* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Capítulo 14
El pequeño guerrero
— ¡Mami! ¡Papi! ¡Vamos, rápido!
La enérgica niña salió corriendo de su casa acercándose a los caballos de sus padres. Sin perder su inmensa alegría les dio unas caricias en sus patas para acto seguido volver a correr en círculos alrededor de ellos sin detenerse.
— Kaede-chan, por favor ve un poco más despacio… Ten consideración por tu madre con ocho meses de embarazo.
Le habló Dororo a su hija sin poder ocultar el cansancio en su voz, caminando a un paso lento y pesado mientras sujetaba su vientre con ambas manos. Se detuvo a unos pasos de los caballos y bajó la vista mientras daba una larga exhalación. Hyakkimaru se unió a ellas unos segundos después colocándose con cuidado la funda con su katana a la cintura. Su mirada iba de su enérgica hija a su agotada esposa una y otra vez hasta que se animó a hablarle a esta última:
— ¿Estás segura de esto? No debemos ir al festival si te sientes tan cansada.
— No te preocupes, estaré bien. —Se apresuró a responder tranquilamente, dejando posada la vista en su alegre niña—. Kaede está muy entusiasmada de poder asistir a su primer festival ¿en verdad quieres que tu hija se pierda algo como esto?
— No… Pero habrá muchos festivales y solo hay una Dororo. —Se explicó Hyakkimaru, tomando sus manos con cariño—. Me preocupa hacer este viaje en tu condición, habrá más festivales, por eso…
— Si vamos a paso lento pero seguro no pasará nada. —Insistió su esposa mostrando esa enorme sonrisa que era una de sus debilidades—. El patriarca de la aldea nos insistió mucho para que fuéramos al festival de la cosecha. Estamos empezando la primavera, por eso seguro será un festival hermoso y colorido… Hyakkimaru, no quiero que nuestra niña se pierda algo como esto.
— Entonces deja que Tahomaru la lleve junto con Natsumi y Hyogo. Tú te quedas aquí descansando y yo me quedo contigo para hacerte compañía.
— ¿Y por qué todos pueden divertirse menos la embarazada?
Recriminó su testaruda esposa mientras inflaba sus mejillas y se cruzaba de brazos en una actitud de reproche, Hyakkimaru la observó con preocupación mientras le respondía de la forma más calmada y honesta posible:
— Como médico no recomiendo un viaje a caballo a solo un mes del nacimiento del bebé, y como tu esposo no quiero poner en riesgo tu vida ni la de nuestro segundo hijo.
— Eso lo entiendo—dijo Dororo no muy convencida—, pero en verdad quiero ir a ese festival con ustedes. Tenemos tanto tiempo sin salir, creo que Kaede se merece un poco de diversión y distracción. Además, sabes que atender a este tipo de invitaciones es necesario para mantener las buenas relaciones con las aldeas aliadas. Se vería muy mal que la líder no fuera al festival.
— Dororo…—Desaprobó Hyakkimaru frunciendo sus negras cejas, negando lentamente con la cabeza.
— Por favor, vamos todos juntos al festival.
Le insistió la joven poniéndole sus mejores ojos suplicantes, gesto al que Hyakkimaru decidió huir volteando su cuerpo, ya sabía que Dororo se las podía arreglar para hacerlo desistir si lo miraba de esa forma.
Por un breve momento, ella maldijo en voz baja al darse cuenta que no lograba persuadirlo. Hyakkimaru se mantuvo callado sin ceder, incluso pudo cantar victoria en su mente cuando escuchó los pasos de su esposa alejarse. Esa falsa victoria solo duró un instante cuando otros pasos más cortos y suaves se unieron a los de ella.
— Vamos Kaede-chan—la escuchó susurrar—, haz todo tal y como practicaste con mami ayer ¿de acuerdo?
— ¡Si!
Su cuerpo se paralizó y abrió sus ojos con asombro al sentir como Dororo lo abrazaba amorosamente por la cintura, mientras que su nena se dedicó a hacer lo mismo abrazándose a su pierna.
