Me gustaría decirles que tuve una revelación profunda o divina durante mi caída, que acepte mi muerte como algo inevitable, que me reí ante la muerte, que le pedí a los dioses que salvaran mi vida, etcétera, etcétera.

Siendo sincero, no hice ninguna de esas tonterías tipo de película porque en lo único en que mi cabeza podía pensar era que iba a morir.

Mis únicos pensamientos coherentes eran: "¡Ahhhhhhhhhh!" Y "¡No me gusta este plan, Percy. No me gusta para nada!" Seguido nuevamente de: "¡Ahhhhhhh!"

El río se acercaba hacia nosotros con la velocidad de un camión, ¿O eramos nosotros quienes se acercaban a la velocidad de un camión? Bueno, lo importante es que estábamos a pocos segundos de impactar con el agua. El viento me arrancaba el aliento de mis pulmones, haciéndome difícil respirar. Torres, rascacielos y puentes caían dentro y fuera de mi visión.

Y luego solo hubo un: ¡Zaaaaa-buuumm!

Un fundido negro de un centenar de burbujas. Me hundí en el lodo, seguro de que acabaría atrapado bajo treinta metros de barro y me perdería para siempre.

Pero mi choque contra el agua no dolió para mí sorpresa. Ahora caía lentamente, las burbujas se filtraban a través de mis dedos haciéndome cosquillas. Terminé asentado en el fondo del río. Un pez gato del tamaño de mi Gabe se alejo en la penumbra. Nubes de polvo y basura repugnante botellas de cerveza, zapatos viejos, bolsas de plástico se arremolinaron a mí alrededor.

En ese punto, me di cuenta de algunas cosas: primero, no había sido aplastado al impactar con el río. Segundo, no me habían hecho semidios a la parrilla. Y tercero ... Aún sentía el veneno de la Quimera en mis venas y me estaba muriendo. Por lo tanto, era malo.

Pero bueno, tampoco es como si mi vida valiera la pena. En las otras ocasiones solo tuve suerte con los monstruos, pero ni Percy ni yo tuvimos oportunidad alguna contra Quimera y Echidna. Probablemente aquella pobre gente en el arco ya era sólo ceniza. No había podido protegerlos, no era ningún héroe o algo así.

Por lo menos, todo acabará ahora.

Oh, y otra cosa que casi olvido. Me estaba ahogando. Lo se, es impresionante que se me haya olvidado ese detalle, pero culpo a mi Déficit de Atención. Pero bueno, mientras que el destino decidía si matarme envenenado o ahogado, y la visión del atardecer que se reflejaba por la superficie del lago de mis ojos se nublaba escuche la voz de una mujer, que sonaba demasiado familiar, pero no pude ubicar de donde.

- Aún no es tu hora. - Y mi vista se oscureció.

Cuando volví abrir los ojos me sentía, ¿Normal? No sentía el veneno quemando mis venas ni tampoco tenia problemas para respirar. Y ahora no estaba solo ...

Frente a mí había una mujer, de piel extremadamente pálida que la hacía parecer un faro en medio del agua. Tenia el pelo largo y liso, ojos azules como el cielo pero los más destacable de ella era los cuernos dorados de ciervo que salían de su cabeza.

- La bendición del rey de los mares siempre estarán con los tuyos. - Dijo la mujer confundiendome aún más. Ahora que me percataba, ella no hablaba Inglés, griego, latín o siquiera español, pero aún así podía entender el idioma que hablaba. - Estas confundido, pero esto es solo parte de tu destino, gran héroe. Cuando encarnes la regresión del pecado original, todo será más claro. -

- ¿Regresión? ¿Pecado original? ¿De qué hablas? - Dije, pero al instante me sorprendí que pueda hablar bajo el agua. Pero recordé que ella había dicho que la bendición del rey de los mares estaba conmigo, ¿Poseidón? ¿Neptuno? ¿Aquaman? ¡¿Chico percebe?!

- La rebelión. - Dijo ella con seriedad. - Cuando causes la rebelión contra el inframundo, el mar y los cielos conocerás tu pasado. -

- ¿Que ... ? - Mi pasado ... Mi padre, sabe que sucedió, sabe todo. - ¡Espera, quiero saberlo ahora! -

- Debo irme ... - Parlo ella en cambio y empezó a desvanecerse.

