Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo once

EPOV

Salgo hacia el frío viento que azota la chaqueta de mi uniforme Alfa. Mis ojos están cerrados mientras trago la bilis que se ha acumulado en mi garganta una vez más. Viejos hábitos nunca mueren. Tomo aire profundo, mis pulmones queman con el aire frígido que los inunda.

Parpadeo y, de repente, estoy de pie frente a una puerta roja familiar que reconozco de hace décadas atrás. En el porche, debajo de la mecedora de mamá, veo mi vieja patineta, cubierta con etiquetas de REM, Green Day y Nirvana. No podía estar cumpliendo con una llamada de CACO para una familia que vive en la casa de mi niñez, ¿o sí? ¿Y cuándo volví a estar estacionado en Virginia?

Toco la campana y escucho el ruido feliz de niños jóvenes del otro lado de la puerta. Reconozco una voz tranquilizante femenina calmándolos, y mi preocupación aumenta. No debería conocer a estas personas. Concluyo que esto no puede ser así y echo un vistazo a mi alrededor para una mejor explicación.

El capellán coloca su mano en mi hombro y susurra:

Lo siento mucho.

Antes de poder cuestionar eso, la puerta se abre y veo a mi madre, que no parece estar ni de cerca en sus sesenta años, sino en la misma edad que tenía cuando mi padre fue asesinado.

Una cacofonía de voces dulces hablando al mismo tiempo.

Abu, abu, ¿quién es?

Y:

¡Tío Emmett! ¡Te extrañé!

Mi cerebro intenta comprender lo que veo. Ya no estoy parado directamente frente a la puerta. Emmett, vistiendo su traje de Alfa, con lágrimas en los ojos, está de pie frente a la puerta abierta con el capellán a su lado. ¿QUÉ DIABLOS? Em no es un CACO. Aparentemente, este no es mi trabajo; meramente soy un espectador confundido.

¿Emmett? ¿Qué haces…? —La voz de mi mamá comienza a decir.

Mamá Liz —responde Emmett, suavemente—. Hola, bebés. —Intenta sonreír valientemente para los niños a sus pies, que ahora envolvían sus brazos alrededor de sus piernas. Lucían familiares. Cabello cobrizo en el pequeño niño y cabello largo y marrón, algo desordenado en el rostro de una joven y dulce niña. Ella tiene ojos verdes y deslumbrantes, ojos que he visto antes en el rostro de mi madre y… ¿frente al espejo?

¿Mamá? ¿Estás bien allí? Niños, apártense de la puerta. ¡Hace mucho frío!

Me sorprende escuchar otra voz —la voz de Bella— a lo lejos, pero ¿qué podría estar haciendo aquí? ¿Y llamando a su madre? ¿Dónde está su madre? Solo veo la mía.

¿Emmett? —mi madre apenas logra decir, lágrimas en su rostro. Quiero envolverla en mis brazos para consolarla, pero lentamente me estoy dando cuenta que nadie sabe que estoy parado aquí y absolutamente nada tiene sentido.

Miro a Emmett y está asintiendo con la cabeza. Mi mamá colapsa en sus brazos y los niños se alejan, llamando a su madre.

Lo próximo que noto, Emmett la está cargando hacia dentro de la casa y el capellán lo está siguiendo, cerrando la puerta en mi cara. Antes de que la escena desaparezca de mi vista, echo un vistazo y veo a una Bella muy embarazada levantarse del sillón reclinable, aferrándose la garganta y gritando…

—¡NOOO! —Mi cuerpo se levanta rápidamente, mis ojos frenéticamente tratan de acostumbrarse a la oscuridad. La luz de la luna brilla en la oscuridad del cuarto y mientras mi corazón continúa latiendo aceleradamente, noto que estoy en la cabaña. Fue simplemente una maldita pesadilla. Bella se mueve a mi lado y se sienta, tirando de mi brazo. El beso de sus labios es un cálido consuelo sobre mi hombro.

—Oye —susurra—, ¿estás bien?

Estoy bañado en sudor. No puedo hablar; solo puedo asentir mientras trato de recuperar el aliento, completamente inquieto por lo que acabo de presenciar en mi sueño.

—¿Un mal sueño?

—El peor —jadeo con dificultad.

—¿Quieres hablar al respecto? —cuestiona ella, aun dejando suaves besos por mis omóplatos y en mi brazo.

Sacudo mi cabeza y entierro los dedos en mis ojos, tratando de quitarme la horrible imagen de mi madre llorando y Bella gritando, y los niños con apariencia familiar, y agh.

—Ven aquí —insta, girando mi rostro con su cálido toque. Nuestro beso se encuentra en la oscuridad y suelto un gemido, necesitado, en su boca. Mis manos aferran sus mejillas mientras nuestros labios y lenguas se unen hasta que ambos estamos jadeando—. Déjame hacer que se vaya, Edward.

Asiento, aun incapaz de hablar, mi garganta cerrada por el miedo que ronda en mi cabeza después de tan horrible escena.

Ella me jala encima de ella y embisto mis caderas en su muslo mientras la succiono, lamo y mordisqueo, desde sus dulces labios hasta su pecho.

—Mmm, siiiií —sisea al mismo tiempo que tiro de un pezón en mi boca. Su piel es tan suave, mientras que mi rostro debe sentirse como una lija contra su delicado cuerpo. Pero ella no parece quejarse, y yo tampoco, al rozar sus uñas por mi espalda hasta enterrarlas en mi trasero, provocando que gruña de deseo.

