Capítulo 8. Tropa de Reclutas del Ciclo Nº104
Año 847. Distrito de Entrenamiento de Reclutas
Bajo el abrazador sol, varias filas de soldados aguantaban el calor con el cuerpo erguido y la mirada en llamas, sin mostrar ningún ápice de molestia mientras postraban delante de todos los entrenadores que los instruirían hasta el final, con la esperanza de que la mayoría sobreviviera en ese mundo tan cruel.
Entre los entrenadores, uno dio un paso hacia delante, separándose del resto para dirigirse hacia las nuevas promesas.
-¡A partir de ahora, sois miembros oficiales de la tropa de reclutas nº104!- Gritó el hombre, parándose delante de ellos - ¡Para desgracia para ustedes, yo, Keith Shadis, estoy al mando de esta unidad! – Grande fue la sorpresa de _ encontrarse al antiguo comandante del Cuerpo de Exploración en aquel lugar. En un primer instante, se puso nerviosa pues estaba segura de que, ahora que se había recuperado, podría reconocerla. Sin embargo, el hombre no parecía el mismo. Del estrés causado por el sin fin de expediciones fallidas le provocó un síndrome muy agudo de alopecia, acabando sin cabello sobre la cabeza. Además de ello, unas profundas ojeras quedaron perennes alrededor de sus ojos. Si la reconoció o no, no lo supo nunca, pues no hizo mención alguna- ¡No estoy aquí para daros una cálida bienvenida!¡Todos los que estáis aquí no sois más que ganado esperando a ser devorado por los titanes! ¡Sois aún peor que ganado! – Al parecer, no solo su exterior había cambiado tras su fracaso, sino tan bien su interior. Ahora se encontraba más tenso y serio que antes. _ suspiró, aquello solo haría que asustar a los nuevos reclutas. Sin embargo, razón no le faltaba- ¡Durante los próximos tres años, os entrenaré para que dejéis de ser inútiles de mierda!¡Os enseñaré cómo enfrentaros a los titanes!¡Dentro de tres años, cuando os enfrentéis a un titán, ¿seguiréis siendo comida?!¡¿U os habréis convertido en el glorioso muro que protegerá estas murallas!? ¡¿O tal vez seáis el campeón de la humanidad que destruirá a los titanes?! ¡La elección es vuestra!
"Recuperaré mis fuerzas, descubriré el secreto tras la muerte de mi madre y acabaré con esos jodidos titanes. Esa es mi elección" Pensó _, dejándose llevar por aquel apasionado discurso, mientras el entrenador comenzaba su rito de iniciación.
_ volvió a suspirar, comenzando a incomodarse. Aquello no le gustaba nada. No era un espectáculo agradable de ver ni escuchar.
El rito de iniciación era algo duro para quien no tenía los nervios de acero. A partir de la humillación, destruían los recuerdos de lo que una vez fueron y los reconstruían a partir de 0, convirtiéndolos en buenos soldados. Según ellos, era un paso necesario para su formación. Para desgracia de _, en su periodo de entrenamiento, ella sufrió mucho, pues apenas podía aguantar las ganas de defenderse contra esos abusos, asique, como consecuencia de su gran boca, tuvo muchos castigos por parte de su antiguo entrenador Edward. Ese fue uno de los motivos por los cuales _ odio la jerarquía militar.
Al primero que intimidó fue a un chico de pelo rubio, llamado Armin Arlelt, y, para sorpresa de _, era del Distrito de Shiganshina. La morena, desde su posición, lo miró detenidamente con mucha curiosidad en el cuerpo, preguntándose si habría estado en aquel fatídico día. Si ese fuera el caso, el chico se veía muy joven, demasiado para haber pasado por esa experiencia tan traumática. Parecía tener la edad de su hermano pequeño, Ethan.
Un movimiento entre las filas la sacó de su ensimismamiento. El entrenador Shadis había cogido por la cabeza a un chico con el pelo rapado y comenzaba a zarandearlo, gritándole por su mala postura en el saludo militar. _ no pudo evitar un impulso de sonreír. Pero, de repente, el excomandante giró la cabeza hacia la izquierda, muy lentamente, totalmente tenso. La chica, curiosa por la reacción de aquel hombre, siguió su mirada. Al ver la causa de su estado de shock, no pudo evitar soltar una pequeña risita, causando que sus compañeros entrenadores la miraran con terror. Tal vez este año el rito de iniciación sería un poco más interesante. Detrás del chico de la cabeza rapada llamado Connie, una chica se estaba comiendo tan pancha una patata. En medio de todos.
