Hola! Aquí vengo a traeros mi regalos de navidad atrasado. Solo deciros que me reí particularmente con este capítulo.
A leer :)
Capítulo 11
Cuando llegamos a casa, llevaba encima un buen mareo. A eso de las tres de la madrugada compartimos un taxi con Mirajane y Laxus.
Fue una fiesta increíble. Por fin había escuchado en directo a los Fairy Tail, y eran alucinantes en vivo. Las voces de Jerall y Natsu se fusionaban de una manera espectacular, pero todos, los cuatro, conseguían que su talento particular se uniera al de los demás hasta ponerte la piel de gallina. También Gajeel, con el bajo, e incluso Gray, aunque allí no disponía de la batería completa, hacían sentir su presencia. Juntos conseguían alcanzar un equilibrio que transmitían con la música.
Aunque mi hora habitual de irme a la cama había pasado hacía ya mucho tiempo, no quería que la noche llegara a su fin. Todavía no. Me quedé tendida de espaldas, mirando fijamente el techo de mi dormitorio, que seguía girando levemente a mi alrededor, pero sin duda, menos que un rato antes. Las cortinas dejaban pasar suficiente luz de las farolas para poder ver en la oscuridad. Años atrás, en noches como estas, en las que no podía dormir, acostumbraba a hablar con Gray, quiero decir, con su versión en póster colgado de la pared. Podía resultar patético y un poco alocado, pero así era. Sin embargo, en ese momento, ese mismo hombre dormía en la habitación de al lado.
La vida es a veces muy extraña, y hermosa. Otras se convierte en un desastre, pero en ocasiones como esa, era la belleza la que ganaba. Definitivamente.
Me pasé los dedos por los labios doloridos. Me había besado hasta la extenuación. Una vez que a Gray se le metía una idea en la cabeza, no había forma de detenerlo. Y, por lo visto, bailar con él significaba que accedías también a una buena ración de besos. Cada vez que ponía en práctica algo nuevo, me resultaba más difícil fingir indiferencia.
Tengo que reconocer que había muchas formas de besar que desconocía. Con suavidad o con fuerza, con o sin dientes, por no mencionas que la intensidad a la hora de indagar con la lengua era una parte fundamental del asunto. Y también dónde estuvieran colocadas sus manos, porque ¡menudas posiciones encontraban! Me hizo de todo: desde acariciarme el cuello con ternura hasta manosearme el trasero. Un hombre que sabe qué hacer con sus manos en cada momento es algo digno de valorar. Y solo lo detuve cuando intentó subirme la falda a medianoche, en plena fiesta.
Lo dicho: una velada inolvidable.
Al llegar a casa se dejó puesto el bóxer. Cuando fui al cuarto de baño en busca de una pinza para el pelo, allí estaba él, lavándose los dientes. Nunca pensé que podría considerar sexi a un hombre que le cayera un poco de espuma blanca por la comisura de la boca, pero me equivocaba. Por otra parte, estaba casi segura de que Gray no usaba pijamas. Ni los tenía. No, un hombre como él debía dormir desnudo. Era una brillante deducción científica basada en la idiosincrasia del hombre fuerte y caliente que ocupa en ese momento el sofá. No me costaba nada imaginar su piel, cálida del color de la crema, totalmente expuesta ente mis ojos. ¿Cómo dormiría: de espaldas, bocabajo o de lado? Pensándolo bien, de espaldas sería lo más agradable…por varias razonas.
Pero si estaba tendido bocabajo, ver la larga línea de su columna sería todo un espectáculo, con el extra añadido de su trasero. Daría algo por ver sus nalgas desnudas. Regalaría mis libros, mi lector de libros electrónico, mi alma… o lo que hiciera falta.
Podía ponerme a pensar en otra cosa cualquiera, pero ¿qué necesidad había?
Sin duda masturbarme sería algo mucho más práctico. Me sentía excitada y acelerada, tenía los pezones y los pechos duros. De acuerdo. Había llegado el momento de ocuparme yo misma del asunto. Pero de repente…
-Mmm…Laxus…
Gemidos.
Algunos quejidos.
Un sonido brusco.
-¡Sí, cariño…!
-Chúpamela, Mirajane.
¿Qué? No-era-posible.
Me tapé la cabeza con la almohada y lancé un grito silencioso. Si ponía música para no oírlos, que era la táctica habitual para enfrentarme a las pasiones nocturnas de mis ardientes vecinos, acabaría despertando a Gray.
Más golpes antes de que, en la habitación de al lado, la cama empezara a sonar en mi pared. El ruido era tan fuerte que apenas noté que se abría la puerta de mi habitación.
