Capítulo 27

N/T: Recordad que las notas de la autora fueron escritas en el año 2009, cuando escribió la historia.

Por cierto, muchas gracias por vuestros comentarios y apoyo.

N/A: Tengo unos cuatro capítulos preparados para salir, y después de eso creo que tres más o así. Así que el final está a la vista. (¡Gracias a dios por eso, probablemente estéis pensando!)

También estoy muy emocionada por ver la película de HBP. Tengo que confesar (aunque no puedo olvidar mi completa devoción por cierto LM/JI), que he sido absolutamente seducida y estoy extasiada por las imágenes de nuestro amado Profesor en los posters y material de promoción. Hay una imagen (en realidad sólo la he visto en las noticias de MNS hasta ahora – disculpad mi vaguedad – espero que sepáis a cuál me refiero) de él extendiendo su varita y se ve completamente… guh… inspirador, digamos. Claramente, el magnífico Sr Rickman ha recibido un poco de aerografía digital seria, pero, ¡¿a quién le importa una m****a cuando acabas con una imagen así?! ¡No estoy quejándome! Encontraréis esto reflejado en mucho de lo que está por llegar en mi escritura…

Un pequeño apunte sobre el texto: En Reino Unido, una escuela preparatoria es una escuela elemental privada. Los Costwolds son una parte del país muy agradable y pacífica, caracterizada por pueblos típicos 'ingleses'. Se considera un área rica, gentil.

Así que… nuestros amantes merecen algo de tiempo lejos de Hogwarts… pero, ¿cómo les irá? Mucho de qué hablar… mucho que hacer…

. . . . . . . . .

No fue hasta bastante tarde por la noche que se levantaron de la cama para salir a cenar. Afortunadamente, la vida nocturna de Edimburgo proporcionaba muchas oportunidades de cenar a una hora tardía, y encontraron un restaurante tranquilo e íntimo en la calle Prince que todavía estaba sirviendo comidas después del teatro.

Fue un alivio para Hermione descubrir que su tiempo juntos lejos de Hogwarts era tan relajado y fácil como lo había sido al principio del día. Igualmente, se le confirmó a Hermione que Severus había desterrado las inseguridades que lo habían acosado. Su decisión de llevarla lejos con él parecía haber despejado su mente, y lo admiró por su fuerza y resolución. Su mentalidad había cambiado notablemente rápido, pero sabía que él no era nada sino directo. Si había decidido algo, no había necesidad de albergar dudas persistentes. Parecían haber dado un enorme paso adelante.

Mientras comían, ambos charlaron libre y fácilmente sobre todo tipo de cosas; el uso de la magia, cómo McGonagall se estaba desempeñando como Directora (muy bien, Hermione se sorprendió al escuchar a Severus concluir) y cómo Hermione se establecería en la vida del Ministerio. Durante una pausa momentánea, Hermione habló sobre algo que la había sorprendido.

"Lo que dijiste antes…"

"¿Sí?"

"Sobre renunciar a tu puesto."

Silencio mientras él esperaba su reanudación.

"No tienes que hacerlo, ya sabes. Hay formas de evitarlo. Quizá podrías renunciar como Jefe de Casa, entonces al menos estarías libre por las noches y los fines de semana. De esa manera, podrías viajar a Londres todas las noches si quisieras."

Él permaneció en silencio por un rato, la cabeza baja, cortando su carne. Luego, finalmente sus palabras llegaron a ella a través de la mesa.

"Antes fuiste firme en cuanto a que debería marcharme."

"Lo sé. Fue una tontería por mi parte. Supongo que yo… quería ponerte a prueba de algún modo."

Él levantó la cabeza de golpe y ella detectó un destello de ira en sus ojos. Enseguida intentó hacer las paces.

"No me refiero de una manera burlona. Sólo… necesitaba saber cómo te sentías acerca de las cosas… acerca de nosotros."

La luz en sus ojos cambió a un resplandor y volvió a bajar la mirada.

"Tenías razón, sin embargo," continuó él con cautela. "Me he acomodado demasiado allí. Me ha ayudado a olvidar, a ignorar cosas a las que debería hacer frente."

"¿Pero seguramente has hecho frente a todas esas cosas?"

"A la mayoría. Quizá no a todas."

El silencio volvió a caer entre ellos.

