Capítulo 11: El Escándalo

La noche avanzó lentamente y Sesshomaru se encontraba acompañado de la señorita Kagura que intentaba por todos los medios de congraciarse con él, pero el hombre lucía distraído con ella y algo alterado. Muchos le preguntaron por su prometida y no pudo responder, sí había visto que salía con Inuyasha y eso más agitado lo tenía. Apretaba los dientes de la impotencia y la rabia. Si no fuera por orgullo, iría tras sus pasos, pero no lo hizo y se reprimió a duras penas. Sin embargo, el corazón latía violentamente y sentía el malestar que se apoderaba de su cuerpo y mente. Bebió un poco más de vino intentando por todos los medios controlarse. Esta vez, le estaba resultando muy difícil de hacerlo.

En algún momento la madre de Kagome también preguntó por ella. Pero nadie le pudo informar. Avergonzada por el proceder de su hija se lo contó a su esposo y éste se preocupó. Lord Taisho estaba cerca por lo tanto él se enteró y su preocupación aumentó cuando se dio cuenta que Inuyasha tampoco estaba en la fiesta.

Discretamente los buscaron en el salón y en las afueras, pero no lograron dar con ellos. Sesshomaru tragaba fuerte y se mantenía nervioso, su ansiedad aumentó. Él sólo había ido a esa recepción por ella, pero apenas la había visto. Y esa muchacha lo confundía enormemente. Cuando creía todo perdido se había acercado a él y habían bailado como verdaderos prometidos, ella le había pedido disculpas y él había estado a punto de… de decir algo comprometedor. Y luego ella se fue con su hermano y no se despegó de él para luego desaparecer. La verdad, estaba harto de la situación, harto de sentirse humillado y despreciado de esa manera.

Una mujer rechoncha y parlanchina que era huésped en el hotel y que esperaba su carruaje afuera de este vio a los Higurashi y Taisho preguntando por los jóvenes. Ella les dijo que hacía un rato los había visto entrar al hotel. Su rostro de malicia no pasó desapercibido para el resto. Ginta masculló que la azotaría por cometer semejante imprudencia creyendo que su hija sólo se había ido con el joven Taisho a algún lugar para conversar o incluso a hacer alguna travesura, como algunas veces sucedía. El mayor de los Taisho los siguió de lejos. Contra su voluntad lo hizo, sabiendo que se estaba denigrando por buscarla cuando a todas luces esa muchacha no quería saber de ellos.

Recorrieron el salón y la terraza, el comedor, los jardines y no los encontraron. Sesshomaru se mantuvo de pie en el pasillo, impasible, como una estatua en apariencia, pero hervía por dentro de rabia y desazón ¿Qué pretendían? ¿por qué ella se comportaba de manera tan imprudente? ¿tan maleducada era?

Lord Taisho tenía un mal presentimiento. Por algo había intentado que Sesshomaru viniera con él esta vez a la fiesta, por algo deseaba que Inuyasha se quedara un tanto en la capital. Él sabía. Y no quería creer. Angustiado se acercó a la habitación de Inuyasha y abrió la puerta. Se quedó mudo cuando vio que la joven estaba sentada en una cama deshecha e Inuyasha a su lado, de pie, con la camisa semi abierta y su chaqueta en el suelo.

La muchacha se puso lentamente de pie y lo miró horrorizada. En ese momento, Sesshomaru se acercó al ver a su padre de pie en el umbral de la puerta. Y los vio a ambos. La miró a ella que abrió inmensamente sus ojos y parecía sorprendida y luego bajar la vista, terriblemente avergonzada. En la boca de Sesshomaru se formó una mueca de desagrado, amarga, sin creer lo que estaba viendo. Luego sus ojos se dirigieron hacia Inuyasha, quien lo miró desafiante y luego esbozó una sonrisa burlona.

- Hijo…. Inuyasha…- Masculló Lord Taisho - ¡Qué hiciste!

Sesshomaru volvió su mirada consternada hacia Kagome, que lo miró apenas con infinito dolor. En ese momento, ella sintió como su corazón se destrozaba, los ojos del teniente Taisho se afilaron en su mirada demostrando consternación y horror, su rostro de tensó tanto que las venas del cuello y la frente sobresalieron, parecía a punto de explotar, pero no dijo nada y ella no supo, si era peor o mejor, dadas las circunstancias.

