Disclaimer: Los personajes, lugares y hechizos son propiedad de J.K Rowling, a menos de que se especifique lo contrario. No hay retribución monetaria con la traducción y publicación de esta historia.

Traducción autorizada de Hotel por susane en AO3


CAPÍTULO XIV


—Extraño... por todo este tiempo trataste de salvar al pequeño engendro y, ¿ahora quieres matarlo?

Draco se congeló cuando escuchó la arrogante voz que venía detrás de él. Todavía estaba sentado en el frío suelo, su cara estaba empapada de lágrimas, pero cuando Jeremy entró en el baño se levantó en un instante.

La ahora vacía botella de poción abortiva estaba cerca de sus pies.

—Me pregunto qué diría Potter. —el hombre dio un paso más y el saber que no tenía cómo escapar, hizo jadear a Draco.

Sin embargo, antes de que Jeremy pudiera comentar su reacción de pánico, se tragó su miedo y dijo:

—No soy como tú, ni como mi padre.

—Oh, seguro que no lo eres —sonrió con suficiencia Jeremy—. Yo nunca me cogería a ese sucio bastardo mestizo, pero aun así querías hacer daño al bebé, ¿no? Eres tan frío como nosotros, amor, no hay que avergonzarse de admitirlo.

Draco apretó los dientes.

—Es mejor que esté muerto que ser convertido en tu hijo, es la única razón por la que quería hacerlo. Sin embargo, no mataré a un niño inocente como lo harían ustedes dos. —con eso, quiso caminar hacia la salida, pero Jeremy lo atrapó y lo tiró hacia atrás para enfrentarlo.

Su aliento olía a vino fino, pero el siempre presente olor a cigarrillo que tanto llegó a odiar, hizo que Draco frunciera el ceño con asco.

— ¿Crees que te saldrás con la tuya? En menos de dos semanas beberás esa maldita poción y Potter ya no tendrá nada que ver contigo —Jeremy vio un atisbo de miedo en los ojos de Draco y se inclinó sonriendo para susurrarle al oído: —. ¿Te contó tu Sanador que salía con el padre de tu hijo? Debo decir que ustedes dos son muy parecidos, parece que no son tan irremplazables como pensaban.

Los ojos del rubio se abrieron y sintió que su pecho se retorcía en un doloroso calambre. ¿Harry realmente había salido con alguien? Si era así, ¿le ayudará o simplemente se olvidará de él?

—No es... cierto. —fue la única respuesta que pudo dar.

—Oh Draco, piénsalo. Le has rechazado justo después de que se pasara casi un mes y medio saltando por tu precioso hotel, ayudando a tu culo a salir de las deudas, y todo lo que has hecho es escupirle a la cara que le odias. ¿Todavía crees que no encontró a alguien nuevo con quien follar?

Le temblaban las rodillas y le ardían los ojos con una nueva ola de lágrimas. De repente fue empujado contra la pared tan fuerte, que perdió la visión por un segundo. Jeremy le sonreía y Draco se dio cuenta de que su bata se había abierto, mostrando su vientre ligeramente sobresaliente.

Jeremy puso su mano sobre la piel sensible y Draco tuvo que luchar contra el impulso de darle un puñetazo por tocarle así.

— ¿Sabes? —empezó— Todo lo que hace falta es que me dejes entrar en tu vida de nuevo, sé que no éramos la... pareja perfecta, pero... —movió su mano aún más abajo rozando el dobladillo de la sedosa ropa interior negra de Draco— Me aseguraré de hacerte olvidar todo esto. Podemos criar a nuestros hijos juntos, hacerlos felices. Nuestras líneas permanecerán puras y tu padre será feliz también, como todos los que nos rodean.

Draco cerró los ojos, la mano estaba ahora acariciando su parte superior. Cuando apareció en su mente una imagen de ellos como familia, quiso gritar. Jeremy nunca cambiaría y su padre tampoco, a menos que buscara ayuda profesional.

Con Jeremy podían fingir felicidad y jurar a sus hijos que se amaban, pero Draco no quería más mentiras. Ya había mentido bastante en su vida.

Levantó la vista y puso una titubeante mano en la mejilla de Jeremy.

— ¿Quieres decir que...?

El otro hombre formó la más falsa sonrisa que Draco haya visto jamás y se inclinó hacia adelante para rozar su nariz contra la del otro.

—Serías mi feliz esposo, el más feliz de todos los esposos. Serías rico, puro y respetado...