"Y además," dijo él al fin, "como he dicho antes, sólo me gusta mi trabajo cuando estás allí. Ahora asocio el lugar por completo contigo. No puedo imaginarlo sin ti. No tendrá sentido que me quede cuando te hayas marchado."

Ella dejó de comer y dejó sus cubiertos. Él no alzó la vista, pero ella no podía apartar su mirada de él.

"Severus."

Finalmente, él levantó la cabeza para encontrarse con sus ojos y fue recompensada con una leve sonrisa antes de que volviera a bajarla.

Pasó un rato antes de que ninguno volviera a hablar, aunque el silencio entre ellos era cualquier cosa menos incómodo, simplemente pacífico y satisfecho.

"¿Vives en Hogwarts durante las vacaciones?"

"No."

No parecía que sería más comunicativo. Ella lo presionó.

"Entonces, ¿dónde vives?"

"En el hogar de mi infancia."

De nuevo, no ofreció más información.

"¿No deseas hablarme de ello?"

Él hizo una pausa y suspiró profundamente.

"Es una casa adosada pequeña, deprimente, en una horrible ciudad industrial en el norte de Inglaterra. No contiene nada de mérito o valor alguno."

"Aparte de ti."

Él sólo pudo hacer un gesto de desprecio.

"Entonces, ¿por qué todavía vives allí?"

Él levantó la mirada hacia ella de repente, como si se diera cuenta de algo por primera vez. "No lo sé." Ella estaba desconcertada y alzó las cejas con curiosidad. "Pero sé por qué solía vivir allí."

"Sigue." Ella pensaba que ya conocía la respuesta.

Él lo soltó directamente y sin ningún intento de protegerla de la verdad. "Porque es de allí de donde era ella. Vivir allí me la recordaba, algunos de los momentos más felices que pasamos juntos."

Hermione bajó la cabeza, tratando de no dejar que su franqueza la afectara. Lo que dijo él a continuación aseguró que no lo hiciera. "Ahora me doy cuenta de que puedo alejarme con bastante libertad y felicidad. Aquello ya no tiene ninguna ascendencia sobre mí."

Ella parecía sorprendida.

"Por tu causa, por supuesto. No te das cuenta de eso, ¿verdad?" Sonó como si estuviera reprendiéndola por no percatarse de algo obvio en clase.

Ella sólo pudo sonreírle, tambaleada por lo que le pareció un repentino cambio de lealtad. Su propia determinación avivó la de ella y le dio más confianza en su relación. Se sintió completamente segura en sus emociones por él.

Volvieron a su comida.

"Y usted, Señorita Granger," sonrió burlonamente cuando la llamó por su título, "nunca me ha hablado del hogar de su infancia."

Ella sonrió. "Es terriblemente aburrido y predecible, me temo. Me crie con agradables padres de clase media en una agradable ciudad de clase media en Costwolds y fui a una agradable escuela preparatoria de clase media. Todo muy confortable y acogedor."

"¿Cuándo te diste cuenta de que tenías habilidades mágicas?"

"Bueno, en realidad por cosas pequeñas. Las ignoré al principio. Recuerdo luchar para vestir a mis muñecas un día cuando era muy pequeña, y entonces, de repente, después de haber tirado una al suelo en una rabieta, ¡todas estaban de repente inmaculadamente ataviadas! Y un día en la escuela, estaba tan frustrada por la incapacidad de mi maestra para escribir lo que yo creía que era un cálculo simple en la pizarra, estaba sentada allí mirando su espalda, y ella se dio la vuelta, a punto de admitir su fracaso, y cuando volvió a mirar, la pizarra estaba llena con la solución correcta. Nunca olvidaré su mirada de estupor. Por supuesto, yo no tenía idea de que había sido yo quien lo había hecho."

"¿Atormentando a tus maestros incluso entonces?"

Ella sonrió burlona. "Por supuesto. ¿Te… atormentaba a ti?"

"Sí."

"¿Era tan mala?"

Él exhaló hondamente. "Supongo que era tu claro afecto por Potter lo que más me sulfuraba. Estaba resentido por el hecho de que la bruja más brillante y talentosa con la que me había cruzado desde que tenía memoria estuviera tan unida a él. Me recordaba…"

Su voz se apagó, pero ella sabía que estaba refiriéndose a la influencia de otro Potter; a la ascendencia de James sobre Lily.

"Pero te desquitaste bastante conmigo."

"Supongo que lo hice."

"Fuiste muy cruel a veces."

