Erik debió de reconocer la voz pues ni siquiera se giró. Lucy pensó que podía ser Laxus, pero no estaba segura, así que miró rápidamente por encima del hombro. Laxus estaba en pie en el umbral de la cocina, mirando la espalda de Erik, que secaba platos.
Lucy volvió a mirar a Erik, que no se había turbado en absoluto, ni mucho menos se había avergonzado de que lo encontrasen trajinando en una cocina. Todavía sin girarse, Erik dijo:
—Era lo que había que hacer si queremos volver a comer decentemente algún día por aquí.
—Eso es que no estás acostumbrado a rastrear la comida —observó Laxus.
—Afortunadamente —replicó Erik con sequedad.
Lucy se movió para alcanzar la última olla que quedaba sobre el horno, con lo que atrajo la atención de Laxus.
—No esperaba verte dando la talla, Blondie —dijo socarrón—. Imaginaba que estarías haciendo chasquear el látigo.
Aquella observación sarcástica incomodó a Lucy.
—Si no ha venido a ayudar, señor Dreyar, le sugiero que se marche.
—Qué va, si ahora es cuando empieza la diver…
Harta de sus burlas, Lucy lanzó un trapo húmedo hacia él, que cayó junto a sus pies. Ella habría querido darle en el pecho, aunque probablemente hubiera acabado arrepintiéndose.
—Entonces ayude. Puede comenzar por fregar esa mesa.
Laxus no se negó. En realidad, sonrió y se adentró en la cocina trapo en mano. ¿Es que todo lo encontraba divertido? Entonces pensó que había reaccionado como Lucy, no como Jennifer: la nueva ama de llaves jamás le habría dado al hijo de su dueño una orden así.
Erik se volvió finalmente y se apoyó en la encimera mientras acababa de secar una olla. Lucy imaginó que quería ver por sí mismo si Laxus ayudaba realmente. Desde luego, ella no lo haría si estuviera en el lugar de Laxus. Para eso estaba la servidumbre, incluso aunque los Dreyar no tuvieran servidumbre en ese momento.
Pero Laxus la sorprendió. Empezó a fregar la mesa. Y, en un momento de seriedad, señaló la puerta con la cabeza y le dijo a Erik:
—Los muchachos están ganduleando. A este ritmo, esta noche no van a dormir. Necesitan un incentivo. Y tú eres ese incentivo.
Erik no discutió su razonamiento. Dejó la olla y salió de la cocina.
Lucy entendió a qué se refería Laxus con «incentivo».
—¿Por qué le temen?
—¿Por qué hablas en susurros?
Ella no se había dado cuenta de estar susurrando. En voz más alta dijo:
—¿Puedes responderme, por favor?
—Es un asesino, y ellos lo saben.
Lucy sofocó un grito.
—O sea que es un forajido…
Laxus recuperó la jocosidad.
—No —respondió riendo—, solo es lo bastante rápido con la pistola como para ganarse la vida con ello. Los forajidos viven al margen de la ley. Erik no va por ahí disparándole a la gente por diversión… bueno, al menos que yo sepa. Cuando está por aquí, respeta la ley.
—¿Y cómo se llama entonces su profesión?
Laxus se encogió de hombros.
—Pistolero, asesino a sueldo, pacificador, elige el nombre que más te guste.
—¿Y cómo se hace eso de pacificar? —preguntó Lucy, intrigada por la última descripción.
—Asustando a la gente. —Laxus sonrió.
—¿Y tú no le tienes miedo?
A Laxus pareció sorprenderle la pregunta.
—¿Por qué debería tenerlo? Trabaja para nosotros, no para los Heartfilia.
A Lucy no le gustó cómo sonaba eso.
—O sea que si trabajara para ellos y no para vosotros, ¿estarías preocupado?
—Tal vez, si no lo conociera. Pero no es un pendenciero. Nunca empieza las peleas. Es demasiado rápido para eso. Simplemente no sería justo.
—¿Esto lo sabes, o es solo una opinión?
—¿Por qué haces tantas preguntas sobre Erik? —repuso Laxus, serio de repente.
—Si voy a tener que trabajar aquí…
—¿Cómo que «si»?
—Sí, «si» voy a trabajar aquí, quiero saber si es seguro. Por tanto, ¿por qué lo contrató tu padre?
—Hace pocos meses hubo un altercado que afectó a la tregua que tenemos con nuestros vecinos. Mi hermano Sting le puso un ojo a la funerala a Natsu Heartfilia mientras trabajaban juntos en mi casa. Pocos días después casi le agujerean una oreja a Sting de un disparo. No tenemos ninguna duda de que fue Natsu tratando de vengarse. Pero cuando mandamos al sheriff Macao a hablar con Natsu, los hermanos Heartfilia perdieron la paciencia.
