Creo que en este capítulo comprenderéis muy bien el actuar de Naru y sus hermanos, el por qué de ser tan reticentes a salir con los Uchiha y confiar en ellos (;
Capitulo 14
-Mañana nos enteraremos de todo.- dijo para seguidamente darle un tierno beso en la frente al rubio.
-Está bien.-accedió el menor acomodándose mejor en el pecho ajeno. Poco después se quedó dormido al igual que el azabache, ambos, con una sonrisa en el rostro.
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"¿Me pregunto si aguantaré sin lanzarme sobre él?"pensó para sí el moreno al sentir el cuerpo del rubio arrimarse al suyo en busca de calor. Abrazó al menor por la cintura y lo atrajo hacia sí.
Y con un último pensamiento se quedó profundamente dormido al igual que su koi: "¿Qué habrá pasado con mi otouto y Sai?" pensó antes de caer en los brazos de Morfeo.
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Durante el camino el pelirrojo también cayó dormido al igual que el rubio pelilargo en su momento. El moreno solo sonrió y una vez llegaron a su destino se encaminó hacia su recamara para dormir junto a su novio. Llevando a este en sus brazos con el cuidado digno que toda joya merecía.
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El ambiente en la estancia era incómodo y tenso. Todos los presentes se encontraban en silencio sin saber muy bien qué decir. Mientras un rubio y una pelirroja observaban a los menores enojados estos desviaban las miradas sin saber muy bien como explicar toda aquella situación a sus padres. Por otra parte los Uchiha mayores miraban a sus amigos con algo de preocupación a la vez que sus hijos simplemente se sentían bastante enojados.
Aquella situación se prolongó durante unos minutos más hasta que la voz de la desconocida mujer se hizo presente.
-¿Podríais explicarnos todo esto?- ordenó en un tono de voz algo severo. Los menores tragaron sonoramente al oír aquella pregunta. Se miraron para seguidamente asentir al mismo tiempo.
-Mamá... verás nosotros estamos... saliendo con ellos.- se atrevió a decir el rubio pelilargo.
-Eso ya lo entendí por como os encontramos.- dijo con voz dura. Ante aquel comentario los tres se sonrojaron de sobremanera.
-Bu...bueno... es algo difícil de explicar.- murmuró ahora el pelirrojo sin verles a la cara.
-Trataremos de entenderlo.- volvió a ser su respuesta mordaz. En ese momento la paciencia del rubio menor se agotó y encaró a sus padres enojado.
-¡Qué más da! ¡No es como si estuviésemos haciendo algo malo!- exclamó mirándolos enfadado, sorprendiendo a todos los presentes por el repentino grito.
-¿Qué no es nada malo?- preguntó ahora el padre de los chicos mirándoles de una forma escalofriante que hizo que a los Uchiha menores les recorriese un escalofrío por todo el cuerpo, pero en los Namikaze menores eso no tuvo ningún efecto.
-Nosotros solo estamos preocupados por que os dejamos aquí durante un par de meses y al volver nos encontramos con algo como aquello.- habló de nuevo la mujer.
-Tenéis que entender que no es algo que nos haga mucha gracia. Además de que todavía sois...
-¡Demasiado jóvenes para tener pareja!- le interrumpió el ojiazul con voz fastidiada por las veces que había oído aquella estúpida frase en su vida.
-¡Pues si lo entiendes solo deberías de escucharnos!- gritó ahora la mujer. Aquello ocasionó que fuesen rubio pelilargo y pelirrojo menor los que perdiesen la paciencia.
-¡¿Cuál es vuestro problema?!- gritó el mayor de los tres apretando los puños con fuerza.
-¿Demasiado jóvenes?- preguntó con sorna el de ojos aguamarina.
-Vosotros comenzasteis a salir juntos a los 15 años así que no nos vengáis con semejante estupidez.- medio escupió ahora el menor de ellos.
-Lo que nosotros hayamos hecho no tiene nada que ver aquí. Estamos hablando de vosotros.- se defendió el rubio mayor.
-Así que somos lo suficientemente mayores como para mudarnos a una ciudad desconocida, cambiar de escuela y vivir con gente que no conocemos, pero somos demasiado jóvenes para decidir con quién queremos estar, ¿es eso?- cuestionó de mal humor el de cabello largo.
-Simplemente es que no confiáis en nosotros.- habló ahora el pelirrojo.
