CAPÍTULO DOCE

ISABELA

Entonces... vamos de compras.

Lo bueno del Viejo Dallas es que es súper extenso. La ciudad misma está completamente arruinada. El Fuerte Dallas, el único asentamiento que queda a kilómetros y kilómetros, ocupa una diminuta porción del paisaje, y el resto queda para los carroñeros, nómadas y animales salvajes. Oh, y dragones, por supuesto. No puedo olvidarme de ellos. Pero debido a que es tan inseguro aventurarse lejos del Fuerte Dallas, y no puedes llegar muy lejos a pie, todo lo que está cerca del fuerte mismo está completamente tomado.

Cuando más lejos vas, más opciones tienes. ¿Y con un dragón? Puedo ir realmente lejos. No tengo que preocuparme por encontrarme con nómadas criminales que han sido exiliados de sus fuertes. No tengo que preocuparme por encontrarme con animales salvajes. No tengo que preocuparme por los ataques de dragones. Estoy protegida. No tengo que preocuparme por lo lejos que puedo caminar tampoco, Edward puede llevarme a cualquier parte.

La idea es un poco excitante. Le doy a Edward algunas imágenes mentales de los tipos de edificios que estoy buscando y me agarra en sus garras y vuela, rodeando la ciudad hasta que encontramos el lugar correcto. Aterrizamos en una tienda de muebles que no está completamente en ruinas, y reboto en las camas y me siento en los sofás, probando todo. Hay polvo, pero el techo está entero (o lo estaba hasta que Edward lo abrió para mí) por lo que los contenidos del interior están inmaculados pese al paso del tiempo.

Elijo la primera pieza que quiero y Edward la agarra con una pata y a mí con la otra y volamos de regreso a nuestra torre de oficinas. He decidido que nos quedaremos en el edificio de oficinas en ruinas porque las partes con techo parecen estar decentes, además que en verdad me gusta el agua corriente. Solo voy a decorar. Me siento en mi tumbona mientras Edward vuela de regreso a la tienda de muebles y toma la cama y el colchón que elegí.

Es tonto lo feliz que verlos me hace, pero cuando suavemente baja la gran cama de madera y arroja el colchón, ni siquiera pienso que tiene grandes agujeros porque él tuvo que llevarlos en su boca. Tengo una cama. Una cama de verdad. Y un colchón. Me tiro sobre este y me acuesto sobre mi espalda. Nunca pensé que las camas serían una ventaja de vivir con un dragón, pero parece que lo son.

Una vez que tengo un sofá, una silla y una cama, reacomodo algunos de los pocos muebles de oficina que no están rotos y hago una mesa de comedor, porque sí. Edward arroja el resto de lo que no quiero de mi nuevo "apartamento" y es gracioso solo arrojar cosas por un lado del edificio y verlo desaparecer. A continuación, encontramos una tienda departamental que no ha sido muy vaciada y rebuscamos alrededor con un carrito de compras, buscando suplementos de limpieza, ropa de cama y platos.

Edward es estupendo en alimentarme, pero me gustaría no tener que mordisquear la cena en cada comida. Si voy a tener un sitio, quiero que sea un apartamento legítimo. Y no importa cuántas cosas pida, Edward está feliz de conseguirlas para mí.

Me toma todo el día estar satisfecha con las adquisiciones que hicimos, pero para el final del día, tengo un "apartamento" lleno de cosas para hacer un hogar y una lista de tareas que parece crecer con cada minuto. Sin embargo, estoy feliz. Estoy feliz con todo lo que hemos agarrado. Diablos, tengo más cosas ahora de las que nunca tuve en el Fuerte Dallas. Y no deberías estar tan complacida por las cosas materiales, pero... lo estoy.

