XXVII

Celos


Natsu Dragneel, junto con una compañera recién ingresada, entraron al salón de clases para tomar asiento en sus respectivos lugares; la chica, de nombre Touka, no dejaba de mirar al pelirrosado, mantenía su mirada fija en él aunque se moviera mucho y muy rápido, y la acompañaba con una dulce sonrisa. Natsu, como era su costumbre, no lograba reconocer las claras y obvias señales que le estaba dando Touka.

—¿Hace cuánto que vives aquí en Magnolia? —le preguntó Natsu tomando asiento en su pupitre.

—He vivido aquí desde que tenía doce años —respondió con toda sinceridad la chica.

Se colocó frente a Natsu, con la mesa pequeña entre ellos. Touka aprovechó para recargarse en ella con las manos extendidas. Literalmente el escote de Touka quedó a la vista del pelirrosado, al igual que una parte de la lencería rosada que usaba la chica; sin embargo, Natsu ni siquiera se percató de aquello, mantenía la mirada fija en el rostro de Touka, poniéndole atención a todo lo que decía.

—Se podría decir que desde hace siete años.

—Ajá —Touka se agachó aún más; sólo le faltaba agarrar a Natsu de la nuca y restregarle en la cara sus pechos para que captara la intención—. Desde luego que hay partes de la ciudad que aún no he visitado.

—¿En serio?

—¿No te gustaría...? —una pelota de soccer salió disparada desde afuera del salón e impactó la cabeza de Touka, dejando la pregunta flotando en el aire. Natsu volteó a sus espaldas para buscar al culpable, pero el umbral estaba vacio.

—¿Estás bien, Touka? —preguntó el pelirrosado levantándose de su asiento para echar un vistazo a Touka. La chica en un segundo se reincorporó de un salto y dibujó una reluciente sonrisa.

—Mejor que nunca —confirmó. Natsu ahogó una risa.

Detrás de ellos, asomándose en el umbra, apareció una chica rubia quien fulminaba la peliblanca con la mirada; si las miradas mataran, Touka ya hubiera fallecido quince veces.

El resto del día fue prácticamente lo mismo: Touka tratando de seducir a Natsu, y él ignorando completamente las acciones; y en cada momento a Touka le ocurría un pequeño accidente. Un poco de todo le pasó a Touka: Resbaló con una cáscara de plátano, que su botella estuviera rota y se mojara la playera, que le cayera una rama sobre la cabeza, incluso un gato llegó a aterrizar en su regazo y le arañó la cara sin piedad; en todas y cada una, Natsu estaba presente y fue testigo de la mala suerte de su nueva compañera. ¿O podría llamarlo "Mala suerte"? En un pequeño descuido, el pelirrosado notó la brillante cabellera rubia de la chica que los estaba siguiendo, escondida detrás de una pared, asomarse; no sabía si reír o enfadarse, pues esa clase de cosas no se le hacen a una compañera, y menos una de nuevo ingreso.

Cuando el día por fin terminó, Natsu buscó por toda la escuela a la chica rubia hasta que finalmente la encontró sentada detrás de un árbol con algo que parecía ser un muñeco hecho de tela entre sus manos; se mostró ligeramente interesado en aquél curioso objeto, y con un tono neutral y relajado llamó a la rubia.

—Lucy, con que estás aquí —la rubia pegó un pequeño brinco al escuchar al pelirrosado tan cerca, ni siquiera lo escuchó venir; rápidamente ocultó el muñeco metiéndolo en su suéter.

—N-Natsu, a-aquí estás —estaba completamente nerviosa, su expresión y tartamudeo lo demostraba—, creí que ya te habías ido.

—No, aquí sigo —Natsu se acercó más a ella, estando lado a lado, y se sentó a su izquierda. Lucy insistía en ocultar el muñeco—¿Qué tienes ahí?

—¿Dónde?

—Ahí —Natsu señaló el pecho de Lucy, justamente donde había metido el muñeco.

—Lo que toda chica tiene al llegar a cierta edad, Natsu. Nada más.

—Eso no.

—¿Entonces?

—Dentro de tu suéter —Lucy dejó salir una exhalación, se resignó al fallar en ocultar aquél muñeco y lo sacó de su interior para mostrárselo a Natsu. El pelirrosado lo tomó y lo examinó—¿Es lo que creo que es?

Prácticamente el muñeco se componía en su totalidad de tela, tenía forma humana; en la cabeza resaltaba un estambre rizado, asemejándose a una cabellera, y de adorno tenía una diadema de flores azules; usaba un vestido blanco con holanes y tenía escrito en la nuca un nombre en letra cursiva: "Touka"

—¿Es un...? —Natsu ya sabía de qué se trataba, pero quería saber si Lucy tendría la confianza de decirle. La rubia titubeó, abrió la boca para responder y después de cinco segundos contestó.

—Un muñeco Voodoo... —musitó Lucy con un hilo de voz. Natsu encargó una ceja.

—¿Qué? No te escuché.

—¡Es un muñeco Voodoo! —vociferó Lucy. Natsu rió a carcajadas.

—¿Y porqué tienes un muñeco Voodoo de Touka?

—Porque Touka debe aprender a no tocar lo que es mío —decretó Lucy. Natsu amplió los ojos, y sus mejillas se tomaron rojas. Luego dibujó una sonrisa.

—Jeje, no tienes remedio.

FINALE.