-Bomboncito, ¿estamos en el infierno o qué? – Gray entró y se sentó en el borde de la cama.
-Ya. Lo siento. Este es el primer nivel, y reconozco que el peor de todos. Las paredes son tan finas que se oye follar a los vecinos. – Me encogí de hombros.
Mirajane soltó un ahogado gemido, que era su marca de fábrica durante los encuentros sexuales con Laxus, y noté que me sonrojaba.
-¿No puedes hacer que paren? – susurró Gray con los ojos muy abiertos por el escándalo -. ¡Joder, no! Esto es horrible.
Empezamos a reírnos por lo bajo. Era la única respuesta sensata.
-Venga, nos vamos a un hotel – dijo, levantándose de la cama.
-Son las cuatro de la madrugada.
-¿Cuánto tiempo suelen tardar?
-Veamos. Han estado bebiendo en la fiesta… así que es posible que estén así un buen rato. No sé… ¿un par de horas? – Doblé las rodillas y las rodeé con los brazos, pegándolas contra mi pecho. No era necesario que Gray se fijara en el estado de mis pezones. La triste realidad era que escuchar cómo alguien disfrutaba de unas sanas y salvajes relaciones sexuales no ayudaba mucho. Por suerte, me había puesto unos pantalones cómodos y una camiseta vieja. Las prendas eran tan holgadas que lo ocultaban todo. Si no, con Gray tan cerca, la situación hubiera sido todavía más embarazosa.
-¿No te parece que esto no es muy correcto? – preguntó Gray, frunciendo el ceño mientras miraba la pared, como si fueran los muros los que le hubieran ofendido -. Soy el batería de Fairy Tail. Soy yo quien no deja dormir a los demás cuando folla de manera salvaje. Yo. Y despierto a barrios enteros.
-¡Joder, nena! – gruñó Laxus al otro lado de la pared -. ¡Qué buena eres!
-Pero… ¿Has oído eso? – saltó Gray.
-Sí.
-Bien. Hasta aquí hemos llegado. – Se subió de pie a la cama. Entre el techo y su cabeza quedaban como mucho treinta centímetros -. Están riéndose de mí. Me están pidiendo guerra.
-¿De verdad?
-Menudo capullo…
-Yo siempre he considerado que Laxus es un buen tipo.
Me tendió la mano.
-Venga, Juvia. Debemos defender nuestra vida sexual de mentira.
-¿Qué? – Pero le agarré la mano y dejé que tirara de mí para alzarme junto a él -. No dejes que me caiga al suelo, ¿eh? Y no te des con la cabeza en el techo.
-No voy a darme ningún golpe. ¿Por qué no te dejas llevar por un momento y dejas de ser tan sensata? Relájate y diviértete un poco. ¡Vamos!
-¡Así, Laxus, así! ¡Más fuerte, más, más! – gritó Mirajane.
Gray carraspeó.
-¡Oh, Juvia! – exclamó Gray elevando la voz y actuando un poco.
-Gray – dije, intentando imitarle.
-Grita más – susurró entre dientes mientras empezábamos a saltar. La estructura de madera empezó a crujir de forma alarmante. Normal, dado que hacía mucho tiempo que no sufría ese tipo de abusos… Por no decir que no los había sufrido casi nunca. Ojalá fuera por estar desnudos y en posición horizontal. Eso sí sería estupendo.
-¡Oh, Gray, Gray! – intenté fingir deseo.
-Eres un encanto, Juvia – soltó Gray en honor a nuestros vecinos -. Me gustas mucho. Me encanta, Juvia. Sigue así.
-¿De verdad? ¿Eso es lo que dices cuando follas? – exclamé dando saltos cada vez más rápidos en la cama.
-Bien, vamos a decir guarradas. Tú empiezas – susurró.
Pero cerré la boca. No me salía nada.
-Cobarde. – susurró y volvió la cara a la pared que compartíamos con Mirajane y Laxus -: Oh, nena, ¡sabes de puta madre!
-¿A qué? – pregunté gritando entre jadeos, tensando los músculos de las piernas. Ese hombre tenía suerte de que no lo empujara y me montara encima de él -. ¿Cómo es mi sabor, Gray?
-Mmm… A miel, a crema… y no sé… ¿a pan?
Fruncí el ceño y me reí sonoramente.
-¿A pan?
-Sí. A un pan adictivo que podría estar comiendo todo el rato, porque eres deliciosa y casi nutritiva.
Las risitas que solté hizo que se me tensaran los abdominales, pero seguí dando botes. Era muy raro eso de estar riéndome y saltando mientras me excitaba. Cuando era niña, unos amigos de Levy tenían un trampolín, pero no era tan divertido como esto. De pronto, Gray dio un salto con demasiado énfasis y se golpeó la cabeza contra el techo. Se dejó caer sobre la cama mientras se frotaba el cuero cabelludo.
