Diez:
Tensión
«Mi compañera está sentada en el regazo de otro, sus labios están rozando la oreja de otro...» Deshazior lo vio y levantó la barbilla para saludarlo.
«Y no puedo matarlo.» El demonio de tormenta no lo había amenazado en ningún modo. Sus estirpes no estaban enfrentadas. Maldición. Naruto estaba convencido de que incluso se habían emborrachado juntos en alguna ocasión.
Si Naruto hacía algo, todo el mundo sabría que era debido a la valquiria.
—Levántate ahora mismo —masculló en voz baja.
Hinata lo había visto besando a otra mujer y había reaccionado como si no le importara. Naruto apenas la había visto coquetear con otro y ya tenía ganas de matar a alguien.
—¿Pasa algo, Naruto? —preguntó Deshazior mirándolo con atención.
—Ella está a mi cargo, y he dicho que nos vamos.
—Ya voy, ya voy. —Hinata se puso de pie tambaleándose y se quitó el cinturón de Deshazior. Y, al coger las gafas de la nariz del demonio, le dio unas palmaditas en los cuernos.
Unos cuantos de los presentes gimieron sólo con verlo. Hinata ignoraba que, para ellos, ese gesto era como si a un humano le acariciaran la entrepierna.
—Tal vez me tome una última copa para el camino... —dijo ella.
—La fiesta ha terminado, princesa —le espetó Naruto cargándosela al hombro.
Los allí presentes lo miraron como si se hubiera vuelto loco por atreverse a manosear así a una valquiria, pero en vez de enfadarse, Hinata se despidió de sus admiradores lanzándoles besos a manos llenas.
—¡Mua! ¡Mándame un mensaje de móvil, Desh!
—Naruto, ¿adónde vamos? —le preguntó cuando estuvieron de nuevo en la oscura y desierta carretera.
El llevaba muchos kilómetros callado, como si estuviera enfadado con ella. Sin decir nada, le pasó un papel que decía:
Puente de la Dama Sonriente, sobre el río de la Sangre, Upper Península, Kumogakure. Vuestro contacto os esperará en el puente a medianoche, tres noches seguidas a partir del viernes.
—¿Qué diablos estabas haciendo allí? —preguntó por fin Naruto.
—Sólo me lo estaba pasando bien mientras tú te cepillabas a Fûka en la parte de atrás.
—No tengo por qué darte explicaciones.
—Por supuesto que no. —Con la cabeza apoyada contra la ventana, Hinata se quedó mirando el cielo. Estrellas. Más brillantes que las que había visto en su ciudad durante décadas. Clarísimas.
—No es como si hubiese algo entre tú y yo —prosiguió Naruto.
—No, tienes razón.
—¿De qué va todo esto? —le espetó entonces—. ¿Es una especie de psicología inversa?
—Naruto —suspiró ella, —¿tanto te cuesta creer que no estoy enfadada contigo porque, sencillamente, no me interesas de ese modo?
—Y una mierda. Tú sabes que entre nosotros hay una fuerte atracción.
— ¿Atracción? Lo dices en broma, ¿no? Yo soy hipersensible. Tú mismo me lo diagnosticaste. Al parecer, no razono tan bien como de costumbre. Incluso tú puedes parecerme interesante.
—¿Incluso? ¿Qué diablos quieres decir con eso? Y suelo tener mucho éxito con todo tipo de hembras.
—Y eres muy modesto. —Esas palabras de él hicieron que Hinata recordara lo que había dicho aquel otro demonio sobre que Naruto era un seductor. —Probablemente, a esas hembras les gusten los cuernos y los colmillos, pero a mí no.
Naruto frunció el cejo y se pasó una mano por uno de los cuernos. Al darse cuenta de lo que estaba haciendo, la bajó en seguida.
—¿No te gustan los cuernos? Pues estabas acariciando los de «Desh» con mucho ahínco. Para tu información, te diré que eso ha sido como si le estuvieras haciendo una paja.
