No poseo os derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Jasmin Wilder. Yo solo me divierto un poco.

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Cuando me desperté, Carlisle estaba enroscado a mi alrededor, haciendo cucharita. Su brazo colgaba sobre mi cintura, su mano extendida contra mi vientre, abajo, casi tocando mi coño. Él había arrojado su toalla, así que estaba desnudo detrás de mí. Uno de sus muslos estaba entre los míos, su "brazo extra" empujaba contra mi espalda.

Una chica se podía acostumbrar a esto.

Dormí en calidez, un lugar de somnolencia de un sueño no del todo, disfrutando –amando–la sensación de su abrazo, el cuerpo duro detrás del mío, protegiéndome, calentándome. Su respiración estaba en la parte posterior de mi cuello, entrando y saliendo rítmicamente, su pecho hinchándose con cada respiración para rozar mi columna vertebral.

Contenta.

Feliz.

Nunca creí que podría sentir esto, no así. No con tanta potencia. No quería que esto se terminara nunca. No quería que este momento –Carlisle durmiendo detrás de mí, sin problemas, preocupaciones, expectativas, juegos, emociones problemáticas, ni demandas–terminara. Lo hizo, eventualmente. De la mejor manera posible, sin embargo.

Yo estaba despierta con mis ojos cerrados, simplemente empapándome con la perfección de la experiencia, cuando sentí su polla endurecerse. Su respiración nunca cambió, así que me imaginé que era su erección mañanera haciendo notar su presencia. Pero por todo eso, amé la manera en que se sentía, engrosándose contra mi espalda. Me desplacé hacia arriba, dejando que su erección se situara entre los cachetes de mi culo.

No me moví ni me molí, simplemente lo dejé descansar ahí, llenando ese espacio, empujando a través del conocimiento de que pronto este órgano grande, caliente, duro como el hierro, pero suave como la seda estaría dentro de mí.

Saboreé ese conocimiento, dejé el deseo de ello bien dentro de mí. Sentí a los dedos de Carlisle moverse, sentí su respiración alterándose. Se estaba despertando. Oh, dios. Por favor. Hizo un sonido bajo en su garganta, un murmuro sin palabra al despertar. Movió la cabeza, deslizando su rostro contra la parte posterior de mi cabeza, acariciándome, inhalando. Se estiró, moliéndose contra mí involuntariamente. Eso consiguió su atención.

Rozó sus labios contra la parte posterior de mi cuello, moviendo sus caderas voluntariamente ahora. Su mano se apretó en mi vientre. Arqueé la espalda y levanté las caderas, arrastrando su polla a través del pliegue de mi culo.

—Mmmm. Isabella... —Su voz todavía era gruesa por dormir y sexy.

—Carlisle.

No necesité decir otra palabra. La mano de Carlisle se enganchó alrededor de mi cadera así su brazo me rodeaba completamente, y luego rodó a su espalda. Solo así de rápido, estaba acostada sobre mi espalda sobre Carlisle. Antes de que pudiera respirar otra vez, empujó dentro mí, duro, profundo, y rápido. Di un grito jadeante de dicha sorpresiva, y luego se estaba moviendo. Ahuecó mis tetas con sus manos grandes, palmas ásperas raspando mis pezones.

Juntó sus pies, sus talones cerca de sus nalgas, y yo enganché mis piernas alrededor de las suyas, muslos bien abiertos, mi coño dividido más ampliamente de lo que alguna vez hubiera pensado que fuera posible. Asegurando mis pies en el colchón, empujé, deslizándome hacia arriba en su cuerpo, sacando su polla de mí, y luego me cerní con su punta sólo apenas penetrando mi entrada.

—No te muevas —dijo con tono áspero en mi oído.

Dejé que mi cabeza callera hacia atrás en la almohada junto a la suya. Su boca tocó mi hombro, un beso, y luego una mordida. Gemí, con las piernas temblando mientras sostenía mi peso suspendido. Movió sus caderas, dándome una serie de empujes superficiales que me dejaron jadeando con la necesidad de más. Tan pronto como empujó dentro de mí, supe que sería profundo, más profundo que nunca. Quería sentir cada pulgada gruesa y dura de él tan lejos dentro de mí como lo pudiera conseguir.

—Carlisle... vamos...

—Lo quieres profundo, ¿no?

—Sí.

—¿Cuán profundo?

—Todo el jodido camino, cariño. Tan profundo como llegue.

