Capítulo Catorce
Ino estaba emocionada, deseaba que su amigo Shikamaru y Temari se sinceraran sobre sus sentimientos. Aunque sabía que éste no le contaría nada sobre lo que ocurriera entre ellos. Ella sentía que ya les había dado una gran ayuda, una oportunidad única. Esperaba que la aprovecharan.
Mientras pensaba en su gran trabajo de casamentera, modelaba conjuntos frente al espejo de su habitación. Esperaba la pronta visita de su novio Sai. Sentía ansiedad y nerviosismo ya que estarían solos en su casa. No planeaba que pasara a más que besarse y conocerse más, pero mentiría si dijera que el beso de la última vez cuando él entró en su cuarto por la ventana sorpresivamente, no la enloquecía al recordarlo. Cada vez que pensaba en sus besos, sentía la temperatura de su cuerpo aumentar considerablemente, y su corazón latía tan deprisa que le costaba respirar normalmente.
Se probó un vestido corto de color rojo, para variar. Se sentía bella, y algo provocativa, deseaba que Sai opinara lo mismo. Las sinceras declaraciones del hombre eran de temer algunas veces. A pesar de eso, Ino sabía que no decía las cosas con malicia, y sabía que a ella no le mentiría sobre su aspecto, ya había aprendido sobre el respeto a las mujeres a los golpes gracias a Sakura.
Su primera cita de unos días atrás, había reafirmado y aumentado el amor que sentía por el joven. Sólo habían ido a comer y a caminar por la aldea, él se había comportado como todo un caballero, pagó por su almuerzo, luego le compró un helado. Sus conversaciones sobre cosas triviales, sus amigos, sus misiones, habían fluido con total comodidad, se sintió muy a gusto a su lado. El pelinegro era divertido, su sinceridad la hacía sentir segura, sabía que podía confiar en sus palabras porque él no aparentaba ser nadie más que él mismo. Le había confesado que había leído libros románticos y estudiado sobre citas y noviazgo, le pareció muy tierno que se haya esforzado tanto para hacerle pasar una tarde agradable. Ella nunca había tenido una cita antes, pero su primera cita con Sai, la recordaría siempre, y deseaba no tener otras, a menos que fuesen con él. Deseaba que lo suyo funcionara para toda la vida. Sabia que era apresurado pensar así pero no podía evitarlo, su corazón sentía que él era el hombre indicado para ella. No lo diría en voz alta, porque para que se cumplan los deseos, se deben guardar para uno mismo.
Se oyeron suaves golpes en la puerta que hicieron a Ino dar un brinco. Alisó su vestido con las manos temblorosas y respiró hondo antes de abrir la puerta. Del otro lado estaba Sai de espaldas, la rubia sonrío para sí y estiró su brazo tocando su hombro. El pelinegro se dio la vuelta con una gran sonrisa en su rostro e inmediatamente sus ojos notaron el color rojo del vestido de Ino y vagaron por su esbelta y curvilínea figura. El vestido se ceñía ajustadamente a su busto y cintura mientras que desde allí caía con fluidez hasta la mitad de sus muslos. Se veía hermosa y sensual. Sai estaba sin palabras por primera vez. Los libros que había leído para prepararse para la cita repentina de esa noche no lo ayudaban a mantener su mente libre de pensamientos atrevidos. Casa sola, una pareja enamorada, los libros sólo detallaban situaciones románticas demasiado fogosas. Quería experimentar ese tipo de cercanía con ella, pero estos sentimientos y su relación, era todo nuevo para ambos, no debían apresurarse, solo habían tenido una cita y de día y se habían dado cuatro besos. No debía dejarse llevar por su recientemente descubierto libido.
Sai no había dejado de pensar en Ino y en sus besos. Cuando la visitó y la mujer estaba envuelta en una toalla, y la besó, sintió su cuerpo contra el suyo, con poca tela de por medio, el aroma dulce a jabón embriagante que emanaba de su piel… todas las sensaciones que despertaron en ese momento en su cuerpo, la excitación primera y memorable de un instante en que solo se vio envuelto por ella, por Ino. Mente y cuerpo, reaccionaron. La erección fue dolorosa pero sublime. Saber que podía reaccionar tan normalmente y que sus sentimientos por la rubia, eran reales y casi palpables, lo alegraron.
