Ginny, Harry, Ron y Hermione no tardaron en llegar a la cabaña de Hagrid (bien es cierto que Ginny tardó un poco más porque tenía las piernas más cortas). Justo en el momento en que Ginny, jadeante, logró llegar a la puerta de la cabaña (había tenido que correr para que no la dejaran muy atrás), la puerta se abrió, y por ella salió…Dumbledore.
—Buenas tardes.
—Esto…queríamos ver a Hagrid—dijo Hermione, algo nerviosa.
—Eso pensaba. ¿Por qué no entráis?
De modo que Dumbledore se apartó un poco y Ginny entró, junto con Harry, Ron y Hermione. Hagrid estaba allí, hecho un desastre, con los ojos hinchados y dando señas de haber llorado, su pelo hecho un horror, además. Harry le saludó y Hagrid murmuró algo que Ginny supuso que era un "hola".
—Mejor traigo más té—dijo Dumbledore, cerrando la puerta tras ellos. Agitó la varita y una bandeja en la que había varias tazas de té y un plato de pasteles apareció de la nada. La bandeja flotó hasta la gran mesa en medio de la cabaña, y Dumbledore dijo:
—¿Por casualidad oíste lo que la señorita Granger gritaba, Hagrid?
Ginny no lo había oído porque estaba aún a bastante distancia en ese momento, pero sí había podido ver a Hermione aporreando la puerta de la cabaña de Hagrid y gritando algo que no entendió. Hermione se ruborizó un poco y Dumbledore, con una sonrisa, prosiguió:
—Por lo que veo, estos chicos aún siguen queriendo relacionarse contigo, a juzgar por cómo estaban intentando echar abajo la puerta.
—¡Pues claro!—intervino Ginny bruscamente. —Además, ¿quién va a darle consejos a Harry sobre chicas si tú no estás?—dio un paso adelante y miró de reojo a Harry, que asintió.
—No había pensado en eso, pero también es un buen argumento—asintió Dumbledore. —Por lo que veo, no os importa demasiado lo que escribió Rita en su artículo.
—¡Pues claro que no!—gritaron Ginny, Ron, Hermione y Harry al mismo tiempo.
—¿Cómo puedes pensar eso?—añadió Harry. —¿Cómo has podido siquiera pensar que nos iba a afectar lo que esa…mujer….escribió de ti?
Hagrid derramó dos gruesas lágrimas, y Dumbledore prosiguió:
—Ya ves que tengo razón, Hagrid. Y están todas esas cartas que te he enseñado hace un rato, cartas de padres que te recuerdan de cuando estaban aquí, indicándome en términos muy claritos que si te despedía, ellos tomarían cartas en el asunto.
—No…no todos quieren que me quede—masculló Hagrid.
—Ay, Hagrid, si pretendes caerle bien a todos me parece que vas a pasar mucho tiempo en esta cabaña—replicó Dumbledore en tono severo. —Ya ves, yo mismo recibo cartas casi cada semana quejándose de cómo dirijo este colegio. ¿Y qué debería hacer?¿Encerrarme en mi despacho y negarme a hablar con nadie?
—Usted…usted no es semigigante.
—¡Hagrid, mira qué parientes tengo!¡Piensa en los Dursley!—protestó Harry.
—Buena observación—añadió Dumbledore. —A mi propio hermano, Aberforth, le procesaron por ensayar encantamientos inapropiados en una cabra. Salió en todos los periódicos pero, ¿acaso se escondió? ¡No, claro que no! Mantuvo la cabeza alta y siguió como siempre. También es verdad que no estoy seguro de que sepa leer, quizá no fuera valentía después de todo…
—Vuelve a dar clases, Hagrid, vuelve, te extrañamos—suplicó Hermione.
Harry, entonces, susurró algo al oído de Hagrid. Hagrid no dijo nada, pero miró a Ginny fijamente. "Por favor, que Harry le haya dicho a Hagrid que necesita consejo sobre chicas", pensó Ginny.
—No acepto tu renuncia, Hagrid. El lunes a primera hora te quiero de vuelta en el Gran Comedor a las ocho y media para el desayuno. Nada de excusas. Buenas tardes.
Dicho esto, y tras rascarle las orejas a Fang, Dumbledore salió. Hagrid, entonces, empezó a sollozar, y Hermione y Ginny procuraron consolarle como pudieron. Finalmente, Hagrid dijo:
—Gran hombre, Dumbledore, sí.
