Capítulo 11

Sasuke había decidido que hablaría con Sakura aquella misma noche. Ya no podía ocultarle más la mierda de testamento que su padre había dejado tras de sí al morir. «Honestidad» era su palabra en clave. La confianza absoluta que Sakura había depositado en él le convertiría en mejor hombre. Le asustaba saber que Shikamaru le creía capaz de obligarla a quedarse embarazada o de usarla hasta esos extremos. ¿Tan repugnante era la reputación que se había forjado? Puede que sí. No había mucha gente que tuviera una buena opinión de él salvo tal vez Sakura.

De repente, que ella conservara su confianza en él era primordial para Sasuke.

Eran las seis pasadas cuando entró en su residencia de Malibú. Los ruidos de Mary en la cocina le llevaron primero allí.

—Espero que hayas preparado suficiente para dos —le dijo, llamando la atención de la cocinera.

—Vaya, ya está en casa. Gracias a Dios. Creía que no me quedaría más remedio que llamarle.

—¿Llamarme? ¿Por qué? ¿Va todo bien?

Sasuke miró a su alrededor esperando que Sakura entrara en la cocina en cualquier momento. No estaba tan acostumbrada como él a los servicios de Mary y a menudo se quedaba con ella por si necesitaba ayuda.

—Es Sakura. Apenas ha salido del dormitorio en todo el día.

Todas las alarmas saltaron en la cabeza de Sasuke.

—¿Está enferma? —preguntó, dirigiéndose hacia las escaleras.

Mary le siguió con un trapo en la mano.

—No lo sé. Dice que está bien, pero no ha comido nada y la he oído llorar.

Sasuke subió los escalones de dos en dos y corrió hacia el dormitorio. En cuanto abrió la puerta, oyó a Sakura en el baño y sus sollozos se le clavaron en el pecho como puñales. Luego ella soltó una palabrota, y Sasuke pensó que sería mejor no tener público.

—Yo me ocupo —le dijo a Mary.

Cerró la puerta tras de sí y, al entrar en el baño, se encontró a Sakura sentada con la espalda apoyada en la bañera y la cabeza escondida entre las rodillas.

—¿Sakura? —la llamó mientras se acercaba.

Cuando ella abrió los ojos bañados en lágrimas para mirarlo, Sasuke sintió que algo se le partía en dos en su interior. ¿Qué podía ser tan terrible? A pesar de las veces que habían hablado de que las mujeres eran seres emocionales, por primera vez se daba cuenta de que su esposa también lo era. Sakura le miró y, con un leve temblor en el labio, empezó a llorar de nuevo.

—Cariño, ¿qué te pasa? —Intentó abrazarla pero ella no quiso que la tocara.

—No han fu-funcionado —respondió.

—¿Qué es lo que no ha funcionado? —Se arrodilló frente a ella y puso las manos sobre sus hombros para que no pudiera darse la vuelta.

Sakura cogió una caja que tenía al lado y la agitó delante de sus ojos.

—Esto.

Sasuke necesitó unos segundos para reconocer lo que tenía en la mano. El suelo del lavabo estaba lleno de condones sin usar, como si Sakura se hubiera peleado con el látex. Sobre el mármol del lavabo había varias cajas y también dentro de la bañera.

—No entiendo qué quieres decirme.

Sakura cogió otra caja y la lanzó al otro lado del lavabo, hacia la papelera.

—¡Han fallado! —exclamó. Cogió otro paquete, lo tiró y falló el tiro.

«¿Que han fallado? ¿De qué está hablando?»

Sakura escondió de nuevo la cara entre las rodillas.

—Estoy embarazada.

«Oh, Dios.» Hasta el último nervio de su cuerpo se tensó. Sasuke se preparó para lo que se le venía encima, aunque no tenía ni idea de qué era. El pavor no apareció por ninguna parte. ¿Consternación? No, eso tampoco. ¿Impresión? Sí, no podía negar que estaba impresionado. Lo último que esperaba tras reunirse con su abogado para discutir sobre la necesidad de engendrar un heredero era que su esposa, que lo era de forma temporal, le dijera que iba a ser padre. Le costaría un tiempo considerable acostumbrarse a la idea de que la mujer temblorosa que estaba sentada en el suelo de su lavabo guardaba en su interior un hijo suyo.

