Star Desiree por Aly Andrew

Capítulo 12

Cuando Al´bert regresó después de preparar todo para la ceremonia se encontró con una bellísima mujer esperándolo.

Candy había sido preparada por las mujeres desirianas, siguiendo el antiguo ritual de la diosa. Le habian puesto el vestido ceremonial que dejaba poco a la imaginación, y la de él llevaba ventaja.

Esperaba que la diosa bendijera esta unión, no solo por lo que representaba para su gente, sino también porque ya no podía imaginar el vivir sin ella, debería convencerla para que no quisiera irse a su planeta.

Se acercó y la beso, luego la tomó de la mano y la subió a su aerodeslizador.

- ¿Hacia dónde vamos? - preguntó ella.

Señalando las montañas sagradas de Sire, le dijo: - Al templo de la diosa Uxa. Donde se forjó la historia de nuestro pueblo. Es un lugar sagrado donde las parejas predestinadas se aparean y son bendecidas por la diosa.

- ¿Y dónde dormiremos? - cuestiono.

Él le beso la parte superior de su oreja y respondió: - Ya veras, middle.

El templo de Uxa era espectacular, un gran rio subterráneo cruzaba la entrada del mismo, un hermoso puente daba acceso al interior, que estaba cercado por enormes pilares delimitando el espacio central, de brillantes pisos, que tenía dibujado dos círculos en su interior y al final, se encuentraba la estatua de la diosa, que parecía observar a todos desde su enorme trono. La diosa parecía una Fae de la Tierra, su rostro era delicado y sus ojos brillaban igual que la gente de Al´bert.

Candy sintió que allí había una energía poderosa, cuando quedaron dentro del círculo central, una brisa fuerte los rodeo.

- El poder de la diosa será más fuerte cuando lleguemos al altar donde se posicionan las parejas. Según se dice, será intenso, pero te adaptaras.

Tomo su mano y la guio fuera del primer círculo, hacia el altar que se encuentran casi al finalizar, girando hacia la derecha, se detuvo para mostrarle la tienda de campaña que había preparado.

- Oh- murmuro - eso es…

- Si, pequeña, todo está preparado - dijo, mientras la miraba apreciativamente.

Después de pararse frente al altar, él comenzó a hablarle a la diosa en su idioma, ella no entendía nada, pero su lenguaje fluía, tan hermoso y natural que tenía ganas de llorar, se sentía profundo. Entonces él le tomó la mano nuevamente y cruzaron el altar.

Algo pasó, Candy jadeo, una extraña energía se estaba acumulando en ella. Sintió que buscaba una salida, como si quisiera explotar por la punta de sus dedos.

- Al´bert - jadeo. No tenía control de su cuerpo.

Él tenía los dientes apretados - Agárrate, middle . Pasara.

- ¿Qué está pasando?

- La diosa está mirando en nuestro interior - dijo - determinando si nuestro propósito es puro, si debemos ser bendecidos.

Miró hacia el rostro de la diosa, podía verla devolviéndole la mirada, sintiendo su toque. Era imposible, y, sin embargo, real.

- C-Como sabremos si…

- Lo sabrás.

Y después de un momento, lo sentio.

Comenzó como un cálido aliento que se extendió por su cuerpo. Oleadas de placer la obligaron a aferrarse a Al´bert, con un suave gemido que se escapó de sus labios y su clítoris empezó a latir.

- Al´bert…

El soltó un suspiro y dijo - Si, middle , sí.

Se hizo consiente de todo a su alrededor, podía sentir el roce del vestido como si este fuera de plomo, el viento rozo su cuerpo y sus rodillas colapsaron.

Al´bert la sujeto contra su cuerpo y ella quería estar más cerca todavía, estaba llena de lujuria y necesidad, la llevo a la tienda, cada paso, su cuerpo pedía a gritos la liberación.

- Te necesito - jadeo - ahora.

- Paciencia, pequeña - dijo, a pesar de que estaba completamente duro.

Cuando entraron a la tienda, ella deslizo su mano dentro de sus pantalones, tratando de alcanzar su duro miembro.

Al´bert gruño, el sonido era meramente animal, y él la arrojo sobre las pieles en la parte trasera de la tienda.

