Día 10. Draco puede ser un gran maestro
Draco cerró la puerta del baño con cuidado y lo encaró. Harry estaba sentado en la orilla de la cama, secándose el cabello con un hechizo no verbal, que provocaba que las yemas de sus dedos soltasen aire caliente.
—¿Y bien? —Le enseñó esa sonrisa torcida que pretendía ser un reto para Draco—. ¿Cuál es el cronograma del día, profesor?
Draco caminó hacia la cama, retirándose la bata de baño en el proceso. Permitió que la prenda se deslizase hacia abajo por sus hombros y cayese al suelo. Se detuvo frente a él.
—Quítatela —indicó, en ese tono ronco que hacía estremecer a Harry por dentro, aunque se rehusase a reconocerlo.
Harry desató el nudo de su bata de baño y se sacó la prenda. También la dejó en el suelo.
—He estado bien con la parte de los besos —admitió Harry, divertido—, la mamada de la semana pasada fue…bastante buena. Cualquiera puede hacerlo.
La mirada de Draco le advertía que andaba por un terreno muy peligroso. Después de todo, fue Harry quien le preguntó acerca del tema y lo arrastró allí para comprobar su teoría de que, tal vez, también le interesaban un poco los hombres.
De momento, tenía sus dudas sobre lo de "hombres". Y puede que más bien estuviese interesado en "Draco".
—Recuéstate —Draco gesticuló hacia el colchón. Harry se tendió, vacilante.
—Creí que habíamos acordado que no habría penetración hasta que estuviese seguro.
—No habrá —Draco hizo una pausa, con una expresión pensativa—, no de esa.
Harry exhaló al estar tendido en la cama. Draco apoyó sus rodillas en la orilla del colchón, le sujetó las piernas, e hizo que las flexionase.
Bien. Se besaron, se tocaron, hacían venir al otro desde hace algunas semanas, pero tener las piernas abiertas para él era diferente. Le provocó un cosquilleo por todo el cuerpo. No era desagradable.
—¿Qué vas a hacer? —Harry observaba sus movimientos con atención, seguro de que podía relajarse y dejar que Draco se pusiese en el espacio entre sus rodillas.
—Enseñarte algo, por supuesto —replicó Draco, inclinándose para repartir besos por su abdomen, sin quitarle los ojos de encima—. ¿Recuerdas la palabra que debes decir si quieres que pare?
Harry asintió y procuró mantenerse apoyado sobre los codos para ver lo que se le ocurría. Draco pasó las manos por sus muslos, acariciando con cuidado, y su boca descendió hasta la pelvis de Harry, quien tragó en seco cuando notó sus intenciones.
Draco cerró los dedos en la base de su miembro y movió la mano arriba y abajo un par de veces, antes de estirarse para presionar un beso en la punta.
Tener a Draco Malfoy entre las piernas, dispuesto a succionar su glande, hacia tambalear la heterosexualidad de cualquier hombre.
Sin embargo, ese no era el plan para aquel día. Draco mantuvo una mano en torno a su miembro, masturbándolo a un ritmo irregular que pasaba de lento a más deprisa sin previo aviso y lograba que Harry empujase la cadera más hacia él, con las primeras olas de placer recorriéndolo a medida que se ponía duro. Sintió sus labios en la base de su miembro, una leve succión, y cómo descendía más.
Se le escapó un jadeo de pura sorpresa cuando se percató de lo que en verdad haría.
—Draco-
Draco paró de masturbarlo un momento, y utilizó la otra mano para separar mejor sus nalgas. La lamida que dio en su entrada le arrancó una maldición a Harry, que se retorció un poco.
Eso iba más allá de lo que esperaba de él cuando le pidió que comenzaran aquellas sesiones.
—Draco- Draco, oye- ¿es…? ¿Estás segu-? Oh.
Si hubiese sido su primera noche, Harry se habría avergonzado por el sonido que se le escapó. Draco trazó círculos con la lengua alrededor de su entrada, lamió más por fuera, presionó besos a los lados, y cuando deslizó sólo la punta de la lengua dentro, Harry se volvió a retorcer por lo extraña de la situación.