— ¡Hyakkimaru, llévanos al festival, por favor!
— ¡Papi, llévanos al festival, por favor!
Al escuchar esas dulces peticiones cerró sus ojos y se sujetó el pecho con fuerza, ese fue un doble ataque directo al corazón que lo dejó completamente desarmado. Sabía que no debía, pero no pudo evitarlo, abrió sus ojos con inseguridad y se encontró con las miradas suplicantes de su esposa e hija.
— Está bien, vamos…
Se rindió de inmediato. A pesar de los riesgos… ¿Cómo podía negarles algo a las dos mujeres más importantes para él? Dororo sonrío satisfecha mientras que Kaede dio unos saltitos de alegría en su lugar, en verdad eran lo más valioso para él, siempre haría todo lo que fuera necesario para hacerlas felices.
— Esto siempre será gracioso de ver. —Escucharon de pronto una voz familiar. Cuando voltearon hacia atrás, Tahomaru y Natsumi venían llegando hacia ellos montados en sus caballos, el risueño Hyogo se encontraba atado a la espalda de su madre—. Aniue es capaz de derrotar en un abrir y cerrar de ojos a demonios que le triplican el tamaño, sin embargo, flaquea apenas su esposa o hija le piden algo. En verdad son su debilidad.
Natsumi rio con disimulo, Dororo por su parte ensanchó la traviesa sonrisa en su rostro y le respondió a su cuñado con tono triunfal:
— Te dije que me las arreglaría para convencer a tu hermano.
— Es imposible que te niegue algo. Después de todo, las artimañas son lo tuyo, cuñada. —Apuntó Tahomaru pícaramente entre risas mientras ella le sacaba la lengua, desaprobando su comentario.
— Aun así, no debe preocuparse—se apresuró en explicarse Dororo—, tendré mucho cuidado en montar a Chibi.
Hyakkimaru cerró los ojos con calma cuando Dororo se acercó a él y le dio un amoroso beso en sus labios a forma de agradecimiento. Natsumi siguió riendo mientras se aseguraba de traer bien sujeto a su niño en su espalda para después decir:
— Entonces está todo decidido, vamos todos juntos al festival de la cosecha.
El festival de la cosecha iba a ser en la "Aldea Nabo", nombre con el cual Dororo se refería a ella. Mientras la aldea de Dororo era conocida por sus extensos campos de arrozal, y la aldea de Tahomaru por sus mineros, esa aldea lo era por todos los campos de nabo que poseía. Era una aldea prospera que se encontraba a casi una hora a caballo de la aldea de Tahomaru.
Su patriarca era el Sr. Seijuro, un hombre de edad avanzada con el cual fueron de los primeros en formar alianzas. Era un hombre bondadoso y justo que tal como ellos, siempre se había negado a anexarse a territorios liderados por señores feudales, lo cual lo hizo un candidato más que idóneo a unirse a una alianza con ambas aldeas.
El año anterior, su aldea había sido bendecida con una cosecha de nabos más que deseada, motivo por el cual el Sr. Seijuro quiso agradecer a los dioses organizando un gran y vistoso festival apenas diera comienzo la primavera. Apreciaba mucho todo el apoyo de ambas aldeas, por eso les había insistido hasta el cansancio a Dororo y Tahomaru que no dejaran de asistir.
Era por esta razón que los dos matrimonios se habían puesto en marcha a la Aldea Nabo para no despreciar esa amable invitación, además deseaban que sus hijos pudieran pasar un buen rato asistiendo a su primer festival.
— Dororo ¿te encuentras bien? ¿no necesitas descansar? —Le preguntó su esposo sin dejar de sujetar con fuerza las riendas de Chibi para seguirlo guiando a paso lento.
— Está comenzando a dolerme la espalda—admitió un tanto avergonzada—, creo que parar un rato no me vendría mal.
Aprovecharon el descanso para sentarse a la sombra de un frondoso árbol y comer los deliciosos bocadillos que Natsumi había preparado. Mientras tanto, Kaede y Hyogo decidieron ponerse a jugar persiguiendo hermosas mariposas que revoloteaban cerca de las flores.