Ella comienza a retorcerse debajo de mí y empuja mis hombros. Preocupándome de que quiera que me aparte, me apoyo sobre mis codos y le permito algo de aire. En cambio, ella simplemente me empuja aún más, y esconde su rostro en mi cuello y comienza a lamer mi pulso. Me dejo caer, permitiéndole que ruede sobre mí, con todo el peso de su cuerpo, por ligero que es, presionándose en todos los lugares correctos.

—Estás a salvo conmigo, Edward —promete, sentándose sobre mis caderas.

Mi polla se encuentra hinchada y tensa en su mano mientras la acaricia de arriba abajo, rozando su pulgar por la cabeza. Estiro mis brazos y tomo sus senos. Estoy jugando con sus pezones, dándoles suaves tirones mientras masajeo con las palmas, provocando que grite y levante sus caderas.

Lentamente, ella desciende y gimotea, pausando cuando su trasero hace contacto completo con mi pelvis. Mis ojos ruedan hacia atrás; la suavidad y estrechez de su coño ya comienza a pulsar a mi alrededor.

Quito mis manos de sus pechos, y ella enlaza sus dedos con los míos. Mantenemos nuestras manos unidas en el aire mientras Bella comienza a subir y bajar, girando sus caderas y gimoteando cada tantos segundos. La ayudo enterrando mis pies en el colchón y levantando mis caderas para encontrarme con cada uno de sus embestidas.

Puedo notar sus rasgos faciales a la luz de la luna y ella es perfecta. Comienza con una sonrisa tímida, luego se muerde el labio. Entonces sus ojos se cierran cuando embisto especialmente profundo. Su boca se abre silenciosamente, pero en cuestión de segundos se encuentra suspirando y gimiendo, completamente envuelta en la pasión de nuestro momento.

—Estás demasiado lejos. —La acerco así choca contra mi pecho—. Te necesito cerca —susurro antes de insertar mi lengua de nuevo en su boca. Mis brazos la envuelven y ella comienza a montarme más rápido, más fuerte. Nuestros besos no cesan; los labios de Bella son mi adicción y no puedo tener lo suficiente.

Nuestros gruñidos son solo ahogados por el sonido del trasero de Bella chocando con mis caderas. Después de apartarnos para respirar, ella se sale de mi abrazo y pasa sus dedos por su salvaje cabello. Mis manos vuelan hacia sus caderas y la ayudo con sus movimientos sobre mi ardiente polla. Ella está tan húmeda, caliente, que tengo que cerrar fuertemente mi boca para no gritar y correrme antes que ella pueda hacerlo.

—Arquéate un poco, cariño —solicito mientras mis dedos se mueven desde su cintura y hacia su clítoris. Hay suficiente humedad allí, así que acaricio donde estamos unidos y luego comenzó a tirar y jugar con su clítoris.

—Más rápido, Edward, frótame más rápido —chilla ella. ¡Oh, sí, señora, rápido será! Me encanta cuando me da ordenes así. Hago todo lo posible para cumplir y segundos después, siento sus paredes interiores contraerse, tirando y pulsando a mi alrededor y me pierdo.

—¡MIERDA! —Mis ojos están completamente cerrados, la siento rebotar más fuerte, suscitando cada pizca de placer dentro de mí. Jadeo un «diablos», levantando mi cabeza de la almohada para observar mientras Bella desacelera sus movimientos.

Ella luce como una jodida diosa. Aun jadeando por su orgasmo, sus manos corren por su cabello, su cuerpo, tomando fuertemente sus pechos, sobre su vientre hasta encontrar mis abdominales y comenzar un camino opuesto a la dirección de mi cuerpo. Inclinándose sobre mí, una vez que sus manos llegan a mis hombros, ella da un tirón, preguntándome sin palabras que me siente con ella.

Piel contra piel, no hay lugar donde no estemos unidos. Silenciosamente, nos sentamos en el medio de la cama, intercambiando alientos y besos sensuales mientras sus delicados dedos rozan mi rostro. Sus pulgares frotan mis labios y se agacha para besarme una vez más.

—¿Ya se fue? —susurra mientras sus pestañas parpadean contra mi piel—. Lo que sea que te asustó… ¿se fue ya?

Trago fuertemente. No puedo ser honesto con ella sobre lo que vi… especialmente cuando no lo he comprendido todo yo mismo. Así que simplemente asiento, no preparado para lidiar con estos nuevos demonios.

Caemos sobre nuestras almohadas y busco la sábana para cubrirnos. Mis pensamientos siguen corriendo a dos kilómetros por minutos en mi cabeza y todo lo que puedo hacer es esperar que se haya ido. Simplemente esperar que cual sea la mezcla de personas y escenarios que estaba soñando fuera solo eso… un sueño, que desafortunadamente se convirtió en la inevitable pesadilla que siempre he temido.

~TotS~

Me despierto con el dulce olor a Bella invadiendo mis sentidos. Su cuerpo está acurrucado contra el mío, suaves soplos de alientos chocando contra mi pecho cada varios segundos como reloj. La sábana ha permanecido envuelta en nuestras piernas y sobre nuestras caderas. A diferencia de ayer, hay humedad en la cabaña esta mañana. Levanto la mirada hacia la litera superior y veo que solo tenemos una ventana abierta, en vez de las que tres que teníamos anoche. Entre el calor de afuera y el de nuestros cuerpos desnudos, este lugar se sentirá como una olla a presión con el paso de la mañana.