Shadis soltó a Connie de golpe, haciendo que el chico cayera al suelo, levantando la tierra a su alrededor. Con un aura asesina, el hombre caminó hasta la chica de la patata la cual continuaba comiéndosela, sin importarle nada ni nadie. "Tiene unos ovarios del tamaño del Distrito entero" pensó la morena con una pequeña sonrisa, medio con admiración medio con pena por aquella chica.
-Eh, tú… ¿Qué coño estás haciendo? - Preguntó Keith, mirándola incrédulo. Dando unos pasos más, se acercó hasta estar unos centímetros de ella y explotó- ¡Te estoy hablando a ti! ¿Quién te crees que eres? -Le gritó fuera de sí.
Desde su posición, _ silbó sorprendida, ganándose otra mirada de terror de sus compañeros.
-No sale viva de ahí- Sentenció mirando la situación con un poco de añoranza. Le recordaba a su primer día. Ella también causó problemas.
…
-Y esta será tu habitación – Una de sus compañeras abrió la puerta de madera que había frente a las dos y le hizo una señal con la cabeza a _ para que pasara. Los entrenadores disponían de una habitación privada la cual estaba equipada con una cama, un escritorio y un armario. No era una de las mansiones que había en el Muro Rose, pero era más que suficiente para vivir. _ observó satisfecha el lugar para después dejar su mochila con sus pertenencias sobre la cama, era la primera vez que tenía su propia habitación, sin contar su estancia en el hospital. Al notar como su compañera seguía ahí con ella, se giró para encararla, viendo que la miraba con los ojos brillantes que casi iluminaban la estancia oscura debido a que ya era de noche– Perdona ser tan cotilla, pero… ¿Por algún casual eres la Pequeña Gigante?
_ frunció el ceño, extrañada.
-Ajá, pero…
-¡No me lo puedo creer!¡Eres tú!- Emitió un grito la chica, sorprendiendo a la morena- He escuchado un montón de historias acerca de ti de un amigo que estaba en tu mismo escuadrón ¡Eres casi una leyenda entre los cadetes de tu generación!¡Dijo que eras muy bajita, pero pensaba que era una exageración, y, sorprendentemente, no es así!
Una pinzada de molestia cruzó el gesto confundido de _. Cuanto odiaba que hablaran de su altura.
-Pues dile a tu amigo que…
-¡Fuiste muy valiente liderando a tu escuadrón sin capitán ni esperanzas por sobrevivir! -Continuó hablando su compañera con mucho entusiasmo, sin apenas dejarle hablar - ¡Conseguiste que llegaran vivos casi todos!¡Mi amigo incluido, asique gracias!¡Eres increíble! - Sus ojos brillaron con admiración.
Ante las palabras de la chica, el corazón de la morena se encogió dolorosamente, dejando casi sin respiración. Sí, casi todos llegaron vivos. Lo sabía bien. Lo sabría hasta que se muriera.
Sin darse cuenta, _ cambió su rostro confuso a uno más serio, mirando de manera muy intensa a los ojos a la chica, la cual calló al darse cuenta de que algo no andaba bien. Sin embargo, al ver como la pobre chica se quedaba muda, _ parpadeó varias veces, volviendo a su gesto neutral. Parecía que la había asustado. Sintiendo entre vergüenza y pena, intentó arreglarlo.
-Perdóname, me has pillado desprevenida- Se disculpó con sinceridad. La chica parecía amable y estaba segura de que no quería ofenderla, por lo que no era justo hacerle pagar por sus propios errores- La verdad es que me ha sorprendido ser conocida por otra gente– "Y no debería" pensó con un poco de preocupación. Por suerte, el tiempo que estuviera ejerciendo de entrenadora mientras recuperaba las fuerzas conseguiría apagar aquellos molestos chismorreos acerca de ella- Y si te soy totalmente sincera, no me gusta mucho llamar la atención, no sé si me entiendes – Decidió que lo mejor que podía hacer ahora para evitar que la gente investigara acerca de ella.
