La Esfera de Luz y el Trato entre Rivales

Tres horas desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

"Todo lo que quedó fue esta joya…" Dijo Halibel, una vez ambos se encontraron a solas; en la mano del demi-humano descansaba una esfera brillante. El tratamiento acababa de finalizar y Subaru había pedido al guerrero Shinobi que lo pusiera al día con todo lo acontecido tras su desmayo, y que le revelara aquello que antes se había abstenido a decirle; Halibel había decidido empezar por esto último. "No estoy seguro de que sea, pero probablemente sea la causa de que esa chica Oni tomara una apariencia tan similar a lo que relatan las leyendas sobre Zarestia."

"¿La causa? ¿Qué te hace creer eso?" Cuestionó Subaru, acercando su rostro a la esfera que emitía luz constantemente. Sin embargo, su rostro no se encontraba a menos de diez centímetros de ésta, cuando una fuerza anormal comenzó a engullirlo.

"A eso me refiero." Respondió Halibel, tras notar la expresión del pelinegro, regresando entonces la esfera a la bolsa de su kimono de la cuál la había extraído. Subaru, con gesto de incomodidad, se echó para atrás una vez la esfera abandonó su rango de visión. Con sudor acumulándose en su frente, Subaru miró de vuelta a Halibel.

"¡¿Qué demonios fue eso?! Fue como si una voz hubiera comenzado a susurrar en mi oído y una llamarada de hostilidad comenzara a arder dentro de mí. ¿Acaso tú también puedes sentirlo?" Agitado, Subaru cuestionó a Halibel, desesperado por una explicación sobre lo que acaba de acontecer.

"Lo cierto es que no tengo idea de que pueda ser esta joya, pero la chica Oni que creías que era Zarestia la tenía. Como te dije, después de que su cuerpo fue consumido por el fuego, solo esto sobrevivió. Y sí, yo también lo siento, es como si una ola de hostilidad te engullera completo. Sin embargo, al parecer te afecta mucho más a ti que a mí…" Entonces Halibel observó con curiosidad a Subaru tras terminar de hablar.

¿Acaso Subaru era más afectado por el extraño efecto de la esfera porque su fuerza de voluntad era menor que la suya? Esa era una posibilidad, pero Halibel creía que ese no era el caso; no después de ver la gran voluntad que ardía dentro de él. Estaba claro que la esfera afectaba más a ciertas personas que a otras; ya lo había notado antes con Mimi.

La niña también había sido más afectada por la esfera que él, y por eso había decidido guardarla sin inspeccionarla. No obstante, Subaru había sido el que reaccionó con más fuerza hasta ahora. Considerando la clase de sensaciones que transmitía esa esfera, Halibel se veía inclinado a creer que tenía algo que ver con la ira, el odio o la hostilidad; justo como se comportaba la Oni que había cargado esa esfera.

Además, Halibel aún tenía grabada en su mente la mirada de Subaru cuando le propuso el plan de provocar a la Zarestia impostora; como si no fuera él mismo. Dentro de él parecía que ardía una plétora de emociones negativas, y entre ellas definitivamente se encontraba un profundo odio, uno capaz de nublar su mente por completo; de eso ahora estaba seguro. ¿Entonces la esfera resonaba más con las personas que sentían una enorme ira u odio?

Eso explicaría que la esfera lo hubiera afectado más a él que a los demás. En ese caso, cabía preguntarse qué había llevado al chico a sentir emociones tan intensas. ¿Qué lo había llevado a tener una determinación que lo mantenía en pie aún con su cuerpo empapado por su propia sangre? ¿Qué lo había llevado a tener una mirada tan nublada por emociones como el odio y la ira? ¿Qué había causado que la Oni hostil lo eligiera su objetivo de asesinato?

Con esas preguntas pululando en su mente, Halibel se sentía genuinamente curioso por encontrarles una respuesta. Aun así, él podía notar que Subaru no estaba dispuesto a responder la mayoría de ellas. Asimismo, era probable que él mismo no tuviera respuesta a algunas. Por lo tanto, Halibel desistió de satisfacer su curiosidad.

