—Lo lamento— dijo Ezreal apenado mientras Thresh reunía a todos sus hijos en el hermoso jardín frente a su palacio.

Aún le parecía irreal estar en aquel plano, frente el espíritu que se había autoproclamado su "esposo". Fue durante el Festival de la Flor Espiritual, mucho antes de conocer a Sett, que él tuvo un encuentro con el espíritu. Lo secuestró para cumplir una antigua promesa entre ellos, una que ni siquiera él recordaba; era tan peculiar. Incluso en ese momento le sonreía mientras alzaba su linterna y revisaba los recuerdos de sus hijos para encontrar a la mujer llamada Madame X.

—¿Por qué lo lamentas?— preguntó Thresh sin dejar de manipular las almas. —Sabes que yo haría cualquier cosa por ti..—hizo una breve pausa y miró a Kara con recelo antes de murmurar entre dientes lo siguiente— Excepto tolerar a esa mujer que has traído contigo. Solo verla me produce celos ¿Por qué la has traído?—

—Es amiga de mi amigo, no tengo nada que ver con ella— dijo Ezreal tratando de excusarse cuando de pronto recordó lo que hacía ahí.— ¡Oye eso no es importante ahora! Pero...sé que no podré verte hasta el próximo festival. Me explicaste que la lámpara sólo podía usarla una vez por año para poder vernos, por eso lo lamento. Hoy no he venido a verte si no a pedir tu ayuda...—

— Es natural que un esposo ayude a su esposa ¿Qué clase de hombre sería si no ayudo a mi cónyuge cuando más me necesita? Además, el hecho de que lo lamentes quiere decir que una parte tuya comienza aceptarme— sonrió complacido el espíritu sin poder ocultar la felicidad que sentía..

Ezreal enseguida se sonrojó por su comentario y trató de contradecirlo cuando Thresh cambió drásticamente la expresión de su rostro.

—¿Qué sucede?— preguntó Ezreal preocupado.

—Esa mujer…—masculló Thresh con semblante molesto. —Sé dónde está, puedo guiarte por uno de los portales de mi linterna pero de ser posible me gustaría ir yo mismo.

—¡Sabes que no puedes ir! Si abandonas a nuestros hijos, te quedarías sin poder y tú...—Exclamó Ezreal preocupado.

—¿Dijiste "nuestros hijos"?— dijo Thresh con un leve sonrojo sobre sus mejillas.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡Tus hijos! ¡Todos tuyos!— gritó el rubio agitando sus manos comicamente.

—Te escuché—Thresh rió.

—Si tanto te preocupa nuestros pequeños me quedaré con ellos pero promete esto...— dijo tomando ambas manos de su amado consorte. —Si esa mujer llega hacerte daño, en cuanto caiga en este plano. Yo mismo me encargaré de ella.—Ezreal pudo observar por el brillo de sus ojos que Thresh hablaba en serio.

—Tendré cuidado. Ahora, por favor. Envíanos ahí—dijo el rubio para tranquilizarlo.

Thresh alzó su linterna y un portal se abrió. Kara entró primero y antes de que Ezreal cruzara, volteo a ver al espíritu.

—Iré a verte el año siguiente sin falta, lo prometo—Thresh lo escuchó complacido y lo vio alejarse.

—Sé que lo harás, no mueras—

Ezreal volteó a verlo antes de desaparecer y a continuación fue engullido por una absoluta oscuridad. Pasaron algunos minutos cuando una luz los cegó y aterrizaron estrepitosamente sobre lo que parecía un gran comedor causando un gran alboroto en el lugar.

—¡¿Dónde demonios nos dejó tu marido?!— gritó Kara molesta que apenas y había alcanzado a caer de pie sobre la mesa..

—¡Oye, no es mi marido! ¡Y ni una palabra sobre él a nadie!— gritó el rubio poniéndose de pie ya que había aterrizado sobre su trasero.

—Creo que eso no debería preocuparte ahora. Estamos rodeados— dijo Kara haciendo un movimiento de cabeza señalando a los hombres vestidos de negro que habían irrumpido en la habitación y ahora los apuntaban con sus armas de fuego.

—¡Identifiquense intrusos!— gritaron los hombres.

Kara sacó un par de dagas debajo de su falda sin decidirse a quién atacar primero y Ezreal movía su mano envuelta en su guantelete dorado sin saber a quien apuntarle.

