Ava estaba contenta de estar de vacaciones de invierno, le gustaba tener un descanso del colegio. Más cuando la última semana había sido estresante por la cantidad de exámenes que habían tenido.

La familia Sharpe iba a pasar Nochebuena y Navidad en la casa de ellos. Así que el día anterior a Nochebuena, Ashley, Amy y Ava se dedicaron a decorar todo y comprar todo lo necesario para poder preparar el menú para la cena.

Estaban colocando las luces en el comedor cuando escucharon una discusión entre sus padres que llamó su atención. Al parecer Randy no quería que su hermana y la familia de ella vinieran para la cena, porque todavía no había aceptado que Jessica fuera pansexual.

— Mamá tiene razón, ellas son familia, no hay que dejarlas afuera. — Opinó Ava, intentando intervenir en la discusión de sus padres.

— ¿De verdad me estás diciendo eso? — Preguntó Randy sorprendido.

— Papá, estamos hablando de Jessica, su sexualidad no va a cambiar la persona que es. — Argumentó ella su postura.

— No puedo creer que la estés defendiendo. — Dijo Randy, desaprobando su postura. — ¡Yo no quiero gente rara en mi casa y Jessica es rara! — Exclamó con enojo.

— Pero ella no es rara, ella es… — Comenzó a aclarar ella.

— Pero nada. — La interrumpió él. — ¿Por qué la defendes? ¿Vos también sos rara? — Le preguntó, sospechando que había algo más en esa conversación.

— Que me gusten las chicas no significa que sea rara. — Se defendió ella.

— ¿¡Cómo que te gustan las chicas!? — Preguntó él horrorizado. — Decime que es mentira, que es un chiste, que me estás diciendo esto solo para hacerme enojar. — Pidió.

— No es mentira, es la verdad. — Dijo ella con sinceridad.

— No podes ser de esta familia, yo no quiero ni voy a permitir gente rara en mi familia. — Dijo él, estallando a gran velocidad.

— Pero papá… — Empezó a decir ella.

— No quiero escucharte más, desaparece de mi vista. — Le cortó él lo que ella quería decir.

Ava sintió pánico en ese momento, podía sentir su corazón comenzar a romperse en mil pedazos. Su papá no la aceptaba, ni la iba a aceptar, ni la iba a querer más. Probablemente se iba a arrepentir de haberla adoptado. Ella no había planeado confesar su sexualidad de esa manera, pero le había salido solo, como por instinto. Había querido defender a su prima y a ella misma, pero le salió mal porque no consiguió lo que buscaba. En vez de eso, consiguió que su padre tampoco la quiera a ella.

— Mamá… — Intentó ella.

— Haz lo que dice tu padre y ve. — Le pidió Pam con calma.

Algo se rompió en ella en ese instante. Toda la situación la atravesó como si fuera algo terminal. Y es que su vida tranquila en familia había terminado… Ya había sentido ese pánico una vez, cuando había descubierto lo de su adopción. Pero resulta ser que ese no había sido su final, sino este. Y todo porque no podía ser una chica normal que le gustaban los chicos, a ella le gustaban las chicas.

Ella salió corriendo de su casa, necesitaba escapar. Corrió varias cuadras mientras lloraba, hasta que se dio cuenta que no sabía a dónde ir. Las primeras opciones que aparecieron en su cabeza fueron Gary o Nora. Pero por más que los amaba, ella quería ir a un lugar donde la entiendan y sentía que allí no iba a ser. Los padres de Gary habían aceptado y apoyado su sexualidad desde un principio, por lo que él no iba a entender el rechazo. Y Nora era heterosexual, ella no sabía lo que se sentía no encajar en los parámetros que supuestamente "debían ser normales" en cuanto a la sexualidad.

De pronto apareció la idea perfecta en su cabeza. Sara, ella la iba a entender. Sara era abierta con el tema de su sexualidad y no juzgaba a nadie por cómo elegía vivirla. Además recordaba que cuando una vez habían hablado del tema, ella le había contado que a su madre y a Malcolm no les agradaba su bisexualidad. Así que ella entendía lo que era el rechazo por parte de tu propia familia.

Ava fue caminando hasta lo de Sara. Vivían en barrios diferentes por lo que tuvo que caminar bastante, pero le sirvió para despejar su cabeza. Por suerte sabía dónde ella vivía ya que una vez la había llevado a su casa. Llegó y tocó el timbre.

— ¿Quién eres y qué quieres? — Preguntó Dinah, abriendo la puerta.

— ¿Está Sara? — Pidió saber ella.

— Te equivocaste de día, su cumpleaños es el veinticinco. — Comentó Dinah amargamente.

— ¿Qué? — Preguntó ella, confundida. Eso era un dato que no sabía, pero iba a recordarlo.

— ¿Para qué la buscas? — Cuestionó Dinah, mirándola de pies a cabeza.

— Tenemos que hacer un trabajo del colegio juntas. — Mintió Ava, inventando una excusa creíble.

