Capítulo 27
Abrió los ojos sólo para darse cuenta que aún era de noche. Sintió el aliento de otra persona sobre su rostro. Alzó los ojos y se encontró con su marido. Esbozó una sonrisa, aún estaba dormido y estaba con ella, dormido y estrechándola contra sus brazos. Sus piernas se entrelazaban con las del otro.
Después de haber hecho el amor más de una ocasión esa noche, se sentía orgullosa por haber logrado seducirlo, ese momento de felicidad era de ella y de él. Se tomó la libertad de soñar con que esto hubiera sido su noche de bodas, en cambio de una noche fría y sola.
Negó con la cabeza, no, no se permitiría soñar con el pasado. Eso había quedado precisamente ahí, en el pasado y enterrado. Pero su mentira aun prevalecía. Él le prometió que después de esta noche iba a dejarla embarazada.
¿Cómo lo tomaría él, si se llegara a enterar de su gran mentira? ¿Le perdonaría, así como ella había dejado atrás lo que había pasado entre ellos dos?
"Sí, estoy segura de ello. Él me perdonara"
Se dijo así misma.
Pero para que fueran felices por completo, primero tendría que desenmascarar a Naraku, ese era el trabajo que se le había encomendado y no iba a permitir que Inuyasha estuviera cerca del peligro, si algo le pasara nunca se lo perdonaría.
Con mucho cuidado levantó el brazo que estaba recargado en su cadera, entonces él giró sobre el colchón y le dio la espalda, ese momento lo aprovecho para levantarse y buscar su ropa.
Una vez vestida, contempló la cama donde estaba él dormido. Si quería verlo alejado del peligro tanto ella como Safira e incluso Derek Westmoreland debían permanecer alejados de él, por lo menos hasta que todo esto pasara.
Antes de irse, observó que en una silla estaba su peluca, la tomó y esbozó una sonrisa, seguramente él había ido por ella cuando estaba dormida. Así que sin pensarlo se la puso y salió de ahí.
La casa estaba en penumbras, bajó con cuidado las escaleras y se encamino hacia la puerta principal. Una vez afuera, se cubrió con la capucha de su abrigo y cerró la puerta tras de ella. Afortunadamente la lluvia había cesado y con paso apresurado camino hacia la casa de la cortesana Kagura.
Una vez ahí, brinco la barda y entró por la puerta de la cocina, camino con paso lento para no despertar a nadie, pero alguien encendió una vela y la joven se sobresaltó.
— ¿Qué hora es esta de llegar, señorita?
Kagome giró sobre sus talones y ahí estaba Kiko, con una taza de té y en la otra mano una vela.
— ¿Y tú qué haces despierta a esta hora?
La cortesana arqueó una ceja y dejó la vela en la pequeña mesa que estaba en frente de ella y se acercó a su amiga.
—No podía dormir pensando que estaba quien sabe dónde – confesó al fin – En la tarde vi el carruaje de Lord Taisho, pero desapareció en medio de la…. — se detuvo antes de seguir y lo comprendió todo tras el enrojecimiento de la mirada de la chica que tenía en frente — ¿Estuviste con tu marido toda la noche?
Kagome no respondió y sólo se encogió de hombros.
— ¿Por qué regresaste? En lugar de quedarte toda la noche en su cama – le recriminó la joven de cabello negro.
Kagome suspiró y tomó asiento en una de las sillas que había ahí. Se pasó las manos por el cabello un par de veces y luego se masajeó las sienes.
—No puedo dejar que le pase nada – confesó – No quiero que este cerca de mi mientras atrapo a Naraku. Él podría salir lastimado.
— ¿Y qué me dices de ti? Kagome, él es hombre y tú mujer. Él podría protegerte.
—No – ella negó – No lo quiero cerca de mí – golpeó la mesa con la palma de la mano —Me dolería saber si algo le llegara a pasar.
Kikyo se encogió de hombros – Si eso llegara a pasar, fue por salvarte.
Kagome se levantó de la silla, pero Kikyo siguió en su lugar.
—Si viene hoy en la mañana a buscarme, dile que estoy indispuesta o que no me encuentro en casa.
Y tras estas palabras salió de la cocina y se dirigió a su habitación.
Kikyo le dio un sobró a su taza de té y esbozó una media sonrisa – Ten por seguro que se lo diré.
Al día siguiente.
Inuyasha abrió los ojos y esbozó una estúpida sonrisa de enamorado cuando en toda su vida nunca había sonreído de esa manera. Pensaba en despertar a su esposa con un dulce beso y porque no, con hacerle el amor esa mañana. Pero cuando giró para encontrarse con ella frunció el cejo, no estaba en la cama. Se recargó en la cama y por instinto buscó la ropa de su esposa, pero no había señal de ella incluso de la peluca.