Lord Taisho había ido hacia Inuyasha y lo abofeteó. Kagome pegó un brinco y en ese momento llegaron sus padres quienes observaron la escena y Naomi casi se desmayó. Ginta tomó a Kagome del brazo y la arrastró de la habitación y ella alzó la mirada al que era su prometido, el cual la miró con desilusión.

- ¡Inuyasha! ¡Qué hiciste! ¡Qué hiciste! - Gritaba Lord Taisho demandando una respuesta, casi fuera de control, mientras el muchacho lo miraba con aprehensión con una mano en la mejilla adolorida del golpe que su propio padre le había propinado. Sus ojos se dirigieron a Sesshomaru, que aún permanecía de pie, tan impecable en su traje, tan aparentemente tranquilo casi como una estatua, con la mirada perdida en la cama deshecha, entonces supo que había triunfado y sonrió, luego miró a su padre.

- ¡Nos amamos! Lo sabes padre, te lo dije el año pasado y no quisiste que fuera su prometido, preferiste que fuera ese- Masculló con desdén, apuntándolo con la barbilla a su medio hermano mayor que pareció de pronto darse cuenta de la situación, lo miró asombrado por lo que revelaba. Inuyasha alzó más la barbilla, desafiante- Sí, se la pedí a mi padre, antes, porque yo la conocía y sabía que era correspondido, tu ni siquiera la conoces ¿Qué te puede importar? Tendrás el título, el castillo, todo por ser el mayor- Alzó una ceja y sonrió burlón- Al menos Kagome es mía ahora.

Sus palabras estaban llenas de veneno, Sesshomaru no lo pudo soportar más y se abalanzó sobre él. Pelearon fieramente, cayeron al suelo, rompieron jarrones y el escándalo fue enorme. Todo mundo se enteró de lo que sucedía, estaban consternados, horrorizados, el menor de los Taisho sorprendido en su habitación con la prometida de su hermano, y ahora estaban peleando, mientras el Lord intentaba separarlos, pero la furia de ambos hermanos era terrible, tanto Inuyasha como Sesshomaru se golpeaban sin parar. En un instante el mayor por ser más alto y experto quedó encima de Inuyasha y lo golpeó repetidas veces en el rostro con sus puños, desataba su furia, la rabia contenida por la humillación y el dolor que la situación le provocaba. Vio la sangre salir de los labios y de la nariz de su hermano y aun así siguió golpeándolo. Sintió a su padre a su espalda, intentando levantarlo, detenerlo, pero su fuerza no se comparaba con la suya. Sesshomaru apretaba los labios con fuerza y al ver ya medio inconsciente a su hermano dio un bramido y luego gimió, dejando de golpearlo. Escuchaba a su padre a su lado hablar, decirle algo, intentando levantarlo, pero no podía, no comprendía ni lo escuchaba. De pronto se puso de pie y salió de allí, a medio camino se quitó la chaqueta y la lanzó al suelo, todos lo vieron consternados y Sesshomaru salió a paso rápido de allí llegando a la calle y montándose en un caballo.

Pensaron que iría a casa de los Higurashi, pero él tomó un camino diferente, se perdió en la oscuridad de la noche en dirección al mar.

Kagome no entendía como había aceptado una treta como esa, o sea, nunca imaginó que ese era el plan de Inuyasha. No sabía por qué había cedido. Estaba tan feliz de que él le correspondiera, estaba en éxtasis cuando él la besó, que sólo quería estar con él por siempre. Y se dejó arrastrar por Inuyasha hasta que comprendió la situación.

- Estaremos aquí. Nos buscarán. Y cuando nos encuentren, pensarán que… hemos dormido juntos. – Ella lo miró horrorizada - Y entonces el compromiso se romperá – Intentó él aliviarla cuando la vio mirarlo pasmada- Y tendrás que casarte conmigo- Él se había acercado a ella y la tomó de los brazos- Sólo así estaremos juntos, Kagome.

Ella tenía miedo, pero asintió, era fácil en ese momento dejarse llevar, el alcohol había nublado su mente y la razón y había aceptado aquel peligroso plan.

