chad me dijo
que en cierto modo sigo viva gracias a ti. Evitaste el derrame cerebral que hubiera terminado
con mi vida».
—«Ya me lo agradecerás en otro momento» —dijo saliendo de aquel agujero.
—«No pensaba hacerlo. También fuiste el causante de que existiera ese riesgo.»
Rukia estiró las piernas un momento, contenta de volver a estar en posición erguida y haber
salido de la opresiva tubería. Miró a su alrededor. Todo estaba exactamente como la primera vez
que pisó aquella sala. A su izquierda, seguían las camillas vestidas de blanco y el aterrador
instrumental quirúrgico que recordaba.
A la derecha, los negros barrotes tras los cuales Isshin había estado preso tantos años.
Caminó hacia allí con Ichigo pisándole los talones, sabiendo de antemano que no encontraría
nada. En efecto, nadie había tras las rejas, en el agujero infecto y húmedo.
Ichigo se aferró a los barrotes mientras la adrenalina animaba su sangre haciendo que las venas
se hincharan y una siniestra sonrisa se instalaba en sus labios. La alarma comenzó a sonar.
—Dime una cosa, si estabas tan seguro de que Isshin ya no estaría aquí, ¿por qué narices
hemos bajado por esas malditas tuberías?
—Hay que dar realismo al rescate, cachorrita.
—Entiendo.
—Empezar la lucha desde aquí nos proporciona una gran ventaja. El largo pasillo de bajada
realizará las veces de embudo para ellos.
—Además de tener una buena perspectiva de mi trasero —murmuró con los brazos cruzados
sobre el pecho. Ichigo rio.
—Eso tamb...
No pudo terminar la frase pues la puerta, tras ellos, se abrió de pronto rebotando con fuerza en
la pared y dando paso a cinco licántropos armados. Pero Ichigo no les dio demasiado tiempo
para que las apuntaban, ya que de pronto y animado por la fuerza de la transformación, arrancó
la reja de la celda como si estuviera hecha de regaliz y la lanzó contra el pequeño contingente
tumbándolos.
Rukia tardó sólo tres segundos más en completar su cambio. Para entonces, Ichigo ya había
saltado sobre los hierros, aplastando a los cuatro licántropos que no habían podido salir de
aquella trampa. Viendo que sólo dejó uno para ella, corrió hacia éste evitando un disparo y le
arrancó el corazón sin esfuerzo antes de seguir al sueco por el pasillo
El ascenso fue muchísimo más rápido que la bajada por la tubería de ventilación. Aunque
también con más dificultades añadidas debido a que Ichigo tuvo que ir abriéndose paso
literalmente, mientras que ella se dedicó a arrancar las vísceras a cuantos terminaban
reventados bajo las patas del licántropo o con miembros cercenados por sus garras. Cada
pocos pasos, un nuevo grupo de militares se encontraban con unas mortales zarpas y
mandíbulas que no cesaban en su empeño de arrebatar vidas. Las paredes grises terminaron
llenas de viscosa sangre resbaladiza y los escalones completamente cubiertos de cuerpos
destrozados y pedazos de carne imposibles de identificar. Era como ascender la escalera de un
infierno gore completamente real.
Tras la última puerta encontraron algo similar a lo que ya esperaban, con ligeros, pero
significativos cambios. A diferencia del momento en que entraron, la estancia superior estaba
bien iluminada por los fluorescentes que colgaban de los cables metálicos asegurados al techo.
En el pasillo central un grupo numeroso de militares les apuntaban y, al final de aquella hilera
mortal, Ichimaru los esperaba con un inconsciente Isshin a sus pies.
Rukia echó un vistazo a Ichigo que, a su lado y en posición de ataque con las garras
dispuestas y las patas bien asentadas en el suelo, respiraba aceleradamente a juzgar por el
vaivén de su pecho. Un rugido emergió de la garganta del macho como advertencia a Ichimaru.
Éste no hizo otra cosa que seguir apuntándolo con un arma, de cañón considerablemente largo
y ancho, que jamás había visto.
—Volvemos a vernos. —Un nuevo rugido aún más sonoro fue la contestación del sueco—.
Comienza a resultarme extremadamente irritante encontrarte en lugares a los que no has sido
invitado.
—Suéltalo. —El tono de los licántropos una vez estaban transformados era siempre grave, pero
la forma en que Ichigo había hablado consiguió erizar el pelo de la nuca de la hembra que pudo
observar cómo, a excepción de Ichimaru, el resto de los licántropos allí presentes parpadearon con
rapidez acusando la misma sensación de miedo que ella había sentido.