-No es que no confiemos en vosotros es simplemente que todavía no sabéis qué es lo que queréis en la vida.- intentó excusarse de nuevo el patriarca de la familia.
-Así que era eso...- murmuró enojado el kitsune.
-¿Qué no sabemos lo que queremos?- preguntó en un murmullo el pelirrojo negando con la cabeza entreincrédulo y agotado.
-¿Qué demonios os creéis? ¿Por quién creéis que estoy estudiando algo que odio con todas mis fuerzas?- reclamó mirándoles con un profundo odio el de cabello largo.
-Tú escogiste estudiar esa estupidez de carrera en arte. Ahora no nos culpes a nosotros.- comentó el mayor como si nada.
-¿Te crees que es el arte? Para que lo sepas eso es lo único que realmente me ha importado en toda mi vida.- dijo sin creerse como su padre podía ser de aquella forma.
-Hmp. No es más que un simple capricho tuyo como de seguro lo es el que quieras salir con ese chico.- declaró la pelirroja. Ese comentario hizo que el mayor les mirase con un odio tan profundo que nunca nadie imaginó que alguien pudiese ver de aquella forma a sus propios padres.
-¿Y qué si fuese un capricho?- preguntó el Namikaze menor a la vez que apretaba los puños con fuerza.
-¿Alguna vez habéis cumplido alguno de nuestros caprichos?- inquirió ahora el pelirrojo.
-El que Deidara asistiese a esa universidad fue por un capricho suyo y nosotros se lo hemos permitido.- respondió la madre quien seguía con los brazos cruzados y les miraban con si de niños de 5 años se tratara.
-¿Qué me lo habéis permitido?- habló con sorna el mencionado.- Solo me dejasteis ir allí por que era conveniente para vosotros. Lo aprovechasteis para así poder largaros sin tener que preocuparos por nosotros.- dijo sin cambiar su semblante.
-¿Ahora también negarás que no dejamos que estudiases esa estupidez?- le preguntó el padre mirándole con una ceja alzada.
-La única razón por la que Dei-nii puede estudiar la carrera que quiso es porque se buscó un trabajo de medio tiempo para poder pagarlo. A vosotros solo os interesaba que él hiciese lo que queríais y le matriculasteis sin ni siquiera preguntarle.- respondió ahora el kitsune.
-No me vengas con eso Naruto. Tú eres el menos indicado para hablar porque siempre hemos hecho lo posible para que hicieses lo que quisieras.- comentó el mayor.
-Jajajajaja si te refieres a obligarle a trabajar en tu empresa solucionando los problemas que tu incompetencia ocasiona tal vez tengas razón. O tal vez te refieres a todas las veces en las que él ha tenido que asistir a las fiestas en tu nombre para conseguirte accionistas porque eres un completo inútil. Aunque quizás te refieres a cuando le obligaste a asistir a clases de interpretación para que fuese el mejor actuando y así poder camelarse a cualquiera que tú necesitases. Ah, se me olvidó también la vez en que le mandaste a vivir con el hijo de un viejo por que ese fue el pago para que accediese a asociarse contigo.- comenzó a decir el pelirrojo en defensa de su hermano pequeño. Todo lo que estaba diciendo hizo que el azabache se enojase de sobremanera. Nunca pensó que el padre de su novio le tratase de aquella manera.
-¡Ya cállate!- le gritó su madre y estuvo a punto de golpear al menor cuando el moreno se interpuso y la detuvo antes de que pudiese hacerlo.
-Ni se atreva a tocarlo.- habló con una voz extremadamente fría que congeló a la mujer en su sitio.
-Minato, Kushina... será mejor que os marchéis de aquí y cuando tengáis la cabeza más fría hablaremos.- ordenó ahora la morena mirando entre enojada y decepcionada a ambos.
-Bien... vosotros os venís.- declaró el rubio mayor y cuando estaba por agarrar del brazo a su hijo menor, su moreno amigo se interpuso.
-Ellos se quedarán aquí.- dictaminó con convicción.
-Son nuestros hijos.- dijo ahora la pelirroja.
-Me importa poco. Estando como estáis podrías volver a hacer alguna estupidez como la que casi acabáis de hacer, así que será mejor para ellos el quedarse aquí.- volvió a hablar la morena sin importarle que sus amigos les mirasen enojados.
-Como queráis.- bufó el rubio para seguidamente comenzar a caminar hacia la salida, siendo seguido por su mujer.
