Los dioses griegos dejaron las tierras de los nórdicos, se lo habían pasado bien a pesar de algunas tensiones, sobre todo lo que pasó en el incidente con Frey, Odín prometió que desterraría a Frey de Asgard durante diez años aunque este fue maldecido por Afrodito.

Su próximo destino fueron unas islas en Asia que se llamaban Japón, si antes los nórdicos le parecieron extraños esas nuevas tierras dejaron a Hefesto y a los que no estuvieron allí antes sin palabras.

Había diversas criaturas sobrenaturales los Kappa, Unas extrañas criaturas con forma humana y más o menos la misma estatura que un niño, parecían monos con un pico y un caparazón de tortuga.

—Tened cuidado con ellos—les advirtió Hermes—Son demonios que viven en los ríos y estanques de Japón. Son monstruos letales y bromistas—el dios mensajero se reía recordando algo particularmente gracioso que hicieron los Kappas.

Los olímpicos sacudieron la cabeza viendo como Hermes se reía de forma similar a esas criaturas, los que se parecen se llevan bien.

—Parece que Hermes kun no ha cambiado nada—dijo una voz.

Se volvieron hacia la voz en un campo de arroz había un hermoso zorro que Hefesto nunca había visto, blanco como la nieve y unos puntos rojos adornaban donde debía sus cejas y unos intensos ojos azules.

Démeter en cuanto lo vio su rostro se iluminó avanzó y le hizo una reverencia que el zorro imitó, algo gracioso de ver.

—¡Cuanto me alegro de verlo señor Inari!—dijo la diosa de la cosecha.

—Lo mismo digo Démeter sama—

La diosa avanzó hacia el grupo junto al llamado Inari.

—A los que no lo sabéis todavía él es Inari el dios de la fertilidad, agricultura, el arroz y los zorros—

El zorro adoptó la forma de un anciano con una cesta de arroz y un extraño sombrero de paja que lo protegía del sol—

—Encantado de conocerles—asintió hacia las deidades más jóvenes—Me alegro de volver a verles Zeus y Hera senpai—

Hefesto estaba intrigada, ese dios era muy particular no solo porque adoptaba distintas formas de un zorro, un anciano y una mujer joven (aunque este último lo evitaba para no atraer a los dioses especialmente), sino también por su modo de actuar tan educado y formal. Por lo que leyó nunca se saludaban dando abrazos sino haciendo reverencias y usando honoríficos como kun, sama, etc.

Aunque descubriría que la mayoría de los dioses de allí eran así.

El grupo siguió hasta que Inari los condujo a una serie de palacios con el diseño de ese país pero mucho más hermosos, con templos, curiosos jardines de piedra y distintas criaturas y yokais unos espíritus o demonios con partes de animal o humanas. Aquí eran donde vivían la mayoría de los dioses tenías otras viviendas en sus templos en el mundo de los mortales también.

Delante del palacio había una mujer extremadamente hermosa llevaba un kimono blanco y unas mangas con un dibujo de un círculo rojo en cada una su tocado era muy elaborado recogido y adornado con diversas flores y unos halos dorados salían como si fueran rayos de sol.

Zeus y Hera saludaron a la diosa quien se lo devolvió.

—Saludos Zeus, Hera san, es un placer volver a verles—

—Lo mismo digo Amateratsu—Zeus le sonrió a la mujer que se mantuvo estoica, mientras a su lado Hera frunció el ceño con irritación.

Hefesto notó esto al igual que los demás que se movían incómodos. No era un secreto que Zeus se había sentido atraído por Amateratsu pero la diosa del sol era increíblemente terca y había rechazado sus avances aunque eso no impedía que de vez en cuando el rey de los dioses lo intentara.

Atenea suspiró, su padre no tenía remedio en sus maneras fuera quien fuera en cualquier rincón de la tierra era capaz de intentar conquistar a una chica.

En unos de los jardines con múltiples flores de loto se encontraba una deidad como nunca antes había visto la herrera, era un hombre de piel rojiza oscura con pelo largo y llameante, una cabeza de león sobre él y Además de un tercer ojo colocado verticalmente entre los suyos con seis brazos.

El dios fumaba en ese momento pero alzó la vista u les sonrió, a pesar de su aspecto inquietante se veía amable y sus ojos azules profundos tenían un brillo cálido en ellos.