— Lamento mucho tener que estarlos retrasando. —Se disculpó la futura madre con sus redondas mejillas levemente sonrojadas—. Los caballos no pueden ir tan rápido para seguirme el paso, Hyakkimaru tiene que arreglárselas para controlar las riendas de Chibi y Manju y Tahomaru debe llevar a Kaede con él en su caballo…
— Nunca será molestia si se trata de Dororo—le respondió su esposo besando su mano con dulzura, a lo cual esta solo pudo sonrojarse más.
— Ni lo menciones, Dororo—se unió Natsumi a la conversación con su voz siempre tan gentil—, sabemos que estás en una condición delicada, por lo cual debemos tomar las medidas necesarias.
— Gracias Natsumi, incluso preparaste estos deliciosos onigiris para el camino. —Le respondió Dororo aumentando su vergüenza.
— En este caso opino igual que Hyakkimaru-san—continuó su querida amiga—, nunca será molestia cuando se trate de ustedes.
— Y ya que insististe tanto para venir al festival, e incluso le tendiste esa trampa a tu esposo no quedaba más remedio que acceder a venir todos juntos.
Añadió Tahomaru con una sonrisa burlona, gesto al que Dororo correspondió lanzándole una cantimplora de bambú, su cuñado la esquivó hábilmente haciendo su cabeza a un lado.
— Si no estuviera embarazada mi puntería sería más certera. —Trató de justificarse la antigua ladrona inflando sus mejillas.
— Está bien, dejaré de molestarte, lo prometo. —Se rindió Tahomaru entre fuertes carcajadas al ver la mirada de enfado que le dedicó su hermano mayor, más le valía parar si no quería que este pasara a un duelo de espadas—. Dororo, en verdad no es molestia para nosotros hacer esto. Natsumi y yo también creemos que este viaje y ver su primer festival le vendrá muy bien a nuestro Hyogo. Tampoco es justo que te pierdas de estos momentos especiales para tu niña debido a tu embarazo. Por eso a ti te corresponde tomar los cuidados necesarios y a nosotros acatarlos. Así que no te sientas avergonzada.
— Muchas gracias.
Dororo mostró una pequeña pero muy conmovida sonrisa ante el cariño de su familia. La calidez en su corazón solo pudo aumentar cuando su amada hija llegó a su lado, ella traía dos hermosas flores rojas en cada mano y le dio una a su padre y una ella.
Poder disfrutar de esos momentos llenos de paz sin duda valían oro para ella, sabía que todos los sacrificios y terribles sucesos que pasó en su niñez valían la pena si podía disfrutar ahora de ser tan dichosa al lado de su amada familia, a la cual dentro de poco se uniría el segundo integrante. En verdad esperaba con ansias el nacimiento de su segundo hijo.
Después de un rato de comer y descansar emprendieron el viaje nuevamente a la Aldea Nabo. A Dororo le pareció extraño experimentar unos ligeros dolores en la parte baja de su vientre cuando volvió a montar a Chibi. Ya que solo duraron unos cuantos segundos decidió no darle mayor importancia y enfocarse en el trayecto que aún debían recorrer.
Estos dolores, sin embargo, no mitigaron, por el contrario, continuaron aumentando paulatinamente durante el festival. A pesar de esto, Dororo no quería arruinar ese día, optó por aparentar que no estaban ahí.
Pasaron momentos muy divertidos. A pesar de que Dororo estaba a punto de convertirse en madre por segunda vez y ahora era mucho más madura y seria, en el fondo no dejaba de ser esa niña alegre y llena de ánimo, este lado de ella que nunca desapareció a menudo salía a relucir cuando jugaba con su hija.
Pasó el día en el festival yendo de un lado a otro con Kaede viendo toda la comida, puestos de juegos y diversos espectáculos ambulantes que habían dispuesto para el festival. Hyakkimaru simplemente observaba todo esto en silencio, su mirada tranquila no reflejaba el verdadero sentir de su corazón, el cual estaba más que encantado de apreciar como su hija y esposa se divertían con cada cosa nueva que descubrían en el festival de la cosecha.
