El vestido de novia II
La mañana siguiente se alistó para recoger su vestido de novia, restaban seis días para la ceremonia y aunque su organizadora buscó un día para realizar el ensayo, el tiempo era limitado.
Quedó de encontrarse con Gokú en la tienda de vestidos, necesitaba de su apoyo para dar una última mirada del atuendo que portaría en el evento.
-¿Todo bien? –preguntó Gokú al observar con detenimiento el rostro demacrado de su amiga.
-El florista me canceló, mi novio estuvo perdido durante días, me cortaron más de la cuenta las puntas del cabello y no he dormido bien –chilló estresada.
-No sé qué decir –se encogió de hombros el amigo.
-¿y Milk? –preguntó Bulma cuando se percató de la ausencia de la mujer.
-No pudo acompañarnos, al parecer Gohan tiene una prueba importante–la excusó su esposo.
-Bulma –la llamó su organizadora de bodas –Tenemos listo el probador, el vestido quedó divino.
La científica forzó una sonrisa de emoción, no era una expresión sincera. Sin embargo, al ver la creación que su diseñador confeccionó saltó de gusto, era divino, valió cada minuto de retraso. Ansiosa por sentir en su cuerpo el elegante vestido comenzó a desvestirse con rapidez.
-¡Se ve hermosa! –anunció el diseñador –Ha sido un honor confeccionar para la heredera de la CC.
-Magnífico trabajo –Pronunció embelesada tocando las decoraciones rojas de la cintura.
-Es como un vestido sacado de un cuento de hadas –comentó la organizadora de bodas tomando algunas fotografías desde su teléfono móvil.
Al escuchar las palabras "un cuento de hadas", recordó ese sueño de niña donde pensaba en casarse con un príncipe azul. Negó con la cabeza al recordar que el único príncipe que conocía era Vegeta, un soberano guapo y varonil pero que llegó muy tarde a su vida, sumando que era un reverendo insensible.
-Bulma debes posar para la foto, necesito seguir armando un álbum de recuerdos –le indicó Candy.
-Claro –respondió saliendo de sus pensamientos.
Encantada con su vestido empezó a posar cual modelo de revista. Caminó de ida y vuelta imaginándose en una pasarela, hasta los encargados le proporcionaron un ramo improvisado para darle mayor realce a las fotografías.
-¿Puedo verlas? –Dijo Bulma sin sonar a pregunta, más bien fue una orden porque le arrebató el teléfono a su organizadora.
La novia comenzó a deslizar su dedo para ver todas las fotografías, entre la emoción hizo unos movimientos de más que la llevaron a una carpeta diferente. Giró su cabeza para ver mejor al individuo que se veía en esa carpeta, abrió los ojos de par en par notando que Yamcha aparecía allí.
-¿Por qué tienes fotos con mi futuro esposo? –le preguntó Bulma con mirada asesina.
-Son para el álbum de recuerdos –la organizadora se excusó nerviosa.
-¿Y tuviste que llevarlo a cenar para tomarle fotos? –Bulma arrojó el ramo y se abalanzó sobre la organizadora pronunciando insultos y maldiciones.
Desde afuera del probador Gokú comía animadamente los bocadillos de la sala de espera y casi se atraganta al escuchar los gritos de Bulma insultando a Candy.
-¿Problemas con la novia? –le preguntó una anciana que tomaba asiento a su lado.
Gokú solamente alcanzó a mover la cabeza a modo de afirmación, estaba concentrado en escuchar los insultos de Bulma y en masticar los deliciosos pastelillos.
-Mi nieta estaba igual –se acercó para hablarle al oído –los nervios aquejan a las futuras esposas, así que te daré esto –le mostró una diminuta botella –la novia debe tomar solo una gotita y verás que mañana estará más relajada.
-Gracias –respondió sin dejar de masticar y tomando la pequeña botella.
