James había estado esperando con ansias a que llegase el último día de clases de su último año en Hogwarts. Por supuesto que iba a extrañar mucho su vida en el castillo. Las travesuras que hacía con sus primos, las bromas que le hacía a su hermano por ser de Slytherin, jugar en el equipo de quidditch. Incluso extrañaría los cientos de castigos que le ponía la profesora McGonagall.
Sin embargo, a fin de cuentas, era el colegio, y en el colegio había que estudiar, seguir órdenes y sacar buenas calificaciones, y esa parte definitivamente no la extrañaría. Por fin había acabado con el sufrimiento -responsabilidades- de la escuela y lo único que quería en ese momento, era disfrutar de las vacaciones antes de entrar a la academia de aurores, como lo había hecho su padre en su momento y como lo estaba haciendo Teddy, a quién ya le quedaban un par de meses para graduarse.
Había estado contando los días para subirse al tren y llegar a la estación de King Cross. Todos los días se acostaba pensando en que quedaban "X" días para llegar a casa. Y claro, nada tenía que ver el hecho de que su padre le informase en su última carta que Teddy pasaría la mayor parte del verano con ellos porque Andrómeda se iría a recorrer el mundo con sus amigas.
No.
Bueno, sí, quizás un poco.
Es que Teddy... Lo pasaba tan bien con él. Le encantaba como congeniaban, en como podían hablar de todo, en como el mayor parecía adivinar lo que él pensaba, en como, por muy ordenadito que fuese, en su interior tenía también un espíritu bromista el que prefería mantener a raya, claro, pero que era perfecto para reconocer esa oportunidad de tomarle el pelo a alguien.
Teddy era la mejor compañía. El mejor para pasar la noche viendo películas y el mejor para comentar la trama de libros de suspenso.
Teddy era divertido, amable con las personas, tenía los ojos más bonitos que hubiese visto jamás y la forma en que su cabello azul caía sobre su frente le daba una apariencia tan adorable que le daban unas ganas enormes de lanzarse sobre sus brazos. Como cualquier amigo sentiría por otro muy buen amigo ¿no?
Eso tenía que ser, porque no podía ser otra cosa. Conocía a Teddy desde siempre. Era como de su familia. O sea, era el ahijado de su padre. Sentir cosquillas en el estómago cuando lo veía a primera hora de la mañana venía de la mano con los lazos muy intensos de amistad. ¿Verdad?
Esa mañana, cuando baja en pijama hasta la cocina para tomar el desayuno, se encuentra a su padre bebiendo un vaso de leche con galletas.
—Hola, papá -lo saluda, sentándose somnoliento frente a él. —Cuando yo tomo esto de desayuno me regañas porque no es "lo suficiente nutritivo".
—Soy el jefe de Seguridad Mágica. Puedo tomar lo que quiera de desayuno, hijo.
—Esos humos. -se burla, sacando una galleta.
Su padre se toma un sorbo de leche antes de mirarle con las cejas en alto, aclararse la voz y dedicarle una repentina mirada seria.
—Por cierto, James ¿Qué hemos hablado sobre escaparse durante la noche?
James casi se atraganta con la galleta.
—No he salido -miente.
—Claro que sí ¿Crees que soy estúpido? Te he sentido llegar a las tres de la mañana.
—Mira, si no hubieses hecho un espectáculo sobre la "seguridad" en esa fiesta y me hubieses dejado ir, no me hubiese tenido que escapar. -le explica, lo que parece molestar más al mayor. —Además, tampoco es que hubiese ido solo. Fui con Teddy y con Fred.
—Fred no es mi hijo y Ted es mayor. -le dice. James rueda los ojos, molesto. —Sabes muy bien lo que ocurre en estos casos. Estás castigado.
—¿Castigado? ¿Qué ocurre contigo?
—Es lo que te mereces. Y tu castigo será entregarle toda tu mesada a Teddy -su padre mira la galleta que sostenía en su mano y luego vuelve los ojos a él —Y las galletas. Tendrás que conseguirle más de estas galletas.
—Que clase de… -se interrumpe, lo nota y resopla. ¿Cómo pudo haber caído cuando le ha hecho eso un montón de veces? —Teddy.
El cabello de su "padre" se va tornando azul mientras se ondula levemente, y luego, poco a poco va tomando la apariencia de Lupin.
—Tú eres subnormal, Ted.
El otro comienza a partirse de la risa mientras él finge que no le ha hecho gracia.
—Me pregunto cuántas veces podré hacer lo mismo sin que te enteres.
—¿Vas por la vida tomando la apariencia de la gente? ¿Eso es legal siquiera? -cuestiona, levantando una ceja y quitándole bruscamente una galleta de una de sus manos.