Solo se veía obligado a intervenir cuando Dororo no era capaz de ganar algún premio que le hubiera gustado a Kaede en un juego de destreza.
La escena se repitió varias veces a lo largo del día, Kaede hacía un puchero cuando su madre fallaba, Dororo farfullaba en voz baja maldiciones al no poder lograrlo, mientras que Hyakkimaru se acercaba a ellas serenamente logrando ganar el premio al segundo o tercer intento. Cuando esto pasaba, él recibía más que gustoso las palabras y abrazos de agradecimiento de su esposa e hija, en verdad se sentía afortunado de poder hacerlas felices.
Las cosas con la familia de Tahomaru eran más tranquilas. Admiraban los puestos en silencio, el padre de familia no dudaba en comprar cuanta cosa se diera cuenta su amada esposa e hijo miraban con atención, recibiendo las palabras avergonzadas de su esposa y la jovial risa de su bebé.
Cada hermano tenía formas diferentes de hacer felices a su familia, pero lo que si era igual para ambas partes era en el enorme esfuerzo que ponían para poder lograrlo.
El festival estaba a punto de llegar a su final. Un poco antes de tomar la decisión de volver a sus hogares ocurriría un evento inesperado que por desgracia marcaría el final de la diversión para las dos familias.
Hyakkimaru conocía los pasos de Dororo a la perfección, no podía ser de otra manera si había caminado a su lado desde que tenía dieciséis años. Fue por este motivo que apenas dejó de escucharlos cerca de él se detuvo. Se volvió hacia atrás y de inmediato un mal presentimiento lo invadió cuando la vio inmóvil, cabizbaja y sujetándose el vientre con fuerza.
— ¿Dororo?
Se acercó a ella, pero apenas estaba a unos pasos cuando su pequeña dio un quejido de dolor y se inclinó hacia adelante, segundos después levantó el rostro y observó a su esposo con una mueca entre asustada y sorprendida.
— No… no puede ser…—Balbuceó con voz temblorosa.
— ¿Qué sucede?
Le insistió su esposo, como respuesta solo obtuvo otro gemido esta vez más adolorido y los ojos vidriosos de Dororo clavándose en el piso. El joven de cabello azabache siguió su mirada y contuvo la respiración ante lo que vio, una mancha como si fuera de agua había comenzado a formarse a los pies de su esposa: se le había roto la fuente.
— ¿P-por qué? —Consiguió decir la joven mujer entre balbuceos estupefactos—Estoy en el octavo mes, esto no debió…
No fue capaz de terminar la frase pues un profundo dolor la invadió, el inconfundible sufrimiento por las contracciones había comenzado, Dororo había entrado en labor de parto. Hyakkimaru no perdió tiempo y se acercó a ella, lo tomó suavemente de sus hombros en un intento por tranquilizarla.
— Está bien, tranquila…—Comenzó a decirle haciendo un enorme esfuerzo porque no se diera cuenta de la enorme preocupación que había comenzado a invadirlo.
— Hya-Hyakkimaru… ¿por qué…?—Habló entre gemidos adoloridos—Aún falta un mes… ¿por qué ya empezaron las contracciones?
— Dororo, ya no hay nada que se pueda hacer. —Aunque no quiso, la voz del joven salió rasposa y más baja de lo normal producto del temor—. Esto a veces pasa, a veces los bebés nacen prematuros. Nuestro hijo nacerá ahora, así que por favor trata de mantener la calma, todo estará bien.
Los ojos de Dororo se abrieron de par en par y su rostro palideció incluso más que antes, apretó fuertemente sus labios y estos no pudieron evitar temblar, sus hermosos ojos humedecieron, aun así, se las arregló para contener su llanto al apreciar los amorosos orbes caramelo clavados profundamente en los suyos, el temor también cedía mientras más caricias tranquilas percibía en sus hombros. Era verdad, su amado Hyakkimaru estaba a su lado, mientras estuviera con él, ella ya sabía que no tenía nada que temer.
— ¿Qué pasa?