Quizás sea porque he andado tanto tiempo sin nada, pero la vista de paquetes envueltos con sábanas y tazas de cerámica que no están astilladas para el café de la mañana (y diablos, café de la mañana) me hace muy feliz. Suspiro sobre mis cosas y no dejo de acariciarlas. Mi estómago elige gruñir cuando saco un juego de sábanas de su envoltorio de plástico. Manos cálidas me rodean la cintura, y Edward llega por detrás, recién cambiado a su forma humana. Sus dedos se deslizan debajo de mi camiseta, rozando mi estómago en una caricia que hace que mis sentidos den un salto.

-Mi pareja tiene hambre.-

-Hambre- concuerdo -y estoy cansada y estoy sucia- En verdad estoy hambrienta... pero también estoy muy sucia y estoy intentando decidir cuál es más molesta.

Miro la mugre manchando mis brazos. La mayoría de las tiendas a las que habíamos ido hoy (y habíamos ido a unas cuantas) tenían una capa gruesa de polvo sobre todo, y elegir a través de los escombros para encontrar cosas que no estaban destruidas significó cavar para encontrar los artículos menos dañados en el fondo de los montones.

Estoy complacida con lo que conseguí, pero también sudorosa y agotada. Edward, sin embargo, parecer estar lleno de interminables cantidades de energía, siempre listo para hacer más con el chasquido de mis dedos. Mi "apartamento" está tomando forma, pero no hay bañera aquí. Es lo único que me está faltando. Quizás podamos encontrar una con patas de garra mañana, pero en cuanto a hoy, ya es suficiente.

-Ojalá conociéramos un lugar donde podamos darnos un baño caliente. O una ducha. Tomaría cualquiera- nunca había tomado jabón y champú en preparación para eso. Un baño en el lavabo tendrá que servir.

-¿Deseas limpiarte? Conozco de un lugar- me giro en sus brazos, emocionada.

-¿Lo conoces?-

-Sí. ¿Te complacerá si vamos allí?-

-Mucho- le sonrío -estoy sucia y repugnante.-

-Estás encantadora. Otros dragones estarían celosos de ver a mi pareja- sus ojos se arremolinan brillantemente y roza sus nudillos sobre mi mejilla.

Palabras halagadoras, pero también me ponen nerviosa. No quiero pensar en otros dragones. Si todo sale como normalmente lo hace, se supone que haya un ataque de un dragón rojo sobre el Fuerte Dallas más tarde el día de hoy. Pero no estamos cerca y Edward es lo bastante grande como para defenderme.

-¿Es seguro?-

-Siempre es seguro conmigo. No dejaría que nada te lastimara- una garra traza mis labios, como fascinado por ellos.

Me estremezco, pero es un estremecimiento de los buenos. Ni siquiera las grandes garras me asustan ya. Sé que nos las usará contra mí.

-Déjame buscar mis cosas, entonces- me deslizo de sus brazos y recojo mis nuevos jabones y shampoo en un bolso y luego lo pongo sobre mis hombros -lista, cuando quieras- se inclina y me besa ferozmente una última vez antes de transformarse en su forma de dragón.

Estamos siendo tan domésticos, medito cuando levanto los brazos para que pueda sujetarme por la cintura y transportarme en sus garras. Compras, decorar, y ahora limpiarme antes de la cena. Arroja su gran forma dracónica por el lateral del edificio y estamos en el aire.

-Vamos a tener que hablar de una mejor manera de viajar- le digo mientras aparto de mi rostro mi cabello revoloteando. Colgar de su agarre me estresa más cada vez que lo hacemos. Sé que no me dejará caer, pero no me siento tan segura con la ropa puesta, porque su agarre es menos seguro con una capa de ropa resbaladiza. Se trata de descartar las ropas (algo de lo que no soy aficionada), o encontrar una mejor manera de volar.

-Lo que te haga feliz- me dice, sus pensamientos cariñosos. Acaricio su garra, sintiéndome un poco complacida también.

