A/N: décimo tercer ycapítulo de mi fic para KiriAsuWeek2020, con tema libre, correspondiente al 07/10, día 8.
Tema: Luz y Oscuridad
01 de Octubre de 2026
Tras desconectarse de Underworld, contra lo que esperaba, Kirito no reapareció en su casa otra junto a su novia y Alice, sino que se halló en un lugar totalmente oscuro, con un único punto brillante a lo lejos. No podía verse a sí mismo siquiera. No veía sus brazos, su torso ni sus piernas.
- Eso fue todo un espectáculo. - dijo una voz desde ninguna parte.
Parecía venir de todas las direcciones habidas y por haber, y, sin embargo, eso no era posible. Pero lo que le aterró de aquello fue que esa voz...
- ¿Cómo... ? ¿Me hackeaste? - preguntó, tragándose las hipótesis y el miedo que sentía.
- Debía tener una pequeña conversación contigo. - se excusó la voz. - Y si quieres ser específico, podemos simplemente decir que te intervine, nada más. No es como si pretendiera hacerte nada. Solamente quiero hablarte de algo. -
- ¿Por qué... ? -
- ¿Sueno como tú? - la voz de alguna forma sonó más cerca que antes.
No era que sonara como él. Era que lisa y llanamente era la misma voz. Sólo que con muchísima experiencia, melancolía y pesadez.
- Sí. - decidió decir.
- Chico. - lo llamó la voz. - No divagues. Nuestra voz sonará como la misma, pero eso es todo. Puede que vengamos del mismo pasado, pero somos dos fluctlights distintas. -
- ¿Cómo me refiero a ti, entonces? -
- Puedes llamarme Star King. O protector de Underworld. No me he puesto un nombre per se, y no soy Kirito el Espadachín Negro. Ese eres tú. -
El aludido reprimió un escalofrío.
- Cuando hablaste hace unos momentos, dijiste "Eso fue todo un espectáculo." ¿Estuviste viendo el duelo entre Asuna y Alice? -
La mención de los nombres hizo pasar una sombra por el rostro del otro, aunque Kazuto no lo podía ver.
- No es todos los días que ves dos titanes colisionar. - cedió. - Eso pensaste antes de que se pelearan, ¿me equivoco? -
Kirito se rio.
- Veo que pensamos parecido. -
- No te confundas. Yo estoy dispuesto a cosas que considerarías atroces. - su voz tomó un tono oscuro, y casi le pareció sentir que la negrura que le bloqueaba la visión se hacía más densa. - De eso venía a hablarte. -
- ¿Qué quieres decir? - el joven no entendía realmente qué significaban las palabras de su alter ego mayor.
- Vengo a hablarte de lo que debes proteger. -
La oscuridad pareció fluctuar cuando dijo eso. Por un momento, la estrella lejana brilló con más fuerza, pero enseguida fue ahogada de nuevo y volvió a ser un punto. El breve instante de luminosidad, sin embargo, le permitió a Kirito ver a Star King.
Era idéntico a él, pero la expresión en su rostro era irreconocible. La soledad y tristeza que podía ver en esos ojos, en su ceño levemente fruncido, en sus labios compositores de una línea sin curvas, totalmente inexpresiva...
No necesitó dejarlo hablar para saber a qué se refería.
- Te refieres a Asuna. -
- En mi caso, con los años, pasó a ser simplemente la reina. Mi reina. Pero más que eso, Espadachín Negro... No eres consciente de la negrura de tu corazón. De tu alma. - ¿Era eso lo que estaba viendo? Esta oscuridad... ¿Era suya? - Veo que te sorprende. Pero es la realidad. Sin ella, este eres tú. Esto es lo que ves, lo que oyes, lo que sientes. Incluso cuando las cosas están ahí, delante tuyo, haciendo de todo para que te des cuenta, lo único que ves es esa mujer. -
Eso lo hizo levantar una ceja.
- Creo no haber pasado por alto a nadie. - Kirito se cruzó de brazos.
El protector de Underworld bufó.