Preguntó Tahomaru lleno de intriga cuando se acercó a ellos y vio que Dororo estaba sentada en el piso respirando rápidamente y quejándose.
— Dororo entró en labor de parto. —Explicó Hyakkimaru sin siquiera volverse a verlo, toda su atención estaba centrada en su esposa.
— ¿¡Qué!? ¿¡Pero que no estaba en su octavo mes!? ¿¡Cómo es posible…!?
— ¡Lo que menos necesitamos ahora son gritos! —Exclamó Hyakkimaru sin poder contenerse por más tiempo, cerró sus ojos con fuerza y añadió mientras intentaba mantener la compostura—Tahomaru, por favor mantén la calma, hoy más que nunca necesito de tu ayuda.
— Aniue…—Tahomaru se sintió temblar por un momento, aun así sabía que ahora que su hermano mayor más lo necesitaba no podía decepcionarlo. Se dio dos fuertes palmadas en sus mejillas para obligarse a reaccionar, acto seguido le continuó hablando con ahora una voz mucho más segura—Claro, cuenta conmigo ¿qué puedo hacer?
— No puedo dejar sola a Dororo… Por favor, pídele a Natsumi que cuide y entretenga a Kaede para que no se asuste al ver a su madre así. Por otro lado, tengo entendido que en esta aldea hay una pequeña clínica, necesito que la busques para poder llevar a Dororo.
— ¡Entendido! ¡Volveré tan pronto como pueda!
Sentenció el menor con determinación para después alejarse a gran velocidad. Dororo por su parte continuó con sus ojos cerrados y su rostro contorsionado en una mueca de dolor, se esforzó al máximo por continuar con sus respiraciones pausadas soportando las contracciones.
— Todo estará bien… Tranquila mi pequeña y hermosa Dororo, todo irá bien…
Le decía su esposo un y otra vez con una voz extremadamente suave y dulce a la par que frotaba su frente amorosamente contra la suya, esto en un intento desesperado por tranquilizarla. Pasaron aproximadamente casi diez minutos cuando Tahomaru regresó jadeando, le habló a su hermano rápidamente con cansancio:
— Todo está listo, Aniue… El doctor Kaname dijo que puede recibir a Dororo en su clínica para que el bebé nazca ahí. Yo te guiaré, rápido, no hay tiempo que perder.
Hyakkimaru cargó a Dororo con sumo cuidado entre sus brazos para llevarla hasta la clínica. A pesar de la angustia que no dejaba de inundar su corazón no pudo evitar experimentar cierta consternación cuando escuchó el nombre del doctor… El doctor Kaname, ese nombre le resultaba muy familiar, estaba seguro que ya lo había escuchado antes, pero… ¿Dónde?
A Hyakkimaru le fue imposible no abrir levemente su boca debido a la sorpresa cuando llegó a la clínica y reconoció al doctor que apareció frente a él: Kaname, el hombre que años tras le había enseñado todo lo que había que saber para la elaboración de prótesis.
Cuando el salió en su viaje para intentar remediar los pecados que había cometido y encontrar una forma honesta de ganarse la vida, los caminos de estos dos hombres se cruzaron por una simple coincidencia. El tiempo que Hyakkimaru convivió con su maestro Kaname fue poco, y se enfocaron tanto en el asunto del aprendizaje que hablar de la vida de ambos careció de sentido para ellos. Por ese entonces, Hyakkimaru no supo que al igual que él, Kaname también era un médico especializado en hacer prótesis, esto fue algo que lo sorprendió de sobre manera.
— Nos volvemos a encontrar. —La voz de su maestro seguía tan baja y serena como la recordaba de años atrás.
— Maestro Kaname, no se ha olvidado de mí. —Respondió Hyakkimaru entrando con su esposa rápidamente en la pequeña clínica.
— Nunca podría olvidarme de ese serio pero determinado joven que tanto me insistió para que le enseñara a hacer prótesis. —Se explicó el médico mientras preparaba un futón y todos sus instrumentos médicos—. Labor de parto ¿verdad?
— Sí, mi esposa tiene ocho meses de embarazo, pero ya entró en labor de parto.