-Quizás se nos pueda ocurrir un arnés de algún tipo- le digo, y me gusta la idea. Me siento bien por el momento. La terapia de compras ha mejorado mucho mi estado de ánimo y también la idea de un próximo baño. De hecho, lo que más ayudó fue la jugada sexy de esta mañana... y el hecho de que no tendrá que morderme cada vez que quiera aparearse. Las cosas están mejorando. Estoy tan perdida en mis pensamientos que cuando Edward gira y cae en picada, en el aire, doy un grito asustado y me aferro a sus escamas, desesperada por la tracción.

-Te tengo- me tranquiliza -nunca te dejaría caer.-

¡Sin embargo, eso no significa que no me dejaré caer! Pero me relajo un poco cuando su mano libre llega para acunar mis piernas. Debajo de nosotros, se extiende un enorme lago, el agua cristalina y agradable.

-¿Es... es aquí a dónde vamos?- Le pregunto. No sé qué había imaginado, pero un lago no lo es.

Me río, porque ¿qué estaba esperando? ¿Un lavadero de autos? ¿Una tina del tamaño de un dragón? ¿Una piscina? He visto una o dos piscinas en el Después. Con nadie que compense los químicos, se han vuelto pantanos turbios e infestados de mosquitos. Pero esta agua está fresca, se ve bien y se ondula a medida que bajamos. Es un día caluroso y un chapuzón en el lago suena increíble.

-¿Deseas zambullirte?- Desciende abruptamente, y mis pies rozan el agua, la enorme sombra de Edward bloqueando la luz del sol poniendo. Grito, subiendo mis piernas tan alto como puedo.

-¡Nada de zambullirme! ¡Nada de zambullirme!- un murmullo bajo comienza en su pecho y me doy cuenta con asombro que se está riendo. De repente, me estoy riendo también, porque mi dragón tiene un sentido del humor juguetón después de todo.

¿Mi dragón?

¿De dónde salió ese pensamiento? Lo aplasto al instante y siento un poco de culpa. Solo porque estoy contenta con Edward hoy, no quiere decir que estoy vaya a funcionar. Tengo que salvar a Ángela.

-¿Qué tal si nos bajas lentamente en la costa?-

-Si lo deseas- me dice Edward y sin duda hay diversión en su tono.

Me hace sentir cálida escucharlo. Cuanto más estoy con él, más de su personalidad parece surgir. ¿Es así cómo fue antes de que la locura se apoderara de él? ¿Seguro y divertido, al igual que feroz y posesivo? Me pregunto cómo debió haber sido en aquel entonces. Sé que estar en mi mundo lo ha cambiado. ¿Qué... qué si regresa? ¿Por qué eso me llena con una especie de consternación insistente?

-No te preocupes. No regresaría ahora- me dice Edward -estás aquí. Me quedaré en este lugar con mi pareja- no sabía que estaba pensando en "voz alta".

-Pero odias este lugar- le recuerdo cuando rodeamos la costa de arena y comenzamos a descender -dijiste que huele horrible y te vuelve loco.-

-Mi mente ya no está salvaje ahora que te tengo. Y mis fosas nasales están llenas de tu dulce aroma. Mi pareja está aquí. Tengo todo lo que necesito- eso es... dulce. No puedo evitar sentirme halagada y complacida de escucharlo.

-Pero, ¿qué si no estoy siempre aquí? ¿Y si algo me sucede?- las garras de Edward se aprietan a mi alrededor. Chillo con alarma a medida que sus pensamientos se hacen más feroces y destellos de locura se filtran en mi mente.

-Nada le sucederá a mi pareja. ¡Eres mía, Isabela!-

-Está bien, está bien. Solo era una pregunta retórica- acaricio sus escamas para calmarlo -no me apretujes hasta la muerte- sus pensamientos se calman, pero los míos siguen preocupados.

¿Qué hará si algo me sucede? Voy a rescatar a Ángela, no es un "si", es un "cuándo" y me preocupa cómo reaccionará cuando lo haga. No puedo quedarme con un dragón para siempre... ¿o sí puedo? ¿Siquiera quiero? Estoy llena de preguntas y sentimientos opuestos.