— ¿Haciendo feliz a mi padre?

—Haciendo a tu padre feliz y a cada sangre pura volverse verde de la envidia con sólo verte.

Draco miró hacia abajo. Jeremy llevaba una simple pero cara bata negra hecha a medida. Abrazaba su amplio pecho y sus brazos, pero estaba abierta al frente, revelando su camiseta blanca de algodón y sus pantalones azul oscuro donde en uno de sus bolsillos guardaba su varita. Le faltaba el cinturón.

Bastardo predecible, se dijo Draco.

Enfrentando al hombre una vez más, se puso de puntitas casi tocando los labios del otro, su mano bajó y sonrió cuando escuchó un suave jadeo de Jeremy mientras apretaba suavemente su miembro semi-duro, escondido detrás de la fina capa de tela.

— ¿Puedo?

Su voz era ronca y sonaba ligeramente lujuriosa. Jeremy no pudo evitar un pequeño movimiento de sus labios cuando el rubio se arrodilló, deshaciendo su cremallera.


Harry se apresuró a pasar por el Departamento de Aurores. Una pequeña gota de sudor bajaba por su frente al entrar en la oficina del Jefe Auror. Hace mucho tiempo este lugar fue ocupado por Shackebolt, pero desde que el hombre subió al cargo de Ministro, su lugar lo ocupaba una mujer mucho más joven, Katie Bell.

Hermione había dicho una vez: "Katie no lastimaría ni a una mosca", pero cuando se trataba de habilidades de organización y de "dar órdenes", ella era la mejor. Como Auror Jefe hacía más trabajo de papeleo que luchando en el campo, pero había pasado por más que unos pocos momentos difíciles durante su carrera.

Ella estaba rellenando algunos informes cuando Harry irrumpió en su oficina. Un frasco de tinta cayó por su mesa de trabajo y una pequeña maldición se abrió por entre sus dientes. Sonrió, sin embargo, cuando vio quién venía a estas horas de la tarde.

— ¡Tenemos que ayudar a Draco, Katie!

—Dios mío Harry, ¿qué...?

—Draco, Draco Malfoy, me lo encontré en San Mungo y me dijo que Lucius los tenía de rehenes y... su madre-

—Oye, Katie, esos idiotas de- —Ron irrumpió por la puerta abierta y olvidó lo que iba a decir al ver la expresión de su amigo.

—Chicos, chicos, uno por uno —Katie intentó no perder la paciencia—. Harry por favor, habla.

Harry tragó y cerró los ojos.

— ¿Recuerdas que te dije que había algo raro con los Malfoy?

—Hm —Katie asintió. Harry había estado, literalmente, obsesionado por la familia durante más de un mes, pero todas sus peticiones de inspeccionar el lugar o interrogar a Draco o Lucius fueron denegadas. Ella siempre tenía que explicarle que no podía empezar una misión sin una buena razón; los oficiales del Ministerio se la comerían viva.

—Al parecer, Lucius Malfoy está obligando a su esposa a quedarse en casa y la está usando para... para manipular a su hijo.

Ron frunció el ceño.

— ¿Viste a Draco?

Harry asintió con la cabeza y se apoyó en un gabinete, toda la situación arremolinándose en su interior. Estaba asustado y nervioso por haber perdido tanto tiempo.

—Sí, lo hice. Me pidió que lo ayudara y cuando... justo cuando lo hizo, Jeremy vino y Draco actuó como si me odiara de nuevo.

Katie se lo pensó bien; la última vez que había visto al rubio fue en su juicio, pero el recuerdo de la forma de ser del chico en Hogwarts, la hizo preocuparse.

— ¿Cómo sabes que no está... mintiendo?

—Harry, ¿y si se burló de ti o algo así? Si enviamos a los Aurores allí y Lucius es inocente, perderás tu puesto, sin mencionar que Katie tendría que enfrentarse a Wizengamot.

Hubo un momento de silencio cuando Harry buscó algo en su bolsillo. Cuando finalmente mostró un pequeño papel, sus manos temblaban y parecía estar impaciente.

—Toma. —le dio el papel a Katie, provocando que, al leerlo, sus ojos se abrieran de par en par.

— ¿Él está...?

—Embarazado —terminó Harry—. Lleva casi tres meses y cuando Mark... bueno, el Sanador Smith, me hizo unas pruebas, me aseguró que el bebé es mío.