Recordó la mirada que le dio el teniente Taisho. La miró con dolor, con horror y aun así no dijo nada y eso a ella le rompió el corazón. No quería que fuera así, es decir, no quería que la mirara así, con consternación, horror y finalmente desilusión ¿acaso sentía él algo por ella por mirarla de esa forma? Pero si ese hombre no sentía nada por el compromiso ¿por qué la miró así?

Su padre la abofeteó cuando llegaron a la casa y ella bien sabía que era lo menos que podría hacer con ella ¿qué le iba a decir? ¿que era mentira? Debía, ahora que todo estaba hecho, seguir con la farsa. Su madre la insultó y la dejó encerrada en la habitación. Kagome podía escuchar sus sollozos casi histéricos desde donde estaba. Todo era horrible, era el infierno, pensó, llena de arrepentimiento y horror. Pero no podía hacer nada, lo hecho, hecho estaba. No podía decir que no había compartido el lecho con Inuyasha porque la idea era que el compromiso con su hermano mayor se rompiera.

Y había sido de la peor manera. Sin embargo, el honor dictaba ahora, que ella debía casarse con Inuyasha, inevitablemente. Lo que siempre soñó, deseó, se presentaba ante ella bajo acontecimientos horribles y retorcidos que la abrumaban hasta hacerla temblar del miedo y el arrepentimiento.

No debió ser así. No debió ser así. No debió ser así.

Gotitas de sudor aparecieron en su frente, se le revolvió el estómago y menos mal había una vasija cerca porque de pronto sintió horribles náuseas y vomitó todo lo que había bebido.

El escándalo en el pueblo fue de proporciones. Todo mundo se enteró. Todos estaban consternados y casi nadie durmió aquella noche. Lord Taisho esperó a su hijo mayor con preocupación y profundo dolor. Sesshomaru había desaparecido. Conocía a su hijo, pero no sabía lo mucho que lo afectaría el engaño de su hermano y la que hasta ese entonces era su prometida. Recordaba lo desbordado que estaba, como un animal herido encima de Inuyasha golpeándolo hasta que se cansó, el bramido que salió de su pecho lleno de dolor y que nunca olvidaría.

Nunca lo había visto así.

Y estaba muy preocupado.

Por la mañana, Sesshomaru apareció en casa de los Higurashi. Venía con el cabello desordenado, la camisa blanca de gala entreabierta y manchada de sangre de Inuyasha, la ropa arrugada y desprolija, bajo sus ojos, una sombra negra que nunca habían visto antes, sus nudillos en sus manos heridos de tanto golpear.

- Necesito hablar con la señorita Higurashi. - Les dijo, con su voz profunda, varonil, pero seca.

- ¡Oh! ¡Teniente Taisho! - Sollozó Naomi acercándose a él queriendo casi arrodillarse, pero él la apartó y vio al padre de la muchacha observándolo con dolor.

- Déjeme verla. Necesito hablar con ella- Ordenó esta vez Sesshomaru, casi siniestro. La voz retumbó en la sala.

Ginta apretó los labios y luego de meditarlo, envió a una criada por Kagome. Su hija debía explicar y él haría que lo hiciera. Que enfrentara las cosas.

Kagome no había dormido. Estaba sobre la cama cansada de llorar y con un fuerte sentimiento de arrepentimiento por la situación, vergüenza, dolor, pero a la vez felicidad, porque ¿ya podía estar tranquila junto a Inuyasha? Cerraba los ojos cansada, pero todo lo que veía era el rostro de desilusión y horror de ese hombre. Como una estatua de pie, conteniéndose, sin decirle nada.

- Señorita- La crida entró a su habitación, ella ni siquiera la miró- Su padre dice que baje.

- No quiero- Murmuró.

- Creo que debe hacerlo, señorita, es importante.

Aún le dolía la bofetada que le había dado en la mejilla, la tocó con la punta de los dedos y le dolió. Apretando los labios se puso lentamente de pie, el cuerpo había estado tenso en todo momento, ahora estaba casi acalambrado. La doncella la ayudó a prepararse rápidamente. Fue discreta en el vestuario. Y su peinado sólo era una coleta que envolvió la mujer y pegó a la nuca con pasadores. Nada más. Kagome antes de salir vio el broche de mariposa que estaba en la mesita de noche y suspiró. Lo tomó y se lo puso en el pecho, era como si Inuyasha estuviera a su lado, le daría valor.