"Puedo notar como me miras, ¿sabes? No se necesita tener instintos como los tuyos para saber qué quieres preguntarme algo. Adelante, hazlo." Subaru, percatándose de su evidente curiosidad, lo instó a hacer la preguntas que él había asumido que quedarían sin respuesta. Halibel, ni lento ni perezoso, aprovechó la oportunidad; al fin y al cabo, no creía que volvería a tener una oportunidad como esa.

"Es solo que creo que la esfera es capaz de afectar a la gente dependiendo de cuanta ira u odio sientan. Y durante el combate contra la chica Oni, me pareció que, además de una gran determinación, posees un gran cumulo de emociones negativas, entre ellas el odio y la ira. O al menos eso me trasmitió tu mirada. Así qué, ¿estoy equivocado?" De esa forma, Halibel se dispuso a corroborar sus sospechas. Liberando un suspiro, Subaru miró sus brazos vendados.

"Supongo que negarlo sería inútil… No te contaré todos los detalles, solo te diré que hace un par de meses, cuando me encontraba en Priestella por un asunto relacionado con la Empresa Hoshin, dos asesinas fueron enviadas para acabar conmigo. Al final la libré, pero a cambio muchas personas murieron y yo quedé marcado por el pecado de asesinar a otra persona… No, quedé marcado por el pecado de asesinar a una niña..."

"¿Una niña?" Preguntó Halibel, entre desconcertado y disgustado.

"Bueno, sería más exacto decir un monstruo con traje de niña. Era una de las asesinas contratadas para matarme, y era capaz de controlar mabestias a voluntad. Al final, me vi en la necesidad de acabar con su vida… Podrías decir que eso facilitó que las mabestias que no habían sido derrotadas por el Colmillo de Hierro, fueran exterminadas. Pero no cambia que lo que hice sigue pesando enormemente en mi consciencia. Desde entonces tengo pesadillas constantemente, y por lo tanto no he dormido bien. Lo cierto es que creo que voy a terminar enloqueciendo…" Subaru hizo una pausa y miró de nuevo a Halibel, que seguía prestándole atención en silencio. "Me preguntas que si estás equivocado respecto a si siento un enorme odio e ira; la respuesta es no. Desde ese día, y más aún tras estos meses de pesadilla, siento un odio que me carcome, una ira que me quema. Y esos sentimientos están dirigidos hacia la persona que contrató a esas asesinas… Así que tu teoría de que la esfera afecta más a personas con sentimientos como esos tiene sentido."

"Hmm…" Halibel permaneció en silencio por un momento, en el que analizó a Subaru con la mirada. La forma en que él había dicho la penúltima frase lo había dejado pensando. Entonces, Halibel rompió el silencio. "Y crees que esa persona, de alguna forma, está relacionada con el ataque de la chica Oni, ¿no es así?" Ante la pregunta de Halibel, Subaru asintió. Ahora que había escuchado sobre esa esfera que transmitía una aura oscura de hostilidad, Subaru había desechado sus dudas. La persona detrás de la roca que lo mantuvo con vida durante la terrible tortura, y la esfera capaz de enloquecerte con susurros de odio, no podía ser otra que el "Cliente". Apretando con fuerza sus puños, Subaru miró a Halibel directamente a los ojos.

"¿Halibel, podrías decirme todo lo que sabes sobre la expedición a la Cama de Zarestia que se llevó acabo hace varias semanas?"

"¿Así que ya sabías de esa expedición?" Halibel observó a Subaru ligeramente sorprendido, antes de proceder con la explicación que él estaba esperando. "La verdad es que no sé demasiado. Pero es cierto que cuando dijiste que la atacante era Zarestia, y luego de verla, creí que habría alguna especie de conexión con esa expedición a la Cama de Zarestia, que, supongo ya lo sabes, se trata de una cueva asediada por terribles vientos donde se cree que ella habita."

"Pero después de verla transformarse en su forma Oni dejaste de creerlo. ¿Es lo que intentas decirme?" Ante la pregunta de Subaru, Halibel negó con su cabeza.

"Todo lo contrario, Subaru…" Subaru, desconcertado, le indicó que se explicara, a lo que Halibel no tardó en cumplir. "Parece que sabes sobre la expedición a la Cama de Zarestia, pero desconoces algunos detalles."

Subaru asintió. "Sé que un noble de Lugunica donó mucho dinero anónimamente para poder adelantar la expedición. Algo que me hace sospechar aún más de que la persona que contrató a las asesinas está relacionada con el ataque de la Oni."