—Desde luego—asintió Ron. —¿Puedo coger uno de esos pasteles, Hagrid?
—Claro, sírvete tu mismo. Y sí, tiene razón, claro, todos vosotros la tenéis, he sido un estúpido, mi pobre padre se habría avergonzado de mí. Nunca os he mostrado una foto suya, ¿no?
—A mí sí—intervino Ginny. —¿Te refieres a esa foto en la que tu padre está sobre tus hombros?
—Esa es—asintió Hagrid, sacando de su cajón esa foto (que Hagrid le había enseñado durante su primer año, la primera vez que ella le visitó en la cabaña). Hagrid, entonces, les contó a Harry, Ron y Hermione la historia de su vida, que ella conocía ya por habérsela oído en otras ocasiones (salvo el detalle de que su madre era una gigante).
—Algunos incluso fingen que sólo tienen huesos grandes en vez de levantarse y reconocer abiertamente lo que son y decir que no se avergüenzan. "Nunca te avergüences", decía papá, "algunos usarán eso contra ti pero no merece la pena que te molestes por eso". Y tenía razón, he sido un idiota. No me voy a preocupar más por ella, os lo prometo. Huesos grandes…ya le daré yo huesos grandes.
—Hagrid, todo eso está muy bien—intervino Harry. —Pero se hace tarde, y tenemos cosas de qué hablar—giró la cabeza y Ginny esta vez no tuvo duda: la había mirado a ella.
—Claro, claro—Hagrid sonrió. —Ron, Hermione, Ginny, salid, que Harry y yo tenemos que hablar…de hombre a hombre. Estaba tan ocupado compadeciéndome de mí mismo que se me olvidó que ese bribón de Sirius Black me encargó una tarea.
Conque Ginny, Ron y Hermione salieron y esperaron fuera. Ginny ya no tenía duda: Harry le estaba pidiendo consejo a Hagrid sobre cómo abordar su relación, pero no le mencionó eso a su hermano. En vez de eso, les contó a Ron y Hermione su extraño encuentro con Bagman.
—Sí que es raro—dijo Ron, visiblemente intrigado. —Nosotros le vimos en las Tres Escobas, discutiendo con unos goblins de Gringotts. No es normal que los goblins anden en sitios donde se reúnen tantos magos, Bill siempre ha dicho que los goblins no se llevan bien con nosotros los magos y prefieren evitarnos salvo por cuestiones de dinero.
—Además, ya es la segunda vez que Bagman intenta ayudar a Harry, he consultado el reglamento del Torneo de los Tres Magos, y eso es una ilegalidad flagrante, puede costarle la suspensión de empleo y sueldo—dijo Hermione. —¿Por qué razón Bagman arriesgaría su carrera de ese modo?
—Quizá es que Harry le cae bien—observó Ginny, dubitativa.
—O quizá…quizá sueña con repartirse la recompensa con él—dijo Ron en tono misterioso. —Mil galeones es mucho dinero.
—Para nuestra familia sí lo es—reconoció Ginny. —Pero tampoco es una cantidad tan grande que justifique que Bagman corra tanto riesgo.
—Quizá Bagman está endeudado hasta las orejas y está desesperado por conseguir dinero sea donde sea. ¿Por qué si no los goblins irían a hablar con él hasta Hogsmeade? —replicó Ron. —Es posible que les haya pedido dinero prestado y que no tenga con qué devolvérselo. Bill me ha dicho que los goblins pueden volverse realmente desagradables si no les devuelves un préstamo.
—Puede que tengas razón—intervino Hermione. —Además…además…—abrió la boca y se quedó muda de golpe. —¿Y si fue él?
—¿Si fue él quién?—preguntó Ginny.
—¡Tal vez fue él quien metió el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego! ¡Él estaba allí cuando pasó y seguramente tiene los conocimientos mágicos necesarios para hacerlo, pues el Cáliz se custodia en su departamento!
—¡Y Harry me dijo que no parecía muy sorprendido cuando eso pasó, que parecía hasta satisfecho!—recordó Ginny.
—¿De verdad pensáis que se atrevería a hacer eso delante de las narices de Dumbledore?—objetó Ron.
—¿Tienes una explicación mejor?—le replicó Hermione en tono muy "hermionesco". —Es una teoría que encaja con todos los hechos que tenemos: Bagman les pide dinero a los goblins de Gringotts, no se lo puede devolver y ellos le acosan, y mete el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego con la esperanza de que gane y así repartirse la recompensa con él.