—Todo el jodido camino, ¿cierto?

—Sí. ¿Por favor? —Estaba sin aliento, suplicando, y estaba totalmente abandonada a rogarle por todo lo que me daría.

No me importaba cómo sonara, lo que me hiciera. Lo deseaba –a todo lo que tenía–, y rogaría si eso era lo que tomaría hacer que me lo diera.

—¿Puedes sostener esa posición? —Asentí, enfocada en mantener mi peso, poniendo mis manos sobre sus rodillas—. Bien. Mantente así por tanto tiempo como puedas.

Carlisle comenzó a empujar dentro de mí, lentamente al principio, deslizando sólo la cabeza amplia superficialmente entre mis labios hinchados, sólo penetrándome apenas. Y luego comenzó a darme más, sus manos apretando y amasando mis tetas, su boca en mi hombro, su polla penetrando más profundo, partiendo mi coño con su circunferencia hasta que ardió mientras me estiraba.

Gemí en mi garganta, mis piernas fallando, dejándome caer totalmente sobre él, empalándome en él.

—¡Oh, mierda, Carlisle! —Estaba tan profundo que casi dolía, estirándome, llenándome, sus manos agarrando mis tetas fuerte, sus dientes mordiendo mi hombro—. Dios... maldita sea, estás tan profundo, cariño, que casi no puedo tomarlo.

—Lo tomarás. Lo quieres todo, ¿recuerdas? —Se movió en mí, sin empujar, pero rodando sus caderas para empujar incluso más profundo.

—Oh, dios, oh, mierda, oh dios.

Deslizó sus manos hacia abajo por mi cuerpo, con los dedos temblando sobre mis costillas. Exploró más abajo mientras yo arqueaba mi espalda, desesperada por lo que sabía que estaba viniendo. Empujó sus dedos dentro de mí, rodeando mi clítoris endurecido. No había nada que pudiera hacer excepto aceptar su polla dentro de mí, tomarla toda y tomarla profundo, mis muslos ya incapaces de levantarme de él, y ahora sus dedos estaban esparciendo calor a través de mí, construyendo la presión, y él todavía no se había movido para en realidad follarme.

Se quedó quieto, sólo sus dedos moviéndose, llevándome más y más cerca a ese borde tembloroso del orgasmo. Cuando mis caderas comenzaron a rodar en su propia armonía, él se detuvo. Movió los dedos sobre mis muslos internos tiernos, yendo cerca de mi culo, y luego, en un movimiento repentino, envolvió las manos alrededor de mis muslos desde el exterior, juntó mis piernas frente a mí, y las empujó tirantes contra mi frente.

—Oh —sólo pude jadear esa sílaba.

—¿Lo quieres todo? —demandó Carlisle—. ¿Lo quieres profundo?

—Sí... sí.

—Entonces tómalo... —Recalcó sus palabras con una estocada dura, echándose hacia atrás y embistiendo su polla dentro de mí.

—¡Oh, dios, joder! —jadeé, pero cualquier otra palabra o aliento fueron quitados de mí mientras se echaba hacia atrás, mordía mi hombro lo suficientemente fuerte para causar dolor, y luego empujaba fuerte dentro de mí.

—¿Así —gruño—, duro y profundo?

—Sí —jadeé—, joder, sí.

—Esa es mi chica... amo como tomas mi polla, Isabella. La tomas toda, y siempre quieres más. Tan jodidamente caliente.

Y luego ajustó su agarre en mis piernas, moviendo sus manos al pliegue de mis rodillas, separando mis muslos para estirar mi coño abierto una vez más, esta vez manteniendo mis cuádriceps a nivel de mi torso. Estaba completamente abierta a él, divida ampliamente, completamente a su merced. No me podía mover en absoluto así, apenas podía respirar, y el oxígeno que tenía en mis pulmones fue sacado de mí mientras comenzaba a retroceder lentamente antes de empujar profundamente.

—Dime lo que quieres, Isabella.

—Quiero tu polla, Carlisle.

—Dime cómo la quieres.

—Más duro. Más profundo.

—¿Mi chica lo quiere más duro?

—Sí, cariño. Dame más.

Me dio más. Y lo tomé todo, incapaz de incluso gritar ahora, cada estocada haciendo a mi cuerpo estremecerse y sacudirse, mis tetas rebotando hacia arriba mientras su polla golpeaba dentro de mí. Estaba tan profundo que podía sentir sus pelotas golpeando mi culo, que estaba expuesto por mis piernas abiertas.