Tratando de liberarme del cuerpo de Bella, tanteo en el suelo en busca de mi teléfono para mirar la hora: 6:32. Es jodidamente temprano, pero no me sorprende que mis ojos estén abiertos. Creo que estábamos dormidos para las diez de la noche y nuestra segunda ronda de sexo fue en algún momento cuando seguía oscuro afuera. Definitivamente necesitábamos descansar después de esa caminata de ayer. No puedo creer lo mucho que hemos viajado y explorado en las últimas cuarenta y ocho horas; esto tiene que ser alguna especie de récord.

Bella comienza a moverse a mi lado así que la aferro con el brazo que sigue envuelto alrededor de su pequeña complexión.

—Buenos días, cielo —susurro, mi voz ronca por el sueño. Llevo mis labios a su frente para darle un beso suave, provocando un tarareo de su parte.

Ella levanta la cabeza, mostrando una sonrisa dormida, pero hermosa.

—Buenos días, señor.

—Sí, vas a tener que dejar de llamarme "señor". Fue divertido jugar a Peppermint Patty y Marcie en las últimas semanas, pero ahora que hemos… —Muevo mi mano entre nuestros cuerpos desnudos y enredados—. No me siento bien al respecto… me hace sentir como un amo pervertido o algo.

Su cuerpo comienza a sacudirse con sus risas.

—Pervertido, ¿eh?

—Sí. —Me río—. Y no luzco bien en un pantalón de cuero negro sin trasero.

Ahora los dos estamos hiperventilando por la imagen mía vistiendo tal traje mientras empuño utilería de Pulp Fiction.

—Está bien, está bien. —Jadea ella—. Nada de cuero negro, ni látigos ni cadenas… puedo con eso. —Gira sobre mi pecho, descansando su barbilla en sus manos—. Bueno, al menos puedo seguir llamándote "capitán". Siempre serás mi capitán Crunch —dice con un guiño.

—¿Ahora es el mejor momento para decirte que me van a ascender a Comandante una vez que volvamos a Oahu?

Bella inmediatamente se levanta, sus suculentos pechos a la vista con el sol de la mañana, y no se puede ver ni una pizca timidez. Tengo que suprimir un gruñido y calmar mi erección matutina, la cual no necesitaba munición adicional.

—¿Bromeas? ¡Eso es increíble, Edward! Felicitaciones —grita felizmente, sus ojos como platos—. ¿Por cuánto tiempo has sabido esto y no me lo has dicho? —añade, golpeándome en el pecho.

—Oh, me enteré cuando seguía en el teatro el mes pasado. Mi OC me dijo que fui seleccionado el día anterior a que el mensaje se publicara —digo, tirando de ella para que se acueste conmigo.

—¿Tengo que llamarte Comandante Crunch ahora? Eso no es tan bueno —dice, frunciendo su nariz—. Tendrás que quedarte con tu rango de cariño hasta que se me ocurra algo mejor.

Resoplo, sonriéndole.

—Puedo vivir con eso —respondo, bajando mi mano por su espalda hasta llegar a la curva de sus exquisitas caderas—. La ceremonia está planeada para la primera semana de julio, además tendré mi mojada también.

Ella arquea una ceja.

—¿Mojada?

—Sí —respondo, sorprendido de que ella no conozca el término, pero entonces recuerdo que Mike era solo un sargento cuando murió—. Se espera que cualquier miembro de los suboficiales y oficiales ascendidos hagan un tipo de fiesta y básicamente cubren la cuenta de todos los que se unen para celebrar.

Sus ojos se ensanchan de nuevo.

—Eh, he presenciado cómo beben algunos Marines. ¿Cuánto se espera que gastes?

—Usualmente el incremento del salario, pero si no estás al tanto de todo puede que te vaya mal. Riley se embriagó demasiado la noche de su mojada, que se olvidó de decirle al barman de cuando cortar la cuenta. Terminó pagando casi novecientos dólares porque demasiadas personas fueron a hacerle los honores.

Bella y yo nos reímos por el desafortunado error de Riley. Un pensamiento que se me ha cruzado por la cabeza más de unas veces en las últimas semanas vuelve a aparecer, y decido ir por ello.

—Bien, no sé si has hecho esto alguna vez. Quiero decir —pauso y trago mis nervios—, no sé si Mike alguna vez fue ascendido mientras estuvieron juntos.

Ella sacude la cabeza, su sonrisa apagándose un poco.

—Él acababa de ser ascendido cuando me pidió casamientos, y estaba en la zona antes de ser asesinado.

—¿Alguna vez has ido a alguna de las ceremonias de promoción?

—Sí, a una cuando recién comenzábamos la relación. La que hubo antes de comprometernos fue el mismo día que mi abuelo fue enterrado en Nueva York, así que no pude estar para esa.

—Mmm. En esa primera ceremonia, ¿te pidió que participaras y abrocharas su nuevo rango?

—No, acabábamos de comenzar a salir y sus padres le abrocharon un costado de su cuello mientras que su tío favorito, un oficial de policía y ex Marine retirado, abrochó el otro.

Tiene sentido.

—Bueno, entonces, me gustaría pedirte que te pares conmigo y me prendas una de mis nuevas hojas de roble doradas.

Su maravillosa sonrisa hace que mi corazón se acelere.

—Me encantaría —susurra y besa mi pecho—. ¿Riley te prenderá en el otro costado?

—Sí, definitivamente. Si Emmett estuviera disponible, se lo pediría, pero no hemos estados estacionados juntos desde que fuimos contratados por primera vez.

Ella se levanta y busca mis labios para un beso simple.