—¿Me vas a denunciar, James? -le pregunta, aguantando la risa, pero arreglándoselas para poner carita de perrito abandonado. Hufflepuff nada. Este debió haber sido Slytherin, eso seguro.
—Si, no me has dejado opción. Cuando llegue papá le diré que te lleve a Azkaban.
—Vale, no te jugaré más esa broma, Jamie, lo prometo. -le dice. James rueda los ojos y chasquea la lengua.
—No te descuides, porque te la devolveré. -le advierte, quitándole ahora lo que quedaba de su vaso de leche. —¿No estás con resaca?
Ted niega con la cabeza, incorporándose para servirse un nuevo vaso.
—¿Tú sí?
—No tan fuerte. -responde.
—Tengo poción anti-resaca por si necesitas.
—Eso es para viejos -se burla. Teddy se lleva una mano al pecho.
—Vale, estoy viejo, pero sin resaca. -dice encogiéndose de hombros. Ambos se quedan en silencio un momento. James jugueteando con su vaso y Ted, con un codo sobre la mesa sujetándose la cabeza con la mano, se bebe el último sorbo de leche, para aclararse la voz. —¿Tienes planes para hoy? No tengo que ir a la academia hasta mañana.
—Quedamos con Mamá, llegó ayer en la noche de Irlanda y estará solo dos días antes de que comience la Eurocopa de quidditch y la llamen a concentración. -le comenta —Ven con nosotros.
—James, es uno de sus pocos días libres, seguro la querrá pasar con sus hijos solamente -le recuerda —Pero iré a saludarla, no la veo hace mucho tiempo.
James está a punto de replicar, pero sus ojos se detienen en la mano de Teddy. Tenía una fea herida que no había visto antes.
—¿Qué te ocurrió en la mano? -pregunta, estirando el brazo para alcanzarla, pero en cuanto sus dedos tocan la piel del otro, Teddy quita la mano tan rápido que por un segundo teme haberle hecho daño.
—Gajes del oficio -dice, encogiéndose de hombros para restarle importancia e incorporándose para llevar hasta el fregadero los vasos. A James no se le escapa el rubor que apareció en sus mejillas.
—¿Cómo cuáles? -insiste, parándose también de la silla para seguir al peliazul.
—Vale, fue el gato de mi abuela. -admite. Cuando le mira nuevamente ya no hay rastro de la repentina vergüenza por haber quitado tan deprisa la mano —Pero ese gato es muy extraño, lanza fuego cuando lo dejas de acariciar o cuando lo acaricias demasiado, pero, en serio, no hay señales para evitarlo. Solo te quema.
James suelta una carcajada y el otro le empuja el hombro.
James hace el intento nuevamente de alcanzar su mano, pero más lento, como para darle tiempo de esconderla si quisiera volver a retirarla tan rápido, pero esta vez se deja.
—Teddy ¿no te duele? Está muy roja.
—Ya me la he curado, no exageres.
—En serio, me duele tan solo de verla -insiste, subiendo la vista hacia él. Se encuentra a Teddy tan cerca, que siente que le arrancan el aire de golpe de sus pulmones. Solo espera que el chico no lo haya notado.
—Siempre has sido un llorón, Jamie. -le recuerda el otro, evitando mirarlo a los ojos. James entonces no lo soporta. ¿Qué ocurría con Ted? ¿Acaso le hizo algo?
—¿Qué te ocurre, Teddy?
Entonces los ojos del chico por fin se encuentran con los suyos y le dedica una mirada confundida.
—¿Por qué?
—Por nada… pero desde que llegué estás como evitando que estemos solos. Anoche insististe en invitar a Fred aun cuando estaba con gripe. -le comenta, tranquilamente.
Ted bufa y vuelve a rehuir su mirada.
—¿De qué estás hablando, James? -replica. —Te estás haciendo ideas.
—Bien, quizás sí -le da la razón, más que nada porque no se atrevía a decirle "Estuve esperando días por llegar para ver películas contigo, y para robarle whisky a papá y beber a escondidas en la habitación" —Pero si ocurre algo, sólo dime.
Teddy asiente y James decide que mejor es prepararse para ver a su madre.
—Me iré a duchar antes de que Albus entre al baño. ¿Te has dado cuenta de que tarda siglos ahí dentro?
Ted le sonríe.
—Si, creí que solo yo lo notaba.
James rueda los ojos y se gira para salir de la cocina, pero antes de poder hacerlo, unos dedos se enredan con los suyos, tirando suavemente hacia atrás.
El corazón de James, incluso antes de comprender la situación, se dispara como loco, y en nada ayuda encontrar la mirada de Teddy con las mejillas nuevamente al rojo vivo.