Madre mía, no era de extrañar que Sakura estuviera tan alterada.

Sasuke la rodeó con sus brazos y ella se acurrucó en su regazo.

—No pasa nada —le susurró al oído.

Los sollozos eran tan desesperados, tan desgarradores, que pronto se sintió culpable como solo el responsable de todo aquello podía hacerlo.

—Todo irá bien.

Y estaba convencido de ello.
De algún modo.
Como fuera.

—Chist.

—Yo no que-quería que pasara e-esto —explicó Sakura, sollozando entre palabra y palabra.

—Lo sé. —Lo sabía. Sin dudarlo un solo instante, sabía que Sakura jamás habría planeado algo así.

¿Karin? ¡Por supuesto! Y sin más motivaciones que llegar a ser duquesa.

¿Kin? Seguramente no. Claro que tampoco parecía tener instinto maternal.

¿Sakura? Ni soñarlo. Su mujer era demasiado auténtica para andarse con jueguecitos y demasiado auténtica para un engaño de ese calibre. Al menos con él no. Por algo su palabra clave era sinceridad.

Sasuke se puso en cuclillas y la tomó en brazos para alejarla de su particular guerra con los preservativos. Dios, ¿y por qué tenía tantas cajas de esos malditos chismes? Ah, sí, Karin le había asegurado que era alérgica a cualquier marca que no fuera la que en ese momento cubría el suelo del lavabo.

Salió del baño y se subió a la suave superficie de la cama sin soltarla. Los sollozos de Sakura se habían convertido en leves gimoteos, y no tardó mucho en relajarse apoyada en su pecho y sucumbir al sueño que tanto necesitaba. Sasuke no la soltó en ningún momento, le acarició el pelo, le repitió una y otra vez que estaba a su lado y que todo saldría bien.

Que él se ocuparía de todo.

Durante la noche, Sakura se despertó varias veces, siempre con el peso del brazo de Sasuke alrededor de la cintura o los dedos acariciándole la piel. A la mañana siguiente, las escasas horas de sueño dieron como fruto unos ojos hinchados y el peor dolor de cabeza que había sufrido en años. Las cosas no le podían ir peor: a su estado matutino después de una noche horrible casi sin dormir, había que sumar la ya típica falta de apetito y una vergüenza increíble al recordar que Sasuke la había sorprendido llorando en medio del lavabo rodeada de cajas y cajas de condones inservibles.

Entonces recordó que estaba embarazada.
Pues sí, podían ir peor.

Una vejiga a punto de estallar la obligó a librarse del brazo de Sasuke y abandonar la calidez de la cama. Él no se inmutó y ella corrió al lavabo de puntillas.

Sasuke había recogido el desastre, aunque Sakura no recordaba cuándo. Las cajas habían desaparecido o estaban guardadas. Dios, murmuró, no quería ver ni un preservativo más en lo que le quedaba de vida.

Al mirarse en el espejo, vio que le habían salido ojeras y que tenía la cara manchada de maquillaje. Llevaba el pelo enmarañado y ni siquiera había pensado en ponerse un pijama antes de desplomarse en la cama.

Qué desastre.

Apartó la mirada del espejo y se metió en la bañera para darse una ducha de agua caliente. Enseguida se le llenó la cabeza de teorías sobre lo que podría pasar entre Sasuke y ella a partir de entonces, teorías que se obligó a ignorar.

Basta de suposiciones. Tomaría cada curva de su relación con él y se esforzaría para mantener las emociones siempre bajo control. Aquel embarazo no lo había deseado ninguno de los dos, pero ya no había marcha atrás. Sak sabía que no podía dar al niño en adopción o, peor aún, interrumpir el embarazo. Era una mujer adulta y responsable, no una quinceañera sin más opciones.

