Disclaimer: Rowling, otro Drarry. Chincha rabiña, yo tengo una piña, con muchos piñones...

"Este fic participa en el minirreto de diciembre para La Copa de la Casa 2020/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Petición: Seremoon pidió un Drarry: Harry invita a Draco al baile de navidad, donde aceptan que están enamorados desde que se conocieron. Sería un enamoramiento "tipo Ginny" y por eso se comportaban de esa forma. (Petición de Seremoon)

Beta: Nea Poulain.


¿Bailas?

Harry consultó el reloj, nervioso. Mordiéndose el labio, se preguntó por vigesimoquinta vez si había sido buena idea. Impaciente, intentó no mirar al grupo de reporteros que cubría la entrada triunfal de Ron y Hermione. Decidió esperar a que terminasen de responder preguntas antes de acercarse.

—Malfoy.

Draco había levantado la ceja, inquisitivo, cuando le había abordado unos meses antes.

—¿Potter?

—Sólo saludaba.

Tras los juicios, había observado que Draco acudía todas las mañanas puntualmente al Ministerio. En el almuerzo, cogía una de las bandejas de la cafetería y se sentaba a solas en una mesa. Un día, curioso e intrigado, se había dirigido con paso firme hacia su mesa, sentándose. Hermione y Ron lo habían mirado extrañados, pero lo siguieron en silencio. Aquello se había repetido hasta hacerse costumbre.

—Las personas con educación dicen «hola» —había mascullado Draco.

—Hola, Malfoy —había gruñido, exasperado.

—Buenos días —había accedido este, desmenuzando varias migas de pan sobre su comida.

Harry había visto que Draco solía comer poco. Al preguntarle al respecto, este se había limitado a encogerse de hombros, pero aquello abrió una vía de conversación que se fue ampliando a lo largo de los meses.

—Kingsley sigue empeñado en realizar un baile de navidad benéfico —había comentado Hermione un día de octubre.

—No es mala idea —había farfullado Ron, con la boca llena.

—No creo que sea oportuno, las heridas de la guerra siguen recientes.

—Deberíamos ir. Quiero decir, tú y yo. Harry, también irás, ¿verdad? —había insistido Ron, alegre, intentando convencerla.

—Es buena idea —había asentido Harry, sonriendo al recordar una época en la que ir a un baile de navidad le aterrorizaba—. ¿Tú, Malfoy?

—No voy a ir a un baile del Ministerio —había contestado Draco, mirándole atónito.

—¿Por qué no?

—Porque no, Potter.

El anuncio había salido tres semanas después. Harry había tardado otras tantas en convencerle de que su asistencia era bienvenida.

—Podemos ir juntos —le había propuesto finalmente, a la desesperada.

—¿Tú no tienes pareja?

—No es necesario tener pareja para ir a un baile benéfico. No tenemos catorce años.

Draco había acabado asintiendo, luciendo todavía poco convencido.

Volvió a prestar atención a los periodistas cuando vio que se armaba un revuelo en la entrada. Draco soportaba estoicamente los flashes, posando serio y solemne. Se despidió con un gesto de Hermione y Ron y se acercó a él. Los reporteros le asediaban a preguntas, pero las respuestas lacónicas de Draco los ahuyentaron rápidamente. Harry sonrió, satisfecho, él había tardado media hora en poder deshacerse de ellos.

—Saca las manos de los bolsillos, Potter. Deformas la túnica de gala —le dijo Draco a modo de saludo.

—Buenas noches a ti también, Malfoy —le pinchó Harry. Aun así, no sacó las manos, resistiendo la tentación de sonreír.

—Es impresionante las puertas que abren un puñado de galeones, ¿no crees? —Draco entrecerró los ojos, calculador.

—Se trata precisamente de no cerrar puertas, idiota.

—Como sea. —Ambos se quedaron en silencio unos segundos, observando a su alrededor.

—¿Bailas? —preguntó Harry, señalando hacia la pista, donde algunas personas comenzaban a moverse.

—Por supuesto —respondió Draco, levantando la barbilla con soberbia—. Espera, ¿estabas invitándome a bailar?

—¿Sí? —Harry se puso nervioso, dándose cuenta de que Draco no le había entendido y había pensado que sólo le estaba preguntando si sabía bailar.