En el momento que escuchó más cosas romperse, decidió ingresar para darle a su amiga el remedio mágico.
-¡Te quiero fuera de mi vista! –gritó Bulma a Candy.
Pese a que Bulma estaba con el cabello alborotado y su cara era de pocos amigos, verla allí disipó todas las dudas, su amor por ella no era romántico más bien fraternal. Confesaba que en algún punto de su juventud la llegó a ver como un amor platónico, ahora verla tan hermosa con su vestido de diez mil capas de tul lo hacía sentir emocionado por Vegeta. El hombre había sufrido tanto en la vida que merecía algo bueno, y vaya que Bulma era algo bueno.
-¿Qué pasó?-preguntó Gokú al ver a su amiga.
-Esa zorra estaba seduciendo a mi futuro esposo –le dijo molesta lanzando una mirada asesina sobre la organizadora que se retiraba del lugar.
-Tranquilízate Bulma –le dijo Gokú midiendo terreno como explorador que pretende acercarse a una fiera.
-¿Cómo me pides eso? Es tan agotador hacer creer que soy perfecta todo el tiempo, desde que era niña ¿Es tan malo querer una boda perfecta? –lo soltó rompiendo en llanto.
-Mira es un remedio para calmar los nervios –le mostró la pequeña botellita –una amable anciana me dijo que cuando lo tomes no debes dejar ni una gota.
-¿Qué es eso? –Preguntó Bulma sollozando.
-No lo sé, pero dice que a su nieta le funcionó –argumentó el saiyajin –no pierdes nada con intentarlo.
-Estoy a punto de perder la razón –le arrebató la botella y bebió todo el contenido –tiene un sabor extraño.
-Ninguna medicina sabe bien –sonrió Gokú al notar más calmada a su amiga.
-Necesito localizar a Yamcha, hay un par de cosas que debe explicarme –comentó en voz alta para luego dirigirse a buscar su teléfono.
El saiyajin miró como Bulma se percibía más relajada, se maravilló por lo efectivo de la fórmula. Curioso se acercó a leer en letras pequeñas el nombre de aquel remedio mágico:
"Relajante para caballo"
Asustado miró a Bulma que entrecerraba los ojos algo mareada, sus dedos no fueron capaces de teclear para buscar el número de Yamcha. Justo cuando sintió que no podía más, se dejó caer al suelo. La velocidad y agilidad de Gokú impidieron que se estampara con el suelo.
La mente del saiyajin trabajaba a mil por hora para solucionar el problema en el que se había metido. Lo primero fue pedir a los encargados y al diseñador que todo lo cargaran a la cuenta de la Corporación Cápsula. Lo siguiente en el plan: llevar a Bulma a su casa, no podía llevarla volando con el vestido de novia puesto.
Se le ocurrió la brillante idea de buscar el ki de Vegeta quien seguramente se encontraría entrenando en la Coporación, pero un cosquilleo le recorrió las manos al ubicarlo en el espacio. Eso significaba que se daba por vencido en asegurar la existencia de Trunks. Una vocecilla le dio la solución a todos los problemas, se acomodó mejor a Bulma en sus brazos y se teletransportó.
-¿Qué haces aquí Kakaroto? –Preguntó Vegeta cuando sintió el ki de su rival, estaba de espaldas concentrado mirando el infinito.
-Ayudándote –contestó Gokú sonriendo con Bulma en brazos.
-¿Ayuda? –se volteó el príncipe pero abrió los ojos de par en par cuando notó el bulto que cargaba su némesis.
-¿Qué haces con ella aquí? –preguntó buscando una explicación pero sin perder la compostura.
-Asegurando la existencia del chico del futuro –sonrió Gokú acercándose a Vegeta para entregarle a Bulma.
-No pretenderás que abuse de ella –Él era un villano sin corazón pero no se prestaba a ese tipo de trampas.
-Para nada –se apenó Gokú –la dejo contigo para que estén juntos un tiempo, se enamoren y hagan un pequeño Saiyajin.