-¡Joder! ¡Au!
-¿Estás bien, cariño? ¿Te he hecho daño? – seguí saltando como una niña.
Y de repente la cama se derrumbó.
Un lado de la estructura se estrelló contra el suelo de forma estrepitosa. El ruido fue brutal, igual que el repentino silencio que se hizo en la pared de al lado. Tropecé, perdí el equilibrio y acabé cayéndome sobre su regazo. Permanecimos allí sentados, pecho contra pecho, con una de mis piernas sobre las suyas.
-Hemos roto mi cama – comenté con voz bajita, indicando lo obvio.
-Bomboncito, todas las guerras conllevan sacrificios.
-¿Qué tal tu cabeza? ¿Quieres una bolsa de hielo? – le aparté el pelo revuelto de la cara. Quizá necesitaba que le curara con sexo. Sin duda estaba preparada para ello y estaba a punto de sugerírselo. Era lo bueno de haber bebido, me sentía desinhibida.
-No, estoy bien. – Sonrió muy despacio.
Laxus y Mirajane golpearon la pared.
-¿Juvia? ¿Estás bien?
-¡Sí, no es nada! – respondí -. ¡Seguid a lo vuestro! Gracias.
Pude escuchar una risa contenida. Todavía tenía la cara caliente… Muy, muy caliente. De hecho, estaba tan caliente que seguramente se podía haber cocinado un filete en mi piel. ¡Dios! Se iba a enterar todo el mundo. Jamás superaríamos lo que acababa de ocurrir.
-Estás riéndose de nosotros – le aseguré.
-No digas gilipolleces. Estábamos follando de una forma tan salvaje que hemos roto tu cama. Solo eso. Ellos quieren ser como nosotros. Por fin se ha restaurado el orden natural de las cosas.
Los dos soltamos una carcajada. Todo aquello era ridículo.
Pero luego la risa fue desapareciendo poco a poco mientras seguíamos allí sentados, mirándonos el uno al otro. Tenía el rostro en penumbra, así que no pude leer su expresión. Pero su erección se hizo patente contra mi muslo. Hubiera dado cualquier cosa por saber qué estaba pensando. Todas las ideas que se me ocurrían impactaban directamente en mi entrepierna y… ¡oh, Dios!, me encantaba. Me hubiera gustado que él hiciera algo, porque no estaba segura de que yo pudiera dar el primer paso. Estaba claro que Gray reaccionaba a mí, pero ¿qué significaba eso? Era lo que tenían las pollas… que se ponían duras misteriosamente sin ninguna razón. Pero un momento: el sexo no formaba parte de nuestro acuerdo. Ya hicimos hincapié en ello. Sin embargo, habíamos estado besándonos y metiéndonos mano durante toda la noche…
Nunca me había sentido tan confundida en mi vida. Ni tan confundida, ni tan caliente.
En el piso de al lado los ruidos comenzaron a sonar una vez más, así que por lo visto, habían seguido mi consejo de seguir a los suyo
-Estoy segura de que ahora no están pensando en nosotros – comenté.
-Solo por curiosidad, ¿estás muy borracha?
-La habitación me da vueltas, pero poco. ¿Por qué?
-Por nada. Será mejor que nos levantemos – sugirió con la voz grave. Me ayudó con cuidado y salimos de la cama hecha añicos. Nos quedamos en silencio, soslayando tácitamente el bulto en sus pantalones. No fue un momento incómodo, aunque debo alegar a mi favor que una entrepierna húmeda es más fácil de disimular que un miembro erecto -. Venga, vamos a ver una película – propuso -. Ninguno de los dos vamos a conseguir dormir ahora.
-Buena idea – mentí, pero dejé que me arrastrara lejos del dormitorio -. Pobre cama. Aunque ha sido muy divertido.
-Sí, lo ha sido. No tanto como si hubiéramos follado de verdad, pero aun así, no ha estado nada mal.
Mi curiosidad pudo más que yo. ¿Dijo eso o es que no tenía modales? De hecho, seguía un poco borracha.
-Ya que hablamos de ello, ¿qué fue de tu cita? Pensaba que ibas a quedar con una amiga después de que volviéramos de la fiesta – le dije.
-Bah…
-¿Bah? ¿Lucía una erección y me respondía con desidia?
-Entre los preparativos para la gira y encajar esta relación contigo, no he tenido tiempo para mucho más.
-Ya… - No me lo creía.
