La pantalla volvió a tomar color y pudieron observar como Andy era llevada a pie, encadenada con otras personas, hacia alguna ciudad. De pronto, las imágenes mostraron algo que todos pudieron reconocer, el coliseo romano.
— ¿Ese es el coliseo? — Preguntó Nile asombrada.
— Si. — Asintió Nicky.
— Andy fue una gladiadora. — Adivinó Nile, comprendiendo la situación.
— Al parecer si. — Dijo Joe.
— Pensé que sólo había gladiadores, no gladiadoras. — Comentó Nile pensativamente.
— Otra prueba de la manipulación de la historia, como los hombres quitaron el lugar y la función importante de muchas mujeres. — Explicó Booker.
— Patético. — Expresó Nile con sinceridad. — Al menos todos ustedes saben que Andy puede matarnos a todos si quiere hacerlo, jamás lo negarían, ¿no? — Dijo, algo divertida ante eso.
— Jamás lo negaríamos. — Aseguró Booker.
— De hecho nos ha matado un par de veces a los tres. — Sumó Joe entre risas.
— ¿Qué? ¿En serio? — Preguntó ella porque no se había esperado eso.
— Un par de veces, cuando hemos logrado frustrarla hasta su punto límite. — Respondió Nicky, sonando más defensivo por Andy que por ellos.
El siguiente día se vio repleto de recuerdos de enfrentamientos en el coliseo. Los gladiadores eran esclavos que peleaban contra soldados del ejército romano para entretener a las personas. Andy se ganó la admiración y el cariño de la gente después de su quinta pelea. Cuando había una pelea en que ella participaba las tribunas se llenaban de personas y se podía escuchar los gritos de aliento "¡Andromache, Andromache, Andromache!". Era realmente magnífico poder ver esos recuerdos de ellas, era como si en ese momento hubiera sido famosa.
— Se siente como si fuera una famosa de Hollywood o una cantante reconocida internacionalmente. — Comentó Nile, apreciando como el público cantaba a favor de Andy.
Andromache se había ganado al público porque pelando ella era mejor que los soldados romanos, era invencible. Podía usar cualquier arma que dejaran a su alcance a la perfección: dagas, espadas, flechas, hachas, lanzas, sogas. Y cuando no le daban un arma, usaba sus propias manos. Ella sabía hacer los movimientos perfectos para fracturar brazos, cuello, piernas.
Así continuaron los recuerdos, mezclando recuerdos de sus peleas en el coliseo con sueños sobre Quynh. Por lo que creían, Andy no entendía por qué soñaba con aquella mujer.
Hasta que apareció algo nuevo. Andy empezó a soñar con un hombre.
— Lykon. — Lo reconoció Quynh.
Quynh lució totalmente destruida ante la aparición de ese hombre en los sueños de Andy. Se acercó a la pantalla y acarició la cara de Lykon, expresando el cariño que le había tenido y lo mucho que lo extrañaba.
El equipo de inmortales sintió algo de alivio ante la aparición de Lykon, ahora sabían que Andy iba a darse cuenta de la conexión de sus sueños. Soñaba con dos personas diferentes, porque esas personas eran como ella. Andy no iba a volver a estar totalmente sola. También sintieron curiosidad ya que ninguno de ellos había conocido a Lykon, y observar los recuerdos de Andy por lo menos les iba a dar una pequeña idea.
Andy pasó muchos años luchando como gladiadora, descargando todo el dolor de las muertes de su hijo y de Aquiles en sus peleas. Sabía que en algún punto estaba siendo letal, pero era la única manera en que había logrado descargar un poco de su tristeza.
Y entonces, empezó a soñar con un hombre. Lo vió morir y luego revivir. Ella ya había soñado antes con una mujer, pero nunca había entendido el motivo.
¿Era posible que fueran como ella? ¿Era posible que haya otras personas inmortales, con quien pueda compartir su vida y dejar de sentirse sola? No sabía si era real o si se estaba volviendo loca, pero se aferró a los sueños y disfrutó de cada uno de ellos.
Después de varios largos años, en una de las peleas del coliseo, conoció a Lykon. Al parecer él era real y había llegado con el nuevo grupo de gladiadores novatos. Andy dio su vida por él ese día en la pelea. No quiso verlo morir, no quiso tener que afrontar la posibilidad de poder perderlo.
— Estás viva. — Dijo él, cuando terminó la pelea.
— Si. — Afirmó ella.
— Eres como yo, no puedes morir. — Comentó él, observándola con curiosidad. — ¿Por qué estás en mis sueños? — Pidió saber.
— No tengo idea, es la primera vez que me pasa de conocer a otra persona que no pueda morir y de verla en mis sueños. — Admitió ella.