Sentía que era una nueva persona. Que podía ser como todos sus amigos, que podía ser alguien normal, con sentimientos y deseos. Ya no era una herramienta que carecía de empatía y sólo obedecía órdenes de superiores. El equipo 7, lo había cambiado, Naruto en especial. Su amistad y la de Sakura, le abrieron un nuevo mundo, sin límites, un mundo cálido en el que podía ser lo que quisiera, en el que podía tener amigos, divertirse, ser libre, enamorarse y ser normal. Ahora sonreía sin forzarse a hacerlo, pensaba en la mujer de la cual se había enamorado y su cuerpo respondía. Nunca hubiese imaginado hace años que algo así podía ser posible para él.
- Hola Belleza. – saludó el joven. Ino soltó una risita nerviosa. – Te ves aún más hermosa hoy. – Sai se acercó a ella con atrevimiento hasta estar a solo un paso.
- G- gracias Sai… - respondió en un hilo de voz la rubia. – Sai cerró su mano sobre la mejilla sonrojada de la chica y acercó su rostro. ¿La iba a besar? ¿En la puerta de su casa? Ino estaba tan nerviosa que no podía mover ni un músculo de su cuerpo. Deseaba ese beso, pero no quería que alguien los viera e interrumpiera. Respiró hondo. – ¡Sai! P- pasa, no te quedes en el portal.
- Está bien. Con permiso. – dijo sonriendo antes de apartarse a un lado y entrar a la casa. Ino cerró la puerta luego de que él pasara y sacudió levemente su cabeza para tratar de recomponerse. Su corazón aún latía nervioso.
Ino volteó pensando en indicarle a Sai el camino hacia la cocina, pero se chocó contra el pecho del hombre. No se había apartado de su lado. Sai la abrazó sin darle tiempo de pensar en alejarse o de avergonzarse. Le levantó el rostro y la observó con atención, su mirada intensa, quemaba la piel de la rubia, se sintió apenada pero extrañamente, no incómoda. El pelinegro bajó su rostro al nivel del de ella y la besó con suavidad, movió sus labios sobre los de ella, probando primero el labio inferior, luego el superior, luego hizo lo mismo, esta vez con su lengua. Ino cerró sus ojos con fuerza y se concentró en las sensaciones, sólo apartó sus labios y lo dejó hacer hasta que la lengua de él buscó la suya, instándola a moverla. La mujer no dudó en responder a sus caricias, quería probar la textura de los labios del joven también, memorizarlos. El beso se intensificó, se volvió profundo, caliente, sus respiraciones se entremezclaban y sus lenguas ya bailaban a un mismo compás. Ino sintió una punzada en la entrepierna y se apartó.
- S-sai… - el hombre exhaló intentando calmar su respiración y su corazón que latía como loco. Se apartó.
- Discúlpame Ino, me dejé llevar. No he dejado de pensar en ti. Y para ser sincero… es la primera vez que siento todo esto. Mi cuerpo reacciona de esta manera ante ti y tengo mucha curiosidad. Pero no quiero incomodarte, te aseguro de que no intentaré nada raro.
Ino no sabía qué responder, lo entendía porque a ella le pasaba lo mismo, sólo que no se animaba a decirlo, no tenía la confianza que tenía él. Le daba vergüenza admitir que su cercanía le provocaba deseos. Deseos íntimos, deseaba que la tocara, deseaba que la besara aún más y pensar en eso, en él, le provocaba tocarse a ella misma. Había descubierto un punto en su feminidad que, al frotarlo, daba tanto placer y luego la explosión que venía después era indescriptible. No le diría a nadie sobre eso, pero ella también había investigado sobre las relaciones íntimas que ocurren entre amantes y deseaba algún día explorar esa faceta en su relación con Sai.
Sin poder decir algo, sólo asintió y le dedicó una tímida sonrisa. Lo tomó de la mano y lo guió hacia la cocina donde estaba la mesa puesta de forma elegante, con un bello jarrón con flores en el centro.
