DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 13165822 /1/ Vacation-Town


Capítulo 13

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There´s something broken about this

But I might be hoping about this

Oh, what a sin.

(hozier)

13.

Bella sabe que no es justo evitar a Edward, pero lo está haciendo de todas formas. Necesita su espacio y tiempo para entender este pequeño enamoramiento. Necesita superarlo.

Y sabe que realmente no puede enojarse con él por pasar tiempo con su novia en la fiesta de sus propios amigos. Él no le pertenece o algo así. Solo porque se siente como si él fuera la única cosa buena en su vida, no significa que él se sienta de la misma forma.

Y sí, maldición, duele, pero es lo que es.


Resulta que Renée y Phil tienen tradiciones navideñas. Tradiciones que involucran una cabaña en las Grandes Montañas Humeantes.

—Siempre es un pequeño escape de pareja —explica Renée en la cena una noche.

—Pero, obviamente, tú vienes con nosotros —añade Phil intencionadamente. Renée asiente distraída.

—Solo son un par de días, es lindo. Hay un jacuzzi y está justo al lado de la montaña y, ugh. Lo amo.

—¿Qué tan lejos? —pregunta Bella, su voz temblando. Ha mejorado en los viajes cortos en auto últimamente, más que nada gracias a Edward, pero…

—No lo sé, ¿cómo siete horas? —supone Renée.

La forma en la que Bella palidece llama la atención de Phil, pero Renée no la mira hasta que se retira de la mesa, apenas llegando al baño antes de que se ponga peor.

No puede respirar, sus manos están temblando, y es mucho peor porque puede escuchar a Phil y Renée discutir acerca de esto en la otra habitación.

Nadie lo dice directamente, pero así es como Bella arruina la Navidad.


El domingo antes de la festividad, Edward aparece en el hotel por su recurrente cita para nadar, incluso aunque Bella no ha hablado con él desde la fiesta. Ha pasado su tiempo libre o en su habitación o caminando por el pueblo mientras él trabaja con su papá.

Está bajando las escaleras en pijama cuando escucha a su mamá decir:

—Sí, usualmente vamos a las montañas, pero…

Mira el poco disimulado ceño fruncido de Edward mientras entra en su campo de visión.

—Hola —dice, más que nada para él, pero Renée es quien responde.

—¡Oh! ¡Bella! Edward está aquí para ti.

Odia que se sonroja, que su estómago da una vuelta cuando su mirada se mueve hacia su atuendo.

Es entonces cuando se da cuenta de que está usando un top —su habitación es demasiado caliente— y su brazo arruinado está a la vista de todos.

Renée no hace ningún movimiento para irse, en su lugar solo se queda entre los dos. Bella se pregunta si puede sentir la forma en la que el espacio se pone cargado de demasiada intensidad para ser tan temprano por la mañana.

Luchando contra las ganas de rodar los ojos, Bella dice:

—Vamos.

Mira la forma en la que Renée abre y cierra la boca, luciendo como si quisiera protestar, pero al final, no lo hace.

Él la sigue hacia su habitación.

—¿Debería dejarla abierta? —pregunta, dudando en la puerta.

—No, no importa en realidad.

Bella está buscando en su guardarropa un suéter para cubrirse, pero Edward la detiene antes de que pueda ponerse uno.

—¿Es por esto que has estado nadando en esa playera? —pregunta suavemente.

Ella no contesta, solo mira hacia otro lado y arde bajo su mirada. Cuando la toca, se estremece ante la sensación de sus dedos en su piel marcada.

—Es… soy… jodidamente grotesca —suelta, soltando su brazo de su agarre y tratando de cubrirse con el suéter de nuevo.

—No eres grotesca, Bella —insiste, tomando el suéter de lana de ella y arrojándolo a la cama.

Estaría llorando si no estuviera tan malditamente enfadada.

—¿Qué carajos está mal contigo? —sisea, intentando pasar alrededor de él. Él cierra sus manos en sus brazos, justo arriba de su codo, y se pone frente a ella.

—Eres lo más alejado de algo grotesco —le dice con tal honestidad que sus rodillas se sienten débiles, su enojo se apacigua, porque él está mirándola como si fuera…

»Hermosa. Eres tan hermosa, Bella. Estas cicatrices, ellas muestran lo jodidamente fuerte que eres. Son prueba de que sobreviviste y que aún estás aquí. Son parte de ti y cada parte de ti es…

Él no termina su pensamiento. No necesita hacerlo, ella puede ver cada cosa que no dijo en sus ojos, verdes y salvajes como el Atlántico.

Piensa que ahora sería un buen momento para besarlo, para sentir lo rasposo de su barba en su barbilla, sus manos enredándose en su cabello.

Pero él está retrocediendo, cada paso que da pone demasiado espacio entre ellos y Bella está desesperada porque él se quede.

—Estaré abajo si tú, um, aún quieres ir a nadar. —Su voz suena ahogada.

—Claro. —Es todo lo que Bella puede decir.