-¡Estás demente! –se molestó Vegeta
-¡Adiós! –se despidió Gokú soltando a Bulma sin previo aviso en los brazos de Vegeta.
-¡No inventes! –pronunció Vegeta al tener en brazos a Bulma.
La sacudió para cerciorarse de su inconsciencia. Dormía profundamente, traía puesto el vestido que él le sugirió, se veía justo como la imaginó, pero ese dormir relajado con la boca abierta le perdía ligeramente el encanto.
-Ese heredero debe valer la pena –giró la cabeza con negación mientras se caminaba con rumbo a la cama.
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Abrió los ojos lentamente, estiró el cuerpo relajada. No recordaba cuándo fue la última vez que durmió tan bien. Aún traía puesto su vestido de novia pero no se encontraba ni en su casa, ni en el planeta Tierra. Se incorporó para mirar por una pequeña ventana, pegó ambas palmas de la mano en las orillas con la intención de ver mejor.
-¿Qué demonios hago aquí?-gritó nerviosa cuando reconoció la nave de Vegeta.
-Veo que despertaste –Dijo el saiyajin indiferente, se recargó en el marco de la puerta y cruzó los brazos.
-¡No me digas que me secuestraste! –Bulma ahogó un grito cuando su mente buscó una explicación.
-No inventes cosas –respondió Vegeta indiferente.
-Sé que te atraigo, que te gusto pero no son formas de hacer las cosas –Hablaba desesperada –Me caso en un par de días y por eso… ¡te estás robando a la novia!
-Yo no te robé –se excusó –Ese maldito Kakaroto te trajo aquí.
-No eres bueno para inventar mentiras –le gritó Bulma -¿Para qué demonios me traería Gokú Contigo?
-Mujer –torció los ojos Vegeta –Piensa un momento, partí al espacio antes y no podría haberte secuestrado.
-¿Qué tal si regresaste por mí? –Sugirió algo sonrojada. Apenas lograba comprender la estrategia de Vegeta por impedir su boda, era un gesto desesperado.
-No pienses cosas –respondió serio –Vamos de regreso a la Tierra para tu "dichosa" boda.
-¡Por kamisama, ese Gokú me va a escuchar! –se frotó la cabeza dudada –Tienes algo con lo que pueda cambiarme, se maltratará mi vestido.
-Eres una molestia, ¿lo sabes? –comentó revisando los cajones y sacando algunas prendas.
-No voy a usar eso –se quejó Bulma cuando miró una camiseta sin mangas y unos pantalones cortos que para nada se acercaban a su talla.
-¡Pues si no te gusta anda desnuda! –comentó trayendo a la memoria el instante que no le dejó otra opción que vestir una camisa rosa.
-Piensas quedarte mientras me cambio ¿o qué? –le reprendió mientras sostenía las prendas.
-Ni quien quiera verte –se giró para salir de la habitación pero detuvo su paso cuando escuchó una voz llamándolo.
-¡Vegeta, Vegeta! –apretó los ojos Bulma –Necesito ayuda.
-¿Todavía no sabes vestirte sola? –le preguntó irónico -¿o quieres algo más? –esa pregunta sonó más seductora.
-Hoy andas muy gracioso –respondió molesta –Necesito ayuda con el cierre y las tiras del vestido.
-Interesante –alcanzó a decir mientras se acercaba a la espalda de Bulma.
Vegeta no pasaría de largo una oportunidad tan valiosa como para engendrar a su heredero. Tenía la mujer para él solo, quebraría su frágil fidelidad. En sentido literal puso manos a la obra, con sus mano izquierda retiró lentamente el cabello de la chica, pasando sus yemas por la piel expuesta.
Bulma se estremeció al contacto, quiso pronunciar una objeción ante el movimiento pero se detuvo a pensar que tal vez su mente mal interpretó ese rose.