—Tienes también la odiosa costumbre de dar órdenes cuando tu situación no es la más
ventajosa, ¿no crees? Alguien debería haberte educado en ese aspecto. De momento..., sugiero
que abandones tu cuerpo animal.
Ichigo no hizo ademán de cambiar. Rukia dudó de que pudiera hacerlo aunque quisiera. Ichimaru,
envalentonado por el despliegue de medios y por tener a Isshin evidentemente drogado junto
a él, agarró a este último por la cabellera y tiró hacia atrás para mostrarle a Ichigo el semblante
de su progenitor.
—Has venido a por él, ¿no? ¿Vas a jugarte ahora su vida?
—¿Qué quieres? —preguntó el sueco.
—¿Eso es un indicio de entendimiento? —Ichigo no contestó—. Lo tomaré como un sí. ¿Qué te
parece un cambio? Su vida por la tuya.
—¡Ni lo sueñes! —exclamó Rukia.
—¡Ah! La hembra... La putita que enviamos para que se introdujera en las líneas enemigas. He
de reconocer que la idea era buena, pero es evidente que las furcias siempre terminarán en la
cama de aquel que mejor las folle. —Rukia tardó un sólo segundo en prepararse para saltar
sobre él, pero Ichigo se lo impidió—. Sí. Es mejor que hagas caso a tu chulo y no hagas ninguna
tontería.
Ichigo no contestó. En cambio Rukia sí sintió que estaba atento a todos los detalles que los
rodeaban, y recordando la conversación con Yumichika, dedujo que calculaba las posibilidades de
las que disponía.
—¡Vamos, Ichigo! Se me termina la paciencia —dijo tirando un poco más de la cabellera de
Isshin.
—No. No hay trato.
—Está bien, tú lo has decidido. ¡Vosotros! Llevaos a este despojo.
Un grupo de soldados que esperaban en la puerta cargaron el peso de Isshin, metiéndolo en
una gran furgoneta negra. Sólo cuando oyeron el sonido del motor alejándose, Ichimaru amartilló
el arma del averno, encañonando directamente al corazón del sueco.
—Voy a disfrutar con esto.
Ichigo esperó hasta el último segundo para saltar a la vez que un brillo plateado volaba desde el
techo del almacén directo hacia Ichimaru, que no vio el cuchillo hasta que la hoja se insertó
limpiamente en la muñeca de la mano con la que sostenía el arma. El proyectil ya disparado
impactó contra la pared y estalló dejando un buen boquete en el ladrillo. Ichimaru recuperó el arma
caída en el suelo para disparar hacia el lugar de donde había venido el cuchillo.
Rukia aprovechó la distracción y que un grupo de licántropos fue en pos de apresar a Ichigo,
para matar a un par de soldados con un ejercicio de eficacia letal.
Ichigo luchaba contra los otros sin darles tregua. Por cada herida que recibía, infligía otra
prácticamente mortal. Pero, incluso para él, eran demasiados e Ichimaru ya volvía a apuntar contra
el lugar donde se estaba produciendo la pelea. Rukia no dudó en prepararse para saltar sobre
Ichimaru y desviar el tiro de nuevo, pero no fue necesario pues otro licántropo, de cuyo pecho
colgaban las plumas que lucía Chad, impactó contra su espalda y Ichimaru fue despedido varios
metros más allá. Por la puerta exterior abierta, Rukia también observó que Yumichika los esperaba
con el coche en marcha. Chad corrió a auxiliar a Ichigo en la pelea y pronto consiguió
terminar con cuatro soldados más. Rukia mientras tanto, se encargó de asestar varios golpes
a Ichimaru, manteniéndolo a raya y lejos de un par de soldados que trataron de ayudarlo. No
obstante, Ichimaru aprovechó una pequeña distracción de la Pura para asestarle una fuerte patada
en el tórax, lanzándola contra una de las máquinas. Rukia se golpeó en la cabeza que comenzó
a sangrar profusamente.
—«Maldito hijo de perra, juro que te mataré de la peor forma posible» —oyó Ichimaru en su
mente y no tuvo duda alguna de que esa voz provenía de Ichigo, quién aún en encarnizada pelea no
despegaba las pupilas de su persona.
—Un Dominante... —murmuró Ichimaru—. No puede ser.
Recordó las palabras de Ingrid antes de que la matara y la forma en que él mismo las había
desestimado. Con ello, también el inmenso dolor al que le había sometido Aizen en una ocasión
regresó a él con fuerza y no pudo reprimir el temblor en los dedos. Rememorar esa agonía fue
como volver a vivirla aún peor al saber que Ichigo no tendría inconveniente alguno en alargar el
sufrimiento hasta la muerte.