- ¡No! - Antes de poder seguir, sentí que alguien me tomó del brazo y me sacó hacia la superficie.

Pero pude escuchar un leve susurro antes de salir del agua: - Esperamos que el pequeño Imoogi se vuelva un gran dragón. -

- ¡Ah! - Jadee al obtener el aire fresco y no artificial de la bendición aquella. Volteé a mi alrededor y descubrí que Percy me había sacado, tenia su espada en mano la cual volvió hacer bolígrafo y la metió en bolsillo.

El me miró y me sonrió ampliamente. - ¡Gracias a los cielos que estas bien! - Y me abrazo. Aún estaba un poco aturdido por lo que acaba de pasar, pero le devolví el abrazó lentamente.

- ¿Que pasó ... ? -

- Poseidon, mi padre ... - Dijo Aquaboy antes de mirar el agua fangosa. - Gracias. -

Tenia sentido que fuese su padre quién nos haya ayudado, pero recordé a esa mujer con cuernos ... Sentí que ella tenía relación con el, sino con alguien diferente.

- Bueno, salgamos de aquí. Estoy mojado y sucio. - Dije para no pensar mucho en lo que acaba de ocurrir. Nos pusimos manos a la obra y nadamos hasta la orilla.

Salimos del agua al lado de un Mcdonald flotante. Además, me di cuenta que Percy no estaba mojado, vaya, que lujo es ser un hijo de Poseidón.

A una calle, cada uno de los vehículos de emergencia en toda San Louis estaban rodeando el Arco. Helicópteros de la policía sobrevolaban en círculos la zona. La multitud de espectadores me recordó a Times Square en la víspera de Año Nuevo.

Escuche a una niña pequeña decir; - ¡Mama! Dos chicos han salió del agua. -

- Que bien, cariño. - dijo su madre en respuesta mientras estiraba su cuello para ver las ambulancias más de cerca.

- ¡Pero uno de ellos está seco! -

- Que bien, cariño. -

Una reportera hablaba para la cámara; - Probablemente no es un ataque terrorista, nos dijeron hace unos momentos, pero aun es muy pronto para sacar conclusiones apresuradas. El daño, como pueden observar, es muy serio. Estamos tratando de llegar a alguno de los supervivientes, para cuestionarlos acerca de los reportes de testigos oculares que vieron a unas personas caer del Arco. -

Supervivientes ... Sentí como si un gran peso se fuera de mis hombros y el alivio lleno mi ser. Quizá el guardia turístico y esa familia lograron salvarse. Tambien esperaba que Annabeth y Grover estuvieran bien, en donde sea que estén. Percy y yo intentamos pasar a empujones entre la multitud para ver que estaba sucediendo en la línea policiaca.

- ... Dos adolescentes. - Decía otro reportero. - El canal cinco sabe que las cámaras de vigilancia muestran a dos jóvenes enloquecer en el piso de observación, de algún modo provocando esta extraña explosión. Difícil de creer, John, pero es lo que hemos escuchado. De nuevo, no hay muertes confirmadas ... -

- Oh, no ... - Murmuré, esto era malo en verdad.

Aquaboy y yo retrocedimos, tratando de mantener un perfil bajo. Teníamos que apartarnos de la zona policial. Los oficiales uniformados y reporteros estaban por todos lados.

Casi pierdo la esperanza de encontrar a Annabeth y Grover hasta que una voz familiar llamó a unos pocos metros; - ¡Perrrcy! ¡Diiiio! -

Nos volteamos y fuimos abordados por el abrazo de oso o más bien de cabra de Grover. - Pensamos que habían ido al Hades, de la manera
difícil. -

Annabeth estaba detrás de él, tratando de parecer enfadada, pero parecía que también estaba aliviada de vernos. - ¡No podemos dejarlos solo ni por cinco minutos! ¿Qué pasó haya arriba? -

- ¿Nos caímos? - Respondió Aquaboy con dudas.

- ¡Percy! ¿Desde ciento noventa y dos metros? -

- ¿Había una cáscara de banana en medio? - Comenté yo esta vez, a la hija de Atenea no le hizo gracia y me fulminó con la mirada.