Ella ni siquiera sabía qué quería decir esa palabra, pero sonaba mal, muy mal.
—¿Y cómo se supone que debía saberlo? Ese tipo de información no viene en El libro de la Tradición. ¿Y quién eres tú para criticar mi comportamiento, san Naruto?
—Maldita sea, Hinata, lo que has visto con Fûka no era lo que parecía.
—No quiero escuchar tus excusas; en realidad no has hecho nada que haya podido ofenderme. No me importa lo que pareciera o no, no es asunto mío.
—Incluso después de cómo nos besamos anoche...
—¿Te refieres a ese beso que te dije que no quería volver a repetir? —Frunció el ceño al sentir que se mareaba un poco.
—¿No sientes curiosidad por saber por qué te besé a ti anoche y hoy a ella? —Y eso que a Hinata hizo mucho más que besarla.
—¿Porque eres un macho? —Se encogió de hombros. —Tal vez eres como un león en celo, buscando cualquier hembra disponible.
—¡Me ha dicho que no me daría la jodida dirección hasta que la besara!
—¿Y has tardado una hora entera en hacerlo? —preguntó Hinata con algo más de sentimiento. Pero entonces Naruto se dio cuenta de que se estaba riendo de él.
—¿Una hora? Tú has bebido... —Se detuvo al ver el reloj del coche. —¡Maldita zorra! Ha debido de hacer un hechizo para ralentizar el paso del tiempo en su habitación.
Hinata tuvo un ataque de risa.
—Ralentizar el tiempo. En su habitación. —Silbó la sintonía del programa La dimensión desconocida. —Déjalo ya. No me importa.
—Esperaba que te sintieras algo posesiva conmigo después del beso de anoche.
—No me siento posesiva, igual que a ti no te importa que haya flirteado con Desh.
—Desh. —Le hirvió la sangre durante un largo momento. —Tu novio está en una conferencia, ayer por la noche me besabas a mí y hace unas horas has estado a punto de tocarme, y ahora vas y te emborrachas y coqueteas con otro hombre. Ya veo que tienes un gran sentido de la lealtad.
—Vaya, me has descubierto. La virgen desleal. Esa soy yo, una fresca.
—¿De qué te ríes?
—Estoy disfrutando de mi primera borrachera.
—Esa es la razón —dijo él relajándose un poco. —Cuando estés sobria, te pondrás furiosa conmigo.
Hinata se apretó el puente de la nariz.
—Por fin sé qué quiere decir exactamente ser un aguafiestas. Nunca lo había entendido hasta ahora.
—¿Me estás llamando a mí...? Oh, ésta sí que es buena. La señorita maestra está llamando aguafiestas al demonio.
—¿Señorita maestra? ¡Ja! Ahora acabas de dejar clara la edad que tienes.
Naruto no podía controlar su urgencia por hacer reaccionar a Hinata. Podía soportar cualquier cosa excepto su indiferencia. Detuvo el coche en el andén y se volvió hacia ella, acariciándole el rostro para atraerla hacia él. Pero Hinata lo apartó. Furiosa.
Era obvio que su fuerza valquírica estaba aumentando.
—No te atrevas —le espetó, desprendiendo destellos plateados con los ojos. —Si quisiera saber qué sabor tienen los labios de Fûka la habría besado yo misma.
—Está bien. —Naruto se apartó. —Me importa una mierda si me crees o no. —Volvió a poner el coche en marcha y pisó el acelerador a fondo...
Después de una hora de silencio, Hinata murmuró: —Ve más despacio.
—No. Tenemos que recuperar el tiempo perdido.
—Naruto, aminora. No me encuentro bien.
—¿Cuántos malditos tragos te has tomado? ¿Dos? ¿Tres?
Ella se rió.
—Unos cuantos más.
—¿Te dijeron que tardan un rato en hacer efecto?
—Sí, varias veces.
—¿Cuántos, Hinata?
—Puedo afirmar... con rotunda seguridad que era un número entero, múltiplo de tres, igual o mayor que nueve. —La cabeza le cayó desplomada hacia adelante.