El momento estaba resultando incómodo, sentía que aquella mujer la estaba interrogando. Tal vez ir allí no había sido buena idea después de todo, ella había olvidado que Sara no se llevaba bien con su madre. Y por lo poco que conocía a esa mujer, podía entender perfectamente porque Sara no se llevaba bien con ella, su madre era una persona nada agradable.

— ¿Quién es? — Preguntó Sara, apareciendo de repente. — Ava, ¿qué haces acá? — Dijo sorprendida al verla.

— Vine para que hagamos el trabajo del colegio. — Dijo ella, manteniendo su mentira.

— Cierto, lo había olvidado. — Comentó Sara, siguiéndole la corriente y dejándola pasar a la casa.

— ¿Eres la hija del senador Sharpe? — Preguntó Dinah, mirándola con curiosidad.

— Si. — Asintió ella.

— Bien, ella puede invitarte la cena entonces, yo no tengo dinero y me voy a encontrar con Malcolm. — Informó Dinah a su hija, mientras juntaba un par de cosas en su cartera.

Ella notó como Sara se tensó ante el comentario y miró a su madre intensamente hasta que se fue de la casa. Recién cuando se fue, Sara pareció relajarse.

— No deberías haber venido así, mi casa es un desastre. — Dijo Sara, algo avergonzada.

— Perdón. — Se disculpó ella.

— No es necesario que me pidas perdón. — Le aclaró Sara. — ¿Estás bien? — Preguntó con preocupación.

Sara la miró intensamente por varios segundos, como si estuviera leyendo su mente y sus sentimientos. Ava nunca había sentido eso, que alguien la mirara de esa manera. Sara parecía preocupada por ella. Le agarró una de sus manos y una de sus mejillas con una suavidad que expresaba nada más que cariño.

— Vos no estás bien. — Dijo Sara, mirándola intensamente a los ojos.

Y eso fue todo lo que necesito para derrumbarse. Se dejó caer en los brazos de la otra y comenzó a llorar todo el dolor que venía arrastrando desde que se fue de su casa. Sara la abrazó, conteniéndola lo mejor que pudo. Le acarició la espalda y el cabello, y le susurró pequeñas palabras de aliento. En ese abrazo se sintió segura y protegida.

— ¿Qué te parece si vamos a mi habitación? — Ofreció Sara, una vez que ella se había calmado y dejado de llorar,

La pregunta la agarró desprevenida, pero la trajo de regreso al presente. Desde que había entrado a la casa de Sara, por primera vez miró el espacio. Al hacerlo entendió porque Sara le había dicho que su casa era un desastre y por qué estaba proponiendo ir a su habitación. El comedor estaba lleno de botellas semi vacías de alcohol, había colillas de cigarrillos y cenizas por todos lados.

— Me parece bien. — Aceptó ella.

Sara la tomó de la mano y la guió hacia su habitación. Le dijo que se ponga cómoda y se pusó a hacer una llamada para pedir una pizza. Ava se sentó en la cama de Sara y se dedicó a mirar la pequeña habitación. Era modesta y sencilla, pero podía ver algunos detalles de la otra chica perfectamente. Los libros, los cómics, el dibujo de dos canarios negros pintado en la pared. La habitación estaba limpia y ordenada, lo que era un contraste con el resto de la casa. Además tenía un rico perfume, una especie de mezcla de sahumerios artesanales con velas.

Cuando Sara terminó el llamado se sentó a su lado.

— ¿Qué música te gusta escuchar? ¿Tienes algún cantante favorito? — Le preguntó Sara.

— Taylor Swift. — Respondió ella, algo sorprendida y confundida ante la pregunta.

Sara sacó un pequeño parlante del cajón de su escritorio y lo conectó a su celular. Abrió youtube y puso uno de los nuevos álbumes de Taylor: folklore. Y así se quedaron por un rato, sentadas en la cama. En silencio, escuchando la música. A ella le sorprendió que Sara no le insistiera o la presionara para hablar, pero agradecía su compañía y su paciencia.

— ¿No me vas a preguntar por qué vine, ni por qué estoy así, hecha un desastre? — Preguntó ella, después de un rato.

— Me lo vas a decir cuando estés lista. — Respondió Sara, como si fuera obvio. — No hace falta que hablemos de ello si no queres, podemos pasar simplemente el rato. — Le dejó saber.

Ava se sintió aliviada. Sara le estaba dando el control de la situación, le estaba dando tiempo para que ella haga o diga según se sentía cómoda. Era increíble que esa chica entendiera lo que ella necesitaba, cuando ella ni siquiera lo había sabido.

Llegó la pizza y Sara la llevó a su habitación para que comieran allí. Mientras comían hablaron de lo que habían estado haciendo durante esa semana de vacaciones. Ava se fue sintiendo cada vez más relajada, hasta que finalmente llegó el momento en que se sintió lista para hablar.

— Tuve una pelea bastante fuerte con mi papá. — Soltó ella de repente. — Creo que me odia y no me quiere más como parte de la familia. — Confesó tristemente.