— Un bebé prematuro…—Reflexionó Kaname con una voz más baja y cuidadosa—Bien, recuéstala ahí, por favor.
Hyakkimaru lo obedeció al instante, dejó a su pequeña recostada en el futón, ella no dejaba de quejarse con alaridos cada vez más fuertes y desesperados, su rostro ya estaba bañado en sudor. Su esposo no dejó de intentar tranquilizarla con palabras y caricias dulces.
— Mi esposa ya fue a preparar algunas infusiones para calmar su dolor. —Habló Kaname con seriedad entrando en su papel de médico—. Me encargaré de atender el parto, por lo cual puedes salir.
— No. —Sentenció Hyakkimaru con severidad, a lo cual Kaname le lanzó una mirada consternada—. También soy médico y puedo ayudar en caso de que se requiera, además, no pienso dejar a mi esposa sola ni un momento.
— Entonces, no solo te conformaste con mis enseñanzas, también te convertiste en un médico especializado en hacer prótesis. —Afirmó su maestro con un atisbo de orgullo entre sus palabras. Mostró una pequeña sonrisa satisfecha por unos segundos para retomar la seriedad mientras remojaba sus manos—. Bien, entonces solo quédate al lado de tu esposa. Aunque eres médico, no es recomendable que sea el padre quien asista el parto, eso déjamelo a mí.
— Si… Muchas gracias, maestro Kaname.
Se mostraron una pequeña sonrisa el uno al otro para después retomar sus obligaciones. Ninguno de los dos podía explicarse el aprecio que se tenían a pesar de que solo se habían visto esa vez hace años atrás y solo habían convivido por tan poco tiempo en lo que duró el entrenamiento de Hyakkimaru. Lo cierto era que ese lazo entre los dos existía, un lazo invisible que por desgracia no sabían se debía al padre adoptivo de Hyakkimaru y al maestro de Kaname: el médico Jukai.
Los minutos transcurrieron tan lentos que estos se percibían como si fueran horas. Kaname continuó vigilando muy de cerca las dilataciones mientras Hyakkimaru ya le había dado a beber a Dororo las infusiones necesarias y seguía tranquilizándola. De vez en cuando Tahomaru se asomaba por entre las puertas corredizas para saber cómo iba a todo.
— Tía Natsumi, quiero ver a mami y papi.
Le pedía la niña entre pucheros, jalando las mangas de su kimono. La apurada tía se encontraba a unos metros de la clínica con los dos niños buscando la manera de mantenerlos distraídos por todos los medios, por desgracia Kaede ya estaba más que desesperada después de tener ya un buen rato sin ver a sus papás.
— Ellos volverán pronto, mientras sigue jugando con tu primo Hyogo… ¿de acuerdo, Kaede-chan?
Era lo único que podía repetir mientras forzaba una sonrisa e intentaba distraerlos de nuevo con algún juguete o algún juego, las ideas ya se le estaban acabando. Por desgracia volteaba a ver a su esposo a lo lejos y era lo mismo, este le indicaba negando con la cabeza que el bebé aun no nacía. Natsumi no quería angustiarse más sin un motivo, pero a ella le parecía que el parto de Dororo estaba durando más de lo normal.
— Dororo-san, solo puja un poco más, por favor no te rindas. —La animó Kaname alzando su voz para que sobresaliera entre los gritos inundados de dolor de la joven mujer—. Ya puedo ver la cabeza, haga un último esfuerzo.
— Nuestro hijo está a punto de nacer, puja más fuerte Dororo, tú puedes.
Hyakkimaru la envolvió con fuerza entre sus brazos y le dio cortos besos en su cabeza para apoyarla, ella solo pudo apretar fuertemente la mandíbula y continuar sus gemidos embargados de dolor. El pulso del antiguo ronin se aceleró cuando se fijó un momento en Kaname y apreció que este fruncía sus cejas y la preocupación comenzaba a reflejarse en sus apacibles ojos café oscuro.