Cuando salió de la ducha, el dolor de cabeza había perdido intensidad. Un poco de crema en la cara, unas gotas de gel bajo los ojos y casi se sentía humana de nuevo. Salió del baño envuelta en un suave albornoz y volvió a la habitación, esperando que Sasuke siguiera dormido.

Y no lo estaba.

Todavía vestido con la ropa arrugada del día anterior, se encontraba frente a una pequeña bandeja que había subido de la cocina. Sakura vio café, leche, zumo y un par de platos vacíos. Al lado, una fuente con galletas saladas, tostadas y huevos duros.

—¿Qué es esto?

Sasuke la cogió del codo y le ofreció una silla. Se sentó frente a ella con una sonrisa serena en los labios.

—Las mujeres embarazadas en el primer trimestre suelen empezar el día con comida blanda para asentar el estómago. —Lo dijo como si lo leyera de un libro, aunque Sakura ya lo sabía. Lo había aprendido por experiencia propia.

—¿Y tú de dónde has sacado eso?

—Ayer por la noche, mientras dormías, utilicé el teléfono para algo más que consultar los resultados de la bolsa. He traído café, descafeinado, pero en los artículos que leí ponía que seguramente no querrías tomártelo. —Empujó el único vaso de leche que había en la bandeja hacia ella—. Pero la leche es fundamental para ti y para el niño.

Al escuchar la palabra «niño», Sakura sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Hasta entonces, solo había pensado en lo que le estaba sucediendo como un embarazo, algo que lo cambiaba todo.

—Qué tierno.

—Ese soy yo, el señor Tierno.

—Sasuke... —empezó a decir Sakura.

—Espera. —La cogió de la mano y se agachó junto a ella—. Tenemos mucho de que hablar, pero tendrá que esperar de momento. Tú tienes que comer y a mí me vendría bien darme una ducha —le dijo, acariciándole el interior de la muñeca con el pulgar.

—Pero...

Sasuke le cubrió los labios con un dedo.

—Chist...

Sakura asintió y aplazó la conversación hasta otro momento. Sasuke sonrió y se levantó, pero antes de entrar en el lavabo, la besó suavemente en los labios.

Quizá tenía razón y todo saldría bien.

Una hora más tarde, estaban los dos en la terraza de la parte trasera de la casa, sentados en sendas hamacas y admirando el mar. Sasuke llevaba unos pantalones cortos y una sencilla camiseta de algodón que le marcaba los músculos del pecho. La niebla matutina estaba lejos de la costa y permitía que el sol brillara y que las temperaturas alcanzaran los veinte grados.

Sakura tenía que reconocer que la idea del desayuno le había sentado de fábula menos por el café, que había sustituido por una taza de té de hierbas de la que seguía bebiendo.

Desde que habían salido del dormitorio, ninguno de los dos había dicho ni una sola palabra sobre el bebé, pero en aquel momento el silencio se extendía entre ellos con la enormidad del océano.

—¿Entonces? —escuchó que le preguntaba Sasuke.

—¿Entonces qué?

En los labios de Sakura se dibujó una sonrisa nerviosa, mientras se retorcía las manos sobre el regazo.

—Yo no quería que pasara esto.

Tenía que asegurarse de que Sasuke lo sabía. La razón por la que había acudido a ella en busca de una esposa de quita y pon era precisamente eliminar la posibilidad de que la mujer en cuestión alterara su vida de forma permanente. Y eso era justo lo que Sakura había hecho: aunque pusieran fin a su matrimonio al cabo de un año, el niño seguiría existiendo.

Para siempre.

—Eso ya lo has dicho.

—Necesito que me creas.

—Mírame, Sakura.

Ella dudó un segundo antes de buscarle con la mirada. En sus ojos encontró ternura y en sus labios una sonrisa sincera, la misma que le había regalado al salir de la ducha.

—No he pensado ni por un minuto que hubieras planeado, buscado o esperado quedarte embarazada de mí.