A Naruto le llevó dos horas encontrar un hotel decente donde poder quedarse. Hinata se había desmayado, y se había pasado todo ese rato acurrucada en el asiento.
La llevaba en brazos hacia la habitación cuando ella parpadeó y abrió los ojos. «Es tan guapa.» A Naruto ya se le había pasado el enfado y ahora había bastado aquella mirada para que el corazón le golpeara las costillas.
—Cariño —suspiró él, —después de nueve vasitos es imposible que puedas tenerte en pie. Ella gimió.
—¿Voy a quedarme sin piernas?
—Estás borracha como una cuba —contestó él sin poder evitar sonreír al oír su tono preocupado.
La depositó en la cama, pero Hinata gritó:—¡Oh, Dios, todo me da vueltas!
El corrió a su lado y le movió una pierna, colocándole un pie en contacto con el suelo.
—¿Mejor así?
—Mejor —murmuró ella pasados unos segundos.
—Ah, cuántas cosas podría enseñarte. Ahora voy a desnudarte y a meterte en la cama.
—Puedo hacerlo yo sola —farfulló, tratando de encontrar el botón del jersey pero terminando con un dedo en el ojo. —Ay, me he hecho daño.
—Deja que lo haga yo. No miraré.
—Sí —replicó ella con tono solemne. —Sí mirarás.
—Probablemente tengas razón. —Le quitó el jersey. —Pero no veré nada que no haya visto antes...
Qué equivocado estaba. Cuando Naruto la dejó únicamente con aquel conjunto de ropa interior de seda negra supo que nunca antes había visto nada igual. Tomó aire y lo soltó despacio. —Dios, princesa, podría correrme sólo con mirarte —farfulló.
—¿Eh? ¿Qué has dicho?
Estaba exquisita con todos aquellos encajes. Tantas piscinas se notaban en su cuerpo. Tenía los brazos y las piernas bien torneadas, pero el resto seguía siendo suave. Las caderas nacían pronunciadas en la estrecha cintura y los pechos amenazaban con desbordar las copas del sujetador.
Tenía la figura típica de una *pin-up, y seguiría teniéndola durante el resto de su vida inmortal. Naruto tenía ganas de gemir del placer que sentía sólo de poder mirarla. Levantó una mano para acariciarla. Los dedos le escocían de la necesidad de tocarla...
—¿Has dicho algo, Naruto? —preguntó Hinata en voz baja.
Las manos del demonio retrocedieron, y los nudillos se le quedaron blancos de tan fuerte como cerró los puños. De nuevo deseó acariciarla, y volvió a retroceder. Paseó nervioso por la habitación, luchando por controlar la pasión que sentía. La mujer con la que tanto había fantaseado estaba tumbada en la cama, en ropa interior, y él no podía ni acercarse a ella.
Entrecerró los ojos. Si no iba a aprovecharse de la situación, quizá pudiese obtener alguna respuesta.
—Sí, princesa. Me gustaría preguntarte una cosa...
.
.
—¡Buenos días, preciosa! —gritó Naruto junto al oído de Hinata.
Ella se sentó al instante, sujetándose la cabeza con un gemido.
—O mejor dicho, buenas tardes —aclaró el demonio. —Te he dejado dormir tanto como me ha sido posible, pero tenemos cosas que hacer, ya sabes. Y a algunos de nosotros no nos gusta llegar tarde.
—Oh, Dios mío. He muerto y he ido al infierno.
—Lo tengo todo previsto. Primero vas a darte una ducha, porque hueles como un barril de pescado, y luego empezaremos a entrenar. Cuando volvamos a la carretera, buscarás información sobre nuestro destino. Si no tienes demasiada resaca, claro. Aquí tienes, bébete esto. —Abrió una botella de Gatorade, cuidando, como siempre, de no tocar el borde.
Ella miró la bebida, y luego sus propias manos, que ya habían decidido cogerla por su cuenta. No tardó en bebérsela casi de un trago.
