Ginny se sentó en el pastó y permitió que su espalda cayera hacia atrás. Estaba agotada. El primer entrenamiento con Las Arpías había llevado su resistencia al límite y la adrenalina al máximo. No tenía absolutamente ninguna duda de que esto era lo que más disfrutaba hacer en el universo. Salvo comer, quizás eso competía en el primer puesto.
—¡Me siento tan bien y tan destruída al mismo tiempo! —Vittoria se sentó al lado suyo, con una botella de agua que le pasó luego de hidratarse.
—Yo directamente perdí la capacidad de pensar —respondió mientras se incorporaba sobre sus antebrazos para tomar agua—. ¿Y Helena?
—Creo que está hablando con Jones. ¿Hacemos un buen equipo, no? —sonó reflexiva.
—Sí, quiero decir, las otras jugadoras también son increíbles pero hay química acá. Fue una buena selección.
La voz de la entrenadora sonó fuerte en el campo y todas se agruparon para la charla post entrenamiento. Las felicitó, marcó las mejoras que quería ver y las alentó a conocerse un poco más entre ellas e incluir a las nuevas.
—Ahora atendamos un poco a nuestro público si les parece —cerró su monólogo.
Ginny sonrió contagiada por la camaradería que había entre las jugadoras. Todas se llevaban bien y se la pasaban bromeando, le recordaba un poco al ambiente que había en su casa. Se levantó, tomando un camino distinto al de la mayoría que se acercaba a la entrada del campo donde una veintena de jóvenes les esperaban.
—¿A dónde vas, Weasley? —la llamó Jones, que se había quedado rezagada guardando las pelotas.
—Mm, a los vestuarios —contestó como si fuera obvio.
Jones terminó de ordenar todo y se acercó a ella trotando.
—¿Vas a dejar a tus fans ahí? Algunas personas vienen desde lejos para vernos entrenar.
Ginny sonrió pero se encogió de hombros.
—Dudo que vengan a verme a mí.
—¡Oh por Morgana, Weasley! ¿No me dijiste que fuiste una niña fan de Las Arpías? Deberías saber que están al tanto de los nuevos fichajes y aman hacerlas sentir como en casa. Ven —apoyó su mano en el hombro pecoso y la guió por el campo.
—¡Es Jones! ¡Ginny! ¡Es tan roja!
Los gritos la ensordecieron por un momento y varios disparos blancos la cegaron. Como iba con la máxima estrella de Las Arpías, el resto de las jugadoras se abrieron para dejarles pasar y acercarse a las personas que estaban ansiosas esperandolas.
No pudo compararlo con nada que hubiera vivido antes. Los rostros de esas personas, desconocidas para ella, se transformaban con sólo verla, escucharla, recibir un autógrafo o una foto. ¡De ella, que no era nadie! Halagaron sus jugadas, su cabello, hasta escuchó alguna que otra propuesta de noviazgo.
Cuando salió de la ducha se sentía con el autoestima por el cielo.
—Ey, este viernes voy a hacer una fiesta en mi casa para festejar que quedé en el equipo, ¿quieren venir? —habló distraída mientras se ponía la ropa interior.
—¡Iba a decir lo mismo! Supongo que podés hacer tu fiesta primero y la siguiente semana la hago yo —respondió Vittoria secándose el pelo rubio y largo.
—¿Tenemos que llevar algo? —consultó Helena.
—Nah, con el adelanto ya soy casi millonaria, yo invito. Por cierto, pueden venir con alguien si quieren.
Extendió la invitación al resto del equipo y después de coordinar algunos detalles, salió con el bolso al hombro.
—Así que… ¿Ginny y vos? —dejó caer la pregunta como si no fuera gran cosa.
La risa de Daphne llenó sus oídos. Estaba impresionada por la elegancia en todos sus actos, incluso reír, así, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, exponiendo su cuello donde descubrió tres lunares pequeñitos que le hacían pensar en una constelación.
—Así que Ginny y yo, si. ¿Vamos a tener una conversación de esas?
Ahora le tocó reír a Hermione, divertida por el tono pícaro que y mordaz que tenía la otra bruja.
—Bueno, ya sabés, me toca amenazarte y hacerte jurar que no la vas a lastimar —respondió en broma.
