NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

¡Hola a todos! ¿cómo han estado? Aquí ya no estamos ni en Naboo, ni en el Executor, sino en el Destructor Estelar acompañando a Ruwee, Palo y los clones. Me emocioné mucho escribiendo y editando este capítulo porque, como se darán cuenta, las cosas comienzan a entrelazarse aún más.

GRACIAS a AP por su comentario.

AP: Si, jaja la primera de muchas quizá :v

¡disfruten!


Capítulo 13

El Destructor Estelar

Oh, yo podría cantar

Sobre el dolor que estos días oscuros traen

El hechizo bajo el que estamos

Sigue siendo la maravilla de nosotros

Durante diez años, Ruwee soñó con volver a salir de Naboo. Adoraba su planeta de origen y Varykino seguía siendo de sus lugares favoritos en la galaxia, pero ¡cómo extrañaba ver el universo! la atmósfera de planetas diversos, la fauna, la arquitectura, las tradiciones de tantos mundos tan ricos, que no bastaba una vida para poder conocer.

Por eso entendía muy bien a su hija, la ambición, el anhelo que siempre vio en sus ojitos desde que era una niña. Padmé había heredado mucho de él, y estaba orgulloso de esos nobles sentimientos y la innata curiosidad de su hijita. Y lamentaba con todo su ser, que la primera vez en el espacio de Padmé fuera en estas horribles circunstancias. "La encontraré" pensó Ruwee "Traeré a mi niña a casa, y todo esto será solo un mal recuerdo".

Se quedó viendo por la ventana mientras la nave se elevaba saliendo de la atmósfera de Naboo, internándose en la negrura del cosmos, hasta que vio un buen rato después el imponente acorazado del Destroyer III.

A su lado en la ventana, Palo Andalerrie miraba el mismo paisaje con pánico contenido. Para él, salir de Naboo había sido un mal necesario, no existía nada en esta galaxia que su mundo natal no fuera capaz de darle, y la única razón para viajar a un destructor lleno de clones estúpidos era para vigilar a Ruwee.

La Reina Kamila sospechaba que Ruwee Naberrie sabía más de lo que admitía, y el propio Palo pensaba igual. No era común que un profesor universitario pudiera desenvolverse tan bien en un ambiente militar, incluso el capitán Typho había tenido problemas lidiando con los clones, mientras que Ruwee lo hacía de manera natural. Algo escondía, y Palo sospechaba que la propia Padmé debía estar inmiscuida en esta querella.

—¿Cree que encontremos a Padmé, señor Naberrie?—preguntó Palo, obligando a su voz a tener un tono más suave.

—No lo creo, lo sé—replicó él con fiereza.

Ruwee miró de reojo a Palo, siempre le había parecido un hombre promedio, pero a la luz de estos eventos Ruwee comenzaba a notar una ambición y una malicia que comenzaban a apoderarse de él, y no le gustaba. Antes no le tenía mucha estima y ahora no confiaba para nada en él.

—Abordaremos en cinco minutos—les informó un clon.

La nave se deslizó hacia el hangar suavemente, y aterrizó frente a una escolta de clones que los estaba recibiendo. Ruwee y Palo bajaron por la rampa detrás del teniente, un poco intimidados al verse en un ambiente tan ajeno.

—Teniente, bienvenido—dijo un clon—¿Eso son los civiles?

—Así es, capitán.

—Preséntense—les ordenó.

—Soy Ruwee Naberrie, señor, el padre de Padmé Naberrie, la mujer que está desaparecida—explicó amablemente y viendo al clon a los ojos en todo momento.

—¿Y usted?

—Yo soy Palo Andalerrie—dijo hosco, sintiéndose ofendido de que lo trataran con rudeza—El prometido de Padmé Naberrie.

Ruwee lo miró molesto, pero Palo fingió demencia.

—Como civiles en una nave militar, deben estar conscientes de que obedecerán todas las órdenes que se les asignen—explicó el capitán—A la menor insubordinación, serán regresados a su planeta ¿quedó claro?