Sai elogió la mesa y las flores y trató de distender un poco la incomodidad del momento. Esperaba que su novia no pensara que era un pervertido por haberla besado de esa forma. Es cierto que no se pudo contener. Había estado pensando en ella hacían días, desde su cita y desde esa noche que la vio casi desnuda. Esa noche de su primer beso y su primera excitación. Era difícil dejar de pensar en esas sensaciones nuevas y el alivio que vino después cuando estuvo solo en su casa. La erección no se fue hasta que se encargó él mismo de ella. Fue su primera vez masturbándose. Según había leído, todos los hombres en su adolescencia pasan por un periodo en su crecimiento al que llaman pubertad, donde se desarrollan los caracteres sexuales y la capacidad de reproducción. Por lo tanto, es un periodo de exploración de la sexualidad de cada uno. Sai sabia eso, pero a él no le había ocurrido, quizás porque estaba tan sometido a órdenes y tan desapegado de emociones y sentimientos. Había perdido unos preciados años de autoconocimiento. Pero sentía que el descubrimiento de su sexualidad a esta edad y ahora que tenía novia, lo retrasaba un poco de sus amigos. No sabía si sería capaz de ir al mismo ritmo que Ino.
"Todas esas dudas e inseguridades, fueron las causantes de ese beso apasionado que la incomodó a la Ino." pensaba Sai. Pero había comprobado que podía controlarse. El beso fue estupendo y muy sensual, y el pelinegro pudo mantener su excitación a un punto medio. No deseaba hablar sobre eso con Ino aún. Había descubierto también recientemente que hablar sobre sexo, no era un tema de conversación bienvenido. Incomodaba a todos. Y entendía por qué, era algo íntimo, aunque a él no le parecía que fuera algo de qué avergonzarse, era lo más natural de la humanidad. Pero para no ponerla nerviosa a Ino, no hablaría sobre eso, aún, porque era muy pronto. Sus libros decían que las relaciones sexuales consentidas usualmente suceden luego de casados, pero para algunas parejas luego de la quinta cita, o en el caso de algunos libros de Jiraiya- sama, a la hora de conocerse. Pero esas eran llamadas "aventuras de una noche".
Todo depende de un acuerdo mutuo. Asique naturalmente luego lo tendría que hablar con Ino. No obstante, le agradaba la idea de no planear el momento para hacerlo. Que todo surja espontáneamente una vez que se sientan seguros de su relación y de su amor, sería lo mejor.
Comieron y hablaron sobre los planes de Naruto para proponerle matrimonio a Hinata el día de su cumpleaños, y como todos estaban emocionados, en especial las kunoichis que desde siempre han sabido del amor que le profesaba la Hyuga al Uzumaki desde niños. Todos iban a contribuir y ayudar a que sea una noche inolvidable para la joven pareja.
- ¿Has pensado en casarte alguna vez Ino? – la rubia casi se atraganta con la porción de cerdo agridulce que estaba masticando. Tomó un sorbo de agua y lo miró sorprendida. - Se que las chicas usualmente fantasean con tener su boda y su vestido de novias y eso. Me preguntaba si tú también. Tranquila, es solo curiosidad. – dijo Sai con la voz más suave. Ino dudó si contestarle con la verdad, pero sabía que él se merecía ser tratado con la misma franqueza que ofrecía.
- E-este… Sí. – dijo Ino, respiró hondo antes de seguir. Sai la miraba atento. – Cuando era niña, soñaba con una boda grande, con muchas flores de camino al altar, el tipo de vestido que usaría, el novio… - Ino se cubrió la cara con vergüenza. – Hace mucho que no pienso en esa fantasía, ya que deseaba casarme con… con, ya sabes…
- Con Sasuke. – la chica asintió avergonzada, con las manos aún cubriendo su rostro. Sai sintió una punzada en el pecho. Le molestó tener que decir su nombre, pero sabía que Sasuke había sido y seguía siendo muy querido en la aldea, a pesar de todos los problemas que ocasionó en el pasado, y ahora que se había reformado, a Sai ya no le desagradaba, pero ¿y si Ino aún seguía enamorada de él? Preguntas y dudas bailaban en su cabeza. Se estaba sintiendo molesto.
Ino se dio cuenta del silencio y se sintió nerviosa. No quería que Sai malentendiera, y él al ser tan ingenuo seguramente pensaría que ella seguía enamorada de Sasuke. Debía decir algo que le hiciera entender y creer que ahora ella solamente lo amaba a él. Alargó su mano para tomar la del pelinegro que tenía la mirada perdida en su plato. Casi podía oír los pensamientos del joven. Se notaba en su expresión que se sentía inseguro. Eso le gustó a Ino, que sintiera celos o miedo de que ella quisiera a otro hombre, muy a su pesar, le agradó la sensación de sentirse deseada.