Aterrizamos suavemente en las costas del lago y hay una zona arenosa de "playa" que está descuidada y tiene pequeños botes metidos entre los juncos a poca distancia. No sé qué lago es este o siquiera en qué parte del Viejo Dallas estamos, pero parece lo bastante atractivo. Edward me baja suavemente y se inclina para acariciarme con su hocico.

-No dejaré que te pase nada. No te preocupes, mi Isabela- le palmeo su gran nariz.

-Lo sé, grandote- pero no puede controlarlo todo y yo tampoco puedo. Y no sé lo que el futuro depara.

Sus garras se desenroscan de mi cintura y estoy libre. Poco después, cambia a su forma humana, un cabello con ondas, preciosas y largas extremidades doradas, firmes con músculo. Se estira, ajeno a su desnudez y le da a la playa una mirada complacida. Parpadeo ante toda la carne que ese movimiento me revela y me siento un poco ruboriza ante la vista.

-Podríamos tener que hablar de unos pantalones para ti- le digo delicadamente -no sé si deberías estar corriendo por ahí desnudo todo el tiempo.-

-¿Pantalones?- bajo mi mochila en la arena llena de hierba y me quito las botas.

-Sí, pantalones. Como estos- les doy a mis pantalones andrajosos una palmada -te mantienen, eh, seguro- le da a mi ropa una mirada desdeñosa.

-Entonces, ¿debería esconder mis extremidades en tela? ¿Qué propósito cumple?-

-Protege tu piel.-

-Mi piel es dura. Nada me lastimará- Edward camina a mi lado, acunando mi mejilla y frotando mi cuello otra vez, como si no pudiera tener suficiente de mi aroma -tú, sin embargo, eres pequeña y frágil. Deberías seguir usando esos "pantalones" si te protegerán de heridas, aunque encuentro los materiales que eliges poco resistentes.-

-No es para heridas- le digo, divertida -protege tu modestia.-

-¿Modestia? No entiendo ese término.-

-Obviamente- digo con voz seca -los humanos no andamos por ahí desnudos. Es un poco alarmante para otros humanos.-

-Entonces es bueno que no sea humano, ¿verdad?- Con eso, tira de mi camiseta -sin embargo, deseo ver a mi pareja sin estos pantalones. No me gustan.-

-Esa es una camiseta- lo corrijo, luego suspiro -no importa- me quito la camiseta sobre mi cabeza, solo para chillar con sorpresa cuando sus manos grandes de inmediato sujetan mi sujetador.

-¿Más pantalones?- Me escapo mientras sus dedos juegan con mis senos, sus garras arrastrándose contra la tela gastada y de encaje de mi viejo sujetador.

-No son pantalones! Es un sujetador. Evita que mis senos reboten.-

-Pero me gusta cuando rebotan- parece fascinado mientras frota los pequeños montes de mis senos con sus manos grandes -es muy atractivo en mi pareja- me está costando pensar en este momento, en especial con la manera en que su dedo garra sigue rozando mis pezones.

-Es para evitar que mis senos reboten. Al parecer, los hombres encuentran que eso los distrae en una mujer.-

-Ah. Esto lo apruebo entonces. Eres mía, Isabela- quita una correa de mi hombro -aunque no quiero que uses estos pantalones cuando estamos juntos. Me gusta ver los senos de mi pareja estremecerse cuando la toco. Y me gusta ver estos endurecerse- sus dedos rozan un pezón a través de la tela. Contengo el aliento y aparto su mano.

-Estás de humor coqueto, ¿no es así?- coquetear lleva al sexo y no estoy segura de estar lista a saltar al sexo de nuevo, a pesar de su promesa de no morder. Pero ante su sonrisa lasciva, no puedo evitar sonreír en respuesta -tu pareja quiere un baño y comer antes de responder a tus flirteos, lo siento.-

-Te permitiré limpiarte- acuerda -luego pondré mi boca sobre todo tu cuerpo como hiciste conmigo y te haré gritar otra vez- me estoy ruborizando con fuerza ante sus francas palabras y evito hacer contacto visual mientras termino de desvestirme.