"¿Sospechas de la nobleza de Lugunica?"

"Sí… Como ya habrás notado por mi acento, no soy de Kararagi. Tampoco soy originario de Lugunica, pero vivo allí y trabajo… creando objetos, por así decirlo. Así fue como terminé trabajando para Anastasia Hoshin; ella se interesó por mi trabajo e hizo un trato conmigo y mis colegas. Así que sospecho que la persona detrás del "Cliente" es un rival comercial rencoroso de ella, que quiere hacerme pagar por haber firmado un contrato con su enemiga; y la nobleza de Lugunica calza en ese perfil. Pero no sé nada más…"

"Hmm…" Exclamó Halibel, llevando una mano a su hocico. "Considerando que la Empresa Hoshin es originaria de Kararagi, esa teoría tiene sentido. Eres bastante perspicaz, Subaru." Kararagi y Lugunica no se encontraban especialmente en malos términos, pero era cierto que sería mal visto que un artesano o herrero de Lugunica empezara a trabajar junto a una empresa extranjera; sobre todo en el orgulloso Reino de Lugunica.

"El cumplido está de más…" Murmuró Subaru, dejando caer sus hombros. "Por eso necesito que me digas todo lo que sabes. Con suerte sabes algo que puede llegar a ayudarme a dar con la persona que me quiere muerto."

"Bien… Como te decía, ver a la falsa Zarestia transformarse en una Oni me convenció de que estaba en lo correcto al relacionarla con la expedición a la Cama de Zarestia. Y eso se debe a que un conocido es el dueño de la agencia de empleo de Banan, lugar donde se programó la expedición. Gracias a él me enteré de que todos los miembros del grupo que llevó a cabo la expedición murieron; excepto uno."

"Déjame adivinar." Dijo Subaru. "Una Oni igual a la falsa Zarestia."

"Exacto… Como la mayoría de los Oni, se trataba de una mujer de pocas palabras, retraída y solitaria. Se rumoreaba que tenía gran rencor contra el Culto de la Bruja, ya que éste atacó su pueblo; pero solo son eso, rumores. Aun así, no podemos negar que la información calza perfectamente con lo que vimos hoy. Lo único que sigo sin entender es como esa chica terminó tras de ti…" Halibel entonces hizo una pausa y miró con los ojos entrecerrados a Subaru. "¿Acaso eres miembro del culto?"

"¿En serio tenías que hacer la pregunta?" Respondió Subaru, fastidiado.

"Je, je, je, je… Es cierto que no calzas mucho con la forma de ser de esos lunáticos." Rió Halibel, perdiendo el gesto de seriedad que había desplegado solo hace un momento. ¿Había hecho la pregunta en serio, o se trataba solo de una broma? Eso fue lo que se preguntó Subaru internamente, pero decidió no comentar nada al respecto.

"En fin… ¿No sabes nada más sobre la expedición? Hasta ahora lo único que pudimos conseguir fue la identidad de la Oni que quería matarme, pero con esa información no puedo hacer nada."

"Ya te había dicho que no sabía demasiado al respecto, Subaru." Respondió Halibel, defendiéndose. Causando con sus palabras que Subaru suspirara pesadamente. "No tienes que poner cara tan larga. Después de todo, todavía queda algo." Y al decir eso, Halibel señaló la bolsa de su kimono donde había guardado la esfera de luz.

"¿La joya? Aun así, no creo que sirva de mucho." Añadió Subaru, desganado. "Después de todo, lo único que dejaron atrás las dos asesinas de las que te hablé, fue un mineral mágico capaz de mantener unida el alma al cuerpo sin importar lo que pase. Y no obtuve ninguna pista de éste…"

"Hmm… Ese puede ser el caso con la persona que buscas, pero creo que podría servir para comprender por qué la Oni cambió a una forma similar a la figura de Zarestia y por qué quería matarte. Además, siento que lo mejor sería llevarla a la Cama de Zarestia. Probablemente de ahí fue donde la sacó la chica Oni. Así cumpliré con mi deber hacia Kararagi y me podré buscar pistas."

"Me parece bien, supongo… ¿Si encuentras algo podrías avisarme?"

