Cecile

Mientras tanto, desde poco después de la una, Lily estaba encerrada en su cama de dosel del dormitorio de chicas Gryff de quinto año, intentando distraerse de las preocupaciones leyendo los apuntes de la parte de la Pareja de la Magia Roja que le había pasado Sev a través de Genevre la noche anterior, por supuesto, sin conseguirlo, pues todo lo que leía le recordaba a Sev y a Sirius. Cerca de las tres, Cecile entró en el dormitorio y se vinculó con ella.

-¿Lily? – seca - ¿Estás en tu cama?

-Sí, Cecile – respondió Lily.

-¿Y qué haces ahí encerrada, con el día precioso que hace?

-Estoy leyendo los apuntes de la Magia Roja que me pasó Genevre anoche.

-Que te pasó Sev, Lily – tajante y recriminatoria – Genevre sólo fue la mensajera, no evites el tema.

-Buf… Cecile… - suplicante – No me hagas hablar de eso, por favor…

-Pero si tú misma estás torturándote leyendo eso justo en este momento. Anda, abre el dosel y tengamos una seria charla cara a cara.

-No, Cecile, por favor… no puedo contarte todo lo que pasa…

-Lily, ya me lo huelo. No es que me lo huela, lo sé con total seguridad. Habla conmigo, porque Remus ha intentado hacerlo con Sirius, no ha soltado prenda y se ha marchado al campo de Quidditch. Y él seguro que no es tan bobo como tú, ya debe estar contándoselo todo a Sev.

Lily abrió la cortina del dosel y Cecile se sentó en la cama frente a frente con ella.

-Venga, empieza por el principio.

-Me enamoré de Sirius cuando comencé a tratar con él.

-Caíste en sus redes, como todas, como una cualquiera más.

-No fue eso, Cecile, Sirius es extraordinario, de verdad.

-Ya te digo que lo es, mucho más que tú, él no es desleal.

-Cecile, no seas dura conmigo, estoy hecha un lío.

-He de serlo, Lily – mucho más dura, casi exasperada - Has de aclararte antes del miércoles. Recuerda. Sev y tus padres. Sev y su madre. Sev y su hermano. Vas a echar todo el plan al traste.

-Tienes razón.

-Entonces espabila. No te has llevado un palo en tu vida, y por lo que veo, sólo aprendes a palos, no te valen los palos que han recibido los demás, como he sabido hacer yo aprendiendo de Sev y Remus. Eres muy boba, Lily.

-Ya te digo que lo soy, no merezco a Sev – amedrentada.

-Por supuesto que no lo mereces – vehemente y amenazante – Eso ya lo sé yo desde hace mucho, desde que comenzaste a hablarme de él y conocí cómo había sido vuestra relación. Ha pasado siete años de su vida dándote a ti y sólo a ti, todo lo que tenía, que era poco, sí, porque él sólo recibía palos. Trabajándoselo de sol a sol para conquistarte. Seis años, Lily, conformándose sólo con tu amistad, incluso renunciando a su modo de vida por no competir contigo. ¿Y tú qué has hecho por él? – burlona – ¿Enamorarte y salvarlo de ser Mortífago? – y tajante de nuevo – Pero ni siquiera lo hiciste por él, lo hiciste por ti misma, no tuviste que trabajártelo en absoluto, no pusiste nada de tu parte, no te lo trabajaste nada – y vehemente otra vez – Desde luego que no lo mereces.

-¿Por qué nunca me lo habías dicho hasta ahora, Cecile?

-Porque te estaba dando tiempo. Una puede no ser merecedora y trabajárselo por serlo, como intento hacer yo día a día y me consta estar consiguiéndolo. ¿Te fijaste siquiera en lo guapo que estaba ayer?

-Sí.

-Pero no se lo dijiste, sólo tenías ojos para Sirius.

-No fue por eso, Cecile, fue porque no me dio tiempo.