—Sí, señor—respondieron al unísono.

—Bien. Teniente, usted y sus soldados tienen el resto de la tarde libre para acoplarse. Ustedes, sigan a mi compañero para que les muestre sus cuartos.

—Gracias.

Ruwee y Palo caminaron detrás de otro clon, que sí llevaba puesto su casco, por pasillos amplios y corredores perfectamente iluminados, que mostraban una tecnología impresionante aún para tener diez años de uso.

Pero eso no fue lo que más llamó la atención de Ruwee, lo que en verdad le sorprendió, fue la atmósfera desesperanzadora que se respiraba en cada rincón de la nave. Cualquier clon que vieran, cualquier habitación que pasaran, hasta los droides de mantenimiento con los que se toparon, todos parecían estar deprimidos. Esto era lo último que se esperaba encontrar en una nave militar tripulada por clones perfectamente entrenados desde su concepción para la guerra.

¿Qué era lo que tenía a todos estos clones tan cabizbajos? ¿por qué sentía tanta tristeza y resignación? Lo único que se le ocurrió por un momento, fue que los clones no deseaban este trabajo, pero eso no tenía sentido. Ruwee, como el resto de la galaxia, sabía que el ejército de clones había sido creado artificialmente, integrado por soldados genéticamente modificados para ser guerreros obedientes y serviles para el Canciller. Ellos no tenían voluntad o manera de desear algo más… ¿oh sí?

Mientras Ruwee comenzaba a tener un debate moral en su cabeza, Palo luchaba contra sus sentimientos de desdén. Debió contar al menos cincuenta clones en lo que llevaba caminando por los corredores del Destroyer III, y seguro había centenares más. Lo abrumaba saberse sobrepasado por estas criaturas estúpidas, subordinado a estos clones huecos, imitaciones burdas de un ser humano funcional.

Palo era uno más de los miles de habitantes en la galaxia que veían a los clones como carne de cañón, carentes de intelecto y emociones, simples marionetas que obedecían ciegamente a un general por ahora ausente.

—Estos serán sus aposentos—indicó el clon, cuando llegaron a un pequeño cuarto con dos camas y dos baúles—Las regaderas y los baños están al fondo del pasillo.

—¿Qué?—Palo miró el espacio espartano con horror—¡Por supuesto que no! Debe haber alguna habitación decente en esta enorme nave y nos la vas a dar.

—Palo, contrólate—susurró Ruwee.

—¡Claro que no! ¿cómo pretendes que vivamos así? nosotros no somos clones—espetó enfadado.

—Claramente—respondió el clon—Informaré a mi superior de su disgusto, señor Andalerrie. Buen día.

—¡Oye, espera! ¡No he terminado!

El clon lo ignoró, desapareciendo al fondo del pasillo.

—¿Puedes creer a estos idiotas?—continuó despotricando.

—Sí, sí puedo—resopló Ruwee—Lo que aún me cuesta trabajo por creer es que Padmé haya aceptado casarse contigo, ni siquiera han salido juntos.

Palo lo miró con recelo, cuidando bien su respuesta.

—A los clones podría parecerles sospechoso que yo esté aquí, sin estar relacionado directamente con Padmé.

—Ajá.

Ruwee no le creyó, y Palo estaba consciente de eso, pero no le tenía miedo a este hombre… al menos, no por ahora.

—Si me disculpas, buscaré el baño—dijo Ruwee.

Se fue caminando por el corredor, y Palo miró a detalle sus movimientos. No confiaba en el padre de Padmé ni un poco, y cuando todo esto consiguiera solucionarse, y al fin Padmé fuera su esposa, él se encargaría de alejarlo de ella a toda costa.

.

.

.

Para Palo, no podía existir nada peor que estar a bordo de un destructor estelar.

Ni un maldito día aquí y ya sentía que su alma había sido succionada por algún ente extraño, los clones parecían borregos, siguiendo órdenes, marchando de un lado al otro, y hablando entre sí con susurros cuando él estaba cerca. Era terrible, y no comprendía cómo estos idiotas podían llevar diez años en el espacio sin quejarse.