La chica, tras unos segundos estática, parpadeó varias veces y sonrió con alegría. _ sabía que su cambio de actitud le había dejado confusa, pero para su alivio pareció que no le dio mucha importancia.
-Sí, sí, claro que lo entiendo. Te prometo que no diré ni una palabra de quién eres – Le dijo con la misma actitud entusiasmada que antes. _ sonrió levemente, le gustaba esta chica- Eso sí, con una condición.
-¿Cuál?
-Déjame ser tu amiga, por favor. Desde que escuché acerca de ti, te he admirado muchísimo, casi tanto como El hombre más fuerte de la humanidad- Le pidió poniendo las manos juntas e inclinando la cabeza hacia delante, haciendo que todo su cabello ocultara su rostro.
_, durante su estancia en el Cuerpo de Exploración, había escuchado vagamente acerca de ese hombre. Sabía que era un soldado con grandes habilidades que había derrotado a un sinfín de titanes, pero nada más. Ni nombre. Ni aspecto. Ni edad. En ningún momento le interesó investigar más acerca de él. Había estado demasiado entusiasmada con las expediciones y demás, que poco le importaba lo que pasaba a su alrededor. Y ahora era más de lo mismo.
Con una pequeña sonrisa, asintió. A pesar de haber sufrido mucho durante 2 años y haber pasado por una multitud de experiencias traumáticas, había algunas cosas que dentro de _ no cambiarían nunca. Como por ejemplo su naturaleza amigable.
-Por supuesto. Me encantaría ser tu amiga.
-Oh, muchas gracias, Pequeña Gigante. Oh, perdón… Emmm….
-Me llamo _ Morgan – Extendió su mano hacia la chica, un poco divertida por la torpeza de la chica- ¿Y tú?
-Regina Klauss, pero puedes llamarme Gina- Le correspondió el saludo.
Después de que el torbellino llamado Gina se marchara deseándole buenas noches, _ se dispuso a sacar todas sus pertenencias y colocarlas en su armario y demás lugares. Se había traído algunas mudas a parte del uniforme de enfrenadora. Desde se había vestido de una manera muy distinta a las mujeres de aquel lugar, ya que ellas normalmente iban con vestidos y faldas; sin embargo, _ odiaba la poca movilidad que le daba aquel trozo de tela tan largo, por lo que prefirió desde siempre utilizar pantalones y botas. Su hermana insistió mucho en vestirse mejor, pero fue un caso perdido.
Con una pequeña sonrisa al recordar las múltiples discusiones, volcó el contenido de su mochila sobre la cama y comenzó a separar sus pertenencias. Colocó sus prendas a un lado, doblándolas a la perfección para meterlas en el armario a continuación. Después, cogió la libreta que le había acompañado tantos años y la dejó encima del escritorio ya que normalmente dedicaba unas horas antes de irse a dormir a repasar sus apuntes. Nunca está de más recordar algunas técnicas o conceptos. Mirando lo que quedaba, horrorizada, se dio cuenta de que le faltaba algo. Una de las cosas más importantes que debía haberse llevado antes de quedarse encerrada en aquel Distrito por 3 años.
Con un poco de ansiedad, rebuscó entre sus pertenencias, volviendo a desordenarlas.
-¡No, no, no!- Exclamó poniéndose muy nerviosa-¡No, joder! ¡Se me ha olvidado comprarlo! – Frustrada, se cogió la barbilla, pensando en cómo arreglar aquel desastre, pero solo se le ocurría una manera. Una muy mala manera. Suspirando, se removió el pelo- Maldita sea, no me queda otra.
Con prisa, salió de la habitación y de la cabaña de los entrenadores, olvidándose de su chaqueta que la identificaba como una. La brisa de la noche, al abrir la puerta, le refrescó las mejillas, provocándole que por su espalda le recorriera un escalofrío. Y, demasiado impaciente por conseguir lo que se le había olvidado, caminó entre el camino iluminado por las antorchas, sin importarle quien le viera. Llegando a la zona donde se encontraban la cabaña de los reclutas escuchó un ruido. Extrañada, se asomó en una de las esquinas y en el suelo vio como estaba tumbada la chica patata, casi hiperventilando. Al parecer recién había terminado de cumplir con su castigo. Y a juzgar por su respiración y aspecto, parecía más muerta que viva. A continuación, en la oscuridad se escucharon unos pasos que se acercaban y, tras unos segundos, una antorcha iluminó a una chica muy bajita, más bajita incluso que _, con el pelo rubio y los ojos azules, portando algo entre sus brazos.