Tras nosotros, un policía gritó; - ¡Abran paso! -

La multitud se hizo a un lado, y un par de paramédicos pasaron, llevando a una mujer en una camilla. La reconocí de inmediato como la madre del niño pequeño que estaba en el piso de observación en el capítulo anterior. Ella decía; - Y luego ese enorme perro, ese gran chihuahua que escupía fuego ... -

- Está bien, señora. - Dijo el paramédico sin tomar en cuenta lo que ella estaba diciendo. - Sólo cálmese. Su familia está bien. El medicamento esta haciendo efecto. -

No pude evitar sentir alivio por saber de que todos estén bien.

- ¡No estoy loca! Esos dos chicos saltaron por el agujero y luego el monstruo desapareció. - Luego ella miró hacia nuestra dirección. - ¡Allí están! ¡Son ellos! -

Me giré rápidamente, y tire de Annabeth y Grover mientras Percy nos seguía de cerca para luego desaparecer entre la multitud.

- ¿Qué está pasando? - Exigió Annabeth con voz autoritaria. - ¿Acaso hablaba del chihuahua del elevador? -

Percy les contó toda la historia acerca de Quimera, de Equidna, de nuestro salto de fe, y el aparente mensaje bajo el agua una ninfa enviada por su padre. Por un momento, dudé si contarles que también una ninfa me había hablado y ayudado, pero ella se veía diferentes a las que había visto antes en el campamento. A la final lo guardé para mí mismo, no parecía importante ... Excepto por la parte de mi pasado que debo averiguar, pero será en otro momento, lo ideal a hora es escapar.

- Whoa. - Dijo Grover luego de procesarlo todo. - ¡Tenemos que llevarte a Santa Mónica! No puedes ignorar los pedidos de tu papá. -

Antes de que Annabeth pudiera opinar al respecto, pasamos a otro reportero haciendo un anuncio de noticias, y casi me quedo congelado al escuchar lo que decía. - Percy Jackson y Diomedes Wilson. Así es, Dan. El Canal Doce tiene información de que los chicos que pudieron haber causado la explosión coincide con la descripción de unos jóvenes buscados por las autoridades por un serio accidente de autobús en Nueva Jersey hace unos días. Y se cree que ambos chicos viajan hacia el oeste. Para nuestros televidentes, aquí está la foto de Percy Jackson y Diomedes Wilson. -

¿En serio? ... ¡¿Es en serio?! ¡Ahora somos fugitivos de la nación! Espero que Sally no se entere donde quiera que este, o estaremos muertos.

Nos escabullimos detrás de una camioneta de los noticieros y nos dirigimos a un callejón.

- Lo principal sería dejar esta ciudad, ¡Ahora! - Dijo Percy.

- Estoy de acuerdo. - Dije yo haciendo una mueca.

De algún modo, logramos llegar de regreso a la estación de Amtrak sin ser detenidos. Abordamos el tren justo antes de que se fuera a Denver. El tren avanzaba hacia el oeste conforme caía la oscuridad, las luces de la policía todavía brillaban en el horizonte de San Louis tras nosotros.

La mañana siguiente, 14 de Junio, siete días antes del solsticio, nuestro tren llego a Denver. No habíamos comido desde esa noche en el vagón del restaurante, en algún lugar de Kansas y no habíamos tomado una ducha desde que salimos del Campamento Mestizo pero estoy seguro que eso era obvio.

Odio ser un semidiós.

- Tenemos que intentar comunicarnos con Quirón. - Dijo Annabeth con seriedad. - Quiero decirle sobre tu charla con el espíritu del río. -

- ¿No podemos usar teléfonos, verdad? - Cuestionó Percy, y ahora que lo recordaba, los semidioses no podemos usar celulares o sino atraemos monstruos. Y no necesitamos más monstruos ahora.

- No estoy hablando de teléfonos. - Le dijo ella con una sonrisa de complicidad, pero ni Aquaboy ni yo entendimos a lo que se refería.

Vagamos por el centro por aproximadamente media hora, aunque no estaba seguro de lo que estaba buscando Annabeth. El aire era caliente y seco, lo que se sintió raro después de la humedad de San Louis. En todas partes donde pasamos, las rocosas montañas parecían estar mirándome, como una ola a punto de estrellarse contra la ciudad. Era realmente incómodo.