—Bueno, me encantaría. Y me encantaría besarte con locura ahora mismo, pero me preocupa mi aliento. Espera un momento —dice, levantando un dedo, y sale de la cama. Su glorioso cuerpo desnudo está a la vista para mí. Es la primera vez que lo puedo apreciar a la luz del día, pero ella está moviéndose por todos lados rápidamente que, antes de saberlo, se coloca mi camiseta y sale por la puerta para cepillarse los dientes. Tendré que hacer lo mismo, así que giro y me bajo de la cama, colocándome los jeans sin los bóxers; necesito una ducha de todas formas, no tiene sentido colocarse uno par nuevo.

Con el cepillo en la boca, tomo la hielera y la llevo hacia afuera para comenzar el desayuno para los dos. Minutos después, mi aliento huele a menta fresca y estoy listo para darle a Bella un beso apropiado.

—¿Qué tienes allí? —pregunta, acercándose y sentándose junto a la hielera sobre la mesa de picnic.

—Pensé que necesitaríamos comer para recuperar toda esa energía gastada entre la escalada de ayer y anoche. —Sonrío—. Pensé en pelar un par de papas, batir los huevos y meter al fuego unas salchichas. ¿Te parece bien? —pregunto, sacando la sartén de mi bolso.

—De-li-cio-so —canta, poniéndose de pie así estamos pecho a pecho.

No puedo evitar sonreír y agacharme.

—Bésame, Clementine.

Ella desliza sus manos por detrás de mi cuello y acerca mi boca a la suya.

—Mmm, por supuesto. —Sonríe, y nos encontramos en un beso ardiente.

Ya he dejado la sartén sobre la mesa detrás de ella y movido mis manos por su pequeña espalda hasta llegar a su trasero. Entonces recuerdo que ella no tiene nada puesto debajo de mi camiseta.

Desgraciadamente, me aparto para mirarla señaladamente.

—¿Intentas darles a los otros campantes un show?

Ella se ríe, la diabla.

—No, solo me preguntaba si podría tentarte aquí. Es justo ya que estás parado aquí en solo unos jeans, con las chapas identificatorias y las bendiciones del Señor. Luces como un modelo de calendario, Edward.

—Solo para ti —bufo, sonriendo—. Ahora, puedo garantizarte que jamás me escucharás decir esto cuando estamos solos, porque luces jodidamente sexy vistiendo solo mi camiseta de anoche, pero esto… —Le doy un apretón a su trasero—. Será mejor que solo yo pueda verlo, ¿entendido?

—Oorah, señor —dice de nuevo, riéndose entre nuestros besos. Le doy a sus desnudas nalgas una palmada y ella chilla—. ¡Está bien, ya voy, ya voy!

~TotS~

Después de desayunar y una ducha rápida, cargamos el coche y nos despedimos de la cabaña número siete. Concordamos que escalamos lo suficiente ayer, así que ya no hay necesidad de caminar por el parque. Mientras nos vamos, nos detenemos en el camino para tomar unas fotos de los cráteres dormidos, y otros que están humeantes, pero que no se le ve nada de magma o lava.

Bella quedó frita inmediatamente cuando comenzamos el viaje de vuelta a Kona, pero no me molesta. Disfruto de verla dormir. Ella parece tranquila, pacífica y adorablemente desalineada cuando despierta.

—¿Dónde estamos? —Bosteza y luego toma un trago de agua.

—De hecho, vamos a hacer una parada más antes de dirigirnos al condo… ¿alguna idea?

Ella frunce sus labios a un costado, entrecerrando los ojos.

—Mmm, mi cerebro no funciona correctamente ahora mismo… ¿me quieres dar una pista?

Presiono mi cabeza contra el asiento y pienso por un segundo.

—Bueno, vamos a un sitio que se encuentra solo en unos pocos lugares del mundo, pero esta área en particular es el lugar número uno para ver este espectáculo… y además hay una reserva de reptiles.

Ella chasquea la lengua, y su boca se abre.

—¿Nos llevas a una playa de arena negra? —chilla, aplaudiendo.

—Me pregunto si tendremos la suerte de estar solos —digo, moviendo mis cejas—. ¿Alguna vez tuviste sexo sobre arena negra?

Aun sonriendo, ella niega con la cabeza.

—Creo que sabes la respuesta a eso, capitán, pero hay una primera vez para todo, ¿cierto?

Busco su mano y ella enlaza sus dedos con los mía, descansándolas sobre su muslo.

Con el techo del coche abajo, el sol ardiendo a nuestro alrededor, y el viento azotando el cabello de Bella, ella luce como una chica de revista. No sé lo que hice o dije para que los planetas se alineen y la envíen se vuelta a mi vida, pero estoy muy agradecido y emocionado y aterrorizado, todo al mismo tiempo. Simplemente tengo que luchar contra el miedo y las malas emociones, y confiar en las buenas. Aún hay demasiadas variables, pero no mentía cuando le dije a Bella que jamás me había sentido de esta forma. Lo que sea que es, juro que haré todo lo posible para aferrarme a ello con ambas manos.

~TotS~

—Ya fue el estar solos —bufa Bella mientras la abrazo a mi lado. Caminamos hacia la playa Punalu'u, donde hay al menos tres docenas de personas recorriéndola y tomando sol.

Beso su frente y me río con ella.

—Está bien. Estoy seguro que el acto suena mucho mejor de lo que realmente se siente. —Ambos nos reímos más fuerte—. Arena en ciertos lugares nunca es sexy como lo muestran en las películas.

