Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Lo que quisimos ser
Harry despertó en una cama vacía durante la madrugada. Se colocó los lentes y echó un vistazo alrededor. El otro lado del colchón ya no poseía ningún atisbo de calor humano, pero la cobija seguía un poco arrugada. Parecía que Draco se había escabullido con cuidado, recogido sus zapatos, y desaparecido.
Era mediados de marzo. Lily pasaba un par de días con su madre, los chicos se encontraban en Hogwarts. Harry aprovechaba el tiempo con su novio, hasta que este se desvaneció.
Seguro de que no pudo ir lejos y preguntándose si estaría bien, se arrastró fuera de la cama, convocó unos zapatos y un abrigo, y sólo por si acaso, se puso un amuleto de calor encima.
Draco no estaba en la cocina, ni en la sala, ni en el estudio. Su escritorio tenía algunas notas desordenadas sobre un pergamino manchado con gotas, cosa muy extraña, por lo que supuso que el papel no era de Draco originalmente; él solía ser demasiado cuidadoso para ensuciar su trabajo así. La ventana se encontraba cerrada, como cabría esperar en esa fecha, pero las cortinas estaban abiertas.
Harry lo localizó desde el interior del estudio. Luego regresó sobre sus pasos, salió de la casa, y se detuvo de nuevo en el jardín, un mar de plantas muy verdes para la época, resguardadas por una barrera.
Draco era una figura recortada contra un cielo al que todavía le faltaban horas para el amanecer. Volaba en círculos en su escoba, dentro del perímetro de su propia barrera.
Harry volvió a la casa, buscó una de las escobas de repuesto, y utilizó una ventana para ir al jardín. Subió, subió, subió. Alcanzó la altura a la que Draco volaba, su cabeza a centímetros de salirse de la barrera y exponerse al frío del exterior. Harry se aseguró de quedar justo en el centro de donde trazaba los círculos, de manera que no lo interrumpiría.
—¿Puedo volar también?
Draco frenó, todavía en el aire. No se había puesto un abrigo, pero gracias al ambiente templado en el interior de la barrera, tenía las mejillas un poco sonrojadas, en lugar del aspecto de alguien que decidió dar un paseo desde la madrugada en medio de Gran Bretaña.
Exhaló.
—Sí, claro.
Harry maniobró con la escoba a la que no estaba acostumbrado, para volar en un círculo en torno a la posición de Draco. Aquel movimiento le traía recuerdos de partidos de Quidditch y una absurda rivalidad que los hacía pasar más tiempo mirándose que buscando la snitch.
Debió ser más idiota de lo que tenía asumido, si veía a Draco pensando que haría trampa, en vez de por el placer de hacerlo. Por su cabello rubio platinado, por el rostro de facciones afiladas, por la forma en que lo miraba de vuelta, sin evitarlo.
—Son las cuatro y veinte de la mañana, Draco.
Esa fue la inteligente observación que Harry llevó a cabo. Y le sacó un bufido y una media sonrisa a Draco.
—Tengo una interesante capacidad para leer la hora, Harry —Esa vez, fue Draco el que trazó un círculo perezoso en la escoba, en torno a él—, me lo enseñaron desde muy joven.
Harry seguía su trayecto con la mirada, obligado a darse la vuelta y a la escoba consigo.
—¿Quieres chocolate caliente? —soltó, de pronto. Esa propuesta atrajo la atención de Draco de inmediato—. ¿Una carrera hasta la cocina?
Notó, a través de la oscuridad que precedía al amanecer y el hechizo puesto en sus lentes para ayudarlo a ver en lugares así, que Draco se tomaba un instante y se relamía los labios.
—¿Y el que pierda tiene que preparar el chocolate de ambos? —musitó.
Harry asintió. Y volaron en una carrera hacia el interior de la casa, viéndose forzados a utilizar hechizos para abrir la puerta y a maniobrar como hace años que no lo hacían, para evitar un choque contra cualquiera de las paredes. Estuvieron a punto de derribar al otro, Draco lo empujó de la escoba y luego lo sostuvo con un encantamiento de levitación, arrancándole un largo quejido, y protestó el doble cuando fue Harry el que lo paralizó.