-Excusas. Tuviste tu oportunidad cuando nos montamos la comedia con Hipólita. Eres muy lenta de mente, Lily. Lo planeamos, pero no lo que íbamos a decirnos exactamente, y ya viste cómo reaccionó la cría. Al instante, tres buenos cortes, ella sí que se lo trabaja.

-Desde luego. Estaba muy apocada por cómo me había hablado, Cecile.

-No estabas apocada en absoluto, te reíste como todos los demás.

-Es cierto, tienes razón.

-No me mientas, Lily, que así no nos aclaramos.

-Es que no me das tregua para pensar y recordarlo.

-Pues has tenido tiempo de sobra desde que subiste del Comedor, lo que yo he estado haciendo mientras Remus intentaba charlar con Sirius. Trabajármelo.

-Tienes razón, Cecile.

-Y que sepas que no estoy haciéndolo por ti en absoluto, ninguno de los tres lo estamos haciendo, tampoco nos mereces a nosotros.

-No me digas eso, Cecile.

-Te lo digo, te lo digo, para que te lleves un buen palo, porque vas a quedarte sola.

-Buf…

-Incluso Sirius, que lleva menos de un mes tratando con Sev, se lo está trabajando mucho, pero mucho más que tú. Poniendo toda la carne en el asador, sin saber siquiera que le hemos salvado la vida. Él sí que sabe apreciarlo. Tú no.

-Tienes toda la razón, Cecile.

-¿Te has vinculado con Sev en el Comedor?

-Lo ha hecho él.

-¿Y qué sentías por él en ese momento?

-Que había dejado de amarlo, ya sólo lo quería como amigo.

-¡Cómo la has fastidiado, Lily! – gesticulando con las manos – Si sentías eso, ¿por qué no has bajado a almorzar más tarde o al menos has intentado hablar conmigo antes de bajar?

-Porque he estado charlando con Sirius y hemos bajado a almorzar juntos.

-¿Y de qué has hablado con Sirius?

-Me ha puesto las pilas pero bien por lo de anoche.

-Vaya… uno que sabe lo que hay que hacer, no como tú. Va a pasar de ti.

-Sí, ya me lo ha dicho, que me aclare las ideas, que seguir conmigo le parecía serle desleal a Sev.

-Porque Sirius pone por delante la amistad a las mujeres, como debe ser. Ya deberías conocerlo, has convivido cinco años con él.

-Tienes toda la razón.

-Y a pesar de lo de anoche y de eso, no has recuperado lo que sentías por Sev.

-No, Cecile.

-Lily, no te conoces a ti misma. Tu característica, la fidelidad. Eres monógama, no puedes estar con dos chicos al mismo tiempo, si te enamoras de uno, te desenamoras del otro por completo.

-Tengo muy poca experiencia, Cecile.

-Tanta o más que yo, pero eso, al menos, lo sé de mí misma. ¿Crees que yo no he estado tentada por Sev? Desde que lo conocí, pero nunca tendremos nada, por respeto a Remus.

-Pero él me animó a estar con Sirius…

-¿Fue él quien te lo sugirió?

-No, Cecile, fui yo.

-Ahí lo tienes, te pone siempre por delante de sí mismo. Pero anoche dejó de hacerlo y creo que ya no va a tener marcha atrás, ¿eh? Porque me parece que él también es monógamo y por fin ha encontrado a alguien que está a su altura. Una cría de catorce años. Él no lo está haciendo porque le pica ahí abajo, como ha estado haciendo con las chicas mayores de su casa. Mientras estuvo con ellas no dejó de quererte, sólo dejó de sentir deseo por ti durante unos días cuando encontró un amor puro e inocente, como el que tuvo por ti durante más de seis años, eso es su ideal. Sev está por encima de todo eso, sería capaz de pasar toda su vida sin hacérselo por ser fiel a un amor así. Lo conoces desde los nueve años y no lo conoces.

-Tienes toda la razón, Cecile.

-Y en el almuerzo has terminado de fastidiarla. Quiero que me muestres la conversación que habéis tenido.

-Está bien.

Lily lo hizo, Cecile esperó a que terminara.