- Me refiero a que no nos importa. - declaró. - Nos importa un comino cómo se siente el resto del mundo. Dime cuándo fue la última vez que hiciste algo por alguien que no fuera tu chica o tú mismo. -
- Eso no... -
- Responde. Con honestidad. Yo ya sé la respuesta. - No quería hacerlo. No quería decir en voz alta lo que siempre había sospechado. Cuando enfrentó a Heathcliff, lo hizo por Asuna. Cuando enfrentó a Sugou, lo volvió a hacer por Asuna. Cuando persiguió a Death Gun, quería saber si realmente podía matar desde dentro de GGO. Cuando peleó con Johnny Black, una vez más, fue por Asuna. Dentro de Underworld, enfrentó a Quinella para volver con ella. Cuando se quedó dentro de ese mundo, fue por interés propio, y luego su novia fue ella misma y se quedó con él. Y si había mantenido la cordura, de alguna forma, había sido, de nuevo, porque la tenía por compañía. - Me contestas con silencio. Lo supuse. Es como pensaba. - Kirito sintió una mano caer sobre su hombro. - No está mal que pienses así. No has sido malo con nadie, niño. Pero tienes que aceptar que esa mujer es tu única guía, y que, si la perdieras, te quedarás sin lo único que te mantiene cuerdo. -
- ¿Qué hay de ti? - planteó Kazuto. - No veo que estés loco. -
- ¿No? - Star King dejó caer su brazo. - Este es mi interior. Tu interior. Eso que viste hace unos momentos, ese destello... Es lo que queda de mi reina. Tan lejana... - su voz sonó tan añorante que el mismo Kirito quiso ponerse a llorar. - Pero sigue ahí. Incluso cuando dejó de existir, sigue velando por mí. No puedo decepcionarla, ¿entiendes? - no lo veía, pero sabía a ciencia cierta que su mirada estaba fija en él.
- ¿Cabe la posibilidad de que vengas tras de mí? -
- ¿Para tomar a tu mujer? - sonó incrédulo. - Esa no es mi Star Queen. -
La forma en que lo dijo le sugirió al Espadachín Negro que era mejor no seguir esa línea de conversación.
- Tienes mi palabra. Priorizaré a Asuna por sobre todas las cosas. Incluso yo mismo. -
La oscuridad se movió un poco, en silencio. Se hizo más espesa, comenzó a ser casi palpable. Un escalofrío se subió por su columna y lo hizo temblar.
- Lo que hagas o dejes de hacer no me incumbe. Me reina me fue quitada y eso no cambiará. No volveremos a encontrarnos, Kirigaya Kazuto. - dijo el soberano con indiferencia. - Solamente te daba un aviso. No hay necesidad de que haya otro como yo. -
No estaba seguro de si lo veía, pero el aludido ofreció una sonrisa conciliadora.
- Al parecer, sí nos importan los demás. - no supo si fue oído o no. Cuando cerró los ojos, porque la oscuridad empezó a subirse por su rostro, oyó el típico sonido de desconexión y halló a su novia y su amiga rubia inclinadas sobre él, con cara de preocupación y sacudiéndole el hombro. - Pero, desde luego, Asuna es lo más importante. - susurró, no notando que lo oían aunque las estaba viendo.
Ella se rio nerviosa con un leve rubor mientras Alice lanzó un suspiro de alivio.
- Pensamos que te pasaba algo. No simplemente te quedaste ahí viendo el paisaje, ¿no? -
Por toda respuesta, el muchacho puso mueca de tonto. No quería decir que había conocido a una versión suya de Kayaba.
4 de Octubre de 2026
- Todavía no puedo creer que te olvidaste de decirle a Asuna a tiempo que querías llevarme a un circo. ¿Cuatro días tarde? ¿En serio? Eres un irresponsable. - se quejó Alice en voz alta, llevando las palomitas que habían comprado.
