Harry se estiró con suavidad y miró a su lado, sonriendo con un toque de tristeza al notar que Tom no estaba con él. Se levantó de la cama con cuidado y se dirigió a la cocina, decidiendo cocinar algo sencillo.
Preparó la mesa y sonrió satisfecho ante la imagen que tenía frente a él. Dio media vuelta y se dirigió de nueva cuenta a su habitación, agachándose al otro lado de la cama y tocando la mejilla de su novio con jugueteo.
—Harry —balbuceó el rubio tapando su cabeza con la manta—, no hagas eso...
—Buenos días —saludó el menor riendo ante la mirada dormida que le dirigió su novio—, el desayuno está listo, si no te apuras se enfriará y llegarás a tarde al trabajo.
—¿Qué importa si llego tarde? —cuestionó agarrando el brazo del azabache y jalándolo hacia sí, dejándole abajo de él— Mi padre es el dueño.
Harry bufó ante eso y acarició la mejilla del ojiplata con cariño. Tal vez ya no le quisiera como un novio quiere a su pareja, pero realmente quería al rubio como a un amigo, uno muy apegado, por cierto.
—Sabes que odio cuando dices algo por el estilo —regañó con suavidad, pasando su pulgar por la marca que hizo la almohada en su mejilla.
—Sólo quiero estar un tiempo más contigo, Harry —contestó haciendo un puchero y besando la frente del nombrado—. Hace mucho que no pasamos tiempo junto, te extraño...
—Draco...
Unos labios lo besaron con cariño, un cariño real. Aquel cariño que se demostraban en medio de la escuela superior, cuando el mayor le iba a recoger a su universidad y lo llevaba a comer el casa de sus padres, con Narcissa y Lucius Malfoy. Cuando eran una verdadera pareja feliz.
Suspiró en medio del beso con nostalgia antes de separarse con delicadeza y mirarlo a los ojos. Tan sincero y libre que, hasta cierto punto, asustó a Draco.
—¿Amor...?
—El desayuno está servido, si se enfría me enojaré mucho —se excusó haciendo un puchero de enojo fingido.
Draco rió ante eso y asintió antes de bajarse de él y ponerse sus pantuflas. El mayor adoraba los pucheros que hacía su novio, aunque, bueno, adoraba todo de él, pero aquellos detalles por la mañana lo hacían completamente perfecto ante los ojos del rubio.
—Pero me lo debes —dijo mirándolo con firmeza infantil. Harry simplemente sonrió, incapaz de afirmar.
Y es que no podía serle fiel a Tom, ¿fiel a qué, al final de todo? No sabía, pero entendía que su corazón se sentiría mal por hacer eso, pasaba lo mismo con todos los besos de buenos días que le daba a su novio, con los pequeños detalles que le hacía a Draco que a Tom no... Por darle lo que se merece otra persona.
Harry no podría con todo eso. Adoraba a Draco, le quería y respetaba, pero él sabía mejor que nadie que, si algo te lastima, es hora de dejarlo ir.
No podía decir que Draco era mal novio, no. Realmente no lo era. Los postres que solía comprarle de su pastelería favorita, las veces que le explicaba algo que no entendía de la industria, las veces que prefería darle la cobija completamente para él en las noches de frío... las veces que en la escuela le escondía pequeños regalos por todo el campus.
Pequeñas cosas que lo enamoraron. Pequeñas cosas que lo ataban a él, pero no podía. No debía.
Por otro lado estaba Tom, con las veces que le visitaba en medio de la clase y salvaba a sus alumnos de un castigo, los abrazos en la espalda cada vez que terminaban de hacer el amor, los besos en la frente después de horas contemplándose el uno al otro, el cómo le daba su calor cuando más lo necesitaba, el cómo lo conoce, las pequeñas flores que le regalaba cada semana con distintos significados escritos en una hermosa tarjeta hecha a mano... sus constantes escapadas del trabajo para verlo, y, joder, si Draco decía que no importaba si iba o no a trabajar por su futuro puesto, ¿por qué no dejaba de lado un día por semana para sorprenderlo en su trabajo como lo hacía Tom?