—Cómete esto —dijo él a continuación, dándole una caja sin abrir de galletas saladas que Hinata también engulló.
Por algún extraño motivo, en aquel preciso instante el Gatorade y las galletas saladas le parecieron manjares exquisitos. Pasados algunos minutos empezó a sentirse mejor.
—Gracias.
—Vivo para servirte. Y, hablando de eso, ¿necesitas que te ayude a vestirte? ¿Igual que anoche a desnudarte?
Al oír ese comentario, todo lo sucedido la noche anterior acudió a su mente, y Hinata abrió mucho los ojos. Naruto no sólo se había acostado con Fûka, sino que, después, se había aprovechado de la primera borrachera de Hinata.
A pesar de su aturdimiento, recordaba perfectamente que él la había estado sonsacando, preguntándole un montón de cosas íntimas. La voz de Naruto le había parecido tan tranquilizadora, tan reconfortante...
Ahora comprendía que la había engañado.
Se sonrojó al recordar todo lo que le había contado. Jamás se había masturbado, y cada vez que sentía necesidad física se iba a nadar como una posesa. Si no lo hacía, soñaba cosas de lo más escandalosas, que hacían que se despertara empapada en pleno... Incluso había llegado a pronunciar la palabra «orgasmo».
Vergonzoso pero cierto. Hinata soñaba a menudo con escenas de sexo, tan reales que llegaban a provocarle una reacción física...
Con las manos apretadas, se enfrentó con rabia a la vergüenza que sentía. Le había confesado que experimentaba curiosidad por el sexo, pero que en las pocas ocasiones en que se había encontrado en una situación íntima, había terminado por agredir a su compañero.
Negó con la cabeza. Lo que Naruto había hecho era de lo más rastrero. No se había aprovechado de ella físicamente, pero sí emocionalmente...
El demonio empezó a apartar la sábana.
—De acuerdo, princesa, te ayudaré.
Hinata cogió la tela y se envolvió con ella hasta conseguir ponerse en pie.
—Vale, vale, pero ya puedes dejar el papel de virgen ofendida... Me he pasado horas observando tu cuerpo. De hecho, habría podido hacerte un retrato, en vez de las fotos que te he sacado con el móvil. —Levantó el teléfono y le guiñó un ojo.
—Te odio —le espetó ella, agachándose para coger el neceser y algo de ropa. Y de camino hacia el baño le lanzó la mirada más furibunda de que fue capaz.
Una larga ducha de agua caliente hizo maravillas para despejarla, y su estómago pareció por fin calmarse. Cuando salió del baño lista para enfrentar el día, se sentía ya como una persona humana.
Suspiró. Más o menos. La verdad era que no podía decirlo.
—¿Cómo estás? —preguntó él.
—Muy bien. —«Creo que te odio. Lo cual es perfecto. Debería alegrarme de ello. Así podré concentrarme en mi verdadero objetivo.»
—Estás enfadada por lo de anoche.
—¿Y no debería? Te aprovechaste de mí.
—¡Ni siquiera te puse un dedo encima!
—Ya sabes que no me refiero a eso —replicó Hinata. —Me sonsacaste.
—¿Estás enfadada porque te hice unas cuantas preguntas mientras estabas borracha? No lo entiendo, pero da igual. Al menos nos servirá para el entreno.
—¿De qué entreno estás hablando?
—Tengo que enseñarte a pelear. Algo de defensa personal. Al ver que ella no se movía, añadió: —Vamos, será divertido.
—Creo recordar que fui capaz de aniquilar a doce demonios yo sólita —contestó Hinata enarcando una ceja.
—Tú misma dijiste que fue como si estuvieras poseída. ¿Qué pasará si no vuelves a alcanzar ese estado? ¿O si quieres pelear contra alguien sin matarlo? Mientras tu vida siga en peligro, tienes que estar preparada.
A veces tendía a olvidar que varios asesinos intentaban matarla.
—¿Ese entrenamiento incluye la posibilidad de que te dé algunos golpes?