Dororo dio un alargado alarido con el que por fin logró que el bebé llegara al mundo. La alegría de Hyakkimaru solo duró unos segundos, esta se desvaneció apenas se percató que Kaname sostenía el pequeño cuerpo de su hijo entre sus manos, pero la piel del bebé lucía muy extraña, no era rosada como recordaba la de su amada Kaede, la piel del recién nacido estaba oscurecida, era casi morada. Un escalofrío lo recorrió al darse cuenta que el bebé no lloraba, Kaname cerró sus ojos con una expresión embargada de aflicción.
— Maestro Kaname…—Lo llamó Hyakkimaru con una voz apenas audible.
— En verdad lo lamento, creo que fue demasiado tarde, probablemente la labor de parto empezó incluso antes de que se rompiera la fuente, no había forma de saberlo…—Kaname levantó el rostro y dejó una triste mirada clavada en él—Lo lamento mucho Hyakkimaru-san, tu bebé no está respirando, él nació ya sin vida.
Sintió como si su alma abandonara su cuerpo, como si ese momento que estaba viviendo no fuera la realidad, era como si fuera un mero espectador dentro de una angustiosa pesadilla. Sin dejar de observarlo de una manera compasiva Kaname se acercó a él con paso vacilante y levantó sus brazos para que tomara el cuerpo del bebé, Hyakkimaru respondió mecánicamente, ahora el pequeño cuerpo sin vida estaba en sus manos.
No supo cómo reaccionar, solo pudo dejar una mirada vacía clavada en el bulto muerto en sus manos, aun se sentía como si fuera un intruso dentro de su propio cuerpo, como si él no fuera ese desdichado hombre que estaba pasando por esa penuria. Sin dejar de mirar al bebé apreció por el rabillo del ojo que su esposa intentaba levantarse desesperadamente, Kaname estaba detrás de ella sujetándola fuertemente de los brazos para impedírselo
— No lo hagas, Dororo-san…
— ¡Suélteme, déjeme! ¡Debo ver a mi hijo! ¡No puede ser que esté muerto! ¡Me niego a aceptarlo!
— Entiendo cómo debe sentirse, pero por desgracia no hay nada que pueda hacerse. No nos queda más que aceptar los designios de los dioses.
— ¡No! ¡No!
— El parto la dejó muy agotada, por favor piense en su bienestar, debe quedarse descansando en el futón.
El cuerpo de Dororo comenzó a temblar, ella apretó la mandíbula y unas enormes lagrimas comenzaron a surcar su rostro. Dándose por vencida se dejó caer en el futón de lado, se cubrió el rostro con sus manos para comenzar a llorar de una forma lastimera, diciendo entre sollozos:
— No puede ser… esto no puede estar pasando… ¿por qué tuvo que suceder esto? Nuestro pequeño no puede estar muerto.
— Designio de los dioses…
Escucharon de pronto susurrar con una voz áspera a Hyakkimaru. Kaname lo observó intrigado enarcando sus cejas, Dororo por su parte lo hizo levantando un poco el rostro sin poder dejar de llorar. El joven de cabello azabache tenía unos ojos vacíos clavados en el pequeño cuerpo en sus manos. Este continuó en el mismo estado imperturbable:
— Nunca acepté los designios de los demonios o de los dioses, y mucho menos pienso hacerlo ahora… ¡Me niego a aceptar la muerte de mi hijo!
Ante los sorprendidos ojos de Kaname y Dororo, Hyakkimaru dejó apoyados apenas dos dedos con sumo cuidado en el pechito del cuerpo sin vida y comenzó a masajearlo suavemente en un desesperado intento por reactivar su corazón.
— Por favor, no nos dejes…—Le suplicó el angustiado padre con voz entrecortada—Pequeño bebé, regresa con nosotros, por favor…
Ese cuerpo inerte y cada vez más frío en sus manos no debía estar así. Ese bebé debería estar de un color rosado y vivo, y no morado y cada vez más oscuro. Debía estar llorando con toda la fuerza que sus pulmones le permitieran, debía estar aspirando el aire de la vida. Debía estar siendo cobijado por los amorosos brazos de su madre, debía estar recibiendo su amor.