Los dedos de Vegeta se movían con suma delicadeza, desanudó las tiras para luego soltarlas lentamente. Al llegar a la parte del cierre lo hizo en cámara lenta, lo que despertó algo de ansiedad en Bulma.
-No trates de pasarte de listo –le advirtió ella. Por dentro rogaba porque entendiera las cosas en sentido opuesto, el contacto de su espalda con sus dedos le nublaba la cordura. Pensó en girarse para besarlo y terminar el asunto pendiente que inició en la despedida de soltera.
-¡Interesante lunar! –exclamó el saiyajin.
-¡Oye pervertido! –se quejó Bulma aferrándose al corsé –Terminaste tu tarea, puedes retirarte.
Con una sonrisa de lado a lado Vegeta se retiró. Notó las variaciones de energía en la terrícola, las horas de regreso en la nave serían claves para tenerla gimiendo en su cama.
-¿Tienes algo de comer? –preguntó Bulma cuando entró más tarde a la cocina de la nave.
Vegeta la observó con cuidado, traer ropa deportiva la hacía ver condenadamente sensual. Bajo la camiseta anudada a la cintura se notaba que no traía sostén, así que cuando abrió la nevera el frío generó una reacción en sus pezones, ahora se notaban más marcados.
La sangre del guerrero se calentó y comenzó a bombearse rumbo a una zona. Él se ocultó tras la mesa y continuó engullendo su refrigerio. Casi se atraganta cuando Bulma tomó posición en la silla desocupada, eso le dejó ver más de cerca sus marcados pezones.
-El espacio es tan aburrido –comentó la científica para introducir plática.
-Apenas llevas un día viajando –respondió sin apartar la mirada de su plato de comida, de lo contrario se lanzaría para tomarla allí mismo, pero él tenía orgullo y no iba a dar el primer paso.
-¡¿Un día?! –Bulma se sobresaltó.
-Estabas inconsciente –dijo sin mucho afán –creía que nunca despertarías.
-Lo último que recuerdo a Gokú dándome un remedio mágico para relajarme –suspiró Bulma. Ya no le incomodaba tanto pasar algunas horas con Vegeta –¿Pero por qué me trajo aquí?
-Yo qué voy a saber – mintió para luego tomar un sorbo de jugo.
-Si no fuera porque conozco a Gokú pensaría que quiere unirme contigo –rió ante lo disparatado de la idea.
-Está loco –el saiyajin desvió el tema.
-Según la computadora ¿en cuánto tiempo estaremos de vuelta en la Tierra? –preguntó mientras untaba algo de jalea en un pan.
-Cinco días –respondió traviesamente.
-¿Qué? – preguntó Bulma nerviosa.
-En 6 horas estaremos de vuelta –anunció levantándose de la silla para ir por una ducha de agua fría.
-Menos mal –suspiró aliviada.
Cuando el saiyajin se retiraba echó un vistazo a su trasero, juraba que si no estuviera comprometida ya estaría aprovechando esas 6 horas en algo más que charlar. Esos pensamientos de lujuria con Vegeta no cesaban, varias noches tuvo sueños eróticos con él.
Un diablillo le hablaba al oído diciéndole que no pasaba nada si tenía sexo con Vegeta, Yamcha le había sido infiel con la organizadora de bodas (aunque no lo había comprobado era obvio), sin embargo la voz de su conciencia le decía que no se aventurara en terrenos desconocidos, qué tal si el príncipe no medía su fuerza y la dejaba lesionada o como no tenían preservativos a la mano, la podría contagiar de alguna enfermedad venérea espacial.
-¡Ay Bulma! –se reprendió a sí misma en voz alta mientras buscaba qué hacer.
Un tramposo Vegeta retomó la estrategia regresando a la cocina con una toalla anudada por la cintura, fingió que tenía sed, por ello buscó un vaso de agua. Sonrió al ver una distraída Bulma que jugueteaba con los alimentos.
