Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.

Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.


11. Vino

Octubre, 1996

Porque las semanas han pasado y ellos no sabían que hacer. El tiempo se les estaba agotando.

Una tarde, todo el esfuerzo que les ocasionaba fingir les explotó en la cara. Durante todos y cada uno de los días que llevaban en el colegio habían tenido ideas para completar la misión, pero mientras más pensaban, más se desvanecían las esperanzas de poder conseguirlo.

Después del incidente de Katie Bell con el collar de ópalos, un fallido intento por avanzar en lo que les fue encomendado, Blaise entró a la ecuación.

Zabinni era experto en notar comportamientos específicos pues su madre le había entrenado en el arte de ver más allá de lo que las personas le permitían. Cuando se dio cuenta de que ese par escondía algo mucho más oscuro de lo normal, supo que tenía que actuar rápido.

El formar parte de la casa más soberbia de todas tenía sus beneficios, y venir de una familia Italiana con gustos exquisitos completaba el combo perfecto.

Nunca pensó que el vino que escogió esa noche para ellos terminaría desatando un cúmulo de emociones que no se podrían controlar.

Esa noche, encerrados en un dormitorio de Slytherin se volvió un desastre, porque a puerta cerrada las ideas volaban sin origen ni destino.


–Zabinni, cállate.

–Definitivamente son unos aguafiestas, una visita nocturna no le haría daño a nadie.

–Blaise, te odio.

–Lo sé.

–No entiendo cómo es que estás libre esta mierda.

–Mi madre se ha hecho de buenos contactos ...

–Tu madre se coge a esos buenos contactos Blaise…

–Y luego los mata.

–Touché– los tres rieron.

–Al final nuestras familias están tan llenas de mierda como cualquiera– agregó Theo.

–Habla por ti, mozo.

–Tu estúpido orgullo Malfoy no vale para nada en estos momentos, querido.

–Blaise, deja de hablar como tu madre, es espeluznante.

–Vive con ella y trata de no hablar así, es una locura.

–Esta misión es una locura.

Los tres callaron.

–Odio esto, es una mierda.

–Definitiva y honestamente, no desearía estar en su lugar– Blaise tomó un trago profundo y antes de que cualquiera de los dos hablara –pero tampoco puedo dejarlos cometer esta acción suicida solos.

–No es asunto tuyo, Blaise.

–Te vas a hundir con nosotros si lo haces.

–O puedo evitar que ustedes se hundan.

–Tendrías que renunciar a la zanahoria si te involucras, es del equipo contrario por si no lo recuerdas.

–Soy lo suficientemente estúpido para luchar por ambos.

–Desearía ser tan idiota como tú– soltó Theo, estúpido alcohol.

–Y lo eres, mira que Lovegood…

–Ni se te ocurra Zabinni…

–¡Lunática! –Exclamó Draco.

-No. La. Llames. Lunática –siseó Theo.

–Lu-ná-ti-ca–. Draco era experto en sacar de sus casillas a Theo.

Zabinni rió a carcajadas, su plan iba viento en popa. El par de magos se miraba, Draco sonreía y Theo solo quería golpearlo.

Pero Theo no era de esos, jamás perdería la elegancia con nadie más que con Luna. En cambio, decidió ser la serpiente más venenosa de la habitación.

Theo había tenido ciertas sospechas con respecto a la actitud de Draco a finales del año pasado, y todo se intensificó cuando al regreso las señales llegaron más claras. Theo no tenía la certeza de que era lo que pasaba, pero conocía demasiado a Draco como para intentar un golpe arriesgado. El alcohol de alguna manera hacía que las ideas más descabelladas parecieran incluso posibles.

–Mira tú, que una comadreja y una loca siguen siendo mejor opción, al final del día son sangre pura. Traidoras, pero puras –Theo tomó un trago y suspiró teatralmente –Draco, querido– e imitando el todo de voz de la Sra. Zabinni, preguntó - ¿Sabe tu padre que te lías con una sangre sucia? -.

Draco, bueno, lo único que hizo Draco fue palidecer, sonrojarse y volver a palidecer. Boqueó como pez y al parecer no se dió cuenta que su copa se había hecho pedazos y yacía destrozada en el suelo.

Blaise, que no sabía de qué iba la cosa, se quedó quieto, con la copa a medio camino hacia su boca. Con Theo era mejor irse con cuidado.

–San… sang… –balbuceó Draco.

–San-gre-su-cia –repitió Theo.

Negarlo era ya inútil, porque sabía que estaba perdido y al final del día, no quería hacerlo más. El alcohol tenía la estúpida culpa.

Pasando las manos por su platino cabello, dejándolo fuera de la pulcra forma que siempre adoptaba, suspiró. Mientras Zabinni los miraba de un lado a otro, no sabiendo que movimiento hacer, Theo disfrutaba el éxito de su golpe.