Finalmente encontramos un auto lavado con mangueras vacío. Giramos hacia el puesto más alejado de la calle, manteniendo los ojos abiertos en busca de patrullas. Éramos cuatro adolescentes en un puesto para lavar autos sin un auto, cualquier policía digno de su donut sabría que no teníamos nada bueno que hacer y más tomando en cuenta que tanto Percy como yo eramos fugitivos buscados por la policía.

- ¿Que hacemos aquí exactamente? - Pregunté yo confundido por lo que estabamos haciendo mientras que Grover tomaba una pistola rociadora.

- Son setenta y cinco centavos. Murmuró el chico cabra con el ceño fruncido. - Solo me quedan dos cuartos de dólar, ¿Annabeth? -

- Lo siento, el vagón del restaurante me dejo sin nada. - Ella me miró. - ¿Te queda algo? -

- A mí ni me mires, todo el dinero que pude tener se perdió cuando caía al río. - Refunfuñando respondí.

- Creo que tengo algo. - Murmuró Percy revisando sus bolsillos. A la final, Aquaboy sacó lo que le quedaba de cambio y se lo pasó a Grover.

- Excelente. - Dijo Grover con una sonrisa. - Podríamos hacerlo con una botella de spray, por supuesto que es válido, pero la conexión no es buena, y mis brazos se cansan de tanto bombear. -

Alce una ceja confundido. - ¿De que estas hablando? -

Metió las monedas y puso el selector en la posición "LLUVIA FINA".

- Mensajería I. - Dijo Grover.

- ¿Mensajería instantánea? - Preguntó Percy confundido, yo pensé lo mismo hasta que la hija de Atenea hablará.

- Mensajería Iris. - Le corrigió Annabeth. - La diosa del arcoíris, Iris lleva los mensajes a los dioses. Si sabes como preguntar, y ella no esta demasiado ocupada, ella hará lo mismo para los mestizos. -

- ¿Me estas diciendo que invocamos el poder de una diosa con una manguera? - Eso ha sido una de las cosas más ridículas que haya escuchado en todo esta misión suicida.

Grover señalo la boquilla en el aire y el agua salió en una gruesa niebla blanca. - A menos que tengas una mejor idea para hacer un arco iris. - Y vaya que sí, la luz de la tarde se filtró entre el agua y se descompuso en colores.

Annabeth tendió su mano frente a Percy. - un dracma, por favor. - Y el se lo dio. Entonces ella levanto la moneda por encima de su cabeza. - Oh, diosa, acepta nuestra ofrenda. - Ella tiro el dracma hacia el arco iris, el cual desapareció en una luz dorada. - Campamento Mestiza. - Solicitó Annabeth y por un momento, no paso nada.

Después tuve ante mí la niebla sobre los campos de fresas, y el canal de Long Island Sound en la distancia. Era como si estuviéramos en el porche de la Casa Grande. De pie, dándonos la espalda, había un chico de pelo rubio apoyado en la barandilla, vestido con pantalones cortos y camiseta naranja. Tenía una espada de bronce en la mano y parecía estar mirando fijamente algo en el prado.

- ¡Luke! - Lo llamé.

Se giró, con los ojos bien abiertos por la sorpresa. Podría jurar que estaba parado a tan solo a un metro de distancia delante de mí, excepto que solo podía ver una parte de él que apareció en el arco iris.

- ¡Dio! ¡Percy! - La cara de susto fue remplazada por una gran sonrisa al reconocernos. - ¿Esa es Annabeth?¡Gracias a los benevolentes dioses! ¿Están todos bien por ahí? -

- Estamos... bien. - Annabeth tartamudeo. Parecía como loca mientras arreglaba su camisa sucia, y tratando de peinar el pelo fuera de su cara. - Nosotros pensamos ... Quirón ... Quiero decir ... -

- Está abajo en las cabañas. - La sonrisa de Luke desapareció y fue reemplazada por un ceño fruncido. - Estamos teniendo unos cuantos problemas con los campistas. Mira, ¿Está todo bien por allá? ¿Grover esta bien? -

- Estoy aquí. - Respondió Grover. Mantuvo la boquilla hacia un lado y se paró en donde Luke pudiera verlo. - ¿Que tipo de problemas? -

En ese momento un gran Lincoln Continental se detuvo en el lavado de autos con el estéreo a todo volumen y con música de hip-hop. El coche se deslizo en el puesto de al lado, el bajo de los altavoces vibraba tanto, que sacudió el pavimento.