— ¿Cuántos años tienes? — Preguntó él, comprendiendo que ella era mayor.
— No estoy segura, la edad y el tiempo no solían medirse cuando nací, no como se hace ahora. Pero hasta que llevé la cuenta iba 500 mil días de vida. — Respondió ella.
— Eso es un montón. — Dijo él impresionado.
— Lo es. — Asintió ella. — Soy Andromache the Scythian. — Se presentó y le ofreció su mano.
— Ya sabía tu nombre, eres la gladiadora más famosa de toda Roma. — Le dejó saber él y aceptó su mano. — Yo soy Lykon. — Se presentó él.
— Un gusto. — Apreció ella, cuando separaron sus manos.
— Entonces. — Dijo él aclarándose la garganta. — ¿Seremos hermanos a partir de ahora? — Pidió saber.
— ¿Hermanos? Me gusta como suena eso. — Dijo ella con una gran sonrisa.
Por otro día continuaron viendo imágenes de peleas en el coliseo. La diferencia era que ahora estaba Lykon. Y que ambos estaban dispuestos a morir por el otro. Vieron a Lykon morir muchas veces para salvarla, y muchas veces morir a Andy para salvarlo. En realidad era ridículo, porque ambos eran inmortales. Pero al parecer esa era la manera en que tenían de demostrarse el cariño que se tenían.
La siguiente imágen ya los mostró libres. Ambos estaban sentados en las sombras de unos árboles, compartiendo unas manzanas.
— Tenemos que hablar de algo importante. — Informó ella.
— ¿De qué? — Pidió saber él.
— ¿Cómo es que terminaste siendo gladiador? — Lo interrogó ella con curiosidad.
— ¿Sinceramente? — Preguntó él y ella asintió con la cabeza. — Quería encontrarte y mis sueños me mostraron que eras una gladiadora, así que me hice pasar por esclavo. — Confesó con un poco de timidez.
— ¿Diste tu libertad por mí? — Preguntó ella totalmente sorprendida.
— Si. — Afirmó él.
— Eso es ridículo, jamás deberías dar tu libertad por nadie Lykon. — Lo retó ella.
— Fue lo único que se me ocurrió. — Se defendió él.
— La esclavitud no está bien Lykon, y te lo digo yo que he tenido esclavos y he sido esclava. — Dijo ella tristemente.
— Lo sé. — Asintió él.
— Si hay algo que aprendí en mis largos años de vida es que todos los mortales son iguales. Pobres y ricos, reyes, campesinos y esclavos. Todos son iguales. Todos mueren al final, sin importar quiénes son, ni cuán rico o pobres son. — Explicó ella lo que creía. — Yo estuve presente cuando se escribió el código Hammurabi y cuando llegaron a la parte de la ley 282 quise hacer algo para detenerla, pero no pude. — Le compartió un hecho de su pasado.
— Entiendo, lo hiciste para protegerte, ¿No? Porque la única manera de convecerlos iba a ser si exponías tu inmortalidad. — Intentó razonar él.
— No. — Negó ella. — Lo hice porque soy egoísta, porque si lo hacía, si me mostraba como inmortal para mostrarles que todos eran iguales, me iban a tratar como una diosa. Y yo no quiero ser una diosa, yo no soy la diosa de nadie. — Expuso sus motivos con culpa.
— ¿Por qué no querés ser una diosa? — Preguntó él con curiosidad.
— Porque ya lo he sido y no ha funcionado. — Contestó ella, sacudiendo su cabeza ante esos recuerdos. — Las personas que están en el poder piensan que lo merecen porque se creen superiores y harán todo lo posible por convencer a los demás de eso. Pero nadie debería tener tanto poder en sus manos, nadie debería tener poder sobre otras personas y sus vidas. Nadie, ni siquiera nosotros. — Expresó con convicción su opinión.
— Cuando hablás de esta manera me haces recordar que sos vieja. — Comentó él con humor, para intentar animarla.
— Soy vieja. — Acordó ella.
— Tal vez debería llamarte abuela en vez de hermana. — Bromeó él.
— No te pases. — Se quejó ella dándole un golpe en el brazo, pero logrando sonreír. — Prometeme que nunca vas a entregar tu libertad por nadie. — Le pidió, volviendo a ponerse seria.
— Te lo prometo. — Juró él.
— Gracias. — Agradeció ella y lo abrazó.
Los recuerdos continuaron mostrando batallas, ahora fuera del coliseo porque ellos ya eran personas libres nuevamente. Pudieron verlos morir más de una vez salvándose mutuamente. Y pudieron verlos peleando juntos a la perfección. Eran un gran par. Eran imparables y magníficos. Eran lo que realmente uno pensaba cuando escuchaba hablar sobre guerreros.