-Todavía se ha vinculado contigo para pedirte perdón, después de lo que hiciste ayer, ya te digo que no lo mereces.

-Pero yo he sido sincera, he admitido lo mal que me comporté.

-Y lo has dejado llorando, sin intentar consolarlo siquiera, sin decirle que estás hecha un lío como le pasó a él y darle alguna esperanza. Ya te digo que se ha sentido vacío. Siete años de su vida tirados por la borda. ¿Qué sentía él por ti?

-Me sigue amando, como siempre.

-Buf… pobre… Debe estar hecho polvo, destrozado. ¿Te das cuenta, Lily? ¿Con qué talante va a afrontar ahora lo que le espera nada más volver a casa? ¿Has intentado vincularte con él de nuevo?

-No, porque poco después Deborah se ha vinculado conmigo para ponerme bien las pilas y me ha dicho que ni se me ocurriera volver a vincularme con él.

-Se ha desahogado con Deborah de inmediato, ha hecho muy bien. Otra a la que no le pica ahí abajo, que lo entiende a la perfección. Ella sí que lo quiere de verdad y lo merece, aunque no pueda tenerlo. Vive para él. Porque Sev está destinado a que mucha gente viva para él, al igual que él vive para mucha gente, para quien más lo necesita en cada momento, se pone a sí mismo el último de la cola.

-Tienes toda la razón.

-Puedes ir olvidándote de los dos durante una larga temporada, ya deben haberse compinchado para no hacerte caso ninguno de ambos. Vas a pasar el verano sola en ese aspecto. Si tanto te picaba ahí abajo, te rascas. Vas a tener tiempo de sobra de aclararte las ideas.

-Ya me lo olía, Cecile, y es lo que merezco.

-Desde luego que es lo que mereces.-No tienes idea de la grave pérdida que has sufrido por dejarte llevar por tus impulsos. Sev es excepcional, el más excepcional de todos nosotros, lo tenías para ti y no has sabido conservarlo, porque no has sabido conocerlo y darle lo que necesitaba en cada momento. Porque cuando comenzó a andar con otras chicas no supiste reconquistarlo con lo que de verdad le enganchaba de ti. Tu inocencia, tu pureza. Te volviste como todas las demás, y él puede ser una máquina sexual físicamente, pero no lo es emocionalmente. Al tiempo que es muy fuerte es muy frágil, debías ser fuerte para él y la has fastidiado muchas veces. Ha tenido que seguir cuidando de ti, en lugar de aprender a cuidar de ti misma, como está haciendo Hipólita a marchas forzadas, para no constituir una preocupación para él. Una cría de catorce años.

-Tienes toda la razón, Cecile.

-Ve olvidándote de él, porque aunque no le salga lo de Hipólita, no le va a faltar el amor, ahora que ha descubierto que hay más gente en el mundo que merece la pena aparte de ti. Tu gran golpe de suerte fue conocerlo en aquel parque de tu ciudad cuando no tenía a nadie más, tú también has tirado siete años por la borda.

-Ya te digo que sí, Cecile.

-Y mucha suerte tendrás si Sirius vuelve a querer algo contigo, porque Sev le busca pareja rápidamente, ¿eh? Con tal de que no pase solo el verano.

-Desde luego.

-Mañana mismo lo comprobarás en la fiesta, porque estoy segura de que lo ha invitado. Ya verás el caso que van a hacerte los dos. Creías que tenías dos y te has quedado sin ninguno. Te venían grandes, Lily, ambos, no estás a la altura de ninguno de ellos. Piensa lo de Potter porque vas a quedarte sola.

-Potter nunca.

-Pues es quien te tocaría. Es quien te habría tocado si no te hubieras enamorado de Sev, que te quede bien claro, porque no eres una persona que elije, sino que te dejas llevar por lo que sienten por ti y la insistencia de Potter habría acabado ganándote. Sev se habría hecho Mortífago y tú habrías muerto en la guerra al igual que Potter, dejando un hijo huérfano. Yo también soy clarividente, ya sabes, como Remus, lo hemos hablado muchas veces. Eres muy boba Lily, habrías muerto con poco más de veinte años. Así que no has sido tú quien ha salvado a Sev. Fue él quien te salvó a ti intentando darte ese beso que te hizo enamorarte de él.