- Quirón tuvo que ... ¿Que es ese sonido? - Tuvo que gritar Luke por encima del escándalo del auto a nuestro lado.

- Yo me encargo de eso. - Exclamó Annabeth en respuesta, viéndose muy aliviada de tener una excusa para poder salir del camino. - ¡Grover, camina! -

- ¿Que? - Grover dijo anonadado. - Pero .. -

- ¡Dale la manguera a Dio y camina! - Le ordenó ella en cambio.

Ecuche a Grover murmurar algo sobre como; "Las chicas son mucho más difíciles de entender que el Oráculo de Delfos." Para luego entregarme la manguera y seguir a Annabeth hacia el Lincoln Continental.

Reajusté la pistola para poder mantener el arco iris y ver a Luke al mismo tiempo.

- Quirón tuvo que detener una pelea. - Luke gritó por encima de la música. - Las cosas están muy tensas aquí, chicos. Se corrió el rumor sobre el enfrentamiento de Zeus y Poseidón. Todavía no estamos seguros como, pero es posible que haya sido el mismo desgraciado que convoco al perro del infierno en el bosque. Ahora los campistas están tomando bandos. Es como la guerra de Troya otra vez. Afrodita, Ares, y Apolo están de parte de Poseidón, bueno, más o menos. Y Atenea está de parte de Zeus. -

Desde la otra cabina de lavado, pude escuchar a Annabeth y a un tipo discutiendo, luego la música disminuyó drásticamente.

- ¿Y cual es su situación ahora? - Le pregunto Luke. - Quirón se sentirá mal por no haber podido hablar ustedes. -

Percy le contó básicamente todo, incluyendo sus extraños sueños. Parecía muy feliz de verlo, y aunque debo de admitir que la presencia de Luke en cierta medida es reconfortante, no pude evitar sentir que algo estaba mal. No me había dado cuenta de cuánto habían hablado hasta que el zumbido del rociador de agua se fue, donde advertí cuenta que solo tenían un minuto antes de que se acabara el agua.

- Desearía poder estar ahí. - Dijo Luke luciendo un rostro afligido. - Lamento decir que no somos de gran ayuda desde aquí ... Pero escucha tuvo que haber sido Hades quien tomo el rayo de Zeus. El se encontraba allí, en el Olimpo para el solsticio de invierno. Yo estaba de acompañante en una excursión, nosotros lo vimos. -

- Pero Quirón dijo que los dioses no podían tomar los objetos mágicos de los demás directamente. - Dije yo, recordando lo que había dicho el centauro.

- Es cierto. - Dijo Luke, parecía abrumado. - Pero aun así ... Hades tiene el yelmo de la oscuridad. ¿De que otra manera hubiese podido entrar otra persona en la sala del trono y poder robar el rayo? Tendrías que ser invisible. -

Los tres nos quedamos en silencio por un momento, y Luke pareció percatarse de la gravedad de lo que había dicho.

- Pero espera un momento. - Dijo el en tono de protesta. - No quise decir que haya podido ser Annabeth. Nos conocemos desde siempre. Ella nunca ... Es decir, ella es como una hermana menor para mí. -

Me pregunto si a Annabeth le hubiese gustado ese tipo de descripción por parte de Luke. En la cabina a nuestro lado, la música paró completamente. Escuche el gritó de horror de un hombre, se oyeron cerrarse las puertas del coche y el Lincoln salió del lavacoches a toda velocidad.

- Deberían ir a ver que fue eso. - Nos dijo Luke antes de parecer recordar algo. - Por cierto, Percy, ¿Estas usando los zapatos voladores? Me sentiría mejor si supiera que te han servido de algo. -

- ¡Oh, si claro! - Mintió Aquaboy pero de una manera horrible. - Si, han sido muy útiles. -

- ¿De verdad? - Luke dijo con una gran sonrisa un tanto extraña. - ¿Te sirven? -

La manguera de agua se cerró, y la lluvia fina empezó a evaporarse.

- Se acabo el tiempo ... - Dije haciendo una mueca.