—Me haces quedar como una amiga pésima, no hice eso con vos y Pansy —reflexionó.
—Podemos saltearlo y darnos por enteradas ambas de la amenaza, ¿qué te parece?
—Tenemos un trato, Granger. ¿Así que vos y Pansy? —devolvió.
La aludida soltó una risita nerviosa al ver el juego vuelto en su contra. Llevó sus piernas abajo de su cuerpo, acomodándose mejor en el sillón.
—Contra todo pronóstico. Me sorprende como un pequeño detalle puede desencadenar tantas cosas.
—Si de todas las personas en Hogwarts, no la hubieras elegido a ella, probablemente no te habrías acercado de esa manera, yo no te hubiera descubierto y Ginny no estaría libre y feliz, ¿no? —continuó su línea de pensamiento.
Hermione le envió una mirada sorprendida, luego relajando sus rasgos y sonriendo.
—Sí, eso mismo. ¿Vos también lo habías reflexionado?
—Ahá. Siempre soy muy consciente de las decisiones que tomo. La vida se basa en eso, y me obsesiona la idea de una decisión que pueda cambiar la historia. No quiero ponerme sentimental, no es mi estilo, pero —hizo una pausa, perdiendo la mirada en el ventanal de su living—, mi vida empezó a tener más sentido que sólo ser alguien en el mundo laboral.
Hermione observó el brillo en sus ojos azules, tan transparentes que parecía ver el océano entero en ellos.
—Yo apenas estoy descubriendo qué quiero en mi vida. ¿Conoces esa sensación de que estuviste viviendo una vida que no era tuya?
—Para ser honesta, ni siquiera puedo empezar a imaginarme lo que vivieron tanto Ginny como vos. Soy sólo una bruja sangre pura, blanca y privilegiada.
—Reconocerlo ya es algo —se encogió de hombros—. Todo por lo que luchamos… En retrospectiva no parece tener mucho sentido. Y Bellatrix no está haciendo un mal trabajo, aunque odie admitirlo.
Daphne negó con su cabeza.
—Si no hubieran luchado tanto, probablemente Voldemort estaría vivo. Ese sí sería un mundo en el que no querría vivir. Bellatrix de alguna manera, no sé. A veces siento que fue una estrategia suya estar tan cerca suyo, ganarse un nombre, el respeto.
—Como si hubiera podido ver a través de los acontecimientos, ¿decís?
—Exacto. Y no es tan raro, de hecho. Nos crían para eso, ¿sabés? Para liderar.
—Sí, tiene sentido supongo. Reconozco eso en vos. ¿Cuál es tu meta? —preguntó interesada.
Daphne pareció reflexionar durante unos segundos.
—Si te lo digo, tendría que matarte Granger —bromeó—, ¿acaso querés sacarme todos mis secretos?
Hermione sonrió divertida al reconocer el límite de la bruja.
—¿Es un buen comienzo no?
—¿Cuál es un buen comienzo? —las sorprendió la voz de Ginny.
La pelirroja se acercó al sillón donde estaban las brujas y se dejó caer en medio, acomodándose para apoyar su cabeza en el regazo de Daphne y las piernas en el de Hermione.
—¡Bueno, llegó la reina! —bromeó su amiga.
—Gracias Mione, pero que no te escuche Parkinson que no quiero problemas de coronas.
—¿Sos medio boba vos, no?
—¿Yo? ¿Qué culpa tengo de que Parkinson crea que está a mi nivel?
—¡Ginevra! —dijeron al unísono las brujas, mirándose entre sí divertidas.
—No estoy del todo segura de que me guste esta combinación —acotó la menor señalando el espacio entre ambas chicas.
—No tengo dudas de que te encanta, querida —respondió Daphne, con tono pícaro—. ¿Cómo te fue?
Ginny les relató toda su experiencia de manera apasionada. Las brujas la escuchaban atentas y alentaban o sonreían, dejando caricias distraídas en su cuerpo.
Cuando terminó decidieron preparar algo para comer e invitar a Pansy.
—¿Ahora sí está a tu nivel? —se burló Hermione, mientras cortaba un tomate.
—Mirá, no me atrevería a tanto, pero si tengo que pasar la noche sola con ustedes dos complotadas contra mí…
—¿Qué pasa Weasley, te cuesta admitir que me extrañas? —Pansy ingresó en la cocina como si fuera una pasarela.