- Sasuke fue un capricho de niña. Mi supuesto amor por él, se esfumó al instante en que él desertó de la Aldea. Solo me gustaba hacerla enfadar a Sakura que claramente estaba obsesionada con él. Era divertido. – Sai levantó su mirada y la risa de la rubia disiparon sus dudas. Su mano cálida encima de la suya, le transmitió seguridad. Se reprendió a sí mismo por asumir por adelantado algo que no había salido de los labios de Ino. – y no he tenido tiempo de pensar en mi boda ideal con todas las cosas que sucedieron luego. Me pareció un asunto muy trivial. Ja… creo que he madurado mucho. – la chica rió con soltura. Sai sintió otro tipo de punzada en el pecho, una diferente a la de hace un momento provocada por los celos. Ésta era más como una que le aceleraba el corazón de forma placentera. Como si su risa cristalina fuera un detonador para su corazón.
- Pero ¿Sí te gustaría casarte algún día? ¿Formar una familia? – preguntó Sai, deseando oír su respuesta.
- Sí. Me encantaría… - dijo tímidamente la joven. - ¿Y a ti? - se atrevió a preguntar. Sai se quedó unos segundos pensando.
- Nunca lo había pensado antes, ya que no tengo nombre. Sai es un nombre que me dio Danzo al entrar al equipo 7 y ellos me dijeron que lo mantenga porque con este nombre me conocieron y formé parte de su equipo. Asique me agrada Sai.
- A mí también me agrada Sai. Mucho. – le sonrió Ino, se sentía conmovida pero no quería llorar delante de él. No deseaba que la malinterpretara y pensara que lloraba porque sentía lástima por él. No, estaba emocionada por sus palabras sinceras y cargadas de agradecimiento por sus amigos. – y sabes que igual puedes casarte y tomar el apellido de la familia de tu esposa. Por ejemplo, si te casaras conmigo, tomarías mi apellido Yamanaka…
- Sai Yamanaka… - Ino enrojeció de la vergüenza al oírlo. No pensó antes de dar como ejemplo su apellido. Esperaba que Sai no pensara que ella deseaba que se casara con ella, o que lo estaba sobornando con su apellido. No sabia como arreglar su metida de pata. – Suena bien. – dijo Sai riendo inocentemente. Totalmente ajeno a los pensamientos y al sonrojo de la joven.
- F-fue un ejemplo… no pienses que… este... nada raro. Solo fue un ejemplo. – Sai rio. Por fin dándose cuenta de la vergüenza de la rubia.
- Sí, entendí. Un ejemplo. Tranquila. – le guiñó un ojo divertido. Y vio como se le subían los colores a la cara. Era tan linda. Sai la pasaba muy bien en su compañía. Ino era sincera como él, era divertida, espontánea, lo comprendía y tenía paciencia cuando él no entendía algo sobre socializar o sentimientos ajenos. Quería seguir conociéndola aun más, observar sus reacciones, hasta poder reconocer cada expresión de su rostro y poder descifrar sus pensamientos o necesidades. Y algún día, quizás, si ella seguía enamorada de él, pedirle que sea su esposa y tomar su apellido, para ser por fin parte de una familia.
La velada transcurrió tranquilamente, no hubo momentos incómodos ni nervios de por medio. Su conexión y su química era notoria y agradable. Podían hablar con confianza y soltura. Sai le agradeció en múltiples ocasiones por la cena, e Ino tomó sus cumplidos con gusto. Se había esmerado en cocinar sus mejores platillos y se sentía orgullosa.
Se había hecho tarde y Sai decidió irse, a la mañana siguiente debía estar presente en la reunión por los exámenes Chunnin. Ahora realmente deseaba asistir, después de oír de parte de Ino que Shikamaru y Temari estaban pasando una noche juntos al igual que ellos.
La rubia le había confiado su plan y esperaba que él le contara si Shikamaru actuaba diferente. Su amigo definitivamente no hablaría con ella. Seguramente estaría molesto al descubrir que ella había planeado todo. El Nara era así de suspicaz.
Llegaron a la puerta y Sai la abrazó, le dio un beso en la frente y se disponía a retirarse cuando Ino lo tomó de la camisa y ocultó su rostro en su pecho, abrazándolo con fuerza.
- Gracias por venir esta noche. La pasé muy bien y quería dejarte en claro para que no sobre- pienses las cosas. Estoy enamorada de ti y me gusta besarte. Te pido disculpas por haberme apartado anteriormente, lo hice porque me puse nerviosa, el beso se había vuelto muy apasionado… Pero no quiero que me malentiendas, ni que dejes de besarme. ¿Sí? – Sai sonrió y tomó el rostro de la mujer, la besó con ansiedad, devorando sus labios, Ino llevó sus manos al cuello del hombre y profundizó el beso. La intensidad fue disminuyendo, y sus caricias se volvieron suaves y dulces. Se separaron con una sonrisa en sus rostros. Sai le dio un suave beso casto.