Draco retomó el bombeo en su miembro, arrancándole un gemido bajo. Al mismo tiempo, repitió ese movimiento circular con la lengua, y la llevó dentro de nuevo.
Harry arqueó la espalda y empujó la cadera en busca de más. Más de esa sensación cálida, húmeda. Más, un poco más.
Alzó la cadera otra vez, con más insistencia. Draco frotó el pulgar en la punta de su erección y luego lo abandonó, ganándose un quejido de Harry. Al menos, hasta que sintió que colocaba ambas manos en sus muslos y seguía dedicándose a lamerlo, besarlo, succionar, comérselo.
Maldijo a Draco y sus formas de "enseñarle", cuando una de las manos en su muslo bajó más, hubo una pausa para murmurar algo, y un dedo tanteó su entrada, junto a la lengua que no paraba de probarlo.
Debería haber dicho algo. ¿Estaba dentro del acuerdo? Harry no lo sabía. No le importaba. Si se detenía en ese momento, enloquecería.
Draco sólo introdujo un dedo, le permitió acostumbrarse a la sensación de intrusión, removerse, protestar por lo bajo, sin usar la palabra que lo detendría. Luego volvió a usar sólo la boca, cerrando los labios en su entrada para succionar.
Lo intercambió por su dedo de nuevo. Draco se irguió un poco, lo justo para verlo bien, y lo llevó dentro y fuera. No era tan incómodo después de la primera vez; Harry se sorprendió de no tener la necesidad de retorcerse.
—Hay algo muy interesante sobre esto —Draco le habló con calma, como si fuese una clase cualquiera, con un dedo entrando y saliendo de Harry—, seguro te hará cambiar de opinión sobre parte de nuestro acuerdo.
Harry tenía una respuesta inteligente en la punta de la lengua, cuando lo sintió. Ese golpe de placer, el empujón. Salió desde algún punto que no conocía, apareció por culpa de Draco y lo que fuese que estuviese haciendo en realidad con él, y lo hizo soltar un gemido.
Draco lucía bastante satisfecho con esa reacción. Deslizó su dedo fuera, lo cambió por dos en la siguiente estocada, y antes de que Harry pudiese siquiera pensar en si era incómodo o no, ocurrió de nuevo.
Dejó caer la parte superior del cuerpo por completo y se limitó a disfrutar de esas intensas descargas de placer de cada golpe en su próstata, que lo sacudían y lo hacían jadear. Protestó cuando Draco paró, sorprendiéndose a sí mismo. Draco se reacomodó y las retomó enseguida, sus dedos entrando y saliendo, él de rodillas entre sus piernas, esa sensación impresionante que tenía a Harry soltando retahílas de palabras incomprensibles.
Draco volvió a agacharse sobre la cama y cambió de nuevo dedos por boca, la lamida en su entrada hizo que Harry se arquease, y cuando su lengua volvió a ingresar, él sólo era una masa temblorosa respondiendo a la manera en que lo follaba con esta.
La brusquedad del orgasmo lo asombró. Un instante, tenía la presión en el abdomen, su erección derramaba preseminal, se retorcía, jadeaba. De pronto, perdía toda noción de lógica, tiempo y espacio, mascullando el nombre de Draco y moviendo la cadera hacia él.
Seguía un poco aturdido cuando logró centrarse. Le temblaban las piernas, tenía esperma en el torso, y Draco, frente a él, se arrodillaba en la cama, viéndose como alguien que acababa de obtener algún tipo retorcido de victoria.
La erección de Draco se erguía, goteaba, y por primera vez, Harry se relamió los labios y tuvo ganas de meterse un pene a la boca. No debería resultarle tan impresionante a esas alturas.
Harry extendió los brazos hacia él, pidiéndole que se acercase mediante gestos. Draco se apoyó en manos y rodillas para quedar encima, y dejó que enredase las piernas en su cadera.
—Otra cosa —pidió, con una voz desesperada que apenas reconoció como suya. Empujó la cadera hacia él y se frotó contra su erección, preguntándose qué tan diferente sería, qué tan bien podía sentirse—. Enséñame otra cosa, Draco.
Draco presionó un beso fugaz en la comisura de su boca.
—Con gusto.
Tal vez Harry no fuese tan hetero como solía creer.