—Tu teoría tiene algunos inconvenientes, Hermione—intervino Harry, que había salido justo en ese instante de la cabaña de Hagrid. —Por ejemplo, que para repartirse el importe del premio con el ganador no necesitaba echar mi nombre en el Cáliz de Fuego, bastaba con que se acercara a cualquiera de los otros tres campeones y le ofreciera ayuda a cambio de repartirse el premio.
—¿Qué dices a eso, Hermione?—preguntó Ron en tono muy "ronesco".
—Que quizá metió tu nombre pensando en que estarías desesperado por conseguir ayuda y que eso te haría más receptivo—respondió la chica, que no quería dar su brazo a torcer.
—No, no—Harry movió la cabeza. —No me parece que Bagman sea la clase de persona capaz de hacer una cosa así.
—¿Y si no obra por su cuenta?—dijo Ginny de pronto. Acababa de recordar un detalle fundamental.
—¿Qué?
—Piénsalo Harry...¿Dónde nos dijo Bagman que desapareció Bertha Jorkins?
—En Albania.
—¿Y quién se refugió en Albania cuando perdió su poder?—Ginny cruzó los brazos y miró a Harry.
Harry abrió la boca y la volvió a cerrar, sin responder.
—Voldemort—dijo Harry. —Voldemort se refugió en Albania.
—¿Qué dices ahora, Ron?—respondió Hermione, triunfante.
—Vale, vale—Ron alzó las manos, derrotado. —Ya veo adónde queréis llegar: Bagman no obra por su cuenta sino que es V…Quien ya sabéis quien está detrás de él.
—Exacto. Seguramente V…Quien ya sabéis se encontró con Bertha Jorkins, ella le informó de la situación de Bagman y Voldemort, quizá por intermedio de la propia Bertha Jorkins, decide usar a Bagman para acabar con Harry de modo que no levante sospechas, usando como cebo para atraer a Bagman la posibilidad de ganancia.
—Pero vuestra teoría tiene un fallo—objetó Harry. —Para que Bagman consiga parte de la recompensa, primero es necesario que yo gane el torneo, y para eso es preciso que llegue vivo hasta el final.
—Cierto, Harry, pero seguramente V…Voldemort no tiene intención de que llegues vivo hasta el final, y obviamente le ocultó esa parte a Bagman—respondió Hermione. —Y quizá Bagman sepa ya la verdad y por eso quiere ayudarte.
—No sé…—replicó Harry. —Mi instinto rechaza esa teoría, pero puede que tengáis razón. Ginny, creo que deberías contarle todo esto a Moody. Entretanto, he tomado una decisión.
—¿Cuál?
—Voy a hacer caso a Diggory, y tomar un baño en el Baño de Prefectos.
Días después, por la noche, Ginny esperó a Harry en la Sala Común mientras éste se daba el baño en el Baño de Prefectos. Secretamente, esperaba aprovechar el que iba a estar a solas con él para sonsacarle algo de lo que Hagrid le había dicho en su cabaña días atrás, sobre lo cual Harry no había soltado prenda. La espera fue bastante larga, pero finalmente Harry volvió.
—¿Todo bien?
—Sí y no—respondió Harry. —Sé en qué consiste la segunda prueba, pero no tengo ni idea de cómo pasarla.
Harry, entonces, le contó todo lo ocurrido. Le contó que Myrtle la llorona le había sugerido que metiera el huevo en el agua (Ginny anotó mentalmente que buscaría cuando pudiera a Myrtle para matarla por haber espiado a Harry mientras se bañaba desnudo, luego se dio cuenta de que eso no era posible porque ya estaba muerta). Le contó lo de la canción que sonaba cuando metió el huevo bajo el agua, y cómo había deducido que la segunda prueba consistiría en buscar algo muy precioso para Harry que estaría bajo las aguas del lago. Le habló de que no era muy buen nadador, mucho menos buceador, y no veía cómo iba a superar esa prueba. Le explicó cómo, al volver, había visto a Barty Crouch en el Mapa del Merodeador husmeando en el despacho de Snape, y cómo poco después estuvo a punto de que Filch y Snape le cazaran (todo eso está en el capítulo 25 de "Harry Potter y el Cáliz de Fuego", así que no daré detalles). Le contó finalmente cómo Moody le había salvado, y que mientras volvían Harry le había comentado la hipótesis de que quizá Bagman era quien había metido el papelito de Harry en el Cáliz de Fuego.