Como si le hubiera poseído algo, la chica patata saltó como si de un animal se tratara y le arrancó de los brazos lo que llevaba, tirando en el proceso al suelo a la pobre chica, que emitió un grito, medio asustada y sorprendida.
La chica patata parpadeó y miró lo que tenía en la boca, totalmente asombrada.
-¿Es…?¡Pan!
-Es lo único que he podido guardarte- Le dijo con cautela la rubia- Pero antes deberías beber un poco de agua- Hablando con una voz muy dulce, le ofreció una bota de cuero, repleta de agua.
La chica patata se quedó de piedra por unos segundos, abriendo los ojos como platos.
-¿Eres una diosa?¡ERES UNA DIOSA!-Grito muy conmovida la castaña, cogiéndole del hombro, acercándose en un instante a la rubia.
Desde su posición, _ se tapó la boca, riendo por lo bajo. La chica patata le había caído bien desde el primer momento que la vio, parecía un espíritu muy libre que no le importaba una mierda lo que pasara al resto del mundo.
Unos pasos interrumpieron los gritos de la castaña, haciendo que las dos se giraran en la dirección al sonido, sobresaltándose. Entre las sombras apareció otra chica, de pelo castaño recogido con una coleta y rostro serio. _ por sus ropas pudo ver que era otra recluta.
-Eh, ¿Qué hacíais vosotras tres? - Les preguntó con seriedad. La chica patata al descubrir su presencia comenzó a engullir el pan, con mucha hambre.
-Es que… se ha pasado todo el día corriendo y he pensado…-Intentó explicarlo la rubia con voz baja, un poco nerviosa. Pero de repente parpadeó varias veces, mostrando una expresión confundida- Espera ¿Has dicho las tres?
Tal vez era el momento perfecto para salir de su escondite. Por lo que, con las manos levantadas, en señal de rendición, la morena dio un paso fuera de la esquina, siendo iluminada por las llamas.
-Vaya, vaya, me han pillado- _ salió de la esquina donde había observado todo lo ocurrido, causando que la rubia y castaña se irguieran preocupándose por haberlas descubierto. Todavía con las manos alzadas, movió una de ellas, saludándolas con tranquilidad- Buenas noches, chicas.
-¿Quién cojones eres tú y que hacías espiando, pequeñaja? No sabes que es de mala educación escuchar a escondidas las conversaciones de otros – Le preguntó la más alta de todas de una manera muy inquisitiva a _, molestándole un poco por el tono de su voz y el adjetivo con el que se había referido a ella.
En vez de dejarse llevar por sus emociones, las reprimió y se cruzó de brazos, cambiando el peso de su cuerpo a una de sus caderas. Alzó la vista y le miró, orgullosa, mientras alzaba una de sus cejas.
-Para tu información, recluta, soy _ Morgan, una de las personas con las que tendrás el placer de entrenar- Le dijo arrastrando cada una de las palabras, un poco hostil- No me gusta los protocolos jerárquicos, es más, creo que son una tontería. Pero eso no significa que puedas cruzar la línea conmigo. Ni conmigo ni con nadie.
La alta parpadeó sin poder creérselo, manteniendo su rostro serio. No se esperaba que la morena le enfrentara sin parpadear.
-¿Eres entrenadora? Y una mierda. Además de que no tienes el uniforme, eres demasiado joven para ser una entrenadora. No pareces más mayor que nosotras.
-Tengo 21 años, dentro de unos meses 22. Y sí, soy entrenadora a esa edad- Frunció el ceño, todavía con los brazos cruzados. Estaba un poco cansada de que todo el mundo le cuestionara la edad.
-¡Es verdad, ahora me acuerdo!-Saltó la rubia alzando la voz, con los ojos abiertos- Es la chica que se ha reído durante la presentación- Al parecer la había reconocido. De pronto la actitud de la chica pasó de entusiasmo por haberle reconocido a cautela, incluso miedo. Su rostro se volvió blanco como la cal- Estaba junto con los entrenadores…
-¡Si es una de las entrenadoras, entonces eso quiere decir que nos ha pillado!-Gritó alarmándose la chica de la patata, todavía en el suelo, cogiéndose la cabeza con ambas manos.