- Que descanses belleza. – se despidió. Su cuerpo se sentía liviano, pero su corazón aún latía con fuerza al salir de la casa de su novia. Estaba feliz, como nunca antes en su vida.
Al día siguiente, luego de la reunión sobre los exámenes Chunnin, Shikamaru acompañaba en silencio a Temari hasta la salida de la Aldea. La rubia no quiso quedarse otro día más, debía regresar pronto. Ya se sentía bien de su pierna, pero Shikamaru no estaba seguro de creerle. No podía evitar sentirse preocupado, pero no podía acompañarla, por lo que le pidió al Hokage que si había algún shinobi disponible para acompañarla hasta la frontera. Por suerte sí lo había, pero Temari se molestó un poco. Ella decía que se encontraba perfectamente bien y que podía sola, pero el Nara sabía que era orgullosa y nunca admitiría que aún estaba adolorida.
- Lo siento ¿Sí? No te vayas enfadada. Lo he hecho porque me preocupas. Te insistí que te quedaras un día más… - soltó Shikamaru al llegar a la salida. Temari sonrío, no estaba enojada, solo que no quería darle la razón. Se había sentido conmovida por el interés en su bienestar.
- Lo entiendo. No estoy enojada. – la rubia le dio una sonrisa serena, aseguradora. Shikamaru relajó sus hombros aliviado. – Shikamaru te agradezco nuevamente por dejarme quedar en tu casa anoche y por tu preocupación. Agradéceles por mí a tu madre y a Ino por favor. – El pelinegro asintió. – Bueno, me voy, nos vemos en unos meses.
La kunoichi de la arena, se iba alejando de prisa sin mirar atrás. Shikamaru se sintió confundido. Se había quedado congelado en el lugar mientras ella se despidió apurada. Parecía que estaba huyendo. Estaba avergonzada por lo que había sucedido entre ellos el día anterior, estaba seguro, pero esperaba que no se arrepintiera de sus palabras y de haberle confesado sus sentimientos. Fue tras ella, si la dejaba ir de esa manera, no se sentiría bien. No era forma de despedirse.
Extendió su jutsu de sombra para detenerla. La mujer se sorprendió y su rostro se tiñó de rojo al instante en que se dio cuenta que él no la dejaría irse con dignidad. Shikamaru la acercó a él y cundo estuvo cerca como para tocarla, la llevó a un costado hacia el muro de la aldea.
- ¿Te pensabas ir sin esperar a tu acompañante y despidiéndote de esa forma de mí? - preguntó el Nara. Temari levantó la vista para mirarlo a los ojos avergonzada. - ¿Te arrepientes de lo que ocurrió ayer?
- ¡N-no! No es por eso… - dijo la rubia abruptamente. – es solo que no sé cómo debería despedirme de ti. Me puse nerviosa y hui. Perdón sé que suena tonto…
Shikamaru le rodeó la cintura con su sombra y la atrajo hacia él. Temari dejó escapar un gritito de sorpresa. Luego el hombre acarició su rostro y se apoderó de sus labios. Fue un beso electrizante, hambriento. Shikamaru deseaba transmitirle su ansiedad y su deseo a la vez que dejarle un recuerdo grato de su despedida. Sus lenguas calientes se unieron con movimientos lentos y provocadores. La rubia movió sus labios sobre el labio inferior de pelinegro y en un impulso lo mordió suavemente. El hombre se sorprendió y sintió una dolorosa punzada de deseo. La kunoichi se separó de él con mucho pesar, pero justo en el momento indicado. El shinobi que la acompañaría, se encontraba a unos metros de ellos, buscándola. Por fortuna, no los había visto. Temari, se lo señaló al Nara y él se apartó de ella unos pasos.
- Cuando nos volvamos a ver en unos meses, tengamos esa cita que no pudimos tener esta vez. ¿Te parece? – propuso Shikamaru. Temari le sonrió.
- Me parece bien. – dijo asintiendo. Se acercó rápidamente al pelinegro y le dio un corto beso en los labios. – Cuídate bebé llorón.
Shikamaru suspiró y sonrió al ver la espalda de la rubia alejarse.