— Eeyy, todos peleamos a veces con nuestros padres, eso no quiere decir que nos odien. — Le recordó Sara, intentando animarla.

— Yo soy adoptada... —Dijo ella sintiéndose derrotada, y se quedó callada porque no sabía cómo continuar.

— La adopción no cambia nada, la familia es la familia, la que elegimos. — Expresó Sara su opinión, sintiendo que la otra necesitaba que intervenga.

— Pero ahora se enteró que soy rara. — Dijo ella, un par de lágrimas comenzando a caer nuevamente de sus ojos.

— ¿Rara? — Preguntó Sara confundida.

— Me gustan las chicas. — Respondió ella. — Me gustan las chicas de la manera en que deberían gustarme los chicos. — Admitió su verdad.

— Eso no tiene nada de raro. — Aseguró Sara y le agarró la cara para hacer que sus miradas se encuentren. — Nadie debería estar obligado a que nos guste ningún género en específico, nuestros gustos son libres porque son propios, de cada uno. — Dijo con convicción.

Ava volvió a refugiarse en los brazos de Sara y dejó que la abrace. Se quedaron otro largo rato en silencio. Nunca había sentido tanta comodidad compartiendo silencios con nadie, pero Sara lo hacía parecer simple. Había algo en la otra, que simplemente su presencia, le daba paz. Luego, de a poco, le fue contando los detalles de la pelea. Mientras tanto, Sara le hacía y deshacía trenzas en su cabello, lo que sorprendentemente le sirvió para mantenerse calmada a pesar de todo.

— Me habías dicho que tu mamá no acepta tu bisexualidad. — Le recordó ella.

— Si, ella no lo acepta. — Afirmó Sara.

— ¿Cómo hacen para seguir teniendo una relación cuando ella no acepta eso? — Pidió saber ella.

— Lo ignoramos, no hablamos de ello. Yo mantengo mis asuntos privados para no darle motivos de que arme escándalos. — Respondió Sara con sinceridad.

A Ava le costaba imaginar eso. Sara era una persona tan libre de su sexualidad, o por lo menos ella la percibía así. Le hizo sentir mal por ella, porque sabía que debía costarle no expresarse cómo quería.

— Eso debe ser difícil. — Dijo ella.

— Lo es, pero no es como si tuviéramos una relación nosotras, así que prefiero no darle más razones para que las cosas sean más difíciles. — Intentó explicar Sara. — Tus padres, yo no sé cómo es tu relación con ellos. Pero, dales tiempo. Si te aman, lo van a aceptar. — Expresó su opinión.

— Gracias. — Agradeció ella.

Ava se quedó en lo de Sara hasta que Ashley le mandó un mensaje y la fue a buscar. Cuando llegaron a su casa Ashley la llevó a su habitación y le contó que ella también había decidido hablar con sus padres sobre su sexualidad, y les dijo que ella era bisexual. Le agradeció por haberla inspirado, le dijo que ellas siempre iban a ser hermanas y nunca iban a estar solas. Eso le devolvió un poco de paz. Ella amaba a su hermana y estaba agradecida de lo mucho que había crecido la relación que tenían.

Antes de quedarse dormida, recordó algo sumamente importante. Sara cumplía años el día de Navidad. Pensó en cómo iba a ser probablemente su cumpleaños para ella. Pensó en Dinah y Malcolm, y no pudo imaginar nada bueno. Tenía que hacer algo para hacerle pasar un buen día. Agarró su celular y armó un grupo de whatsapp con sus amigos.

Cumpleaños de Sara

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Ava:

Sabían que el 25 es el cumple de Sara?

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Jax:

Si

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Ava:

Tendríamos que planear un festejo.

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Zari:

No creo que a Sara le guste festejar su cumpleaños.

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Amaya:

Más razones para festejarlo, hay que hacerle pasar un buen momento

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Charlie:

Si, además si su navidad va a ser como su acción de gracias…

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Ava:

Qué pasó?

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Zari:

Nada

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Mick:

Trabajó

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Amaya:

Y después estuvo sola. Dinah y Malcolm de fiesta por ahí.

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Jax:

La estuve intentando de convencer de que venga a mi casa para la cena de nochebuena

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Behrad:

Yo creo que todos podemos tomarnos un rato de la tarde, por más que sea navidad, para verla

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Zari:

Nosotros obvio que tenemos más que un rato bro, no festejamos navidad.

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Nate:

Todos sabemos eso Z

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Mick:

Podríamos ir al parque de skates

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Ray:

Yo puedo llevar una torta de cumpleaños

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John:

Y si necesitamos una casa podemos venir a la mía.

Estoy a una cuadra del parque de skates.

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Ava:

Genial!

Ava se sintió contenta de que todos estuvieran dispuestos a tomarse un rato del día de Navidad para ver a Sara. Ella se lo merecía. Era una buena amiga y era su cumpleaños. Ahora le quedaba pensar un regalo. Sentía que tenía que esmerarse, después de todo Sara le había hecho el regalo perfecto para su cumpleaños y ella quería hacer lo mismo.