_ la miró y se rio por lo bajo, aligerando el ambiente tan tenso que se había formado al descubrir su identidad. Las tres reclutas la miraron muy confundidas, pues pensaba que las iba a castigar.
- ¿Qué? ¡No!¡Que va! No considero que hayáis hecho nada malo, la verdad- Negó volviendo al mismo humor de siempre. Con una pequeña sonrisa, y como si nada, señaló a su espalda- De hecho, yo sí, porque iba de camino a robar algo de la cocina. Sería muy hipócrita por mi parte castigaros.
Las tres parpadearon un poco perplejas por la inusual sinceridad de la morena.
-¿A…robar?-Preguntó la rubia, sin estar segura de haber escuchado bien.
-Sip, necesito conseguir una cosa con mucha urgencia y sé que estará en la cocina ¿Queréis acompañarme? Estoy segura de que la chica patata seguirá teniendo hambre después del maratón que se ha pegado, además nunca está de más tener compañía para cometer un delito.
Ante la mención de una posible cena más sustanciosa, a la castaña del suelo le brillaron los ojos y se levantó de un salto, haciendo el saludo militar. A su lado, la rubia se sobresaltó, saliendo de su inseguridad.
-¡Sí, entrenadora Morgan, le acompañaré hasta el mismísimo infierno, si hace falta!- Gritó muy entusiasmada y ansiosa. Entre sus labios se pudo ver cómo le caía la baba, ante la expectativa.
-¡Sí, joder, esa es la actitud, emmm…!¿Cómo te llamas, chica patata?-Preguntó contagiada de la energía de la cadete. Sin embargo, su rostro cambió mostrando un pequeño gesto de bochorno.
-¡Mi nombre es Sasha Blouse, entrenadora Morgan!- Se presentó con el mismo entusiasmo, sin importarle el hecho de que no recordara su nombre.
-Encantada, Sasha, pero llámame _. Como ya he dicho, odio las formalidades militares- Le sonrió un poco divertida con la chica. _ desvió sus ojos a la rubia y a la más alta de las chicas. Ladeó la cabeza, mirándolas interesada -¿Y bien? ¿Cómo os llamáis vosotras dos?
-Sí, entr….,digo, _, me llamo Krista Lenz. Encantada de conocerle- Se presentó apurada, todavía nerviosa y desconcertada, haciendo el saludo militar. Parecía una chica muy dulce y amable- Sí, también me gustaría acompañarla. Así podría ayudarla, en agradecimiento por no delatarnos, si no le importa.
_ asintió con una pequeña sonrisa contenta de que se apuntara también a la aventura, la cual se esfumó cuando dirigió sus ojos a la alta de todas. No le gustaba las personas que actuaban o se creían superiores al resto, y la chica parecía ser una de ellas. Desde siempre había tenido problemas con este tipo de personas, pues tenía la creencia férrea de que todos merecían el mismo respeto. Siempre se metía en líos cuando una persona con este modo de ver a los demás se cruzaba en su camino.
Sin embargo, a _ le gustaba llevarse bien con todo el mundo, por lo que pensó que intentarlo no la mataría.
-Ymir. Y no, paso de ir con vosotras, no quiero que me relacionen con vuestras tonterías- Respondió secamente, con un rostro indiferente. Una punzada de molestia recorrió el pecho de _- Adiós, espero no veros en el calabozo recibiendo vuestro castigo – Y sin más, se fue por donde había venido, siendo envuelta por las sombras de la noche, seguida por los ojos rabiosos de _.
O tal vez, sí.
La muy imbécil había menospreciado su intento de paz y encima se había burlado de ella. No tenía respeto por nadie.
Ante el aura de molestia que recorrió a _, Krista se apresuró por calmarla. Parecía que en cualquier momento fuera a ir tras ella y a armarla bien gorda.
-Déjela, seguramente se comporte así porque está nerviosa del primer día - Trató de excusarla con lo primero que se le ocurrió, lo cual no fue muy convincente.
-¡Si, si, déjela!-Le apoyó Sasha poniéndose al lado de la más mayor de las tres con mucha insistencia - Y mejor vayamos a la cocina. Nos espera la comida.
_ las miró por un segundo, todavía un poco molesta, pero asintió ganándose un "Yujuu" por parte de la castaña y un suspiro de alivio por parte de la rubia. Ya le daría una lección a esa chica tan grosera más tarde.