A pesar de su coquetería y la tensión sexual en el aire entre nosotros, la llamada del agua es muy fuerte para resistirla. Los baños son lujos raros en el Después y planeo disfrutar de este. Agarro el jabón, el paño y una botella de champú y me dirijo al borde del agua y sumerjo un dedo. Frío, pero no tanto. Delicioso. Entro hasta la cintura y escucho el sonido de un chapoteo cercano. Me sorprende ver a Edward caminando por el agua a mi lado.

-¿Tú también vas a bañarte?-

-Deseo estar limpio para complacer a mi pareja. Disfrutas de la limpieza.-

-Así es- admito. Me hundo más en el agua, haciendo malabarismos con mis botellas -un lago no es el epítome de limpieza, pero servirá hasta que pensemos cómo subir una bañera a nuestra torre.-

-¿Qué es una bañera?- Le envío una imagen mental, completa con burbujas, de mí sentada en la tina y lavando mi cabello -¿Y deseas tener eso?- Me estudia con sus intensos ojos dorados.

-Diablos, sí- le digo, entonces me mojo en el lago, aferrando mis jabones. Mi cabello sucio se derrama en mis ojos y hago malabarismos con mis jabones un momento más antes de lanzar las barras de jabón y el paño sobre la costa por el momento.

Exprimo un poco champú y también arrojo la botella. Cuando comienzo a enjabonar mi cabello, no puedo evitar gemir por lo bien que se siente. Incluso en el Fuerte Dallas, es un desafío permanecer limpio. Hay un baño público, pero cobran una fortuna para una rápida sumergida y tienes que re-utilizar el agua de alguien más. Y el shampoo es demasiado costoso para mí. ¿Tener todo este lago para mí sola? ¿Tener shampoo? Es el paraíso.

Siento el placer de Edward antes de siquiera escuchar el murmullo proviniendo de él. Poco después, sus manos me acariciar debajo del agua, deslizándose sobre mis caderas. Ni siquiera estoy molesta por su afán en tocar, porque me gusta toda la atención y el afecto. Probablemente es incorrecto, pero no estoy segura de que quiera que sea correcto.

-¿Qué estás haciendo?- pregunta. Sigo enjabonando mi cabello.

-Lavándome el cabello con shampoo. Se siente increíble estar limpia de nueva.-

-¿Esto es otra cosa humana?- Acaricia mis pezones resbaladizos, los pulgares provocando a mis pezones erectos. Jadeo y me retuerzo ante el tacto, pero... no me aparto. No sé si quiero hacerlo -estás haciendo los sonidos que hiciste cuando estuve entre tus piernas. Me agrada esto. Me da placer- ¿Tiene que traer a colación eso constantemente? ¿O lo está haciendo deliberadamente para hacerme ruborizar?

-Sí, bueno, estoy disfrutando de limpiarme. Y si vas a frotar tus manos sobre mí, ¿por qué no las enjabonas?- De esa manera puede estar completamente justificado permitirle manosearme. Es todo por la limpieza, no porque sus manos fuertes y grandes se sientan bien. Solo limpieza.

-Muéstrame cómo usar este jabón- hundo mi cabeza para enjuagarla del shampoo, luego me limpio el agua de los ojos.

-Qué tal si te enseño cómo limpiarte, ¿de acuerdo, grandote?- camino por el agua hacia la costa y tomo la botella de shampoo, luego regreso a su lado y señalo a su gruesa mata de cabello -tendrás que mojar eso- de inmediato se lanza al agua y vuelve a salir poco después, su cabello goteando. No puedo evitarlo, me río -no haces nada a medias, ¿verdad, Edward?- me sonríe, enseñando un destello de dientes afilados.

Se siente bien relajarse con él para variar, tener un momento de alivio entre todo el estrés del mundo. Ahora mismo, nuestro mundo existe puramente en los confines de un baño al aire libre. Estoy disfrutando. No estoy pensando en el mañana o lo que el futuro depara. Solo me estoy divirtiendo en el agua con el sujeto al que estoy atraída.