-Vaya tela, Cecile, qué vértigo. Pienso que tienes razón.

-Desde luego que la tengo. Di, ¿qué sientes ahora por Sev?

-Vuelvo a amarlo con toda mi alma.

-Vaya… mira tú por dónde. En lugar de charlar conmigo antes de bajar a almorzar y no fastidiarla del todo. Ahora va a tener toda la tarde para planear estrategias con Sirius para ignorarte. Pues ahora te fastidias, y a penar y a amarlo en silencio como hizo él. No vuelvas a confundirlo, espera que sea él quien se vincule contigo, y si no lo hace, te aguantas. A esperarlo como te esperó él y a conformarte con lo que te dé como se conformaba él, a ver si así te endureces y te haces merecedora por fin. Mientras tanto, seremos Remus y yo quienes nos comuniquemos con él en el Comedor y elaboraremos un nuevo plan de emergencia con Deborah. ¿Me das permiso para escribir a tus padres y explicarles a mi manera lo que ha ocurrido?

-Lo tienes, Cecile.

-Porque Sev va a necesitar el apoyo de tus padres, va a enfadarse mucho, mucho con su madre, quizá necesite dormir en tu casa como habíamos planeado, pero ya no para estar contigo, sino con ellos.

-Claro…

-Así que voy a contárselo todo ya. El riesgo de que se vayan de la lengua con la madre de Sev a estas alturas es mínimo. Y si Sev quiere estar con tus padres y tus padres con él y no quiere verte a ti, vienes a pasar unos días en mi casa.

-Está bien, Cecile.

-Que sepas que lo hago por él y no por ti.

-Ya me ha quedado claro, Cecile.

-El resto de la estrategia lo planearé con Deborah en la cena, a no ser que Sev nos necesite a cualquiera de ambas. En ese caso, lo haré mañana en el desayuno y les escribiré para que les llegue por la noche, a tiempo todavía de que la respuesta llegue el martes. He de planearlo con Deborah porque no sé cómo tienen los Sly el calendario con Hipólita. Hemos de dejarle tiempo a Sev para que solucione primero ese problema, porque luego va a quedar destrozado y no va a poder atender a nada más que a recuperarse.

-Desde luego.

-Qué inconsciente has sido Lily, por no rascarte un poco tú solita. Lo has abandonado en el trago más difícil de su vida. No va a perdonártelo nunca.

-Pienso que sí que lo hará.

-Desde luego que lo hará, porque es excepcional, si fue capaz de perdonar a Potter y hacerse inseparable de Remus y Sirius. Pero contigo nunca volverá a ser lo mismo, porque con ellos ha ido de menos a más, contigo, de más a menos, vacío, decepción, abismo. Las noches que quizá tenga que pasar solo nada más conocer la profundísima herida de su familia.

-Las pasará con su hermano.

-Eso espero, pero con su hermano no podrá hablar ni llorar, contigo habría podido hacerlo, eras tú quien debía estar ahí para él.

-Cierto.

-Cómo le has fallado, Lily. No se me pasa, ¿eh? Te ha estado esperando para que fueras la primera, sanó las heridas de tu familia con tu hermana y te ha arreglado la vida. Profesora en Hogwarts, Lily, nada más graduarte, el mejor trabajo con el que pudieras soñar, mientras todos los demás tendremos que peleárnoslo y la gran mayoría luchar en la guerra. No tienes perdón. Él te perdonará, pero yo no. Y ya sé lo que voy a hacer. Voy a escribir a mis padres también contándoselo todo. Que pueda dormir también en mi casa, estaremos con los tuyos hasta última hora y luego se vendrá a dormir conmigo. En mi cuarto hay dos camas pequeñas, puede dormir solo en una de ellas o conmigo, conmigo no va a correr el riesgo de que quiera algo más de él, pero si él quiere, se lo daré. Ahí te quedas, voy a escribirles a mis padres ya mismo.