Ron se quedó sin palabras, él también había leído el pergamino y tuvo que apoyarse en la pared para tener un soporte.

—Pe-pero, ¿habían acordado ustedes dos... eh, quedar embarazados?

—Harry, no es tan fácil embarazar a un hombre, tienes que beber la poción de fertilidad, sin mencionar que tu magia tiene que estar perfectamente estabilizada. Algunas parejas tienen que intentarlo por muchos meses.

Harry sabía que harían muchas preguntas, él también estaba sorprendido de lo fácil que embarazó a Draco.

—Draco es un sangre pura, es más fácil para él. Además, en el tiempo en que nosotros… eh... lo hicimos, todo parecía perfecto para que nuestra magia estuviera... normalizada y estable, pues nos sentíamos aliviados después de todos esos problemas con las deudas del hotel y eso. Fue como vivir un sueño...

— ¿Qué hay de la poción? —Katie le dio una mirada curiosa.

— ¿Por qué la beberían ustedes dos, sin ni siquiera tener un buen tiempo de relación? —Ron sonaba casi enfermo, pero Harry sabía que era demasiado para él. Su prejuicio sobre Draco podía no ser tan sobresaliente, pero aún estaba ahí... además, ¡su mejor amigo iba a ser un maldito padre!

Harry asintió con la cabeza a sus dos amigos y comenzó:

—En primer lugar, ninguno de nosotros sabía que bebimos la poción. Unos meses atrás, o para ser exactos tres meses y dos semanas más o menos, Jeremy fue a hablar con Draco. Quería que volviera a estar con él y afirmó que le ayudaría a salir de sus deudas si se casaban.

«Draco se negó —el recuerdo trajo una leve sonrisa a su rostro—. Cuando Jeremy se fue, ambos bebimos de una botella de vino que él trajo. Estoy más que seguro de que Jeremy quería obligar a Draco a beber, sólo para dejarlo preñado. Sabía que Draco nunca mataría a un niño, a una vida inocente dentro de él sin importar quién fuera el padre.

Ambos Aurores escucharon atentamente y sus ojos sólo se abrieron con terror cuando escucharon lo que Jeremy quería hacer.

—Harry —dijo Katie cuando el hombre terminó su historia y se quedó en silencio—, ¿cómo te sientes con todo el asunto de "voy a ser padre"?

Harry sólo sonrió con tristeza.

—Yo... siempre quise una familia —se detuvo a rascarse detrás de la oreja, pensando en cómo decir en voz alta todo lo que sentía—. Antes pensaba que… el hecho de ser, ya sabes, de orientación diferente no me dejaría tenerla. Aun así, si alguien me hubiera dicho que iba a embarazar a un hombre después de dos semanas de relación, lo hubiera enviado a San Mungo de inmediato —él miró ahora directamente a los ojos de Katie—. Pero me enamoré de él y sabiendo que está allí con el bastardo… sabiendo que podrían envenenarlo o herirlo sólo para que aborte…

Su voz se quebró. Durante dos meses había sentido ira hacia Draco. Sedujo a Mark sólo para tener con quien follar, alguien que se pareciera bastante a Draco.

Y ahora enterarse de que durante esos dos meses el hombre al que tanto amaba, estaba embarazado de su bebé, le hacía sentirse enfermo de sí mismo, enfadado con Lucius y Jeremy y asustado por Draco.

Él quería decir más, pero Katie lo tomó del brazo.

—Harry... Aún no estoy perfectamente segura de que sea verdad y... no quiero poner en riesgo nuestro departamento —se acercó a su escritorio, abriendo un cajón—. Pero —le dio una cálida sonrisa mientras sostenía una carpeta con la etiqueta "Mansión Malfoy"— no soy una persona sin corazón. Si resulta ser una trampa, sin embargo —su voz se volvió seria—, el departamento de Aurores no se hará responsable y te enfrentarás al Wizengamot por tu cuenta, ¿entendido?

Harry tragó duro. No porque no creyera en las palabras de Draco, sino porque la mirada de Katie le daba escalofríos, pero al mismo tiempo esperanza.

—Estas son las guardas que custodian la Mansión Malfoy y notas de cómo evitarlas. Deben ser usadas sólo en situaciones necesarias. Guardamos la información de cada mortífago hasta cinco años después de sus audiencias, así que... —le entregó la carpeta a Harry— Úsalos sabiamente para entrar. Si es cierto lo que dices, tendrá algunas guardas extra que romper y sólo tendrás un tiempo limitado hasta que estas se den cuenta de que hay alguien dentro.