—«No. No un Dominante. Soy el Mánagarm. El Hati. Lo que has sentido con Aizen es
insignificante —apuntó Ichigo—. Después de que pase por tu mente, llorarás sangre, hijo de
puta. Pagarás con tu vida todo lo que has hecho.»
Ichimaru comenzó a retroceder sin dejar de mirar, perplejo, al sueco que en ese momento
arrancaba un palpitante corazón. Su cerebro daba vueltas y vueltas buscando respuestas.
Siempre había considerado que Ichigo era un Puro, pero nunca imaginó que estuviera dotado
con ese tremendo poder. El temblor que sentía en los dedos recorrió todo su cuerpo,
invitándolo a salir de allí lo más rápido posible. Enfrentarse cara a cara con semejante ser era de
locos. Debía retirarse y planificarlo de otro modo. Un enfrentamiento que estaba fuera de lugar,
si deseaba seguir vivo una vez hubiese terminado. El número de militares se veía cada vez más
reducido. Para los que no se atrevían a entrar en combate, tampoco era posible hacer blanco
alguno en los cuerpos de Ichigo o Chad y prefirieron huir antes de encontrar la muerte.
Rukia se recuperó del impacto y aspiró aire de pronto, llenando los pulmones, antes de
comenzar a toser. Palpó la herida abierta en la parte trasera de la cabeza.
Para entonces, Ichigo recibió de parte de Chad la señal de que podía arreglárselas solo y
saltó en pos de atrapar a Ichimaru. Éste, con el terror circulando por sus venas intentó escapar,
corriendo y disparando a ciegas hacia atrás con la esperanza de matar al sueco, pero lo único
que consiguió fue hacer un par de dianas en la maquinaria que quedó hecha añicos debido a la
naturaleza explosiva de los proyectiles. Rukia, adivinando las intenciones cobardes del militar,
logró llegar hasta la puerta antes que él.
—No tan deprisa, señor —dijo escupiendo la palabra con evidente asco.
—Apártate de mi camino, ramera. —La apuntó con el arma y apretó el gatillo pero ninguna bala
surgió del cargador ya agotado.
Colérico, lanzó la pistola contra ella. Los nervios y la necesidad de escapar lo más rápido
posible le impidieron hacer blanco. La transformación fue rápida y las ropas que hasta ese
momento lo habían cubierto, cayeron tras él hecha girones. Se preparaba para luchar contra la
Pura con el propósito de escapar, cuando sintió la presencia de Ichigo tras él.
—«¿De nuevo tratando de escurrir el bulto?» —El sueco miró a Rukia hasta que ella confirmó
que se encontraba bien con un simple asentimiento—. «Tú también tienes una odiosa
costumbre, Ichimaru: la misma de la que hacen gala los cobardes. Lamentablemente, ya es tarde
para aplicarte un correctivo.»
—Lucharé contra ti si no usas tu poder —dijo girándose para enfrentarlo.
—¿Ahora quieres hacerte el héroe? ¿Morir con honor? —preguntó dando un paso hacia él—.
¿Cómo vas a luchar contra mi si el miedo te impide moverte?
—Si me matas, jamás tendrás a Isshin. Se lo han llevado lejos de aquí —respondió Ichimaru,
mientras caminaba hacia atrás.
—¿Y crees que me será difícil buscar esa información en tu cerebro?
—¡No puedes hacer eso! ¡Es imposible! —dijo mientras el temblor recorrió las patas del traidor.
—¡Oh! Ya lo creo que puedo. Pero tranquilo, hermano. No voy a hacerlo. Sé perfectamente a
dónde lo han llevado. Contaba con ello. —Ichigo percibió un nuevo ingrediente en las
emociones que bullían dentro del licántropo: la incertidumbre antes de la comprensión.
—Has urdido todo esto sólo para atraparme.
—Si quieres pensar eso, no seré yo quien te saque de tu error. No obstante, admito que terminar
contigo era una parte del plan. Como has dicho, comenzaba a ser muy irritante encontrarte en
cualquier sitio.
—¡Sabías que estaría aquí! ¡Sabías que estaría esperándote!
—El cazador, cazado. La verdad es que es muy sencillo adivinar tus pasos antes incluso de que
se te ocurran. Sólo he tenido que esperar el tiempo suficiente para que pasara.