Una vez ambos se habían marchado todo volvió a quedarse en silencio. Ninguno sabía que decir en ese momento, aunque su atención se enfocó en los hermanos cuando vieron como se desplomaban sobre el suelo, alarmando a la familia de morenos.
-¡Naruto/Deidara/Gaara!- gritaron al unísono el nombre de sus parejas para seguidamente acercarse a ellos corriendo, con notable preocupación.
-Lo siento... fue demasiada tensión.- comentó en un leve susurro el mayor de ellos sin embargo no levantó la mirada que tenía fija hacia el suelo de la sala.
-Si... no queríamos preocuparos.- dijo ahora el pelirrojo con una leve sonrisa viendo a su novio el cual notó el brillo de tristeza en esos orbes que tanto amaba.
Por otra parte, el menor de ellos no dijo absolutamente nada ya que no sabía el qué. Los tres morenos se miraron entre si y asintieron para a continuación agacharse hasta quedar arrodillados en frente de su respectiva pareja y abrazarles sorprendiéndolos por el repentino acto.
-¿Qué?- preguntó con confusión el mayor.
-Sai...- susurró el pelirrojo sin entender.
En cambio el de ojos zafiro se abrazó a su azabache novio y sollozó levemente manteniendo la cabeza escondida en el pecho ajeno. El ojinoche acarició con cariño los cabellos rubios de su pareja para demostrarle su apoyo y que pudiese desahogarse a gusto. Entonces fue como si esos sollozos fuesen el detonante en los otros dos chicos porque también comenzaron a llorar siendo consolados por sus respectivas parejas.
Al ver aquella escena la única mujer presente comprendió las palabras de los tres chicos cuando habló con ellos después de enterarse sobre la relación que habían emprendido con sus hijos.
/-/ Una semana antes /-/
La morena caminaba felizmente por los pasillos de su casa en dirección al cuarto de sus lindos invitados aunque primero se detuvo frente a la puerta de su hijo menor, llamó un par de veces y al no recibir respuesta decidió entrar. Vacía. Así es como se la encontró. Suspiró desanimada solo que poco después pensó que aquello podía ser una buena señal por lo que procedió a ir a la del rubio menor, ya que era la que estaba más cerca.
Repitió el proceso y como tampoco respondió nadie decidió entrar. Al hacerlo reprimió el grito que quiso escaparse de su garganta. Con la emoción a flor de piel fijó su vista en las dos personas las cuales dormían plácidamente sobre la mullida cama, abrazados. Sonriendo de oreja a oreja salió para dirigirse al de su hijo mayor. Una vez allí volvió a encontrarse con la misma imagen que con los menores. Emocionada a más no poder fue a revisar la habitación que quedaba y esta vez no pudo reprimir el grito de emoción y felicidad al encontrarlos también durmiendo juntos.
Ante el ruido los chicos saltaron de la cama sorprendidos y miraron a la causante de ello. Al darse cuenta de la situación los dos se sonrojaron de sobremanera, aunque el pelirrojo más que el moreno.
Las otras dos parejas salieron a la vez de las habitaciones para saber qué había sucedido y se encontraron con un sonrisa pícara de la mujer que iba dirigida hacia ellos. Primero no entendieron por qué de aquella mirada, pero pronto ambos rubios se percataron de como iban: el menor solo estaba en ropa interior mientras que el mayor llevaba una camiseta de su novio que le quedaba demasiado grande. Ambos se sonrojaron de tal forma que parecían dos grandes semáforos.
Después de aquella vergonzosa situación se encontraban los ocho desayunando aunque los pobres Namikaze seguían sin poder ver a la cara a la morena, quien cabe decir seguía con aquella gran sonrisa en el rostro.
-¿Y bien?- preguntó por fin la impaciente mujer.
-Esto...- murmuraron los menores.
-¡Vamos!- les apresuró a hablar.
-¿Qué se supone que sucede?- inquirió el patriarca sin entender nada de lo que pasaba.
-Mamá... no hace falta que preguntes lo obvio.- comentó el mayor de sus hijos.
-Sabes perfectamente que hemos empezado a salir.- le dijo con una sonrisa de lado el menor.
-¡Kyaaaaaa!¡Por fin!- gritó ella a la vez que saltaba sobre los menores que se sonrojaron aún más al ver como sus parejas no habían tenido reparo alguno en hablar sobre su reciente relación.