Sakura no pudo reprimir un suspiro de alivio. Estiró los dedos de las manos sobre los muslos e intentó liberarse de parte de la tensión.

—Bien. Eso está bien.

—¿Hacía mucho que sospechabas que estabas embarazada? —preguntó Sasuke, mirando de nuevo hacia el horizonte.

Sakura negó con la cabeza.

—No, no tenía ni idea. —Le contó la visita al médico y cómo se había enterado de que estaba embarazada.

—¿Y la doctora te ha dicho que los preservativos fallan el dos por ciento de las veces?

—Sí. Supuse que la estadística era para adolescentes encantados de haberse conocido, no para adultos inteligentes.

Lo meditaron en privado durante unos minutos, y esta vez el silencio fue un consuelo y no una piedra en el camino. Cuando Sakura miró a Sasuke, su rostro se había contraído en una mueca de dolor.

—¿En qué estás pensando?

Él sacudió la cabeza.

—Intento encontrar la manera de preguntarte algo.

—Tú pregunta.

—Pero ¿y si me das una respuesta que yo no quiero escuchar?

Vaya, tanta sinceridad resultaba reconfortante. Por un momento, le pareció que Sasuke era un hombre vulnerable al dolor como cualquier otro, lo cual, lejos de convertirle en peor persona, hacía de él alguien aún más digno de recibir su amor.

Tragó saliva al pensar que la idea del amor le rondaba por la cabeza. ¿De dónde había salido? Maldita fuera, todo aquello del embarazo empezaba a alterarle las emociones y a hacerle perder la cabeza.

—Si quieres una respuesta, tendrás que arriesgarte a preguntar. Te aseguro que puedes contar con mi sinceridad.

Los ojos negros de Sasuke se clavaron en los de ella.

—¿Quieres quedarte al bebé?

Sakura sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Quieres que renuncie a él? ¿Que aborte?

Se le revolvieron las tripas. No podía leer la expresión en la cara de Sasuke y no sabía en qué estaba pensando. ¿Se lo había preguntado para saber su opinión o quería eliminar el embarazo de la ecuación y seguir como hasta entonces?

—Responderé a tus preguntas cuando tú hayas respondido a las mías.

Parecía justo.

—En ningún momento he considerado otra posibilidad que no sea tener al niño.

Los hombros de Sasuke se hundieron. ¿Eso significaba alivio o resolución?

—¿Sasuke?

—Me alegro de oírlo —respondió Sasuke con una sonrisa.

—¿De verdad?

—De verdad. Sé que todo esto está pasando muy deprisa y no como habíamos planeado, pero...

—¿Pero?

Sasuke se levantó de la hamaca y empezó a andar por la terraza.

—Así es como yo veo las cosas. No somos niños. Hace diez años mis pensamientos habrían sido distintos y los tuyos también, o eso me parece a mí. —Esperó a que Sakura asintiera antes de continuar—. Cuando dos personas que ya no son niños se quedan embarazadas, siguen adelante y tienen al bebé. Lo bueno que tenemos nosotros es que ya estamos casados.

«Oh, Dios mío. Está pensando en el futuro.»

—La idea no era seguir casados.

Sasuke dejó de pasear y se sentó en el borde de la hamaca de Sakura.

—Lo sé. Y quizá no lo hagamos. Creo que un bebé cambia las cosas. No, rectifico, sé que un bebé cambia las cosas, pero hasta que ambos sepamos qué queremos exactamente, propongo que sigamos adelante paso a paso.

—¿Y eso qué quiere decir?

—Me gusta cómo estamos, Sakura. Me gusta volver a casa y que estés aquí. Hasta que uno de los dos quiera cambiar eso, propongo que continuemos tal y como estamos ahora. —Sus ojos buscaron los de Sakura.

—¿Y cuando se acabe el año? ¿Cuando el niño haya nacido?

—El plazo de un año no tiene por qué cambiar.

Sakura lo sabía, pero oírlo de su boca fue como un jarro de agua fría en la cara.

—No querías oír eso —dijo Sasuke al ver su reacción.