—Quizá.
Nada habría podido parecerle más tentador.
—Entonces de acuerdo. ¿Qué quieres que haga?
—Quítate los zapatos.
Una vez estuvo descalza, Naruto la colocó frente a él.
—Si sólo tuvieras que recordar dos cosas de todo lo que voy a enseñarte, tendrían que ser éstas: primero, nunca dudes. Si tu instinto te dice que pelees, pelea, si no, no. Y segundo, no te dé vergüenza salir corriendo si estás en inferioridad, pero sólo si crees que de verdad puedes escapar. Si no te ves capaz de conseguirlo, no lo intentes; sólo servirá para perder el tiempo y malgastar tus energías.
—De acuerdo —asintió Hinata encogiéndose de hombros.
—Veamos, ¿qué harías si nos encontráramos cara a cara? Si escapar de mí fuera una cuestión de vida o muerte.
—¿Te daría un puñetazo?
—A no ser que te enfrentes a otra mujer, y si hubiera barro de por medio te confieso que no me importaría lo más mínimo presenciarlo, nunca golpees a nadie.
—Veo la televisión —dijo tras apretar los labios. —¿Cómo se supone que debo pelear sin dar puñetazos?
—Vale, lánzame un gancho. —Al verla fruncir el cejo, añadió: —¿Ves la televisión y nunca has visto un combate de boxeo? Olvídalo. Un gancho es un puñetazo directo a la cara, un golpe seco. La idea de poder pegarle hizo que Hinata cerrara la mano en un puño.
—¡Hazlo! ¡Ahora!
Lo hizo, apuntando directamente a su cara. Naruto se volvió un poco de modo que se topara con uno de sus cuernos.
—¡Oh, eso no es jugar limpio!
—Nunca trates de golpear a un demonio por encima del cuello, porque él usará los cuernos para defenderse. Y algunos segregan veneno por la punta.
—¿Los tuyos?
—Sí, pero sólo cuando estoy totalmente convertido en demonio.
—Así que lo que me estás diciendo es que, además de ser un plasta, puedes llegar a ser letal, ¿no es así?
El la miró sin encontrarle la gracia al comentario y prosiguió con la lección:
—Por otra parte, hay muchas especies a las que no es conveniente golpear en la cabeza. Piénsalo, la mayoría tienen huesos muy duros. Las probabilidades que tienes de acertarles en una de las zonas vulnerables, como la boca o la nariz, son muy pocas. E incluso si aciertas en alguna de esas dos, lo más probable es que resultes más herida tú que tu contrincante. Pero eso no significa que no puedas tratar de atacarlo en la cara. Puedes meterle los dedos en los ojos, o arañarle la piel con tus garras. O bien puedes darle el beso de Glasgow.
—¿Qué es eso?
—Golpearlo con la cabeza. Digamos que te cojo por los brazos y te los mantengo inmóviles a los costados, que no puedes soltarte. Lo único que podrías hacer sería golpearme con la frente justo en el puente de la nariz.
—¿Y qué me dices del clásico rodillazo en la entrepierna?
—Inténtalo.
«Me encantaría...» Sin previo aviso, Hinata levantó la pierna, pero él le atrapó el pie y la obligó a saltar sobre la otra pierna para mantener el equilibrio.
—¡Naruto! —exclamó, y terminó por soltarla.
—Podría haberte tirado al suelo. Si tu objetivo es la entrepierna de tu contrincante, utiliza las manos. Con sólo un poco de fuerza podrás hacer mucho daño. La mayoría de los machos no esperarán que una hembra tan pequeña se atreva a sujetarlos por los huevos. Ahora trata de darme un puñetazo en el torso. ¡Golpéame! ¡Vamos! ¡Hazlo!
Lo hizo, y él volvió a atraparle la mano. Aprovechando el propio impulso de ella, le hizo dar la vuelta y la rodeó por el cuello.
—Te tengo, Hinata. Tu adversario ya te habría roto el cuello.