Él no se inmutó. "Contémplalo como la construcción de tu resiliencia."

Ella lo miró durante un rato. Estaba claro que no iba a disculparse por su comportamiento hacia ella a lo largo de los años. Decidió no presionar por ello.

"Lo contemplaré como si intentaras aceptar que te sentías amenazado por mi inteligencia y talento," dijo ella con una sonrisa burlona.

Ella no lo vio fulminarla con la mirada brevemente, luego cambió su expresión despacio a una leve sonrisa de admiración.

Comieron en silencio y contentos por un rato más.

"Esto se siente bien, ¿no?"

"Sí," dijo él con claridad después de una pausa. "Por eso estoy satisfecho con mi decisión. Nuestro viaje de esta mañana me lo confirmó."

"No inicialmente."

"No. Por extraño que parezca, fue sólo cuando regresamos a Hogwarts que fui consciente de lo claro que estaba. A pesar de la tranquilidad de los alrededores, y el conocimiento de que ibas a venir a clase, me di cuenta de que…"

"Sigue."

"Ya no era suficiente. Aunque confuso, más bien diferente, nuestro tiempo lejos del colegio había sido, se sentía, como acabas de decir, correcto. Aunque admito que yo… me resistí a verlo al principio. Debes recordar que no tuve una agradable crianza de clase media. No me enseñaron a tolerar, a adaptarme, a desarrollarme. He tenido que trabajarme todas esas cosas por mí mismo; algunas las he asimilado mejor que otras."

"Eres mucho más autoconsciente de lo que admito que creía de ti previamente."

"Y tú eres justo tan condescendiente como siempre lo creí de ti previamente." Él le sonrió burlón; ella respondió con una mirada fulminante de falsa afrenta.

"Sé que puedo ser un molesto grano en el culo. Probablemente seas una de las pocas personas que podrían tolerarme."

Él resopló levemente. "El Sr Filmore parece estar más que feliz de 'tolerarte'."

"Oh, no me hables de eso. Pero ése es un punto en realidad, si te hace sentir mejor, unas pocas horas en mi compañía y probablemente lo aburriré hasta la rigidez."

"Hmm… es la parte de la rigidez lo que me preocupa."

Ella se rio de su humor, contenta de que pudiera bromear sobre algo por lo que sabía que estaba profundamente preocupado.

"Severus, no sólo me encanta sentarme aquí, completamente vestida, charlando contigo, sino que ese aspecto particular de nuestra relación es destacable. Nunca creí que encontraría a alguien capaz de hacerme sentir de la manera que tú lo haces. No sabía que tal placer fuera posible."

"Tampoco yo."

"Bueno, ésa es una señal más de nuestra compatibilidad. Dios, es casi…"

"¿Destino?"

Ella alzó la vista hacia él, sorprendida de que estuviera feliz de admitirlo tan fácilmente. "Sí."

Se miraron el uno al otro. Las mejillas de ella se habían sonrojado enseguida, y el color se había extendido a sus labios, que estaban llenos e hinchados, él no podía quitarle los ojos de encima. Su pecho se elevaba y caía rápidamente bajo la crujiente camisa blanca, contrastando con el negro profundo de su chaqueta. "Tenemos que regresar al hotel." Habló con urgente insistencia.

"Sí."

El camarero apareció de inmediato a su lado. Snape ni siquiera lo había mirado. "Requerimos la cuenta, gracias."

El hombre no vaciló en regresar con la cuenta de inmediato. Cuando lo pensó más tarde, no pudo explicarse por qué había servido al hombre de cabello negro y a la joven tan velozmente.

Severus lo pagó todo y pronto estuvieron caminando rápidamente de regreso al hotel. Era una noche fría y Hermione se acurrucó contra él para mantenerse caliente. Su brazo la rodeó y la estrechó con fuerza. Ella recostó la cabeza en su hombro y sonrió en su abrigo. En un momento dado no pudieron avanzar más, sino que se detuvieron y atrajeron al otro estrechamente en un beso largo, profundo. No pareció molestar a los juerguistas del viernes por la noche de Edimburgo. Cuando llegaron a las escaleras del hotel, se detuvieron brevemente para otro abrazo. Al separarse, ella lo miró a los ojos y dijo una vez más, "Realmente eras horrible conmigo, ya sabes. Me redujiste a lágrimas en varias ocasiones."