Mientras el suave masaje a su pecho continuaba, Hyakkimaru sintió sus ojos humedecer y sus labios temblar de la desolación al ver que el cuerpo no reaccionaba. Le fue imposible no recordar su terrible infancia y sentirse identificado con ese indefenso cuerpo frío en sus manos. No pudo evitar preguntarse si de alguna extraña manera la maldición de los demonios había regresado a él y esta vez había tomado el cuerpo de su segundo hijo.
— "No lo permitiré, no dejaré que se lo lleven".
Pensó con coraje y determinación mezcladas, mientras su instinto de supervivencia se activaba. Ese increíble instinto que le había permitido seguir con vida desde que fue ese indefenso bebé sin extremidades, ojos ni piel.
Sin dejar de masajear el corazón acercó su rostro al del pequeño y comenzó a soplarle lentamente por encima de sus labios en un último intento por regresarlo a la vida. Este proceso continuó por algunos segundos más hasta que ocurrió algo que hizo su corazón se detuviera en su pecho a causa de la sorpresa.
Percibió una suave respiración sobre su rostro y el latido del corazón sobre sus dedos, el cuerpo ya no se percibía tan frío. Al darse cuenta de esto Hyakkimaru no perdió tiempo, levantó el pequeño cuerpo con cuidado y le dio unos suaves golpes en su espalda en un intento por estimular sus vías respiratorias, segundos después el bebé tosió para acto seguido comenzar a llorar débilmente. El oxígeno por fin estaba llegando a sus minúsculos pulmones.
— Pequeño bebé… lo lograste…
Susurró el padre con un inmenso alivio dejando por fin escapar esas pequeñas lágrimas que se negaron a abandonar sus ojos para no dejarse derrotar por el momento. Envolvió al bebé entre sus brazos con cuidado y lo acercó a su pecho para darle un cálido abrazo. Al percibirse tan cerca de su padre el pequeño bebé comenzó a llorar con más de fuerza.
— El bebé volvió a la vida... Hyakkimaru-san logró este milagro al no rendirse.
Exclamó Kaname con una inmensa alegría y admiración reflejada en su voz mientras el llanto de Dororo pasaba de ser de tristeza a uno de una profunda dicha al presenciar el regreso a la vida de su segundo hijo.
Kaname lo ayudó a envolver el cuerpo en una suave manta, debían tener cuidado pues al ser un bebé de ocho meses su cuerpo era más pequeño y delicado. Hyakkimaru no quiso perder ni un segundo más, llegó al lado de su esposa cargando a su hijo mientras le dedicaba la mirada más profunda y llena de amor que le hubiera mostrado nunca. Mientras Dororo recibía en brazos a su pequeño bebé, le habló a su esposo aun entre lágrimas y sollozos de felicidad:
— Muchas gracias Hyakkimaru, gracias por no rendirte con nuestro bebé.
— No fui solo yo—señaló sin poder dejar de apreciar el indefenso cuerpecito que por fin calmaba poco a poco su llanto—, él tampoco se dio por vencido. Estoy seguro que si no hubiera sido por su enorme fuerza de voluntad mis esfuerzos no hubieran servido. Nuestro hijo hizo su mayor esfuerzo por aferrarse a la vida.
— Es un luchador, igual que su padre. —Dijo Dororo con voz baja y apacible mientras aferraba a su hijo a su pecho y le daba un beso en la nuca.
— Es un guerrero. —Continuó Hyakkimaru, agradeciendo internamente el poder ver esa hermosa escena de su amada esposa cargando en brazos a su segundo hijo.
— Es un pequeño guerrero. —Añadió Dororo mientras tomaba con cariño las manos de su bebé—. Creo que ya sé cuál será el nombre de nuestro segundo hijo. Un nombre adecuado para nuestro hijo, el cual estoy segura será igual de valiente y protector que su padre: Yusuke.
— Yusuke…—Repitió Hyakkimaru, observando embelesado como el pequeño se acomodaba en el regazo de su madre—Me gusta… Es el pequeño guerrero Yusuke.
Continuará