Llegaron a la cocina jadeando, a pie, con las escobas en una mano, la varita en la otra, y mirándose con tanta cautela como si esperasen ser atacados en cualquier instante.
De repente, se empezaron a reír.
—Tú perdiste —señaló Draco, sin parar de reír.
—¡Sólo porque tú me empujaste de la escoba! —reclamó Harry.
—Me paralizaste-
—¡Después de que me empujaras de la escoba!
—¡Pues tú eres el Gryffindor noble aquí!
—Yo iba a ir a Slytherin —argumentó Harry, apoyando su escoba contra una de las paredes. Dejó un beso ligero en los labios de Draco y se dirigió a la alacena, varita en mano, para levitar lo que necesitaría para preparar el chocolate—. Lo aceptaré como una derrota, a pesar de tus trampas —Echó un vistazo por encima del hombro y notó que Draco contenía la risa—, si hablas conmigo.
Draco acababa de ocupar una de las sillas en torno al mesón. La escoba se recargaba en uno de sus costados y él jugueteaba con la varita entre los dedos.
—Ya estamos hablando, ¿no? —replicó Draco, en tono suave.
—Puede ser de cualquier cosa, Draco —aclaró Harry, meneando la cabeza—. Si voy a estar tomando chocolate a las cuatro de la mañana, en lugar de estar dormido en una cama llena de amuletos de calor, al menos quiero oír a mi novio.
—¿Cualquier cosa?
—Sí.
Harry llenó dos tazas de chocolate y colocó una frente a él. La otra la mantuvo entre sus manos para calentarlas, al sentarse en el lado opuesto del mesón.
—¿Hay algo que siempre pensaste que tendrías?
La pregunta lo tomó por sorpresa. Harry dio un sorbo a su chocolate, despacio.
—¿Como una casa, o un trabajo…?
—Sí —Draco asintió lentamente—, algo que imaginabas cuando pensabas en tu futuro, en tu vida adulta.
—Bueno, supongo que esperaba estar lejos de mis tíos y que a mi primo lo hubiesen cazado, confundiéndolo con una ballena —Harry se encogió de hombros y le dedicó una mirada de disculpa—. La verdad…no sé, no pensaba mucho en eso antes de conocer el mundo mágico. Después estuve perdido, y luego…me bastaba con seguir vivo, creo.
—Claro, seguir vivo es una prioridad para cualquiera.
—¿Tú qué imaginabas? —indagó Harry, en cambio.
Draco se tomó unos segundos para responder.
—Me imaginaba como un grandioso heredero de la fortuna Malfoy, con una esposa maravillosa, y un hijo que seguramente sería muy parecido a mí, con los rasgos familiares. Y algún puesto importante en el Ministerio, con tanto poder e influencia que el Ministro mismo iba a tener que consultarme antes de tomar una decisión, o…—Draco negó—. No había forma de que no hubiese ido a Slytherin.
—No sabía que un niño podía soñar con ser más poderoso que un Ministro de magia —admitió Harry, divertido—, pero es muy…tú. No me habría sorprendido saber que querías eso cuando eras joven.
Draco intentó sonreír, pero el resultado fue una mueca extraña y unos ojos cansados fijos en el chocolate a medio beber.
—No quería despertarte —susurró.
—Está bien, Draco.
—Y no quiero que pienses que hay algo mal con nosotros por mi parte.
—Está bien —insistió Harry, en voz más baja—. A veces uno tiene malas noches, sí, mira, ahm- algunos días me levantaba a las cinco a correr y ni siquiera sé por qué, lo hice como por, uh, unos diez años. Ahora mis crisis consisten más bien en meterme a una cocina y preparar tanta comida que tengo que enviar a La Madriguera la mayor parte para no tener que usar encantamientos de conservación en ella. Entre Molly y yo, no creo que George o su esposa hayan tenido que cocinar algo desde que están juntos.