-¡Ponte algo! –Sonrojada se tapó los ojos cuando notó la desnudez del guerrero.
-Tú te paseas todo el tiempo desnuda en tu casa y nadie dice nada –Alegó sonriendo.
-Fuera del traje de baño, yo no… -Apenada cubrió su boca con sus manos –¡Eres un tremendo pervertido!
-Todo ha sido circunstancial, juraría que intentas seducirme –Le lanzó una mirada traviesa.
-Eso ya pasó –se excusó Bulma acomodándose mejor en la silla –¡Te recuerdo que soy una mujer comprometida y enamorada!
-Una mujer tan enamorada que se metió en mi cama –lo soltó Vegeta sin rodeos.
-No sé de qué hablas –fingió demencia –Imaginas cosas –desvió la mirada sonrojada.
-¿Ah sí? –Se acercó a ella. Bulma siempre fue la que lo ponía nervioso, pero en ese momento la tenía contra las cuerdas.
-En la despedida de soltera te besé porque no sabía que eras tú –Se excusó algo nerviosa. Escondía las manos por debajo de la mesa, secaba el exceso de sudor con la ropa –mis amigas te confundieron, pensaron que eras el chico que se desnuda y baila en poca ropa.
-Las humanas son tan vulgares –lanzó una mueca de disgusto –Hasta se quedan pegadas en una escultura de hielo.
-¡También lo viste! –Bulma soltó una carcajada.
-Fue inevitable no escuchar y ver sus movimientos desesperados por separarse del hielo –contuvo la risa.
-Tengo un video del momento –rió con más fuerza –Lograron despegarla con agua caliente, casi se arranca la lengua. Conceptos básicos de física –torció los ojos.
-No es la humana más inteligente –afirmó conteniendo la carcajada.
-No todas pueden ser tan lindas e inteligentes como yo –le guiñó el ojo.
-He visto mejores –se apresuró a decir acomodándose la toalla.
-Como digas –sonrió traviesa, estaba comprendiendo que Vegeta la intentaba seducir, así que se alejó para evitar la tentación.
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Un reproductor de música fue lo único que encontró para matar el tiempo. La computadora central de la nave funcionaba a la perfección. Estar en la habitación sobre la cama solamente despertaría ideas de esperar que Vegeta le hiciera compañía.
Eligió el asiento de una minúscula sala de estar. Se recostó de forma sensual. Sí Vegeta quería jugar a seducirla se estaba topando con una rival más versada en el arte del flirteo.
Las cinco horas más largas de su vida, por más que se intentaba controlarse, el instinto primitivo le decía que mandara todo su orgullo por la coladera. El espiar a la mujer fue peor, la terrícola escuchaba música recostada en el sillón mientras se movía lentamente al compás de la música. En algunos acordes movía sensualmente las caderas mientras mordía su labio inferior en señal de disfrutar la música.
Al pasar los minutos y no ver respuesta del saiyajin, se sintió decepcionada. El tiempo corrió, 4 horas para el aterrizaje pero Vegeta no daba señales. El reproductor se descargaró, se levantó para buscar un cargador e hizo una nota mental sobre mejorar el tiempo de duración en las baterías.
Vegeta tal vez permanecía escondido en algún sitio, no lo encontró ni en la habitación por lo que se dispuso a tomar una ducha, allí mataría otra media hora.
Pasados 15 minutos se escuchó la voz del saiyajin quejándose.
-Esa agua es valiosa, no es para tomar largas duchas, estas disminuyendo mis provisiones-le reclamó desde fuera del baño.
-Cuando volvamos a la Tierra pediré que recarguen los tanques del almacenamiento –respondió apenada.
3 horas y contando…
Regresó a la cocina para buscar café. No lograba localizar dónde lo tenía guardado, así que se dio a la tarea de revisar en los las puertas de abajo, se conformaba con encontrar algunos sobres para preparar té.