-Inclínate- le digo, y cuando lo hace, echo un chorro del precioso shampoo en su espeso cabello. Vuelvo a ponerle la tapa a la botella y la arrojo a un lado, entonces comienzo a frotar el shampoo en su cabello, masajeando su cuero cabelludo. Murmura de placer, sus brazos rodeándome, sus manos moviéndose a mi trasero. Me jala contra su gruesa erección, oculta por el agua -no- digo con una risa -ahora no, Edward. Esto es sobre limpiarse.-

-Deseo poner mi boca sobre ti y darte placer, Isabela. Me daría mucho placer. Estoy famélico por tu sabor- mi risa muere con un jadeo sin aliento y mi mente se llena con imágenes de él, sus grandes manos apartando mis rodillas mientras lame mi coño con voracidad. Oh, piedad.

-Baño- le recuerdo -en este momento nos estamos bañando- pero las palabras salen sin aliento y parece que no puedo dejar de tocarlo bajo el pretexto de lavarlo, incluso mientras acaricia mi cuello mojado, sus manos flexionándose contra mi trasero.

-¿Puedo abrazarte mientras me baño? Lo disfruto.-

-Puedes…- susurro. Levanta la cabeza y veo que sus ojos están arremolinándose con el negro del deseo. Se inclina más cerca y su boca captura la mía, a la vez que me jala contra él una vez más.

-Mi Isabela, siento tu excitación. El aroma de esta me alimenta- su lengua acaricia la mía, imitando a su pene y gimo -déjame probarte.-

-Tienes shampoo en el cabello- le digo en voz baja. Incluso ahora, este cayendo por su frente a sus ojos.

Me suelta y se hunde bajo el agua otra vez, sacudiendo la cabeza furiosamente. Poco después, sale y me acerca, agua chorreando por su cuerpo grande y dorado.

-Ahora te probaré- tiemblo ante la intensidad de sus pensamientos.

Paso una mano por sus hombros, sintiendo sus músculos y considerando su gran cuerpo. Nos paramos en el agua hasta nuestras caderas, al aire libre. Cualquiera puede vernos. Más que eso, sospecho que desea más que solo sexo oral. Va a querer sexo y esto es una situación complicada. Estoy llena de deseo... y miedo.

-No lo sé- como sintiendo mis pensamientos, Edward roza su boca sobre mi mejilla.

-Isabela…- murmura en voz alta, sorprendiéndome. Entonces, en mi mente, dice: -Solo deseo darte placer. No tiene que haber placer para Edward en esta unión. Solamente deseo saborear a mi pareja y disfrutar de su sabor. Déjame hacer esto- me estremezco, aferrándome a su piel mojada mientras sus manos se asientan en mi cintura nuevamente.

No puedo decidir... y sin embargo, no me alejo. Así que quizás he decidido, después de todo. Espero por un momento y se inclina para volver a besarme. Cuando me besa, abro mi boca a la de él, aceptando su dominación. Una mano grande se desliza hacia abajo por mi vientre, deslizándose por mi carne húmeda. Encuentra mi monte y me acuna y rompe el beso. Lo miro, apenas atreviéndome a mirar. La expresión en su rostro atrapa mi mirada, todos deliciosos remolinos negros de intensidad. Y presiona un dedo dentro, acariciando los rizos de mi sexo y entre los labios de mi coño. Gimo, arqueándome contra él. Sigue frotándome, consciente de sus garras y lo siento hundirse en mi centro, donde estoy ardiendo de necesidad.