—Para que lo sepas —Ron se acercó a él y se llevó los documentos para leerlos también—, si me despiden, nos apoyarás con el oro los Black.

Esto hizo que el otro hombre se animara y sonriera.

—Gracias, amigo.

Ambos hombres miraron a través de los pabellones de Malfoy durante mucho tiempo después de eso. Sólo tenían una oportunidad para hacerlo y ninguno quería enfrentarse al Wizengamot.

Hermione llegó no más de cinco minutos después de que le enviaran una carta, diciéndole lo que estaba pasando. Parecía horrorizada. Cierto era sobre todo porque estaban poniendo en peligro no sólo a ellos mismos, sino también a su buen nombre y a sus portadores.

—Harry, te juro por Merlín, que, si te está jodiendo, castraré a Malfoy y a Jeremy —la voz calmada y firme de la mujer, junto con la maldición, hizo que ambos tragaran saliva y que Ron incluso jadeara cuando ella añadió: —. Y me aseguraré de que ustedes dos tengan el mismo destino. —sonrió.

— ¿Por qué yo también? —gritó Ron, intentado abrazar a su prometida.

Harry se rio, pero mientras se abrochaba la chaqueta, se volvió a poner serio.

—Gracias por ayudarme, chicos.


Los fríos muros de piedra que vio hace tantos años eran ahora muy diferentes. Pero aún le recordaban la tortura y la desesperación que tuvieron que soportar cuando los mortífagos capturaron a Harry y sus amigos. Demonios, casi podía sentir su cara encogiéndose en una mueca recordando la monstruosidad de la que Hermione fue víctima.

Trato de sonreír al recordar que Draco era quien les había salvado esa ocasión, al no entregarles cuando obviamente les había reconocido.

La mansión parecía casi acogedora, pero el hecho de que Lucius mantuviera a su familia aquí bajo control como animales, era frustrante. Aun así, el pasillo por el que caminaba con Ron mientras Hermione esperaba fuera de la mansión, parecía asombroso. Ricas cortinas colgaban de los soportes de oro. Cuadros pintados de varios colores decoraban las paredes dejándoles sin palabras, ya fuera un paisaje o un retrato. La alfombra estaba hecha de materiales tan suaves, que amortiguaban sus pasos haciéndoles sentir como si estuvieran caminando sobre las nubes. Harry imaginó lo que era crecer allí, estar rodeado de lujo.

Aunque a Harry le encantaría admirar un poco más el antiguo edificio, tuvo que seguir adelante con Ron, quien estaba bajo la capa invisible a su lado.

Según Hermione, tenían un máximo de veinte minutos antes de que las guardas detectaran su presencia. Si no aparecían hasta entonces, ella enviaría ayuda. Estuvieron vagando por los grandes pasillos y corredores como este durante casi diez minutos, cuando oyeron un jadeo silencioso.

Narcissa Malfoy estaba de pie en medio de un gran salón cuando Harry abrió las enormes puertas de madera.

— ¿Quién está ahí? ¡Muéstrate!

Su voz era temblorosa, pero lo suficientemente fuerte como para alarmarlos. Ron quiso lanzar un Silencio, pero Harry le cogió la mano. La capa cayó al suelo y la mujer rubia sólo pudo abrir los ojos con sorpresa.

— ¿Harry Potter?

El insoportable silencio posterior le hizo pensar a Harry si había hecho algo bueno revelándose. Era el momento que revelaría si Draco mentía o decía la verdad.

Y entonces sus tensos hombros cayeron y ella... sonrió.

— ¿Viniste a ayudarnos?

—Sí, señora Malfoy. —él le devolvió la sonrisa. Parecía que quería abrazarlo, pero la realidad volvió rápidamente a ella y frunció un poco el ceño.

—Harry, tienes que ir por Draco. Jeremy fue a su habitación... han estado ahí por mucho tiempo.

La ira se reflejó en los ojos de Harry, pero rápidamente la sujetó del brazo en un gesto tranquilizador.

—No se preocupe, señora Malfoy, mis amigos también están ayudando, no vamos a dejar que esta oportunidad se desperdicie.

De repente escucharon pasos rápidos acercándose a la sala y la mujer rubia comenzó a temblar.

—Es Lucius, las guardas revelarán a todo el mundo después de unos veinte minutos. Tienes que ser rápido, sube las escaleras —señaló las puertas opuestas, las cuales se abrieron y revelaron una amplia escalera de piedra—. La habitación de Draco es la segunda a la derecha.

