11 horas
POV NARRADOR
El sol ya tenía un par de horas alumbrando a la Orilla, hoy parecía incluso brillar de manera diferente, especialmente aquellos rayos que se colaban por la ventana de una pareja que hacía casi 10 horas dormían perdidos uno en el otro, sus cuerpos parecían hechos para encajar entre sí, sus propias respiraciones parecían estar coordinadas para ser una misma.
Cuando los rayos del sol comenzaron a alumbrar el rostro hecho de porcelana de la ojiazul, casi renovada abrió los ojos, había despertado con una sensación nueva y extraña... tranquilidad.
Comenzó a hacer círculos en el pecho de su captor, tratando de no despertarlo, no podía dejar de mirarlo dormir, se alegraba de cada segundo de anoche, parecía que ahora que el día estaba claro, también se hacía claro para ella que había tomado la decisión correcta. Y en lo profundo de sí, debía admitir que sintió alivio cuando Hipo decidió parar, no era el momento... no hasta que él supiera toda su verdad, tenía que decírselo, quería ser suya, quería despertar cada mañana de esta manera... con sus brazos rodeándola, y hoy al atardecer le revelaría todo, pero esa mañana lo tendría solo para ella.
Una sonrisa se escapó de ella cuando lo sintió moverse un poco despertando.
-Buenos días- le saludó con voz ronca apenas abriendo los ojos.
-Hola dormilón- murmuró sin dejar de acariciar su pecho –creo que deben estar esperándonos-
-Que entrenen sin nosotros- suplicó abrazándola con más fuerza – en estos momentos solo estoy pensando en excusas para no levantarnos... espera, dime que no ronqué- Astrid le regaló una pequeña sonrisa mientras negaba divertida
-No tengo idea, dormí tan bien que no lo noté- confesó
-Entonces creo que deberías dormir aquí todas las noches... ya sabes el sueño es bueno-
Astrid negó un segundo y enseguida levantó un poco más su rostro para plantarle un beso tierno a Hipo, que él recibió gustoso –hora de irnos, necesito darme un baño y cambiarme- le dijo despegando sus labios y levantándose dispuesta a salir –en la arena en 15 minutos- le ordenó dirigiéndose a la puerta.
-Como ordene mi señora- le contestó sonriendo, Astrid le devolvió esa sonrisa pícara y se fue.
Hipo negó sonriendo un segundo mientras la chica salía de su habitación, se dejó caer sobre la cama y colocó una almohada sobre su rostro.
-Mierda- se quejó víctima de un golpe de realidad culpabilidad.
El tiempo se le acababa, tendría que decírselo más pronto que tarde, y ya no habría vuelta atrás.
POV NARRADOR
5 horas
El entrenamiento comenzó tarde y duró un largo tiempo, tenían muchas lecciones que recuperar, querían estar listos para la temporada de invasión que es cuando el nido se activaba, la Orilla del Dragón estaba muy lejana al nido, lo que la exceptuaba de las invasiones junto a otras pequeñas, pero eso no quería decir que los chicos no están dispuestos a salvar a los clanes, lo merecieran o no.
-Estoy cansado y tengo hambre...- se quejó Patán recargándose sobre un agotado Colmillo -y no me quieres ver de mal humor- refunfuñó cuando Hipo propuso una última practica
-Vamos será solo una y ya- le pidió Hipo tratando de convencerlo, pero en respuesta, Patán y los gemelos gruñeron en desapruebo –bien... vayamos a comer algo y a descansar- respondió rendido el castaño, oficialmente ya no tendría su atención por ese día.
Todos se encaminaron a la Casa Club, pero Heather se apresuró para alcanzar a Hipo.
-Emm Axe, he visto a Cizalladura algo extraña ¿crees que podrías echarle una mirada?- le pidió, el castaño lógicamente asintió y se regresó con ella, los otros continuaron su camino.