…
Bajo la mirada de asombro de las dos cadetes, _ manipulaba la cerradura del almacén de la cocina con un alambre, el cual consistía en un edificio pegado a donde preparaban los platos para los cadetes y demás entrenadores.
Atenta, _ escuchaba el sonido de la cerradura siendo forzada por el alambre de metal. Una vibración entre sus dedos le indicó que estaba yendo por el buen camino y, tras unos mínimos movimientos, se escuchó un click en el lugar. Con una pequeña sonrisa de victoria, alzó la vista y les señaló con la cabeza la puerta. Sasha, con impaciencia, cogió el pomo de la puerta y lo giró a la vez que _ accionaba el mecanismo. La puerta, para desgracia de las tres, chirrió escandalosamente, provocando que las chicas se quedaran quietas en el sitio, con el puso acelerándose. "Ay por las murallas, la hemos cagado" Maldijo _ girando la cabeza, mirando el lugar en penumbras, vigilando muy atenta. Tras unos segundos en los que no sucedió nada, Sasha corrió al interior, sin esperar a ninguna de las dos. Soltando una pequeña risa, _ y Krista la siguieron.
Dentro de la cocina, el lugar estaba muy oscuro, pero gracias a la claridad de las llamas de las antorchas que se filtraba por las ventanas se podía distinguir ciertos muebles. Justo donde caía la luz se podía ver una mesa con una lámpara apagada sobre esta.
-Ha sido asombroso, _-Le halagó la rubia.
-¿Verdad?-Le enorgulleció _, hinchando un poco el pecho, agachándose en un mueble y abriendo un cajón- No es algo que te enseñen en el Distrito, asique más vale que aprovechéis los conocimientos privados que os estoy proporcionando- Sus manos cogieron una pequeña caja con un lado rasposo. Bingo, había encontrado lo que buscaba. Empujando un lado de la caja, el interior se deslizó hacia el lado opuesto, mostrando como dentro descansaban un par de cerillas. Cogió una de ellas y la arrastró contra el lado rasposo, causando que se prendiera al instante, iluminando su rostro. A su lado, Krista cogió la lampara y le abrió la compuerta que tenía. Con sumo cuidado, _ acercó la llama y esta prendió la mecha que había en el interior del objeto, iluminando el lugar- Gracias.
Sasha, que poco le había importado que estuviera el lugar sumido en la oscuridad, había encontrado, para sorpresa de ambas chicas, un pequeño armario donde estaba toda la carne. En el suelo, sentada de espaldas a ellas, se dedicaba a devorar con ansia. Desde su distancia, _ y Krista se miraron un poco temerosas por la bestialidad con la que comía, por lo que decidieron no acercarse por miedo a que le mordiera o algo.
-¿Y dónde aprendió a abrir cerraduras?-Le preguntó la rubia desviando su atención de su compañera hasta _ que comenzó a abrir y a cerrar armarios, buscando lo que necesitaba tan desesperadamente.
_ paró lo que estaba haciendo y le echó una mirada a la rubia por encima de su hombro, sonriendo un poco por la curiosidad de la rubia.
-Oh, bueno. Yo de pequeña era un poco…¿Como decirlo?¿revoltosa? Sí, eso- Le comenzó a explicar subiéndose a la encimera de la cocina, pues no alcanzaba uno de los armarios que colgaban en la pared- En el pueblo donde vivía no había muchos niños, por lo que me pasaba el día haciendo trastadas a los vecinos ya que no tenía otra cosa mejor que hacer. Nunca he soportado el aburrimiento. En una ocasión, vi que uno de ellos se le había perdido la llave de su casa y que consiguió abrirla con solo un trozo de alambre, por lo que me interesé y decidí ponerlo en práctica- Cerró el armario tras ver que no estaba lo que buscaba y caminó por la encimera hasta el siguiente, con una sonrisa nostálgica- Robé un caballo de los establos del jefe del pueblo, me monté sobre él y cabalgué alrededor del pueblo con los vecinos corriendo tras de mí. Fue divertido, pero el castigo quitó toda la gracia. Me ataron de cabeza y manos a un poste, por varias horas- _ soltó una pequeña carcajada ante el recuerdo.