—Ya quisieras, Parkinson. ¿Acaso tu ropero tiene otra cosa que no sean camisas y sacos? —cuestionó observando el típico atuendo de la pelinegra.
—Yo me pregunto justamente lo contrario, todavía no te vi con otra cosa que no sea un buzo —se encogió de hombros, mientras le robaba un tomate a Hermione y huía del manotazo—, así es la vida, Weasley, algunas tenemos mejor gusto que otras.
Ginny la miró con una ceja arqueada, divertida.
—Para ser precisas, yo diría que tenemos exactamente el mismo gusto.
La risa alegre de Pansy llenó la cocina.
—No lo puedo negar —respondió cuando se calmó.
Hermione y Daphne pusieron los ojos en blanco en sincronía.
—Son como niñas, no sé cómo las aguantamos —le habló a la morena, mientras ponía unos tallarines en el agua hervida.
—Porque se aburrirían sin nosotras —apuntó Ginny.
—Se pasarían el día entero hablando de cosas aburridas.
—No pienso ofenderme por eso, cariño, tu idea de divertido es ir a un salón de belleza —le sacó la lengua Hermione.
—Virgo, no lo entenderías —se burló Pansy.
—Pongan la mesa ya que no están haciendo nada productivo —ordenó Daphne.
Sorprendentemente, las brujas le hicieron caso sin rechistar y cuando terminaron se quedaron sentadas a esperar que lleguen las otras.
—Tendríamos que hacer algo juntas algún día.
—¿Qué pasa, Weasley, querés ser mi amiga? —la burla filtrándose en su voz.
—No seas idiota —le tiró un pedacito de pan que impactó en su mejilla, provocandole una risa tonta.
—¿Y a dónde iríamos? —preguntó fingiendo desinterés.
—No sé —se encogió de hombros—, ¿a comprar ropa?
Pansy sonrió observando sus uñas.
—Puedo manejar eso, a ver si consigo que tengas al menos una camisa en tu guardarropas.
—Bueh, tampoco te hagas tantas ilusiones. ¿Por qué querría una camisa? —preguntó ladeando su cabeza hacia un costado, confundida.
Pansy puso los ojos en blanco.
—No te estoy pidiendo nada extravagante, ¡una camisa es básico! Aparte ahora sos una figura pública, ¿no? —cuestionó.
—Sí, pero ¿qué tiene que ver? No voy a cambiar mi forma de vestir.
—Sos una exagerada, Weasley, una camisa no te va a matar, seguro te quedaría bien.
Ginny la miró con una sonrisa burlona, parecida a las que daba la otra chica.
—¿Qué pasa, te gusto? ¿Es uno de esos fetiches raros, verme en camisa?
Pansy volvió a poner los ojos en blanco, si seguía así se iba a terminar mareando.
—Aunque te parezca increíble, no todas gustan de vos ¿sabías?
La pelirroja abrió su boca, fingiendo una cara de sorpresa.
—No, la verdad no tenía ni idea. ¿Está verificada esta información?
—Sos una idiota, ¿por qué te aguanto?
—Bueno, podés ir a tener charlas más estimulantes a la cocina si querés.
—Nadie va a ir a la cocina, ya está la comida —aparecieron las otras dos brujas, Daphne llevando la fuente con las pastas.
Comieron en relativa paz y mantuvieron una charla amena, pasando por distintos temas. Cuando terminaron y luego de juntar todo, se fueron a los sillones a tomar una copa.
—Juguemos a algo —propuso Ginny.
—Bebé, honestamente, tus juegos me dan miedo —le envió una mirada Hermione.
La pelirroja levantó sus brazos y mostró sus palmas en señal de inocencia.
—Mione, por favor, soy sólo una chica inocente queriendo divertirse.
—Ese es justamente el punto. Tu idea de diversión —enarcó una de sus cejas, con una sonrisa ladeada.
—Juguemos a verdad o consecuencia.
—¡Pansy! No ayudas —cruzó sus brazos.
—No sabía que tenía que ayudar en algo —se encogió de hombros.
—No puede ser tan terrible, ¿no? —lo meditó la rubia.
—No se diga más, yo empiezo —se emocionó Ginny.