Ambos caminaron en silencio hacia la dragona, ambos sabían que Cizalladura no tenía nada.
-Heather... escucha-
-No amigo tu escucha...- lo interrumpió -¿ves el sol?, no te quedan más de 5 horas... lo que dije ayer no lo dije bromeando... el tiempo corre- finalizó para disponerse a caminar en sentido contrario.
En la casa club los gemelos estaban jugando a corretear a Gallina, mientras Patán ya se engullía el resto de las costillas de yak del almuerzo, Astrid y Patapez platicaban sobre lo que había pasado en la Orilla los días que no estuvo, entre ello su asunto de Heather, y justo cuando la pelinegra se unió a ellos Astrid notó que el castaño no estaba.
- ¿Todo bien con Cizalladura?- preguntó Astrid
-Perfecto, solo fue cansancio- respondió Heather tranquila mientras se sentaba a lado de Patapez y estos comenzaban a mirarse con complicidad.
-Bueno es mi señal para irme- exclamó incomoda Astrid, levantándose y tratando de irse
-Oh no no... – la detuvo Patapez sosteniendo el brazo a Astrid –te fuiste debiéndome la revancha-
-Oh Patapez, siempre pierdes- se burló arrogante Astrid
-No esta vez- amenazó Patapez para levantarse al tablero de Mazas y Garras, Astrid enarco la ceja y se sentó del otro lado del tablero.
El resto de los chicos se reunieron, el show estaba a punto de comenzar.
1 hora
Astrid venció brutalmente a Patapez dos veces, luego se quedó mirndo un juego entre Brutacio que fue aplastado por Heather y uno último entre Patán y Tilda en el que terminó ganando Brutilda.
Cuando se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado se fue a buscar a Hipo, toda la tarde le estuvo atormentando la idea de hablar con él sobre su secreto, pero sabía que tenía que decírselo si quería que aquello parecido a una relación funcionara.
Salió discretamente de la cabaña y fijó la mirada en su obvio objetivo, la encendida forja.
Cuando entró se encontró con una espalda tatuada con un Furia Nocturna trabajando completamente perdido en su labor.
-Así que tienes la costumbre de trabajar sin camisa- lo interrumpió Astrid recargándose en el marco de la puerta riendo –que no lo sepa Brutilda por que no la vas a sacar de aquí-
-Ja ja ja- fingió reírse Hipo – ¿dónde estabas M'Lady?-
-Pateando traseros en Mazas y Garras- presumió orgullosa entrando a la forja y recargándose en una mesa cerca del castaño tratando de no interrumpir su trabajo.
-Un día tenemos que jugarlo tú y yo- la retó volviéndose para verla dejando las pinzas de metal en su lugar
-Solo si quieres perder- se burló arrogante la ojiazul -¿Qué haces?-
-Algún gracioso salió a volar con mi dragón y desacomodo todos los engranes- Astrid y Chimuelo compartieron miradas de complicidad y risa.
La rubia lo vio trabajar por un rato, estaba tan perdida en él, en su concentración, sus movimientos, sus charlas sin sentido, simplemente en él.
Después de un rato, volteó y vio la parte superior de su armadura. Era de cuero, una obra maestra hecha para soportar cualquier inclemencia del tiempo, frío, lluvia o calor, ligera como ninguna armadura y poderosa como cualquiera, el único defecto visible, era quizá lo complicado que se veía podía ser colocársela.
-Enserio no entiendo como logras ponerte esto- se burló Astrid mientras la tomaba.
-Permíteme mostrarte- ofreció el castaño colocándosela a la ojiazul –nadas en ella- se burló al ver lo grande que le quedaba haciendo que la rubia le diera una mueca fingiendo disgusto... después de dos segundos ambos no contuvieron la risa
-Entonces... el cierre listo...- dijo al cerrarlo -los primeros tres broches listos... cuando acabe de cerrar los otros mil quinientos te aviso- se quejó cerrando los broches que quedaba –bien me aburrí, hasta aquí se quedó abrochada- el ojiverde no pudo contener la ternura que esta chica irradiaba, la tomó de la cintura y le robó un beso. Cautiva de sus manos sobre su cintura, Astrid no tuvo más opción que entrelazar sus manos sobre el cuello del chico y responder a aquel beso encantada.