—Bueno— murmuró Kara. —Veámosle el lado bueno, si nos matan podrás pasar más tiempo con tu esposo.

—¡Que no estamos casados!— gritó Ezreal olvidando por un segundo la situación en la que se encontraban.

Fue en ese breve instante, que una lluvia de cuchillas atravesó el cristal de la ventana del comedor, Ezreal se lanzó de forma protectora sobre Kara para evitar que las cuchillas les dieran pero como por arte de magia, estas solo volaron hacia sus atacantes dejándolos inertes sobre el piso rodeados de un gran charco de sangre.

Kara y Ezreal no pudieron ocultar su sorpresa al ver a Aphelios entrar por la ventana rota y sosteniendo una extraña arma luminosa en su mano.

—¡Phel!— le llamó Ezreal pero Aphelios ni siquiera se inmuto, pasó cerca de ellos entre los cuerpos de los occisos y desapareció por la puerta por la que habían entrado los guardias.

—¿Qué demonios le sucede? ¡Nos ignoró completamente!— soltó Kara molesta bajando de un brinco del comedor.

—Son los efectos de la Noctum, tuvimos suerte de que estuviera lo suficientemente consciente para que no nos matara. — Dijo Ezreal siguiéndola.

.—¡Andando! ¡Él debe saber dónde se encuentra Sett!—Kara y él se adentraron a un largo pasillo poco alumbrado.

Las paredes tenían un elegante tapiz color azul plumbago y algunos cuadros con motivos de naturaleza colgaban de ahí, ambos alcanzaron a ver como Aphelios doblaba hacia la esquina izquierda cuando Ezreal escuchó pasos detrás de ellos.

—Deben ser más guardias—advirtió Kara.

—Yo me encargo de ellos, tú ve con él— le dijo Ezreal.

—No sé si eres valiente o muy tonto pero asegurate de regresar vivo. Sett-dono no me perdonaría que dejará morir a uno de sus amigos por salvarlo— le dijo Kara antes de separarse de él.

—Solo soy un buen tipo— contestó Ezreal yendo al lado contrario.

—¡Ahí está el intruso!— gritó uno de los guardias de la mansión y corrieron tras el rubio que se divirtió haciéndolos perder su tiempo mientras Kara se centraba en perseguir a Aphelios y encontrar a Sett.

La habitación donde Claudia había ordenado llevar a Sett se encontraba bajo tierra, para acceder a él debían descender por unas escaleras subterráneas, en medio del jardín central; dentro de la mansión. Aunque estaba a plena vista,las flores que crecían ahí ocultaban la entrada de los curiosos. Claudia había ordenado construirlo de esa forma a propósito para poder ver desde el segundo piso, su "lugar especial", donde Dominic le llevaba Vastayas para sodomizar. Además, de que ocupaba el aroma de las flores que crecían ahí para ocultar el olor a muerte que se escapaba en ocasiones del lugar.

Al descender, había que avanzar por un largo pasillo oscuro alumbrado por unas cuantas velas que desembocaba en una amplio cuarto con varios objetos de tortura colocados por toda la habitación. Cadenas, correas de cuero y rastros de sangre podían observarse en el piso y al fondo de ese, había dos enormes puertas de roble cerradas con llave.

Detrás de estas puertas, se encontraba oculto un cuarto de baño. Dos cabezas de león dorado escupían agua caliente por sus bocas en cada extremo de la habitación que desembocaba en unas amplias piletas de color dorado. El vapor inundaba la habitación y en el pasillo de mosaicos, en el centro de la habitación se encontraba Sett encadenado a una gruesa argolla incrustada en el suelo. Mientras Claudia seguía ensimismada contemplando la rareza y valor de su nueva adquisición, Sett sintió como la magia salvaje que alimentaba su parte vastaya regresaba a él de manera gradual, esto le hizo suponer que se encontraba cerca de la naturaleza. Poco a poco su fuerza iba regresando a su cuerpo lo que le permitió usar las cadenas de sus manos para intentar soltar la argolla que lo apresaba.

Podía sentir el piso húmedo bajo sus rodillas producto del vapor que se condensaba en la habitación, el ambiente se encontraba perfumado por varias mezclas florales lo que le resultaba molesto pero dónde quiera que lo hubiera llevado esa mujer podía estar seguro de algo, un persistente olor a sangre estaba impregnado en el aire.