"Debe ser porque no tienen más sesos que un ratón" pensó Palo con desprecio, mirando a los clones con mal disimulado odio.

Intentó que el capitán les diera otras habitaciones, comentando que seguro existían cuartos mejor acomodados para los rangos más elevados. Pero el capitán fue muy directo al responderle que sí, existían esas alcobas, pero eran para rangos militares, y ellos eran civiles. Ellos no tenían ningún derecho o autoridad en el destructor.

Sus años trabajando en el Palacio de Naboo hicieron que Palo se volviera muy creído, a excepción de otros burócratas, Palo era muy consciente de su poder e influencia, y las usaba siempre a su beneficio en los ambientes correctos. Acostumbrado al poder, a ser considerado, y a salirse con la suya, chocar de frente con este ambiente en donde él no era nada más que un bulto más en el enorme acorazado lo hacía sentirse menospreciado, y lo detestaba con todo su ser.

Perdida su batalla contra el capitán, y después de varias horas encerrado en su minúscula alcoba compartida totalmente solo como niño haciendo berrinche, Palo sintió hambre y decidió asomarse para saber si había una cafetería o algo por el estilo. Llevaba horas sin ver a Ruwee, y por el momento estaba demasiado enojado como para importarle.

Después de que un clon le diera las bruscas instrucciones para llegar a la cafetería, Palo se sorprendió, e indignó, por lo que encontró ahí. Ruwee estaba sentado en una mesa con otros dos clones, terminando de comer y bebiendo algo de un vaso pequeño, parecía incluso divertido.

—¿Acaso me he perdido la cena?—dijo con enfado mal disimulado, parándose al lado de Ruwee.

—¡Ah, hola Palo!—saludó Ruwee—No hay un horario específico aquí ¿sabes? Los soldados vienen a comer según sus descansos, y aproveché para comer un par de raciones con 34 y 78.

—¿Raciones?—dijo con horror, pero luego captó otro detalle más de la oración—¿34 y 78? ¿Qué, hiciste nuevos amigos?

Vio a los clones tensarse, y el propio Ruwee se molestó por ese comentario.

—34 y 78 son dos de los clones que nos han estado ayudado en Naboo—explicó con molestia—Bueno, es su apodo, sus nombres completos son CT-7934 y CM-2878

—¿Y cómo iba a saberlo?—dijo Palo—Todos se ven iguales.

—Se llama cortesía, Palo.

Miró a Ruwee exasperado. El único maldito defecto de Padmé Naberrie era ser hija de este presuntuoso.

Los clones miraron a Palo con expresión neutra, pero para Ruwee, que los conocía mejor, era obvio que se contenían. Incluso él mismo encontraba insultante el comportamiento de Palo.

—¿Y solo hay raciones?—preguntó, incapaz de pronunciar una disculpa para esos soldados.

—No—respondió un clon—Hay un replicador de aquél lado.

Palo miró a donde señalaba el clon, encontrando la máquina, aunque se alegró de que podría comer algo de verdad, lo cierto era que no sabía cómo se usaba el dichoso aparato y no quería pedirles ayuda a los clones.

—Hay droides que te sintetizarán lo que quieras—agregó el clon, adivinando los pensamientos de Palo con una sonrisa de mofa.

—Gracias—espetó Palo—Si es así, ¿por qué le dieron a Ruwee raciones?

—En Naboo, 34 y 78 se quejaban mucho de las raciones, y yo les decía que no podían ser tan malas—explicó Ruwee por pura cortesía—Pero ahora que las he probado, debo admitir que tienen razón.

—Se lo advertimos, señor Naberrie—sonrió 34.

—No volveré a cuestionarte, lo aseguro.

Sintiéndose sobrado en esa conversación, Palo se fue al replicador y encontró pronto a un droide capaz de sintetizarle una buena charola de alimentos nativos de Naboo. No sabían tan bien como lo que preparaba su madre, pero cualquier cosa era mejor que algo proveniente de un contenedor militar.