—¿Ocurrió algo más?
—El chico mayor, Hibiki, quiso buscar pelea por eso. Muy evidente, además, porque se presentó en el salón La Cinta Azul, un antro que frecuentamos y del que los Heartfilia suelen mantenerse alejados. Se apuntó a una partida de póker con mi hermano Rufus y le acusó de hacer trampas. Rufus no le permite eso a nadie, y mucho menos a un Heartfilia. Salieron a la calle para ajustar cuentas. Aquella noche habría muerto uno de los dos si no llega a parecer el sheriff para separarlos y meterlos en el calabozo por el resto de la noche. Hibiki pidió disculpas a la mañana siguiente, dijo que estaba demasiado borracho y no sabía lo que hacía.
—¿Y la excusa de tu hermano?
Laxus arqueó una ceja.
—Rufus es irascible, pero no necesitaba ninguna excusa. Hacer trampas con las cartas está muy mal visto por estas tierras, y que te acusen de hacerlas cuando no es verdad… Lo que me sorprende es que Rufus no le disparase a Hibiki allí mismo en la mesa por semejante ofensa. Si eso no era suficiente para volver a comenzar la guerra, alguien me disparó cuando estaba en el pueblo una mañana comprando una silla de montar nueva. Acababa de salir de la sillería cuando sonó el disparo y me derribó a través de la ventana de la tienda.
—¿Te alcanzó una bala? —exclamó Lucy.
Laxus se echó a reír.
—La bala alcanzó a mi silla nueva. Yo me libré con solo unos rasguños del cristal roto.
—¿Y quién te disparó?
—Nunca lo he sabido. Aquella mañana había algunos holgazanes en el pueblo, aunque también había un tren en la estación y un puñado de pasajeros que rondaban por el pueblo. Pero Eve Heartfilia también estaba en el pueblo aquel día.
Lucy tuvo que morderse la lengua para evitar defender a sus hermanos, ya que se suponía que ni siquiera los conocía. No obstante, observó:
—A mí me parecen suposiciones sin demasiadas pruebas.
—Tal vez sea así, pero son suposiciones basadas en la razón. Cuando papá supo que Erik Grant estaba en la región, mandó localizarlo y lo contrató.
—¡¿Para matar a los Heartfilia?!
Laxus bufó al oír su conjetura.
—No; para evitar que maten a alguno de nosotros. Papá prefiere que no haya ningún baño de sangre cuando estamos tan cerca de una tregua permanente gracias a un matrimonio.
A Lucy no le hacía falta preguntarlo, pero Jennifer probablemente lo habría hecho.
—¿Quién se casa?
—Los Heartfilia tienen una hija.
Lucy esperó a que Laxus explicará más detalles. Esperaba averiguar lo que pensaba de estar prometido con una desconocida todos aquellos años. ¿Detestaba la idea tanto como ella? En ese caso, ¡podrían ser aliados! Dos cabezas serían mejor que una sola para encontrar el modo de mantener la tregua sin sacrificar a nadie en el altar. Pero era evidente que no se lo iba a explicar. La había estado mirando a ella todo el rato en vez de la tarea que se suponía que estaba haciendo. En cambio, ahora tenía la vista puesta en la mesa y volvió a fregarla. Aunque había satisfecho parte de su curiosidad sobre aquella gente, no le pareció apropiado preguntarle sobre sus sentimientos íntimos… al menos de momento.
Así que volvió al pistolero, ya que a Laxus no parecía importarle hablar de él.
—Entonces, en este caso, ¿el señor Grant actúa como un guardián?
—Se podría decir así. Aunque resulta bastante engorroso. No es que no sepamos defendernos solos.
De modo que Erik era solo una disuasión. Lucy veía que era la persona adecuada para el trabajo, lo que no acababa de ver era para qué lo necesitaban. Natsu jamás habría hecho lo que Laxus acababa de afirmar, ni tampoco Eve. Hibiki, en cambio…
Lucy no conocía a sus hermanos tan bien como le hubiera gustado, no había visto a ninguno de ellos durante los últimos cinco años, aunque le habían seguido escribiendo. Estaba bastante segura de que ninguno de ellos le habría disparado a nadie, airado o no. Y menos aun Natsu, a quien acusaban de haber iniciado aquellos altercados. Natsu era un soñador que escribía poesía, y solo era diez meses y medio más joven que ella. Aunque sí que podía imaginarse a Hibiki enfadándose tanto con los Dreyar por acusar injustamente a Natsu que quisiera pagarle con la misma moneda. Como el mayor de los cuatro, Hibiki se consideraba su protector, pero ¡incluso él solo tenía diecinueve años! Y no podía imaginarse a ninguno de los hermanos Heartfilia disparando contra nadie a escondidas, y ¡no una vez sino dos! Fue por eso que se le ocurrió preguntar:
—¿Y qué dijo el sheriff sobre esos tiroteos?