"Claro, no veo porque no." Y de esa forma, la conversación respecto a la esfera de luz, la chica Oni y la expedición a la Cama de Zarestia, terminó. Ambos salieron de la habitación donde habían estado tratando las heridas de Subaru y caminaron hasta el vestíbulo de la mansión, el cual estaba completamente desolado.

"Partiré a hacia la Cama de Zarestia inmediatamente. Si logró encontrar información útil, no tardaré en volver para informarte al respecto." Declaró Halibel, una vez se encontraron junto a la puerta principal de la mansión.

"Genial, realmente lo aprecio." Con una sonrisa adolorida, causada por el dolor fantasma que recorría todo su cuerpo y la molestia causada por las astillas que permanecían bajo la piel de sus antebrazos, Subaru agradeció a Halibel. El demi-humano, satisfecho, se dio la vuelta. Y estaba por traspasar el umbral de la puerta, cuando la voz se Subaru lo detuvo. "Halibel… Gracias por todo. Sin tu ayuda, habría sido imposible que sobreviviera a este día."

"No hace falta que agradezcas." Respondió Halibel con una amplia, humeante sonrisa. "Lo hice por mi propia curiosidad, después de todo."

"Aun así… En verdad te lo agradezco." Halibel entonces permaneció en pie, totalmente quieto, mirando a Subaru por un rato. Parecía querer decir algo, pero no se decidía si hacerlo o no. Pasado un momento, Halibel volvió a hablar.

"¿Sabes, Subaru? Realmente me interesa estar a tu costado cuando cambies al mundo, porque sé, gracias a mi instinto, que lo harás. Así que te lo pido, déjame servirte como tu sombra." Con un brillo extraño en sus ojos, Halibel expresó su deseo de seguir a Subaru. "Me aseguraré de que sigas viviendo y te ayudaré a alcanzar tus metas. Y a cambio solo pido poder atestiguar tus hazañas."

Por varios segundos, Subaru observó a Halibel sin pronunciar palabra alguna. Ni en sus sueños más extraños, esperó escuchar esas palabras de uno de los guerreros más poderosos de ese mundo; realmente nunca esperó escuchar a nadie decirle esas palabras. Calmándose finalmente, Subaru le respondió.

"¿No se supone que eres el guerrero más importante del país? Me imagino que no podrás andar detrás de mí una vez regrese a Lugunica y…"

"Soy uno de los últimos guerreros Shinobi, y no hay nadie por encima de mí. Puedo ir donde quiera y hacer lo que me plazca. Y creo que seguirte es el cambio de aire que había estado esperando. Así que solo tengo que hablar con algunos compañeros y ellos se encargaran de cubrirme cuando salga del país."

"Creo que estas equivocado respecto a mí, Halibel. Dudo que vaya a cambiar nada; no soy más que alguien sin talento, enfocado en reinventar objetos creados por personas mucho más talentosas e ingeniosas que yo. ¿En verdad quieres seguir a alguien así?" Como si no hubiera escuchado esa pregunta, Halibel permaneció completamente inmóvil, con su mirada aún fija en Subaru. Él, comprendiendo el mensaje, suspiró y decidió que lo mejor era cambiar el enfoque. "En ese caso, únete al Colmillo de Hierro. Ante la vista pública, trabaja para alguien que en verdad vale la pena seguir: Anastasia Hoshin. Así que, si quieres ser mi sombra, entonces hazlo; trabaja para mí secretamente como miembro del grupo de mercenarios de Anastasia, y ayúdame a conseguir mi objetivo desde las sombras. Si ello realmente te satisface, yo no tendré problema con aceptarlo…"

Con una sonrisa dibujándose en su rostro, Halibel bajó ligeramente su cabeza en señal de respeto. "Como usted diga, jefe." Al escuchar esa última palabra, Subaru hizo una mueca de incomodidad. No quería que lo llamaran así… Pero entonces recordó lo que Halibel le dijo tras su primera reunión en la azotea del edificio ubicado al lado del callejón.

"Bien, en ese caso nos vemos después de que termines tu misión en la Cama de Zarestia… Hal-san." Ese era el apodo que Halibel le había dicho, a modo de broma, que usara para llamarlo. Subaru, ahora que sería su jefe, decidió que lo usaría; de todas formas, él siempre acostumbró a utilizar apodos para nombrar a las personas cercanas a él; claro, cuando había personas cercanas a él…

"¿Hal-san?" Preguntó Halibel, desconcertado.