De nuevo, no hubo disculpas, y ella pensó que pudo detectar en su lugar el más leve indicio de una sonrisa burlona. Por ahora, ella se la devolvió y lo llevó escaleras arriba dentro del hotel.

Una vez dentro del ascensor, apenas pudieron quitar sus manos del otro, y si no hubiera sido por otra persona que entró en el segundo piso, bien podrían haber acabado desnudos antes de alcanzar su nivel.

De algún modo se las arreglaron para abrir la puerta de la habitación y Hermione lo empujó hacia atrás para entrar. Él estaba arrancándole la ropa casi con desesperación, pero una idea había estado formándose en la mente de Hermione por algún tiempo. Requeriría una tremenda fuerza de voluntad por su parte, al menos inicialmente, pero estaba decidida a llevarla a cabo. Lo empujó hacia atrás, quitándole la chaqueta y desabrochándole los botones de la camisa en el proceso, hasta que llegó a apoyarse contra un pilar de la cama de dosel.

Lo besó profundamente y él levantó las manos para sostener su cabeza, inclinándola para asaltar su boca con creciente desesperación. Sus manos se levantaron y tiraron de las de él hacia abajo, y lentamente descendió para arrodillarse ante él. Después de una leve sonrisa de anticipación, la cabeza de él cayó hacia atrás y sus ojos se cerraron con expectación. Hermione le desabrochó los pantalones y los dejó caer. Él se quitó los zapatos y calcetines enseguida, de modo que quedó ante ella sólo en mangas de camisa.

Él se levantaba hacia ella, necesitado, duro como una roca. Su boca estaba tan cerca, su lengua revoloteando como para capturar esa primera gota que ya había aparecido en su punta hinchada. Pero el esperado contacto no llegó. En cambio, ella tomó sus manos y las llevó detrás de él, y luego todavía más, detrás del pilar de la cama. Antes de darse cuenta de lo que estaba sucediendo, se encontró inmóvil, atado por un material desconocido al poste.

Luchó cuando finalmente se percató de lo que había sucedido, y comenzó a murmurar un hechizo sin varita para liberarse. Pero antes de que pudiera completarlo, sintió la punta de la varita de ella debajo de su barbilla.

"Uh uh uh. No le recomendaría eso si fuera usted. No subestime mi magia, Profesor Snape. Me conoce demasiado bien para eso. Además, esto no será tan divertido si no coopera." Le sonrió lánguidamente, y golpeó la punta de su varita con reproche en su pecho, antes de bajarla a lo largo de su torso. Él no podía negar que su polla estaba aún más hinchada que antes, y dejó de luchar, ardiendo de curiosidad por ver qué haría ella a continuación.

Ella simplemente dio un paso atrás y cruzó los brazos, observándolo con burlona diversión.

"¿De qué va esto?" siseó él, la frustración recorriendo sus miembros. Cómo anhelaba su toque; su carne estaba ardiendo por ella.

"Penitencia." Ella habló rotunda y claramente.

"¿Qué?" Sus ojos ardieron en los de ella. Ella apartó la mirada.

"Te lo dije; has sido asqueroso conmigo a lo largo de los años. Es hora de que lo repares."

El dolor en su ingle era tan intenso que temía lastimarse. "No te burles de mí, bruja," gruñó con los dientes apretados.

"Oh… eso es exactamente lo que voy a hacer."

Ella continuó en pie mirándolo por un tiempo, observando cómo su respiración se volvía cada vez más irregular. Se hacía más y más difícil para él mantener el silencio que normalmente exhibía en momentos de excitación, y el ocasional gemido atormentado no pudo evitar surgir de su garganta. Hermione no podía negar el efecto que esto tenía en ella. Sabía que sus propias bragas estaban empapadas.

Bajó la mirada a su miembro, más hinchado y palpitante que nunca. La cabeza estaba púrpura por la necesidad y goteaba sin piedad sobre el suelo. Dio un paso hacia él y atrapó una gota del líquido transparente al caer. La examinó con el ceño fruncido y la elevó para que él la viera. "No, no. ¿Qué me decía siempre sobre crear un desastre y no dejar que las cosas se desperdicien? Parece que necesita un pequeño recordatorio de sus propias normas y regulaciones… señor." Le sonrió burlona, pasando un dedo por la línea de su mandíbula y empujándole la cabeza hacia arriba con él. Él le devolvió la mirada fulminándola, pero no habló. Su aliento llegaba en cortos jadeos y luchó momentáneamente contra sus ligaduras.