—¿Por qué vos? —se quejo Pansy.
La pelirroja puso los ojos en blanco.
—Bueno, empezá vos pero más te vale que sea algo bueno —amenazó.
Pansy se tomó unos momentos para pensar, aprovechando a dar un trago a su vino.
—Okey, lo tengo. Daphne —la aludida abrió sus ojos, sorprendida—, ¿verdad o consecuencia?
—No puedo creer esta traición —se quejó y reflexionó—, mmm, verdad.
Pansy sonrió como si fuera el gato de cheshire.
—¿Quién fue tu amor platónico de Hogwarts, que observabas desde la distancia y nunca te decidías a acercarte?
Todas las miradas fueron hacia la rubia, que estaba segura de tener la cara incendiada en rojo.
—¿Para qué tener enemigos si te tengo a vos, eh? —se burló, tratando de desprenderse de la vergüenza—. Supongo que la respuesta es… Ginny.
El resto rió y ella se llevó rápidamente la copa a los labios para bajar la sensación de exposición. Observó por arriba del vidrio como Ginny le guiñaba un ojo, divertida.
—Okey, me toca. Hermione, ¿verdad o consecuencia? —se recuperó.
—¡Por qué yo! —le dedicó una mirada indecisa antes de decir: — Verdad.
—¿Tuviste algún encuentro sexual en la biblioteca de Hogwarts?
Las risas volvieron a estallar ante la pregunta. No hizo falta ni que responda porque sus mejillas sonrojadas daban cuenta de qué iba a decir.
—Un par de veces, sí… ¡No pude evitarlo! Quería tener esa anécdota —se encogió de hombros.
—¿Cómo no me lo contaste? —se quejó Ginny, un poco sorprendida.
—Lo siento bebé. Ginny, ¿verdad o consecuencia?
—Consecuencia, para variar.
—Obvio que ibas a elegir consecuencia —puso los ojos en blanco—, tenés que besarle el cuello a Pansy.
Las dos brujas comprometidas abrieron sus ojos y se quejaron al unísono. Daphne las miraba divertida.
—Buena idea, Hermione, disfrutaré el espectáculo —se jactó.
—Ni se te ocurra, Weasley —llevó su cola más atrás en el piso donde estaba sentada.
Ginny empezó a gatear hacia ella.
—Lo siento, Parkinson, no me gusta más que a tí pero así son las reglas del juego.
—¿Qué pasa si me opongo? —preguntó como última ocurrencia.
—Tendrás una consecuencia que será peor —amenazó divertida Hermione.
La pelinegra puso los ojos en blanco y aceptó su destino. Ginny ya había llegado delante suyo y se estaba subiendo a su regazo y agarrando su cabello para tirar su cabeza ligeramente hacia atrás y exponer su cuello.
—Si vamos a hacer esto, lo vamos a hacer bien —anunció.
Ginny se sentía más divertida que excitada pero el silencio de pronto pareció estar más pesado. Pansy apoyó sus dos manos en su cadera para tener equilibrio y le envió un suave cosquilleo a su centro. Sentía la mirada atenta de las otras brujas, incluso podía ver las pupilas dilatadas de la chica bajo suyo que se resistía a cerrar sus ojos.
—Relajate, Parkinson, lo vas a disfrutar —ronroneo.
Acarició la piel expuesta con la punta de su nariz, la piel sensible erizandose bajo su toque. Afirmó mejor el cabello con su mano y con la otra acarició la línea de la mandíbula cuando bajó su boca y empezó a dejar suaves besos. Uno, dos, tres, los necesarios hasta completar el cuello. Abrió su boca y rasguñó la piel con sus dientes, poniendo su lengua y succionando. Sentía latir Pansy y su respiración llegaba caliente contra su frente. Cuando se retiró, con un suave ¡Plop! descubrió satisfecha una mínima marca roja.
Pansy enderezó su cabeza y sus rostros quedaron repentinamente demasiado cerca. El silencio cosquilleaba a su alrededor. Sus miradas se perdieron por un segundo en sus labios, antes de que Ginny se levantara de su regazo y volviera a su lugar.
—¡Muy bien! Tarea realizada —tomó su copa para dar un gran sorbo—. Me toca. Daphne, ¿verdad o consecuencia?