Draco reparó su copa con un simple movimiento de varita, se sirvió un trago y con un hondo suspiro, dijo –Mi padre no se enterará de esto.

–¡Sabelotodo Granger!, ¿en serio?

- ¡Zabinni, cierra la boca!

La noche pasó así, entre vino, verdades y demasiadas discusiones. Entre la segunda y tercera botella, después de que las verdades salieran a la luz, Zabinni comenzó a proponer ideas locas.

Para el final de la cuarta botella, Theo comenzó a dejar que los pensamientos de Luna tomaran el control que tanto le había costado mantener. Odiaba todo de su situación, odiaba a Potter por llevársela a su bando, odiaba la estúpida marca en su antebrazo, odiaba a Luna por ser tan estúpidamente atractiva para él, le odiaba porque no podía odiarle y más que nada odiaba a su padre por ser el imbécil que se dejó capturar en primera instancia.

Había logrado mantener la distancia, porque como lo pensó durante las vacaciones, deseaba salir reluciente para acompañarla a buscar los arrugados cuernos de la criatura que fuera. Al final con una marca que lo condenaba como partidario del Señor Tenebroso, eso le iba a ser muy, pero muy difícil.

"Pero... no imposible..."

Y bajo ese pensamiento, Theodore Nott dirigió su noche hacia Luna Lovegood.

La conocía de sobra para saber en dónde se encontraría esa noche.

A estas alturas Blaise se había esfumado, en busca de la pequeña comadreja, y Draco era una nube ambulante llamada "bajón emocional por alcohol" que había desaparecido hacía unos minutos. Nadie podía decirle que sería una muy mala idea colarse en busca de Luna.

Así fue como un Slytherin con las venas llenas de vino atravesó el castillo buscando a una Ravenclaw que, muy probablemente, no vestía calzado esa noche.


Luna caminaba a orillas del lago negro, enfundada en su saco violeta, con la varita justo detrás de la oreja izquierda como siempre la llevaba.

Había dado tantas vueltas en sus pensamientos, los cuales últimamente rondaban un poco más hacia Theodore Nott que hacia su investigación del blibber maravilloso, que terminó llegando al primer lugar que le recordó a Nott.

Recordó aquella vez en su cumpleaños, meses atrás. Lo recordó también recuperando sus zapatos perdidos los meses siguientes, y mirando hacia sus pies descalzos, se sentió vacía una vez más. Porque los zapatos dejaron de regresar cuando Theo decidió alejarla por completo.

Y Luna se preguntaba "¿Por qué?".

Aunque sabía la respuesta, o al menos creía conocerla.

Theodore Nott era el hijo de uno de los más fieles seguidores de Voldemort. Casualmente ese mortífago había sido capturado en la Batalla del Departamento de Misterios, en la cual ella participó.

Si las sospechas de Hermione con respecto a Draco Malfoy y su comportamiento eran ciertas, esas sospechas podrían actuar para Theodore de la misma manera. Aunque ella esperaba que no fuera así, porque así sí que iba meterse en un buen lío.

Se negaba en rotundo a dejarlo perderse en ese mundo, porque si Theodore Nott era un mortífago, bueno, eso no le hacía quererle menos. Le había conocido por la persona que era, un joven que le entendía, le escuchaba y le comprendía, no por una marca tenebrosa.

Así estaba Luna Lovegood, a orillas del Lago Negro, con el agua hasta los tobillos cuando Theodore Nott se detuvo al borde el bosque que la rodeaba.


Luna se volvió en redondo cuando escuchó a algo acercarse.

Sorpresa, sorpresa…

El algo era un alguien y ese alguien era un Theodore Nott más alto y más delgado de lo que recordaba, porque un verano a esa edad te cambia por completo. Este Theodore Nott caminaba de una manera un poco extraña, como si sus largas piernas se hubieran convertido en gelatina. Además cargaba consigo lo que para sorpresa de Luna, parecían ser varios de sus zapatos.

–Hola.

Fue todo lo que dijo.

Una eternidad después, Luna respondió.

—Hola, Theodore Nott.

Theo hizo una mueca, como si le hubiera saludado con una bofetada.

—No se supone que tengas que llamarme con tanta formalidad.

Había algo en la forma que arrastraba las palabras que a Luna le pareció gracioso. A esa distancia, pudo darse cuenta de muchas cosas, menos del olor a vino que lo envolvía. Sí que notó los hundimientos oscuros bajos sus ojos, el color encendido de sus mejillas, la forma rebelde de su pelo, como si se hubiera peleado con una almohada gigante, y el aspecto relajado que presentaba en ese preciso momento.

Luna lo miró detenidamente un momento, luego a los zapatos que cargaba, y de nuevo a él.

—¿Entonces cómo se supone que debo llam…

Theo la interrumpió.

—Theo, sólo dime Theo… –vaciló por un momento. - Luna, por favor, sólo Theo.