Un Vegeta que ya se había controlado se sorprendió al ver a Bulma inclinada revoloteando la estantería, ver su bien formado trasero fue la gota que derramó el vaso. Cegado por su instinto pegó su cuerpo la espalda de la mujer.
Una distraída Bulma no advirtió el acercamiento del saiyajin, pero el sentir su cuerpo contra su trasero le arrancó un gemido, extendió sus fuertes manos alrededor de sus caderas y le acercó sus labios a la nuca. Ella cerró los ojos disfrutando de las sensaciones de placer que le brindaba el roce.
Ávido de poseer a la mujer, bajó sin ningún pudor el pantaloncillo que vestía Bulma. Quería contemplar mejor su trasero y el lunar que lo volvía loco. Algo en la brusquedad de Vegeta despertaba en ella mayor deseo, se sintió mojada desde el momento que lo tuvo cerca, lista y humectada para recibirlo.
Bulma se giró para encarar al saiyajin, precisaba verlo a los ojos, perderse en esa oscura mirada. Se mojó los labios antes de besarlo con pasión y deseo, rodeó con sus piernas el cuerpo del saiyajin, mientras que él la sostuvo para guiarla a la habitación.
Los juegos de lenguas y labios no daba tregua, por más que les faltara el aire ninguno se apartaba del otro, hasta que Vegeta se distanció para terminar desnudar por completo a Bulma. Ella levantó sus brazos para facilitar la tarea y sonrió al ver como el saiyajin la contemplaba embelesado.
-¿Te gusta lo que ves? –le preguntó coqueta.
Vegeta ignoró la pregunta, se limitó a separar las pierna de la mujer para frotar su miembro contra ella. Su plan era excitarla al punto que le rogara introducirse en ella, sin embargo falló en su misión y terminó por ceder antes de escucharla.
La sensación penetrarla fue mejor de lo que había fantaseado, esos ojos azules lo miraron sugestivamente y con tanta pasión que le pusieron el mundo de cabeza. Mirando como su miembro entraba y salía de ella, entendió por qué el Vegeta del futuro tuvo un aventura con esa terrícola. Se lamentó no ceder a sus juegos de seducción desde que la conoció.
La mente de Bulma solo se concentraba en disfrutar el sexo con el sayiajin, Milk tenía razón, eran excelentes amantes. En su cabeza no apareció ni por un instante Yamcha y menos su futura boda.
1 hora y contando…
La sonrisa que de oreja a oreja que expresó Bulma fue épica. Fue el mejor sexo de toda su condenada existencia, respiró el aroma de los fluidos y entonces la realidad le trajo de vuelta. Había traicionado a Yamcha, le fue infiel con el hombre responsable de su muerte. Se incorporó al borde del llanto, la culpa empezó a ser tu tormento.
-¡Nadie puede saber lo que sucedió! –le advirtió a Vegeta –Estoy comprometida e hice algo malo.
-Parecías disfrutarlo bastante –se mofó el príncipe.
-Lo sé –se llevó las manos a la cara –soy un asco de persona – arrepentida se volvió a tirar en la cama.
-Bienvenida al bando de los malos –Dijo recargando su mano en su bien formado abdomen.
-Desde que era una niña, soñaba con mi boda. Siempre esperé encontrar a alguien que se enamorara profundamente de mí. Alguien con quien pasar el resto de mi vida. Qué tonta, ¿no?
-¿Enserio quieres pasar tu vida con un insecto que no puede defenderte de cualquier amenaza?-le preguntó Vegeta.
-Ni que la Tierra estuviera en peligro todos los días, las mujeres buscamos… -No supo qué decir para continuar.
-He llegado a pensar que tú no quieres un esposo, tú quieres una boda –le expresó el príncipe.
- No pretendas ser una buena persona y fingir que me entiendes –se molestó Bulma.