Se levantó y se puso una bata, seguramente se había levantado y se encontraba desayunando en el comedor. Bajó las escaleras y fue hasta el comedor, estaba vació y no había rastros que alguien estuviese ahí. En la biblioteca, en la sala de estar, en el jardín. Ella no se encontraba por ninguna parte.
Hasta que se encontró con su mayordomo.
—Myoga.
El mayordomo se detuvo ante la llamada de su amo y le hizo una reverencia.
— ¿Desea el señor que sirvamos el desayuno?
—No – negó él — ¿Ha visto a mi esposa?
El anciano mayordomo arqueó las cejas y negó con la cabeza.
—No señor. No la hemos visto.
—Gracias – respondió furioso – Puedes retirarte.
Fue hasta las escaleras, pero antes de subir el anciano lo detuvo.
— ¿Desea entonces que sirvamos el desayuno?
Inuyasha giró sobre sus talones, estaba furioso y se podía notar con facilidad, sus ojos ardían de furia mal intencionada.
— ¡No!
Y dicho esto subió escaleras arriba, abrió la puerta y la cerró de un azote.
Comenzó a buscar la ropa que usaría ese día. Iría hasta la casa de esas cortesanas y traería a su esposa de regreso a casa.
¿Quién se creía para abandonarlo de esa manera?
Sin una nota ni nada.
Simplemente se había esfumado, como si se hubiera evaporado.
¿Y lo de anoche que había sido?
¿Acaso sólo lo había seducido y utilizado para tener a un hombre entre sus….
De pronto comenzaba a sentir esa desesperación, si ella había salido a mitad de la noche, dispuesta a ir a la casa de las cortesanas, en el camino tal vez se encontró con alguien que desearla hacerle daño.
No, ella seguramente estaba ahí con esas mujeres que consideraba sus amigas. Así que, iría por ella y si se negaba a venir con él, la obligaría.
Su carruaje se detuvo justo en la entrada. Llamó desesperado a la puerta y con la primera mujer que se encontró fue con Kikyo.
—L—l—lord Taisho – esbozó una sonrisa nerviosa – ¿Qué le trae por aquí? – preguntó con voz serena.
Estaba tan nerviosa que ni siquiera se había hecho a un lado para dejarlo entrar a la casa.
Él frunció el cejo – Quiero ver a mi esposa. Sé que está aquí así que no intente negarlo.
—Ella…— hizo una leve pausa. Ella se encontraba arriba, dormida aun – Se encuentra indispuesta.
—Bien – asintió y apartó a la joven de un delicado empujón y entró a la casa.
Kikyo lo miró indignada.
—¿Dónde está la habitación de mi mujer? – preguntó, girando sobre sus talones y encontrándose con los ojos negros de la joven.
—Ya le dije que ella no se encuentra en casa – comentó la joven, jugando con el delantal de que tenía atado en la cintura.
Inuyasha arqueó una ceja y estuvo a punto de reír.
—Hace un momento me acaba de decir que mi esposa se encontraba indispuesta.
—Bueno… bu – balbuceó y de pronto esto le pareció ridículo todo esto, así que se rindió – Primer puerta a la derecha.
Inuyasha asintió y le hizo una reverencia – Gracias.
El sueño era más que bello, deseaba que fuera realidad. Ahí estaba ella, sentada sobre el regazo de su marido mientras contemplaban a una niña y un niño correr por el jardín. Él siguiéndola a ella y después llegando hacia sus padres para abrazarlos.
Pero en sueños comenzó a sentir esas cálidas manos que recorrían sus piernas de una manera deliciosa que le arrancaban suspiros de deseo, pero esas manos se detuvieron en su entrepierna y acariciaron el valle donde se concentraba el mayor deseo.
Entonces abrió los ojos de golpe y se encontró con que estaba tenida boca arriba y ahí estaba su esposo, con sus dedos en su entrepierna y su vestido recorrido a mitad de sus muslos. El corazón de la joven le latía con fuerza, contemplaba los ojos llenos de deseo por parte de su esposo, pero era más ira que deseo.
—¿Qué haces aquí? – preguntó ella, apartando la mano de Inuyasha de ahí y recargándose en la cama.
—¿Se puede saber por qué demonios te fuiste? – Preguntó furioso – Dejándome ahí solo.
—Ahora sabes lo que se siente querido – respondió ella con una sonrisa fría – Despertarse solo y no encontrar nada más que las almohadas.
—¿Acaso lo de ayer…fue una venganza de tu parte? – Preguntó y se ponía cada vez más furioso al ver el rostro inexpresivo de su esposa.— ¿O me vas a decir que estas arrepentida?
"No" quiso decirle que no, que lo de anoche había brotado de su alma, que en verdad deseaba estar esa noche entre sus brazos, que se había entregado una vez más a él por amor.
—Tómalo como quieras– se levantó de la cama pasando a un lado de él, negándose a verlo, porque si lo hacía todas sus fuerzas se iban a reducir a la nada.
Pero Inuyasha la tomó de un brazo y la arrastró hacia él, sentándola en su regazo.