Al día siguiente, los recuerdos mostraron una muerte bastante fea de Andy.
Estaban peleando una batalla. Estaba siendo más difícil de lo que habían pensado. En un momento, Andy no podía encontrar a Lykon en el campo de batalla. Así que lo buscó, hasta que lo encontró planeando una estrategia de ataque con un pequeño grupo de hombres.
— Cuida tu espalda. — Le indicó ella.
— Pensé que ese era tu trabajo Andromache. — Comentó él con una sonrisa.
Ella sonrió ante eso. Sabía que él la estaba diciendo en broma, pero eso era lo que en verdad ella pensaba. Andy sentía que era su responsabilidad cuidarlo porque ella era la más grande, porque él era la primera persona inmortal que había conocido y porque se querían como hermanos.
Por eso, cuando en un momento estaban siendo atacados por lanzapiedras y vio que estaban a punto de aplastar a Lykon, ella se antepuso a la situación y actuó como su escudo. Murió por él.
Cuando ella revivió, Lykon estaba a su lado, luciendo preocupado.
— Ya era hora de que despertaras. — Le reprochó él. — Imagino que regenerar parte de tu cabeza y tu brazo es agotador. — Dijo y le ofreció agua.
— Más que agotador, es doloroso. — Dijo ella, observando donde todavía faltaba la mitad de su brazo.
— ¿Por qué hiciste eso? Yo tenía que morir, no vos. — La acusó.
— Porque soy la mayor, es mi responsabilidad protegerte. — Justificó ella.
— Eres tan testaruda que realmente es molesto. — Se quejó él, pero la sonrisa que había dibujada en su cara daba señal de que le gustaba su lado protector.
— Distraeme. — Pidió ella. — ¿Qué quieres que hagamos una vez que me recupere? — Preguntó.
— Primero, descansar mínimo por una semana. — Contestó él, sin siquiera dudarlo. — Después creo que deberíamos unirnos a la campaña de Alejandro Magno. — Propuso.
— ¿En verdad quieres pelear para Alejandro Magno? — Preguntó ella y él asintió con la cabeza. — Yo estaba pensando que más bien deberíamos pelear en su contra. — Le dejo saber, de una manera algo desafiante.
— ¿Siempre tienes favoritismo por el lado de los más débiles? — Preguntó él, haciéndose el molesto.
— Al parecer si. — Respondió ella pensativamente, porque en verdad hasta ese entonces no se había dado cuenta de eso.
— Pensé que Alejandro te caía bien, ¿la semana pasada no tuvieron una cena? — Dijo él, cambiando el tema.
— Creo que me cae mejor su madre, y en cuanto a Alejandro estoy segura de que él prefiere la compañía íntima de un hombre. — Dijo ella con sinceridad.
— ¿Entonces? — Insistió él, porque quería detalles.
— Si, tuvimos relaciones sexuales. Y si, fueron terribles porque a él no le gustan las mujeres. Y si, quedamos en ser solamente amigos. — Respondió ella, adivinando todo lo que el otro quería saber.
— Y yo que pensaba que finalmente me ibas a dar una gran historia de amor. — Comentó él.
— Ya tuve grandes amores, creeme que para nosotros eso no termina bien. Estamos destinados a los corazones rotos y la tragedia. — Le dejo saber ella.
— No te preocupes, yo voy a tener fe por ambos. Estoy seguro que algún día van a llegar nuestros grandes amores. — Aseguró él, sin dar importancia al fatalismo de la otra.
Los siguientes recuerdos fueron sobre la conquista de Alejandro Magno del Imperio Persa. Andy y Lykon estaban siempre en batalla, peleando como los soldados y guerreros que eran. Y aunque ellos dos viajaban juntos y sus miradas siempre se encontraban en las batallas, ellos peleaban para lados opuestos. Porque Andy siempre se iba a pelear para el lado de los persas, mientras Lykon se quedaba del lado de Alejandro Magno.
— Nitocris, Héctor, Alejandro Magno. No puedo creer que Andy haya estado con todos ellos. — Dijo Nile impresionada.
— Y Rodin. — Agregó Booker, recordando el momento que los tres habían compartido en la mina.
— Y muchos más, que seguro no van a aparecer en los recuerdos porque fueron cosa de una noche y no están relacionados a ningún trauma. — Agregó Joe divertido.
Las imágenes continuaron mostrando batallas, hasta que hubo algo nuevo.
Quynh.
Andy comenzó a soñar con reiteradas muertes de Quynh en el desierto. Quynh se estaba dejando morir voluntariamente, porque se había dado por vencida.