- Perdón, me olvidé. - fue todo el intento de disculpa que le ofreció. - Salió bien de cualquier manera. -
Le había dicho a la rubia que le diría a su novia que la llevaran al circo el día del cumpleaños de Asuna. Entretenido en embriagarse con su esencia, se olvidó completamente de comentárselo. El día siguiente se ocupó de otra cosa, ellas se enfrentaron, y luego tuvo una conversación con sí mismo doscientos años más viejo.
Llevarla al circo había sido la última de sus preocupaciones.
- No pasa nada, pudimos organizarlo. - terció la chica de cabellos castaño rojizos. - Lo que es un milagro es que Kirito-kun haya venido con nosotras. - agregó con orgullo.
Él se rascó la nuca y, ante la mirada inquisitiva de la caballero, se lo explicó.
- Estuve dedicándome veinticuatro siete a revisar unos exámenes de admisión que me consiguió la señora Yuuki. -
- Oh. Vaya. - Alice se vio sorprendida. - Por primera vez, tienes una excusa decente. -
La realidad era que sólo habían podido conseguir entradas para esa función porque el padre de Asuna las había conseguido.
La primera función fue un domador de bestias.
Mientras la rubia se mostró consternada por la excesiva facilidad con que el tipo manejaba tres leones, poniéndolos a hacer piruetas y desafíos para los espectadores, Kirito y Asuna, sentados a la derecha de Alice, se sostenían el uno la mano del otro y cuchicheaban en el mayor silencio posible sobre qué tan maravillada veían a su amiga.
La segunda función fue algo más tranquilo, pero no menos demandante de habilidad. Un equilibrista estuvo demostrando su capacidad sobre una soga casi tan fina como un hilo, la cual recorrió de ida y de vuelta sosteniendo una barra, luego en un monociclo y, finalmente, con las manos, con sus piernas en lo alto y cabeza abajo.
La pareja, por su parte, había dejado de susurrar sobre ella para discutir algo que harían el día siguiente en relación a visitar a dos personas.
La tercera fue el mimo.
Ni bien lo vio, se puso de pie. Como no tenían a nadie detrás, no la hicieron sentarse. Observó detenidamente cómo el artista imaginaba una cosa tras otra, haciéndolas tan reales para él que convencía al público de que estaban ahí.
Alice, en particular, podía verlas. Lo veía encerrado en una habitación con barrotes, tratando de escapar tirando de ellos con una soga, pero con ningún efecto, estaban demasiado firmes.
Su lado caballeroso la obligó a actuar.
Tomó una soga ella misma, que tenía un ancla en un extremo, como si fuera a usarla para afianzarla de algo y trepar. La giró para que ganara momentum y la lanzó hacia el mimo. El tipo la vio y se hizo a un lado, viendo a medias asustado y a medias sorprendido cómo pasaba entre los barrotes con experta puntería.
La chica, conforme y sonriendo con suficiencia, apoyó el pie en el asiento delante del suyo y tiró, tratando de ayudarle.
El mimo, notando su esfuerzo, agarró los barrotes y empezó a empujar, acompañando su intento. Al final, al mismo, la rubia se cayó de culo a su asiento y el actor logró rumbar la pared.
La miró sin entender por unos momentos, pero enseguida la saludó haciendo una reverencia con su sombrero e inclinándose.
Kirito y Asuna se miraron, maravillados con el intercambio que acababan de presenciar. No se les había ocurrido que un mimo podría, de hecho, tener suficiente imaginación para usar Encarnación en Underworld.
- Son de esas cosas que son tan obvias que no ves. - decidió el chico, y se giró hacia su novia.
Ella asintió y se recostó sobre su hombro.
- Como lo mucho que te quiero. - susurró, sólo para él.
Y Kazuto, por primera vez en su vida, soltó su cabeza sobre la de ella, mirando a Alice de reojo, enfrascada en un nuevo intercambio con el mimo.
5 de Octubre de 2026
Asuna dejó el ramo de flores que habían comprado un rato antes sobre la losa de mármol que le habían conseguido. Mientras, el muchacho de cabello negro que la acompañaba limpió el nombre, las fechas y las varias placas conmemorativas que le habían hecho.
