¡Hola! Dejo este mensaje para avisar que la semana pasada tuve problemas con la actualización del capítulo 09, ya que no aparecía a pesar de que a mi sí me aparecía como subido, en caso de no haberlo visto, les recomiendo checar y leerlo antes de este. Gracias por su atención :)
➼10. EL ALCOHOL NUNCA ES UNA BUENA OPCIÓN… (PT.1)
Todos se daban cuenta de todo. Era un hecho.
Por lo que la tripulación dejó las bromas de lado y decidieron no hacer ningún comentario, parecía un deja vu pues tiempo atrás había ocurrido lo mismo cuando Ace creó varios malentendidos ocasionando problemas con la ojiazul.
Ace estaba más raro de lo habitual y Suki pareciera que evitaba a toda costa toparse con el pelinegro, si la ojiazul iba a entrar al comedor y veía que él estaba adentro prefería sacarle la vuelta y esperar hasta que saliera. Inclusive Ace, llegada la noche para dormir, deseaba que ella no se encontrara en la habitación para así evitar verla, pero para su suerte ella jamás se encontraba ahí ni siquiera en la mañanas al levantarse.
Ambos consideraban que eran actitudes infantiles, pero probablemente era lo mejor. Suki lo hacía porque ella había ido bajo la idea de entrenar y controlar mejor su fruta del diablo, no para hacer amistades; mientras que Ace se sentía más que nada frustrado consigo mismo porque su mayor secreto había sido relevado tan fácilmente por ella, pero tal vez muy en el fondo lo que más temía era lo que ella pensara sobre su secreto.
La ojiazul se limitaba a entrenar con Marco y Vista durante casi toda la semana, había evitado usar la Yume Yume no Mi y aunque el primer comandante se lo pedía a ella le resultaba muy difícil hacerlo, no quería tener problemas con el rubio por ver recuerdos que no debía.
En las mañanas y ratos libres se dedicaba a estar metida en la cocina con Thatch, ambos cocinaban juntos y la mayor parte del tiempo el del tupé se la pasaba contándole anécdotas, o si el cocinero estaba ocupado con algo más, ella se encerraba en la biblioteca leyendo libros.
Cuando llegaba la hora de cenar, ella cenaba casi siempre en la cocina sola y una que otra vez le acompañaba Thatch o Izo, ya que este último a veces le abrumaba el escándalo que siempre había y prefería cenar tranquilo.
La verdad Suki extrañaba a Ace, jamás había convivido con alguien cercano a su edad, siempre había estado rodeada de hombres mayores a ella, ancianos gruñones y adultos que la estimaban como una hija.
Nunca había podido disfrutar de la compañía de un igual, recordar la noche que estuvieron en la isla ambulante le hacía sonreír con tristeza; de haber sabido que su "amistad" se estropearía por su culpa, hubiera disfrutado un poco más de aquel momento a solas que tuvieron en la lluvia de estrellas, de la conversación llena de recuerdos y de lo divertido que fue cazar los railleurs.
Pero ahora eso era cosa del pasado, llevaban casi un mes así y Suki no podía evitar pensar que ya habían pasado casi tres meses desde que dejó a su padre por entrenar con los Piratas de Barbablanca. Así que se enfocaría en entrenar, en mejorar para así poder ser libre, poder ser ella.
[…]
—¿Ya terminaste lo último? —le preguntó Thatch asomándose por la puerta.
—Sí, uno de tus hombres se lo ha llevado a la cubierta.
Hoy era el cumpleaños de Izo, un 13 de octubre bastante cálido y a pesar de que no deseaba que Barbablanca le realizara un festejo, este se excusó bajó la idea que como décimosexto comandante debía celebrar correctamente su cumpleaños y nada mejor que celebrarlo con un enorme banquete y alcohol. Nadie se negó.
Así que había decidido ayudar a Thatch junto a otros más a realizar el banquete.
—¿Y qué haces aquí? Vamos, todos ya están en la cubierta.
Salió de la cocina junto a Thatch y se dirigieron a la cubierta donde yacían casi todos, Barbablanca estaba sentado en su lugar mientras hacía un brindis hacia Izo, agradeciéndole por todo y de pronto uno de los hombres le tendió una jarra de cerveza al igual que a Thatch.
—Todos brindamos al mismo tiempo —le informó—. Es algo que hacemos en todo festejo.
Suki miró la jarra perdiéndose en su reflejo, ella recordaba que en su cumpleaños era la única vez que hacía un brindis, cuando reaccionó todos estaban empinando su bebida y ella sonrió antes de imitar la acción.
Los gritos de alegría y los cantos no faltaron, las manos rápidas recorrieron toda la mesa tomando de todo un poco, aunque claro, la carne era lo mejor que uno podía comer. Ella se limitó a ver, ya había comido en la cocina así que solo se dedicó a beber y se acercó a un pequeño grupo que contaban diferentes historias sobre Izo, sobre ellos, hasta una que de otra de Barbablanca. Era divertido.