"Si te molesta, entonces…" Lo que Subaru esperaba al llamarlo así era que, ahora que tenía un apodo, el siempre casual Halibel dejara de llamarlo jefe; y, para su satisfacción, así sucedió.

"Nah, está bien. ¡Me agrada! En ese caso, te llamaré Su-san. Je, je, je, je…" Y así, Halibel se despidió finalmente de Subaru y abandonó la mansión, dejando a éste último sumido en sus pensamientos.

"Ahora otra persona me ayudará…" Murmuró Subaru, sintiéndose patético. Él era incapaz de resolver por sí mismo los conflictos que se le presentaban, por eso mismo no podía darse el lujo de rechazar la inesperada propuesta de Halibel. "Pero no puedo solo depender de los demás y quedarme con los brazos cruzados…" Subaru no estaba dispuesto a seguir siendo una simple carga, eso ya lo tenía más que claro.

Él deseaba al menos ser capaz de defenderse por sí mismo, aunque fuera por unos minutos. Usar la roca de fuego y el licor con Zarestia había funcionado, pero replicarlo no sería sencillo; sobre todo considerando que no todos los obstáculos que se le presentaran temerían al licor. Así que, ¿qué podía hacer para dar ese tan necesario paso hacia la superación de sus debilidades…?

"¡Onii-san!" Pero entonces la voz de Mimi interrumpió sus pensamientos…. Finalmente pudo sentarse a hablar con Tivey y ella, y así confirmo que ambos estaban sanos. Esta ocasión solo él había terminado con heridas profundas, ya que había recibido la mayoría del daño en lugar de los demás; así que al final no había sido del todo inútil, y esperaba poder mantenerse así.

Después de pasar un tiempo con los trillizos y de agradecer al curandero antes de que éste partiera de la mansión, Subaru regresó a su habitación. La búsqueda de una manera con la cual poder ser más útil persistía en su mente, pero Subaru se encontraba en un callejón sin salida. Había deseado poder seguir recibiendo daño en lugar de los demás, pero era consciente de que su habilidad solo servía para regresarlo a la vida, no para impedirle morir.

Podría usar la roca que recupero de las asesinas, pero… No, eso no serviría; después de todo, su cuerpo no soportaría mucho antes de colapsar en una pila de carne inservible. No cambiaría nada, solo la cantidad de sufrimiento por el que pasaría antes de morir.

Frustrado, Subaru sintió la necesidad de rascarse los brazos, pero se abstuvo de hacerlo. Las astillas seguían allí, esa había sido su petición al curandero. Las heridas habían sanado, pero bajo la carne cicatrizada se hallaban los cientos de pedazos de madera. Tendría que aprender a vivir con ello, esa era la marca que Subaru había elegido para recordarse a sí mismo la necesidad de avanzar en su misión de superar sus debilidades; ultimadamente, ese era un tortuoso camino por el que él mismo había decidido transitar.

Si se rascaba, podría abrir alguna de las heridas recién cerradas, así que optó por esculcar en los bolsos de su pantalón para así distraerse. Fue así como sintió un papel doblado en uno de ellos. Sin dudarlo, Subaru lo sacó. Frente a sus ojos se encontraba una hoja completamente manchada de sangre, con el boceto de un arma dibujado en ella. Ante la imagen, Subaru solo pudo liberar una risa quebrada…

"Ja, ja… Ja, ja, ja, ja… Supongo que no me queda de otra… ¡Mierda! Odio lo mucho que me está cambiando este maldito mundo."


Un Mes y dos semanas desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

Había transcurrido un mes desde que el tercer ciclo de muertes había comenzado con su cabeza siendo rebanada en el área metropolitana de Kyo, y Subaru finalmente había finalizado su estadía en la mansión principal de Anastasia. Permaneció dos semanas y un par de días más en Kararagi tras su última conversación con Halibel; desde entonces, Subaru no había vuelto a saber nada de él.