- Bueno, tengan cuidado allá en Denver. - Gritó Luke mientras su voz se desvanecía junto a la niebla. - ¡Y dile a Grover que será mejor esta vez! Nadie será convertido en un pino ... -

Pero la niebla desapareció por completo, y la imagen de Luke con ella. Nos quedamos solos en un puesto para lavar autos.

Annabeth y Grover venían por la esquina, riendo, pero pararon al ver las expresiones de nuestros rostros. La sonrisa de Annabeth desapareció y pregunto, - ¿Que paso, Chicos? ¿Que ha dicho Luke? -

- No mucho. - Mintió Aquaboy. - Vamos, encontremos la cena. - Y ahora que me percataba, tenia el estómago tan vacío como la cabaña de Zeus.

Unos minutos después, estábamos sentados en un puesto de comida. A nuestro alrededor se encontraban familias comiendo hamburguesas y bebiendo malteadas o soda. Finalmente una camarera se acerco a nosotros.

Ella levantó una ceja con escepticismo. - ¿Y entonces? -

- Bueno, nosotros estamos aquí para ordenar la cena. - Dije en un tono algo inseguro.

- ¿Y ustedes tienen con que pagar, niños? -

El labio inferior de Grover tembló. Tenía miedo de que empezará a balar, o peor, que empezará a comerse el linóleo. Annabeth, por otra parte, estaba lista para desmayarse del hambre. Percy pareció que estaba intentando de inventar una historia triste para la camarera cuando un estruendo sacudió todo el edificio, una motocicleta del tamaño de un elefante bebé se parqueo en la acera.

Todas las conversaciones en el local pararon. El faro de la motocicleta era rojo sangre. El tanque de gas tenia llamas pintadas, y unos compartimientos para escopetas, con las escopetas incluidas. El asiento era de cuero, pero el cuero parecía ... bueno, piel humana verdadera.

La apariencia del hombre de la moto hubiese hecho un gran trabajo para hacer que un luchador profesional huyera atemorizado a por su mami. Estaba vestido con una camisa de tirantes roja, pantalones negros y una chaqueta de cuero negro, con un cuchillo de caza atado a su muslo. Tras sus gafas rojas tenía la cara más cruel y brutal que haya visto en mi vida. Buen mozo quizás, pero de aspecto implacable; el pelo, cortísimo y negro brillante, y las mejillas surcadas de cicatrices sin duda fruto de muchas, pero muchas peleas. Lo raro era que su cara me sonaba.

Al entrar en el restaurante produjo una corriente de aire cálido y seco. Los comensales se levantaron como hipnotizados, pero el motorista hizo un gesto con la mano y todos volvieron a sentarse. Regresaron a sus conversaciones. La camarera parpadeó, como si alguien acabara de apretarle el botón de rebobinado.

La camarera parpadeó y volvió a preguntar. - ¿Tienen dinero para pagar, niños? -

- Ponlo en mi cuenta. - Respondió el motorista. Se metió en el reservado, que era demasiado pequeño para él, y acorraló a Annabeth y a Grover contra la ventana. Luego levantó la vista hacia la camarera, la miró a los ojos y dijo; - ¿Aún sigues aquí? -

La muchacha se puso rígida, se volvió como una autómata y regresó a la cocina.

El motorista se quedó mirando a Percy ahora. Y aunque lo miraba a el, malos sentimientos empezaron a hervir dentro de mí. Ira, resentimiento, amargura. Pero en el momento en que los sentí, se produjo un tirón desde la boca de mi estómago, y aquellas emociones negativas se calmaron, pero aún seguían ahí. ¿Quien era este sujeto?

Me dijo con una sonrisa torcida. - Entonces tu eres el muchacho del viejo barba de percebes, ¿Eh? -

- ¿Y a ti que te importa? - Gruñó Percy con los ojos rojos.

