Encimera
Inuyasha se despertó al percibir que el cuerpo a su lado había desaparecido. Miró rápidamente por la ventana y comprobó que aún era de noche.
—¿Kagome? —Preguntó al aire aún somnoliento.
Al no obtener respuesta decidió seguir el aroma de la joven hasta dar con ella. Su olor lo guio a través del pasillo, las escaleras y, finalmente, el comedor de la casa de los Higurashi. La encontró tomando un vaso de agua mientras trataba de hacer el menor ruido posible. La observó en silencio sin perderse detalle de sus movimientos. El pantalón corto azul marino, acompañado de una blusa blanca, pequeña y suelta, —bajo la cual sabía que no había ningún sujetador— junto con su pelo enmarañado... Todo el panorama se le antojaba terriblemente sensual.
Se movió con sigilo a sus espaldas mientras la veía guardar la jarra con agua de nuevo en la nevera. La abrazó por la espalda y la sintió tensarse por un segundo al no reconocerlo.
—Inuyasha... —Susurró— ¿Te desperté? —Diablos, sabía que se había movido demasiado en cuanto se levantó— Ya estaba por volver a la cama.
Inuyasha miraba con renovado interés a la azabache delante de él. La sentía ligeramente nerviosa; y eso le encantaba. Desde su posición tenía una perfecta visión de su escote, los piernas de la mujer parecían tambalear a causa de su presencia y no pudo evitar sentir que debía compensarla al reaccionar así ante él.
—¿Para qué volver? —Su boca descendió hasta encontrarse con el cuello de la azabache, quien suspiró suavemente al sentir su aliento caliente chocar contra su sensible piel— No hay nadie aquí. Podemos entretenernos —Insinuó.
—N-no... No, no podemos.
—¿Por qué? —Apretó uno de sus pechos y sintió la forma en que el pezón se endureció aún por debajo de la tela. Le encantaba que su cuerpo reaccionara al instante, aunque su mente a veces se encontrara reacia a... Hacer el amor.
—Porque... Porque... —Era difícil formular una explicación coherente, no podía sonar autoritaria, ni siquiera era capaz de sentir algo más allá del agradable placer que comenzaba a recorrerla.
Inuyasha tomó el mentón de Kagome y la obligó a mirarlo aún estando detrás de ella y la besó con frenesí disfrutando de su calidez, de su sabor, de la suavidad de sus labios y los casi inaudibles suspiros que salían de la boca de la azabache. La presionó contra su pelvis haciendo que sintiera su creciente erección, necesitaba que ella fuera consciente del nivel de excitación que estaba experimentando.
Kagome se mordió el labio inferior al sentir los ligeros movimientos de la cadera masculina, como si él quisiera anticiparle lo que iba a pasar. Se giró en medio del abrazo. En parte para besarlo mejor, en parte para hablar, pero, en mayor medida, para sentir aún mejor la dureza del albino.
Las manos masculinas acariciaban cualquier porción de piel a la vista e inclusive aquellas zonas que aún continuaban cubiertas. Inuyasha delineaba el diminuto pantalón queriendo bajarlo, sacarlo, cortarlo... Necesitaba ver lo que había debajo de aquella estorbosa tela. Kagome sonrió en medio del beso al sentir la necesidad en las acciones de Inuyasha. Se apartó de su cuerpo y se subió a la encimera de la cocina bajo la atenta mirada del albino. Tomó su collar de cuentas y lo atrajo hacia ella mientras con sus piernas rodeaba sus caderas para seguir sintiendo la fricción entre sus sexos. El ojidorado quiso reanudar el beso, pero Kagome colocó un dedo en sus labios para silenciarlo brevemente.
—Bueno —accedió, aunque por sus acciones Inuyasha sabía que tenía permiso de continuar desde el momento exacto en que la joven comenzó a suspirar entre sus brazos—, pero debe ser rápido... Y silencioso. No quiero que mi familia se despierte.
El ojidorado sonrió con sorna ante lo último. Ambos sabían que de los dos la que más gemía y murmuraba siempre era Kagome, por lo cual dependía de la azabache que no los encontraran in fraganti.
—Hecho.
Kagome se recargó hacia atrás, dándole una buena visión de su cuerpo sumiso y disponible únicamente para él. Sabía cuánto le gustaba sentirse dominante en la cama o, en este caso, en la encimera de la cocina.
—¿Qué esperas entonces, I-nu-ya-sha? —Silabeó su nombre con lujuria y eso fue todo lo que el ojidorado necesitó para dar rienda suelta a la pasión.
Si bien el sexo nunca supuso una verdadera prioridad en su vida, desde que lo hizo con Kagome esa se había vuelto una de sus actividades favoritas. Las hormonas parecían haber despertado todas juntas y eso lo tenía con la sangre caliente tanto de día, como de noche, algo que Kagome aprovechaba de muy buena manera.
Lo malo de haber formalizado su relación con Kagome era que ahora se notaba demasiado lo mucho que a ambos les hacía falta el tiempo a solas. En el Sengoku nunca tenían tiempo a solas o descansos de la búsqueda de la perla de Shikon. En la época actual Kagome siempre salía corriendo para asistir a la escuela y, cuando llegaba, se dedicaba a estudiar, dormir o ducharse. Simplemente el tiempo como pareja no existía.
—Alza más las piernas —pidió en medio de jadeos—, se siente más apretado de esa forma...
—¿Así?
—Ah... Sí, así...
Por lo menos esta vez, en la soledad de la cocina, en el silencio de la noche, ambos podrían tener el tan ansiado sexo que tanto les hacía falta desde hace semanas. Sin Shippo acaparando su tiempo, sin las charlas de Sango, ni los comentarios incómodos de Miroku o las lecciones de Kaede. Sin el abuelo tratando de exorcizarlo o Sota queriendo jugar. Solo ellos dos, amándose... En la encimera de la cocina.
FIN
Pero la puta madre, ¿qué clase de mierda escribo? JAJAJAJAJAJA Sé que les va a gustar (porque son unos amores y siempre les gusta lo que escribo uwu). Cuando escribí esto (vean la fecha) estaba pensando "¡QUÉ BELLÍSIMA OBRA DE ARTEEE!" Porque apenas había empezado a escribir los drabbles del reto. Ahora que ya tengo más experiencia en los lemons no puedo evitar pensar que esto es basura xD pero tampoco tengo ganas de corregirlo. Así que weeeeno, espero que el próximo les guste más ;-;
Gracias a todos los que comentaron, a los que han comenzado a seguirme, a los nuevos lectores que van dejando pequeños comentarios que me alegran y, sobre todo, agradezco que me hagan saber que les saco unas buenas carcajadas. Simplemente, ¡gracias!
Nos leemos mañana en un drabble que me ha dejado mucho más satisfecha con el resultado :D
24.9.20