-¿Cómo?- cuestionó un estupefacto moreno, mirando a sus hijos sin llegar a creer lo que había oído.
-Lo que oíste. Yo estoy saliendo con Gaa-chan, Sasuke con Naru-chan e Itachi con Dei-chan.- explicó el joven pintor sin borrar la sonrisa de su rostro.
El mayor solo suspiró y sonrió levemente ante aquello sorprendiendo a los menores.
-Etto... ¿no le importa?- le preguntó un cohibido rubio.
-No. Ya sabía que esto pasaría en cuanto mi mujer dijo que erais perfectos para nuestros hijos y sobrino.- respondió con sinceridad.
Ante aquella respuesta los menores se relajaron y sonrieron al ver que tendrían unos muy buenos suegros.
-Bien... ahora solo falta que lo sepan vuestros padres.- comentó contenta la mujer aunque aquello hizo que los tres se petrificaran en si sitio.
-Emm... Mikoto-san... ¿cuanto... hace que no ve a nuestros padres?- cuestionó el pelirrojo con indecisión.
-¿Eh? Pues... Naru tenía apenas unos cinco años...- dijo pensativa la mujer ante la repentina pregunta.- ¿Por qué?- le preguntó sin entender.
-Verá... nuestros padres... cambiaron bastante desde entonces.- intentó explicar el menor.
-Bueno, eso es normal. Todos cambiamos con el pasar del tiempo.- habló sin entender la mujer.
-Mikoto... creo que no se refieren a eso.- comentó el mayor que al parecer si notaba el nerviosismo de los menores, al igual que sus hijos y Sai.
-De todos modos... es mejor que pensemos en cómo decírselos nosotros ¿si?- insistió el pelirrojo mirando a la mujer. Ella solo asintió algo decepcionada por no poder hacerlo ella, pero supuso que era porque aquello debían de decirlo ellos, ya que eran sus padres.
Después de aquella conversación pasó una semana en la que los chicos no se separaban y se comportaban como recién casados, lo que le hacía bastante gracia a la morena. Aquel día en la tarde fue cuando se encontró con la pareja Namikaze justo delante de la puerta de su casa. Pensando que ya sabían sobre las nuevas parejas de sus hijos y que querían conocerlos dejaron que pasasen solo que nada más llegar a la sala encontraron a la pareja mayor viendo la televisión uno encima del otro, besándose de tanto en tanto; al moreno y pelirrojo sentados en la mesa discutiendo sobre algo de clase, aunque como era costumbre, el segundo besó al contrario para callarle, seguro que por algo que le hizo avergonzarse; por último estaban los menores, Sasuke se encontraba estirado boca arriba en el suelo hablando con el rubio el cual se encontraba encima suyo a la vez que jugaba con algunos mechones rubios. La pareja Uchiha no se sorprendió por aquello ya que era costumbre encontrarlos de aquella manera, pero a los Namikaze no les hizo ninguna gracia y gritaron enojados al recuperarse del shock.
Así fue como llegaron a como estaban anteriormente. La mujer frunció el ceño al ver como los menores no dejaban de llorar por todo lo ocurrido. Una hora más tarde consiguieron tranquilizarlos sin embargo los pobres cayeron profundamente dormidos a causa del cansancio, tanto emocional como físico. Sus hijos procedieron a llevarles a sus habitaciones para que estuviesen más cómodos y entonces la mujer reunió a toda su familia en el comedor.
-Bien... yo iré a hablar con sus padres.- declaró la mujer nada más sentarse en la silla.
-Nosotros también queremos ir.- comentaron los tres a la vez.
-Ni hablar. Estáis demasiado enfadados y solo lo estropearíais. Además... tenéis que estar aquí con ellos.- se negó con decisión.
-Supongo que esto fue lo que quisieron decir cuando comentaron que habían cambiado.- mencionó el mayor después de suspirar.
-Si... solo me queda averiguar por qué.- habló ella para a continuación levantarse de su luegar y con paso decidido dirigirse hacia la salida de su hogar. Iba a descubrir la verdad detrás de todo ese asunto, por el bien de todos los involucrados.
Ninguno de los hombres se interpuso ya que sabían que ella era la mejor para hacerse cargo de aquella situación. El mayor suspiró y también se levantó de su lugar.
-Necesito averiguar unas cuantas cosas. Aseguraos de cuidarlos bien.- les dijo y sin esperar ningún tipo de respuesta se marchó de allí, los menores supieron de inmediato que su destino era su despacho en casa.