—Puedes venirte ahora, Isabella. Ahora mismo.

No pensé que fuera posible venirse a la orden, pero de alguna manera lo hice. Sus palabras me golpearon como iluminación, su polla saliendo lenta y suavemente, sólo para entrar duro y rápido. Me vine con un grito ahogado. Estiré la cabeza, enroscándome hacia adelante, forcé a mis ojos a abrirse para observar a su polla enorme lanzándose en mí mientras me venía. Cuando sacó su polla, estaba reluciente y brillosa con mis jugos, y mientras mi orgasmo torcía a través de mí, vi mi venir salir a chorros para cubrir su longitud palpitante, y luego entró en mí y mis ojos se cerraron.

Se meció hacia adelante, volteándome hacia la cama y sacando su polla de mi vaina con un sonido húmedo.

—¿Qué? ¿Qu-qué estás haciendo? —pregunté.

No respondió, alejándose de mí para abrir el cajón inferior de su mesita de noche. Todo en mí temblaba, mi cuerpo se sacudía con réplicas temblorosas, mi coño necesitándolo de nuevo en mí. Su polla estaba grande y dolorosamente dura, mojada con mis jugos, meneándose mientras se movía. No pude evitar envolver mi mano a su alrededor y acariciarlo, mi palma deslizándose hacia abajo por su longitud recubierta.

—Ajá —Volvió a enderezarse con una caja pequeña, aún cerrada, sin abrir. Rasgó la parte superior, sacó el empaquetado para revelar un nuevo vibrador—. Compré este hace un par de días. He querido usarlo en ti.

La bala era un óvalo corto y gordo de goma rosa suave con un aro de alambre fino negro en el final. También había un control remoto con un símbolo infinito triple que contenía los botones de ajuste. Tocó un botón, y la bala vibró.

—Manos y rodillas, Isabella.

No vacilé, asumiendo la posición que había demandado. Se arrodilló detrás de mí, deslizó la bala entre mis piernas y la insertó en mi hendidura empapada, la sacó y luego la volvió a poner. Jadeé ante el zumbido en mis paredes, pero mi coño estaba estirado para acomodar la polla de Carlisle, y el pequeño vibrador apenas se registró. Luego deslizó la punta sobre mi clítoris, y definitivamente sentíeso. Pero no había terminado. Un círculo de mi clítoris, dos veces, tres veces, sólo lo suficiente para tenerme arqueando la espalda y gimiendo, y luego lo sacó una vez más, mojándolo con mis jugos.

—¿Lista, amor? —preguntó Carlisle.

Abrí la boca para responder, para decirle que estaba lista para cualquier cosa, pero fue una pregunta retórica. Empujó la bala contra el capullo herméticamente apretado de mi culo, y me forcé a relajar esos músculos, empujé mis caderas hacia atrás para tomar el aparato zumbando furiosamente.

—Oh. Oh, dios. Oh, dios —dejé caer la cabeza, arqueando la espalda y moví las caderas para abrirme para él.

—Sí, Isabella. Tómalo para mí.

Lo empujó de manera para incrementarlo profundamente, y luego lo sostuvo ahí. Lo sentí inclinarse, y eché un vistazo para verlo abrir la tapa de una botella de lubricante, echando una cantidad generosa en la bala y alrededor de mi entrada. Sacó el vibrador un poco, poniéndole el lubricante, y luego gentil pero firmemente lo volvió a poner.

—Jesús, Carlisle, todavía ni siquiera he tomado café.

—No necesitas café, nena. Sólo necesitas tomar este vibrador para mí.

—Lo intento —dije, y gemí mientras lo sentía empujarlo más profundo, sintiéndome estirarme y quemar.

Lo sacó un poco ligeramente, aplicó más lubricante y empujó suave y lentamente, introduciéndolo en mí. Comenzó una pulsación rítmica, haciéndolo entrar y salir, un centímetro afuera y luego adentro, un paso atrás, dos pasos adelante. Sentí sus dedos deslizarse en mi coño, ahondando profundo y luego retirándose para embarrar mis jugos en mi clítoris. Un rayo de placer me golpeó, y la repentina estimulación del clítoris abrió mi entrada trasera mucho más, dejándolo adentrar la parte más amplia de la bala en mí.