—¿Crees que alguna vez serás capaz de conducir de nuevo? —pregunta Edward, flotando junto a ella. Le había pedido a Jasper mantener las luces apagadas, la única luz entra por las ventanas, un día gris elimina el color de todo a su alrededor.

—Nunca aprendí a hacerlo en primer lugar —admite, los ojos puestos en el techo con manchas de agua—. Mi papá iba a enseñarme en el otoño.

—Podría enseñarte —ofrece en voz baja—. Si alguna vez quieres aprender.

Siente tal ternura hacia él, no quiere hacer nada más que tomar su mano.

En su lugar susurra:

—De acuerdo.


Rosalie pretende no verlos u oírlos mientras vuelven al hotel, pero ninguno de los dos se habría dado cuenta incluso si ella hubiera estado desnuda frente a ellos.

—Entonces, um, hablaba en serio —dice Edward—. Acerca de conducir.

—Lo sé —contesta Bella con una sonrisa tímida. Él le regresa una, y pausan, ambos inseguros acerca de qué más hay por decir.

—¿Ahora ya dejarás de evitarme? —pregunta, con los ojos fijos en la forma en la que sus mejillas se tornan rosas y se muerde el labio.

—No estoy evitándote —miente. Es una terrible mentirosa.

—Entonces, ¿te veré después?

Trata de ocultar su propia sonrisa, agachando su cabeza con un asentimiento. Lo mira irse, sin moverse de la puerta hasta que ve su camioneta salir del estacionamiento.

—¡Oh por Dios! —chilla Rosalie desde su escritorio—. ¿Estás bromeando?

Bella salta, asustada por la repentina expresión.

—¿Qué demonios? —suspira, la mano en el corazón mientras camina hacia su usual asiento-después-de-nadar.

—Chica —dice Rosalie—. Podías cortar la tensión con un cuchillo.

—¿De qué estás hablando?

—¡Tú y Edward! Jesucristo, pensé que yo iba a combustionar por eso. No sé cómo es que sigues de pie, con él mirándote de esa forma.

—No me mira de ninguna forma —insiste Bella, aunque se pone roja—. Tiene novia.

Rosalie bufa y rueda los ojos, girándose de nuevo hacia la televisión.


La Navidad apesta.

Jodidamente demasiado.

No hay un árbol, con excepción del falso que está en la esquina del lobby del hotel con regalos falsos debajo de él. No hay huéspedes, así que Bella no le ve el caso, pero como sea. Bella no tiene nada que darles a Renée y Phil la mañana de Navidad, así que se siente incómoda con los regalos que ellos le dan.

Suéteres del centro comercial, un par de lentes de sol, una tarjeta de regalo de Amazon.

—No estábamos seguros acerca de… qué te gustaba —admite Phil, mirando la pequeña pila frente a ella con culpa.

—Esto es perfecto —le asegura Bella, mirando hacia abajo y escondiéndose detrás de su cabello.

Toda la cosa no toma más de treinta minutos, y luego Renée está suspirando acerca de volver a la cama y necesitar desesperadamente unas vacaciones.

Y Bella sabe que es su culpa.

Entonces no puede evitar pensar en su papá, sentada sola en el lobby vacío. Cada año ellos iban al bosque detrás de su pequeña casa blanca y cortaban un árbol. Colgaban rosetas de maíz como una guirnalda y ponían todas sus feas decoraciones hechas a mano. En Nochebuena, veían ¡Qué bello es vivir!, y comían comida que habían pedido a domicilio. Él la despertaba temprano la mañana de Navidad, el sol apenas había salido e intercambiaban regalos.

Su papá le daba los mejores regalos.

Nunca eran caros u ostentosos, pero siempre eran significativos. Siempre la hacían sentir que él le prestaba atención, que la conocía. El año pasado, le había comprado un nuevo set de cocina, junto con un montón de recetarios.

—Has estado pasando mucho tiempo en la cocina —le había dicho con una sonrisa—. Esto es más un regalo para mí que para ti.

Bella trata de imaginarse en dónde están esas cosas ahora, pero no puede. Fueron donadas, probablemente. El pensamiento no le llega como un golpe en el estómago, pero se queda en su garganta, su pena es un dolor apaciguado que no parece ser capaz de tragar.


Bella en realidad está aliviada de volver a la escuela después de Año Nuevo, cualquier descanso del hotel y su madre es bienvenido, incluso si significa ser arrojada de nuevo al grupo de sus compañeros.

El almuerzo es lo más difícil.

Jessica ha vuelto con un nuevo corte de cabello y una exuberancia que hace que Bella se sienta cautelosa. Casi tira su bebida cuando Alice llega a la mesa con su charola de comida.

—¡No puedo creer que no me dijeras! —chilla Jessica. Un par de cabezas se giran en su dirección, pero eso no la detiene.

—Shhh —sisea Alice, sus mejillas se ponen rosas.

—Tu hermano ha estado soltero por como, una semana, ¡y tuve que escucharlo de mi jodida madre!