Llegada la noche se alejó del grupo para sentarse en uno de los escalones distanciada de todos con una botella de sake en la mano, ya se sentía medio borracha pero eso no significaba que no deseara acabarse la botella, palpó el bolsillo izquierdo del pantalón y sacó la cajetilla junto al encendedor, no tardó nada en encenderlo y se quedó ahí, sumergida en sus pensamientos.
Thatch se había alejado de Suki sin querer cuando habían llegado a la cubierta, pero supuso que ella estaría bien y no se equivocó al verla sentada junto a varios nakamas, pasadas las horas ya no la vio con nadie más y cuando buscó más allá de la cubierta la vio sentada en uno de los escalones, alejada de todos, se veía más concentrada en beber y fumar mientras veía el mar. Decidió dejar las bromas y risas con sus nakamas a un lado y prefirió acercarse a la peligris.
—No sabía que fumabas —le llamó la atención al sentarse a su lado, ella simplemente dio una calada mientras lo observaba.
—Malos hábitos —comentó después de soltar el humo y llevarse la botella directo a los labios, el olor a alcohol era demasiado fuerte y él se preguntó cuánto habría tomado la chica.
—Supongo que hay muchas cosas que no sabemos de ti —esperó alguna respuesta pero ella solo se encogió de hombros—. ¿Por qué no estás con los demás? Hace un rato vi que estabas con todos.
—Me cansé de tanto ruido, aparte quería estar a solas —y rápidamente lo señaló—. No te estoy corriendo, antes de que te lo tomes a mal.
—No te preocupes —dijo riendo—. Creí que estabas acostumbrada a esta clase de ambiente, en fin, has vivido en el barco de tu padre desde que eras una niña, ¿no?
Thatch sabía que estaba mal aprovecharse del estado alcoholizado de ella para sacarle información, pero sabía que no existía otra forma de saber más de ella, porque a pesar de que entre ambos había confianza, ella solo se limitaba a contar las cosas por encima, jamás profundizaba o hablaba más allá de lo que era.
—Sí, algo así, hasta los ocho empecé a vivir en el barco de mi padre, antes vivía en una isla con mi madre y hermana —empezó a relatar—. Pero después de que mi madre murió, mi hermana y yo tuvimos que criarnos en el barco, lo bueno es que Dai siempre se hizo cargo de nosotras.
—No sabía que tenías una hermana.
—Se llama Inna, ella… —el cocinero la miró fijamente y vio que la peligris tenía el ceño fruncido, como si no supiera qué decir—. Ella murió un año después de mi madre, desde entonces su nombre y el de mi madre están prácticamente prohibidos, inclusive mi padre jamás habla de Inna, por eso muchos piensan que soy su única hija.
—Tu tampoco hablas de ella.
—Pero es porque no hay mucho que contar, no es que me moleste o me haga sentir mal como a mi padre —puntualizó apagando su cigarro con la punta de sus dedos—. Simplemente no hay nada que contar sobre ella, éramos solo niñas que hacían travesuras.
—¿Y no jugaban a ser piratas? Muchos niños lo hacen.
—Para nada, ambas éramos como el mismo diablo —dijo con una sonrisa divertida—. Éramos terriblemente inquietas, curiosas y nos gustaba molestar a todo el mundo, ser piratas no estaba en nuestras cabezas, solo queríamos hacer maldades, hacer enojar a uno que otro, crear peleas.
Suki se rió con nostalgia al recordar todos aquellos momentos, Dai la había convertido en una buena chica, no se imaginaba en qué se habría convertido si se hubiera seguido comportando como cuando era niña.
—Yo recuerdo que de niño jugaba a ser pirata, pero jamás imaginé que sería el cocinero y cuarto comandante de Barbablanca —relató—. Es un orgullo tenerlo como padre.
—Ahora que lo pienso, Barbablanca tiene una gran tripulación y no me refiero solo a número, sino que tienen una muy buena relación entre todos y con él, hay un enorme respeto y fidelidad… eso es algo que me gusta mucho.
Suki mantenía su mirada en el animado banquete, la comida no faltaba al igual que la bebida, todos reían bajo la luna y el Yonkō lucía feliz alrededor de todos sus "hijos", era una bonita imagen.
—Aunque no entiendo cómo es que hay muchas personas que quieren ser piratas —dijo subiendo sus rodillas a la altura de su pecho mientras se bebía lo último que quedaba de aquella botella de sake sin despegar la mirada de la escena.
—¿No es la tuya? —le preguntó—. Pensé que tal vez quería ser como tu padre, una pirata famosa yendo en busca de tesoros y teniendo sus propias aventuras.
Lo dijo con tono burlón esperando una de las típicas quejas de la chica pero sólo vio un rostro apacible con mirada perdida, tal vez producto del alcohol y de lo borracha que se había puesto.
—No —dijo con tono tranquilo después de meditárselo.
—Si ninguna de esas son tus metas, ¿cuáles son entonces? —preguntó el cocinero con su típico tono de voz suave y agradable.
—Ser libre —dijo con seguridad y sin pensárselo, a pesar de que el alcohol ya se le había subido y el frío le estaba entumeciendo todo el cuerpo.