—Maldito infierno, Carlisle, no estoy segura de poder tomar más —balbuceé con la cabeza agachada, el cuerpo temblando, las caderas balanceándose hacia adelante con el ritmo insistente de los dedos haciendo círculos.

—Sí, puedes. Está casi adentro ahora. Puedes tomarlo todo.

El placer de sus dedos en mi coño hizo que el tramo ardiente del vibrador dentro de mí más soportable, y luego, lentamente, la quemazón se desvaneció y fue reemplazada por un dolor profundo, oscuro y sucio. Había sentido esto antes, este temblor hasta los huesos, y supe que era sólo un vago precursor de lo que estaba por venir.

Sentí algo deslizarse en mi entrada trasera, y supe que el vibrador estaba dentro del todo, sólo el bucle de cable permaneciendo fuera de mí.

—Sal de la cama —ordenó Carlisle.

Lenta y cautelosamente salí de la cama, el grueso vibrador se alzó en mi ano haciéndome sentir pesada y llena, torpe y desesperada. Me puse de pie con piernas temblorosas, enfrentándolo.

—¿Ahora qué?

—Inclínate sobre la cama —su mirada era caliente, oscura, casi enojada. No enojada, me di cuenta. Sólo... intensa. Intensamente excitado, loco de pasión. Me giré hacia la cama, pero fui detenida por la mano de Carlisle en mi hombro—. Espera. Tengo una idea mejor. Ven.

Me alejó de la cama, hacia su closet walk-in. Como el mío, la habitación era demasiado enorme para ser llamado en realidad un closet. Las paredes estaban forradas con estantes y bastidores, camisas y trajes colgando en limpio, filas de colores coordinados, vaqueros doblados en estantes, zapatos alineados contra la pared en el suelo.

En una pared había un espejo triple de suelo a techo, y fue ahí a donde Carlisle me dirigió. Cada paso hacía que la bala se moviera dentro de mí, y mis rodillas amenazaron con fallar.

—Pies separados, agachada, manos en el espejo —la voz de Carlisle fue baja, un murmuro áspero.

Me paré frente al espejo central, mirando fijamente la visión de nosotros. Carlisle estaba detrás de mí, seis pies y medio de dios-nórdico de perfección, su rostro todo intenso, limpias líneas de expresión y ángulos duros, pálidos ojos azules destellando con su excitación. Su esculpido pecho aumentando con cada profunda respiración, su piel bronceada de oro, contrastando contra mi propia piel ligeramente más pálida. Yo estaba completamente expuesta, de pie recta. Mi cabello estaba desordenado, enredado, y jodidamente sexy, mis oscuros ojos marrones entornados con doloroso placer por la bala dentro de mí. Mis mejillas estaban sonrojadas, mis tetas grandes y redondas, mi areolas y pezones abundantemente erectos y rosados. Mis amplios, fuertes muslos temblaban visiblemente, mi coño afeitado asomándose, un leve espacio triangular mostrándose entre muslos y núcleo.

—Tal perfecta belleza —dijo Carlisle. Sus manos descansaban sobre mis hombros, luego deslizándose por mis brazos, apoderándose de mis caderas, alrededor de mi vientre, rozando mis costillas para ahuecar mis pechos—. Y toda mía.

—Toda tuya —acorde, agarrando una de sus manos y empujándola hacia abajo entre mis muslos para tocarme.

Libero su mano, enredando sus dedos en mi cabello. Me empujó hacia adelante así estaba inclinada a la mitad.

—Abre las piernas, Isabella. Manos en el espejo.

Tragué saliva, poniendo mis palmas hacia el espejo y moviendo mis pies separándolos. Podría vernos en el espejo, volviendo mi cabeza para mirarnos desde el lado. Vi como agarró su polla en su mano, empujado la gruesa cabeza contra mis labios vaginales. Mi boca se abrió, y me quedé sin aliento mientras acariciaba la apertura de mi coño y luego estrellaba su cabeza contra mi clítoris, haciéndome gritar mientras la excitación se lanzaba a través de mí.

Él todavía tenía una mano enterrada en mi pelo, agarrando un abundante puñado cerca de mi cuero cabelludo. Usó mi pelo para tirar mi cabeza hacia atrás.

—Míranos, Isabella.

—Lo hago.

—No cierres tus ojos. Míranos.

—Está bien —dije—, lo hago. Estoy viéndonos.