—James -le dice, acercándolo un poco más a él. Están tan cerca que con un pequeño empujoncito se tocarían, pero de todas formas dejan un minúsculo espacio entre ambos. —Sí, ocurre algo, y hubiese preferido mil veces no decirlo, pero siento que me voy a volver loco si sigo ocultándolo. Y créeme que llevo tiempo intentándolo. Le insistí a Harry que prefería quedarme en casa de la abuela.
—¿Por qué? -pregunta, sin saber por qué de pronto se siente tan nervioso.
—Comprendo que después de esto no quieras verme, James, pero no puedo sacarte de mi cabeza. Cada vez se me hace más difícil estar así de cerca y resistir las ganas de besarte.
A James podrían decirle en ese mismo instante que tendría que volver al colegio y repetir todo el último año, al diablo, todos los últimos cursos y nada de eso podría arruinarle ese momento.
Ni siquiera es capaz de responder.
Lleva su mano a la nuca del mayor y sin esperar más, lo atrae hasta él para besarlo.
Sólo el contacto con la piel del otro, con el sabor de sus labios y la calidez de su cuerpo, le provocan un revoltijo de nervios en el estómago que a fin de cuentas resulta tan placentero como adrenalínico. Siente que se lanza en picado con su escoba desde unos diez metros por sobre el aro más alto de quidditch.
Cuando Teddy deja la mano en su espalda para apegarse aun más a él, James siente que jamás podría dejar de besarlo. Quiere quedarse ahí para siempre, sus labios unidos a los de Ted por toda la eternidad.
Sin embargo, el destino no está de acuerdo, porque a los pocos minutos, la seguidilla de pasos en las escaleras, les advierten que alguien se acerca.
A duras penas se alejan, y no alcanzan a decirse nada cuando Albus ingresa a la cocina más despeinado que nunca, restregándose los ojos.
—Hola, chicos -saluda con voz ronca, pasando junto a ellos, dedicándoles a penas una vaga mirada. —¿Por qué están despiertos tan temprano? -agrega, sirviéndose un vaso de agua.
—¿Qué haces tú tan temprano? -le espeta James, tentado a lanzarle el agua por interrumpir su beso con Teddy.
—Mamá mandó una carta y pasará por nosotros en media hora -le informa —Ya desperté a Lily y se ha metido al baño. No alcanzaremos a estar listos porque Lily se demora años en el baño -agrega rodando los ojos.
—No más que tú, Al -se burla Teddy, saltando sobre él para revolverle el cabello, cosa que Albus odiaba.
—Es cierto, tú tardas el doble. -se ríe James, ayudando a Teddy a inmovilizar a Albus para molestarlo.
—Que pesados ustedes. -se queja el otro. —Teddy ¿irás con nosotros a ver a mamá? -pregunta el menor, intentando zafarse de los brazos de ambos.
—Si, iré a saludarla, eso es todo.
—Ven, o James llorará todo el día si no nos acompañas.
James se congela y le pega un codazo en las costillas, un poco más fuerte de lo que pretendía, a Albus.
—Eso no es cierto.
—Auch, James. -se queja Albus, liberándose por fin del agarre de su hermano y de Ted. —Y si es cierto.
James siente que las mejillas se le enrojecen, y mira hacia Teddy que le dedica una sonrisa.
—No es cierto. -aclara, pero Teddy suspira, fingiendo resignación.
—Bien, Jamie, si es tan importante para ti, iré con ustedes. De todas formas, estoy acostumbrado a tus berrinches. Recuerdo que cuando eras pequeño, te ponías a llorar cuando yo volvía a casa.
—Já, que divertido. -se queja James rodando los ojos.
Teddy le revuelve una última vez el cabello a Albus antes mirarlo a los ojos.
—James, en la tarde seguiremos en lo que estábamos ¿Bien? Ahora, acabo de escuchar a Lily dejar el baño y sigo yo porque, James, tú también tardas horas ahí. Creo que es algo de los Potter.
James hubiese replicado a lo último si el "en la tarde seguiremos en lo que estábamos" no le hubiese descolocado. De todas formas, el mayor desaparece al instante.
—¿En qué estaban? -la voz de Albus lo distrae.
—Nada, Al -le dice, intentando no sonreír como idiota.
—Anda, vamos. ¿Le sacarán de nuevo el whisky a papá? ¿Por qué nunca me invitan?
—Porque eres Slytherin, capullo, no me junto con serpientes -se burla.
—Siempre tienen una excusa para no invitarme -regaña su hermano, cruzándose de brazos, molesto. —Hoy vendrá Scorp, vamos, la pasaremos bien todos.
—Scorpius está invitado. Tu no.
Albus le mira de hito en hito.
—Scorp igual es de Slytherin.
—Pero él nos cae bien -se burla James, y continúa burlándose de su hermano, pensando en que, si no tuviese tanto de que hablar con su madre porque no la veía hace casi un mes, entonces el día se le haría eterno en espera de besar los labios de Teddy otra vez.