Comió rápido y regresó a si minúscula alcoba, le ponía de los nervios verse rodeado por tantos clones descansando y no quería pasar un minuto más del necesario ahí.

.

.

.

Ruwee miró a Palo comer solo y suspiró, había conocido al hombre cuando era un niño y en aquél tiempo no fue tan pesado, ¿en qué momento cambió tanto?

—Disculpen a Palo—dijo a los clones con una mueca—No conoce nada más que las comodidades y el privilegio, y evidentemente le han afectado para mal.

—No tiene que disculparse, señor Naberrie—le respondió 78—La mayoría de los civiles nos trata así, usted es la verdadera excepción.

—Si los tratan así es porque no los conocen, les aseguro que después de un par de pláticas la mayoría sería amble con ustedes.

—Es un lindo sentimiento, pero muy poco probable.

—¿Por qué piensas eso?

—Señor Naberrie… nosotros los clones no somos como ustedes. Lo sabemos, y lo aceptamos.

—Tonterías—bufó Ruwee—Somos humanos ¿no?

—Señor…

—Escúchenme bien ustedes dos—dijo Ruwee con tono firme—Para mí, ustedes son tan humanos como yo y mi familia. Sí, tienen una predisposición genética a la guerra ¿y qué? Lo que en ustedes fue artificial ha sido natural en muchos guerreros a lo largo de la historia. Jamás se menosprecien.

34 y 78 se miraron entre sí sorprendidos, habían conocido muy pocos civiles en los diez años que llevaban en el espacio, y ninguno fue como Ruwee Naberrie. Decir que estaba agradecidos era demasiado obvio, y la primera vez en años que se sentían mejor consigo mismos.

—Gracias señor.

—Ni le menciones, es la verdad—replicó y su expresión se volvió más seria—No hay que ser un genio para saber que no están muy a gusto aquí, ¿por qué no se van, muchachos? ¿qué los detiene?

Cualquier otro civil haciendo una pregunta de ese estilo hubiera sido ignorado olímpicamente por los clones, pero 34 y 78 sabían que Ruwee estaba preocupado por ellos de manera genuina.

—No podemos, señor—respondió 34 con un suspiro.

—No tienen que decirme cuáles son sus órdenes, solo… bueno, ¿están obligados a estar aquí, no es así?

—Así es.

—Mientras el general no mande otra cosa, aquí seguiremos—agregó 78.

—Yo sé que esto quizá no me incumbe—Ruwee bajó un poco la voz—Pero hasta donde sabíamos en Naboo, su máxima autoridad es el canciller, y está fallecido, ¿no han recibido órdenes del segundo en mando?

34 se mordió el labio, pero 78 habló fluido, dejando que sus emociones emergieran.

—No hay segundo al mando, señor Naberrie—replicó enfadado—Y si lo hay, se ha olvidado totalmente de nosotros.

—Eso es terrible.

El horror en la voz de Ruwee era genuino, ¿y cómo no iban a estar frustrados, desesperados, incluso deprimidos todos estos clones? ¡habían sido olvidados en el espacio por una década! Obligados a mantener un bloqueo eterno.

—Hay rumores de que el general, el segundo al mando del canciller, fue terriblemente herido—continuó 78—Puede que esté muerto, y si está vivo, quizá a duras penas…

—Ahora entiendo—asintió Ruwee—Si mi hija consiguió usar esa nave que fuera del general… quizá ella podría saber dónde está. Por eso ustedes quieren encontrarla también, ¿no es cierto?—lo último lo dijo en un susurro.

Ni 34 ni 78 tuvieron la valentía de responder en voz alta, pero sus ojos lo decían todo. Los clones estaban desesperados de encontrar a quien pudiera ordenarles algo, lo que fuera, con tal de salir de esta terrible maldición de estar en el espacio manteniendo un bloqueo sin sentido.