"Oh no, no lo haga." Al instante ella se alejó de él, negándole la promesa de su toque. Un gemido más profundo emergió de él.

Hermione retrocedió más. Sus ojos la seguían a todas partes. Se paró frente a él y despacio comenzó a quitarse la ropa. Primero la camisa, cada botón desabrochado con deliberada indolencia. Sus pechos fueron revelados, pálidos y lechosos montículos encerrados en la seda roja de su sostén. Vio el destello en sus ojos, pero lo ignoró.

Moviéndose hacia una silla, la sacó a sólo unos pies frente a él y se sentó en ella, bajando la cremallera de cada bota lentamente y quitándoselas. Finalmente se levantó y se quitó los vaqueros, deslizándolos por sus largas piernas hasta que fue capaz de patearlos, superfluos, lejos de ella. Se paró frente a él en sostén y bragas, las manos en las caderas, evaluándolo a él y a la situación. Ahora había un charco de tamaño decente en el suelo debajo de la punta de su polla y ella le sonrió burlona al verlo.

"¿Sabes cómo se siente ser humillado frente a tus compañeros de clase sin otra razón que el rencor?"

Él inhaló bruscamente a través de la nariz. "Sabes que lo sé." Las palabras fueron pronunciadas con ira.

Ella mantuvo la calma. "Ah, pero se podría argumentar que hay una gran diferencia entre los colegiales adolescentes que son estúpidamente incapaces de controlar sus emociones, que se desquitan con alguien a quien no comprenden, y un hombre adulto en una supuesta posición de autoridad y respeto que se desquita con inocentes alumnos muy trabajadores."

"¡¿Inocentes?!" Lo escupió hacia ella.

"Oh, sí. Por un tiempo al menos."

"Perdió su inocencia hace mucho tiempo, Señorita Granger."

Una mirada melancólica apareció en los ojos de ella y miró más allá de él por un momento. "Sí, supongo que lo hice." Entonces su cabeza volvió a lanzarse hacia la de él. "Pero nunca mi ética de trabajo. No puedes negarme eso."

"No dije que lo hice."

Volvió a acercarse a él y se arrodilló, mirando con curiosidad el eje rígido de carne ante ella como si fuera un espécimen digno de estudio. Él arqueó la ingle hacia su boca abierta, pero de nuevo ella se echó hacia atrás, provocando un grito de desesperación de él. Lentamente se puso en pie, siempre manteniendo unas tentadoras pulgadas de distancia entre ellos.

"¿Cómo se sentía, Profesor Snape?" Él no respondió pero sus ojos se endurecieron y ardieron en los de ella. "¿El rencor, la malevolencia, el desprecio, las humillaciones cáusticas? Cuando veía personas reducidas a lágrimas ante usted. ¿Lo disfrutaba?"

Él se tomó un largo tiempo antes de responder, pero finalmente habló. "No conocía otra manera. Nunca me habían tratado mejor a mí mismo."

"Aunque eso no es del todo cierto, ¿verdad?" Ella estaba refiriéndose a Lily. "Vuelvo a preguntárselo; ¿lo disfrutaba?"

Él se negó responder por un rato, luego, volviendo la cabeza, dio su respuesta de mala gana pero con claridad. "Me proporcionaba un sentido de justicia. Y no podía arriesgarme a que ningún alumno o maestro se apegara demasiado a mí; eso habría dificultado mantener la red de engaño que tuve que tejer con el fin de tener éxito en mi… trabajo." Ella sabía que no estaba refiriéndose a su enseñanza.

"Oh, no me trago esa excusa, me temo. Qué esfuerzo. Qué farsa. ¿Por qué no usar simplemente sus poderes para el bien desde el principio?"

"Sabes muy bien que no era tan simple como eso. ¡Detén esta desvergüenza ahora!"

Ella se acercó a él y acercó su boca tentadoramente a su oído. Susurró en voz baja, "Me gusta escuchar lo que sucede dentro de tu cabeza." Con eso, su lengua se movió y brevemente revoloteó dentro su oído, sensual y cálida. Él casi sollozó.