Ambos respiraban entrecortadamente. El antebrazo de Naruto se deslizó por encima de los pechos de ella, que entrecerró los ojos. El demonio había organizado toda aquella farsa del entrenamiento para tenerla en aquella postura.
Y ésa fue la gota que colmó el vaso. Hinata estaba harta de sus tretas. Había llegado el momento de darle a probar un poco de su propia medicina.
Se relajó entre sus brazos, como si se mostrara receptiva a sus caricias. Naruto le dio un beso en el cuello, ansioso por transmitirle lo complacido que estaba, y Hinata notó cómo su miembro empezaba a excitarse.
Pero la noche anterior estuvo con otra.
«No pienses. Déjate guiar por tus instintos.» Se dio la vuelta entre sus brazos y, mirándolo fijamente, susurró:—Quiero darte un beso.
Naruto abrió los ojos de golpe para luego entrecerrarlos.
—Hinata... —dijo emocionado agachando la cabeza. Justo antes de que los labios de él alcanzaran los suyos, ella echó la cabeza hacia atrás para coger impulso y golpearlo en toda la nariz: el beso Glasgow. Se oyó un golpe seco de lo más inequívoco.
Sangrando, Naruto la sujetó por los brazos.
—Hinata, qué diablos...
Echando mano de todas sus fuerzas, ella le dio un rodillazo en la entrepierna.
Él se cubrió con las manos al tiempo que caía de rodillas.
—Tenías razón, Naruto. —Se sacudió el polvo delas manos. —Ha sido muy divertido.
.
.
—Me has roto la nariz y las pelotas, ¿y eres tú la que está enfadada? —preguntó Naruto con voz nasal mientras conducía por la carretera.
Hinata le respondió sin apartar la vista del ordenador:—Fuiste tú quien quiso entrenar —dijo. Su tono era indiferente, como si no le importara lo más mínimo lo sucedido.
—No sabía que corría el peligro de despertar tus instintos agresivos. Y te dije que nunca golpearas la entrepierna. Dudo que pueda tener descendencia después de tu rodillazo.
—¿Qué será del mundo sin pequeños Narutos correteando por ahí?
—Si estabas enfadada por lo de las preguntas, me lo has devuelto con creces.
—La venganza es dulce —dijo desinteresada.
Naruto jamás había visto ese lado de Hinata.
Pero a pesar de las consecuencias, volvería a hacerlo sin dudarlo un instante. Gracias a su interrogatorio, había descubierto oro sobre ella, e incluso los motivos por los que seguía siendo virgen.
Había tenido miedo de hacerle daño a su pareja.
Naruto también había descubierto qué hacía la muchacha para controlar su libido. Se mataba a piscinas y tenía sueños eróticos. Al pensar en lo segundo, su pene se movió, pese a tenerlo dolorido.
—¿Piensas seguir así el resto del viaje? —le preguntó él.
—No tengo nada que decir —respondió Hinata.
—Está bien, entonces hablaré yo. Y no dejaré de hablar hasta que haya dicho todo lo que quiero decir. Primero, no me acosté con Fûka.
—¿Por qué te importa tanto si te creo o no? —preguntó ella suspirando.
—Pues porque si crees que me tiré a esa lagarta, entonces las probabilidades de que suceda algo contigo se reducen drásticamente.
—Naruto —dijo sin mirarlo, —la probabilidad de cero sigue siendo cero.
—Dios, me pone que hables en plan matemática.
Naruto comprendió que esa vez no iba a ser tan fácil. Hinata lo miró sin inmutarse.
—Ya sé que crees que no debería bromear sobre este tema —dijo él. —Lo entiendo. Pero la verdad sigue siendo que no me la tire.
Por raro que pareciera, Hinata empezó a tener sus dudas. Sí, lo había visto besándola, lo que ya era bastante malo teniendo en cuenta que esa misma noche le había estado tirando los tejos a ella. Pero ¿los había visto en la cama? ¿Y si era verdad que Fûka lo había chantajeado con lo de darle la dirección del segundo punto de encuentro?