—Saludos hacía mucho que no les veía—el hombre se levantó y saludó a los dioses.

Hestia viendo que los olímpicos lo veían con curiosidad sonrió y les susurró.

—Es Aizen es el dios del amor—

—Si querida Hestia y no olvides también que soy el dios de los músicos, las prostitutas y los cantantes, la transformación de la lujuria y el amor en el despertar espiritual—le cogió la mano a la diosa del hogar y le dio un beso casto en el dorso—Un placer como siempre señora Hestia—

Artemisa se adelantó echando chispas por sus ojos era tan aterradora que los de a su alrededor se alejaron de la furibunda diosa. Pero Aizen al verla se echó a reír de una manera musical y armoniosa.

—Y tú debes ser Artemisa, la diosa de la luna, la caza y la castidad. Perdonad si lo que hice antes lo malinterpretasteis pero sólo la salude por cortesía no soy como mis compañeros, aún así disculpad—e hizo una reverencia.

—Tranquila sobrina solo me saludaba, Aizen y yo somos amigos desde hace milenios—

El dios rojo sonrió—En efecto siento el mismo respeto por un dios del amor igual como por una diosa de la castidad lo cual no es nada malo—

Artemisa estaba sorprendida, a menudo Afrodito solía burlarse de ella por ser una diosa virgen y de la castidad y ella lo despreciaba por prostituirse y engañar a su hermana Hefesto, nunca esperó encontrarse con un dios así.

Hablaron un rato con él, en realidad Aizen era un dios muy sabio y benevolente comprendieron por que se llevaría bien tía Hestia con él, no fue el único que conocieron en su recorrido vieron a dos hombres enfrentarse en un círculo mientras cada uno intentaba empujar a su contrincante fuera del círculo.

Afrodito babeaba ante la imagen pues ambos luchadores estaban prácticamente desnudos y el dios del amor fue a verles para los celos de Ares y Enyo.

Al final uno de los contrincantes pudo vencer al otro con una llave y expulsándolo del círculo la multitud que estaba allí lo victoreó.

—¡EL VENCEDOR ES TAKEMIKAZUCH!—

El ganador bajó de la pista de lucha y se limpió el sudor la verdad es que era muy guapo el pelo largo recogido en esos peinados que llevaban en esa región y buena complexión aunque tenía una expresión severa.

—Vaya, vaya ¿pero que tenemos aquí? Ares y Enyo lo último que me faltaba por ver en este siglo—

El dios pelirrojo le mostró los dientes al igual que Enyo que discretamente había sacado un cuchillo.

—Y tú por lo que veo sigues igual de amargado ¿eh Takemikazuch?—se burló Ares—Por lo que veo ahora te dedicas a jugar semidesnudo abrazando a hombres—el dios de la guerra se rió.

Takemikazuch frunció el ceño pero aparte de eso no mostró nada más cosa que molestó a Ares que quería provocarlo.

—Eso no es un juego niño—dijo sin importarle que enfureciera al tonto dios de la guerra—Es un estilo de lucha y un arte que conserva mucho de la tradición sintoísta, antes era un estilo de lucha de los samuráis que tú tanto admiras, así que mide tus palabras antes de hablar niño

Ares se adelantó un paso para sacar su espada pero no le dio tiempo ni de sacarla de la vaina pues Takemikazuch en menos de un parpadeo y con las manos desnudas golpeó con fuerza a al dios y le arrebato la espada enfundada y le dio una serie de golpes para también darle a Enyo que intentó apuñalarlo por la espalda.

—Por lo que veo seguís siendo los mismos niños malcriados y prepotentes de siempre mucho a hablar pero poco hacéis y sin honor por eso los samuráis jamás te aceptaran y tú diosa de la carnicería es de cobardes atacar por la espalda—

Después se marchó para asombro de todos Afrodito lleno de preocupación fue a socorrer a los dioses gemelos y miraba con furia a ese dios, iba a hacer algo cuando Zeus lo detuvo ambos dioses de la guerra se lo buscaron.

Hera que ayudaba a junto a Afrodito con sus hijos miraba furiosa a su marido, cuando Frey atacó a Hefesto si que se puso furioso y exigió un castigo pero no cuando se trataba de sus gemelos.

En cambio a Hefesto y a Atenea les estaba cayendo bien ese nuevo dios, esto iba a ser entretenido.