—Tú mataste al doctor, ¿no es verdad? Lo hiciste sólo para traerme hasta aquí en cuanto
descubriéramos su falta.
—Vamos, Ichimaru, eres mucho más listo que eso. Piensa un poco, si hubiera sido yo, ¿no crees
que habría aprovechado el momento para rescatar a Isshin? Ese detalle, la muerte del buen
doctor, se lo debemos agradecer a Lena, aquí presente. —Rukia asintió hacia el sueco—. Un
pequeño desliz, desde luego, pero que ha resultado ser muy provechoso.
—Aizen te matará.
—Ambos sabemos que no desea tal cosa —respondió.
—Entonces tendré que intentarlo yo.
Ichigo vio el enorme cuchillo que empuñaba Ichimaru tras contemplarlo ejecutar una voltereta en el
aire y caer sobre las ropas que habían cubierto su cuerpo en estado humano. Transformado en
licántropo sus garras ya eran lo suficientemente mortales por sí mismas, pero añadiendo a
éstas una hoja bien templada y afilada, la zarpa se convirtió en un instrumento letal con el que
era mejor no encontrarse.
Ichimaru caminó lateralmente alrededor del sueco, buscando el lugar y el momento propicio para
atacar. Estudiando los potenciales puntos débiles de su contrincante.
Ichigo no se movió, permitiéndole verlo desde todos los ángulos pero sin perder ni un segundo
el control. Otorgándole la posibilidad de que encontrara el valor necesario para atacar y
después derribar esa expectativa de esperanza de un plumazo. No merecía más que eso.
Ichimaru vio algo de sangre brotar de las heridas que habían logrado infligir a Ichigo los soldados
durante la pelea. Poder observarlo así, tan físicamente vulnerable, exactamente igual que él
mismo, hizo que el terror que había sentido al escuchar la voz de aquel licántropo en su cabeza
comenzara a esfumarse poco a poco. Como si únicamente hubiera sido un espejismo, algo
irreal, imaginado. «Puedo matarlo», se dijo, «puede morir.»
—«La cuestión es, ¿tendrás las suficientes agallas para hacerlo?»
Oír otra vez la voz de Ichigo devolvió los temores que había creído desaparecidos y de nuevo la
necesidad de huir galopó veloz por sus venas impulsada con cada latido del corazón.
Los labios del sueco se curvaron en una sonrisa funesta.
—«El Consejo está plagado de insectos como tú, cegados por el poder son capaces de cometer
cualquier crimen. Incluso de aliarse con Infectados tal como hiciste en el pasado. Tampoco con
ellos tendré compasión. Eres un maldito cobarde, Ichimaru. Y como tal vas a morir.»
El dolor se inició en ese mismo instante, atravesándolo de medio a medio. Pudo entrever, por
las rendijas de los párpados tensados, la luz proveniente de la señal que se formaba en la frente
del sueco. Cayó de rodillas frente a él. Suplicando para sí el final del tormento. Ichigo se
introdujo más adentro buscando una imagen. Jamás había tenido intención de mantener una
pelea cuerpo a cuerpo con él. Ichimaru había tenido contacto directo con Aizen, era posible que
conociera su rostro y, si así era, Ichigo lo encontraría. Eso primaba por encima del deseo de
atravesarlo con sus propias garras.
Escuchó los ruegos del militar, el grito ahogado de su alma pidiendo que cesara el dolor.
La sangre comenzó a brotar por sus ojos, tal como Ichigo le había prometido. Para cuando se
derrumbó en el suelo, la apariencia animal ya lo había abandonado, el poder de la bestia lo
relegó a su suerte. Se apretó las sienes en un intento infructuoso por aliviar el terrible
sufrimiento. La temperatura de su cuerpo se elevó varios grados. Sintió arder su cabeza como si
de ésta se desprendieran llamas y su masa gris hirviera como lava. Los labios se tiñeron del
carmesí que continuó emergiendo también por la nariz. Su piel adquirió un tono rojo intenso
antes de llegar al azulado de las venas completamente hinchadas. Entonces, su corazón dejó de
latir.
Rukia sintió el momento exacto en que eso ocurrió y aun siendo consciente de lo que el militar
representaba, no pudo más que sentir lástima por él.
—Es suficiente —dijo, dejando una mano sobre el hombro de Ichigo.
—No. No he podido verle la cara a Aizen.
Rukia insistió tomando la feroz mandíbula del sueco entre sus garras.
—Quizá él tampoco. Al menos conseguimos lo que vinimos a hacer aquí —dijo sosteniendo su
mirada ámbar.