Konno Yuuki
"Zekken"
23 de Mayo de 2010 – 29 de Marzo de 2026
Kirito suspiró. Aunque no la había tratado mucho, él mismo sentía un vacío en el pecho cuando venía con su novia de visita.
- Ey, Yuuki. - la oyó decir. - Espero que sigas bien por allá. - siempre le hablaba mientras limpiaba la losa y distribuía las flores. - Yo estoy muy bien. ¿Ya te conté que Kirito y yo ahora estamos comprometidos? - acarició el nombre tallado en el mármol con la mano en la que llevaba el anillo, y él sintió que no debía estar entrometiéndose.
Decidiendo darle a su pareja algo de espacio, retrocedió algunos pasos y se quedó rindiendo culto a su manera, repasando en su mente lo que estaba escrito después en esa tumba.
Te recuerdan con cariño y por tiempo indefinido, surcando los cielos, tus compañeros infaltables, los Sleeping Knights.
Te llevan siempre en su corazón, los del equipo del hospital.
Te rememoran como la Espada Absoluta, todos los jugadores de ALfheim Online.
Te llevan consigo en todo momento, sin falta, y hasta el fin de los tiempos, con amor incondicional, tus dos hermanas.
- Konno Yuuki. -susurró Kazuto. - No te conocí lo suficiente. No te conocí como me hubiera gustado. - miró hacia su novia, arrodillado al lado de la tumba, todavía hablándole, con los ojos anegados. - Pero sé de sobra que no era tu momento para dejar este mundo. -
Había querido darle su lugar, pero supuse que, por una vez, podía interrumpir su llanto, aunque fuese necesario, y fue hacia ella. La abrazó desde atrás, ofreciéndole tanto consuelo como pudiera con ello.
- Kirito-kun. - se limpió los ojos y se agarró de sus antebrazos mientras él dejaba en suave beso en su cien, haciéndole cerrar el ojo cercano. - Ni siquiera hace un año que se fue. La conocí por incluso menos que eso. Y sin embargo... La extraño tanto. - apretó sus dedos contra la piel del muchacho. - No sé cómo es que me afecta de esta forma, fue poco tiempo en comparación a otra gente que he perdido, pero... -
- Es que a ella todos la amamos. Y tú amas a todo el mundo, Asuna. - le susurró en respuesta, acariciándole el hombro izquierdo con el dedo. - Así eres tú. - la afianzó un poco más contra él.
La chica dejó de llorar, y, aunque la tristeza no la abandonó, se encontró más calmada. Kirito siempre tenía ese efecto en ella. Siempre parecía poder encontrar la manera de hacerla sentir tranquila, fuera enfrentándola, dándole explicaciones, tomando alguna medida, o, como era más usual, con alguna acción que expresaba cómo se sienta.
Que esta vez hubiera sido con palabras en vez de algún hecho, le hizo notar cuánto había aprendido con el pasar de los años.
- Oye. - le dijo, girando la cabeza para verlo a los ojos. - Tú siempre logras hacerme sentir mejor. Sin falta. - le acarició la cara mientras le hacía gracia que él desviara la mirada.
- No me gusta verte mal. Incluso si está justificado o es necesario. -
- Lo sé. - Asuna juntó su mejilla con la de suya y disfrutó del contacto por unos momentos. - ¿Te parece exagerado que quiera nombrar Yuuki a nuestra hija? -
Kirito se rio entre dientes.
- Yuuki Yuuki no me parece un buen nombre. -
- ¿Eh? - la muchacha se vio sorprendida. - Pero si ese es mi apellido, no el tuyo. Aquí no se estila... -
- ¿A quién le importa qué se estile? - bufó el chico.