Cecile se marchó.

. . . . . . . . .

Sev e Hipólita se separaron de Sirius para volver al castillo, ellos fueron por el pasadizo tras los invernaderos y él por la puerta principal. Fueron a casa y de allí al Comedor, la familia ya cenaba, se vinculó con Deborah y le dijo:

-Resultados con Hipólita. Cien por cien a la primera durante una hora. He leído todo, su vida entera excepto lo que la comprometía ante la pécora.

-¡Bravo! – exclamó Deborah.

-Es extraordinaria.

-Desde luego que lo es. Qué suerte has tenido, Prince.

-Gracias a ti.

-La habrías descubierto por ti mismo igualmente. Entonces, ¿ya no necesitas el claro después de cenar?

-No, pero sí que lo necesitan Cecile y Sirius, va a enseñarle Oclumancia.

-Estupendo. Entonces lo de Obliviar se mantiene en vuestro cuarto.

-Eso.

-A ver si Jack da de sí. Está con una resaca descomunal.

-Ya lo imagino. ¿Ha pasado por la enfermería?

-Sí, ha pasado.

-Bueno, entonces esperemos que se recupere un poco.

-¿Vas a participar en la sesión?

-No, yo no.

-¿Qué vas a hacer?

-¿La Sala de Menesteres está reservada?

-Sí, pero lo cancelo.

-Estupendo, pero no lo canceles, retrasa para después del toque a quien te la haya pedido. Voy con Hipólita a tocar el piano. Hablando de la Sala, ¿qué tal vosotros?

-Libros por triplicado y Paul avanzando en Legeremancia a pasos agigantados. Ya ha leído profundos.

-Estupendo, Deborah. ¿Vais a seguir por la noche?

-Desde luego.

-Todo va viento en popa. ¡Ah! Algo más, somos uno más para mañana, he invitado a Sirius a la fiesta.

-Muy bien hecho.

-Va a hacer piña conmigo para evitar a Lily.

-Lo sabía. Si Lily se atreve a venir.

-Pues sí, si se atreve. Le has echado una buena bronca en el almuerzo, ¿verdad?

-Ya te digo que lo he hecho.

-No deberías haberlo hecho, Deborah, es algo entre ella y yo.

-En absoluto, Prince, eres mi amigo y te defiendo, ella también me ha fallado fallándote a ti.

-Los sentimientos cambian, tú misma lo dijiste.

-Sí, pero no en dos días y sin razones por tu parte.

-Yo también dejé de desearla.

-Pero no de amarla, de querer estar con ella.

-No, eso no.

-Y no le fallaste mientras te recuperabas, estuviste ahí para ella durante los exámenes.

-Cierto.

-Y ella sí que te falló a ti ayer.

-En cierto modo sí.

-Has de mirar adelante y recuperarte, Prince, a mediodía estabas mejor.

-Ya lo sé, Deborah, ya lo intento.

-Intenta no darle vueltas y cena tranquilo, anda.

Poco después, llegaron Cecile, Remus y Sirius. Cecile se vinculó con Sev y Deborah.

-¿Interrumpo algo, chicos? – les preguntó.

-Nada, brujilla, ya habíamos acabado con lo urgente – le respondió Sev - ¿Has charlado con Sirius?

-Desde luego que lo he hecho. Vamos al claro directamente desde el Comedor y Remus con vosotros a casa.

-Muy bien.

-Te he dejado en el aula de piano una nueva canción, Sev. A ver si te gusta.

-Gracias, Cecile. Voy con Hipólita a la Sala de Menesteres después de cenar.

-Te la he buscado con melodía fácil para que puedas sacarla solo. Luego ya escucharemos el disco en verano y la mejorarás.

-Estupendo, Cecile, muchas gracias. Eres la mejor. Te quiero mucho.

-Gracias, Sev. Yo también te amo.

Sev comenzó a llorar, Deborah se desvinculó.