—Tal vez me estés diciendo la verdad —concedió, —y tal vez incluso llegue a creerte. Pero estoy seguro de que estás mintiéndome sobre algo. Puedo sentirlo. Así que piensa bien sobre qué quieres convencerme.
¿Habría visto algo en sus ojos?. Fuera lo que fuese lo que hubiesen reflejado, Naruto lo ocultó con bastante rapidez.
—No creo que a ti pueda convencerte de nada.
«Interesante. El demonio está dando marcha atrás...»
—¿Por qué me crees tan malvado? Ayer por la noche podría haberme aprovechado de ti y no lo hice.
Eso hizo que Hinata se quedara boquiabierta.
—¿De verdad quieres que te dé una medalla por no haberte aprovechado de una mujer indefensa?
—¡No! Sí. No, maldita sea...
—¡Y sí que me hiciste algo! Me sonsacaste, hurgaste en mis secretos. —Tratando de mantener la calma, añadió: —Mira, tenemos que seguir juntos durante no sé cuánto tiempo, así que lo mejor será que tratemos de limar asperezas y seguir adelante.
—Pues entonces conéctate a Internet y busca información sobre nuestro destino.
—Vale. —Hinata buscó la dirección en MapQuest, guardó la página, y luego tecleó el nombre en Google.
—Bueno, ¿qué dice sobre el puente?
—Se llama oficialmente puente del río Sangriento. Es un puente cubierto, cercado desde hace unos treinta años por no cumplir las normas de seguridad. Sólo la gente de la zona lo llama el puente de la Dama Sonriente, porque supuestamente está encantado.
—Entonces es probable que lo esté.
—¿Me estás diciendo que los fantasmas también existen?
—Sí. Pero no forman parte de la Tradición. Nosotros tenemos phantoms, el equivalente a los fantasmas humanos.
—¿Cuál es la diferencia?
—Los phantoms pueden adquirir forma corpórea a voluntad, y pueden moverse por todo el mundo. No están atrapados en un desván con cadenas y cosas por el estilo.
—¿Has conocido a algún fantasma?
—Nunca he visto a ninguno. Y tampoco a ningún phantom. Son una especie poco extendida. ¿Por qué dicen que el puente está encantado?
—La primera muerte ocurrió mientras se construía el puente, en mil ochocientos noventa y nueve. Un trabajador se cayó en uno de los agujeros que se cavaron para asentar los soportes del mismo. Por desgracia, estaba ya medio lleno de cemento líquido, y el hombre se hundió antes de que sus compañeros pudieran sacarlo. El cemento era de secado rápido, así que el capataz decidió dejar el cuerpo allí enterrado en vez de hacer explotar el bloque entero. Después de eso, la gente de la zona afirma que el río le tomó gusto a la muerte.
—¿Quieres decir que el pueblo no se llamaba Bloodwater hasta entonces?
—No. Sí que se llamaba así. Al parecer, la arcilla del fondo tiene un extraño color rojizo que hace que el agua parezca sangre.
—Entonces, ¿qué sucedió?
—A principios de los noventa, un asesino en serie eligió ese lugar para deshacerse de los cadáveres de sus víctimas. Asesinó a trece mujeres y las lanzó a todas desde el puente porque decía que quería alimentar al río. Murió de un disparo antes de que pudiera herir mortalmente a su décimo cuarta víctima.
—¿Cómo las mataba?
Ahí era donde la historia se volvía en verdad espeluznante.
—Elegía a mujeres de vida muy protegida, que no hubieran tenido que enfrentarse nunca a ninguna adversidad. Las secuestraba de noche, mientras dormían, las llevaba hasta el puente y luego las apuñalaba en el pecho, de un lado al otro, sin llegar a matarlas. Luego les decía que las dejaría ir si eran capaces de reírse de su situación. Si podían dejar de llorar y echarse a reír, les decía que no las degollaría. Por supuesto, ninguna fue capaz de hacerlo. Por eso lo llaman el puente de la Dama Sonriente.