El fichaje del guerrero más poderoso de Kararagi por parte del Colmillo de Hierro aún no era algo oficial, pero tanto Anastasia como Ricardo estaban al tanto de la situación; aunque Subaru, como era de esperarse, deliberadamente había dejado varios detalles por fuera, como que Halibel realmente estaría trabajando para él desde las sombras. "Me encontré con Halibel y gracias a él sobreviví." Fueron las palabras de Subaru al informar a su jefa sobre lo acontecido en el Área Metropolitana de Comercio Libre.

Anastasia, después de escuchar que Subaru había vuelto a ser atacado, no dudó en regresar inmediatamente a Kyo junto a la sección del Colmillo de Hierro que se había llevado con ella. Tras su regreso, Subaru la puso al día con lo ocurrido y, ya habiéndolo planeado con antelación, "reveló" que era capaz de ver el futuro gracias a una Protección Divina que se activa cuando su vida se encuentra en peligro; el mismo artificio que había utilizado con Halibel y decidido mantener como la fachada de su verdadera habilidad, aquella que tenía su lengua sellada por el tabú de la sombra.

La falsa revelación no causó mucho revuelo, algo esperable considerando que era la teoría más rumorada entre los mercenarios del Colmillo de Hierro sobre cómo había anticipado el asedio al hotel en Priestella. Todos parecían convencidos, todos excepto Anastasia, que bastó con que Subaru la mirara a los ojos para saber que ella no se había tragado su mentira. Aun así, ella no lo enfrentó al respecto, todo lo contrario, ignoró el tema y no lo volvió a tratar con él. Subaru había tenido curiosidad sobre por qué ella había actuado de esa manera, pero prefiriendo no arriesgarse a que su artificio fuera destapado, también permaneció en silencio al respecto.

Pasadas dos semanas desde el regreso de Anastasia, ésta le comunicó que regresaría a Lugunica para lidiar con varios asuntos relacionados con la Operación Reinvención, por lo que Subaru también tendría que acompañarla, y otro relacionado con el tratamiento de Hetaro. Después de todo, Subaru no pensaba quedarse en Kararagi, así que esa fue la oportunidad perfecta para finalmente volver al país que lo recibió en ese mundo. Así, Subaru, Anastasia y gran parte del Colmillo de Hierro, partieron hacia el reino del dragón; aunque no sin antes de que Subaru dejara atrás una carta a Halibel.

En ésta, Subaru le explicó lo acontecido y le dio la libertad de decidir entre esperarlo en Kararagi, considerando un inevitable futuro regreso, o de viajar por sí solo hasta Lugunica. Al final, Subaru remarcó que la mejor opción era que lo esperara en Kararagi, puesto que esperaba volver en un par de meses para participar en la mudanza de parte de la Empresa Hoshin hacia Lugunica. Su principal papel en la mudanza consistiría en elegir a los miembros del departamento de diseño que formarían parte del mismo departamento en la sede del reino; tarea que la misma Anastasia le asignó poco antes de que comenzaran su viaje de regreso a Lugunica.

Después de casi un mes de viaje, que pudo haber sido el doble de no ser porque recortaron la cantidad y la duración de los descansos de los dragones de tierra, debido a que en esta ocasión Anastasia seleccionó a los más aptos para llevar a cabo viajes extremadamente largos, la comitiva finalmente arribó en la capital de Lugunica. Específicamente, lo hizo en la segunda mansión de Anastasia…

Así, después de una noche de descanso, Subaru programó una reunión que implicaría el reencuentro con sus ocupados colegas. Sin embargo, antes de asistir a ésta, acompañó a Anastasia a la mansión Karsten. Allí, Anastasia se reuniría con la dueña del lugar, una de sus rivales en la Selección Real.

Esta reunión tenía como objetivo tratar lo relacionado con el trato que involucró la sanación de las graves heridas de Hetaro; Subaru tenía la sospecha de que había algo más, pero dado que Anastasia seguía con sus labios sellados al respecto, decidió dejar el asunto de lado y enfocarse en su próxima reunión con Otto y Leith…

"¡Apúrate Onii-san!" Una voz vivaz y alegre resonó por el largo pasillo de la Mansión Karsten, una de las más emblemáticas del área de clase alta de la capital de Lugunica.

"E-Espera, Enana… Acabamos de llegar y… ya estás correteando por los pasillos…" Subaru, por su parte, se encontraba persiguiéndola. Con su respiración entrecortada, siguió a la niña con dificultad; si volvía a perderse en los largos pasillos de la mansión, esa sería la tercera vez que le sucediera.