Y mientras, mi mente bañada en alcohol daba pasos gigantescos y lógicos, aunque la razón no apareciera en mis procesos mentales. ¿Y si su falta de lívido con las mujeres tenía algo que ver con su novia de mentira? Quizá tuviera una novia de verdad en Los Ángeles y a mí solo me usaba para ahuyentar a las pesadas. No, eso no. Esa teoría me hacía daño. ¿O quizá fuera solo por la apuesta que hizo con Gajeel? Se puso a sí mismo en ridículo con sus alocadas bromas y ahora su orgullo sufriría si se echaba atrás. Otra teoría que me hacía daño. Sin embargo, no había explicación para ese dolor.
Dejé que me guiara hasta el salón mientras mi cabeza y mi corazón entablaban una batalla no demasiado sobria, ni cuerda.
-¿Y tú? No pensarás de verdad mantener las piernas cerradas hasta que ese idiota de Lyon entre en razón, ¿no? – Se sentó en medio del sofá de terciopelo y me acomodó a su lado, muy cerca.
-No, he salido con algunos tipos. Solo que… hace algún tiempo que no lo hago – le expliqué.
-¿Cuánto tiempo? – Levantó el mando a distancia y apretó un botón para que la enorme pantalla volviera a la vida. Después apoyó el brazo en el respaldo del sofá, justo detrás de mí, y empezó a dar golpecito con los dedos siguiendo un rito feroz.
-¿Qué quieres ver? – pregunté.
-¿No me vas a responder?
-Un par de meses.
En la pantalla aparecieron imágenes de una película de terror. Si el corte de pelo y la permanente eran indicativos de algo, era de principios de los años ochenta. De repente vimos un par de tetas rebotando seguido de un grito de mujer.
-Vaya. Esto no está mal – aseguró.
-Mmm…
-No serás de las que se asustan con facilidad, ¿verdad?
-No. Pero lloro cuando Johnny Deep se convierte en puré de tomate.
-Claro… - Sonrió -. ¿Sabes? Lo decía en serio.
-¿El qué?
-Lo que dije de ti. – Fijó la vista al frente, evitando mirarme. La luz azul de la pantalla iluminaba los ángulos de su perfecto rostro -. Me gustas.
-Gracias, Gray.
Entonces, ¿por qué no disfrutábamos del sexo juntos? Era evidente que no le gustaba de verdad, solo le gustaba, sin más. Mi mente comenzó a dar vueltas de nuevo.
-No me has dicho si yo te gusto o no – insistió. Incluso pensé que sonaba un poco inseguro.
-Ah, ya… - Me volví hacia él para mirarlo con los ojos entornados, no haciendo caso de los gritos que emitía la televisión -. Eres…
-¿Soy…?
-Muy…
-Venga, bomboncito, no tenemos todo el día. Dilo de una ez.
-Muy…
-¡Hostia! Voy a decirlo yo.
Suspiré de forma claramente audible. Estaba disfrutando mucho de este juego.
-Vamos… Eres un coñazo – se quejó.
-¿Qué te parece extraordinario? ¿Te vale eso?
-Mmm… - Me brindó una leve sonrisa de satisfacción -. Sí. No está mal. Sin duda deja entrever lo magnífico que soy.
-Y creído… También eres muuuy muy creído.
-¡Oye!, eso es mentira. – Me deslizó los dedos por los costados, haciéndome cosquillas. Me retorcí son control -. En verdad soy muy humilde.
-Para. No me hagas más cosquillas.
-Admite que soy la razón de tu vida. ¡Admítelo! – Me rodeó con un brazo, apretándome contra su cuerpo cuando traté de escapar -. ¡Joder! No te vuelvas a caer. No seré capaz de asimilar más golpes en la cabeza para salvarte.
-Entonces, ¡deja de hacerme cosquillas! – protesté riéndome.
-No estoy haciéndote cosquillas. Por favor… ni que fuera tan inmaduro… - Movió una mano muy despacio y me apretó la cabeza contra su hombro al tiempo que ceñía más el brazo con el que me rodeaba -. Shhh… Ahora tenemos que callarnos.
El mareo que me inundaba era diez veces mejor que cualquiera producido por el alcohol. No, un millón de veces mejor, porque tenía la ventaja de poder oler y sentir a Gray Fullbuster.
-Venga, relájate – me pidió.
-Ya estoy relajada. – En la pantalla ocurrían algunas cosas, pero ninguna era más importante.
Cerré los ojos y me concentré en él. Daba igual cuáles fueran las razones de Gray para estar allí; había muy pocas posibilidades de que yo consiguiera lo que quería. En el fondo es una emoción muy humana desear más de lo que se tiene, aunque debía reconocer que lo que tenía en ese momento era condenadamente bueno.
¿Y? ¿Qué os ha parecido?
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