—No. Es lo que acordamos.

La mano de Sasuke se deslizó tobillo arriba hasta la rodilla.

—¿Quieres más de un año?

—Ahora mismo no sé lo que quiero. Acabo de descubrir que estoy embarazada. Voy a ser madre y eso es para siempre. Es el único hecho irrefutable que sé que va a suceder. Todo lo demás es un gran signo de interrogación.

—Entonces déjame que te cuente más hechos irrefutables —le dijo, dándole una palmada en la rodilla—. Yo voy a ser el padre de esa criatura. No os abandonaré ni a ti ni al niño. Tienes mi palabra.

Sakura sabía que decía la verdad. El haragán de su padre no se parecía en nada a Sasuke.

—¿Te puedo preguntar algo? —Sabía que se arriesgaba al preguntar, pero necesitaba saber qué pensaba él.

—Por supuesto.

—¿Tú quieres más de un año?

Sasuke guardó silencio unos segundos y luego tomó aire.

—Creo que se lo debemos al niño, que deberíamos darle la opción de disponer de más tiempo.

—¿Seguir casados por el bebé? —Desde luego, parecía sacado de un culebrón de tres al cuarto, pensó Sak.

En lugar de responder, Sasuke contratacó con otra pregunta.

—¿Te gusta vivir aquí conmigo?

«Qué pregunta tan tonta. Por supuesto que sí.»

—No está mal.

Sasuke se rió.

—Pues olvidémonos de fechas límite y contratos, al menos hasta que cambiemos de opinión y lo nuestro nos parezca horrible.

—¿Podemos hacerlo?

—Cariño, podemos hacer lo que nos dé la real gana.

Ahora era Sakura la que se reía. Una risa sincera que no se había vuelto a repetir desde la visita al ginecólogo.

—Hasta que nos parezca horrible entonces. Opino que los mareos matutinos son horribles.

Sasuke se rió a carcajadas y se acercó a ella.

—Eso no cuenta. He oído que la comida a domicilio también es horrible.

—Sí, bueno, eso tampoco debería contar. Engordaré. Eso sí es horrible.

La mano de Sasuke se deslizó por el muslo de Sakura hasta la cadera y se detuvo en su —de momento—, vientre plano.

—Apuesto a que estarás preciosa con barriguita de embarazada.

—Ja, eso lo dices ahora. Seguro que más adelante te parece horrible.

Sus cálidos dedos le acariciaron la cintura y siguieron subiendo hasta las costillas. Cuando llegó a la curva del pecho de Sakura, le acarició el pezón por encima de la tela.

—Esto se hinchará y a mí no me parecerá horrible. —Su voz se había convertido en un susurro grave.

Sakura se mordió el labio.

—Tengo entendido que me dolerán y que no podrás ni acercarte a ellas. Eso sí será horrible.

Sasuke se inclinó sobre ella. El calor de su aliento se coló entre los labios de ella.

—Estoy dispuesto a aguantarlo todo si tú también lo estás.

—¿Me estás retando?

—Quizá —respondió él con un destello de picardía en la mirada.

—Que sepas cómo manipularme tan fácilmente es, sin lugar a dudas, lo más horrible de todo.

Los labios de él permanecieron inmóviles, sin llegar a rozar la boca de Sakura pero muy cerca.

—¿Ya te parezco horrible?

—Creo que podré soportarlo.

Un breve roce de sus labios no era suficiente. Sakura se acercó a él en busca de más, pero él se apartó apenas unos centímetros.

—Me alegro de que la madre de mi hijo vayas a ser tú —le confesó—. Vas a ser una madre increíble.

—Eso no lo sabes.

—Te equivocas, lo sé.

La besó con tanta entrega que Sakura empezó a ver estrellitas flotando a su alrededor y se olvidó de que estaban al aire libre, donde cualquiera podía estar mirando.

Entre sus brazos, mientras él le cubría de besos los labios, el cuello y el mentón, Sakura pensó que el mundo no era un sitio tan malo.