Ella volvió a dar un paso atrás y buscó detrás, desabrochando el cierre del sostén antes de deslizar los tirantes de sus hombros y dejar caer la prenda al suelo. Él respiró hondo al verlo. Sus pezones rápidamente se elevaron duros y de un color rosado oscuro cuando el aire los golpeó, y levantó una mano para abarcar un pecho ligeramente, antes de acariciar la carne flexible, tomando el pezón entre el pulgar y el índice y apretándolo levemente. El latido en su ingle era tan grave que él estaba seguro de que se correría sólo observándola. Era el tormento más agónico que podía recordar sin ser infligido dolor corporal real.

Los ojos de ella se cerraron y su cabeza cayó hacia atrás. Continuó tirando de su pezón. Su propia lujuria se intensificó tanto que no lo registró como dolor en absoluto, simplemente provocó que el fuego en su vientre se inflamara aún más. Su otra mano bajó y buscó dentro de sus bragas. Se encontró empapada de deseo, y empujó un dedo a lo largo de los pliegues goteantes que rodeaban su clítoris hinchado a medida que avanzaba. Escuchó un siseo del hombre frente a ella. Tocó con el más leve de los toques el duro nudo de carne y una sacudida de placer la atravesó. Jadeó y sus ojos se abrieron instintivamente, encontrándose con los de él. Parecía como si fuera a estallar fuera de sus ligaduras en cualquier momento, pero ella sabía que lo tenía donde quería, sabía que lo tenía donde él quería estar.

Se bajó las bragas y salió de ellas, revelándose completamente desnuda ante él.

"Y ahora, Severus Snape, estoy ante usted; esta mujer, a quien despreció y atormentó todos aquellos años." Se acercó a él. "Estos labios; que pronunciaron tanto, sólo para que las palabras fueran criticadas y denigradas." Él pudo sentir su dulce aliento sobre su rostro. Sus labios estaban rojos e hinchados; pensó que moriría sin su contacto. "Los deseas ahora, ¿no?" Él no respondió. No estaba seguro de si todavía tenía el poder de formar palabras, su mente era una completa niebla de lujuria. "Dilo." Fue su turno de sisear.

"Los deseo. Te deseo." Fue un aliento susurrado – todo lo que pudo lograr.

Ella sonrió burlona y volvió a acercarse a su oído. "Todavía – no." Enfatizó las palabras con precisión deliberada.

Hermione una vez más se alejó de él. El rostro de él se arrugó ante la privación de su cuerpo, pero velozmente recuperó la compostura en la superficie, aunque por dentro sabía que no podría aguantar.

Ella se sentó en la silla que tenía frente a él, poniendo una pierna sobre el brazo, revelándose completa y burlonamente a él. Fijándolo con los ojos, dejó que su mano buscara una vez más entre sus muslos. No pudo evitar su propio gemido elevándose sonoramente cuando sintió su carne hinchada y mojada una vez más. Él también dejó que un sonido de deseo se le escapara. Su otra mano volvió a encontrar su pezón y comenzó a tirar de él sin descanso, provocando sensación y placer a través de su cuerpo. Un dedo buscó profundamente y extrajo su humedad. Él vislumbró la reluciente humedad y su boca cayó abierta involuntariamente mientras más pre-seminal caía en salpicaduras audibles sobre el suelo.

Ella llevó el dedo hacia arriba y se frotó el clítoris, provocando que se sacudiera para encontrarse con él. Sabía que no podría esperar mucho más tiempo. ¿Por qué debería? Sus dedos trabajaban más rápido ahora, tentando su clítoris y luego volviendo a sumergirse en su pasaje empapado, sólo para extraer más líquido de él para cubrir y estimular más su sexo. Frotó más fuerte sobre y alrededor del brote de carne apretada en la parte superior. Él podía verlo hinchado y rojo, desesperado por su propia liberación. La mano en su pezón seguía pellizcando y tirando, la apretada rojez de su clítoris reflejada en él. Ella había intentado mantener su mirada, pero cuando sus entrañas dieron un salto mortal con la cercana plenitud no pudo; sus ojos se cerraron y su cabeza cayó hacia atrás, y con un último fuerte roce sobre su carne hinchada, se corrió en grandes espasmos gimientes. El placer la recorrió, magnificado por la conciencia de los penetrantes ojos de él clavados en ella, absorbiendo su éxtasis.

Sus miembros se crisparon por algún tiempo después y mantuvo los ojos fuertemente cerrados para concentrarse en las sensaciones que todavía chispeaban en su interior. Sólo cuando sintió que la última gota de placer abandonó su cuerpo, por fin abrió los ojos y lo miró.