—Eres un tramposo.

—No lo he hecho adrede —se defendió Harry. Se quedaron en silencio otros pocos segundos, y decidió insistir—: Habías dicho que sí.

Caminaron hasta la pista. Tuvieron un momento de confusión al acordar quién dirigiría al otro, pero Draco se impuso, gruñendo algo sobre las habilidades como bailarín de Harry en Hogwarts. Giraron, esquivando a otras parejas grácilmente. Draco le miraba intensamente, con los ojos entrecerrados.

—¿Por qué? —le preguntó con voz queda cuando la canción terminó. Harry no lo soltó, esperando a que la orquesta tocase la siguiente.

—Soy un poco torpe —murmuró Harry, pensando que se refería a por qué bailaba así.

—Que por qué estamos bailando juntos, Potter —dijo Draco, impaciente, chasqueando la lengua.

—Me pareció buena idea.

—Entonces, ¿por qué pareces nervioso, Potter?

Harry tragó saliva. Estar bailando con Draco se sentía bien, tanto como se había sentido en todos los meses anteriores pensar en él.

—Porque… me gusta estar así contigo —admitió, azorado.

Draco lo guio en amplios círculos alrededor de la pista. La gente los miraba, curiosa. Entrevió a Ron y Hermione sonriéndole, a Neville susurrando algo a Hannah, a Zabini y Nott guiñándole el ojo a Draco.

—A mí también me gusta —confesó Draco al cabo de unos segundos, haciendo girar a Harry con una floritura—. Siento mucho haberme comportado como un bastardo todos estos años.

—Tampoco yo hice las cosas bien —dijo Harry, quitándole importancia.

—A veces, desear tanto algo y verlo tan lejano, hace que seas un imbécil.

—¿Lo deseabas? —preguntó Harry, estupefacto, sintiendo un cosquilleo familiar en el estómago.

—Desde la primera vez que te vi. Cuando ni siquiera sabía quién eras. Mirando con esos ojos verdes la tienda de Madame Malkin, boquiabierto. Parecías ilusionado y, al mismo tiempo, incrédulo.

—Tú eras un niño muy petulante, pero también pensé que eras muy lindo, subido en el escabel, con la nariz puntiaguda y la barbilla levantada, orgulloso. Eso sí, la cagaste cuando abriste la boca.

—Lo sé. Ahora. Demasiado tarde, creo.

—A veces, la vida da segundas oportunidades —murmuró Harry, atrayéndole más estrechamente hacia él.

—¿Las da? —preguntó Draco.

—Sí. Yo ni siquiera supe lo que eso había significado para mí hasta que te vi en sexto en el baño de Myrtle —confesó Harry.

—Yo me di cuenta en cuarto. Pero no lo acepté hasta que me rescataste en la Sala de los Menesteres.

Harry alzó la cabeza para rozar su nariz con la de Draco. Se alegró de haber leído bien las señales de las últimas semanas.

—Si no te importa, preferiría que nuestro primer beso no fuese portada en El Profeta mañana —resopló Draco, divertido.

Harry sonrió, conforme. Aquello había sonado a promesa.


NdA. ¡Un Drarry! La verdad es que tuve los sentimientos encontrados con la petición. Por un lado, porque la pareja me flipa. Por el otro, porque el límite de palabras no me permitía hacerlo creíble. Todo era... demasiado abrupto. Pero no podía dejar pasar la oportunidad de hacerlo, claro. Y he disfrutado mucho escribiéndolo.

Inicialmente, escribí dos historias. Una en la que el baile era el de cuarto año, durante el Torneo, y esta. Me atraía mucho más la idea de la primera historia, porque implicaba destrozar el canon (y es algo que deseo hacer a menudo, pero que hago poco). Desafortunadamente, me di cuenta de que, para lograr que fuese mínimamente razonable, tenía que gastar unas 500 palabras sólo en motivar la invitación (los gemelos hacían de las suyas y Harry acababa invitando a Draco en una suerte de efecto mariposa). Las palabras restantes eran insuficientes para acercarlos en un momento en el que ambos se supone que se odian y, al mismo tiempo, explicar el origen del enamoramiento a primera vista. Así que, con todo el dolor de mi corazón, tuve que apartarla y trabajar en esta. Espero que os haya gustado.