—Moody opina que no es muy probable, que Bagman no es tan audaz como para hacer eso delante de las narices de Dumbledore, pero que de todas formas informará a Dumbledore para que investigue—le contó. —Y también me dijo que debería pensar en ser Auror.
—Pues a lo mejor deberías hacerle caso—sugirió Ginny. —Y sobre la segunda prueba, no te preocupes. Mañana lo hablamos con Hermione, y la próxima vez que hable con Moody a ver si tengo suerte y me hace alguna sugerencia útil, como la otra vez.
—Me parece bien—sonrió Harry, y Ginny sintió un leve mariposeo en su estómago.—Buenas noches.
Harry se dispuso a dirigirse a los dormitorios de los chicos. Ginny, entonces se dijo: "Ahora o nunca".
—Harry.
—¿Sí?
—¿Qué te dijo Hagrid…el otro día cuando hablaste a solas con él?—Ginny no le miró a los ojos mientras le preguntaba eso, quizá estaba un tanto avergonzada por hacerle una pregunta tan personal.
—¿Quieres saberlo?—preguntó Harry.
Ginny alzó la mirada, y se dio cuenta de que Harry la miraba con una intensidad casi difícil de soportar.
—Esto…yo…perdona, era una pregunta muy personal. No me lo cuentes si no quieres.
"Mierda, mierda, mierda", se maldijo Ginny. "Quizá en este momento iba a decirme que me ama y yo le he dicho que no diga nada. Soy tonta, tonta, tontísima".
—Es que no es algo que haya que contarte. Es algo que me sugirió que debía hacer.
Harry dio un paso hacia ella, sin dejar de mirarla. Ginny sintió que el corazón se le aceleraba. ¿Estaba refiriéndose Harry a lo que ella creía que estaba refiriéndose? No, era demasiado bonito para ser cierto.
—He estado dudando sobre si debía hacerle caso o no, si no estaría precipitándome. Pero ahora ya lo tengo claro. Y no tendré una ocasión más favorable que esta en mucho tiempo.
Dio otro paso hacia ella. Ginny sintió que el miedo la invadía. ¿Y si después de eso no estaba a la altura? ¿Y si le decepcionaba? Su cabeza la incitaba a que echara a correr. Pero por otra parte, sus hormonas y su corazón la mantenían pegada al suelo. Ella deseaba ardientemente eso que Harry se disponía a hacer (o que ella creía que Harry se disponía a hacer), pero temía lo que pudiera venir después. A fin de cuentas, sólo era una chica de trece años.
—Harry…yo…tengo miedo.
—Yo también, Ginny—Harry dio otro paso hacia ella. Ya no cabía duda. —Tengo miedo de hacerte daño, tengo miedo de que te pase algo por mi culpa, tengo miedo de no ser capaz de hacerte feliz. Pero sé que aunque sea poco más que un niño, contigo soy la persona más feliz del mundo, y eso significa algo, ¿no?
Ginny sonrió tímidamente y sintió un poco de calor en las mejillas. Puede que aquello no fuera una declaración de amor muy apasionada, pero para la edad que ella y Harry tenían era más que suficiente.
—Adelante, Harry. Haz eso que Hagrid te sugirió que hicieras—dio un paso hacia él.
—¿Estás…estás segura?
—¡Claro que sí, so bobo! ¡Hazlo, antes de que me arrepienta!—dijo Ginny en tono de falsa exasperación.
Harry respiró hondo.
—De acuerdo.
—Cierra los ojos.
Ginny obedeció y esperó. Notó el calor corporal de Harry. Notó su aliento sobre su cara durante un segundo, y entonces notó algo más. Notó algo húmedo y cálido sobre sus labios y oyó un ligero sonido de succión.
Abrió los ojos y miró a Harry. Estaban a muy poca distancia el uno del otro.
Los dos adolescentes se quedaron así durante unos segundos, mirándose a los ojos, ojos verdes mirando a ojos pardos.
Y entonces, sin que ninguno de los dos pudiera explicar por qué, ambos se echaron a reír.
¡Hola! Espero que os haya gustado y que la larga espera (disculpad, es que entre el desánimo que siento por esta situación de pandemia que padecemos y el teletrabajo me quedan pocas ganas de escribir) haya merecido la pena. ¡Un saludo, pottermaníacos!