Él tenía la más extraordinaria expresión en su rostro; una mezcla de deseo, maravilla, dolor y admiración. Después de que su respiración se hubo calmado, se puso en pie y caminó hacia él, sosteniendo su mirada con firmeza, sus ojos fijos sorprendentemente fríos.

Permanecieron así por un tiempo, luego por fin lo escuchó. Su boca se abrió y él habló, con suavidad, ternura y completa honestidad.

"Por todo el dolor y humillación que te causé a lo largo de los años… lo siento."

La expresión del rostro de ella cambió al instante a una cálida aceptación y perdón y le sonrió con ternura. Entonces, al fin, Hermione Granger se acercó y lo besó. Fue un beso notablemente casto, pero para él, fue lo más hermoso que ella nunca le había otorgado.

Permanecieron así por un tiempo, sus labios tocándose, mezclándose, nunca con demasiada fuerza o insistencia, pero finalmente, ella fue consciente del constante goteo contra sus muslos y se echó hacia atrás, alzando una ceja hacia él.

"Estás perdonado," exhaló hacia él, luego se arrodilló de inmediato.

Sólo tuvo tiempo de abrir la boca y arrastrar sus labios una vez, quizá dos, sobre la hinchada cabeza púrpura de su polla, antes de que estallara dentro de ella, toda su necesidad y frustración finalmente capaces de aliviarse. Luchó por capturar toda su semilla en su boca. No se había dado cuenta de que fuera posible que surgiera tanto de un hombre cuando sintió ráfaga tras ráfaga disparar en su interior. Cada una fue acompañada por el gemido más desgarrador de él, como si todos sus fallos y errores estuvieran finalmente siendo expiados.

Cuando estuvo segura de que le había dado todo lo que podía, se puso en pie y tragó su semilla en lo más profundo de ella. Esto sacó otro gemido de él.

Luego, mirándolo con ternura, buscó detrás de él y desató sus ataduras. Él exhaló cuando sus brazos fueron finalmente liberados y sintió que la sangre fluía hacia ellos velozmente. No se había percatado de la incomodidad hasta ahora. Parte de su esencia se había escapado sobre su rostro y él la miró maravillado; nunca había conocido una visión tan eróticamente satisfactoria. Levantó su dedo y capturó las gotas perdidas sobre él. Ella vio lo que había sucedido y atrapó su dedo con ansia con la boca, succionando todo lo que pudo de él.

Con eso, ella le quitó la camisa que había estado llevando todo el tiempo y, tomándolo de la mano, lo llevó a la cama.

Yacieron durante un rato, simplemente mirándose el uno al otro, luego él habló, no enojado, simplemente indagando.

"¿De qué iba todo eso?"

"Necesitaba escucharte decirlo. Has sido reacio antes."

"Fuiste muy directa; en tus actos y tus palabras."

"Sí. ¿Te sorprendió?"

"¿Qué?"

"¿Lo que te hice?"

"Inicialmente."

"¿Pero no te importó?"

"Fue extraño renunciar al control. Desconocido."

"Te pregunté si te importó."

Él hizo una pausa momentánea. "No."

"¿Y mis palabras?"

"¿Qué hay de ellas?"

"¿Te molestaron?"

Otra pausa. "¿Realmente piensas esas cosas?"

"Sí." Ella esperó un poco. "¿Importa?"

"No."

"Parecías enojado a veces."

"¿No se me permite estarlo?"

"Supongo que sí." Ella pensó por un momento. "Entonces, ¿no he disminuido en tu estima?"

"Todo lo contrario."

Ella lo miró con puro deleite y amor y se inclinó para besarlo, más apasionadamente esta vez. Él la deslizó sobre su espalda, y se puso encima de ella. Ya podía sentirlo duro e insistente entre sus muslos. Enseguida los separó. "Por favor. Por favor, entra en mí." Ella no necesitaba pedir, ya que él ya se había posicionado, y empujado firme pero tiernamente dentro de ella antes de que su voz se hubiera apagado.

Se movió suave pero poderosamente dentro de ella, sin apartar los ojos de los suyos, y no pasó mucho tiempo antes de que ambos se corrieran por segunda vez en pocos minutos.

Fue sólo entonces cuando los acontecimientos del día los sobrepasaron, y cayeron en un sueño profundo, todavía abrazando estrechamente al otro.