- Percy. - Dije firme. Aquaboy frunció el ceño pero bajo la mirada, entonces miré al motorista. - ¿Quien eres? -

- Y tú el mocoso de la tía Hestia. Que molesto. - Resopló el hombre con irritación. - Ella siempre corta mi diversión. -

- No has respondido, ¿Quien se supone que eres? -

Annabeth me lanzo una mirada preocupada. - Dio, él es ... -

El motociclista levantó la mano. - Esta bien, no hay problema - Dijo con una sonrisa burlona. - No me molesta un poco de actitud. Siempre y cuando te acuerdes de quién es el jefe. ¿Sabes quién soy yo, primitos? -

Entonces caí en la cuenta. Tenía la misma sonrisa malvada de algunos de los campistas del Campamento Mestizo, los de la cabaña 5.

- Eres el padre de Clarisse. - Respondí con el ceño fruncido. - Ares, el dios de la guerra. -

Ares sonrió y se quitó las gafas. Donde tendrían que estar los ojos, había sólo fuego, cuencas vacías en las que refulgían explosiones nucleares en miniatura.

- Así es, mocoso. - Dijo antes de mirar a Percy. - Escuché que le rompiste la lanza a Clarisse. -

- Ella se lo buscó. - Respondió Aquaboy en un tono mordaz. Le di un leve golpe con mi codo a su costado, el gruñó en respuesta pero se calmó.

- Probablemente. - Dijo Ares encogiéndose de hombros, sin darle mucha importancia al asunto. - No intervengo en las batallas de mis hijos, ¿Sabes? He venido para ... He oído que estaban en la ciudad y tengo una proposición que hacerte. -

La camarera regresó con bandejas repletas de comida: hamburguesas con queso, patatas fritas, aros de cebolla y batidos de chocolate.

Ares le dio unos cuantos dracmas de oro. Ella miró nerviosamente las monedas en su mano. - Pero estas no son ... -

Ares sacó su enorme cuchillo y empezó a limpiarse las uñas con él. - ¿Algún problema, corazón? - La camarera se tragó sus palabras y se marchó sin rechistar.

- Eso fue terrible. - Le dije a Ares molesto. - No puedes ir por ahí amenazando a la gente con un cuchillo. -

Ares soltó una carcajada y luego dijo: - ¿Estás de broma? Oh, cierto, eres el hijo de la siempre pacífica Hestia, blah, blah, blah. Pero ella no siempre fue una diosa tan recatada. -

Frunci el ceño, ¿De qué estaba hablando?

El dios sonrio con burla. - Adoro este país. Es el mejor lugar del mundo desde Esparta. ¿Tú no vas armado, imbecil? Pues deberías. Ahí fuera hay un mundo muy peligroso. Y eso nos lleva a mi proposición. Necesito que me hagan un favor. -

- ¿Que clase de favor podría hacerle yo a un dios? - Cuestionó con sarcasmo Percy a mi lado, fulminando a Ares con la mirada.

- Algo que un dios no tiene tiempo de hacer. No es demasiado. Me dejé mi escudo en un parque acuático abandonado aquí en la ciudad. Tenía cita con mi novia pero nos interrumpieron. En la confusión me dejé el escudo. Así que quiero que vayan por él. -

- ¿Eso es todo? - Pregunté alzando una ceja, parecía demasiado ... Simple.

- ¿Por qué no vas tú? - Dijo Percy con exasperación.

El fuego en las cuencas de sus ojos brilló con mayor intensidad. - También podrías preguntarme por qué no te convierto en una ardilla y te atropello con la Harley. La respuesta sería la misma: porque de momento no me apetece. Un dios te está dando la oportunidad de demostrar qué sabes hacer, Percy Jackson. ¿Vas a quedar como una cobarde? - Se inclinó hacia el. - O a lo mejor es que sólo peleas bajo el agua, para que papaíto te proteja. -

Percy quería saltarle encima y atacarlo, el poder de Ares lo incitaba hacerlo y este último deseaba que lo atacará. Pero milagrosamente podía mantener a Aquaboy calmado, le puse una mano en el hombro a Percy y se relajó notablemente. Volteé a mirar a Ares con el ceño fruncido.