Él miró a un lado, y nuestros ojos se encontraron en el reflejo. Se burló de mi apertura con su punta una vez más, y luego se empujó lentamente dentro de mí. Dejé escapar un largo gemido mientras entraba en mí, queriendo colgar mi cabeza mientras se deslizaba profundamente pero no podía hacerlo debido a su agarre en mi pelo. Completamente clavado, sentí el vibrador zumbando y sentí su polla dentro de mí, sólo un delgado tejido de piel separándolos. Estaba a punto de abrirme, resistiendo el llenado, mi coño extendiéndose y dividiéndose una vez más por su enorme polla. No podía respirar, no podía cerrar los ojos y no podía moverme. Sólo podía ver con impotencia en el espejo mientras retrocedía, no podía apartar mis ojos de su oscura, resplandeciente polla húmeda mientras se deslizaba fuera de mí.

Deje salir un suspiro tembloroso finalmente cuando golpeo en mí, mis nalgas sacudiéndose con la fuerza de su impacto. Como si ese solo golpe hubiera roto algo dentro de mí, di un grito ahogado de nuevo y luego dejó escapar un chillido, mis palmas sobre el espejo teniendo mi peso, su agarre en mi cabello sosteniendo mi cabeza en alto. De alguna manera me había perdido el hecho de que él había dejado el circular control inalámbrico de la bala en mi espalda; lo tomo, apretando el botón, y el ritmo de la vibración de la bala se incrementó. Otra pulsación del botón, y se intensifico de nuevo, y un tercero zumbando tan duro que podía sentirlo en mi vientre, y una vez más mi respiración era robada.

Carlisle tiró el control en una pila cerca de pantalones vaqueros, curvando su ahora vacía mano alrededor del hueso de mi cadera. Quería maldecir y gritar y pedir clemencia, pero no podía hablar. Sinceramente no quería misericordia de este loco, salvaje éxtasis.

Y ahora empezó a cogerme en serio. Lentamente al principio, utilizando la misma lenta retirada y duros golpes. Encontré mi respiración otra vez, y el único sonido del que era capaz era un pequeño, agudo grito con cada violenta jodida de sus caderas. Después de una docena de estos empujes lentos-duros, Carlisle aumentó la presión sobre mi pelo y me empujó más bajo, extendiéndome más, dejándolo ir más profundo.

Moví mis pies para ampliar mi postura, moviendo mis manos bajo el espejo, y encontrándome contenta de ser naturalmente bastante flexible. Yo estaba fuera de balance, incluso mis manos en el espejo no fueron lo suficiente para mantenerme en el lugar. Sentí como si estuviera a punto de caer, especialmente cuando Carlisle comenzó un más rápido, más suave ritmo, dándome un fuerte empujón en el momento en que sus caderas chocaron contra mi culo, balanceándome hacia delante.

—Yo no... Voy a... caer, Carlisle —jadee, mis palabras rotas por el impacto de su polla enterrándose profundamente en mí.

Él aminoró el ritmo, deslizándose lentamente, dejando ir mi pelo para poder recogerlo en una cola de caballo en su puño.

—No te dejare caer. Dame tus manos. —Empujó mis caderas hacia atrás contra las suyas, sacó una mano del espejo y la extiendo detrás de mí. —Ambas.

—¿Carlisle... —Protesté, pero traje mi otra mano por detrás de mí también.

Inmovilizó mis muñecas con una mano, poniéndolas una sobre la otra en la parte baja de mi espalda. Fue entonces cuando comprendí la posición: Yo estaba total y completamente indefensa, no atada de cualquier manera, pero de esa manera dependía completamente de él.

Tenía mi cabello en una mano, mis muñecas en la otra, su polla puesta profundamente dentro de mi coño tembloroso, su bala vibrando salvajemente en mi ano. Estaba inclinada casi a la mitad, desequilibrada. Mis tetas colgaban libres, balanceándose mientras él comenzaba a mecerse dentro de mí.

Me tiró de vuelta con ambas manos, golpeando profundo y luego alejándome así su polla casi salía, solo para golpear fuerte de nuevo. No podía gritar, solo podía lograr un gemido. Quería luchar, odiaba esta total dependencia de él. Pero no lo hice. Abrí mis pies más separados, lo suficiente para sentir como si estuviera estirando los músculos de mis muslos, inclinándome aún más, dándole más de mí. Fue una deliberada decisión para confiar en él, dejarle dominarme, poseerme, controlarme.