Un breve silencio se hizo entre ambos, el bullicio de fondo seguía, así como los cantos y gritos de uno que otro hombre mientras bebían como si no hubiese mañana. Suki se abrazó a sí misma tratando de darse más calor y un poco tímida al estar hablando por primera vez sobre eso con alguien que no fuera Dai.
—Quiero… quiero ser solo yo, no quiero ser como mi padre —dijo con disgusto haciendo un sútil puchero recargando su barbilla entre sus rodillas—. Cuando mi madre aún vivía me gustaba estar con ella todo el tiempo, no me obligaba a hacer cosas que no quisiera, ella me dejaba ser yo… solo quiero trazar mi propia vida, tomar mis propias decisiones sin considerar lo que opina mi padre, no deseo nada más que eso.
Thatch simplemente la escuchó y sonrió al escuchar la confesión de la chica que salió desde el fondo de su corazón. Él ya sabía que ella no deseaba ser una pirata como su padre, se le notaba desde lejos.
—Lucha entonces para obtener lo que quieres —colocó su mano sobre la cabeza de la chica y despeinó su cabello como muestra de cariño agitando su cabeza sin querer—. Vete a dormir, mañana tienes mucho por hacer.
Suki gruñó por la acción del mayor y porque sintió que todo en su cabeza se revolvió ante tales movimientos sintiéndose mareada. Thatch la sostuvo por los hombros al notar que cada vez se estaba inclinando más en dirección al suelo.
—Mejor te llevaré a la habitación —murmuró más para sí que para Suki pues ella ya estaba con los ojos cerrados y el ceño fruncido.
Con cuidado la tomó de los brazos levantándola y colocó su brazo izquierdo en la cintura de la chica mientras que con el derecho lo pasó por debajo de las rodillas. No tardó en llegar al camarote y al abrir la puerta observó que la habitación de Ace seguía igual a como la recordaba, solo con la diferencia de que había una hamaca colgando en una de las esquinas contrarias a la cama y por debajo estaban las pertenencias de Suki bien acomodadas y algo amontonadas.
Le fue inevitable a Thatch no fruncir el ceño, entendía que para Ace no era fácil convivir con una mujer de pronto o que no le diera confianza pero esperaba que fuera más amable o caballeroso. No podía creer que solo le daba un pequeño espacio y la dejaba dormir en una incómoda hamaca, su lado caballeroso no podría permitir aquello.
Decidió dejarla acostada en la cama de Ace, sabía que no era su problema y que no era nadie para decidir pero solo por esta ocasión la dejaría descansar. Cuando estuvo a unos cuantos pasos de cruzar el umbral vio de reojo como se levantaba de golpe en la cama, quedando sentada.
—Llévame a la hamaca —susurró tan bajo que hasta a Thatch se le dificultó escucharla—. Ace se molestará.
—No tiene nada de malo que duermas en su cama, él entenderá —aseguró pero vio como ella negaba con la cabeza y se disponía a levantarse por su propia cuenta.
—No quiero meterme con las cosas de Ace —dijo entre balbuceos y notó el leve puchero en sus labios como si ya hubiese tenido una mala experiencia.
Thatch decidió ayudarla, Suki le agradaba. No era una mala chica, se notaba desde lejos que tenía un buen corazón y que era buena persona, a pesar de que habían muchas cosas que desconocían de ella.
Él la tomó del brazo derecho y la dirigió hacia la hamaca, ella se sentó con cuidado mientras se sacaba los botines con los pies. Thatch solo se encargó de acostarla de lado y asegurándose de que no fuera a caerse.
—Ace no quiere que le vuelva a hablar, sé que hice mal en ver sus recuerdos pero no fue intencional —su tristeza era palpable en cada una de sus palabras—. Dai siempre me ha dicho que pidiendo disculpas de corazón las cosas se solucionan, le pedí disculpas y aun así no quiere verme ni hablarme.
Fue un comentario simple, que ella dijo sin pensar, pero para el cocinero fue una confesión llena de tristeza. Un verdadero sentimiento que no exteriorizaba.
—Suki…
—Si no hubiera comido la Yume Yume no Mi todo sería diferente —sollozó y Thatch vio un par de lágrimas resbalar por su rostro—. Mamá estaría aquí al igual que Inna, padre no me estaría obligando a quedarme en este lugar y podría ser libre.
No entendió mucho pero Thatch tenía que calmarla antes de que se pusiera a llorar sin control alguno, así que solo le acarició la cabeza sin saber bien qué hacer, siempre se las había dado de ser un don juan y de cómo tratar a una dama, sin embargo, la situación era totalmente distinta. No sabía cómo tratar con una chica de 20 años borracha y con problemas existenciales.
—Ya duérmete niña —murmuró sin dejar de acariciar su cabeza.
Suki gruñó al escuchar «niña» pero se quedó callada después de unos segundos, no volvió a decir ninguna palabra y al asegurarse de que estaba dormida, Thatch salió del camarote con cuidado.
«El alcohol nunca es una buena opción… al menos que quieras revelar tus secretos más profundos».