- ¿Qué tal si lo dejamos en manos de Yuuki? - propuso, buscando en su cartera una moneda. Cuando la encontró, sin esperar a que él contestara, porque ya sabía que intentaría disuadirla, la lanzó al aire. - Cara es el tuyo, cruz es el mío. - la moneda rebotó una vez contra la losa, luego otra, mientras todavía giraba velozmente en el aire, y, al final, se quedó quieta. - Cara. - llamó Asuna. - Será Kirigaya Yuuki entonces. - le sonrió feliz a su pareja, que no pudo guardarse un rubor por toda la cara.
- Sólo si Yui es Yuuki Yui. -
Asuna se rio tanto que tuvo que taparse la boca con la mano.
- Ella puede decidir por su cuenta. - lo desafió, divertida. - Tú no tienes poder aquí. - Kirito suspiró derrotado, pero por dentro estaba feliz. Siempre había sabido que era afortunado de tener a esa mujer a su lado, pero ella siempre lograba volver a convencerlo de ello, sin importar cuánto hubieran compartido juntos ya. - Pero, por mí, Yuuki Yui suena maravilloso.
7 de Octubre de 2026
Después de pasar unas horas con sus amigos y amigas, más Yui en su forma holográfica y los padres de Kazuto, en el Dicey Café, la pareja abandonó el local a instancias de la chica, que le susurró al oído que fueran a la terraza porque quería comentarle algo.
- Asuna. - comenzó él cuando hubieron subido, después de que Agil los dejara pasar. - Si es porque quieres darme algo... -
- No irás a decir que no es necesario, ¿no? - se le adelantó con su usual expresión feliz.
- Es que... - suspiró. - La estoy pasando bien, y probablemente lo que sea vayas a decir, ofrecerme o darme me va a poner contento, pero... Hoy ha sido una montaña rusa de sentimientos para mí. -
Ella parpadeó un par de veces, adoptando una mueca casi de preocupación mientras ladeaba la cabeza y juntaba sus manos tras su cintura.
- ¿Pasó algo? -
- Este... - dudó acerca de comentarle los acontecimientos, pero acabó por hacerlo. No podía hacerse el tonto siempre. - Aunque tu mamá dijo que hoy me responderían, ya hace rato que las escuelas dejaron de trabajar por el día, y la verdad es que esperaba saber si había podido adelantar bien las materias para poder ir juntos a la universidad el año que viene, incluso estuve hablando con mis padres sobre posibles lugares para alquilar, y... - Asuna no aguantó más y se rio a carcajadas.
Kirito, ofendido, se cruzó de brazos y levantó una ceja por todo cuestionamiento.
- Perdón. - pidió de todo corazón, cuando por fin dejó de reírse. - No me estoy burlando de ti, sino de mí misma. Había llegado a creer que nunca hablarías tanto en una situación amena. Me alegra equivocarme. - se apoyó sobre una sola pierna en vez de ambas y se colgó del cuello de su novio con ambos brazos, agarrándose la muñeca de uno con la mano del otro para sostenerse. - No debes preocuparte por todo eso. - le dio un rápido beso en los labios y se acercó a susurrarle al oído. - Es mi culpa. - confesó en una vocecita. - Yo quería darte la noticia. - por respuesta, sintió cómo las manos del chico se aferraban a su torso. - Aprobaste todo. El próximo ciclo lectivo iremos juntos a la universidad, Kirito-kun. Oh, - recordó. - además, mamá estuvo hablando con el doctor Kurahashi. Sí recuerdas quién es, ¿verdad? -
- Hablas del que atendía a Yuuki-san. -
Ella asintió.
- El mismo. Le estuvo contando algunas de las utilidades de tu equipo de comunicación. Lo que hicimos con Yuuki, por ejemplo. Y eso me dejó pensando: si puede recrear la forma de Yui, puede hacer que alguien metido en un Medicuboid pueda tener algo casi como una vida normal, como holograma en su propia casa. También podrías permitirle al profesor Shigemura tener una relación más amena con Yuuna. ¿Entiendes lo que puedes lograr, Kirito-kun? Incluso, en el futuro, cuando logres fundir el mundo real con el virtual, podría decirse que les habrías devuelto la vida. - se rio. - Creo que no lo armaste con esto en mente, pero necesito que sepas lo que otros vemos en ti y tus inventos. - volvió a su expresión preocupada. - Me pareció que estos días estuviste peleando algo dentro de ti mismo... Que te parecía malo... Oscuro, quizás, incluso... Y quise regalarte un pensamiento mío para intentar ayudarte, así que... Eso de recién es mi regalo para ti esta vez. Feliz cumpleaños, Kirito-kun. -
Kazuto se quedó mudo.