-Sev… te has quedado sin habla… – le dijo Cecile, muy dulce.

-Buf… Cecile, es sólo que me he emocionado.

-Vamos, cariño, anímate, estabas contento.

-Es que en el almuerzo me he llevado un palo muy gordo.

-Estoy enterada de todo, Sev, puedes charlar conmigo.

-¿Cómo está Lily?

-Olvídala por completo, cariño, no cuides más de ella. No la necesitas en absoluto, nos tienes a todos los demás.

-¿Y sus padres, Cecile?

-Sus padres van a quererte igualmente, ha sido ella quien ha metido la pata, no tú. Me atrevo a decir que van a agarrarse un buen mosqueo con ella.

-No quiero que ocurra eso.

-Ha de ocurrir, Sev. Que espabile. Más buenas noticias, estás invitado a dormir en mi casa siempre que quieras, sólo tú, solo o conmigo, o con cualquiera de tus peques.

-¿Has hablado con tus padres del tema?

-Sí, les he escrito, pero no pidiéndoles permiso, sino anunciándoselo. Recuerda que yo ya cumplo los diecisiete en septiembre, Sev, apenas soy dos meses menor que Deborah.

-Muchas gracias, Cecile.

-No tienes por qué dármelas. Así podrás tocar allí el piano siempre que quieras.

-Va a ser estupendo.

-Mi madre encantada, un nuevo alumno en verano.

-Le pagaré.

-Ni hablar. Ya pagas todo con creces.

-Sabes que puedo, Cecile.

-Bueno, entonces hazle regalos. A mi madre le gustan las joyas y no puede permitírselas.

-Estupendo, se me ocurre algo más.

-Di.

-Ir con vosotros a algún concierto de música clásica, también con Jack y sus padres, que les encanta.

-Buf, Sev… eso es carísimo.

-Cecile, sabes que puedo permitírmelo.

-Bueno, espera a ver qué tal se le da a la madre de Lily vender las joyas. No te precipites, Sev, quizá tampoco puedas abusar de ella.

-A la vuelta de la Sala voy a convocar muchas más, con ideas de Hipólita.

-Me parece estupendo. No te dije nada por no hacerlo delante de los demás, pero la diadema era espectacular, Sev, parecía antigua, qué buen gusto tienes.

-Deborah me echó un cable, en su familia hay joyas así.

-Claro, de alta alcurnia.

-Eso. Además, piensa que voy a ahorrarme el dinero de las vacaciones con Lily, porque ya no me apetece ir con ella.

-Bueno, bueno, Sev, espera a eso a hablar con sus padres. Quizá ellos prefieran ir contigo que con ella.

-Nunca lo permitiría, Cecile. Son los padres de Lily, no los míos.

-Tú los necesitas más que ella. Ella los ha tenido dieciséis años, tú sólo dos meses y medio. Ya te dijeron que también son tus padres.

-Sí, quizá tienes razón. ¿Ya habéis hablado con Sirius de lo que hemos hecho esta tarde?

-Sí, nos lo ha contado todo rápidamente. Ya llevábamos esperándolo desde las cinco y cuarto.

-Jo…

-Pero no te agobies, ¿eh? Ha hecho bien en quedarse con vosotros. Vosotros lo necesitabais más, y él a vosotros. Nosotros ya estamos siempre juntos. ¿Habéis estado a gusto?

-Lo hemos pasado de muerte, Hipólita lo adora. Formaremos un comando de tres para merendarnos Mortífagos en sus propios domicilios. El Trío de Plata.

-¡Qué bueno!

-Se ha transformado y le hemos rascado detrás de las orejas.

-¡Genial!

-Le hemos visto sus cosas de perro.

Ambos rieron.

-Lo habéis pasado bomba, cómo me alegro.

-Bueno, también he pasado más de una hora leyendo a Hipólita, ¿eh?