—Mírame a la cara cuando te lo pregunto – dijo, tomando su rostro con una mano.
—Inuyasha…— ella trató de apartar su rostro, cerraba los ojos, pero era imposible, su aliento la embriagaba –Inuyasha…por favor.
—No hasta que me respondas – respondió él, muy cerca de su oído – Dime que lo de anoche no fue planeado y te creeré.
Debía apartarlo de su vida por un tiempo hasta que esto pasara y si para alejarlo tenía que mentirle así lo haría o incluso hasta decirle la verdad, que nunca tuvo un hijo de él.
—La verdad es que no sentí nada – respondió con fría seriedad. Mirándolo a los ojos – Sólo te utilicé.
Entonces él la soltó y se apartó de la cama.
Kagome se levantó y con el corazón encogiéndose poco a poco decidió decirle de una vez la verdad, la utilizaría con tal de alejarlo de ella.
—Sí, te utilicé – repitió – Porque quería quedar embarazada de ti. De hecho cariño hay algo que nunca te he dicho…— hizo una pausa, no podía, veía esos ojos dorado con el cejo fruncido, se veía a simple vista que estaba controlando su respiración. "perdóname, amor, no quiero hacerte daño" se dijo así misma y se armó de valor ya había iniciado y no podía parar – La verdad querido, es que. Nunca estuve embarazada, esa historia la inventé sólo para hacerte daño – esbozó una media sonrisa – Y por lo que veo lo conseguí.
Inuyasha sintió que el piso comenzaba a moverse, se apartó de ahí hasta recargar su espalda en la puerta y con el cejo fruncido miró a la mujer que estaba sentada en la cama, mirándolo con frialdad.
—¿Por…por qué? – preguntó él.
—¿Por qué? – Ella se levantó de la cama y se puso una bata blanca para cubrirse —¿Tú porque crees, amor? No debes dejar siete años sola a una mujer de lo contrario no sabaras nunca lo que trama en contra de ti.
—No te entiendo Kagome…— él negó con la cabeza. No comprendía nada.
Kagome lo único que deseaba era correr a sus brazos y decirle que en parte era verdad y en parte mentira. Pero ya estaba decidida y no había marcha atrás.
—Inuyasha si mentí que había estado embarazada y haber perdido al niño fue sólo para vengarme de ti. Para hacerte sentir mal, para hacerte pagar cada año y día de soledad.
Inuyasha alzó la cabeza y la recorrió con la marida.
—¿Así que todo esto es por lo que te hice?
Ella se cruzó de brazos y asintió – Así es cariño. Por fin estas comprendiendo.
—Ya lo veo – él asintió y se acercó a ella, sus cuerpos estaban tan cerca, pero él en ningún momento llegó a tocarla como ella estaba deseando — ¿Y lo de anoche, qué fue para ti?
—Simplemente me demostraste que eres un hombre muy fácil – ella esbozó una sonrisa e intentó acariciar sus mejillas pero se sorprendió al ver como él se apartaba bruscamente de ella.
—Que estúpido fui – reconoció él – Intentando hacerte ver que estaba dispuesto a cambiar y tú simplemente estabas maquinando tu venganza. Mis promesas para ti eran sólo basura – la miraba con furia, tenía los dientes apretados – Muy bien señorita Higurashi, espero que se sepa victoriosa. – le hizo una reverencia – Usted ha acabado con lo que quedaba del caballero Lord Taisho – algo en él se había quebrado, ya no era el mismo hombre dulce de ayer –Gracias a usted, el canalla Lord Inalcanzable ha regresado y con más fuerza.
Giró sobre sus talones y salió de la habitación.
¿Qué había querido decir con eso de que "el Lord inalcanzable había regresado y con más fuerza"?
Quería saberlo y fue tras él. Lo detuvo en medio de la escalera y le preguntó con voz temblorosa.
— ¿Q…qué has querido decir con eso, Inuyasha?
Él volteó a verla y la miró por última vez.
—Que el lord inalcanzable regresa a su vida anterior, querida. Eso es lo que quise darle a entender.
Se llevó las manos a la boca. No, él no podía regresar retomar esa vida de libertinaje y de perversión.
—¿Y qué hay de tú promesa, de cambiar, para mí?
Se detuvo en medio del vestíbulo, todo lo que deseaba era girar sobre sus talones, tomar a esa mujer entre sus brazos y llevarla hasta la primera habitación, hacerle el amor y hacer que entrara en razón, pero su orgullo era más fuerte.
—Murió en tu habitación – le hizo una reverencia – Que tenga buen día milady.
Giró sobre sus talones y avanzó con pasos decididos hacia la puerta.
Kagome se sobresaltó al escuchar el fuerte azote, corrió hacia la sala de estar y desde la ventana contempló como él subía al carruaje y se marchaba de su vista, una lágrima resbaló por sus mejillas rosadas.
—Lo siento amor.