Una vez que llegamos a la arena, nos quitamos los zapatos y enterramos nuestros dedos. Es suficientemente temprano en el día que se sigue sintiendo fría y cómoda por las temperaturas más bajas de anoche. Pararse en el mismo lugar a las tres de la tarde a mediados de julio probablemente se sienta muy diferente.

Tomamos fotos de las tortugas verdes en peligro de extinción que descansan en el medio de la playa. Hay un enorme círculo dibujado en la arena a su alrededor. Asumo que los guardias del parque monitorean sus paraderos e intentan mantener a la muchedumbre lejos así no se los molesta. Cuando investigué para nuestro viaje, leí que el contacto humano puede matarlos porque ellas no tienen sistema inmune que las proteja de las bacterias contraídas.

Eventualmente, encontramos una parte de la playa para nosotros mismo y nos ponemos cómodos.

—Una vista increíble, ¿sabes? —Bella pasa sus dedos por la arena y mira hacia el resto de la playa—. Es muy genial que esto se genere por los volcanes. Leí que es ilegal quitar arena negra. ¡También leí que es de mala suerte y que las personas que han tomado un poco, a menudo la devuelven por correo! —Ambos nos reímos con eso.

—Puedo ver la atracción de querer llevarse un poco contigo. Pero, sí, no necesito invitar a la mala suerte.

—Concuerdo. Es única y definitivamente hace que las playas de Carolina del Norte parezcan simples.

—Hace que cualquier playa luzca simple… excepto quizás Bermuda —añado—. ¿Alguna vez has ido?

—No, jamás, pero he escuchado que es increíble —ella suspira, reacomodando su cuerpo así se encuentra sentada entre mis piernas y descansando su espalda contra mi pecho—. ¿Qué hay de especial con las playas de Bermuda?

—Tienen arena rosa; es hermosa… muy suave y fina, por lo que recuerdo.

—¿Cuándo estuviste allí? —pregunta, pasando sus manos por mis piernas de arriba abajo.

—El verano después que mi papá murió. Acababa de cumplir diez años y el año escolar estaba terminando. Lauren tenía aproximadamente seis meses y mi mamá aceptó que mis abuelos nos llevaran de vacaciones.

—Eso es muy dulce —susurra, descansando su cabeza sobre mi hombro.

—Sí, soy muy cercano a mi abuelo. La muerte de su hijo simplemente lo devastó. Estoy agradecido que siempre fuimos cercanos. Sé que no siempre es el caso cuando un padre queda a cargo de criar a los niños. Si no hay un buen trato con la familia política, esas relaciones pueden sufrir.

Suspiro y miro hacia las olas que chocan con las formaciones rocosas en la orilla.

—Recuerdo usar algo de mis ahorros para comprar una botella con mensaje esa semana en Bermuda. —Sonrío, las imágenes de ese día de repente vuelven a mi mente.

—¡Es genial que vendan eso! Jamás las he visto en tiendas antes —cavila.

—Sí, mi abuelo volvió conmigo a la tienda donde las había visto unos días antes. Le susurré que necesitaba una para enviarle un mensaje a papá. —Trago mis emociones, recordando cómo los ojos de mi abuelo se llenaron de lágrimas en respuesta—. No le dijimos a mi mamá o mi abuela adónde íbamos; simplemente salimos temprano esa mañana antes de que todos fuéramos a la playa. Él también compró una.

Bella mueve su cuerpo así estamos frente a frente y me pierdo en su expresión considerada.

—Fuimos a la playa y nos sentamos a escribir nuestros mensajes. Recuerdo que le dije a papá que lo extrañaba demasiado. Le dije que mamá lloraba por él cuando cerraba la puerta de su habitación por la noche.

Bella, con lágrimas en los ojos, me abraza y la escucho sorberse la nariz.

—Fue muy difícil para ella, ¿sabes? Intentó ser un pilar lleno de fuerza para Lauren y para mí, su mundo no se detuvo solo porque perdió a su esposo; ella todavía tenía que cuidar de sus hijos. —Siento mi visión borrosa con lágrimas sin derramas y me obligo a aclararme la garganta.

—Como sea, le dije que lo haría sentirse orgulloso y que cuidaría de mamá y Lauren lo mejor que podía. Entonces el abuelo y yo subimos a un peñasco que se encontraba al borde del océano y lanzamos nuestras botellas lo más lejos posibles —recuerdo—. La marea se la llevó rápidamente… fue fascinante de ver. Nos quedamos allí parados, sin movernos, hasta que no pudimos verlas en el horizonte.

Me quedo callado por unos minutos y noto que Bella ha estado en silencio por más. Froto su espalda, y ella levanta su rostro lleno de lágrimas. Las quito y la beso suavemente.

—Lamento que hayas pasado por esa tragedia cuando eras muy joven, Edward. No puedo ni imaginarlo.

Ladeo mi cabeza y estudio su rostro.

—No es muy diferente a lo que enfrentaste hace unos años. —Me encojo de hombros—. Es lo que es. La vida apesta mucho a veces.

—Sí que lo hace —suspira—. Tu madre suena como una mujer increíble.

—Lo es —digo con una sonrisa orgullosa—. La vida le regaló algo horrible, pero hizo todo lo mejor que pudo. —Trago y sigo—. Me recuerda demasiado a otra mujer igual de increíble que conozco. —Aparto los mechones de cabello que vuelan alrededor de su rostro.

Bella se encoge de hombros.

—Fue una elección entre vivir la vida con la que fui bendecida o esconderme a la sombra de la muerte por el resto de mis días. Elegí vivir. Supongo que tu mamá hizo lo mismo.