Ni en broma se le había pasado por la cabeza que combinado con el Medicuboid, su proyector holográfico con sonido y micrófonos podía ofrecerle una vida más amena a alguien con enfermedades terminales. Lo único que el pensamiento le dio fueron más ganas de seguir en ese campo, de terminarlo, mejorarlo y ofrecérselo al mundo para que no vuelva a haber otra Konno Yuuki que debiera sufrir de tal forma.
Iba a decir algo cuando otro pensamiento apareció en su cabeza.
Asuna estaba siendo Asuna. No sólo siempre hallaba la manera de ponerse a su lado, sino que, al hacerlo, también le daba un empujón para que siguiera avanzando.
A continuación, pensó en Star King y cómo se refirió a su reina.
'Este es mi interior. Tu interior. Eso que viste hace unos momentos, ese destello... Es lo que queda de mi reina.'
Pensó en sí mismo. Podía ser que fuera así de negro por dentro... Pero todavía tenía a su Asuna para que lo iluminara y le apuntara el camino, para que le hiciera notar las cosas buenas que hizo, hacía y podía hacer.
Y, contrario a Kayaba, no estaba dispuesto a deshacerse de su amor por ningún sueño. De hecho, últimamente empezaba a darse cuenta de que no era capaz de imaginar un futuro sin ella.
No pudo no decirle las siguientes palabras que nacieron del fondo de su garganta, porque vinieron con tanto fervor que le pareció antinatural no expresárselas.
- Asuna. - suavemente la apartó un poco para verla a los ojos. La dulzura en su mirada hizo que ella se sorprendiera, porque él casi nunca expresaba las cosas de esta manera. - No soy bueno con las palabras, por eso mi regalo para ti fue una experiencia juntos en otra época y contexto. - tragó saliva, la garganta se le había secado de pronto. - Pero, por una vez... Por una vez quiero que me oigas decirte que... Aunque suene a que me he vuelto dependiente de ti... No me imagino capaz de vivir sin tu compañía. Hemos pasado por tanto apoyándonos que... Me he vuelto incapaz de ser yo mismo si no estás. Es la verdad. - la garganta, aparte de habérsele secado, ahora se le cerró, y sus ojos se aguaron. - Por favor, discúlpame. Discúlpame por mi falta de tacto, por mi incapacidad para expresarme, por mi constante aparente desinterés... - las lágrimas finalmente se le escaparon, y ella las juntó sin perder la sonrisa que amaba ver en su rostro. - Asuna, hemos vivido tantas cosas... Y sin embargo, no me siento nunca como que ya tuve demasiado de ti. - le tembló la voz, empezó a tartamudear. - L-La verdad e-es que... - tragó saliva con esfuerzo, mientras esos ojos sin par lo veían fijamente. - No te-tengo ganas d-de volver a la osc-curidad en que vivía a-antes de que t-te co-conociera. - la apretó más fuerte que nunca contra él y hundió su rostro en su cuello. - No quiero n-nunca jamás tener que volver a extrañarte. - confesó, casi desconsolado, dándole rienda suelta a un sentimiento que había tenido desde la primera vez que convivieron en la cabaña del piso veintidós y nunca había dejado salir a la vista. - No quiero volver a ser quien era antes de conocerte. - dándose cuenta de que la estaba aplastando, aflojó su agarre un poco. - No quiero perderme en la negrura de mi interior. Asuna, lo que quiero decir es... El lugar que ocupas en mi corazón no puede ser llenado por nadie más. Te necesito, eres la única luz en mí. Mi mundo gira alrededor tuyo y de Yui. Te amo. Tanto que duele cada segundo que no estás cerca. -
Ella lo habría molestado. Le habría dicho algo como el otro día en el cementerio, entre las líneas de "Tú nunca hablas tanto de corrido", porque, de hecho, acababa de batir ese récord otra vez, pero no lo hizo. Ahora mismo, lo único que quería era regocijarse en las palabras de su espadachín. En cómo la habían derretido de tal forma que si no la estuviera abrazando tan fuerte se habría caído al suelo. En lo bien que se sentía que le dijera abiertamente que la amaba. Que la necesitaba.