Cayo sobre ella rasgando su ropa, mientras le quitaba el vestido, sintió la humedad entre sus muslos y Al´bert gimió, sacándose los pantalones y camisa hasta quedar desnudo como ella.

Él era magnifico. Parecía el doble de grande, sus ojos brillaban, parecía salvaje, indomable.

Candy lo necesitaba desesperadamente, no quería juegos previos, ni burlarse de él, o que él la molestara. Necesitaba que estuviera dentro de ella, empujando, estirando y golpeando, hasta que solo lo recordara a él.

- ¡Si, Al´bert! - grito.

- Uxa nos ha bendecido, middle - gruño - eres completamente mía ahora.

Y se deslizo dentro con un poderoso empujón de sus caderas.

Ella grito y él rugió. El sonido más claro de apareamiento.

Esta más grande, más grande, pensó desesperadamente.

Ella se rindió, él era masivo dentro de ella, tan grande que la estimulo completamente. Estaba alineado a su punto G.

- Estas apretada, pequeña - dijo - tan dulce y apretada.

Pero siguió sumergiéndose dentro de ella, su olor la golpeo con fuerza y trato de aferrarse a su cuerpo mientras la llenaba sin sentido.

El la miraba, la tenía inmovilizada mientras se acoplaban. ¡Amaba esto!

- Tu sexo me toma dulcemente - le dijo - tan dulce y apretado.

Estaba siendo reclamada, su guerrero la reclamaba y a ella le encantaba.

Su orgasmo la envió por el borde, grito mientras un placer increíble la arrasaba una y otra vez. Su visión se oscureció y apenas respiraba.

Escucho el rugido de Al´bert en el fondo de su mente, pero él no se dio por vencido, no aun, su dios del sexo tenia resistencia.

Otro orgasmo como ese la mataría… pero ella siguió moviéndose contra él.

- Déjame tomar todo Al´bert - dijo en jadeos.

- ¿Quieres esto, pequeña? - gruño.

- ¡Si!

Antes de que se diera cuenta, él tomo la daga afilada de la ceremonia, ella inhalo bruscamente cuando él hizo el corte superficial en el lateral de su cuello y una fina línea de sangre apareció.

- No tengas miedo, pequeña - murmuro.

- No - susurro.

Paso su dedo por el corte y lo llevo a sus labios. - Pruébame.

Sin dudarlo ella se inclinó hacia adelante y chupo la sangre. Los ojos de Al´bert brillaron más, antes de besarla con fuerza.

El sabor de su sangre corrió a través de ella, antes de que pudiera recomponerse él la mordió a un lado de su cuello, sus colmillos tan afilados que apenas sintieron el pinchazo. Y luego paso su lengua, provocándole un gemido entrecortado.

- Tómame, middle - dijo con voz áspera y comenzó a moverse fuertemente una vez más.

Ella grito y sello sus labios sobre la herida de su cuello, pasando la lengua, limpiando su sangre.

Vinculo de sangre.

Ahora entendía, podía sentir esa chispa dentro que la consumía. Lo más alarmante es que lo sintió hasta el fondo de su ser. Ella podía alcanzar esa presencia, ese calor.

- Oh sí. Oh sí. ¡Oh sí!

Comenzó a tener otro orgasmo, como si no hubiera tenido el ultimo hacia unos minutos. Y más fuerte que el anterior.

- Si, maldición, ¡si! - grito, antes de que Al´bert se lanzara a mas movimientos erráticos, algunos golpes largos y otros cortos, lo hacía con tanta fuerza que la cama comenzó a moverse, y luego… ese ronroneo / gruñido y comenzó a vibrar dentro de ella. - ¡Oh, m-maldición!

No hubo más palabras. Apenas si podía respirar.

- Mia - gruño. Tomo sus nalgas y continúo bombeando. - Dímelo.

- Tuya, Al´bert - grito - tuya, tuya.

- ¡ Middle ! - gruño antes de que su cuerpo diera un último golpe.

Echo la cabeza hacia atrás y rugió, mientras vaciaba su semilla en ella.

Y entonces se desplomo, rodando sobre ella a último momento, llevándola con él para no aplastarla y poder quedar frente a ella. Sin salir de su cuerpo.

Candy no podía moverse, aunque quisiera, su cuerpo zumbaba con una nueva y extraña sensación, sabía que a partir de ahora no sería la misma.