La llevo hacia mi pecho y nos abrazamos fuertemente. La abrazo por su pérdida. La abrazo por llorar por la mía. La abrazo por su valentía. La abrazo por estar aquí conmigo. Y la abrazo porque si mi corazón y mi mente alguna vez pudieran conquistar el miedo abrumador que recorre mi cuerpo respecto a las relaciones y su inevitable final trágico, estoy muy seguro que haría lo que fuera para hacerla mía para siempre.

~TotS~

Para la una de la tarde, estamos estacionando en el resort, y estoy bastante confiado que oficialmente se nos ha acabado la batería.

Como un mecanismo bien aceitado, funcionando a vapor, Bella baja para conseguir un carrito de equipaje mientras yo descargo. Veinte minutos después, luego de desempacar la hielera y dejar nuestros bolsos personales en nuestros cuartos, colapsamos sobre el sofá juntos.

Estoy descansando con los ojos cerrados, mis piernas apoyadas sobre la mesa ratona, y Bella está estirada con su cabeza en mi regazo. Los sonidos de la naturaleza que nos ha estado rodeando por los últimos días han sido reemplazados por las agujas de reloj del comedor, y cada cierto tiempo, por el zumbido del refrigerador.

—Hola, tú —Bella habla suavemente, jalando de mi camiseta—. ¿Quieres ir a la cama?

Con los ojos aun cerrados, respondo con falsa modestia.

—¿Intenta seducirme, señorita Newton? ¡Porque está funcionando!

Sus risitas, combinadas con su rostro firmemente plantado en mi entrepierna, inmediatamente comienza a despertar a mi bestia dormida.

—Bueno, pensaba en realmente dormir, pero quizás después de descansar apropiadamente, puede que tengas suerte.

Mis ojos se abren rápidamente.

—Bueno, entonces, claro que sí, mujer. ¡Marca el camino! —Embisto mi cadera, haciendo que se ría incluso más y se levante.

Nos quedamos de pie en la sala intercambiando miradas por unos segundos, silenciosamente descifrando cuál habitación deberíamos usar e inadvertidamente reconociendo el obvio '¿Qué sigue ahora?'.

Decido tomar iniciativa.

—¿Te quedarías conmigo?

Sus cejas se levantan inquisitivamente.

—¿Dormir la siesta en tu cama? ¡Por supuesto! —Camina hacia mí, ofrece un beso casto en los labios y comienza a moverse a mi alrededor para dirigirse a mi cuarto, pero envuelvo mi brazo alrededor de su cintura antes de que se vaya.

Tomo aire profundo y salto con ambos pies, ya que ella no lo entendió.

—No solo eso. Quiero decir… quédate conmigo, en el cuarto, sí, pero por el resto de las vacaciones también. Es decir, solo consíguenos condos con una habitación y luego… —Trago—. Ven a casa conmigo en Kaneohe. Quédate conmigo… hasta que… —Me detengo para tragar el inesperado nudo que se formó en mi garganta—. Hasta que tengamos que despedirnos. —Quizás sea una gallina, pero no sé si estoy listo para hablar de lo que pasará después del adiós.

Ella da un paso hacia adelante, su labio inferior firmemente entre sus dientes, y engancha sus dedos en las presillas del cinturón de mis jeans.

—Eso me gustaría mucho —susurra, sus ojos firmes en los míos—. Pero, escucha, no quiero que te sientas presionado, ¿de acuerdo? —Suspira—. Simplemente… lo dejaste bien en claro que las relaciones te aterran.

Permito que una media sonrisa aparezca en mi rostro y asiento para que continúe.

—Así que, lo que sea que pasa aquí… simplemente… —Sacude su cabeza, bajando la cabeza—. No quiero que te sientas obligado a hacer algo que normalmente no harías.

Es mi turno de tomarla de la cintura con ambas manos.

—No voy a mentir y decir que esto es algo que hago normalmente. Ambos sabemos que ese no es el caso. Pero eres diferente, Bella… y me siento muy diferente con… —Sacudo mi cabeza—. Todo esto. Todo ha cambiado desde que volviste a mi mundo y realmente, en serio me gusta tenerte aquí.

—Bueno, realmente, en serio me gusta estar aquí… amo estar aquí, de hecho. Por lo que sí, me quedaré contigo y estaré contigo, durante todo el tiempo que me lo permitas.

Sonrío y la sigo mientras me dirige hacia el cuarto principal, mi habitación designada, y nos desvestimos. Bella termina en unas simples bragas y su camiseta, mientras que yo me quito todo y me subo a la cama solo en bóxers.

La acerco a mí así nuestros cuerpos están haciendo cucharita. Su respiración se nivela unos minutos después y noto que ya está de camino al mundo de ensueños. Yo, por el otro lado, siento el pinchazo de sus últimas palabras durante nuestra charla.

Durante todo el tiempo que me lo permitas.

No puedo evitar preguntarme si ella dice eso para mi beneficio o para el suyo. Quiero creer que he cambiado en mi forma de pensar sobre las relaciones casuales versus las relaciones serias. Pero entonces mi pesadilla de anoche se cruza por mi mente de nuevo y me pregunto si he hablado muy temprano.

~TotS~

Horas después, nos despertamos. Jamás cerramos las persianas de las puertas corredizas de cristal en mi cuarto, así que somos recibidos con lo que debe ser la oscuridad de una noche temprana. He perdido la noción del tiempo, pero me daba igual. He estado envuelto alrededor del cuerpo más dulce y caliente que he conocido durante toda la tarde.

Siento a Bella apartarse de mis brazos, y vuelvo a abrir los ojos.