Una vez se quedaron solos se pusieron a conversar sobre lo que había pasado aquel día.
-No entiendo por qué tienen esa actitud.- comentó un enojado azabache el cual sentía ganas de golpear algo de solo recordar las palabras del pelirrojo sobre los que sus padres le habían estado haciendo al rubio kitsune.
-Yo tampoco. Son sus hijos y deberían de preocuparse más por ellos, no tratarlos como si tuviesen cinco años.- gruñó ahora el moreno quien se cruzó de brazos molesto.
-Nunca pensé que a Dei le estuviesen obligando a asistir a esa carrera, aunque en realidad se le ve muy aburrido en clases. Solo sonríe y le brillan los ojos cuando le tocan las de arte.- habló pensativo el de cabello largo.
-Realmente te fijas mucho en esos detalles.- habló con burla el pintor.
-Hmp. Pues claro. Después de todo es mi lindo e irresistible novio.- respondió sin inmutarse por la burla, sino más bien con orgullo.
-Tu no deberías hablar. Te la pasas siguiendo con la mirada a Gaara.- dijo ahora el azabache dirigiéndose hacia su primo.
-Pues tu haces lo mismo con Naru-chan. Se nota a leguas cuanto quieres meterlo en tu cama y no sacarlo de allí en mucho tiempo.- le devolvió el comentario mientras sonreía de lado.
-Ni que pudiera evitarlo. Naruto está como quiere y es cierto que me muero de ganas por devorarlo solo que si él no se siente preparado no pienso forzarle. Me aguantaré y mataré a duchas de agua fría.- respondió y ante el comentario tan sincero los otros dos rieron con diversión.
-Te entiendo... cada vez que duermo con Deidi me cuesta no pensar en nada pervertido. Le queda tan jodidamente sexy mi camiseta.- confesó el mayor perdiéndose en sus fantasías.
-Vale, somos unos jodidos pervertidos sin embargo no estábamos hablando de esto.- recordó el azabache para que se centrasen otra vez en lo importante.
-Cierto... ¿deberíamos preguntarles o esperar a que nos lo cuenten ellos?- preguntó el moreno.
-No se... supongo que esperar. No creo que sea buena idea presionarlos a hablar cuando han pasado tantas cosas.- respondió el de ojos color ónix.
-Estoy de acuerdo. Además ahora lo que tenemos que hacer es apoyarles y para hacer eso...- lo dejó creando interés en ambos.
-¿Qué?- preguntaron ansiosos por saber qué había pensado.
-¡Hay que hacer que coman algo!- gritó con entusiasmo. Aquello hizo que a los otros dos les cayese una gotita por la sien y cayesen de bruces al suelo.
-¿¡Para eso creas tanta expectación?!- recriminaron enojados los dos hermanos quienes fulminaban con la mirada al estúpido de su primo.
-Jajajajajajajajaja.- oyeron la risa de alguien. Se miraron entre si y al girar observaron a sus lindos novios riéndose en la entrada.
-¡¿Cuanto lleváis ahí?!- exclamaron a la vez los tres algo avergonzados.
-Desde que se marchó Fugaku-san.- respondieron al unísono también, pero sin dejar de sonreír.
Los mayores se quedaron congelados al oír aquello y sin darse cuenta ya tenían a sus parejas sentadas sobre sus regazos.
-Gracias por preocuparos por nosotros.- comentó con dulzura el kitsune mientras abrazaba a su novio por el cuello y le sonreía.
-Aunque vuestros pensamientos pervertidos sobraban un poco.- murmuró un avergonzado y colorado Deidara para a continuación darle un tierno beso en la mejilla a su novio.
-Bueno... ya me estoy acostumbrando así que no hay nada que hacer.- dijo un divertido pelirrojo al tiempo en que besaba a su novio en los labioscasta y dulcemente.
Mientras ellos conversaban tranquilamente y teniendo a los menores más relajados, la madre de los Uchiha había llegado frente al hotel donde se hospedaban sus amigos. Suspiró para armarse de valor y con paso decidido entró al lugar para aclarar las cosas de una sola vez.
...Continuará...
Okey... espero que os haya gustado. Todavía es pronto para que odieis a los padres de lo chicos por que todavía hay algunas cosas que necesitan explicación, pero ¿qué os está pareciendo de momento?
Dejádmelo saber en los review ¿nee? n-n
