Día 11. Pincel
Agua, pequeños recipientes, colores, pinceles, mezcladores y un lienzo cuyo blanco original iba aceptando con generosidad los colores que aquellos pinceles pintaban. Una tarde normal en la mansión de los Li, calmada y apacible en aquel estudio que era el único testigo de la obra en proceso, hasta que la puerta de dicho recinto interrumpió a aquel artista
—¿Shiefa? ¿Qué haces aquí?
—Oh madre —la dueña de aquella pintura en proceso soltó el pincel que albergaban sus manos para dirigir la respectiva reverencia que la llegada de su madre ameritaba—. Disculpe mi intromisión en el estudio, pero tengo una asignación de arte y justo hoy hay una hermosa vista desde aquí.
La hermosa figura de Ieran se acercó a su hija para descubrir el secreto que aquel lienzo albergaba. Un semblante de ternura poco visto en la matriarca se reflejó mientras dirigía su vista hacia una de las ventanas del estudio, para ver con alegría los modelos que su hija había escogido para aquella tarea.
—Son tan adorables —interrumpió Shiefa—, los vi entrenar mientras buscaba los materiales y no pude resistirme a retratarlos.
La matriarca sonrió. Afuera, en una parte del jardín de la mansión, Shaoran, Meiling y Xiwang hacían sus entrenamientos con Wei. Una disciplina poco común para niños de cinco y seis años. Meiling vivía tan cerca que venía a entrenar a diario a la mansión, y Xiwang prácticamente vivía con los Li dado su compleja situación familiar.
—Si, son adorables aunque… a veces quisiera que Shaoran disfrutará más su niñez y no se apartará de todos
—Creo que la prima Mei lo abruma un poco —bromeó con soltura Shiefa—, sin embargo creo que se lleva mejor con la pequeña Lecuyer.
Ieran asintió y justo el comentario revolvió sus sentimientos. Imágenes de hace algunas décadas invadieron sus recuerdos. Ella y otra pequeña aprendiendo a manipular de manera correcta sus habilidades mágicas. Aquel compañerismo y confianza, las sonrisas cómplices de amistad, destruidas en algún momento de sus vidas. Nunca la honorable líder actual del clan Xu pudo aceptar la noticia en su corazón. Aquel aviso de que sería Ieran y no ella la prometida del próximo líder del clan Li.
—Si Shiefa, su relación con Xiwang es fuerte y eso me preocupa un poco.
La curiosidad se apoderó de la mirada de la joven, quien no entendía las palabras de su madre. A lo lejos veía desaparecer a la pequeña pelirroja del campo de entrenamiento.
—¿Por qué madre? ¿El asunto del compromiso?
El suspiro de Ieran se cargaba de nostalgia. Realmente se había encariñado con aquella pequeña.
—Antoine ha llamado. La vida de Xiwang continuará en Europa…
Silencio. Un silencio que decía mucho y un par de corazones que se inundaban de una pena que hacían doler sus pechos. Unos toques a la puerta y una pequeña figura agitada y rojiza como sus llamas apareció en el umbral de aquella puerta.
—Perdón tía Ieran, me avisan que me mandó a llamar.
La sonrisa de aquella pequeña iluminó el estudio profundizando aquel dolor en el pecho de las presentes y obligando a calmar el sollozo en sus gargantas.
—Pasa querida, puedes sentarte.
Shiefa procedió a recoger sus cosas para darles privacidad. Hizo una reverencia y revolvió los cabellos de fuego de aquella que había adoptado como prima mientras salía. Miro los pinceles en sus manos. Aquellos pinceles que quizás habían plasmado una imagen que nunca volvería a ver.
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NA
Un pequeño paraje del pasado que bien podria tomarse como parte de LPDLL. una bella imagen de aquellos niños sera subida a fb
Gracias por sus comentarios!