—Macao se ocupa de los hechos, no de las especulaciones. Sea cual sea su opinión, no la compartirá hasta que tenga pruebas en un sentido o en otro.
Era una lástima que la familia Dreyar no tuviera una mentalidad similar, pero tampoco era cuestión de insultarlo diciéndoselo, así que preguntó:
—¿Tu familia está reñida con algún ranchero de la región?
—Todo el mundo de Nashart y alrededores, salvo los Dreyar y los Heartfilia, se ha llevado siempre bien. Incluso ahora tienen un problema concreto y están haciendo causa común contra los mineros llegados recientemente a la región. Muchos habitantes del pueblo temen que Nashart pueda convertirse en otra Virginia City, Helena o Butte, grandes pueblos mineros al oeste de aquí que atraen la peor calaña.
—Es la primera vez que oigo hablar de Nashart como un pueblo minero —dijo Lucy sorprendida.
—Una mina no convierte a un pueblo en minero, al menos todavía no. A principios de año se encontró cobre en un barranco justo al este de nuestras tierras, demasiado cerca para mi gusto. Butte en uno de los mayores pueblos mineros del territorio. Uno de los propietarios de las minas de allí, un tal Orland, envió aquí a una de sus donaciones. De la noche a la mañana había una mina en funcionamiento, antes siquiera de que nadie de Nashart hubiera oído hablar del hallazgo.
—¿Y?
—Encontraron dos filones. Uno de ellos pasa por debajo de nuestras propiedades. Ni siquiera sabíamos que estaban excavando debajo de nosotros hasta que uno de sus túneles se hundió y provocó un socavón por el que cayeron algunas reses. Papá se enfureció, pero el capataz de Orland alegó que no sabían que habían entrado en propiedad privada. Así que trataron de comprarnos esa franja de tierra, quisieron arrendar los derechos de explotación, incluso nos ofrecieron hacernos socios. Papá se negó en redondo. Es un ganadero de pies a cabeza. No le importa que nuestras tierras se encuentren sobre un rico filón de cobre. Y, sí, también se me ha ocurrido que a Orland no le importaría si cedemos y nos trasladamos… o si morimos.
Lucy sintió que le subía la ira y con ella el tono.
—Así que tenéis a un minero que quiere vuestras tierras, pero dais por hecho que fueron unos chicos jóvenes jóvenes quienes os dispararon a Sting y a ti. ¿No podría haber sido el minero, en vez de ellos?
—¿Qué te hace pensar que los hijos de Heartfilia son jóvenes?
—Es una suposición, ya que Sting lo es y Natsu y él tuvieron el primer altercado.
—Después de que ellos dos se pelearan, era normal creerlo así. Y todavía lo es. A Orland se le dijo que no. Se llamó al sheriff. Ahora no pueden hacer otra cosa que agotar el filón y trasladarse a otra parte. Oro, plata, cobre, todo eso se ha encontrado en Montana, y demasiado para matar por ello.
—Tal vez el señor Orland no lo vea así.
—¡Pues sería un necio!
—¿Y quién dice que no lo es? —replicó Lucy, enojada.
—¿Ahora me toca a mí exclamar «¡Decidme que no estoy soñando!»?
Erik había vuelto y estaba apoyado en el marco de la puerta. No parecía divertido, simplemente curioso. Laxus tiró su trapo y salió de la cocina sin decir una palabra más. Lucy volvió a girarse hacia el fregadero para ocultar su rubor. ¿Acababa de participar en una competición de gritos con el hijo de su amo?
Fríamente le dijo al hombre que tenía detrás:
—¿Va a informar al señor Dreyar padre de que debería despedirme?
—¿Lo quiere así?
Lucy dio media vuelta.
—¿No cree que debería? Estoy segura de que Laxus sí que lo cree.
Ahí estaba de nuevo, ese ligero movimiento de labios hacia arriba que podría haber sido una sonrisa pero no lo era.
—¿Por tener una opinión?
—Ha sido una riña inadecuada. Debería haberme reservado mis opiniones.
—Si Laxus quiere despedirla, lo hará él mismo… aunque le aseguro que no es eso lo que quiere.