La doncella la guio hasta el salón de visitas, ella entró con la mirada baja y cruzando las manos por delante. Cerraron la puerta a su espalda y entonces alzó la vista.

Su corazón se desbocó y palideció al instante.

Sesshomaru estaba junto a la ventana, de espalda a ella, mirando hacia afuera. Su largo y bien cuidado cabello estaba suelto, desordenado, no portaba chaqueta, estaba con su camisa, la de fiesta, arrugada y abierta del cuello, manchada de sangre. Él volteó lentamente y la miró con profundo rencor.

- ¿Por qué?

La palidez de Kagome cambió súbitamente al escuchar su pregunta y él clavó su mirada herida en ella. Entreabrió los labios, desvió la mirada avergonzada, los ojos se llenaron de lágrimas, luego meneó con la cabeza, pensando, en que debía seguir con la mentira, si quería estar con Inuyasha.

- Lo… lo siento. - Murmuró, sin mirarlo.

No dijo nada más, tenía un nudo doloroso que le impedía hablarle y la vergüenza unido al remordimiento le impedía siquiera mirarlo.

- ¿Es todo lo que va a decir, señorita Higurashi? - Preguntó burlón, recalcando las últimas palabras. Ella enrojeció más, avergonzada, entendió por qué las decía. Cerró los ojos y apretó los labios. - Si quería deshacer el compromiso, podría haber ideado otra cosa…- Murmuró Sesshomaru con desprecio. La vio agachar aún más la cabeza- Pero ya veo que era tanta su desesperación por romper nuestro compromiso, que no le importó arruinar su reputación.

Kagome volvió a tragar y las lágrimas cayeron silenciosas de sus ojos, alzó finalmente el rostro y apretó los labios, lo miró con dolor y desesperación. Por supuesto él creía que se había acostado con su hermano.

- Per… perdóneme- Musitó y un sollozo se escapó de su boca, vio que él hacía una mueca de desagrado- Perdóneme, por favor.

- Usted, no ha hecho más que humillarme una y otra vez- Respondió él con dolor, alzando la barbilla con desdén, pero sin ocultar lo triste que estaba- Desde que llegué, su afrenta ha sido constante. No niego que mi trato ha sido fácil, pero intenté, sí, intenté acercarme a usted porque…- Apretó los labios y se acercó de pronto a ella, que pegó un brinco cuando el hombre posó ambas manos en sus brazos, la sujetó fuerte y la besó.

El beso fue brutal, Kagome estaba tan conmocionada que se quedó estática e inmóvil mientras sentía la presión de los labios del hombre contra los suyos, fue un eterno instante, hasta que él soltó un brazo de ella y deslizó su mano tras la nuca de la joven, acercándola más a él. Kagome se estremeció e intentó separarse, pero al hacerlo él comenzó a mover sus labios sobre los de ella. La muchacha jadeó al sentir el beso y cerró los ojos sin comprender que de pronto parecía perder las fuerzas para evitarlo, necesitaba respirar y abrió los labios, craso error, la lengua del hombre se introdujo en ella y la muchacha abrió nuevamente los ojos con sorpresa, sus piernas de flexionaron y consternada ante este beso lo apartó empujándolo del pecho a duras penas.

Jadeantes ambos se observaron con turbación. Luego Sesshomaru esbozó una mueca burlona.

- Le deseo toda la felicidad que merece, señorita Higurashi. – Alzó una ceja cuando notó lo agitada y horrorizada que lo miraba, con sus labios entreabiertos y húmedos que él acababa de besar- No se preocupe. Como cuñado que pronto seremos, no me verá nunca más. Se lo prometo.

Le hizo una inclinación ceremoniosa adornada con burla y salió de la habitación. Kagome se había quedado estática ahí, turbada, no, conmocionada con el beso que aún lo sentía arder en sus labios.

Continuará…


N/A: Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, la historia sí es mía por lo cual no autorizo para que se modifique o publique en otro lugar.

Muchas gracias a todos quienes leen y me dejan un comentario, siempre son muy valiosos para mi. Este capítulo fue intenso de escribir, es que uno se tiene que poner en el lugar para poder expresar lo que quiero transmitir y me dejó agotada, pero siempre contenta porque así avanzamos en la historia.

Cariños a todos.

Lady.