- Yo tampoco puedo ver un futuro donde no estemos juntos, Kirito-kun. - le respondió, también tratando de no quebrarse, amoldándose perfectamente a él. Ni un milímetro del frente de su cuerpo no estaba en contacto con el suyo. - No te preocupes por depender tanto de mí... Yo estoy en la situación inversa. - sonrió como tonta, inundando su nariz del aroma del chico. - No veo problema si es así. - a Asuna también se le cayeron las lágrimas. - Me parece... No, estoy segura de que podemos depender el uno del otro tranquilamente. - movió su mano izquierda de la espalda del muchacho a su pecho y luego a su mejilla. - Yo tampoco podría, nunca jamás, cansarme de tenerte conmigo. ¿Quién va a irritarme hasta el agotamiento si no? - eso les sacó una breve risa a los dos. - ¿Quién va a poner mi corazón a latir así de fuerte si no tú? - esta vez fue su turno de apretarlo con fuerza. - Y... No lo entiendo del todo, pero... No le temas a las sombras en tu interior. - se apartó de él, lo agarró por las mejillas, como aquella vez en la parte de arriba de la tienda de Agil en Algade cuando le llevó un uniforme blanco y rojo, y lo miró a los ojos. - Mi luz es la que las proyecta, porque así puedes ver todo lo que hemos construido juntos. Tú te aferras a ello como su sombra, le das profundidad... Y yo te hago posible hacerlo. -
Kirigaya Kazuto nunca había estado tan perdidamente enamorado de alguien como lo estaba ahora, ni siquiera de la misma Asuna. Después de todo, sólo a ella podía amarla cada día más.
Cerró su mano entre los cabellos de su nuca con delicadeza y la sostuvo mientras se acercaba más y más hasta dejar un suave beso en sus labios. Le supieron algo salados, por las lágrimas que salían de sus ojos, pero enseguida ese gusto le dejó lugar a su dulzura usual.
El contacto entre sus bocas no hizo más que profundizarse y ellos no hicieron nada para evitar que sus manos se pusieran juguetonas. Cuando quisieron darse cuenta, estaban repitiendo el numerito del hospital de la última vez allí mismo, en la terraza de la tienda de Agil, habiendo rechazado la oportunidad la primera vez que la tuvieron, cuando les ofreció el cuarto de arriba a los dos, allá en Aincrad.
Cuando se hubieron calmado, después de haber fallado miserablemente en no despojarse de toda su ropa y habérsela vuelto a poner, y luego de bromear con que al final sí habían reclamado la tienda de alguna forma, se miraron a los ojos y no hubo más dudas en los ojos de ninguno.
Nunca jamás nada podría separarlos.
Esta semana se lo habían demostrado mutuamente enamorándose de nuevo en otra vida sin haberse conocido, y se lo habían reafirmado en el mundo real con palabras.
- ¿Deberíamos volver? Tus padres estarán pensando en buscarnos. Y dejamos a Yui allá abajo. -
Él habría estado de acuerdo, por lo general. Pero no esta vez.
- Déjame disfrutar de esto un poco más. - estaban echados en la terraza viendo el cielo estrellado. - De todos modos, si suben ahora, no verán nada escandaloso. -
Lo último que Kirito vio, antes de soltar un sonoro quejido y luego reírse junto a su pareja, fue la mano de Asuna dirigiéndose a su hombro a una velocidad que le daría envidia a su alter ego la Flash.
Fin.