No podía.
Hasta se molestaba consigo mismo cada vez que los comparaba a los dos.
Negó con la cabeza y sonrió algo forzado, levantandose de la cama y caminó detrás de su novio, tratando se alejar todos esos pensamientos que no le iban a servir en algo.
—Por cierto, llegó correo —comentó una vez que Draco estuvo sentado en su silla, dándole dichas cartas.
—Gracias—comentó sonriendo, empezando a ver los sobres que habían llegado—... Que raro, éste es tuyo.
El azabache frunció el ceño y aceptó la carta para leer el remitente. Slytherin's Company.
—¿Qué es? —preguntó Draco curioso. Harry simplemente se encogió de hombros y abrió la carta con cuidado, leyéndola primero en su mente para luego ver si debía leerle la carta a Draco... pero, ¿por qué lo haría? El rubio nunca le leía sus cartas.
Negó nuevamente la cabeza, desechando la idea, usualmente el correo que le llega a Draco eran cosas de su trabajo, sería muy aburrido estar oyendo informes sobre alguna actividad.
—Es una invitación para la siguiente fiesta que harán de Slytherin —comentó enseñando la entrada.
Draco frunció el ceño, ¿cuántas veces había deseado que le llegara una carta de Slytherin's Company para que le invitaran a algún evento? Siempre iba por las influencias de su padre... ¿Por qué a Harry le habría llegado una así como así?
Su mente quedó en claro cuando recordó el evento pasado.
—Tú y el señor Riddle se llevan bien, ¿verdad?—preguntó dándole un pequeño mordisco a su comida. Harry soltó un poco elegante "¿Uh?"— La otra vez estaban hablando de sepa-qué en sepa-cuál idioma —explicó riendo ante la expresión de su novio.
—Estábamos hablando de mi trabajo —comentó encogiéndose de hombros, decidiendo responder con medias verdades—, y hablábamos pársel, Draco. Ya te lo había dicho.
El rubio sacó su lengua y siguió comiendo. Harry suspiró y sacó su celular para preguntarle a Tom el porqué de la invitación.
"Quiero que me ayudes a acomodar algunas cosas, ¿cuento con tu buen gusto? "
El mensaje le hizo fruncir el ceño, agarró nuevamente la invitación y miró la hora. Tres de la tarde. La fiesta iniciaba a las siete.
—Iré al salón a las tres —avisó Harry mostrando su invitación—. Tom... El señor Riddle quiere que lo ayude con la decoración del lugar.
—¿Todo eso dice la invitación? —cuestionó agarrando la invitación y leyéndola.
—No... bueno, la hora sí...
—¿El señor Riddle te lo dijo? —Harry asintió— Wow, parece que te tiene confianza.
—Sí, eso parece —contestó sonriendo—... ¿Sabes? Ya nos conocíamos desde hace tiempo.
Draco levantó una ceja curioso.
—No, pero ahora que lo pienso, se han de haber conocido en una de las reuniones hace años, ¿no? —Harry rió ante eso y negó con la cabeza.
—En el bar, en nuestro aniversario —le explicó mirándolo con seriedad. Draco se asustó al ver esa mirada, parecía algo... vacía—: cuando tú me ignoraste por hablar con Theo.
Draco escupió el jugo que había tomado momentos antes, mirando a su novio con sorpresa. Ésa era la primera vez que Harry le reclamaba algo, aunque, bueno, eso no parecía reclamo, pero... parecía raro.
—Harry, yo...
—Déjalo, Draco —cortó el menor negando con la cabeza, antes de sonreír con cariño y levantarse. Empezando a recoger los platos que, anteriormente, Draco había usado—. Se te hace tarde, no quiero que llegues tarde por esto.
El nombrado asintió con cuidado, como si Harry fuera un animal que en cualquier momento se lanzaría contra él. ¿Qué había pasado con su adorable y sumiso novio?