Eché mi cabeza hacia un lado, y fui hipnotizada una vez más por la visión de sus poderosos muslos tensándose mientras empujaba dentro de mí, su musculoso trasero apretándose con sus embestidas, su reluciente polla mientras se deslizaba fuera, mis nalgas temblando mientras se estrellaba contra mí, mis tetas meciéndose colgando con cada golpe duro. Me atrapo en la cima en cada embestida, meciéndome adelante con el impacto de sus caderas, tirándome de vuelta a él con mis brazos y cabello. Él nunca tiro para causar dolor en mi cuero cabelludo, nunca empujó mis brazos doblados, utilizando sólo la fuerza suficiente para mantenerme equilibrada.

Lo sentí construyéndose dentro de mí. Había estado todo este tiempo, la tensión y energía acumulándose dentro de mí, el vibrador en mi culo aumentando el esperado orgasmo de violenta intensidad. Cada golpe de su polla dentro de mí me empujó más alto, más cerca, y sin embargo, cuando vi nuestros cuerpos unidos, la más intensa sensación de todas fue la oleada de emociones, mi desinhibida voluntad de entregarme a este hombre, dejarlo totalmente poseerme, de alguna manera, increíblemente, encontrando el placer que altera la vida en ella.

Yo sabía, en ese momento, que nunca iba a querer a nadie más. ¿Cómo podría? Mis emociones eran tan intensas que tuve que suprimirlas o me pondría a llorar, y no podía hacer eso aún, no quería, no me atrevía. Parpadeé con fuerza y deje al peso irse, cediendo a toda la pretensión que gobernaba mis propios movimientos.

Caliente éxtasis alimentándose a través de mí, el dolor en mi cuerpo abriéndose y cambiando a éxtasis nuclear. Sin embargo, aún no era el clímax, esto era simplemente la ola de apertura de las detonaciones, la chispa que encendería el infierno. El empuje de Carlisle estaba poniéndose intenso, golpeando más duro y más rápido, ahora sólo sosteniéndome en el lugar mientras él me follaba.

Necesitaba gritar.

Tire contra el agarre de Carlisle en mi pelo, intercambiando el tiro sobre mi cuero cabelludo en la habitación para abrir la garganta lo suficiente para soltarme con un grito que me ensordeció incluso a mí.

—Así es, Isabella, grita. Grita mientras te follo. —Aceleró el ritmo, golpeando duro y rápido, un ritmo imposible, que ni siquiera hubiera pensado. Sin embargo, él lo mantuvo—. Déjame escucharlo de nuevo. Di mi nombre, Isabella. Grita mi nombre mientras te follo.

—¡ANTHONY!—Su nombre rasgando desde mi garganta.

—No ese nombre.

—Car-Car...lisle... —Apenas podía decir todo su nombre, las palabras rompiéndose mientras él se movía dentro de mí—. Yo... necesito... venirme. Déjame venirme.

—No aún.

—Oh, dios... por favor...

—Espera por mí, Isabella. Vente conmigo. —Sus palabras fueron gruñidas, bajas y ásperas.

—No puedo... estoy tan cerca —jadeaba.

Sentí la fragmentación del clímax a través de mí, y traté de detenerlo.

—No te atrevas. Aún no. Aún no, maldita sea. —Carlisle estaba golpeando en mi violentamente ahora, todo el ritmo abandonado, sólo frenéticos, potente, empujes primitivos, sus pies ampliándose, cada músculo tenso y definido, mandíbula apretada, mirando lascivamente la vista de nuestros cuerpos en el espejo.

Nuestros ojos se encontraron en el espejo del centro. Su expresión era oscura y cerrada, pero sabía que estaba ocultando sus emociones tan potentes como las que hervían dentro de mí. ¿Podía él ver dentro de mi alma? ¿Mi creciente amor mostrándose en mi mirada? Tenía que. De todos los ridículos, absurdos, momentos más inapropiados para que eso sucediera, fue entonces, con Carlisle Anthony el alto y fuerte guerrero detrás de mí, follandome con ferocidad salvaje que aceptaba plenamente el hecho de que estaba enamorándome de él.

Él eligió ese momento —el instante de mi epifanía y mi aceptación de ella—para reducir la velocidad, moliendo profundamente en mí, las venas en su rostro punzando. Entonces se vino.

—¡Ahora, Isabella! —gritó, luego gimió y se apartó, vacilado un solo latido, y golpeando con fuerza.