-Sí, eso ya nos lo ha contado Sirius. Cien por cien a la primera y sin haberle transmitido talento alguno. Es extraordinaria. Has encontrado la horma de tu zapato, Sev. Si te pica, te lo haces con alguien, pero sin implicarte. No vuelvas a enamorarte de nadie más. Quédate con ella y olvida a todas las demás.

-Ya he perdido la cuenta de cuánta gente me lo ha dicho.

-Pues ya sabes, Sev. Pero tampoco te condenes a pasar meses y meses solo ni te tortures por tener impulsos, todos los tenemos. Y eso no es ser infiel ni desleal, eso son bobadas, puedes permitirte estar con chicas aunque la ames a ella, siempre que todo quede claro entre las partes implicadas.

-Claro, tienes razón.

-Además, una vida sexual activa, moderada, es muy sana para el cuerpo y la mente, te permite olvidarte de las preocupaciones, como el arte. Todo tu ser implicado en algo muy intenso.

-Tienes toda la razón, Cecile.

-Y algo más, no querrás perder práctica, luego tendrás que encargarte de enseñarle a ella.

Rieron.

-Claro que no.

-Pues ya sabes, Sev. Sigue siendo tú mismo, no te traiciones en ningún sentido.

-Gracias, Cecile, me has aclarado mucho las ideas.

-No hay de qué, amor. Luego me va a tocar hacer otro tanto con Sirius.

-Sí, ya le he sugerido yo que hable con vosotros.

-Ya nos lo ha dicho, ya. Esta tarde Remus ha intentado hacerlo con él y no ha soltado prenda.

-Sirius es fiable a tope. No lo ha hecho hasta poder consultarlo conmigo y ni aun así ha sido él quien me ha pedido permiso, se lo he dado yo.

-Ya te digo que lo es. Y leal, muy leal. Él no va a fallarte, Sev, ni por Lily ni por ninguna.

-Ya, ya lo sé, Cecile. Va a aprender a ocluir en dos sesiones, ya verás. Y en todo caso, si le cuesta mucho hoy, de vuelta al castillo, llévalo al haya. ¿Sabes proteger el claro y desproteger el pensadero?

-Por supuesto, Sev. Quítate ya el problema de la cabeza. De lo contrario ya te lo habría preguntado. ¿Vas a pasarle los poderes a la peque antes de que acabe el curso?

-Vaya, en eso no había pensado y sí, sí que debería, al menos para que avance en los estudios. Una pena, porque me habría gustado llevarla a su árbol en su cumpleaños, pero para eso queda mucho todavía.

-¿Cuándo los cumple?

-No puedo decírtelo, secreto. Mañana va a venir también a la fiesta. Charla con ella, necesita consejo femenino. Quizá haga buenas migas contigo y te lo cuente a ti.

-Debió ponerse caliente ayer viendo a los borrachos.

-En el clavo, Cecile. Por primera vez en su vida, y nunca se lo ha hecho sola.

-Otra como Lily, al menos ésta ha espabilado antes. No es mujer todavía, ¿verdad?

-No, no lo es, suponemos que a causa de la anorexia.

-Pues sí, porque ya le iría tocando.

-¿Te importa hablarme de ese tema, Cecile? Apenas sé nada.

-Claro que no me importa, pero tienes que dejarme unos minutos de cena para que charle también con Deborah.

-Claro, claro. También podemos hablarlo en otro momento, no es urgente.

-Lo hablaremos, Sev, si quieres mañana mismo en la fiesta, hacemos corrillo de chicas contigo y así te enteras de lo de todas. Ya verás qué interesante.

-Estupendo, dejaremos que Sirius e Hipólita también participen.

-Claro, Sirius ya debe saber bastante, con tantas amantes.

-Hipólita también, sus padres le hablan de todo.

-Desde luego, como hay que hacer.

-Te dejo entonces charlar con Deborah y le dedico un ratito a mis amores y a terminar de cenar tranquilo.

-Si quieres, después, vuelves a vincularte conmigo o lo haces con Remus, se arrepiente mucho de no haber venido ayer, después de cómo ha resultado todo.

-Pues sí, fue muy bobo. Ha de ir aprendiendo él también.