- No estamos interesados. - Le dije. - Ya tenemos una misión. -

Los fieros ojos de Ares me hicieron ver cosas que no quería ver: sangre, humo y cadáveres en la batalla, fue por solo un momento pero pudo volver loco a cualquiera. - Lo sé todo sobre tu misión, imbecil. Cuando ese objeto mortífero fue robado, Zeus envió a los mejores a buscarlo: Apolo, Atenea, Artemisa y yo, naturalmente. Ahora bien, si yo no percibí ni la esencia de un arma tan poderosa … - Se relamió los labios, como si el pensamiento del rayo maestro de Zeus le diera hambre. - Pues entonces tú no tienen ninguna posibilidad de encontrarlo. Aun así, estoy intentando concederte el beneficio de la duda. Pero el viejo barba de percebe, tu madre y yo nos conocemos desde hace tiempo. Después de todo, Hestia es la que evita que todo el consejo colapse por alguna disputa familiar, además, yo soy el que le transmitió a Poseidón las sospechas acerca del viejo Aliento de Muerto. -

- ¿Tu le dijiste que Hades robó el rayo? -

- Por supuesto. Inculpar a alguien para empezar una guerra es el truco más viejo del libro. En cierto modo, tienen que agradecerme por su pequeña misión. -

- Gracias. - Murmuré rodando los ojos y con obvio sarcasmo. Ares se rio de mi reacción.

- Oye, soy un hombre generoso. Solo hazme este trabajo, y yo te ayudaré en tu camino. Organizaré un viaje al oeste para ti y tus amigos. -

- Estamos bien nosotros solos. - Dijo Percy con frialdad.

- Si, como no. No tienen dinero. No tienen coche. No tienen idea de a lo que se enfrentan. Ayúdame y quizás te diga algo que necesitas saber. ¿Algo sobre tu madre? -

- ¿Mamá? - Dijimos Aquaboy y yo al unísono, cualquier cosa referente a Sally despertará esa reacción en nosotros.

Ares sonrió. - Veo que eso atrajo su atención. El parque acuático esta a un kilómetro y medio al oeste de Delancy. No pueden perderte. Busca el túnel del amor. -

- ¿Que interrumpió tu cita? - Pregunte con curiosidad, quizás saber esa información nos ayude de antemano.

- ¿Algo te asusto? - Dijo Percy con burla notable en su voz.

Ares mostró sus dientes, pero había visto su mirada amenazadora antes, específicamente en Clarisse. Había algo falso sobre eso, era como si estuviera nervioso.

- Considérate con suerte por haberme conocido, mocosos, y no a algunos de los otros Olímpicos. Ellos no perdonan las groserías así como yo. Nos encontraremos aquí cuando terminen. Pero no me decepcionen. -

Después de eso me tuve que haber desmayado, o caído en un trance, porque cuando abrí los ojos Ares ya se había ido. Pude haber pensado que la conversación fue un mero sueño, pero las expresiones de Annabeth y Grover me demostraron lo contrario.

- Esto no es bueno. - Dijo Grover nervioso. - Ares los estaba buscando, Percy, Dio. Esto no es para nada algo bueno. -

Mire por la ventana, la motocicleta había desaparecido. ¿Sabría Ares de verdad algo sobre Sally, o sólo estaba jugando con nosotros? En cuanto se fue, las emociones negativas se habían desvanecido por completo. Supuse que a Ares le encantaba retorcer las emociones de la gente. Ése era su poder: confundir las emociones al extremo de que te nublaran la capacidad de pensar.

- Probablemente es algún tipo de truco. - Empezó a decir Percy con una mueca en su rostro. - Olvidemos a Ares. Solo vámonos. -

- No podemos. - Dijo Annabeth. - Mira, odio a Ares como todo el mundo, pero no podemos ignorar a un dios al menos que quieras una muy mala fortuna. No estaba jugando cuando dijo que te convertiría en un perro. -

Miré mi hamburguesa con queso la cual de repente no se veía tan apetitosa como antes. - ¿Porque nos necesita para algo tan sencillo?

- Quizás es un problema que requiera cerebro. - Respondió Annabeth. - Ares tiene fuerza. Eso es todo lo que tiene. Incluso la fuerza tiene que someterse a sabiduría a veces. -

- Pero, ¿Que habrá en ese parque acuático? Ares parecia casi asustado al respecto. ¿Que haría que un dios de la guerra corra así de su cita con su novia? - Se preguntó Aquaboy confundido. Annabeth, Grover y yo nos miramos con nerviosismo.

- Supongo que nuestro trabajo será descubrirlo. - Dije antes de suspirar.

...

¡Espero que les haya gustado!

Próxima actualización: Fate of Ragnarok.