—Tengo que hacer pis —murmura y rueda, saliendo de la cama. Giro mi cabeza para encontrar el reloj en la mesa de noche. Son las siete y cuarto. Mi estómago ruge, pero estoy jodidamente cómodo como para hacer algo sobre eso. Quizás si Bella tiene hambre podemos hacer algo rápido y fácil en la cocina.

La puerta del baño se abre y ella se tambalea de vuelta a la cama. Con una sonrisa soñolienta aun en su rostro, se ubica sobre mí y se recuesta, cubriendo mi cuerpo con el suyo. La abrazo mientras ella tararea felizmente.

—Me gusta esto —susurra, haciendo que una corriente de comodidad me inunde.

—Me pone contento. También me gusta. —Mi estómago ruge nuevamente, logrando romper el silencio entre nosotros. Ella se ríe.

—Hambriento como el hipopótamo, ¿eh?

Suelto una risa, amando sus dichos de maestra de jardín de infantes.

—Bastante. Es tarde… ¿quieres hacer unos sándwiches?

Ella se levanta y sonríe.

—¡Me parece bien!

En la cocina, ella saca el pan de molde, la mantequilla de maní y la crema de malvaviscos. Me mira furtivamente, esperando a que la desafíe, pero no voy a hacerlo.

—¿Estás de acuerdo con esto, capitán?

Abro el refrigerador y saco la leche.

—Sin duda alguna. Extra malvavisco en el mío, por favor.

Su cabeza cae hacia atrás en risas y comienza a sacudir el trasero con felicidad. Me detengo detrás de ella, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura, y nos reímos y mecemos de un lado al otro en tan solo nuestra ropa interior; bueno, ella en su camiseta también. No puedo contenerme y la beso por debajo de su oreja, creando un camino hacia su clavícula y volviendo a subir mientras ella esparce la mantequilla de maní en el pan seguido por la crema de malvaviscos.

Una vez que termina, la noto lamiéndose los dedos que tienen restos y tengo que intervenir.

—¿Puedo? —pregunto, levantando sus manos y viendo un dulce sonrojo en sus mejillas.

Inspecciono sus dedos y encuentro los dos que siguen teniendo manchas de malvavisco y mantequilla de maní. Lentamente los llevo a mi boca, envolviendo mis labios alrededor de ellos y cierro los ojos con un gemido. Procedo a deslizar, arrastrar y girar mi lengua por y alrededor de ellos, saboreando su delicioso sabor junto con la combinación agridulce del fluffernutter.

Cuando me obligo a abrir los ojos, veo que los suyos están prácticamente rodando hacia atrás, su cuerpo visiblemente estremeciéndose y su pecho subiendo y bajando con su acelerada respiración.

—Mmm. —Los saco de mi boca y froto mis labios entre sí—. Exquisito —añado con un guiño y proceso a servir dos vasos de leche mientras ella toma unas servilletas de papel y lleva nuestros sándwiches hacia la mesa ratona.

Enciendo el televisor y hago zapping hasta encontrar capítulos viejos de Saturday Night Live en VH1. Will Ferrell como George Bush en un sketch y Alex Trebek en el siguiente es de lo más gracioso.

Tomo aire profundo y le doy un gran mordisco a mi sándwich. Mmm, no tan mal. De hecho, es jodidamente fantástico, y tengo que cuestionar mi conocimiento del mundo ya que no sabía que estas cosas existían antes de ese día en la tienda.

Le echo un vistazo a Bella, que ha pausado y está esperando mi veredicto.

—¿Y bien?

Decido bromear con ella un poco.

—Meh… es comible, pero apenas. No me gusta desperdiciar comida, así que lo comeré.

La expresión desolada y triste que aparece en su rostro es trágica. Me siento mal por bromear, pero tengo que seguir con la farsa. Tomo otro bocado, mastico, mastico, y exhalo exageradamente, buscando mi vaso de leche. Tomo muchos tragos, actuando como si intentara borrar el sabor, cuando de hecho estoy ansiándolo porque uno simplemente no puede comer mantequilla de maní sin un vaso de leche… es una regla.

Bella está completamente callada y yo comienzo a ceder. Echo un vistazo para chequear si me sigue mirando, pero está jugando con el pan y mirando ausentemente al televisor.

Tomo otro bocado y gimo fuertemente; este sándwich es espectacular. La cabeza Bella gira inmediatamente hacia mi dirección, y ella arquea una ceja. No puedo contener mi sonrisa engreída, pero trato de mantenerme concentrado en la imitación a Robert Goulet de Will Ferrell.

Por el rabillo de mi ojo, veo a Bella pararse de su lugar en el sofá, colocar su vaso y medio sándwich sobre la mesa y caminar hacia mí.

—¿Qué pasa? —pregunto, llevando el último bocado a mi boca. Tengo que tragar varias veces porque se me ha acabado la leche y tengo mantequilla de maní en el paladar.

Bella se sube a mi regazo, plantando ambas rodillas a los costados de mis piernas. Está mordiéndose la parte interior de su mejilla, simplemente observándome. Supongo que estamos esperando a ver quién caerá primero.

Una vez que mi boca se encuentra libre de mantequilla de maní, trato de deslumbrarla con una brillante sonrisa.

Arqueando una ceja, ella me vuelve a cuestionar.

—¿En serio no te gustó el sándwich o simplemente estás jugando conmigo*, capitán?

No puedo soportar su adorable puchero y estallo en risas.

—¡Tengo que admitir que me gusta más cuando tú jalas de MI cadena*! —Ella entrecierras los ojos y se une a mis risas.