—Sí, ya me parecía a mí que siempre tenías comida de sobra —Draco se permitió soltar una risita—. Pensé que sólo…te hacía sentir más seguro tener comida extra, por si acaso.
—Me hace sentir mucho, mucho más seguro —Harry asintió—, es como un "Harry, no te vas a morir de hambre, puedes cenar, puedes comer un bocadillo, nadie te está limitando la comida, y los niños no van a tener hambre". Cuando eran más pequeños, tuve que conseguir un refrigerador miniatura sólo para la papilla extra que les hacía. Ginny se rindió intentando pararme después de esa vez que James se bañó en la papilla.
—Yo le pongo barreras a todo —murmuró Draco—, ¿te has dado cuenta de que cuando cierro una puerta con magia, le pongo dos hechizos? No tengo idea de por qué, yo simplemente la voy a cerrar y lanzo uno detrás del otro, como si pensara que alguien va a intentar forzarlo, y el segundo hechizo…me dará tiempo de huir, o algo.
—Eso sería muy útil si alguien quisiera hacerlo.
—Pero para que lo intente, tendría que pasar todas las otras barreras de la casa —objetó su novio, rodando los ojos—. Cuando Altair empezó a darse cuenta de las barreras, me preguntó si nuestra casa fue una cárcel.
—Yo pensé que era una manía —excusó Harry, encogiéndose de hombros otra vez—. Hay cosas muy raras que hacen las personas, ¿sabes? Hermione, por ejemplo…ella mete muchas, muchas, muchas cosas en su bolso. ¿Has visto que siempre tiene bolsos pequeños cerca en el trabajo y La Madriguera? La vi sacar un chaleco salvavidas hace como un mes.
—¿Por qué habrá guardado uno de esos?
Harry negó. No tenía idea.
—Y Ron…no le digas que te conté, fingimos no notarlo, pero escucha la radio.
—¿La radio? —Draco arrugó el entrecejo—. Eso no es tan raro.
—Es una de las primeras cosas que hace en la mañana, hay otro momento en la tarde- cuando está ayudando a Hugo con sus tareas, enciende la radio y la deja puesta, y en la noche la oye por otro rato. Y cuando alguien la apaga, se pone un poco…—Se interrumpió con un vago sonido de desagrado—. Ron malhumorado no es bueno, nada bueno, sólo Hermione se lo aguanta.
Draco se acabó su chocolate y contempló la taza por un instante, como si esperase obtener algún tipo de respuesta de esta.
—De cierta forma, me hace sentir mejor saber que no soy el único con actitudes raras.
Harry extendió el brazo por encima de la mesa y cubrió su mano con una de las suyas.
—Cuando necesites una conversación rara, puedes despertarme, Draco.
Draco alzó sus manos unidas y le besó los nudillos, sacándole una pequeña sonrisa.
—Te quiero.
A pesar de que intentó lucir tranquilo, debió ser claro en su rostro que lo sorprendió y retenía el aliento.
—Tranquilo —Draco soltó su mano y sacudió la cabeza—, sé que no hemos tenido esta charla, no espero una resp-
—Estoy feliz de que no haya salido como lo esperabas —Harry habló sin pensar y tuvo que tragar en seco después, al percatarse de que quizás no utilizó las mejores palabras a su disposición—, y tú también deberías estarlo. Me refiero a que- pareces feliz así, a pesar de…¿te imaginas si sólo tuvieses a Altair? ¿O sólo a Scorpius? Y…—Carraspeó—. Y tal vez no valga cambiar todo un plan de vida, pero también estoy yo y…y te quiero. Mucho. Y te lo quería decir desde hace bastante tiempo, pero luego pensaba que te espantaría. Y sé que no te ibas a espantar, pero seguía-
Interrumpiéndolo cuando divagaba, Draco se levantó de su asiento, levitó ambas tazas vacías hacia el fregadero, y llevó las manos a la parte posterior de la cabeza de Harry para tirar de él y besarlo.