-Estás caliente y resbaladiza con jugos de apareamiento, mi Isabela- frota su dedo arriba y abajo por los pliegues de mi coño, humedeciéndome con mi propia necesidad -siente lo mojada que estás. Esa no solo es agua. Es mi Isabela- y alza su mano a su boca y lame sus dedos, su mirada intensa todavía en mi rostro. Puedo sentir el placer que rueda a través de su mente y lloriqueo ante la intensidad del mismo -mi Isabela- me dice -nada sabe mejor que tu dulzura. Déjame lamerte.-

-¿Aquí? ¿Ahora?-

-Ahora- acuerda. Me jala a sus brazos y se dirige a la costa del lago -te depositaré debajo de mí, abriré tus piernas y me deleitaré con tu belleza- mi cuerpo tiembla con la intensidad de sus pensamientos y su mirada me sujeta a la vez que me deposita suavemente en la costa arenosa. Entonces me mira, lleno de admiración -tan hermosa, mi Isabela. Mi pareja es encantadora- se inclina y pasa su boca levemente bajando por mi estómago, acariciándome.

Sus manos grandes se mueven a mis piernas y las abre ampliamente, abriéndome para sus atenciones. Su placer pasa por mi mente de nuevo y gimo aun antes de que su aliento caliente sople mi coño. Mientras observo, estudia mis pliegues y se inclina. Su lengua sale y pasa sobre mi carne, dándome una rápida probada.

Entonces murmura de placer y se hunde contra mí, su boca enterrándose entre mis muslos. Jadeo en respuesta, sorprendida por la arremetida de sensaciones. Lo que sea que siento está mezclado con los pensamientos que está permitiendo que se filtren de su propia mente y es como si mi placer estuviera siendo amplificado por el suyo. Puedo sentir lo erótico que es para él probarme, lo salvaje que lo vuelve. Me retuerzo contra su boca cuando comienza a darle a mi clítoris pasadas largas y lentas con su lengua áspera, lamiéndolo lenta y constantemente.

Mis gemidos se vuelven jadeos, e incrementa los movimientos de su lengua, más y más rápido. Cuando comienza a emitir sonidos bajos en su pecho de nuevo, no puedo evitar jadear porque eso hace que las cosas se sientan incluso mejores; las vibraciones moviéndose a través de su boca parecen transferirse directamente a mi clítoris. Mis manos suben a su cabeza, y a pesar de mí misma, me aferro a su cabello mientras trabaja en mi coño con su boca. Disfruto de cada caricia de su lengua, cada pasada, cada giro, cada movimiento áspero contra el más sensible de los lugares. Comienza a incrementar la intensidad y la presión de sus lamidas, como sintiendo que necesito más.

Claro que lo siente, me doy cuenta sin aliento. Está conectado a mí en nuestras mentes. Le envío lo que deseo, frenética de necesidad, y poco después, chupa mi clítoris. Me vengo rápidamente, gritando su nombre. Mis músculos se aprietan, y doy un pequeño grito de placer mientras sigue lamiendo y chupando mi clítoris, alargando mi orgasmo.

El mundo explota en una neblina donde solo la boca de Edward existe y soy ajena a todo lo demás. Lentamente, bajo de mi orgasmo, jadeando. Mi cuerpo se siente como si estuviera desenroscándose de la tensión, y me recuesto en la arena, jadeando e intentando recuperar el aliento. Eso fue extremadamente intenso. Bajo la mirada y veo a Edward todavía entre mis piernas, mirándome con una expresión que he llegado a pensar que es de pura posesión masculina.

-Disfruté eso- me dice Edward -mucho.-

-¿Qué hay de ti?- me tenso un poco al preguntar, pero tengo que saber.

-Recibí mi placer de tocar tu mente con la mía- sus garras acarician distraídamente la parte interna de mis piernas, posesivo- el contacto de tu cuerpo contra el mío. Te daré mi semilla en otro momento, cuando estés menos asustada de mí. Hasta entonces, estoy contento con probar tu cuerpo- se inclina y me da una mirada traviesa, su boca cerniéndose cerca de mi coño -¿Debemos hacerlo de nuevo?- Una risa débil se me escapa.

-Vas a matarme- frunce el ceño, todo el carácter juguetón desapareciendo.