-Desde que el insecto te dio ese mentado anillo tenías miedo entonces y tienes inseguridad ahora –Vegeta se levantó molesto para vestirse.
-¡Ya Basta! tú quieres que huya, me quieres meter ideas en la cabeza para que deje a Yamcha plantado –ella se levantó envolviéndose en las sábanas para mirarlo -Eso es demasiado malvado y perverso hasta para ti. Eres un estúpido que no sabe nada lo que es el amor, porque no lo comprende, lo único que haces es destrozar a todos, criticar lo que hacen, eso demuestra que tienes demasiado miedo de un día abrir tu corazón
-Me tiene sin cuidado lo que pienses –Salió de la habitación sin mirarla.
Bulma corrió a lavar su cuerpo, era un mar de emociones por un lado recordar las sensaciones de su encuentro con Vegeta y por otro acordarse que tenía una boda en puerta. La culpa no fue tan intensa, el futuro esposo tenía en su lista varias infidelidades que ella ciegamente perdonó. Ahora estaban a mano en caso de que se hubiese metido con la organizadora de boda.
Con una toalla rodeando su cuerpo contempló el vestido de novia. Seguiría adelante, ya estaba todo preparado y no le daría a Vegeta el gusto de saber que fue el causante de su ruptura con Yamcha.
2 minutos y contando…
Envolvió el vestido entre sábanas, no quería que nadie lo viera, inclusive guardó la sorpresa para sus padres. Desde la ventana contempló la Tierra.
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Luego del aterrizaje se abrió la compuerta pero Vegeta no bajó con ella. Fue lo mejor, no había nada que decir entre ellos, confiaba que mantuviera la boca cerrada.
-¡Te hemos buscado por todas partes! –gritó Yamcha cuando encontró a Bulma -Pensé que algo te había pasado.
-No mires el vestido –Bulma no tenía el valor de mirarlo a los ojos y fingió que ocultaba la prenda entre las sábanas.
-¿Por qué estabas en la nave con Vegeta? –preguntó Yamcha celoso.
-No lo sé –Bulma no tenía ganas de dar explicaciones, por más que se esforzara ninguna le parecería lógica.
-¿Te secuestró ese maldito? –le preguntó sacando conclusiones.
-No, fue un mal entendido –ella suspiró -Yamcha, ¿por qué te quieres casar conmigo? –Le preguntó mirándolo a los ojos.
-Porque, porque –titubeó Yamcha –Porque llevamos más de diez años de novios, porque Bulma y Yamcha, porque sí, ¿qué pregunta es esa? –manoteó el lobo del desierto.
-No lo sé, esperaba que tu respuesta fuera otra –suspiró pensando que un "Te amo" habría sido la mejor contestación.
-Bulma, tenemos que luchar por nuestro amor –le rogó –No podrías perder la boda de tus sueños por estupideces.
-No lo sé –suspiró Bulma intentando calmarse.
-Bulma –se arrodilló Yamcha para mostrarle el anillo de compromiso recuperado -¿te quieres casar conmigo?
-Sí –la chica asintió entre lágrimas. Todo estaba listo, confiaba en que casados Yamcha cambiara y se convirtiera en un esposo fiel. Tenía la ilusión de hacer la boda de sus sueños, una unión épica que fuera recordada por generaciones y nada la iba a detener. No podía echar todo por la borda solamente porque Vegeta intentó meterle ideas en la cabeza.
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Próxima entrega:
La boda
*Todos coincidimos que Vegeta no solo le metió ideas a Bulma jajaja
*Agradecimientos especiales a la ancianita del relajante de caballo y a Gokú que no entendió bien las indicaciones.
*Hagan sus apuestas ¿qué esperan en la siguiente parte?:
a) Un Vegeta irrumpiendo en la boda
b) Una conquista de Yamcha impidiendo la boda
c) Gokú secuestrando una vez más a la novia.
d) Todas las anteriores
e) Otra