—¿Y el tipo murió de un disparo? No merecía morir sin sufrimiento.
—¿Por qué tenemos que encontrarnos con quien sea allí?
—No lo sé, pero no tengas miedo. No dejaré que te pase nada malo.
—No tengo miedo. Estoy fascinada. Siempre me ha encantado lo sobrenatural.
—Ahora lo sobrenatural es tu pan de cada día, princesa.
—No. Es sólo algo temporal. Y ahora, si no te importa, tengo que trabajar.
Y cuando decía trabajar quería decir espiar... Naruto había utilizado su ordenador sin tener ni idea de que tenía instalado un programa que le permitía averiguar todo lo que hubiera hecho el usuario anterior. «¡Aja!»
El programa había terminado de descargar toda la información, y ahora Hinata podría ver todas las páginas que el demonio hubiera visitado.
Después de mirar los resultados de unos partidos, había enviado un e-mail a alguien diciéndole: «Has perdido, mamón, ya sabes lo que te toca...». Luego había transferido cien mil dólares a una cuenta para gastos. Pero al ver la última página que Naruto había consultado, se le encogió el corazón.
Aquel demonio mercenario había buscado información sobre... los análisis de clústers y combinatoria compleja.
Hinata estaba convencida de que se había acostado con Fûka, y Naruto no sabía si debía tratar de convencerla de lo contrario. Ella había dado en el clavo al decir que le estaba mintiendo sobre algo.
Pasaron junto a otro accidente de coche, y su correspondiente embotellamiento. Entre Amegakure y el norte de Kumogakure había unos mil doscientos kilómetros, y en la última hora sólo habían recorrido quince.
La tensión entre los dos era palpable e iba en aumento. Hinata seguía trabajando en su código guerrero, y si bien no se mostraba fría, trataba a Naruto con indiferencia.
Le estaba haciendo saber lo insignificante que era para ella. Igual que el día en que se conocieron. Pero Naruto también sabía jugar a eso. Podía ignorarla con la misma facilidad que ella a él.
Llamó a Bee para ver cómo iban las cosas.
—¿Qué me cuentas? —le preguntó en demoníaco.
—Hemos seguido la pista a los vampiros —contestó el otro. —Daremos el golpe esta noche.
—Son buenas noticias. —Hinata estaría mucho más segura. —Eh, ¿cuánto se tardaría en enseñar a alguien a bloquear sus pensamientos? ¿Podría Hinata aprenderlo en dos semanas?
Bee soltó una carcajada.
—En dos años como mínimo.
Cuando colgó, Naruto se quedó a solas con sus pensamientos. «La estoy ignorando.» Pero la postura le duró sólo hasta que ella se apretó el puente de la nariz con cara de sufrimiento.
—¿Estás bien?
Hinata se encogió de hombros.
—Déjame adivinar. Estás mareada y tienes dolor de cabeza. Lo miró sorprendida.
—Estás mareada porque has estado leyendo durante todo el rato. Y te duele la cabeza porque sigues empeñada en ponerte las gafas cuando tu visión ha cambiado.
—No puedo concentrarme sin ellas.
—Mira, lo mejor será que lo dejemos por esta noche. He visto un anuncio de un hotel familiar en un pueblo que no está muy lejos.
—Pero nos retrasaremos.
—No te preocupes. A este ritmo, llegaríamos al puente pasada la medianoche, y de todos modos tendríamos que esperar hasta la mañana. Además, estamos cerca de otro lugar, y me iría bien pasar a recoger algo de material.
—¿Qué clase de material?
—Ya lo verás...
.
.
Continuará...
Glosario:
- PinUp: Una pin-up es una fotografía u otro tipo de ilustración de una persona en actitud sugerente o simplemente sonriendo, saludando o mirando a la cámara fotográfica que suele figurar en las portadas de revistas, cómic-books o calendarios, etc. A las modelos que posan para estas obras se las denomina pin-up