La mesa explota con la emoción del chisme y preguntas desesperadas, todas dirigidas hacia Alice. Bella sabe que necesita ayudarla, necesita hacer algo, pero está congelada. Su mente es un círculo de solterosolterosolterosoltero.

Él ya no está con Lauren.

—Escuché que ella quemó todas las cosas que él le dio —dice Jessica en voz fuerte—. Ella piensa que él la está engañando o algo así.

Bella se pone roja, de repente vuelve a la situación y reconoce que Alice está a punto de estallar.

—Cállate, Jess. Tú no sabes nada —dice con determinación. Bella toma su mano por debajo de la mesa.

—Vámonos, Alice —le dice Bella suavemente, llevándosela de la mesa.

Terminan en la biblioteca, escondiéndose detrás de la repisa de enciclopedias mientras Alice trata de calmarse y Bella trata de dejar de pensar en el hecho de que él está soltero.

—Él ni siquiera me lo dijo —dice Alice—. Solo me enteré porque Lo me envió un mensaje y me dijo lo terrible y malo que él es y que lamenta que no va estar más alrededor. Como si eso me importara siquiera. —Rueda los ojos, recargándose contra las repisas.

—Ugh. —Bella suspira, y hace que Alice suelte unas risitas.

—¡Eso fue lo que dije! —Su risa se va apagando y se pone seria mientras añade—: Solo desearía haberlo escuchado de él.

Bella frunce el ceño. Conoce el sentimiento.


—Hola —dice Edward desde el marco de la puerta de Bella esa tarde.

—Hola —contesta ella desde su cama, leyendo El Diario de Frida Kahlo y garabateando en una de sus libretas de forma ausente.

—¿Qué hay? —pregunta él, sentándose junto a ella de forma casual, como si no estuviera haciendo que todo su sistema nervioso colapse porque él está soltero y sentándose en su cama.

—Um, solo, ya sabes, leyendo —dice ella, señalando las páginas frente a ella. Edward entrecierra los ojos hacia la libreta.

—"Quiero estar dentro de tu todo más oscuro" —lee él, sus ojos quedándose en su desordenada letra.

—Me gustó la cita —explica Bella, su voz es apenas un susurro porque él acaba de leer eso en voz alta en su proximidad y ahora la está mirando con una expresión tan indescifrable que siente que va a estallar.

—Me gusta, también —murmura y ella arde bajo su mirada. Hay un silencio que dura un poco más de lo necesario antes de que añada—: Mi papá quiere que ayude a remover el tapiz del comedor. Es lo peor, así que estoy escondiéndome aquí.

—Me alegra poder ser de ayuda —se ríe. Él se reclina de modo que está sobre su espalda frente a ella, sin duda dejando polvo y pintura en su cama.

—¿Cómo estuvo tu día? —pregunta él, sus ojos en los rayos de sol arriba de ellos.

—Oh, um, bien. Alice y yo terminamos saltándonos el quinto periodo y nos escondimos en la biblioteca.

—¿Por una razón en particular o solo para ser rebeldes? —bromea con una sonrisa. Ella lo ignora, rodando los ojos.

—Jessica estaba siendo una perra total con Alice por millonésima vez y ella estaba disgustada, así que…

Edward frunce el ceño y pregunta:

—¿Por qué?

Las mejillas de Bella se enrojecen mientras le dice:

—Um, era sobre ti, en realidad. Y Lauren. —La confusión tuerce su boca y frunce su ceño. Ella aclara—: Tu rompimiento.

Sus ojos se cierran, él maldice entre dientes.

»Y que ella piensa que tú la engañaste… —añade y sus ojos se abren de golpe.

—Eso no es cierto en lo absoluto.

—Lo sé —le asegura suavemente.

—Yo… yo tuve que hacerlo —dice, dudoso—. No la amaba. No quería terminar odiándola.

Ella asiente, evitando su mirada para que él no vea el júbilo en sus ojos. Él no la amaba. Él no la ama.

Él pasa sus manos por su rostro, suspirando cansadamente, antes de tomar el libro de Kahlo de nuevo, examinando la portada antes de que gire su atención hacia el póster.

—Oh —dice—. Es ella.

Bella ríe, luchando contra el impulso de decir, duh.

—¿Me cuentas acerca de ella? —pregunta, tendiéndole de vuelta el libro, su mejilla presionada contra la rodilla de ella mientras Bella lo hace.

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Lo bueno: él no la ama.

Lo malo: la Navidad apesta ahora y para siempre, probablemente.


¡Finalmente se dio cuenta! Un aplauso para Edward, por favor xD

¡Mil gracias a las chicas que dejaron sus reviews!, gracias a:

Yani B, Aidee Bells, jupy, PknaPcosa, Liz Vidal, alejandra1987, Adriu, Car Cullen Stewart Pattinson, Paola Lightwood, aliceforever85, bbluelilas, tulgarita, soledadcullen, Pameva, Kriss21, saraipineda44, Lady Grigori, Tata XOXO, Beatriz Gomes2, somas, Leah de Call, Adyel y Lizdayanna :)

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