-¿Te he dicho que eres hermosa?- murmuró sobre sus labios el ojiverde
-Creo que no, pero puedes comenzar desde ya- le recomendó Astrid antes de robarle un beso ahora ella a él, uno corto y juguetón.
Hipo la miró fijamente, ella mordió su labio casi con un reto escrito en su mirada, lentamente la acorraló contra la mesa y su cuerpo y con su pulgar repasó su labio unos segundos antes apoderarse del aliento acelerado de la ojiazul.
-Eres hermosa- murmuró justo antes de darle un beso rápido que apenas le permitió saborear y se alejó para regresar a su trabajo.
Astrid solo negó sonriendo y se acomodó en su lugar, solo por esta vez, lo dejaría ganar.
Comenzó curiosa a explorar la chaqueta, había una brújula, un carboncillo y papel, por supuesto un catalejo, entonces, su mano llegó a una bolsa casi oculta que tenía un cierre, lo abrió. ¿Qué era eso? Astrid lo sacó y lo miró atentamente un segundo, hasta que un toque eléctrico la sacudió.
0 horas
-¿Qué demonios?- murmuró para ella completamente desconcertada, Hipo se giró para verla al escuchar aquellas palabras y no pudo hacer más que respirar profundo cuando vio el objeto que tenía entre sus manos.
-Astrid- le dijo él en cuanto vio que la rubia lo volteó para ver el borde
-A.H- leyó con un hilo de voz antes de volver su mirada a Hipo -¿Dónde lo conseguiste?- preguntó alterada
-Astrid déjame explicarte-le suplicó el castaño.
-¡¿DÓNDE LO CONSEGUISTE?!- le gritó la rubia con la voz casi temblando, Hipo respiró profundo y cerró los ojos
-Me lo dio la mujer a la que hasta ahora sigo amando con mi vida-
-Hipo- apenas pudo decir Astrid mientras sentía que su cuerpo temblaba y sus ojos se empañaban –lo sabía- dejó correr una lagrima por su mejilla, comenzó a desatarse con furia la armadura, puso de golpe la pieza en la mesa y salió de ahí completamente perdida en sí.
Hipo salió corriendo detrás de ella, los chicos que se encontraban limpiando las sillas fuera de la cabaña cuando vieron a la rubia salir y enseguida Hipo.
-Astrid... espera por favor- le suplicaba él tratando de detenerla
-No me toques- le ordenó dando un manotazo al brazo que trataba de sujetarla
-Me arriesgare y diré que ya se enteró- susurró Brutilda, pero la escuchó Astrid... a la perfección.
-¿Tu lo sabias?-preguntó confrontando a Tilda hasta que se encontró con los rostros culpables de todos –Todos lo sabían- dijo mientras sentía que su respiración se cortaba y caminaba hacia atrás, finalmente se encontró con la mirada de su amiga -¿Heather?-
-Lo lamento Astrid- respondió con una lagrima cautiva la pelinegra
-¡Tormenta!- gritó Astrid llamando a su dragona quien llegó en seguida
-Astrid... espera- le suplicó Hipo –déjame explicarte- pidió mientras se subía a Chimuelo, si tenía que perseguirla lo haría.
Astrid subió a Tormenta y palmeo sobre el centro del cuello, sabía que este movimiento le daba una puntería exacta a Tormenta, aquel golpe hizo que una espina cayera en la parte de cuero de la cola de Chimuelo dejándola clavada en el suelo sin posibilidades de volar.
Le dio una última mirada a Hipo y salió volando sin mirar atrás.
Al final, Hipo si la había perdido.