Estaba seguro de algo, aquella mujer era una sádica.

—Te propongo algo mestizo— dijo Claudia de repente arrebatándole la venda que cubría sus ojos y por un momento la brillante luz de la habitación cegó a Sett. Fue entonces que pudo ver a su interlocutora, una mujer de flequillo dorado y cabellos negros, tan hermosa como demente. Vestía un hermoso vestido transpartnte de color blanco que resaltaban sus atributos que nada dejaban para la imaginación. Sett la miró sin una pizca de interés y ladeó su rostro, Caludia se sintió terriblemente ofendida por su gesto y tomó su mentón para obligarlo a mirarla.

—No me toques con tus asquerosas manos, asesina—Soltó Sett molestó.—No necesito ver lo que haces aquí ni tu nefasto rostro, el olor a sangre fuera de esta habitación es tan fuerte que ni tu apestoso perfume puede ocultarlo.

—Vaya que eres engreído— dijo la mujer cruzándose de brazos. —Te estoy dando una oportunidad única. La que nunca le di a ninguno de esos pobres infelices.

—¿Qué pelee en tu coliseo? Paso— dijo Sett mientras seguía jalando con fuerza las cadenas detrás de su espalda.

—Oh no, tengo más que suficientes peleadores bajo mi mando. Lo que yo quiero es...— dijo ella pasando su dedo índice por su clavícula hasta llegar a su abdomen. — Es algo más personal.

—Sigue soñando amorcito, eso no pasará ni en un millón de años. Jamás me cogería a una perra sádica como tú, ya estoy con alguien mucho mejor que tú —

—Tienes una boca bastante atrevida pero no te preocupes puedo arreglar eso —Antes de que Sett pudiera advertir lo que planeaba,Claudia sopló un extraño polvo en su rostro que le hizo sentir mareado.

—Pronto te sentirás más dispuesto— le susurró en su oreja mientras rodeo su cuello entre sus brazos. — Si te hace sentir mejor puedes imaginar que soy tu amante...incluso, te dejaré llamarme por su nombre...—

Aquellas palabras le permitieron a Sett concentrarse, el solo hecho de que ella se comparara con Aphelios lo enfureció a tal grado que le hizo reunir la fuerza suficiente para soltarse. Empujó con un cabezazo a la mujer lejos de él y la miró furioso.

—¡Maldito!—gritó ella y corrió hacia el otro extremo de la habitación donde había un látigo pero antes de que pudiera tomarlo Sett rompió las cadenas de sus manos y atrapól cuello de la mujer para aporrearla contra la pared y levantarla en vilo.

—¡¿Qué se siente estar del otro lado?! ¡¿A cuantos como yo… torturaste aquí?! ¡¿Eh?! — Exclamó Sett cesando mientras sudaba frío. Comenzaba a sentirse mal y acalorado pero estaba tan molesto que quería hacerle pagar a aquella mujer lo que había hecho con otros pero su madre había educado a un caballero y él no golpeaba a las mujeres, incluso si eran unas malditas perras locas, sádicas y asesinas.

—Suéltame mal… dit...o—

—Ahora estás a punto de ver mi lado humano, ese que no es tan agradable...— le susurró Sett al oído mientras presionaba su mano sobre su cuello negándole el paso del aire. Claudia tenía ambas manos sobre la mano de Sett intentando apartarla y cuando creyó que iba a desmayarse, Sett la lanzó hacia una de las piletas de agua caliente, que la mojó completamente.

—Esto debería bastar para ti— dijo Sett dirigiéndose a la puerta doble. —Y si vuelvo a saber de ti o haces algo más como esto, sabrás de lo que es capaz "El Jefe".

Sett salió de ahí y tuvo que recargarse un minuto a la pared para seguir caminando. Le habían suministrado tantas drogas a su cuerpo que no podía creer que aun estuviera lúcido y pudiera andar, mientras avanzaba atravesó el cuarto de tortura de Claudia. Tuvo que cubrir su nariz con la palma de su mano para no marearse con el nauseabundo olor a sangre que podía sentirse en el aire. Eso combinado con el aroma de las flores, fue una combinación de olores que en su estado aturdió su olfato, quiso salir lo más pronto de ahí. Subió la escalera con dificultad y se alegró de poder tomar aire fresco del exterior.