"Lástima que esos tiempos hayan quedado en el pasado" Pensó con un poco de pena.
-Creo que continúa siendo igual de traviesa- Comentó la rubia, un poco divertida, tapándose la boca con timidez- Dado que, años después, está en la cocina del Distrito intentando robar algo.
_ se giró lentamente desde su posición y conectó sus ojos con los de la cadete. Esta abrió los suyos y se tapó la boca, probablemente pensando que a lo mejor se había pasado de la raya al comentar algo así. Sin embargo, _ saltó del sitio, cayendo con gracia en el suelo de madera y al ponerse recta, le miró divertida.
-Pues espero que no nos pillen porque dudo mucho que el castigo sea atarnos al poste- Bromeó encogiéndose de hombros, causando que el rostro de Krista palideciera ante esa muy probable posibilidad, mientras se agachaba para abrir el último armario que le quedaba de aquella encimera. Estaba comenzando a ponerse muy nerviosa. Lo necesitaba. Por suerte, encontró lo que tanto buscaba- ¡Bingo, ya lo tengo! - Con rapidez, lo cogió y lo escondió debajo de su camisa, la cual al ser una o dos tallas más grandes ocultaba a la perfección el botín robado. Asegurándose de que no se le caería, _ se alzó y miró a Sasha, la cual se encontraba apoyada contra el armario, durmiendo escandalosamente con una sonrisa en la boca y un montón de migajas en los labios. Al verla así, suspiró, negando con la cabeza- Mierda, se ha quedado frita. Ven, Krista, ayúdame a recoger esto y sacarla de aquí, antes de que despierte a todo el mundo con esos ronquidos.
Después de procurar no dejar ninguna pista en la escena del crimen, _ y Krista arrastraron de los hombros a Sasha afuera de la cocina y continuaron a duras penas hasta llegar a la cabaña donde se hospedaban las dos cadetes. Cargando sobre los hombros de la rubia a la castaña, _ despidió con una mano a las dos y, cuando entraron dentro, se marchó a su habitación, con una sensación de alivio en el cuerpo.
Una vez entre las paredes de su refugio particular, su gesto se volvió un poco serio. Caminó hasta donde había dejado su bolsa, la cual se encontraba junto a la cama, y sacó de ella un vaso de metal. Con el recipiente en la mano, caminó hasta el escritorio, el cual era iluminado por la luz de las antorchas, y, tras sentarse, depositó el vaso sobre la madera. Con un suspiró, sacó su botín robado de su camisa y lo depositó junto al vaso, mirándolo con seriedad. Era una botella barata de vino tinto, las que utilizaban los cocineros para preparar las distintas comidas que servían.
Después de unos segundos, cogió nuevamente la botella y se acercó el corcho a la boca, cogiéndolo con los dientes con fuerza. Con un movimiento, lo sacó y lo escupió a alguna parte de la habitación. A continuación, vertió el contenido en el vaso, sin importarle que se derramara un poco por la madera, y tras estar lleno, volvió a dejar la botella en el escritorio. Cogió entre sus dedos el recipiente de metal y se lo llevó a los labios, bebiendo el contenido de un golpe. Al terminarlo, alzó el vaso boca abajo y lo sacudió sobre su cabeza, sintiendo un ardor familiar recorrerle la garganta hasta llegar al estómago. Con un gesto amargo por el sabor del alcohol, volvió a llenarlo y a bebérselo, repitiendo la misma sacudida sobre su cabeza tras terminarlo. La segunda vez que entró en su sistema aquel vino tan barato y malo su mente comenzó a ablandarse, relajándola poco a poco. Casi derretida en la silla, vertió por última vez el líquido rojo y cogió el vaso con un poco de torpeza. No tenía buena tolerancia al alcohol. A decir verdad, no tenía ninguna. Sintiéndose mareada, bebió hasta la última gota que contenía y lo sacudió por última vez en su cabeza.
Como si el brazo le pesara una tonelada, lo dejó caer sobre la mesa, dejando el vaso junto a la botella y lo volvió a mirar por unos segundos, con los ojos entrecerrados, a causa de la embriaguez que la azotaba cada vez con más intensidad. Sin más, se levantó de la silla y tambaleándose, se dejó caer sobre la cama, durmiéndose al instante en que su cuerpo sintió el tacto suave de las sabanas. Aquella noche, una vez más, no soñó.