Hicieron el amor sobre el mesón esa madrugada. Luego prepararon el desayuno y durmieron otro rato.
—0—
—Quiero aclarar que esto me parece una mala idea.
—Ya me lo has dicho unas dos veces, Draco.
—Entonces lo recalco —siguió Draco, tensándose tanto como le era posible para que Harry no pudiese empujarlo por delante de él—, es una pésima idea, Harry.
Ambos se detuvieron frente a la puerta del aula. Draco lo encaró y negó.
—A los padres no les gustará —susurró—, nadie quiere enterarse de que hubo un Mortífago…
—Ex-Mortífago —corrigió Harry—, coaccionado desde que era menor de edad, y que quedó libre de sus cargos.
—…en el aula de sus hijos —continuó Draco, como si no lo hubiese escuchado—, enseñándoles. ¿Qué te hace creer que puedo enseñarle a unos niños? ¿Te di la idea errónea de que tengo paciencia para otros niños que no sean mis hijos o los tuyos? Porque no la tengo, ¿de acuerdo? Parezco mucho más tranquilo por fuera de lo que soy dentro de mi cabeza, y tú ya deberías haberte dado cuenta de que-
Harry puso las manos en sus hombros y le dio un leve masaje con los pulgares.
—Yo soy su maestro —recordó, más serio—. Aquí, yo decido qué es mejor para ellos, y Hermione sabe que jamás pondría a unos niños en peligro; si alguien dice algo sobre ti, ella les contestará, y yo les explicaré lo mismo que a ellos.
—¿Y eso será que…?
—Que eres un excelente mago —obvió Harry, enseñándole una sonrisita—, talentoso y dedicado, un increíble duelista, con una gran gama de conocimientos, y habilidad para las pociones, que accedió a ayudarme a mostrarles cómo se realizan los duelos.
Draco lucía a punto de huir.
—Yo no podría ser jamás un buen maestro, Harry.
—Altair y Scorpius son excelentes niños.
—Seguramente es por influencia de Astoria…
Harry le dio otro leve apretón a sus hombros y negó.
—No pienses en ti como profesor. Piensa que estás teniendo un duelo de hechizos básicos conmigo.
—¿Expelliarmus y protegos?
—Exacto.
Entonces la sonrisa regresó al rostro de Draco, aunque vacilante.
—Será difícil ganarte con los únicos hechizos que utilizabas con frecuencia durante tus primeros veinte años.
Harry estrechó los ojos, pero sonrió también. Aquel era su Draco. Lo prefería así.
Le sujetó el rostro, lo atrajo hacia sí para darle un beso largo, y cabeceó hacia la puerta después.
—Ya que tengo más experiencia con ellos, déjamelo a mí si no sabes qué hacer.
Draco apretó los labios y mostró su última expresión insegura. Le robó un beso a Harry y se recompuso deprisa.
—Está bien.
Harry pronto se daría cuenta de que sus previsiones eran más que inútiles. Puede que de vez en cuando hubiese alguna pelea en años anteriores, pero lo cierto es que a los niños no solía importarles el apellido con que alguien se presentaba, sino asuntos más claros, como el bonito cabello de Draco sujeto en una cola, el bastón que llevaba consigo, y el hecho de que fuese a tener un duelo con su maestro. Esas eran las cosas que interesaban a su clase y la razón de que los viesen con atención desde que explicó lo que hacía él ahí.
—Draco fue mi compañero en Hogwarts —explicaba Harry, frente a un grupo de casi treinta niños muy curiosos—, no es nuestro primer duelo, y les mostraremos algunas diferencias en el movimiento de varita de-
—¡Expelliarmus!
En un instante, Harry saltaba para atrapar su varita, en vano, y los niños soltaban risitas. Draco sostuvo la varita y le enseñó una sonrisa desdeñosa.