—Tengo que avisarle a alguien que estoy aquí… pero cómo...—se dijo así mismo cuando vio a Aphelios al otro lado del jardín.

—¿Phel...Alune…?—Sett se talló los ojos con sus manos creyendo que alucinaba porque podía ver a Alune flotando detrás de él. — ¿De verdad están aquí o lo estoy imaginando?—

Sett camino indeciso hacia él con pasos cansados. Aphelios iba hacer lo mismo cuando vio a una mujer detrás de Sett apuntándole con una escopeta.

—¡Soy Claudia Von Willebrand, asqueroso mestizo! ¡No lo olvides!— gritó la mujer al mismo tiempo que apretaba el gatillo y una daga voladora se acunaba en su frente cayendo inerte sobre el campo de flores.

Sett ahora yacía en el piso y Aphelios sin poder creer lo que acababa de suceder corrió a su lado.

—¡Sett-dono!— gritó Kara corriendo hacia ellos.

A Sett le pareció oír todo como si estuviera debajo del agua, sintió mucho frío y un pesado sueño se apoderó de él. Sintió como Aphelios lo enderezaba, sus manos estaban manchadas de sangre, se preguntó si estaba herido y trató de alzar su mano para tocar su rostro. Sintió la urgencia de tocarlo pero le resultó imposible, sentía su mano demasiado pesada para levantarla y pronto una oscuridad abrumadora lo engulló.

—Phel...—

Claudia despertó en un lugar oscuro y húmedo. Buscó el arma que sostenía hace poco entre sus manos y no la encontró por ningún lado. Avanzó buscando algo entre esa oscuridad cuando un viento cargado de pétalos rojos pasó a su lado y escuchó los gritos de personas que le suplicaban que los liberara.

—¡¿Qué es esto?!¿Dónde estoy?!— exclamó escuchando los persistentes gritos carentes de cuerpos.

De pronto el lugar comenzó a iluminarse y se proyectaron fragmentos con recuerdos de su pasado. Y una imagen en particular, comenzó a hacerse más grande que las demás. Al verlo, Claudia cayó de rodillas sin poder quitar la vista de él.

—No, por favor. No me hagas recordar…. ¡NO ME HAGAS RECORDAR!— gritó la mujer sosteniendo su cabeza con ambas manos. —¡TE LO SUPLICÓ BASTAAAAAAAAAAA!—

La escena mostraba a una pequeña niña abrazada de su madre dentro de un carruaje. Iban a toda velocidad a pesar de la tormenta que se había desatado esa noche. Claudia reconoció a su padre como el conductor que azotaba a los caballos para que fueran más rápido mientras que unas sombras los seguían entre el camino de árboles del que pretendían alejarse.

—¿Mamá por qué huímos? ¿Por qué nuestros sirvientes vastayas están tratando de herirnos? ¿Acaso les hicimos algo malo? — preguntó la niña con el semblante preocupado.

— No amor, los han comprado para deshacerse de todos nosotros. Son los competidores de tu padre, quieren asesinarlo...— le explicó su madre mientras intentaba tranquilizarla.

—¿Por qué? Siempre los tratamos bien… Incluso a Milena, yo la amaba aún cuando me abandonó—chilló.

—¡NO POR FAVOR! ¡BASTA! ¡LO SÉ! ¡SÉ PORQUE NUESTROS SIRVIENTES ESTABAN MOLESTOS! NUNCA FUERON LOS COMPETIDORES DE MI PADRE, ESTABAN MOLESTOS PORQUE MI PADRE ABUSO DE MILENA Y MI MADRE SE DESHIZO DE ELLA!—gritó llorando Claudia en el piso.

—YO AMABA A MILENA, ERA MI MEJOR AMIGA PERO… VI LO QUE MI PADRE LE HIZO CUANDO LA LLEVO A ESE CUARTO..ELLA PELEÓ, CHILLÓ Y SUPLICÓ y yo… lo disfruté, disfruté mirarla… Era tan hermosa...— río Claudia de forma enloquecida cuando su risa intempestivamente paró. Un objeto metálico se había incrustado en su espalda y un hilo de sangre corrió por sus labios. Se giró para ver a su atacante cuando los recuerdos se apagaron y todo volvió a sumirse en las tinieblas.

—Shhh. Calla, ya estás en casa, tu madre envía saludos—