Harry y Ron no perdieron el tiempo y corrieron rápido hacia el piso de arriba.

Cuando entraron por dichas puertas, se congelaron. Draco temblaba violentamente, susurrándose algo incoherente a sí mismo mientras se mecía de un lado a otro.

Harry no hizo ningún ruido cuando intentó acercarse al rubio y se dio cuenta de su murmullo.

—Estúpido... estúpido. Se pondrá furioso. Lo matará. La matará... —su voz estaba llena de miedo, y justo cuando Harry se inclinó para mostrarse, se dio cuenta de que Draco se estaba abrazando la barriga.

— ¿Draco?

El hombre casi lo derribó cuando se inclinó. Cuando Draco lo vio, literalmente saltó a su pecho.

— ¿Draco qué...?

—Je-Jeremy trató de... seducirme, así que yo... fingí... fingí que... lo quería y robé su varita y... él está en el baño.

—Draco...

—Harry, padre se enfadará tanto que me hará beber la... la poción antes... —Draco se puso a llorar y a sollozar, así que Harry le sujetó los hombros con firmeza.

—Draco, por favor, tienes que calmarte...

Ron salió del baño.

—Este cabrón lo ha dejado bien inconsciente, Harry. Buen trabajo, Draco.

Ron le dio a Draco una sonrisa maliciosa, Harry puso los ojos en blanco y volvió a hablar con el rubio.

—Draco, no tenemos mucho tiempo. Estamos aquí para ayudarte y tenemos que sacarte de aquí.

Draco lo miró y por primera vez en esos meses, Harry sintió que su corazón saltaba. Los ojos grises se veían tan desgastados... tan agotados. No podía pensar en lo frustrante que debió haber sido soportar todos esos meses con un hombre que trató de deshacerse de su propio nieto y vendió a su único hijo -sólo por el bien de una línea de sangre pura-, a un bastardo que claramente lo quería para... un propósito representativo y para calentar su cama, nada más.

Y Harry se sintió como una mierda. Debería haber sabido que algo andaba mal. Toda esa actuación y fingimiento hizo que Harry no viera la realidad. No, lo único que hizo fue entrar en un rincón oscuro, lamiendo sus heridas como un perro mientras encontraba a alguien con quien follar...

— ¡Harry! —Ron le dio un empujón no tan suave— Debemos ponernos en marcha.

El moreno hizo un asentimiento y tomó a Draco en sus brazos.

—Te sacaremos y volveremos a por tu madre.

— ¿Y si él le hace daño a...?

Harry se estremeció al oírle tan asustado.

Quiso decir algo más. Quiso decir que todo estaría bien cuando Draco le clavó las uñas en el hombro con fuerza, mirando con horror hacia la puerta.


Lucius cubrió su ira con una amplia sonrisa. Mostrando sus blancos dientes, miró a su hijo quien estaba envuelto en los brazos de Potter, usando una bata de seda que le había comprado para que fuera más atractivo para su legítimo esposo. También vio al imbécil pelirrojo Weasley, parado a la entrada del baño, pero sabía que no haría muchos problemas. Con ese pensamiento, apretó el abrazo en su esposa y le clavó su varita en su delicado cuello.

— ¿Querías tener una reunión familiar sin tu padre, Draco?

— ¿Padre? —le gustaba la voz temblorosa de su hijo, aunque no pudiera evitar enojarse por lo desagradecido que resultaba Draco al no comprender que Lucius quería proteger su perfecta línea de sangre familiar.

Harry soltó a Draco y en su lugar buscó su varita.

—Es mejor que te quedes bien quieto con tus sucias manos en alto, Potter, junto con tu amigo de allí. —no se rebajó en mirar a ese traidor de la sangre.

—Los Aurores llegarán pronto, Lucius. —dijo Harry.

Narcisa gimoteó cuando Lucius la apretó con fuerza.

—Qué bonito, Potter. Ya que tenemos tan poco tiempo, deberíamos jugar un pequeño juego, ¿no crees, Draco?

Las palabras de su padre hicieron que Draco se atemorizara aún más. Miró a su madre, su cara pálida, afligida mientras se retorcía en los brazos de su antiguo ser querido. El hombre con el que se casó fue olvidado, como si Voldemort se hubiera llevado su cordura a la tumba.

Draco tragó saliva y miró a su padre.