-¿Eres tan frágil?-

-Figurativamente. No me mataría realmente. Es solo un decir.-

-Tu manera de hablar es... Encantadora- lame lentamente la piel cosquillosa del interior de mi pierna -nosotros no usamos lenguaje físico tan a menudo como tu raza. No es conveniente- me estremezco ante su toque, mis nervios erizándose en respuesta.

-¿Soy... muy distinta de tus mujeres?- Paso mis dedos a través de su cabello húmedo. Me siento extremadamente íntima en este momento. ¿Quién no lo sería luego del tipo de atención que acababa de recibir? El murmullo de su diversión vibra a través de mis piernas.

-En muchas maneras.-

-¿Cómo?- Tengo genuina curiosidad ... y estoy un poco celosa. ¿Es malo que sea distinta? -Nunca he visto una.-

-Lo has hecho. ¿No has visto los dragones rojos en los cielos?- Me quedo inmóvil.

-¿Los rojos? ¿Los rojos son hembras?- sabía que eran más pequeñas, más abundantes... y extremadamente agresivas. La mayoría de los ataques de dragones que diezmaron las ciudades fueron por hordas de dragones rojos. Sin embargo, nunca creí que fueran hembras. La idea es impactante como sus implicaciones.

-Lo son. El rojo es un color de apareamiento para los Drakoni. Se vuelven rojas cuando desean atacar a un macho. La agresión es un signo de apareamiento- si ese es el caso, hay muchos dragones buscando una pareja.

-Siempre atacan en patrones. Esperan unos pocos días... ¿sabes por qué?-

-La locura es peor cuando la época de celo está sobre ti. Este mundo las vuelve constantemente agresivas.-

-No lo entiendo... ¿Por qué no tomar a una de ellas como pareja? Son de tu raza. No tenías que robarme.-

-Las hembras están... cambiadas por este mundo. No dejarán que un macho se les acerque lo suficiente para pelear por la dominación. Si no son conquistadas, no pueden cambiar a su forma de dos piernas para aparearse. No nos apareamos en forma de batalla y las hembras no pueden llevar a las crías en su forma de batalla.-

-¿Forma de batalla?- Cambia su peso repentinamente y el sol es bloqueado cuando la enorme forma del dragón se mueve sobre mí, empequeñeciendo mi cuerpo.

-Esta es mi forma de batalla.-

-Tu forma de dragón- digo, ahora comprendiendo. Me siento aliviada cuando vuelve a cambiar, regresando a su forma humana, en su mayoría -¿Por qué hay tal diferencia de tamaño entre tu forma de dos piernas y tu forma de batalla?- Se encoge de hombros, el movimiento fluido y grácil.

-Una vez lo supe. Pero ya no. Se ha perdido con la locura. He perdido mucho de mi mente con este mundo- qué cosa terrible. Y sin embargo... no puedo evitar preguntar.

-¿Tenías familia al otro lado de la Fisura?-

-No lo recuerdo- observa mi rostro- ¿Esto te molesta?- Retiro algunos granos de arena de mi vientre e intento fingir confianza.

-¿Y una pareja? ¿Tenías una pareja?- no debería importarme, pero por alguna razón, en verdad, en verdad me importa.

-Jamás. Eres la única pareja para mí. No recuerdo mucho, pero recuerdo esto. Mi veneno solo se producirá para una hembra. Eres ella para mí- detesto estar completamente complacida.

Detesto también estar complacida de que nuestras mentes estén conectadas y sé que está diciendo la verdad. Aun así, me preocupa que estaría mejor con una hembra Drakoni. Si solo llega a tener una pareja, debe apestar estar atrapado conmigo.

-No entiendo por qué me elegiste como tu pareja. Deberías haber encontrado a una hembra Drakoni.-

-No tomaré a nadie más que a ti, Isabela- su agarre se afianza alrededor de mis caderas e inclina su boca contra la uve de mi coño -¿Debería convencerte de que eres la única para mí una vez más?- Protesto... pero solo un poco. Y luego de un momento de persuasión, no protesto más.