Grité, sin palabras y ensordecedoramente, cuando finalmente permití a la turbulenta nova de mi orgasmo avanzar a través de mí. No podía decir su nombre cuando llegué, aunque dios sabe que lo intenté, pero no podía decirlo sin incoherencia, solo pude empujar mi trasero de vuelta a él, gritando aún más fuerte cuando sentí su chorro caliente y húmedo dentro de mí, chorro tras chorro llenándome y haciendo mis paredes tensas y apretadas a su alrededor, mi culo fijándose y pulsando.

Ese orgasmo era la cosa más poderosa que posiblemente podría experimentar. Lo sentí en el boom de mi corazón, en la pulsación de mis tetas y la tensa ruina de mi núcleo, la tortuosa explosión pulsando en mi culo. Lo sentí desde la punta de mis dedos y punta del pie hacia la raíz de mi cabello. Mi piel hormigueando y mis pezones arrugándose tan apretados que dolían, mi clítoris ardiendo como si estuviera encendido.

Carlisle soltó mis manos y pelo, y se inclinó sobre mí. Puse mis palmas contra el espejo lo más alto que podía alcanzar, soportando mi peso. Él pellizcó mi pezón y empujó sus dedos contra mi clítoris, girando y dando vueltas, sus caderas balanceando su polla profundo dentro de mí. El devastador orgasmo de alguna manera intensificando su toque y grité una vez más, retrocediendo y empujando hacia delante, deslizando su polla dentro y fuera de mí, mis músculos sujetándose alrededor de él y no queriendo liberarlo. El movimiento de su polla fue acentuado por un sonido de succión mientras empujaba de vuelta, gruñendo, gimiendo, dejando salir un último chorro de semilla.

Sin embargo, otra ola orgásmica me golpeó, y gemí con él, en ese exacto momento Carlisle sacó la bala de mi entrada trasera, sacando un estupefacto chillido de mí mientras la repentina ausencia desencadenaba otro tirón doloroso de éxtasis.

Había terminado entonces. Solo terminado. No podía permanecer de pie un momento más. Me desplome hacia delante, mi cara presionándose contra el frío cristal del espejo. Carlisle se deslizó fuera de mí, y pasó un brazo alrededor de mi cintura, tirándome contra él. Con gratitud descansé contra la dura pared de su pecho, volviéndose torpe y murmurando algún ruido de placer cuando su brazo se curvó a mí alrededor. Doblo sus rodillas y me levanto. Enganche mis talones alrededor de su cintura y me aferre mientras me llevaba de vuelta a la cama y bajaba, sosteniéndome tiernamente.

Mi oído descansaba directamente sobre su corazón, y lo escuche, sentí: thump thump – thump thump, locamente rápido y desacelerando mientras descansábamos juntos. Sentí una insensata necesidad en ese momento a admitir lo que sentía. Sin embargo, no lo hice.

—Mierda, Carlisle. —Eso fue lo que dije en su lugar. Soso, pero todo fue lo que pude decir.

Tenía miedo de mis sentimientos. Naturalmente. Sabía que él se preocupaba por mí, y sabía que teníamos química de universo-destruyéndose juntos, haciendo sinceramente increíble el sexo. Pero sólo lo había conocido por cuestión de semanas. Ese tiempo se había sentido como una vida, sí, pero seguía siendo solo un punto en el gran esquema de las cosas. Y sin embargo... sabía lo que sentía.

Nada más que el amor podía explicar esta infernalmente intensa mezcla de emociones que sentía. El miedo, la necesidad, el cariño, las ganas de complacerlo, la voluntad de obedecerlo a pesar de que mi naturaleza exigía lo contrario.

Lo quería. Quería esta vida. Quería ir con él a Turco y Caicos e Inglaterra y Francia e Italia. Quería ser la única mujer en su vida. Quería ir a todas partes con él. Quería conocer a su atemorizante padre y averiguar lo que Carlisle hizo para ganarse la vida, cómo hizo su dinero. Quería saber todos sus secretos, sin importar que fuera.

Eso era todo lo que estaba construyendo e intensificando los niveles maniáticos por lo que habíamos compartido anoche y esta mañana. Tal vez se desvanecería. Tal vez estaba confundiendo sexo fantástico por algo que no era.

—Quédate aquí —dijo Carlisle, deslizándose de debajo de mí y saliendo de la cama.

—Como si pudiera moverme —murmuré.