— ¿Qué quieres decir?

Lucius de repente convocó un pequeño libro, Pociones para sexto año, y un frasco demasiado familiar. El hombre lanzó la poción genética a Draco, quien la tomó con manos temblorosas esperando que su padre no hiciera lo que él creía que haría.

—Severus dejó un gran tesoro atrás. Hay tantas maldiciones, Draco. Potter puede dar testimonio de eso, ¿no?

Ron frunció el ceño y le miró con asco.

—Ya sabes lo que ese tesoro le hizo a tu hijo, Malfoy.

—Exactamente —él acarició ligeramente la mejilla de la mujer—. Me aseguraré de que Cissa no sólo muera, sino que sufra si mi hijo no hace lo correcto.

Harry miró a Draco con preocupación.

— ¿Qué es eso?

— ¡Nada por lo que debas preocuparte, mestizo! —gritó Lucius, unas cuantas hebras de pelo plateado cayendo en su cara. El gemido de su esposa le hizo cerrar los ojos mientras respiraba profundamente— Pero ya que pareces ser tan curioso... es una poción que cambia la información genética —Lucius miró fijamente a Draco—. Al menos algunos de nosotros permaneceremos puros. También Jeremy se convertirá en un miembro legítimo de nuestra familia.

—Lucius, por favor —suplicó Narcissa en voz baja—. Es tu hijo.

La luz roja destelló desde la punta de su propia varita y pasó por encima del cuerpo de la mujer. Un grito petrificante resonó en la habitación. Lucius tuvo que sujetarla por los brazos ya que su hechizo fue casi suficiente para que se liberara.

El Crucio no duró mucho tiempo. Sólo un segundo, tal vez menos, pero dejó a Narcissa temblando, con lágrimas en sus pálidas mejillas.

Draco gritó desesperado, pero cuando su padre volvió a apuntarle la varita al cuello, se detuvo.

— ¡Bébela!

— ¡Es demasiado pronto! ¡Puede morir, psicópata! —gritó Draco, con la voz quebrada.

— ¡Vamos a arriesgarnos! ¡Bébela!

Draco echó un vistazo rápido a Harry. Este tenía los ojos muy abiertos, dándole la apariencia de un niño asustado.

Escuchó un suave "no" de su madre mientras abría la botella. Justo cuando un pequeño rastro de vapor blanco y espeso empezaba a escapar de la botella, Draco pensó en algo muy loco, pero sorprendentemente muy realizable.

Cuando su mirada se posó en Narcissa, supo que ella tenía la misma idea, o sea, una locura. Ella era, después de todo, igual de buena en pociones como lo era él, o como solía ser, antes de que empezara el Hotel.

Tuvo que luchar contra el impulso de sonreír mientras fingía acercar la botella hasta sus labios. Cuando la punta tocó su piel, al mismo tiempo que Narcissa pisoteaba fuertemente un pie de Lucius, Draco lanzó la botella tan rápido como pudo contra el suelo.

Se hizo pedazos, pero el líquido no se extendió sobre el piso de madera, o tal vez sí, de cualquier manera, ninguno de ellos pudo verlo ya que un humo espeso nublaba sus ojos.

La poción genética era así. Una vez que sale de la botella, de cara al aire crea una niebla que hace imposible ver a través de ella.

Sólo tardó unos segundos en despejarse, pero aun así fue suficiente para que Narcissa se liberara del firme agarre del hombre. Cuando Harry y Ron oyeron un chasquido familiar, supieron que Hermione había mandado un grupo de Aurores a ayudarles.

Harry no llevaba mucho tiempo siendo Auror. A veces cometía errores, cuando se trataba de tomar la decisión correcta sobre en quién confiar, o cómo encontrar al criminal o encontrar el propósito detrás de un delito en particular.

Pero era bueno cuando se trataba de evaluar situaciones.

Antes de que Lucius apuntara su varita casi imprecisamente y lanzara una maldición, Harry corrió hacia Draco para protegerlo con su cuerpo.

Todos se congelaron, nadie respiró, nadie se atrevió a moverse o hablar o jadear o gritar o preguntar.

Un simple, pero oscuro y mortal hechizo había salido de la boca de Lucius y fue lo último que Harry escuchó antes de que su visión se volviera borrosa por el agudo y penetrante dolor.

—Sectumsempra.


...


Nota:

El infame maleficio "Sectumsempra" hace aparición de nuevo. Junten las manitas y rueguen porque todo salga bien.