Era la primera vez que se permitía llamarla por su nombre, estaba harto de referirse a ella con tanta formalidad. Ella, sin embrago, seguía en silencio, mirándolo con esos ojos llenos de sorpresa permanente.

—No sé qué está pasando en este preciso momento, Theod...

—Espera, escucha –le interrumpió —antes de que sigas hay algunas cosas que necesito decirte, y si no me dejas hablar a mí primero, probablemente no encuentre el valor necesario para seguir.

Luna se limitó a no moverse, con la misma paciencia que utilizaba cuando trataba de no espantar a los thestrals, y Theo no supo si había cometido un error. Decidió seguir, antes de que pudiera arrepentirse.

—En primer lugar, lo siento.

Seguía arrastrando las palabras, pero Luna hizo caso omiso. —Sé que no tenía ningún derecho a irme como lo he hecho, pero odiaba la idea de que me vieras como el hijo de mi padre. Sé también que peleaste contra él, pero quiero que tú sepas que si por su culpa tú no hubieras regresado como lo hiciste, el no llenaría una celda en Azkaban, porque no quedaría nada de él para encerrar.

Ahora que había comenzado, no iba a poder parar.

¿Qué diantres les había dado Zabinni?

—Estas semanas sin ti han sido una tortura porque yo… –se detuvo, porque no podía decirle en qué se había convertido simplemente. —Porque yo… te extraño Luna, todo el tiempo. Me haces olvidar quién soy, quién es mi padre. Me haces pensar que toda la mierda sobre supremacía de la sangre es una estupidez. Yo solo… –se acercó, ofreciéndole los zapatos —Yo solo necesito cuidar de ti y que me hables del cuerno arrugado de tu padre, porque en verdad quería acompañarte en su búsqueda.

Luna, que trataba de decidir si esto era una broma o si realmente el joven mago se había vuelto una locura, supo que Theo estaba ebrio. Y lo único que pudo hacer fue sonreír, porque era lo que esperaba, era lo que quería. Él le extrañaba, como ella a él. Y no planeaba dejar que se alejara de nuevo.

—Muchas gracias, Theodore Nott –Luna sonrió.

—Theo, solo Theo.

—De acuerdo, solo Theo, gracias.

Theo sonrió como un bobo, mientras dejaba caer las prendas al suelo. En un aleteo de hipogrifo, Theodore Nott abrazó a Luna Lovegood, y oliendo el rastro de mantequilla que probablemente viniera de su collar de corcho, le dijo: —Quiero besarte Luna, y quiero abrazarte justo como ahora estoy haciendo. Pero no será ahora, porque en este momento todo está un poco difuso… Y para todo lo que quiero vivir contigo, yo quiero ... –suspiró —No. Necesito todos mis sentidos.


Draco Malfoy, en lo alto de la torre de Astronomía, no podía decidir entre seguir adelante o tomar una salida más corta, pero no menos difícil.

Para que alguien se quite la vida necesita ser o muy valiente, o todo lo contrario. Y Draco Malfoy se encontraba en un estado que oscilaba constantemente entre los dos casos.

Nunca había tenido tendencias suicidas, pero esta vez las circunstancias le jugaban una mala pasada. Él seguía ahí, solo en lo alto de esa torre. Desesperado.

Voldemort tenía a Narcissa, había convertido su hermoso hogar en un nido de ratas, plagándolo de magia negra y criaturas siniestras. La decadencia de su familia y su propia posición en una guerra que no quería pelear le hacían querer desistir de todo.

Sin embargo, ahí estaba ella. Siempre en una esquina, en un pasillo, en alguna clase compartida… Y ella lo sacaba de aquellos pensamientos.

Pero bueno, Granger le odiaba. Y él también le odiaba.

Todo lo cambió el estúpido beso, y los que siguieron después. Porque no fue sólo una vez que la acorraló en los pasillos, y de esas veces, ella cedió las últimas. Todo antes de la batalla que le cambiaría la vida, antes de que ella corriera detrás de San Potter y la comadreja para intentar salvar el día. Antes de que tuviera que encerrar esos recuerdos en lo más profundo de su mente.

Le odiaba, eso no estaba en duda. Pero ahora, si se preguntaba la razón, no podía decir exactamente el por qué.

¿Le odiaba por ser una sangre sucia?

¿Por ser parte del equipo de San Potter?

O sería el caso de que todo fuera de una muy mala pasada del destino…

En tal caso, el destino tiene maneras muy retorcidas de entretejer las cosas.


A/N: Estoy aquí, tal vez esto ya no sea parte del Fictober 2020, pero tengo la historia planeada para que no se convierta en parte del Fictober 2021, así que a quien sea que lea esta historia en proceso, la paciencia es una virtud. De todos modos, a quien sea que me lea…

¡Muchas gracias! :)