La llamada de apareamiento los atrapo antes de que se recuperaran. Él gimió y su miembro volvió a la vida aun dentro de ella. En este primer tiempo de la vinculación, se emparejarían muchas veces.

Él podía sentir que ella estaba caliente otra vez, a través del vínculo podía saber que ella lo deseaba de nuevo.

- ¿Al´bert? - pregunto vacilante.

Ronroneo, queriendo calmarla.

- No te preocupes pequeña.

Al´bert cambio de posición, la coloco a horcajadas sobre él, sus palmas tomaron sus senos. Sus paredes apretaron alrededor de su miembro. Ella lo hacía perder el control, pasaría los siguientes periodos felizmente enterrado en ella y aun así no debería tener suficiente.

El aroma de su excitación y su semilla lo tenían nadando en lujuria, pero ella parecía saber lo que necesitaba, se movía arriba abajo sobre su eje, haciéndolo delirar.

- Si, middle - gimió.

Sus ojos estaban fijos en sus pezones, se inclinó y atrapo uno en su boca, ella gimió y acelero. Lo montaba dulcemente.

- Al´bert - respiro con miedo - Yo… no sé si puedo…

Sabía lo que pasaba, llego donde sus cuerpos se unían y toco levemente su clítoris.

- Puedes, pequeña - dijo - me tomaras una y otra vez durante los próximos periodos. Es la bendición de la diosa, el vínculo de sangre es así para mi gente.

- Yo- yo no soy desiriana - le dijo, con ojos desenfocados.

- Si, lo eres. - insistió - eres mi compañera, serás la madre de mis hijos.

Ella tembló, mientras parpadeo.

- Mírame - le ordeno.

Su mirada aturdida lo busco.

- Tengo miedo - susurro.

- Medio , cálmate.

No me temas, pequeña.

Aunque ella se sintió perdida por un momento, trato de enfocarse.

- Te hare feliz - le dijo - te daré hijos, amor un hogar - prometió él.

Necesitaba que ella entendiera.

Podía ver la duda en sus ojos, y sentirla a través del vínculo, estaban tan unidos como era posible. Sabía que ella no podía aceptarlo por completo. Sentía que se le había quitado la elección.

Necesitaba m que debía aceptar su elección, que la diosa los había bendecido.

Sin dudarlo la cambió de posición, la puso sobre sus manos y rodillas y se metió en ella con un suave golpe.

- ¡Si! - chillo ella.

Esta era la posición para los compañeros predestinados. Exigía confianza en ambos lados y demostraba que él no la dañaría, pero si la conquistaría.

- Eres mía - gruño - tu lugar es conmigo.

- Al´bert - dijo sin aliento.

- Nunca te dejare ir.

Y le dio otro orgasmo y tuvo el suyo, otra vez. Ellos tenían lo que muchos desirianos no, estaban predestinados, ni sus padres tuvieron eso, solo eran pareja de crianza. Ella se relajó y la libero, cuando la giró se alarmó cuando vió un líquido que salía de sus ojos.

- ¿te hice daño, pequeña? - pregunto, horrorizado.

- No - susurro.

- ¿Por qué es esto entonces? - pregunto, mientras secaba una lagrima. Él le había causado tristeza y quería remediarlo.

- Yo- yo te siento - susurro ella - no lo entiendo.

- Es el vínculo, middle , es natural, te acostumbraras.

- ¿Has olvidado que quiero irme Al´bert? - sonaba triste.

- Esto es parte nuestra - le recordó. La idea de que aun quisiera dejarlo, dolía.

Ella siguió llorando.

- Por favor, pequeña - suplico - ¿que hice que te causo dolor?

- No lo sé Al´bert - dijo - estoy asustada, ya no sé lo que quiero.

- No deseo verte así - ¿qué puedo hacer?

- Solo… bésame, Al´bert - susurro - abrázame fuerte y bésame.

Eso era algo que él siempre podía hacer por ella, acunarla en sus brazos y abrazarla hasta la eternidad, y esperar que ella aceptara quedarse, porque él ya no sabría vivir sin ella, la beso lentamente y el impulso de apareamiento, los volvieron a consumir . Iban a terminar muy agotados como para pensar lo que pasaría después.

Un día a la vez, Candy, un día a la vez.

continuara...

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