Después de vivir en la mansión principal de Anastasia por aproximadamente tres meses, Subaru ya se había acostumbrado a mansiones masivas como esa. Sin embargo, al ser su primera vez en esa en específico, Subaru no pudo evitar volver a sentirse como el fuera de lugar, japones de clase media, que era. Mimi, por su parte, navegó entre los pasadizos ágilmente; solo había bastado una breve explicación de la dueña de la mansión sobre la dirección que debía seguir, para que ella fuera capaz de hacerlo.

En ese momento, ambos se estaban dirigiendo a la habitación donde se reunirían con Hetaro, quién se encontraba descansando después de una agotadora serie de ejercidos de rehabilitación. Mimi, siendo tan hiperactiva como era, no pudo esperar para reunirse con su hermano y pidió permiso a su ama para hacerlo inmediatamente entraron a la Mansión Karsten. Anastasia, como de costumbre, cedió ante los caprichos de su pequeña guardiana.

Tivey, ejerciendo su posición de hermano responsable, decidió tomar el lugar de su hermana. Julius y Ricardo no los habían acompañado a la mansión, puesto que ambos se encontraban ocupados con otros compromisos, así que no estarían presentes durante la reunión entre las dos candidatas. Y Subaru, aunque tenía curiosidad por lo que se diría en ésta, no pudo evitar decir que sí cuando Mimi le pidió acompañarla.

"De todas formas estoy seguro de que ni Anastasia ni Crusch Karsten hubieran querido que yo fuera testigo de lo que estaban por hablar…" Dijo para sí mismo mientras se detenía al lado de Mimi. Pasado un momento, se percató de que la niña, a pesar de lo emocionada que se veía hace solo unos segundos, ahora se encontraba paralizada frente a una lijosa puerta de roble.

Subaru no tardó en comprender que esa puerta era la que los separaba de Hetaro, así que en silencio colocó su mano sobre la cabeza de Mimi y, tras darle unas palmaditas cariñosas, la abrió en lugar de ella. Mimi dio un respingo, pero no dijo nada al respecto; eso era lo que ella necesitaba, al fin y al cabo. Una vez la puerta se abrió por completo, ambos pares de ojos se encontraron con el solitario par que descansaba sobre una cómoda cama cubierta por una fina sábana blanca.

"Hola… Onii-chan…" Contrario a lo que se hubiera esperado durante una situación normal, el saludo de Mimi no fue más que un susurro que fue fácilmente arrastrado por el aire. Aun así, el pequeño demi-humano postrado en la cama sonrió en respuesta; ambos, Subaru y Mimi, entonces entraron en la habitación…

Mientras que sucedía el reencuentro entre hermanos y ambos jóvenes que aún tenían palabras de agradecimiento que intercambiar tras lo sucedido en el hotel de Priestella, la reunión entre rivales se estaba desenvolviendo si inconveniente alguno. Crusch Karsten, la anfitriona, observó detenidamente a Anastasia Hoshin, su invitada, mientras ésta tomaba un trago de la bebida que se le había ofrecido.

"… Anastasia, voy a ser directa. Necesito de tu apoyo, el del Colmillo de Hierro más específicamente, para combatir a un enemigo en común." Los saludos ya habían sido intercambiados y las presentaciones ya habían finalizado, así que Crusch decidió que era momento de abordar el tema en cuestión; el pago por el tratamiento a Hetaro, el guardia de Anastasia Hoshin que fue terriblemente dañado durante el ataque ocurrido en Priestella. Un evento del que todas las candidatas a la Selección Real estaban informadas.

"¿Un enemigo en común, dices?" Respondió Anastasia, alejando la taza de su boca. Un silencio total entonces se formó, en el cual ambas facciones intercambiaron miradas de escrutinio. Crusch Karsten la duquesa, y Anastasia Hoshin la comerciante. Felix Argyle y Wilhem Van Astrea, los sirvientes de la primera, y Tivey Pearlbaton, el guardia de la segunda.

"Correcto." Respondió la mujer varonil con firmeza, para entonces finalizar con una afirmación que dejó helada la atmosfera de la habitación. "Hablo de la Ballena Blanca. Estoy segura de que el nombre te suena, ¿no es así, Anastasia?"