—Todos los hechizos tienen un movimiento propio —aclaró Draco, con cierta suavidad renuente, como si no estuviese seguro de qué tono adoptar para dirigirse a ese montón de niños—, es tan importante como la forma en que lo dices. Si yo dijera "expelliarmus", pero hago el movimiento del incendio, quizás no pase nada. O quizás el profesor Potter empiece a flotar y su cabello se prenda en fuego —Se encogió de hombros de forma teatral, mientras los niños dejaban escapar más risitas—. Si quieren saber qué tipo de hechizo es por el movimiento, sólo tienen que…
Harry nunca había sido derrotado frente a un público infantil. La verdad era que su número de victorias en duelos superaba con creces los fracasos, desde el final de la guerra.
Pero, en su defensa, ese hechizo en el pizarrón que lo hizo cobrar vida para atraparlo, no estaba incluido en los que acordaron mostrarle a los niños.
—¡Draco!
Draco le enseñaba una sonrisita, al menos hasta que Harry convirtió el suelo bajo él en arena movediza. Los niños no paraban de emitir jadeos de sorpresa, carcajadas y gritos como "¡hazlo otra vez!".
Tal vez no fuese la clase más seria, pero a él lo hubiese aburrido ser un maestro normal.
Diez minutos más tarde, Harry estaba sentado en el suelo, contestando preguntas sobre pronunciación y gestos con la varita. Desde su posición, podía ver a Draco, instalado en la silla de su escritorio como si este le perteneciese. Tenía las piernas cruzadas, el bastón sobre las rodillas, y le corregía a una niña el movimiento de varita del protego.
Le llevó un segundo percatarse de que tenía su atención. Ahí, Harry le sonrió abiertamente. Él rodó los ojos, esbozó una sonrisa más leve, y se inclinó hacia la niña para hacerle otra corrección de postura.
Su "no estuvo tan mal" sería la única respuesta que recibiría acerca de qué tal fue la clase y el duelo improvisado, cuando se hubiesen quedado a solas en el salón. A él le parecía más que suficiente.
Esa misma tarde, mientras Harry preparaba demasiadas raciones de comida sólo para ellos dos y Lily, Draco se aseguraba de que la pequeña estuviese distraída con su gata, para hacerle una pregunta, en voz baja.
—¿Por qué lo hiciste?
Él se encogió de hombros.
—A veces las cosas que nunca planeaste salen bien, ¿no?
—Ya, ya, entiendo el punto…ven aquí —Draco le sostuvo la mejilla, se estiró para besarlo, y para su pesar, se apartó antes de que pudiesen ocasionar algún accidente en la cocina—. Te lo agradezco. En serio.
—Debe ser muy en serio para que realmente me lo digas…—bromeó Harry, concentrándose en su almuerzo.
—Lo es, Harry.
Se dio cuenta de que no era sólo por el vuelo, ni la conversación, ni el duelo frente a los niños. No era estar ahí esa tarde, o lo que Harry pudiese haber intentado mostrarle.
—No tienes que agradecerme por quererte, Draco.
—¿Quién dijo que lo estaba haciendo? —Recuperado de nuevo, Draco se irguió y se alejó para decirle a Lily que evitase que su gata volviese a hacer un desastre con las cortinas.
La siguiente vez que Draco saliese a dar vueltas en la madrugada, Harry le preguntaría si quería una taza de chocolate, y cuando él volviese a preparar porciones extra, su novio lo acompañaría y le ofrecería ayuda para guardarlo todo. Así era el modo de ser de las cosas.
Mientras tanto, en casa de George:
George: cariño, ¿qué quieres comer hoy? Mamá mandó estofado de a montones el viernes, hay tarta de melaza, unas trufas, tenemos tres- cuatro porciones de curry de Harry, sé que amas la comida de Harry, todo el mundo ama la comida de Harry- también nos dio tres tipos diferentes de pollo, oh, este tenía salsa de champiñones, pero sólo queda una porción- me la comeré yo. Bueno, ¿qué quieres?
Angelina: ¿las trufas no eran para mandárselas a Fred con el correo de esta semana?
George: mamá o Harry harán más antes de que enviemos el correo, créeme. Freddie ni se enterará de que nos las comimos.