Cuando la crisis había empezado, Ruwee y muchos otros civiles pensaron que los clones al mando de los destructores estelares debían ser almas miserables como para atacar cualquier nave, satélite o droide que se acercara a las rutas principales, sin discriminar a las naves militares, civiles o médicas. Ahora Ruwee lo entendía, los clones sí eran miserables, pero no por ser malvados, sino por haber sido abandonados a su suerte en una galaxia que los despreciaba.

La congoja que sintió no superaba la que llevaba soportando desde la desaparición de Padmé, pero sí lo conmovió terriblemente. Ruwee pensó que algo debía de hacer por ellos, cualquier cosa, porque pocos destinos podían ser tan espantosos como esperar la muerte en medio del espacio.

.

.

.

A la mañana siguiente –y después de maldecir todo lo que pudo por tener que usar las duchas de los clones– Palo y Ruwee se encontraron con el teniente en una de las salas anexas al laboratorio principal, donde continuarían su investigación. Ya que Palo era realmente quien sabía menos de todos esos temas, fue Ruwee el que puso más atención y consiguió dar un par de sugerencias coherentes a los droides del laboratorio.

Quizá Palo no estaría tan enojado de no ser porque Ruwee Naberrie se había acoplado perfectamente a la rutina del destructor estelar en cuestión de horas.

Llevaban horas trabajando en la investigación y como esperar no siempre era agradable, y menos cuando no sabía qué estaba haciendo, Palo decidió tomarse un descanso. Nadie le dio importancia mientras salía de la sala y se fue a su mísera alcoba, recostándose en la dura cama espartana y mirando al techo con desdén.

Ruwee se veía muy cómodo con los clones… demasiado cómodo.

Sentándose en la cama, Palo sacó de debajo del colchón un comunicador que había escondido entre sus cosas, tenía línea directa con la reina y la llamó, la transmisión timbró cuatro veces antes de que la reina Kamila apareciera frente a él.

—Majestad—la saludó de inmediato con una reverencia.

—Señor Andalerrie—respondió ella con voz neutra—¿Han llegado sanos y salvos al destructor estelar?

—Sí mi reina. Los clones han tenido un trato muy hosco, pero no se les puede pedir más a su inteligencia.

—Entiendo.

—De cualquier forma, quiero reportarle esto—continuó rápido—El señor Naberrie se ha visto muy… cómodo con los clones, mi reina. Demasiado amistoso diría yo.

La reina Kamila frunció el ceño levemente.

—¿Qué insinúa con eso, señor Andalerrie?

—Aún no tengo pruebas, mi reina, pero creo que el señor Naberrie está haciendo una alianza con los clones.

Esas… son acusaciones muy graves.

—Lo sé, mi reina, y buscaré pruebas antes de proceder contra un hombre al que estimo como mi padre—dijo Palo con falsa preocupación—Solo quiero que esté informada, y preparada para lo que sea que pueda ocurrir.

Gracias, confío en ti, señor Andalerrie. Siga manteniéndose en contacto.

—Así lo haré, mi reina.

La reina Kamila cortó la comunicación, y Palo sonrió mientras escondía el dispositivo y volvía a recostarse. Si acomodaba bien sus cartas, las cosas saldrían muy bien para él. Y al final, la extraña camaradería entre Ruwee y los clones no sería rival para la creciente confianza que la reina Kamila tenía en él.

Palo no supo, ni sospechó, que había un clon de pie en el pasillo, que había escuchado cada una de sus palabras.


Canción del capítulo: "Days in the sun" (días de sol) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)

Pueeees los clones también están buscando a Vader, y los pobres llevan diez años en el espacio, así que están desesperados. Siento que Ruwee Naberrie habría sido una persona amable y noble, como Padmé, con todos, y eso desde luego que incluye a los clones con quienes no teme socializar, al contrario de Palo, ¿qué les pareció esto?

En el próximo capítulo volvemos a Naboo, donde Sola y Obi-Wan encuentran cosas interesantes... ¡muchas gracias por leer! saludos a todos.