Estaba agradecida por su ausencia. Me permitió examinarme, inspeccionando mi corazón y mente sin el poder vertiginoso de su presencia para distraerme. No pensaba que me estaba engañando a mí misma. No estaba confundiendo mis sentimientos o malentendido mis emociones. Lo amaba. O más bien, estaba deslizándome implacablemente hacia eso.

Enamorarse. Una frase extraña, tan común como para ser casi inútil, una especie de saturación semántica en el plano cultural. Era solo cuando te sentías enamorado y pensar sobre como eso te tenía y lo que significaba, que esa frase tomaba significado, permitiéndote realmente comprender la exactitud de la descripción.

Boca abajo en la cama, desnuda, adolorida por todas partes, todavía temblando de vez en cuando y luego con las réplicas, sabía que tendría que decirle cómo me sentía, y pronto. No quería hacerlo. Quería aferrarme al sentimiento y ver si podía averiguar lo que él sentía primero. Pero eso era cobarde. Él merecía saber la verdad de mí. Le diría después del desayuno.

En ese momento, Carlisle volvió, todavía desnudo, llevando otra bandeja de comida. Tostadas de bagel untadas con una capa gruesa de crema de queso, una jarra caliente de café y una colección de servicios de tazas de té, jarra de crema, azúcar y cucharas. Dejó la bandeja en la cama, acomodándose cerca de mí, vertiendo mi café de la forma que me gustaba, azúcar light, crema de leche.

Me pregunté, distraídamente, como él sabía la forma que me gustaba mi café.

Comimos en completo silencio. Observé cuidadosamente a Carlisle, buscando algún indicio de sus sentimientos, pero lo único que conseguí fue liarme. No me gustaba liarme. No después de lo que acabábamos de compartir, no después de finalmente aceptar mis sentimientos por Carlisle.

Cuando los bagels se habían acabado y ambos nos servimos una segunda taza —café para mí, te para él — Carlisle se esfumo dentro del armario y regresó con un par de pantalones cortos rojos de gimnasio con dos rayas blancas en el lado. Tenía una bata de mujer en la mano, una etiqueta todavía colgando de la manga. Él arrancó la etiqueta y me entrego la bata.

—Ponte eso.

—Está bien —dije, parándome y poniéndome la bata, dejándola un poco floja en mi pecho para proporcionarle un poco de escote. Él me miró de arriba abajo.

—Dios, Isabella. Tan jodidamente sexy. Tan hermosa. Tan perfecto. Mía. —Suspiro—. Por ahora.

—¿Por ahora? —sentí mi corazón desplomarse. —¿Qué significa eso?

Dio unos golpecitos en un panel en la pared cerca de la puerta, y las paredes de vidrio se volvieron transparentes una vez más, revelando un claro cielo azul y sol brillante. Tomó su taza de té, cruzó la habitación y abrió las puertas de su balcón, haciendo un gesto para que lo siguiera.

Como la casa de Carlisle ocupaba toda la planta superior de gran altura, el balcón de la esquina que significaba toda la esquina del edificio fue cortada en la parte superior. El cielo estaba abierto por encima de nosotros, el edificio alzándose detrás de nosotros, Manhattan extendiéndose debajo nuestro, coches como juguetes y personas como puntos.

—Dios —dije, apoyándome contra la barandilla—, que vista.

—Si —concordó Carlisle, su voz un suave murmullo—. Que vista.

Me volví, y su agitada mirada azul me dijo que no estaba hablando de Nueva York. En la esquina del balcón estaba una pequeña mesa de café y dos elegantes hierros forjados y sillas con cojines densos; Carlisle se sentó en una silla y yo tome la otra. Tomó un sorbo de mi café y esperó a que él hablara.

Después de varios largos minutos, deja escapar un suspiro tembloroso y encuentra mis ojos.

—Es hora de que sepas la verdad.

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OMG! ¿Qué le va a decir?

Si jaja ya sé que tiene mucho que no actualizo jejeje es que me he entretenido con 30 Días de Amor y con Backstage Pass y las demás historias! Pero ya vengo a redimirme con esta adaptación, solo nos quedan 6 caps de esta historia ¿saben?

Espero que la estén disfrutando, no se olviden de dejar un comentario, ni se olviden de pasar a mi grupo super chido y super exclusivo de Facebook 'Twilight Over The Moon', estamos en fechas de un concurso muy importante, y espero que se animen a participar! Toda la información está en el grupo!

¡Nos leemos pronto!