—¡AH! ¡Estabas bromeando! —dice, golpeándome el hombro—. Sabía que no podrías resistirte al encanto del fluffernutter. ¿Ves? ¿Acaso no fue increíble?

Paso mis manos por su espalda.

—Sí, tú ganas, Clementine. Eso fue fenomenal. No puedo creer que me haya tomado casi treinta y cuatro años descubrir lo bueno que puede ser. Si no me lo presentabas, hubiera seguido existiendo en este mundo como una persona sin espíritu, sin conocer el verdadero significado de lo delicioso. Van a tener que volverse esenciales en mi mundo. No hay marcha atrás ahora; soy un hombre cambiado.

Mientras mi discurso se acaba, la mirada con la que me mira me dice que ha escuchado exactamente lo que dije… y todo lo que no. No fue hasta el final de mi monólogo interior que me doy cuenta que podría haber estado hablando de ella, y no solo del sándwich.

Trago fuertemente, notando mi desliz freudiano. Me aterra y, al mismo tiempo, no.

Ella se inclina y susurra:

—Estoy feliz de que hayas descubierto ahora lo increíble que es la vida con un fluffernutter. Fue un placer haber despertado tus sentidos.

Me siento, necesitando sus labios en los míos. Alientos calientes, lenguas girando, mordiscones juguetones… ella está realizando un baile privado mientras nos besamos como adolescentes cachondos por unos minutos, finalmente descansando para respirar.

—Entonces, hablando de fluffernutters. —Comienza a retroceder sobre mi regazo y se pone de rodillas—. ¿Qué fue lo que me dijiste en la tienda ese día sobre un fluffer? —Frota su mano sobre mi tensa polla y mueve sus dedos por la cintura de mis bóxers—. Su trabajo es mantener al actor excitado, ¿no?

Oh, santo cielo.

Ella jala hasta que mi erección se libera y choca contra mi estómago.

—Mmm, al parecer un fluffer no es necesario en este caso. —Nuestras miradas están fijadas en el otro mientras ella aferra mi polla y la acaricia varias veces—. Pero para estar seguros…

Se estira sobre sus rodillas y le da una lamida a la cabeza. Tengo que contener el aliento con el primer contacto de su lengua en mi polla. Ella levanta la mirada, sonriendo, y luego envuelve su boca a mi alrededor, ahuecando sus mejillas y creando la succión más increíble. Lo que ella no puede encajar en su boca, lo compensa usando su mano para bombear con saliva y enloqueciéndome hasta que me encuentro jadeando como si acabara de correr la maratón de los Marine Corps.

Diablos. Incluso en mis fantasías más salvajes con ella no se pueden comparar con la realidad.

Su boca es tan caliente; estoy gruñendo con cada tirón de sus labios. Ella estira una mano y lleva su cabello detrás de su cabello porque cae por todos lados. Recupero la cordura lo suficiente como para tomarlo y sostenerlo por ella; es lo mínimo que puedo hacer.

—Mierda, Bella… tan húmeda… tan bueno —gimo, mi respiración volviéndose más y más dificultoso mientras mis pelotas comienzan a estremecerse y mis muslos se tensan—. Agh, me… co…rro —jadeo, queriendo darle una advertencia, pero ella duplica sus esfuerzos y tira de mis pelotas lo suficiente que veo fuegos artificiales y me corro en su boca con múltiples chorros. Sus movimientos no desaceleran hasta que estoy completamente desprovisto de energía y apenas capaz de sostener su cabello ya.

Ella se echa atrás, busca su leche y toma varios tragos, guiñándome un ojo en el proceso. Entonces, delicadamente pasa su servilleta de papel por sus labios y barbilla, y se pone de pie en un movimiento fluido.

Sin reservación o timidez, se quita la camiseta y se para frente a mí en solo unas bragas pálidas y reveladoras que tienen una mancha húmeda en la unión de sus piernas. Una sonrisa ladina aparece en su rostro mientras me mira mientras se encuentra entre mis piernas.

—Creo que recuerdo que esperabas poder tener una reunión intima en esa ducha lujosa que tienes —coquetea, dando un paso hacia atrás, hacia mi cuarto—. ¿Vienes, Capitán?


Alfa: El uniforme de servicio que consiste en colores verde oliva y caqui. Es difícilmente el equivalente en función y composición a un uniforme de trabajo.

CACO: Oficial de Asistencia a las Víctimas.

En el teatro: área de operaciones de combate. Afganistán, Irak, etc.

OC: Oficial Comandante.

Miembros Oficiales de Marine Corps (por orden de rango): Subteniente, Teniente, Capitán, Comandante, Teniente Coronel, Coronel, General de Brigada, Teniente, Teniente General, General

Miembros Suboficiales de los Marine Corps (por orden de rangos): Sargento de Estado Mayor, Sargento de Artillería, Sargento Mayor, Sargento Primero, Sargento Mayor de Artillería, Sargento, Sargento de los Marine Corps.

En la zona: tener el suficiente tiempo en grado y rango para ser elegible para promoción.

*'Jalar de la cadena a alguien' en inglés significa hacer una broma. Edward usa el juego de palabras. No hay frase en español que use la palabra, por lo que se perdió el chiste en la traducción.


Perdón a las que asusté en el adelanto que subí en el grupo jajaja, el pobre Capitán tenía una pesadilla. Ya veremos cómo le va con eso.

¡Y la invitó a que le abroche sus nuevas insignias! Awww.

Gracias a las que comentan :)

¡Hasta el próximo!